Posts Tagged ‘Detectives’

COMPAÑEROS INESPERADOS

14 junio 2016

Un par de películas que abrevan del buddy film en el sentido tradicional del género con improbables asociaciones, choque de personalidades y química poco a poco construida, navegando entre la acción y la comedia y apostando por las habilidades actorales de sus intérpretes. Mientras que una logra trascender los márgenes propios del género al viejo estilo de las cintas setenteras y ochenteras, la otra depende demasiado de la interacción entre sus protagonistas.

DOS TIPOS DE CUIDADO

En Los Ángeles la fiesta todavía continuaba en los setenta, justo antes de la gran cruda ochentera que trajo al SIDA y un neoconservadurismo totalizador, por mencionar algunas calamidades. Pero un poco antes, todavía quedaban ciertos resabios de la ideología hippie, entre otras cosmogonías sectarias, que trasnochaba con protestas al filo de la banqueta, entre sustancias voladoras y amor libre, donde lo de menos era el motivo de la movilización o la lógica de las demandas.

Como se leía y veía en Vicio propio, novela de Pynchon llevada al cine por P. T. Anderson, eran tiempos de complots cósmicos, grupúsculos deschavetados esperando lo imposible y pequeños conflictos personales, los de siempre, que pueden resonar más allá del ámbito familiar, susceptibles de ser indagados al margen de la ley por detectives privados de dudosa procedencia pero muy a tono con el espíritu de la época.

Escrita y dirigida por Shane Black, más cerca de Entre besos y tiros (2005) que de Iron Man 3 (2013), Dos tipos peligrosos (The Nice Guys, EU, 2016) arranca con elusivo prólogo que nos pone a tono –el niño robando la revista porno del cuarto de sus papás justo cuando un coche cae a su casa con la modelo retratada en ella- en cuanto a que la realidad se puede parecer mucho a su representación, aunque se trate de las fantasiosas publicaciones para adultos. Cómo estarán las cosas que incluso hacer una película XXX puede considerarse como un acto de protesta.

De ahí nos vamos al desarrollo de la trama, en la que un investigador (Ryan Gosling, mostrando dotes no vistos para la comedia física) y padre soltero con hija perspicaz (Angourie Rice) es contratado para averiguar acerca del posible suicidio de una estrella del cine porno; en su camino se cruza un golpeador a sueldo que de paso castiga abusadores (Russell Crowe, dejando los papeles lacrimógenos) y juntos a fuerza tendrán que colaborar para ahora también encontrar a una joven extraviada (Margaret Qualley, la chica de The Leftlovers), que resulta ser la hija de la jefa de la policía (Kim Basinger en el lado opuesto de Los Ángeles al desnudo).

Dos tipos peligrososEn medio de las indagatorias, aparecen grupos y personajes con agendas propias, algún asesino a sueldo (Matt Bomer), una anciana que no ve fantasmas, un adolescente medio vivales y varios enredos que nutren un guion capaz de trascender el mero asunto de la pareja dispareja, logrando desarrollar a sus personajes, encontrar momentos de franco humor negro y crear una atmósfera que remite a una época de una maliciosa inocencia, si cabe el oxímoron. Y en el centro del filme, un par de actores dispuestos a salirse de sus territorios conocidos para crear momentos de bienvenida hilaridad.

Con edición que ayuda a detener y acelerar la trama justo cuando se requiere, evitando caer en una sucesión de piruetas y peleas sin fondo, el filme mantiene su enfoque básico de comedia aderezado con algunas balaceras y persecuciones, pero siempre privilegiando los diálogos sobre los puños. La recreación de la época con sus colores y humores se fortalece con un cuidado trabajo de vestuario y utilería, más como trasfondo y sirviendo a la historia que buscando llamar la atención más de lo necesario.

