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FORMAS DEL ROCK ESTADOUNIDENSE

6 noviembre 2016

Tres grupos visitan nuestro país en estos días con propuestas que reflejan algunas de las vertientes reconocidas del rock, desde el metal y el garage hasta el surf y la psicodelia, pasando por el clásico sonido sureño, un poco del infaltable country y sonidos bluseros insertado conforme a la tradición.

METAL PARA EL ALTAR

Quinteto formado en Richmond, Virginia, con todo y nombre místico que contrasta con la fiereza de su propuesta: eso sí, a pesar de su éxito comercial, se han mantenido fieles a sus creencias musicales. Primero conocidos como Burn The Priest y después asumiendo ya el nombre de Lamb of God, su propuesta se sustenta en una notable cohesión y energía inacabada del vocalista Randy Blythe, las contundentes guitarras de Mark Morton y Will Adler, el bajo incisiva de John Campbell y la batería interminable de Chris Adler.

Su primer lance fue el incendiario Burn the Priest (1998), álbum homónimo considerando que así se llamaron al principio, al que le siguió el enfocado y rotundo New American Gospel (00) como toda una declaración de principios tanto en sus letras como en su estética sonora, en la que igual cabe un poco de speed que de death y, ya entrados en gastos, cierto espíritu alternativo. Con este disco se instalaron en la escena metalera como un grupo clave del siglo XXI dentro del género.

Ya asumidos como mesías del mundo heavy, salpicando consignas políticas y apocalípticas más a siniestra que a diestra, y con una sólida fama dentro de los circuitos de las cabelleras agitadas y playeras negras, firmaron el transitorio As the Palaces Burn (2003), rápidamente perseguido por Ashes to Wake (2004), uno de sus álbumes capitales como para regresar de la cenizas, y por el duro e inclemente Sacrament (2006); en el inter, grabaron un disco en vivo titulado Killadelphia (05), con DVD integrado.

Vendría después Wrath (2009), en el que no bajaba la dinámica y un recopilatorio titulado Hourglass: The Anthology (2009), que incluye algunas rarezas y demás joyitas para fans incondicionales y dispuestos al sacrificio (monetario). Con Resolution (2012) la fuerza se mantiene intacta y la intención clara: hacer un álbum de metal con todas las de la ley, procurando voltear a las bases como para recordar de dónde vienen para saber a dónde van, sobre todo porque vendrían tiempos difíciles.

Tras un inicidente que llevó a la cárcel a Blythe por empujar del escenario a un joven fan durante un concierto en Praga, que murió posteriormente por la caída, el vocalista escribió un libro ya fuera de prisión titulado Dark Eyes, en el que plasmó las vivencias alrededor de la tragedia. Vendría después la grabación de VII: Sturm und Drang (2015), reflejando el estado de ánimo entre estresante, caótico y turbulento y con algunos invitados notables que participaron de esta catársis con los decibeles por los cielos.

UN VIAJE POR LOS ESPESOS SETENTAS

Constituido en Ames, Iowa, el grupo Radio Moscow, nombrado así por la emisora propagandística de la Unión Soviética, se integró en el 2004 por el cantante, compositor y baterista Parker Griggs y el bajista Luke McDuff, quienes compartían su gusto por el garage y los sonidos que predominaron décadas atrás, como los que salían de la genialidad de Cream o la Jimi Hendrix Experience. Primero como dueto y después como trío con la inclusión de la batería de Mayuko y en algún momento con cambios de alineación, lograron llamar la atención de Dan Auerbach (The Black Keys, The Arcs).

En la introducción de Radio Moscow (2007), su primer álbum, se presentan con nitidez: espesura setentera edificada por robusta rítmica y las consabidas guitarras en espiral, combinadas con un inconfundible acento sureño bañado, a su vez, de subyacente psicodelia. El resto de esta primera entrega es un dechado de energía bien enfocada en los cauces de la propuesta sonora en deuda con los Allman Brothers, si bien no del todo distintiva o identificable.

Brain Cycles (2009) representó un paso adelante con un narcótico enfoque infiltrado por intensidades crecientes, ya asomándose rasgos de identidad propia, con todo y la búsqueda de ese tercer ojo de los lentes que ilustran la portada, mientras que The Great Escape of Leslie Magnafuzz (2011), significó más bien una particular continuidad, dado que fue un disco grabado casi en su totalidad por Griggs, echando toda la carne al asador, tal como 3 & 3 Quarters (2012), realizado cuando tenía 17 años y que emana espíritu adolescente insuflado por el garage.

