Archive for 24 febrero 2011

ENTRE LA REALEZA Y LA RED SOCIAL

24 febrero 2011

La entrega del premio Oscar es una celebración que hace la Academia de cine estadounidense para premiar fundamentalmente las películas de su país; ni más ni menos. Las repercusiones de la ceremonia, a diferencia de los European Films Awards, los Goya, los César o los Bafta, ya no digamos los Arieles, son proporcionales a la presencia de las películas made in USA alrededor del mundo: un cine hegemónico que predomina en las carteleras de la mayoría de los países. Por supuesto, el factor económico pesa notablemente en el interés por las candidaturas y las ganadoras.
Sabemos que en ocasiones los Oscares se han entregado por criterios artísticos y en otras por reconocer trayectorias, por orientaciones políticas, por razones mercadológicas e ideológicas. Entonces, habría que verlos como un espectáculo bien montado que puede entretener si uno se deja: hay que estar en modo. Demos una rápida repasada a las nominaciones de este año, que se presenta con claros favoritos en algunas categorías e incógnitas absolutas en otras.
El premio a mejor película parece orientarse a dos contendientes, a pesar de las 10 nominadas: El discurso del rey y Red social. Me gustaría que ganara la segunda aunque creo que triunfará la primera, filme que se podría llevar también el de mejor actor (Colin Firth está en su mejor momento interpretativo, como también lo mostró en A Single Man), dirección artística, vestuario, música (Alexandre Desplat es otro que está en una notable etapa creativa) y guión original, aunque El origen podría llevárselo sin perder el sueño. El academicismo siempre ha gustado a la Academia.
Mientras tanto, por la realización de Red Social puede ser que David Fincher se lleve el Oscar en dirección (¿y Christopher Nolan?) y Aaron Sorkin por guión adaptado: aunque están presentes los hermanos Coen, quienes sin problema se merecerían ambos con su Temple de acero, no creo que sean premiados porque recientemente ganaron, al igual que Jeff Bridges como actor. También la película sobre Facebook puede salir victoriosa por mejor edición, aunque 127 horas debería hacerlo, además del premio por fotografía, conocido como Cinematografía, y de mejor canción, otra vez cortesía de Rahman, ahora en compañía de Dido.
El cisne negro se verá recompensada por el desasosiego en el nos involucró Natalie Portman y su extenuante actuación, también mérito de Darren Aronofsky, quien pudiera dar una sorpresa en el rubro de dirección aunque es poco probable; la fotografía y edición también pudieran ser áreas reconocidas para esta película. Por lo que toca a las actuaciones de reparto, parece que Christian Bale y sus ojos desorbitados ganarán el premio, mientras que en la categoría de actriz secundaria se da la batalla más interesante: están Melissa Leo y Amy Adams por El peleador y la joven Hailee Steinfeld por Temple de acero, quien supongo resultará ganadora.
Un poco relegada, para sorpresa general, me parece que El origen se quedará con los premios técnicos: efectos visuales, sonido y efectos de sonido; por su parte, El hombre lobo se apunta para maquillaje. Cualquiera de las nominadas (¿por qué sólo tres?) para película animada merecería la estatuilla pero Toy Story 3 aparece como la gran favorita, mientras que el corto australiano The Lost Thing tiene oportunidad, al igual que Madagascar, A Journey Diary, aunque comparten nominación con sendas producciones de Pixar y la BBC y el ambientalista Let´s Pollute.
Para mejor documental largo, en donde extrañamente no quedó nominada Waiting for Superman (¿no les gustó la dura crítica a su sistema educativo?), puede salir avante Exit Trough the Gift Shop, sobre un inmigrante francés en Los Ángeles que se dedica al arte de la calle; los cinco nominados para documental corto representan reflexivos textos sobre las condiciones de vida pero quizá Strangers no More de Goodman y Simon, acerca de la integración de niños al mundo escolar, puede llevarse el reconocimiento. Sucede también con los cortos nominados, entre los que destaca Na Wewe de Ivan Goldschmidt, ambientado en la guerra civil de Burundi y Wish 143 de Barnes y Waite, sobre un adolescente en etapa terminal con la oportunidad de ver cumplir sus deseos, excepto uno.
Como película extranjera aparece Biutiful (que recibió malas críticas entre la prensa europea y parte de la estadounidense, sólo reconociendo la actuación de Bardem) como favorita para ciertos medios mexicanos innecesariamente chovinistas, pero por ahí está Susanne Bier, bien conocida en Hollywood y anexas, con In a Better World y Rachid Bouchareb con Hors La Loi, poderosa cinta sobre la independencia argelina pero mirada desde lo que ocurría en Francia con los grupos rebeldes asentados ahí.
Desde luego, cada quien tiene su larga lista de ausencias en las nominaciones y podrá disentir de las ganadoras. Por fortuna, la verdad está allá afuera.