En cierto sentido, Black actualiza su modelo general de Arma mortal (Donner, 1987), partiendo de un vínculo laboral y afectivo que parte del enfrentamiento para evolucionar hacia el aprovechamiento de las diferencias, orientado a resolver los turbios casos que se presentan e ir salpicando de humor los procesos de indagación, al ritmo de Kool & The Gang, Eart, Wind & Fire, Bee Gees, Herb Alpert & The Tijuana Brass, The Band y America, entre otros sonidos inconfundiblemente setenteros.

UN ESPÍA Y MEDIO

En una escuela nos encontramos con el estudiante popular que todo lo gana y con el que es sujeto de acoso por parte de sus compañeros. El primero es festejado en la ceremonia de fin de cursos y el segundo es lanzado desnudo a la duela, luciendo su exceso de peso. Años después se reencuentran: uno se ha convertido en un contador casado con la novia preparatoriana, escasamente satisfecho con sus logros (como si ello fuera un fracaso) y el otro ha desarrollado un físico impresionante y se dedica, básicamente, a salvar al mundo.

Dirigida en trazo grueso por Rawson Marshall Thurber (¿Quién *&$%! son los Miller?, 2013), Un espía y medio (Central Intelligence, EU, 2016) carece de una historia interesante y se refugia, por una parte, en la interacción de sus dos protagonistas, Kevin Hart en el ajo de su histeria y Dwayne Johnson, explotando su simpatía natural aquí siempre ubicuo, y por la otra, en algunas secuencias de acción que combinan con buen timing la adrenalina con el humor. La presencia de Amy Ryan y Jason Bateman refresca una cinta que juega a lo seguro con resoluciones fáciles, aunque cumpliendo exactamente lo que promete.

UNA BUENA NOTICIA

Después de seis años, la Muestra de Cine en León, ahora en su sexagésima edición, se vuelve a proyectar en una sala cinematográfica, como debe ser. Ahora faltaría que estuviera en más horarios, pero vamos paso por paso. Felicidades a los gestores tanto de Cinemex como del Instituto Cultural de León para que tal cosa ocurriera.

VIAJE A LA AMÉRICA PROFUNDA CON MATTHEW McCONAUGHEY

25 noviembre 2014

Una de las transformaciones actorales más sorprendentes de los últimos años ha corrido por cuenta del cuarentón texano, cuyo destino fatal parecía reducirlo a mero galán al uso con  buenas dosis de simpatía y desenfado sureño, como se advertía en las insulsas Experta en bodas (Shankman, 2001), Cómo perder a un hombre en 10 días (2003), Soltero en casa (Failure to Launch, 2006), Amor y tesoro (Fool´s God, 2008), El surfer Cool (2008) y Los fantasmas de mi ex (2009).

No obstante, su presencia en filmes como Las manos del diablo (Frailty, Paxton, 2001), Vidas contadas (Thirteen Conversations About One, Sprecher, 2001) y Una guerra de película (Tropic Thunder, Stiller, 2008), El defensor (The Lincoln Lawyer, Furman, 2011) y Bernie (Linklater, 2011), indicaba que ahí había un histrión con mucho potencial aún por aprovecharse. En efecto, detrás del encantador y descamisado intérprete de sonrisa franca, se manifestaba un actor con mayor amplitud de registro.

El tiempo se encargó de la respuesta. Sus sólidas actuaciones en Magic Mike (Soderbergh, 2012) y El niño y el fugitivo (Mud, Nichols, 2012), así como su breve elocuencia en El lobo de Wall Street (Scorsese, 2013), todas ellas ya comentadas en este espacio, le brindaron la plataforma que necesitaba para encarnar intensos papeles que nos han conducido por las profundidades sureñas de los Estados Unidos, como sigue.