Con una nueva alineación que muy pronto aprendió a jugar de manera colectiva, integrada por el macizo bajo de Anthony Meier y las percusiones de Paul Marrone, con la necesaria cuota de dinamismo, Griggs presentó Magical Dirt (2014), disco que pareciera ser una especie de nuevo comienzo, no en el terreno estilístico de donde no se han movido un ápice, sino en la estructura del grupo, articulado como trío con buen punch. Una muestra de sus capacidades y limitaciones en vivo quedó asentada en Live in California (2016).

UN PASEO POR LAS OLAS

Formados en el 2006 en Dana Point y asentados en Costa Mesa, ciudad de Orange County, The Growlers se inspiran en una psicodelia sesentera que se sube a la tabla de surf para navegar sobre olas pop con espuma folk. Se les conoce con la etiqueta del Beach Goth, en el que se integran algunos de los tipos de música a los recurren, incluyendo ciertas oscuridades en pleno ambiente dominado por el sol; el nombre también sirvió para bautizar a un festival que organizan desde el 2012 y que va creciendo con convocatorias cada vez más jugosas.

Entre varios cambios de personal, debutaron con Are You in or Are You Out? (2009), al que le siguió el breve Hot Tropics (2010). La vocal de Brooks Nielsen comparte protagonismo con la guitarra de Matt Taylor, de aliento playero, para deslizarse por la feliz batería de Scott Montoya y por el bajo juguetón de Anthony Braun Perry, dejando como telón de fondo los acordes guiterreros de acompañamiento y los apuntes del teclado de Kyle Straka. De pronto, se pueden asomar algunas botas vaqueras pisando con sutileza la arena del mar.

Ya en plena etapa de consolidarse como un grupo al que se puede recurrir en momentos de buen ánimo, han grabado Hung at Heart (2013), quizá su mejor álbum, y Chinese Fountain (2014); City Club (2016), con el apoyo de Julian Casablancas (Strokes), denota el gusto por seguir haciendo música con base más en sus instintos que en una agenda prevista, estrategia que detona resultados contrastantes.

THE LIBERTINES: JUVENTUDES EN COLISIÓN

30 octubre 2016

Con el cambio de milenio el rock volteó a su propia historia, como para asegurarse del camino andado, y durante los primeros años del siglo XXI se desarrolló un revival que traía al presente tendencias como el garage de finales de los sesenta, el postpunk de la transición entre los 70’s y 80’s y los sonidos indies de finales de los años ochenta y principios de los noventa. El movimiento apareció en diversos países del planeta: The Strokes y White Stripes en Estados Unidos; The Hives desde Suecia, The Vines por Australia, The 5.6.7.8’s de Japón, The Datsuns por los rumbos de Nueva Zelanda y The Doves y The Libertines en Inglaterra, por mencionar los ejemplos más conocidos.

Éstos últimos, nombrados así en honor al espíritu transgresor del Marqués de Sade, resultaron de la combinación de talentos e intensidades puestos en conflictiva integración por Carl Barât y Pete Doherty, ambos compositores, cantantes y guitarristas, quienes sumaron después de algunos cambios a John Hassall en el bajo y a Gary Powell en la batería, justo para darle la necesaria energía a la base rítmica. Corrían los años de la transición del siglo en Londres, eterno epicentro rockero que genera o recibe pronto las diversas tendencias en la materia que se manifiestan alrededor del mundo.

Con Up The Bracket (2002), producido por Mick Jones, firmaron un debut hoy convertido en clásico, equilibrando la fiereza guitarrera con los despliegues melódicos, vocalizaciones muy propias de barrio, batería llegando siempre a tiempo y un bajo que cobija un sonido ubicado en la tradición del rock inglés con sus variantes (The Kinks, The Clash, The Jam, The Smiths…), pero con un inconfundible aire de novedad que conecta con las nuevas audiencias, como se advierte desde las abridoras Vertigo y Death on the Stairs, sentando bases de un estilo muy pronto identificable con ese juego de espejos de voces y guitarras chirriantes y potentes a la vez.

libertinesHorror Show y la titular Up the Bracket meten el acelerador con estilo a partir de una persecutoria batería que parece provocar a la vocal, pronto anunciando Time for Heroes y Boys in the Band, cual himnos declaratorios de principios, como The Good Old Days en la que se deja claro que los buenos tiempos son los presentes; no exentas de cierta ironía, las letras se inscriben en terrenos sociales, políticos y personales. En solo 36 minutos, el cuarteto londinense se presentó con frescura e intensidad en una escena rockera que ponía buena parte de su atención en el revivalismo estadounidense: ahora la tendría que dividir.

El reconocimiento inmediato y la presión adjunta, además de los problemas de adicción a las drogas de Pete Doherty, sobrevolaron la producción de The Libertines (2004), digno segundo álbum en lo general con todo y la cuota de buen humor, aunque por momentos se emplea cierta reiteración de estrategias o resoluciones sonoras y letrísticas muy vistas, a pesar de un inicio prometedor y premonitorio con Can´t Stand Me Now y cortes como el elusivo The Man Who Would Be King, el calmo Music When the Lights Go Out y la orgánica The Ha Ha Wall.

