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OBSESIONES LLEVADAS AL PATETISMO

30 agosto 2012

Personajes atrapados en sus propias obsesiones, manías e insatisfacciones que terminan por ser destructivos para los demás y para sí mismos, llegando al crimen como forma de resolver, solo en apariencia, sus problemas. Entornos sociales en los que parece no importar la presencia o ausencia de estos seres enajenados de la más mínima posibilidad de convivencia social que pueda ir más allá de sus propios intereses. En tonos variados que van del realismo al terror y de ahí a la comedia, aventándonos sin red de protección de película en película, aparentemente distintas pero con ciertos hilos conductores que surgen de una madeja: el patetismo. Todas disponibles en los videoclubes de nuestra ciudad.

OBSESIÓN IMITATIVA
Un cincuentón con altos grados de frustración acaso no reconocida y canalizada de manera violenta, vive obsesionado en imitar a un ícono fílmico, al estilo de esas personas que dedican su vida a ser quienes no son, buscando fama, afecto o reconocimiento a partir del disfraz de la estrella mediática. Asiste al cine cuantas veces puede para ver la cinta en cuestión y ensaya en solitario y junto a otros seres que viven alrededor de una fonda en la que presumiblemente se presentará un espectáculo mágico y musical, que poco tiene de ambos y que más bien mueve a la depresión y al malestar anímico.
Dirigida por Pablo Larraín (Fuga, 06; Post Mortem, 10; No, 12), Tony Manero (Chile, 08) es un duro retrato del nivel de amoralidad a la que puede llegar un pobre diablo con tal de alcanzar sus absurdos objetivos. Con una por momentos titubeante cámara en mano, abundancia de desenfoques, perspectivas subjetivas y una continua sensación de rechazo, seguimos a este monstruo sumido en la sociedad del espectáculo, acá envuelta por la dictadura pinochetista, en sus pretensiones de montar un deplorable show y ganar un concurso televisivo de imitadores del personaje interpretado por John Travolta en Fiebre del sábado por la noche (Badham, 77). La notable actuación de Alfredo Castro, por momentos recordando a Al Pacino, redondea la construcción de uno de los personas más desagradables que se ha visto en el cine reciente.

PATETISMO ADOLESCENTE Y LABORAL
Arrancando en apariencia como una comedia pero inclinándose más hacia el drama, Adultos jóvenes (Young Adult, EU, 11), sigue a una escritora para adolescentes de éxito declinante, ya llegando a los cuarenta (Charlize Theron), que regresa a su pueblo para reconquistar al novio de la prepa (Patrick Wilson), ahora casado y con un hijo: como cabría esperar, lo que se encuentra no es necesariamente lo que estaba buscando… o quizá sí pero no lo sabía.
Dirigida por Jason Reitman y sin estar a la altura de su propia filmografía (Gracias por fumar, 05; Juno, 07; Amor sin escalas, 09) dadas ciertas situaciones demasiado forzadas provenientes del guion de Diablo Cody, como en el momento en el que se avienta su drama y todos en la fiesta la escuchen como si fuera muy interesante, y a la presencia de personajes que no cuajan (el primo paralítico) y terminan siendo meros estereotipos, el filme sale a flote por el patetismo bien encarnado por la protagonista y ciertos detalles en los que uno que ronda esas edades, acaba irremediablemente reflejado.
Por su parte, Quiero matar a mi jefe (Horrible Bosses, EU, 11) es una comedia dirigida por Seth Gordon en la que tres amigos empleados comparten la monserga de tener a sendos jefes insufribles (en sobreactuación flagrante Kevin Spacey, Colin Farrell y Jennifer Aniston), por diversos motivos: patanería, acoso sexual, prepotencia y lo que se vaya sumando. Con un arranque prometedor que anuncia un humor negro constante, el filme va deshilachándose sin saber bien a bien a dónde quiere llegar, enfatizando la intriga que no resultaba tan interesante como los propios personajes, un cuanto tanto abandonados durante el avance de la historia. Se antojaba para bastante más, dada la ingeniosa idea de inicio.