INVESTIGACIONES PANTANOSAS

A partir de una absorbente estructura narrativa que combina tiempos y de una intrigante construcción de atmósferas, entre siniestras y esotéricas, True Detective (EU, 2014) es una de las series que confirma la edad de oro que vive la televisión en general y HBO en particular. Los ocho episodios de la primera temporada fueron escritos por Nic Pizzolatto (esos monólogos que intentan ser diálogos entre los dos detectives) y dirigidos con nervio y sentido de la construcción dramática por Cary Fukunaga (Sin nombre, 2009; Jane Eyre, 2010).

Matthew McConaughey regresa a la televisión después de participar en tres capítulos de Eastbound & Down entre 2010 y 2102 para encarnar a Rust Cohle, un solitario detective de vida hermética, trato difícil y reflexiones metafísicas que combina con rudeza necesaria, involucrado en la investigación de un crimen con tintes rituales e indicios de ser perpetrado por un asesino serial. Su contrastante compañero es Marty Hart, un rudo y primario investigador de ideas directas y prejuicios por todas partes (Woody Harrelson), con la amante de rigor y familia en apariencia ideal: dos hijas y esposa comprensiva que va creciendo en protagonismo (Michelle Monaghan).

McConaugheyEn primera instancia, ambos aparecen frente a las cámaras en sendos interrogatorios: un caso en apariencia cerrado por ellos se ha vuelto a abrir y ahora los entrevistan los nuevos responsables; junto con ellos y a través de flashbacks, vamos conociendo los pormenores del proceso, las personalidades de los dos protagónicos y el particular vínculo que establecieron entre sí. En un segundo momento y una vez concluidas las conversaciones, la historia va hacia adelante en las indagatorias y la participación de los detectives, ya en retiro, sin dejar de romper con la linealidad temporal.

La música de T-Bone Burnett se pasea por los pantanos de Louisana, elusivamente retratados por una fotografía cargada de claroscuros, combinando abrasivas tomas abiertas de unos paisajes tan solitarios como enigmáticos, con intromisiones a los resquicios donde la investigación trata de seguir su curso, amenazada como presa de cacería e invadida de monstruos nunca del todo encuadrados, tanto los que pululan entre los parajes como los que habitan al interior de los personajes.

Por su parte, Amores peligrosos (The Paper Boy, Daniels, 2012) se sumerge en un oscuro caso aderezado por el calor sofocante de las zonas pantanosas de Florida a finales de los sesenta. La sordidez planteada no alcanza para construir un relato de la fuerza esperada y las atmósferas truculentas se quedan reducidas a un escenario que no permea en la trama, articulada a partir del regreso de un periodista a su pueblo para investigar un crimen de tintes racistas, interpretado por vehemencia por McConaughey, aquí acompañado por Zac Efron, John Cusack en plan siniestro y Nicole Kidman despojándose de todo el glamour posible.

SOLUCIONES EXTREMAS

El  culmen actoral de este ascendente proceso llegó con El club de los desahuciados (Dallas Buyers Club, 2013), filme que se sostiene en parte gracias a la notables interpretación de McConaughey como un vaquero machín que, al contraer SIDA, se convierte en un eficiente dealer de medicamentos prohibidos para la creciente comunidad gay y para quienes optaran por alguna solución, buscando paliar los síntomas de la implacable y apenas popularizada enfermedad.

Basado en el caso real de Ron Woodroof y dirigido funcionalmente por Jean-Marc Vallée, el filme presenta de manera dinámica los diferentes acontecimientos que llevaron a la profunda transformación de este hombre, su relación con una doctora en proceso de replantear su práctica médica (Jennifer Garner) y, sobre todo, con un travesti que se convierte en su amigo, situación impensable tiempo atrás: la actuación de Jared Leto funcionó como exacta contraparte para potenciar mutuamente ambas interpretaciones.

Mientras tanto, Killer Joe: Asesino por encargo (EU, 2011) sigue a un joven en líos de deudas (Emile Hirsch), que tiene la ocurrencia de contratar a un policía que hace trabajitos extras para que mate a su madre y así poder cobrar el seguro. Claro que en el escenario van apareciendo una serie de personajes abusivos y despreciables la mayoría de ellos, como su padre y su novia, su hermana y el novio de su madre, que no dudan en venderse al mejor postor y que complican el trato.