La esperada ruptura pareció truncar la carrera de una de las bandas más prometedoras del siglo XXI. Sobreviviendo a sus propios demonios, Doherty formó Babyshambles, mientras que Barât hizo lo propio primero con Dirty Pretty Things y después con Jackals. Algunas reuniones para tocar en vivo mantenían la esperanza de un nuevo disco que llegó once años después de su anterior obra: Anthems for Doomed Youth (2015) refleja para bien el proceso de crecimiento, tanto en las letras como en algunas de las composiciones, aún conservando una energía expresada de manera distinta, como a intervalos y a fuego lento.

La sensible canción que da título al álbum muestra que la capacidad compositiva se mantiene a tono, ahora con reflexiones efusivas (Fame and Fortune) y reposadas (Iceman) sobre las nuevas condiciones de vida, justamente como si se tratara de himnos para una juventud condenada a la incertidumbre. La abridora Barbarians muestra de inicio que no todo estaba dicho, mientras que Gunga Din recurre a sutil rítmica caribeña y la balada pianística You’re My Waterloo, composición de 1999, se inserta con pertinencia en este conjunto de sentencias que señalan el fin de un mundo imaginado en los años mozos, pero con miras a un futuro. Incierto, pero futuro al fin.

 

RADIOHEAD: IRRESISTIBLE ALBERCA SELENITA

16 octubre 2016

Con una sólida, propositiva y distintiva discografía que incluye al menos dos obras imprescindibles –OK Computer (1997) y Kid A (2000)- el quinteto de Oxford se dio a conocer con Creep, canción incluida en Pablo Honey (1993) que todo mundo había oído sin importar quién la cantara: léase que estaban en riesgo de caer en el fenómeno llamado one hit wonder. Pero después vendría el soberbio Bends (2005) para dejar en claro que estábamos ante una de las bandas que dejaría huella y estilo en el mundo del rock, trascendiendo su condición de grupo musical para volverse referente de la cultura pop.

Durante el siglo XXI han mantenido presencia con álbumes a la altura de las expectativas generadas como Amnesiac (2001), cual continuidad del chico A; el brillante Hail to the Thief (2003); In Rainbows (2007), desafiando a la industria por la estrategia distribución empleada y King of Limbs (2011), digno pero quizá el menos logrado de todos. A la par, Thom Yorke grabó en solitario el interesante The Eraser (2006) y Tomorrow´s Modern Boxes (2014), además de formar otro proyecto llamado Atoms for Peace junto con Nigel Godrich y Flea, entre otros, con el que grabó el disco Amok (2013).

Por su parte, Jonny Greenwood ha seguido colaborando con el gran director Paul Thomas Anderson en los poderosos filmes There Will Be Blood (2007), The Master (2012) e Inherent Vice (2014), retomando la alucinante novela de Thomas Pynchon. Recientemente intervino en el documental Junun (2015), donde toca con el músico israelí Shye Ben Tzur y el grupo indio The Rajasthan Express, además de contar con la participación de Godrich: se trata de toda una experiencia sonora y visual de sincretismo cultural.

Por no dejar, compuso el soundtrack del documental Bodysong (2003) y de los filmes Norwegian Wood (Tran Anh Hung, 2011), basado en la novela de Murakami, y We Need to Talk About Kevin (Ramsay, 2011), sobre la inquietante historia de Lionel Shriver; colaboró también con Krzysztof Penderecki, uno de los puntales de la música clásica contemporánea e ídolo del guitarrista. Además, revisitó el mundo del reggae con Jonny Greenwood Is the Controller (2007), eligiendo e interpretando sus favoritos del género.

SUMERGIRSE EN UN BELLO DESCONCIERTO

A Moon Shaped Pool (2016) funciona a manera de recuperación y actualización, gracias a la presencia de canciones compuestas a lo largo del tiempo que no habían sido asentadas en un álbum o bien que aparecen aquí reformuladas, además de otras más recién salidas del preciso y orgánico laboratorio auditivo, en donde se gestó una estética transversal que le brinda a la obra un sentido de unicidad tanto temática como estilística. Incluso las canciones están ordenadas alfabéticamente.

Las letras están cargadas de cuestionamientos dolientes pero enérgicos sobre amores agotados, reflejando el estado anímico de Yorke tras su ruptura sentimental, el medio ambiente en vilo, la construcción de la identidad y la conciencia social extraviada; se desarrollan a través de melodías evocativas que, a su vez, sobrevuelan a intrigantes texturas que respiran bajo el agua, a cuya arquitectónica contribuyen el conjunto de cuerdas, la guitarra y voz de fondo de Ed O’Brian, la batería discreta de Phil Selway y el bajo de Colin Greenwood, hermano de Jonny, cerebro armónico del grupo.