OBSESIONES ALREDEDOR DE LAS BELLAS DURMIENTES
Un par de hombres que trabajan o administran sendos edificios, amables y serviciales. Dos jóvenes mujeres solas que viven en uno de los departamentos, en trance de terminar o volver con sus igualmente patéticas parejas. Ambas empiezan a pasar malas noches, se despiertan cansadas y no saben con certeza qué es lo que sucede: ¿alguna presencia sobrenatural? ¿mal de sueño? ¿algún intruso de carne y hueso que esté haciendo de las suyas? Se trata de dos películas que coinciden en temática aunque el tratamiento y los resultados son distintos, jugando con lo que no se muestra como elemento central para el desarrollo argumental.
Por una parte, Oculta obsesión (The Resident, EU, 11) es una típica cinta de misterio en la que una doctora recién mudada (Hillary Swank) a un depa que parece ser una gran oportunidad, empieza a percibir eventos misteriosos, mientras es apoyada por el ahora dueño del edificio y ante las miradas sospechosas del abuelo de éste (el gran Christopher Lee). El asunto va siendo demasiado convencional y al limitado desarrollo de personajes, habría que sumarle un desenlace absurdo, por decir lo menos, y una sensación de haber visto la historia demasiadas veces.
Por la otra, Mientras duermes (España, 11) intenta ir más allá pidiendo cierta complicidad con el espectador por aquello de la verosimilitud (eso de contratar a alguien y luego averiguar quién es…) y por la condescendencia con el improbable trazo del personaje femenino (Marta Etura) y de la pequeña vecina, aunque agradeciendo la presencia de Luis Tosar. Dirigida por el especialista en el cine de terror Jaume Balagueró, conocido por la franquicia REC, la cinta con enfático juego de espejos, consigue implicarnos con este personaje cargado de patetismo y paulatinamente más peligroso de lo que él mismo o su madre supondrían.

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SECTOR 9: ANALOGÍA SEGREGATIVA

28 noviembre 2009

Los procesos migratorios y los consecuentes acomodos sociales con la llegada de grupos raciales y sociales distintos están siendo uno de los factores definitorios del siglo XXI; de la capacidad que tengamos como especie para aprender a convivir en circunstancias nuevas, problemáticas las más de las veces, depende en buena medida nuestro futuro. Cuando la tolerancia deje de ser una palabra hueca y las diferencias nos reconcilien con la maravilla de la diversidad, habremos dado un decisivo paso hacia la consolidación de la humanidad como concepto rector de nuestro diario peregrinar.
Escrita junto a Terri Tatchell y dirigida por el debutante sudafricano Neill Blomkamp, bien arropado por Peter Jackson quien pareciera verse en el espejo hace veinticinco años, Sector 9 (District 9, Nueva Zelanda-EU, 09) se despliega como un filme configurado a partir de un cruce de géneros: del falso documental, en forma de seguimiento televisivo con su característico sello amarillista, al cine político para entroncar con la propuesta de acción con todo y héroe caído pero nunca derrotado, con la flor del romanticismo en mano hasta el final.
Una nave espacial se ha posado en el cielo terrestre como una ciudad flotante muerta. Al entrar a ella, los humanos descubren a una serie de criaturas parecidas a crustáceos humanoides que pronto son ubicados en una colonia hasta que, veinte años después y tras las protestas sociales, se instrumenta un plan para reubicarlos aún más lejos. El responsable, un burócrata de buenas intenciones felizmente casado (Sharito Copley) y cuyo siniestro suegro es el jefe, se convertirá en el protagonista de una aventura que, como dice uno de los entrevistados, nadie vio venir.
El tono satírico se desprende desde el inicio, cuando se aclara que ahora los extraterrestres no llegaron a ninguna ciudad de Estados Unidos a diferencia de lo que siempre ocurre en este tipo de películas. Y ahí está, claramente, la analogía: no es casualidad que la película se desarrolle en Johannesburgo y que varios de los testimonios iniciales en contra de los langostinos –nombre despectivo que se les daba a los extraterrestres- provengan de gente de raza negra. Letreros discriminatorios y menosprecios continuos: un buen caldo para la violencia.
La lógica de las armas que aún permea las relaciones internacionales se refleja de manera precisa, así como el papel que juegan potencias mundiales y organismos multilaterales frente a conflictos en apariencia caseros. Un gobierno cuyo límite es la presión de afuera –pura imagen- pero que no se detiene para experimentar de manera clandestina o hacer lo que sea necesario para perpetuar su control, confiando más en su brazo militar que en el político, ciertamente convertido en peligrosa tenaza, literalmente.
Dentro del mencionado Distrito, la organización social está bien establecida, con las acostumbradas injusticias del caso: un grupo de mercenarios lidereados por un loco en busca de poder inconmensurable vía brujería, controla a la población, en este caso los langostinos, por medio del abasto de comida para gato, una especie de droga para los llegados del espacio veinte años atrás. Las fuerzas externas dejan que el estatus quo se mantenga, siempre y cuando no den problemas más allá del campo de refugio.
Pero lo que menos se puede tolerar es el mestizaje: ante quien parece totalmente diferente, qué importa exterminarlo, no hay culpa alguna en las mentes obtusas; pero quien tiene una parte de tu propia especie, puede generar sentimientos encontrados: es un traidor, una nueva posibilidad de convivencia o, por supuesto, el arma que todos estaban esperando, al más puro estilo Iron Man (Favreau, 08) sin contar con un paternal e inteligente Enemigo mío (Petersen, 85) que podría salir al quite para evitar un Infierno en el Pacífico (Boorman, 68) justo en Tierra de nadie (Tanovic, 01).
Cámara inquieta e inquietante que aprovecha la propia estructura narrativa para combinar tomas panorámicas con intromisiones a las vísceras de la colonia, sin escatimar en la presentación de fluidos de todo tipo, carnes destazadas y cuerpos que estallan con estética de videojuego y hasta del cine de serie B, le da frenética forma a este futurista aviso de cómo se pueden presentar las condiciones en los países desarrollados.
Letreros cual reportaje de pandemia van acompañando las secuencias editadas en forma enérgica, cambiando el punto de vista y la perspectiva de quién cuenta y qué se cuenta para, como suele suceder, ocultar la verdad en beneficio de la población, no vaya ser que no pueda con ella.