El veterano director William Friedkin consigue reconstruir un ambiente de violencia, miseria moral y desprecio por las personas que se advertía en el original de Tracy Letts, al tiempo que la arriesgada interpretación de McConaughey, secundado por un reparto a la altura de las circunstancias, impacta por sus dosis de crueldad aparentemente controlada y por su racionalidad en continuo e inesperado proceso de explosión.

DETECTIVES: REDENCIONES SUGERIDAS

29 marzo 2010

Un par de ejecutores de la ley envueltos en situaciones que parecen rebasarlos continuamente, ya sea por las conspiraciones a su alrededor o por sus propias angustias existenciales: mientras que uno ostenta una trayectoria intachable, el otro no deja de tener cola que le pisen y, contra lo que se podrías suponer, ha dejado de sentir culpa: ni su adicción parece representar un problema más allá de conseguir su satisfacción.
En el primer caso, los demonios toman forma de recuerdos, particularmente de la convivencia con su pequeña hija; en el segundo, la presencia de reptiles entre alucinados y reales se manifiesta justo en momentos definitorios. Detectives
Los contextos: Boston, ciudad donde todo está prohibido, a decir de uno de los personajes y Nueva Orleans, justo después de la devastación provocada por Katrina, y en la que todo está permitido, hasta que a alguien deja de convenirle. En la ciudad norteña, el detective se ve envuelto en un drama que va de la pérdida de su hija a una conflagración empresarial de proporciones nucleares; en la devastada capital del jazz, el “representante” de la ley se ve atrapado, aunque se mueve como víbora en el agua, entre pugnas de bandas locales y un asesinato por esclarecer.
Basada en la serie televisiva escrita por Troy Kennedy Martin, con guión de la dupla Monahan (Infiltrados) / Bovell, y dirigida por Martin Campbell, resucitador de la saga 007, Al filo de la oscuridad (Edge of Darkness, EU, 09) se sustenta en la conocida premisa del padre que busca justicia contra el propio sistema y la lleva al terreno, ahora muy en boga, de la crítica a las grandes empresas vueltas el nuevo blanco de las culpas planetarias, siempre en complicidad con funcionarios corruptos.
Con Mel Gibson reapareciendo como lo conocimos, un enigmático Ray Winstone y un logradamente insufrible Danny Huston, ambos dándole vitalidad al desarrollo argumental, el film consigue involucrar y destacar ante el cúmulo de cintas de venganza cual falso camino a la redención, gracias a la inserción de inteligentes diálogos y contenida acción. Lo que vale es el reencuentro, aunque no sea como uno se lo podría imaginar.
Por su parte, el maestro alemán Werner Herzog presenta Enemigo interno (Bad Lieutenant, EU, 09), homónimo del filme de Abel Ferrara de 1992, aunque con una perspectiva distinta acerca de la posibilidad de redimirse: queda claro que la transformación personal es posible pero sólo en algunos casos es permanente o genuina. De cualquier forma, vivo o muerto parece que siempre será demasiado tarde para encontrar el perdón… o muy pronto.
Nicolas Cage encarna al detective en apuros, en su mayoría generados por él mismo, y se deja dirigir, condición necesaria para que resulte creíble; el personaje de Eva Mendes, por su parte, simboliza esa poco frecuente capacidad para escuchar el llamado de donde menos se espera para cambiar la vida de manera radical, a pesar de que los reptiles se nieguen a desaparecer del todo. Total, las condecoraciones siguen fluyendo.