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SECRETOS A LA LUZ DE LA MUERTE

17 febrero 2011

Un par de películas en cartelera que integran en su propuesta elementos temáticos relacionados con la develación de verdades presentes pero sin salir de la oscuridad; con la familia y sus formas de configuración y con personajes que van comprendiendo, nunca demasiado tarde, quiénes son las personas que los rodean. En la primera se desarrolla una amistad entrañable, con salpicadas de terror, y en la segunda una mujer va descubriendo de dónde viene como para saber a dónde ir, en tono más de comedia.

DÉJAME ENTRAR: ENCONTRARSE EN LA DIFERENCIA
Ante un remake se suelen arquear las cejas como signo natural de suspicacia: falta de creatividad, fusil franco y llano, oportunismo taquillero o saqueo despiadado de otras cinematografías para descafeinarlas y atraer grandes públicos con el objetivo de nutrir las cuentas de productores poco interesados en algo más que sus bolsillos. Pero siempre hay las excepciones que nos impiden hacer las reduccionistas generalizaciones. Dos ejemplos: El aro (Verbinsky, 02) funcionó como una adaptación bastante fiel de Ringu (Nakata, 98), el clásico reciente de horror japonés.
El segundo caso es Déjame entrar (Let Me In, EU, 10), dignísima adaptación de la película homónima sueca dirigida por Tomas Alfredson basada en la novela de John Ajvide Lindqvist y que se constituyó como el mejor film de vampiros de la década pasada, aunque el centro de su desarrollo dramático pasaba más por la emotiva amistad entre dos outsiders: un niño solitario acosado en la escuela y una misteriosa niña recién llegada al barrio, aislada y de formas más bien hoscas con marcados hábitos nocturnos.
Se nota que el director Matt Reeves puso mucha atención en su referente tanto literario como fílmico, particularmente en el armado de secuencias y en la puesta en escena. De los fríos suburbios en las afueras de Estocolmo nos vamos a Nuevo México, también en la década de los ochenta, años en los que el cubo de Rubick causaba sensación. Un niño de doce años vive con su madre –a la que nunca se le ve el rostro- y sobrevive al divorcio de sus padres y al abuso escolar evadiéndose en el área común del edificio o espiando a los vecinos desde su Ventana indiscreta (Hitchcock, 54).
La fría monotonía se rompe ante la llegada de un hombre acompañado de una niña taciturna, con quien el joven inicia una accidentada relación de amistad que buscará convertirse en noviazgo para que todo siga igual: la súplica vampírica para obtener el acceso a la habitación se desdobla en plan metafórico para que el humano pueda entrar al corazón de la extraña criatura que sólo sale de noche y no va a la escuela. Como en El Ansia (Scott, 83) la condena de la juventud eterna permite interacción al inicio pero se puede convertir en maldición al paso de los años.
Con un notable trabajo de iluminación que logra construir los necesarios contrastes con la oscuridad y un manejo de la luz con cierto énfasis simbólico, se va edificando esta particular relación, entre bullying, asesinatos, persecuciones, indiferencia adulta y una apertura paulatina que solidifica la amistad acaso más allá de las diferencias: la comprensión hacia el otro, antes que la búsqueda del beneficio propio, sella un cariño con sangre y alma puesta en común.
Las emotivas actuaciones de los jóvenes Kodi Smith-McPhee (El último camino, 09) y Chloe Moretz (Kick Ass, 10; 500 días con ella, 09) se sustentan en el apoyo de gente de experiencia como Richard Jenkins y Elias Koteas, así como en una sensible dirección de actores del responsable de Cloverfield (09), descubriendo que al afecto también se baila mientras la nieve cubre el espacio vital al ritmo de la notable partitura de Michael Giacchino, especialista en creación sonora de atmósferas tétricas.

SECRETO DE FAMILIA: ENCONTRARSE EN LA ADULTEZ
Dirigida por Ghyslaine Coté y retomando parte de vivencia propia, Secreto de familia (Le Secret de Ma mere, Canadá, 06) es una comedia que se desprende a partir del velorio de un hombre y toda la gente que lo rodea, empezando por la esposa e hija y de ahí, todos los demás, que incluye tíos, primas y agregados por cuenta propia. A manera de flashbacks con toques de humor, se van descubriendo secretos largamente guardados acerca de paternidades y maternidades hasta ese momento ocultas o, en el mejor de los casos, confusas. Las sorpresas no siempre tienen porqué ser desagradables. Entre el mundo de los vivos y de los muertos (según se puede ver después del inicio de los créditos finales) no hay mayores diferencias.