HARVEY MILK: ANIMAL POLÍTICO

17 mayo 2009

Para la mayoría de las personas, llegar a los cuarenta y darse cuenta de que no han hecho nada de lo cual sentirse orgullosas en sus vidas, puede ser más bien deprimente. Pero para algunos otros, los menos, esa toma de conciencia funciona como un impulso dinamizador: asumirse tal cual uno es, encontrar una causa más allá de sí mismo y luchar por ella, aunque en ello se ponga en riesgo la existencia, pareciera un camino al fin liberador.
Harvey Milk 2Dirigida con pulcritud y corrección política por Gus Van Sant, moviéndose entre el cine independiente –Elefante (03), Last Days (05), Paranoid Park (07)- y el mainstream -Mente indomable (97), Descubriendo a Forrester (00)- con soltura inigualable, e interpretada con la convicción acostumbrada por Sean Penn, Harvey Milk: Un hombre, una revolución, una esperanza (EU, 08) es una cuidada biopic capaz de presentarnos al personaje y sus circunstancias de manera cercana y directa, empleando tanto el flashback como el flashforward (el empleo de la prolepsis anunciando su muerte al inicio y cuando está grabando en solitario) para construir estados de ánimo y permitir la sensibilización acerca de la importancia de este hombre, animal político al fin, en cuanto a la lucha por los derechos humanos, particularmente de los homosexuales.
Algunas líneas de discusión como el papel de la familia como sustento social, la discriminación laboral por la orientación sexual –particularmente en el campo de la docencia- y la débil frontera entre la privacidad y los asuntos públicos (por aquello de la invitación a salir del clóset), se van soltando a manera de trasfondo y como banderas tomadas por Milk, ya en absoluta transformación tras asumirse plenamente como luchador social y homosexual, moviéndose hábilmente en los fangosos terrenos de la política. La clave radicaba, según él, en que los homosexuales se mostraran, levantaran la mano y demostraran poder de convocatoria.
Con envolvente recreación de la época, tanto desde el punto de vista social como de diseño de arte, y resolviendo con acertados recursos visuales y narrativos las diversas secuencias –ralentización, posición y distancia de la cámara, división de pantalla, montaje paralelo- Van Sant reconstruye, quizá en forma un cuanto tanto aséptica, la vida de este hombre que en el San Francisco de los setenta, ya con el sueño hippie moribundo y antes de la aparición del fantasma del SIDA, devolvió parte de la confianza perdida en la democracia, la igualdad y las libertades individuales, más allá de posturas insostenibles por ignorantes, aún con ecos treinta y cinco años después.
Tanto el guión, estructurando situaciones y diálogos que contribuyen a configurar al persHarvey Milkonaje en lo íntimo y en su accionar público, como las interpretaciones de soporte tras acertado casting, refuerzan la premisa base del film. Este retrato de Harvey Milk, hombre que gustaba de la ópera al igual que el personaje de Tom Hanks, se suma a cintas como Filadelfia (Demme, 94) y Secreto en la montaña (Lee, 06), que desde los grandes estudios abordan temáticas homosexuales, no exentas de miradas románticas sublimadas.