El disco abre con las intensas cuerdas de Burn The Witch, corte largamente anunciado que advierte sobre el riesgo social de este tipo de prácticas, para dar paso a una cierta calma con angustia creciente en Daydreaming, con todo y presencias oníricas que no parecen anunciar dulces sueños, sino despertarnos a una realidad difícil en donde la esperanza es un bien escaso, mientras que Decks Dark mantiene una rítmica envolvente que crece sin avisar, como si nos fuéramos acostumbrado a las frías aguas movidas por la luna.

Una engañosamente plácida guitarra electroacústica se escabulle en Desert Island Disk, radioheadresistiéndose a mutar, al tiempo que Full Stop inquieta desde el momento mismo de su inicio a partir de reiteraciones de las que surgen sonidos impredecibles, en organizado caos pero con bajo perfil, dando entrada a una decisiva batería que acompaña las vocalizaciones múltiples. En contraste, Glass Eyes parece volver a un tono de mayor mesura con ese teclado escapista que no tiene problema para fundirse con los juegos de cuerdas.

Una base rítmica ligeramente más optimista sostiene Identikit, salpicada con algunos coros fantasmales cual traslapados llamados al reconocimiento sellados por la agudeza de una guitarra chirriante que se mueve en espacios reducidos. En The Numbers, un piano exploratorio se abre paso entre una maleza expectante, seguido por el resto de la instrumentación y paisajísticas vocales que se quieren extender en el horizonte de los arreglos de cuerdas, entrelazadas con unos expresivos coros femeninos

Present Tense atrapa con los apuntes de la guitarra sobre un ritmo reconocible, relajado y de cierto aliento playero, como si estuviéramos por un instante en Ipanema para después trasladarnos al mundo de John le Carré en Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief, transcurrida con una sencilla base de piano y pequeñas explosiones de electricidad que llevan la pauta para apuntalar la vocal.

True Love Waits, cuya primera versión anterior apareció en el EP I Might Be Wrong (2001) con voz y guitarra, cierra el acuático recorrido con unos teclados pausados y la presencia de las cuerdas que sirven de sustento al melancólico canto de Yorke. El disco está producido con el enfoque acostumbrado por Godrich y dedicado a su padre Vic Godrich, fallecido en el 2015. Las imágenes del arte parecieran invitarnos a introducirnos en este magma emocional del que no saldremos ilesos. Para bien.

Una alberca con forma de luna para sumergirse en un viaje lleno de incertidumbre hacia futuros ausentes de respuestas pero con la posibilidad de seguir generando preguntas. De pronto nos podemos sentir como Burt Lancaster en El nadador (Perry, 1968), aquella simbólica película basada en un relato de John Cheever en el que un hombre maduro regresa a casa metiéndose en las piscinas de sus vecinos y amigos, acaso como una forma de reencontrarse en las confusas aguas de la identidad siempre en redefinición.

 

 

BASURA ABSOLUTA

7 septiembre 2016

Tres productores, siempre tras bambalinas, se reúnen para una sesión informal que deriva en un proyecto orientado a ponerse frente al escenario, saliendo de la zona cómoda (para ellos). Un sólido trípode que aún así requería una voz e imagen que funcionara como vehículo de la apuesta musical: construcciones pop enmarcadas en estructuras tecno, apuntes guitarreros de calculada efectividad y con ese aliento alternativo tan de moda a principios de los noventa: tanto que dejó de serlo.

Así, entre Duke Erikson, Steve Marker y el afamado Butch Vig (quien ha producido a Nine Inch Nails, U2, Nirvana, Smashing Pumpkins, Sonic Youth y Green Day, entre otros), se entretejió la simiente para que la escocesa ex rostro visible de Angelfish, Shirley Manson, entre frágil y oscura, canalizara con voz de doliente seguridad las inquietudes del ahora cuarteto. Corría el año de 1993 en Madison, Wisconsin, cuando el grunge, la electrónica, el britpop y el rap predominaban en los radares musicales.

Garbage (1995) fue la carta de presentación. Poner el colmillo por delante para capturar el espíritu de la época: guitarras a la My Bloody Valentine, ecos de los grandiosos Sonic Youth, loops y efectos articulados con pericia, efectiva base rítmica y melodías rápidamente identificables, como se advierte en la juguetona Queer, las cascadas de Only Happy When It Rains, la rica en matices Vow con dejos góticos, el hit radial Stupid Girl y la desesperada Milk, en la que una voz declara abierta y sentidamente que espera por ti.