CRIATURAS E IMPRONTAS

10 febrero 2011

Un trío de películas que plantean miradas acerca de la condición humana a partir de la relación con otros seres, productos de experimentos o de algún inexplicable, por vías científicas, origen. Más allá de las premisas argumentales, se despliegan algunas ideas relacionadas con las configuraciones familiares, la maternidad y la presencia de poderes acechantes: empresariales, mediáticos o militares, según el caso. Una en la cartelera de nuestra ciudad y las otras dos disponibles en los videoclubes.

IMPRONTA INESPERADA
Una joven pareja de científicos (Adrien Brody y Sarah Polley) trabaja con la experimentación del ADN para encontrar nuevas sustancias que sirvan en el tratamiento de diversos males; patrocinados por una empresa de acostumbrada voracidad, han logrado crear dos extraños seres con forma de gusano, macho y hembra, de los que eventualmente se podría obtener el elemento buscado; ante la negativa de dar un paso más allá en la combinación del ADN de diferentes animales y más bien concentrarse en el objetivo empresarial, la investigadora decide, en un arranque motivado por diversos factores, integrarle el componente humano a una de sus mezclas: aparece entonces un Frankenstein para los tiempos de la bioética.
Dirigida por Vincenzo Natali (El cubo, 97; Cypher, 02, Nothing, 03) con una estética deslavada, Splice: experimento mortal (Canadá-Francia-EU, 09), se inscribe en una serie de cintas que navegan entre el terror y la ciencia ficción (aunque ahora ya más ciencia que ficción), desde los clásicos de la Warner hasta las propuestas de David Cronenberg. Pero sobre todo, como ya lo revisara en Feroz (00), el director canadiense pone el énfasis en las dificultades que implica crecer y en cómo se va estructurando esta inesperada familia, con eros y thanatos a todo lo que dan, en escenarios de colorido apagado que van del frío laboratorio a la desordenada granja de recuerdos infantiles.
Desde el inicio, en un ambiente amniótico, se retoma el punto de vista de las criaturas, en particular de NERD (Delphine Chanéac, llena de matices), una híbrido de crecimiento acelerado formada por información genética de ave, marsupial, humano, anfibio y lo que vaya apareciendo: una bomba hormonal cuyo comportamiento resulta casi imposible de predecir. Aunque en su desenlace la cinta asume los dictados del género y en el transcurso recurre a ciertas secuencias forzadas, consigue insertar algunos apuntes, particularmente relacionados con la sexualidad, que resultan innovadores y, en efecto, perturbadores.

IMPRONTA ANGELICAL
El gran estilista François Ozon (Gotas de agua sobre piedras ardientes, 99; Bajo la arena, 00; 8 mujeres, 01) nos sorprende ahora con Sólo los niños van al cielo (Ricky, Francia, 09), una cinta que busca combinar el costumbrismo de la clase trabajadora con la más pura fantasía. En un ambiente absolutamente normal, con los problemas y las esperanzas consabidas, puede florecer un pequeño e inexplicable milagro que genera abrazos angelicales: de las aparentes heridas de la diferencia surge magia en estado puro que termina por ser integradora.
Una empleada (Alexandra Lamy) vive con su hija pequeña (Mélusine Mayance) resolviendo la cotidianidad; un compañero de trabajo se atraviesa en su camino (Sergi López) y procrean un hijo, configurando así una nueva familia que se enfrentará a lo común: diferencias, rupturas y reencuentros. Sólo que el niño resulta ser demasiado especial en esta metafórica obra del realizador de Swimming Pool (03), 5 x 2 (04) y El tiempo que nos queda (05), filmes más centrados en realidades con múltiples capas pero sin posibilidad de escapatoria.

CRIATURAS INVISIBLES
Dirigida por el veterano William Friedkin (Contacto en Francia, 71, El excorcista, 73) In-sectos (Bug, EU, 06) sigue a una madre solitaria atendiendo un motel de paso que ha perdido a su hijo (Ashley Judd), apenas acompañada por una amiga (Lynn Collins) y hostigada por el exmarido (Harry Connick jr.) hasta que aparece un excombatiente de la guerra del golfo (Michael Shannon) quien afirma haber sido víctima de un experimento militar y ser portador de una serie de bichos que habitan debajo de su piel.
Basada en una pieza escrita por Tracy Lets, la cinta muestra con intensidad cómo se va desarrollando el proceso de locura en el que ya todos los elementos se relacionan paranoicamente con la premisa central: esa simbólica invasión interna que se vuelve contagiante vía contacto sexual. Film directo rodado sin vericuetos externos, sostenido por un convincente trabajo actoral y una posibilidad de lecturas múltiples, como el nivel metafórico de la autodestrucción en donde ya no se reconoce a nadie y sólo se asume la propia claustrofobia.