AMBULANTE: DESPLAZADOS

20 marzo 2009

Un tríptico de documentales que abordan, en distinto contexto y por diversidad de motivos, el desplazamiento, desarraigo y necesidad de migrar como alternativa para la sobrevivencia. Veamos.

1. Dirigido por Juan Carlos Rulfo, nuestro documentalista más reconocido, junto a Carlos Hagerman, Los que se quedan (México, 08) es una mirada intimista a varias familias mexicanas que viven la partida de sus seres queridos, o que ellos mismos se encuentran en el proceso de buscar fortuna en Estados Unidos, ya sea como opción laboral o para alcanzar a los miembros de su clan que ya se encuentran por allá.

Sin amarillismo y lejos del tremendismo simplón al que se podría prestar un trabajo de esta índole, el documental se articula en episodios imbricados en los que compartimos tanto la cotidianidad de estos compatriotas, como la forma en la que las familias encaran la inminente pérdida (o la que ya ocurrió, como en el caso de la viuda), recuperando percepciones y opiniones de los papás, las mamás y los hijos de diversas edades.

Una adecuada edición y una cámara que igual nos muestra el contexto que la habitación privada, permiten que el documento se desarrolle con fluidez y con la suficiente apertura para involucrarse con estos compatriotas que extrañan pero que también se mantienen llenos de expectativas.

Zonas rurales de Michoacán, Jalisco, Puebla, Chiapas, Zacatecas y Yucatán son los escenarios para escuchar a todas estas personas usualmente sin voz, que representan una cara poco abordada del fenómeno de la migración: entre sus sueños y aspiraciones se levanta una realidad inmediata que obliga a la separación física de la familia. Extraña más el que se queda, dicen.

2. Con presupuesto canadiense y dirigido por Yung Chang, Remontando el Yangtsé (07) se centra en las consecuencias casi invisibles de la construcción de una planta hidroeléctrica en el mítico río cuyo nombre da título al texto fílmico. A partir del seguimiento a dos jóvenes –de contrastante origen social y económico- que entran a trabajar en el crucero que recorre las aguas, se expone la situación de la China actual, con la direccional puesta hacia la izquierda pero dando la vuelta a la derecha, como bien cuenta un chiste de uno de quienes trabajan en este complejo turístico-energético: la mirada de la divinidad sobresale entre el monte cual testigo silencioso de los cambios radicales.

3. Como parte de la sección Enfoque: Suecia, se presentó Maggie en el País de las Maravillas (Suecia, 08), film en el que seguimos a la mujer del título, una Massai que vive, no sin ciertas angustias producto de su falta de identificación con el entorno, en un edificio de la ciudad de Malmö, típico centro urbano nórdico de fría organización donde todo parece estar resuelto de antemano, como en la novela de Carroll.

Dirigido por Ester Martin Bergsmack y Mark Hammarberg, el documento se articula a partir de dos miradas: la de la propia protagonista, quien con cámara en mano escribe su diario, y la de los cineastas, quienes atestiguan sus soliloquios con las aves que la rodean, sus paranoias y sus intentos de integración a una sociedad cuya selva no reconoce: claro, siempre queda espacio para la reorientación y la posibilidad de poner orden en la propia casa antes en semiabandono afectivo.

Nos leemos después.

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LOS VIGILANTES: LA HECATOMBE COMO SALVACIÓN

18 marzo 2009

Un grupo de superhéroes en desuso, cargando con sus respectivas crisis de identidad y carentes de poderes especiales salvo uno, cohabitan con una humanidad que nos los tiene en muy buen concepto, al borde del colapso nuclear dada la crisis continuada entre la URSS y EU, potencias bélicas siempre a punto de presionar el botón definitivo. Son los años ochenta del siglo pasado y Nixon se mantiene en el poder con la asesoría de Kissinger, mientras las relaciones bilaterales se caen a pedazos.