La producción, demostrando que en casa del herrero azadón de hierro, acaba por ser impecable, cual fórmula diseñada por expertos laboratoristas. No en balde la trayectoria de Vig desde Fire Town y Spooner, resultó significativa en aprendizajes al fin capitalizados primero desde el terreno de la producción durante los primeros noventa, y de la composición a lo largo de estos años, no muy prolíficos si se quiere pero de indudable efectividad, olfateando el signo de los tiempos.

Y para reincidir en el camino andado, continuaron con Version 2.0 (1998) que desde el título planteaba una especie de continuación, de intentar mejorar la fórmula. El ambiente tecno cobra mayor presencia y si bien no se encuentra el nivel de canciones confeccionadas en su debut, sí se expresa una mayor consistencia, expulsando demonios acomodaticios. “Soy una loba con piel de oveja” canta seductoramente Shirely Manson en la abridora Temptation Waits para después enloquecer serenamente con I Think I’m Paranoid.

La mayor presencia de una estética informática quizá le resta frescura aunque gana en efectismo: When I Grow Up parece venir de otra época y Medication funciona como sedante hacia el futuro. Special y Push It se enfocaron directamente a la programación radial y The Trick is to Keep Breathing, destila una discreta sensualidad, la suficiente para cortarte el aliento pero mantenerte vivo, al menos para que puedas afirmar You Look So Fine, encargada de cerrar esta segunda incursión.

garbagePero la fórmula parecía dar muestras de cierta volatilidad en Beautiful Garbage (2001), trabajo irregular apenas sustentado en destellos como la entrecortada Androginy, la campaneada Can´t Cry These Tears, la fantasmal Cup of Coffe, la fantasía adolescente de Cherry Lips (Go Baby Go!) y la cálida Drive You Home, que parecía sentenciar un regreso definitivo para guardar la calma. Tras este trabajo, los augurios no parecían prometer mucho: problemas personales, retirada de Butch Vig y operación de las cuerdas vocales de Shirely Manson.

Bleed Like Me (2005) sonó a una puesta al día de intereses comunes, todavía con asuntos por pulir. Eficaz reciclamiento mezclado con otras influencias (Deep Purple) que sostienen la natural capacidad melódica del cuarteto: la voz femenina se oye renovada, exigente, solicitando al novio que sea un chico malo con guitarra descarada (Bad Boyfriend) o que sangre como ella (Bleed Like Me); pidiendo explicaciones sobre las razones por las que la ama (Why Do You Love Me) o por las que no regresa (Why Don´t You Come Over). Sex is Not The Enemy, cantada como bajo el agua, busca levantar el nivel de frescura.

PERSONAS DIFERENTES Y PÁJAROS EXTRAÑOS

Después de un silencio que parecía definitivo apenas paliado con el recopilatorio Absolute Garbage (2007), atestiguamos un bienvenido regreso a través de Not Your Kind of People (2012) cual recuperación de un hábito sistemático y automático, generado durante la segunda mitad de los noventa. Tras las dudas dejadas en los dos discos anteriores, el cuarteto encontró una forma de reagruparse mirando a su pasado noventero pero buscando, con cautela, ciertos visos de actualización, como se advierte en el sencillo Blood for Puppies y en canciones con el sello de la casa como Felt, I Hate Love, el corte de apertura y el que le da título al álbum.

Y ahora confirman la etapa de madurez asumida con creatividad en Strange Little Birds (2016), el mejor trabajo que han firmado desde su homónimo debut, ya sin las presiones del entorno y anímicamente, al parecer, en efervescente estadio, sin abandonar los parajes oscuros, sobre todo en las letras. Sometimes abre el disco con plena confesión de torbellinos sentimentales, entre efímeros rasgueos y un piano aislado que da pie Empty, fungiendo como sencillo y conectando con los tiempos pasados en sonido y letra, al igual que Blackout, guiada por un bajo que se encarga de promover las detonaciones en medio de una oscuridad siempre aparente.

Retomando el sentido mensaje de un fan, Night Drive Loneliness transcurre con la emotividad que impone la recurrencia, contra lo que se podría pensar, mientras que los episodios de ausencia y soledad contrastan con los de la posibilidad del amor y el deseo en la bella y ceremoniosa Even Though Our Love Is Doomed, donde se aclara que solo vale la pena pelear por ti, y tanto en Magnetized como en We Never Tell, en las que se esgrimen ciertos destellos románticos con el corazón atravesado.

Como decía el personaje de El pescador de ilusiones (Gilliam, 1991), interpretado por Robin Williams, “se pueden encontrar cosas hermosas en la basura.” Ésta parece ser una de ellas.