JOAN MANUEL SERRAT: HIJO DE LA LUZ

3 febrero 2011

Todo un acontecimiento la visita del barcelonés e ingeniero agrónomo ya recuperado y con un agradecimiento en la boca a nuestra ciudad este lunes 7. A lo largo de cuarenta y cinco años, Joan Manuel Serrat (1943) ha sido una de las principales voces en nuestro idioma y en el de su padre catalán: política, amor, cotidianidad, tristeza, esperanza y la libertad en todas sus formas han sido las temáticas trasnversales de su obra. De la prosa ingeniosa a la emotividad desgranada en poéticas propias o de colegas admirados, con instrumentaciones sencillas y melodías que recorren el Mediterráneo de ida y vuelta, aunque siempre con sorpresas en el trayecto.

EL INIGUALABLE DESPUNTE
Desde sus primeros largos, Ara que tinc vint anis (67), Cancons Tradicionals (68) Com Ho Fa El Vent (69), ya se advertía la presencia de un cantautor especial, con capacidades interpretativas de sensibilidad a prueba de franquismos y otras imposiciones dictatoriales, como las de la moda y el mercantilismo.
En 1969 grabó sus primeros discos en castellano: Por un lado, La paloma, cuya canción homónima retoma un poema de Rafael Alberti y que ya contenía algunos de sus clásicos como El titiritero, Tu nombre me sabe a yerba y Penélope, la mitológica historia de locura amorosa, y por el otro, Dedicado a Antonio Machado, que lo catapultó hasta tierras americanas, con Cantares y La saeta como banderas de avance.
Volviendo al catalán, grabó Serrat/4 (70) ya con una solidez musical notoria que redundaría en dos obras clave: Mi niñez (70), plagado de canciones chispeantes (Señora, La fiesta Muchacha típica) y Mediterráneo (71), acaso su obra más representativa con cortes como el que le da título cual declaración de principios para lo que se necesite. Esta etapa cerraría con Miguel Hernández (72), una vuelta al homenaje poético de sentida profundidad y compartida pasión.

MUERA EL DICTADOR, VIVA EL REY
Durante los siguientes años, Serrat vivió la tensión de los últimos coletazos de la dictadura e incluso desde México hizo algunas condenas al franquismo. Grabó Per al meu amic (73), otro de sus clásicos, seguido de Canción infantil (74), obra que incluía Para vivir, canción que se presentó, a su vez, en la película Mi profesora particular, estelarizada por el cantante.
Un poco antes de la muerte de Franco, apareció …Para piel de manzana (75) como una especie de bálsamo para tiempos convulsos que se fueron aquietando con la coronación de Juan Carlos, ya sin el dictador en este mundo. De regreso de su exilio, en el que México fue un apoyo notable y con la amnistía promovida por el gobierno de Suárez, presentó Res no és Mesquí (77) con poemas de Joan Salvat- Papasseit y 1978 (78), ya con la democracia en marcha y en un contexto de profundos cambios para la sociedad española.

ENTRE LA MOVIDA Y EL FIN DE SIGLO
Los ochenta iniciaron con Tal como Raja (80), cual observación puntual de las transformaciones sociales, continuadas en el disco En tránsito (81) y Cada loco con su tema (83), representativos de los tiempos que corren con un lenguaje más coloquial como de narrador de sucesos, más que constructor de analogías o metáforas: ahí están Esos locos bajitos, No hago otra cosa que pensar en ti, Hoy puede ser un gran día y Sinceramente tuyo. La tryaectoria continuaría con Fa vint anys que tinc vint anys (84), En directo (84) y con dos álbumes de espíritu latinoamericano: El sur también existe (85), en el que se involucró con Benedetti aún en vida y Sinceramente teu (86) grabado con famosos artistas brasileños. La década cerró con los aún consistentes Bienaventurados (87) y Material sensible (89), volviendo al catalán.
Para los 90´s, inició con Utopía (92), para levantar vuelo con Nadie es perfecto (94) y con Banda sonora d’un temps, d’un país (96), con canciones prestadas. Participó después en El gusto es nuestro (96) proyecto comandado por su compinche Víctor Manuel y presentó Liliana, Historia de Babar y viaje a la luna (97), obra de narraciones para niños, para cerrar el siglo con Sombras de la China (98), acaso su mejor obra de los últimos años.

SIGLO XXI
El nuevo milenio vio la llegada de Tarrés Serrat: Cansiones (00), en forma de homenaje a la canción latinoamericana, seguido de Versos en la boca (02) y de Serrat sinfónico (03), de cuidadosos arreglos; tras vencer a una dura enfermedad, presentó Mô (06) y se fue de fiesta en Dos pájaros de un tiro (07) al lado de Joaquín Sabina.
En Hijo de la luz y de la sombra (10), su obra más reciente, vuelve a hurgar en los versos de Miguel Hernández, con toda la fuerza política y emocional que los caracteriza, como para levantar la mano y reconocer pasados que miran al futuro.