SHERLOCK HOLMES: ENTRE LOS PUÑOS Y LOS SESOS

8 enero 2010

Después de varios años sin aparecer en la pantalla, el famoso y trascendente detective de finales del siglo XIX está de vuelta. Muchas veces retratado en filmes varios con fuerte referencia a su origen literario y a la imagen elaborada por Sydney Paget, la creación de Arthur Conan Doyle, médico metido a escritor, ahora recibe un tratamiento en el que se buscan destacar cualidades que en las novelas sólo se mencionaban de paso: solvente espadachín, calculador boxeador a puño limpio y pistolero más o menos eficaz; de igual forma, el doctor Watson aparece como un médico con habilidades para el manejo de armas de fuego y la pelea cuerpo a cuerpo.
Dirigida por Guy Ritchie tratando de recuperar el rumbo iniciado con Juegos y trampas (98) y Cerdos y diamantes (00), extraviado con Insólito destino (05) y Revólver (07), y medio retomado con RockNrolla (08), Sherlock Holmes (09) es un estilizado blockbuster que busca imprimirle un toque contemporáneo de héroe de acción a un cerebral y deductivo ícono de la literatura mundial, con los riesgos, limitaciones y posibilidades que ello implica. Es cierto: para todopoderosos con más músculos que neuronas ya estamos hasta aquí (poner la mano en la frente…), pero la decisión suponemos estuvo bastante calculada.
El evidente privilegio de la acción sobre el desarrollo de las situaciones y contextos deriva en una ágil y elusiva puesta en escena, aunque en ello se pierda cierto interés por las motivaciones de los personajes y de pronto su presencia no se sitúe del todo. La femme fattale (Rachel McAdams) no termina por ubicarse –si es que uno no conoce las novelas- y el villano (Mark Strong) parece no encontrar la tridimensionalidad necesaria como para ser memorable y darle algo de batalla a la absorbente interpretación principal.
La estructura narrativa del filme corresponde a la visión que se presenta sobre el protagónico: menos discurso y más movimiento; menos deducción y más golpes, aunque éstos se encuentren muy bien razonados; de hecho, las secuencias que trasladan el pensamiento de Holmes a imágenes con narración en off es de lo mejor de la película: la ruptura de la secuencia y el detenimiento en el proceso mental, paradójicamente le otorgan un bienvenido dinamismo a la historia.
La construcción visual, acaso demasiado digitalizada, remite a un Londres lluvioso y grisáceo, lleno de recovecos que parecen reflejar las mentes de los antagonistas. Con una edición frenética y una fotografía que destila energía, Ritchie busca llevar la historia a los terrenos que él mejor conoce: duelos verbales, violencia callejera, abundancia de personajes, estética por momentos cercana al videoclip y un humor negro que amenaza con aparecer a las primeras de cambio.
Si bien desde una perspectiva visual la recreación de la época no tiene desperdicio, la cinta no consigue capturar –acaso ni lo intenta- el espíritu de finales del XIX ni desarrollar de forma más contundente el contexto social y tecnológico de aquellos años; ciertos apuntes políticos como el énfasis en la idea de que el miedo es la más poderosa de las armas y el duelo entre las racionalidades científica y sobrenatural, terminan por ser elementos que le dan más sustancia al desenvolvimiento de los personajes.
A la nutritiva dirección de Ritchie habría que sumarle su atinado trabajo con los actores principales y los secundarios (incluyendo al siempre efectivo Eddie Marsan y a Kelly Reilly): claro que Robert Downey Jr. y Jude Law quizá no necesiten demasiadas indicaciones pero en el tono que le dan a sus respectivos personajes, se advierte la orientación del director para darle vida al enfoque propuesto en el guión de Michael Robert Johnson y secuaces, esquemático si se quiere pero al cabo funcional y llamativo, en particular por las pequeñas vueltas de tuerca insertadas con sutileza.
Se entiende la decisión de omitir el consumo de drogas de Holmes en pos de mantener una clasificación más amplia, así como el cuidado para no mostrar violencia gráfica en exceso, ciertamente dándole a la cinta un toque más de matiné, sobre todo si consideramos que la mesa para una secuela está completamente puesta. La taquilla dirá.