EL PEQUEÑO GENIECILLO DE MINNEAPOLIS

15 mayo 2016

Prolífico para producir y componer, al grado de dar y regalar canciones a sus colegas o protegidos; talentoso para la interpretación con el instrumento que se le pusiera enfrente; ecléctico para crear su imaginería visual y auditiva, alrededor de una apuesta por la sensualidad; incansable para girar por el mundo, desparramando ritmo y buena vibra; trascendente a juzgar por las incontables influencias escuchadas en músicos de su generación y de las posteriores: “suena a Prince”, solemos decir.

ENTRE EL ECLECTICISMO Y LA TRANSGRESIÓN

Los ochentas fueron, en buena parte, suyos, después de alzar la mano para hacerse presente a finales de los setenta con For You (1978), en el que se hizo cargo de todos los instrumentos y composiciones, y el homónimo Prince (1979), centrado en un funk de sustento pop. Ya se reflejaba su notable rango vocal, que puede ir de una agudeza chirriante a una serenidad esotérica, y algunas de sus preocupaciones temáticas como el sexo y el amor, la espiritualidad y la condición de raza, entre otras, además de su ojo clínico para el gancho melódico y la rítmica voluptuosa.

Grabó obras maestras alejadas de la popularidad y grandes discos enclavados en la lógicaPrince 1 del mainstream, revisitando una multiplicidad de géneros con el funk como piedra angular para de ahí dispararse con absoluta soltura por los terrenos del folk, el pop, la new wave ochentera, el jazz y el soul: las músicas negras encontraron a su nuevo abanderado, navegando entre el espíritu experimentador y la seguridad cohesiva del hit irreprochable.

Durante los noventa no dejó de componer y se enfrentó junto con su banda The New Power Generation, al poder de las disqueras; una conversión religiosa a principios del milenio marcó parte de su propuesta musical a lo largo de la primera década de los dosmiles, manteniéndose presente pero un cuanto tanto al margen de los reflectores, al igual que los años subsiguientes, sin dejar de producir y reencarnar según el signo de los tiempos.

Prince Rogers Nelson (Minnesota, 1958–2016) fue, como cabría esperarse, un niño genio que aprendió a tocar el piano de oído. Nombrado así por la banda en la que tocaba su padre, un aspirante a músico de jazz, se volvió multiinstrumentista cuando todavía no le cambiaba del todo la voz y en sus primeras presentaciones escolares prefería no cantar. Sus notables influencias empezaban a revelarse: de Jimmy Hendrix a The Beatles y de James Brown a Parliament/Funkadelic, pasando por el gigante Duke Ellington y Stevie Wonder, por mencionar algunos notables.

Con la transgresión como bandera, en particular acerca de las convenciones y roles sexuales, asumió el púrpura como color distintivo, a saber si por ínfulas monárquicas, mero gusto o por cierta referencia hacia los Vikingos de Minnesota, el equipo de fútbol americano del cual fue fan y al que le compuso la pieza Purple and Gold. No faltaron a lo largo de su trayectoria mujeres a las que protegía e impulsaba musicalmente, incluso hasta sus últimos discos.

MY NAME IS PRINCE

El inmediatista y descarnado Dirty Mind (1980) fue su primera gran obra, integrando géneros y estilos con sorprendente fluidez y organicidad, girando temáticamente alrededor del sexo; Controversy (1981) transitó por caminos similares en términos musicales con abundancia de sintetizadores y su enfoque temático se orientó más al ámbito político y de protesta social, sin dejar del todo la vertiente sexual.

Con 1999 (1982) se dio a conocer, sobre todo con la pieza titular, entre públicos más allá del circuito del funk, abriendo la puerta para Purple Rain (1984), uno de los discos más vendidos en la historia y que produjo, en contraste con su brillantez, una película de dudosa manufactura que pronto se volvió gusto culposo de más de uno. Junto con su banda The Revolution, las canciones destilaban un pop de sensible y efusiva orientación: a partir de aquí, la lluvia cambió de tonalidades.

Con Paisley Park, Raspberry Beret y Pop Life incendiando la radio, grabó Around the World in Day (1985), seguido por Parade (1986), fungiendo como el soundtrack de la olvidable película Under the Cherry Moon; ambos se orientaron hacia la búsqueda de nuevas fronteras donde colindaba la psicodelia y el rock de pretensiones artísticas con todo y la oda funky al beso. Por estos años compuso el clásico Nothing Compares 2 U, que hiciera famosa unos cuantos años después Sinnéad O’Connor con sentida interpretación.

Al parecer, estos discos resultaron ser preparatorios para el enorme en todos sentidos Sign ‘O’ the Times (1987), otro de sus álbumes esenciales y uno de los discos clave de la década en el que sobrevuela un espíritu góspel, además de la consabida integración estilística. El aliento alcanzó para que al final del año apareciera The Black Album (1988), con una reedición oficial en 1994, direccionado por su característico funk potenciado por sonidos prestados del rock.