Con elusivos e históricamente explicativos créditos iniciales acompañados por el anuncio de los tiempos cambiantes en voz de Bob Dylan, el director Zack Snyder (El amanecer de los muertos; 04; 300, 07) se avienta el riesgo de llevar al cine la única historieta aparecida en aquella lista de las mejores novelas en lengua inglesa a partir de 1923 publicada por la revista Time. Los vigilantes (Watchmen, EU-GB-Canadá, 09) es un esfuerzo quizá demasiado respetuoso por plasmar en pantalla las diversas aristas de un texto cargado de referencias más allá de sus límites como obra gráfica.

De la autoría del férreo antihollywoodense Alan Moore –de quien ya se llevó al cine la fallida La liga extraordinaria (Norrington, 03) y V de Venganza (McTeigue, 06)- y Dave Gibbons, Watchmen buscaba ahondar en el estado de paranoia generalizado llevando a niveles sociopolíticos la cultura del cómic, eliminando cualquier trazo de maniqueísmo y “sometiendo el arquetipo del superhéroe a un inclemente proceso de deconstrucción que no olvidaba ninguna de las variables de su latente lado oscuro: fantasía fetichista, emanación paranoica, pesadilla mesiánica o deseo fascista” (Jordi Costa, El País, 06/08/09).

El filme consigue en lo general capturar la idea de la historieta aunque descuida algunos subtextos de carácter social y cierta profundización en los personajes, más allá de los contextos en los se mueven. El ritmo narrativo es desigual, con momentos muy logrados de plena intensidad, junto con otros que entorpecen la fluidez y no abonan ni al tejido del relato central ni al involucramiento de los personajes y sus circunstancias.

El casting y la caracterización de los vigilantes ahora vigilados, funciona como relojito, elemento constante en el relato: la parte femenina representada por Espectro de Seda I y II, madre e hija (Carla Guguino y Malin Akerman); la entereza hasta el final de Kovacs y su máscara psicológicamente interpretable de Rorschach (Jackie Earle Haley, el pedófilo de Secreos Íntimos); la mesiánica soberbia convenenciera de Adrian (Matthew Goode); la patanería violenta del comediante Edward Blake (Jeffrey Dean Morgan); la serenidad de Daniel Búho Nocturno II (Patrick Wilson) y el omnipoder filosófico, salvo el de controlar a la novia como cabría esperar, del Dr. Manhattan (Billy Crudup).

No obstante, la intertextualidad de la fuente original recibe un tratamiento absorbente en ciertos pasajes del relato, sobre todo aquéllos que se estructuran a manera de flashback para ubicar las dos épocas de los superhéroes en decadencia, y un poco su origen como tales con todo y la ausencia de información que provocará desazón en el espectador que no cuenta con referentes previos. En efecto, pareciera que la prolongada duración -160 minutos- no fue del todo aprovechada en términos narrativos.

La puesta en escena se adapta a la naturaleza del cómic y no escatima en escenas cargadas de violencia y alguna subidita de tono, como marcan los cánones. De pasada, se desarrollan algunos apuntes acerca de la discriminación por preferencia sexual, de las dificultades para la convivencia humana y de la carencia de una conciencia de especie y de mirar al planeta como la única patria posible: ¿sólo a través del magnisacrificio se puede reconstruir ese bucle del que hablaba Edgar Morin, conformado por individuo-sociedad-especie? ¿Sólo al momento de identificar un enemigo externo es posible la integración de la humanidad?

Nos leemos después.