Pero como lo suyo era desconcertar a propios y extraños, pronto dio una vuelta de timón con Lovesexy (1988), que pasó más o menos desapercibido con todo y su muy particular portada, en contraste con Batman (1989), efervescente soundtrack para la película de Tim Burton con un Jack Nicholson desatado. La secuela de Purple Rain se llamó Graffiti Bridge (1990), disco altamente disfrutable con la presencia de George Clinton, pero poco apreciado por el mercado; para seguir neceando, se acompañó de una película que resulta fácil de olvidar.

EL PODER DEL SÍMBOLO

Los ochenta quedaron atrás y las predominantes tendencias musicales de fin de milenio le daban la bienvenida a la electrónica, al hip-hop, al indie y al grunge, entre otras. Fuera de ellas, seguían surgiendo grupos nuevos y se mantenían los sobrevivientes más allá de las vetas socorridas. Prince continuó en plan chambeador con el notable Diamonds and Pearls (1991), interpretado con su nueva banda que le brindaba una robusta sonoridad basada en una orientación hacia el R&B.

El disco conocido como “The Love Symbol Album” (1992), de rítmica contagiante con alguna salpicada de reggae, empezó a marcar sus disputas contra los consorcios musicales, en particular con Warner, y a favor de la libertad del artista, asediada por los cronogramas y dictados de la empresa: incluso cambió su nombre al símbolo que parece ser una letra p con las referencias a los íconos que representan lo masculino y femenino.

Con la finalidad de cubrir el acuerdo previo con la disquera, apareció el cumplidor Come (1994), firmado como Prince: libre de ataduras contractuales volvió a nombrarse como el símbolo identificador en Gold Experiencie (1995), una especie de demostración de lo que todavía era capaz de hacer: entregar un disco que podía llamar la atención, redondo a lo largo de los cortes y con The Most Beautiful Girl in the World como sencillo pegador. Curiosamente, una voz femenina en español anunciaba que El artista estaba muerto.

El siguiente año resultó, para variar, sumamente prolífico. Compuso el soundtrack Girl 6 (1996) de la floja película dirigida por Spike Lee; reafirmó su estatus de independencia con Chaos & Disorder (1996) y se destapó con la cuchara grande grabando el álbum triple Emancipation (1996), dándole un prolongado e incesante toque funky al espíritu libertario, propulsado por un poco de dance hall, jazz disfrazado de R&B y pop de rítmica irresistible.

Una colección de cortes que no habían aparecido anteriormente se integró en Crystal Ball (1998), que mostró ciertas dificultades para la distribución, al igual que New Power Soul (1998), pasando desapercibido incluso para quienes más o menos habían seguido la trayectoria del artista, no solo en los momentos de fuerte presencia mediática. La década cerró con Vault: Old Friends 4 Sale (1999) colección de su etapa con Warner y con Rave Un2 the Joy Fantastic (1999), más largo que memorable, con algún invitado y de baladera orientación.

CH-CH-CHANGES

Ya en el nuevo milenio, el inagotable compositor y virtuoso instrumentista decidió convertirse en Testigo de Jehová y empezó a cambiar de imagen, enfoque musical y de algunos colaboradores y protegidas: para muestra ahí está la interesante rareza Rainbow Children (2001), anunciando su nueva fe con una envoltura jazzera de inesperada tesitura. Este mismo año apareció The Very Best of Prince (2001), acaso la mejor compilación de su obra.

One Nite Alone (2002) fue grabado en solitario con todo y un cover de A Case of You de Joni Mitchell, encontrando su contraparte en un disco en vivo. Siguieron los instrumentales Xpectation (2003) y N.E.W.S. (2003), integrado por cuatro piezas como si de un divertimento se tratara. Todavía por los linderos de la producción comercial, grabó un par de álbumes bajo el título de Trax from The NPG Music Club, Volume 1: The Chocolate Invasion (2004) y Volume 2: The Slaughterhouse (2004).

Prince 2Después de esta etapa al margen, volvería al mundo del mainstream, bien conocido por él, con Musicology (2004), su mejor obra desde inicios de los noventa, recordando su etapa de mediados de los ochenta, y con el sólido 3121 (2006), acompañado de la cantante Támar y de Maceo Parker. El impulso creativo alcanzó para Planet Earth (2007), cual relajado y convencido canto para la casa de todos, entre citas esotéricas y música confeccionada con el sabor de la experiencia.

El guitarrero LotusFlow3r (2009) se integró a otros dos discos para conformar otro triplete: el funketo retro MPLSound y Elixer, firmado también por la vocalista de R&B Bria Valente, una de sus múltiples discípulas. Una vez más usando diarios y revistas como medios de distribución, al igual que en el caso de Planet Earth, presentó 20Ten (2010), ahora convertido en un disco difícil de conseguir que seguía la tendencia surcada entre el soul, el funkpop, el acento roquero y el R&B.