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ENSAYO SOBRE LA CEGUERA

15 noviembre 2008

La inquietante novela de José Saramago, con toda su carga de humor macabro, busca excavar en ese pantanoso terreno conocido como La condición humana, a partir de una imaginativa alegoría que además de las conclusiones más o menos evidentes, plantea ciertas premisas entre líneas de manera más sutil, en cuanto al abanico de reacciones en una situación extrema y la importancia de verse a sí mismo para poder establecer miradas al afuera.
Como le ha sucedido a García Márquez, Saramago parece un hueso duro de roer para ser trasladado a la pantalla. Su atropellada escritura parecería invitar a una gramática fílmica más cercana al vértigo y a los acontecimientos que al desarrollo de los personajes: pero esta visión puede ser engañosa y devenir obra fílmica episódica y en la que no se solidifique del todo la interacción del espectador con los protagónicos, sus motivaciones y sus circunstancias.
Con Ceguera (Blindness, Canadá-Brasil-Japón-EU, 08) sucede lo anteriormente descrito. Dirigida con brío por el internacionalizado brasileño Fernando Meirelles (El jardinero Fiel, 05), la cinta se reduce en lo temático y se engrandece en lo visual, tanto en la versátil fotografía que aprovecha de manera impecable la condición invidente de los sujetos, como en la poderosa y asfixiante puesta en escena: el uso de desenfoques, encuadres partidos, contrastes con luz intensa y, desde luego, la presencia de la ceguera lechosa tal como uno se la podría imaginar durante la lectura de la novela.
El planteamiento, que recuerda un poco a El señor de las moscas, alude a los equilibrios posibles de la convivencia social: a fin de cuentas, las relaciones de dominación predominan sobre las de igualdad y la tendencia de algunos grupos para imponerse a otros es una constante en la historia de la humanidad. Este microcosmos se presenta como una reproducción de lo que se vive a escala global, quizá de ahí la idea de incluir un reparto multicultural, amén de la influencia de los patrocinadores.
Si bien el guión se apega lo más posible a la novela, por momentos se perciben ciertas acciones que no encuentran del todo motivaciones claras, y los apuntes de humor se insertan más como un paliativo para destensar los horrores y abusos tensa y crudamente retratados en el campo de batalla, que como parte integral del desarrollo narrativo. En un contexto así, cabe el sacrificio pero también la objetivación de la persona humana.
Una Ciudad (sin) de Dios (04) en la que deambulan simbólicos personajes como la mesías aún con vista (Julianne Moore) y el marido curaojos (Mark Ruffalo); la prostituta de gafas permanentes (Alice Braga) y el niño a la deriva; el conciliador viejo parchado (Danny Glover) y el matrimonio de orientales en duro trance de adaptación; el autonombrado rey del agandalle (Gael García Bernal), el ciego ahora con ventaja de tuerto o el ladrón en pos de la redención equivocada.
Y la paradoja de la maldición para quien aún puede ver en un país de ciegos, se convierte en una misión tan complicada que implica soportar ver al propio marido con otra, asesinar para buscar la liberación y convertirse en una guía vital para apenas refugiarse brevemente en un cielo lechoso, cual paraíso extraviado imposible de separar de la ciudad inerme y devastada.

Nos leemos después.
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TRAIDOR O EL PARAÍSO PERDIDO

8 noviembre 2008

Los peores enemigos de las religiones se encuentran en sus propias filas. Tras la falacia de estar cumpliendo la voluntad de Dios o atendiendo su llamado, se enmascaran acciones que nada tienen que ver con el amor al otro sino más bien de dominio sobre los demás, como bien lo ha demostrado la historia. Pareciera que las guerras santas –nótese el oxímoron- sólo han conseguido que los seres humanos se alejen del Dios a quien dicen adorar. Seguimos en una búsqueda equivocada del paraíso extraviado.
Dirigida por Jeffrey Nachmanoff (Hollywood Palms, 01) Traidor (Traitor, EU, 08) intenta plantear diversos discursos sobre la geopolítica, la religión y el terrorismo a escala global, a partir de dos personajes que difieren de ciertos patrones que hemos visto en películas relacionadas. Por una parte, un exagente devoto musulmán, nacido en Sudán pero criado en Estados Unidos (Don Cheadle, intenso) y, por la otra, un eficaz agente del FBI que prefiere la persuasión verbal a la tortura (Guy Pearce), a diferencia del común denominador.
En ambos se presenta una tradición religiosa y un cuestionamiento, sobre todo en el primero, acerca de las propias acciones. El desarrollo argumental acierta en la construcción de estos dos personajes y sostiene una sólida narración en forma de thriller político, sin necesidad de recurrir a secuencias tan espectaculares como gratuitas: quizá se pueda cuestionar la verosimilitud de la forma en que se resuelve el conflicto central. Lo dicho: la verdad es complicada.
Aún así, la cinta consigue inquietar: los dilemas morales abundan, así como las nuevas formas que han tomado las guerras. Personas esperando indicaciones para convertirse en bombas humanas, agencias que no se detienen ante la inocencia de civiles, gobiernos rebasados o vueltos cómplices y hombres que se debaten en sus propios conflictos éticos, al punto de que la traición se ha convertido en estilo de vida, aunque ya no se sepa bien a bien de qué lado está la razón: sabemos que nunca está completamente en uno o en otro.
Este cruce de discursos se encuentra funcionalmente puesto en imágenes: la edición logra integrar la diversidad de secuencias en los escenarios múltiples y el desarrollo de las acciones en las bien elegidas locaciones, permite entresacar reflexivas líneas de diálogo que reflejan los puntos de vista de los involucrados, desde los protagonistas hasta el amigo terrorista/ajedrecista (Said Taghmaoui), pasando por el otro agente (Jeff Daniels) y las mujeres relacionadas con el personaje central.
El filme no está exento de cierta idealización y por momentos de simplificación: los enredados nudos que propone los deshace de una manera que no corresponde a lo retorcido de los hilos. En su descargo, vale decir que el asunto tratado es de una complejidad tal, que difícilmente se pueda abarcar en todas sus dimensiones. Coescrito por el comediante Steve Martin, el guión se inserta en la línea de trabajos recientes de mayor realismo como El paraíso ahora (Abu-Assad, 05) y Vuelo 93 (Greengrass, 06), por mencionar dos casos notables.

Nos leemos después.
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PERSÉPOLIS O CÓMO SE CONSTRUYE LA IDENTIDAD

6 septiembre 2008

Fue la capital del imperio persa y víctima de las pretensiones conquistadoras de Alejandro Magno. Como esas ciudades con fuerza propia, se intentó arrasarla, muchos siglos después tras la revolución iraní, para borrar la historia preislámica, aunque la resistencia contuvo el ataque. Sus ruinas son Patrimonio de la Humanidad desde 1979 por la enorme riqueza cultural y artística que representa. Recientemente, su nombre ha sido visto en las marquesinas de muchos cines alrededor del mundo.

Basada en los cuatro tomos de la autobiográfica novela ilustrada de Marjane Satrapi y dirigida por ella misma en colaboración con Vincent Paronnaud, Persépolis (Francia-EU, 07) es un intenso, cercano y emotivo recorrido por la vida de una mujer desde su niñez hasta su juventud, en un convulso contexto sociopolítico que va de los años setenta en Irán, su tierra natal, hasta su partida a Francia durante los primeros años de la década de los noventa, pasando por una estancia en Viena y el regreso a casa en los ochenta.

Hija de una familia acomodada, pasa sus primeros años entre las ideas progresistas de sus padres para darse cuenta, a través de las historias de algunos parientes, de los abusos del poder tanto de la monarquía como de la república. Justo cuando empieza a dejar de ser niña, vive parte de su adolescencia en la indiferencia y snobismo occidental, donde empieza a conocer el amor de pareja y a resentir la crisis de identidad, para regresar a Irán en donde cada movimiento y acción están vigilados, incluyendo cualquier manifestación de cariño.

Con una tan sencilla como absorbente animación en blanco y negro, apenas presentando algún contrastante colorido justo cuando va a iniciar alguna etapa de su vida, la historia de esta vivaz y rebelde niña que igual platica con Dios y Marx, se imbrica de manera puntual con los principales sucesos políticos de Irán, tanto sus conflictos internos como con otros países: las ambiciones petroleras de los ingleses representadas en un sketch con marionetas, la guerra con Irak o las intervenciones de los Estados Unidos, en específico a través de la venta de armas.

Este notable equilibrio entre la mujer y su entorno, le brinda fuerza al relato que sabe cómo relacionar el drama de la pérdida, el humor de diversos sucesos y el desarrollo de una adolescente común, encantada por el punk y el metal de Iron Maiden y viviendo su sexualidad con los conflictos inherentes ante las decepciones amorosas, incluyendo un precipitado matrimonio. Junto a ella, su liberal abuela señalándole alternativas siempre posibles (voz de Danielle Darrieux) y sus comprensivos padres (Simon Abkarian y Catherine Deneuve), pensando en las mejores posibilidades de vida para su retoño.

Con una estética animada diferente a la acostumbrada, aprovechando los negros y sombras para cerrar secuencias de manera casi teatral, los grises panorámicos y los blancos para expresar una efímera luminosidad, la propuesta visual consigue profundizar en los estados de ánimo de la protagonista –como en su depresión o en la alegría del primer amor- y hasta sumergirnos en los históricos conflictos bélicos y sociales o, en contraste, arrancarnos saludables carcajadas como cuando va dejando de ser niña o se recupera de la depresión, y asumirse como iraní, no obstante la fuerte presencia de la cultura occidental, particularmente el rock en sus diversas vertientes.

Entre estos dos mundos, de férreo control y de indiferencia absoluta, más el suyo propio, Marjane (voces de Gabrielle Lopes y Chiara Mastroianni), irá encontrando su lugar como mujer en contextos discriminatorios y dogmáticos (interesante un análisis desde la perspectiva de género), como hija/nieta/amiga y como persona con una identidad en permanente recomposición. Aderezado con un eficaz score y una fluida edición que permite mantener el interés e involucramiento del espectador, el film es una mirada honesta, crítica y a la vez transparente de una mujer que, como su patria, ha ido creciendo en medio de crisis, injusticias y esperanzas. Una gran película.

Nos leemos después.

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TROPA DE ÉLITE: APOCALIPSIS AQUÍ Y AHORA

16 agosto 2008

Cinta tristemente oportuna y pertinente al contexto tanto local como nacional que estamos viviendo en nuestro País. Si en Ciudad de Dios (Meirelles-Lund, 02) la mirada se posaba sobre los casi niños vueltos delincuentes por predestinación, ahora nos topamos de frente contra las corporaciones policíacas y sus complejas redes de corrupción, simulaciones y complicidades con las que operan en las favelas de Río de Janeiro, territorios donde la pobreza se sienta a la mesa con el narcotráfico y, a pesar de lo que se podría pensar, con un juvenil espíritu celebratorio.

Basada en el texto de André Batista, coescrita y dirigida por el documentalista José Padhila debutando en el cine de ficción, Tropa de Élite (Brasil, 07), ganadora del Oso de Oro en el 58º Festival de Berlín, es un descenso a los frágiles equilibrios infernales de una favela, trastocados por la visita del Papa en 1997 y su petición de pernoctar ahí, con la consecuente necesidad de limpiar la atmósfera al menos durante esa noche, en la que no se pueden escuchar ni las rencillas ni los habituales disparos que parten el efímero silencio del enturbiado ambiente.

Con prólogo en el que el implacable comandante Nascimento (Wagner Mora) presenta con voz en off la situación que pronto se desarrollará, seguimos a dos posibles sucesores del susodicho, quien ha decidido dejar el puesto por la próxima paternidad y la evidente afectación psicológica que padece. Como parte de la BOPE (Batallón de Operaciones Policíacas Especiales), corporación que va contra todo y contra todos (narcos, policías corruptos, vigilantes y hasta civiles si es necesario), empleando cualquier medio con tal de alcanzar el fin, tortura incluida, el comandante requiere un digno sustituto que haya decidido entrar a la guerra y convertirla en casi su única razón de vida.

Tras un cruento proceso de entrenamiento, que recuerda los que hemos visto en las cintas sobre la guerra de Vietnam, sólo dos han resultado candidatos viables para suceder al comandante con esporádicos ataques de culpa frente a una madre que ha perdido a su hijo: un joven impulsivo que parece dispuesto a morir por nada (Caio Junqueiro) y un cerebral e idealista novato (André Ramiro) que también estudia para abogado con algunos compañeros aburguesados que participan a manera de limpiaconciencias en una ONG incrustada en el torbellino.

Mientras desde la comodidad del salón de clase se discuten las tesis de Foucault sobre los micropoderes y sus vínculos perversos, en el campo de batalla no hay tiempo para teorizar sino sólo para buscar la sobrevivencia con la única consigna de nunca dejarse matar. Las pirámides de corrupción en los cuerpos policíacos y sus acuerdos con los distribuidores de droga se han convertido en una pasmosa e inamovible normalidad, con la consecuente degradación moral que a todos invade: no hay héroes, sólo guerreros. No hay quien tire la primera piedra.

La pretensión de verismo permea todo el relato, con el dinamismo nervioso de la cámara de Lulha Carvalo, un cromatismo deslavado y una edición implacable a manera de espiral en la que también caben las secuencias paralelas, así como una permanente combinación de planos contextuales o de mirada de francotirador, junto a los que nos permiten adentrarnos en las casuchas y callejuelas, mientras la música eleva peligrosamente la tensión entre gritos distantes y balas nunca perdidas.

La realidad, conocida por nosotros, nos va estallando en el rostro como el balazo terminal con el que se pone fin a un proceso, sólo para abrir múltiples puertas de un terror que parece no conocer salidas definitivas. El campo de batalla lo ha invadido todo: el hogar con la esposa reclamante, la escuela como punto de venta, la oficina enrarecida por la tensión y hasta las posibles relaciones personales y amorosas, ya trastocadas en definitiva por las llamas de un infierno que no se detiene: el Apocalipsis aquí y ahora.

Nos leemos después

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