Tras una reconciliación con Warner Bros. y la realización de diversos sencillos, regresó al formato largo, moda afro incluida, con el disfrutable Art Official Age (2014) y PlectrumElectrum (2014), secundado por el energético trío femenino3rdEyeGirl. Y para cerrar la trayectoria, otro doblete: HITnRUN: Phase One (2015) y HITnRUN: Phase Two (2015), álbumes que antecedieron la intención de salir de gira bajo la lógica del piano y el micrófono misma que no podrá disfrutarse en este planeta, acaso en algún otro microcosmos de elusivas tonalidades doradas.

Después de 38 álbumes en estudio, más los que se vayan acumulando a través de las grabaciones que dejó en el tintero; una presencia cargada de una iconografía por completo distinguible; reflexiones constantes sobre el papel del artista en el mundo de las mercancías y transacciones y, sobre todo, la trascendencia estética frecuentemente identificable en múltiples propuestas actuales, el pequeño geniecillo de Minneapolis se ha despedido para emprender su viaje intergaláctico, de cósmicas resonancias.

17ª. EDICIÓN DEL VIVE LATINO

22 abril 2016

Algunos de los invitados para soltar amarras en la celebración de este encuentro musical para celebrarse el 23 y 24 de abril del 2016, como para no dejar de festejar a pesar de las noticias usualmente abrumadoras, en el mal sentido, a las que no nos debemos acostumbrar en este país.

PESADEZ CROMÁTICA

Metal con tintes de progresión melódica y postpunk con miras actualizadas es la propuesta del cuarteto Baroness, integrado al inicio con alineación clásica por John Baizley (guitarra/voz), Brian Blickle (guitarra), Summer Welch (bajo) y Allen Blickle (batería). Originarios de Virginia pero al fin conformados en Savannah, Georgia, se presentaron con algunos EP´s a manera de calentamiento antes de grabar The Red Album (2007), su primer largo en el que mostraban su potencial poderío y su inscripción a la tendencia metalera liderada por Mastodon.

Con la adhesión del guitarro Pete Adams en sustitución de Blicke, sacaron el consistente e intrincado Blue Record (2009), álbum con el que consiguieron mostrar de qué estaban hechos. Vendría Yellow & Green (2012), ambicioso disco doble de primarias aspiraciones, por aquello de los colores que le dan título. Tras sobrevivir a un terrible accidente automovilístico en el 2012 y con algunos cambios en su conformación, decidieron seguir adelante para concluir la gira de la que se desprendió el directo Live at Maida Vale (2013).

A manera de conjuro con el recuerdo del duro percance todavía fresco, grabaron Purple (2015) con el apoyo del productor Dave Fridmann, quien ha trabajado con Flaming Lips y Sleater-Kinney. La obra termina por ser una especie de energética y versátil celebración pletórica de pasajes hardroqueros bien alimentados por apuntes propios de otros géneros: las guitarras suenan cual imparable juego de espejos y la base rítmica busca la variedad de acuerdo a la intención de las piezas.

MONSTRUOS Y HOMBRES EN ARMONÍA

Desde Islandia nos visita un grupo de esos que transitan entre el éxito radial y el talento para enganchar a variado tipo de orejas, a partir de un pop espumoso con bien pensados momentos de emotividad y rítmica intrusiva rodeada de áurea étnica. Se trata de Of Monsters and Men, liderados por los cantantes y guitarristas Nanna Bryndís Hilmarsdóttir y Ragnar Þórhallsson, complementados por el guitarrista Brynjar Leifsson, el tecladista Árni Guðjónsson, el bajista Kristján Páll Kristjánsson y la batería de Arnar Rósenkranz Hilmarsson.

Con el efusivo y eficaz corte Little Talks, cual carta global de presentación, My Head Is an Animal (2011) significó el inmediato reconocimiento por parte de los grandes públicos. Pronto, como aprovechar la ola, apareció el EP Into the Woods (2012) y la fama estaba prematuramente cimentada, con todos los riesgos que ello implica. Manteniendo el nivel y expectativas generadas, entregaron Silhouettes para el soundtrack de Los juegos del hambre: en llamas (2013) y grabaron ya como quinteto Beneath the Skin (2015), en línea similar a su predecesor como si se tratara del reverso de la moneda de sus compatriotas de Sigur Rós.

EL SUR TAMBIÉN EXISTE

De Argentina se presenta Tototomás, alzando la mano para refrescar los vínculos entre el rock y el folk vitaminado con ritmos bailables que huelen a tradición latinoamericana y hasta con acentos discretamente punketos. El proyecto encabezado por el multiinstrumentista Tomás Agustín Casado debutó con el homónimo EP Tototomás (2012), al que le siguió el también corto Multifacético (2013); Jau Jau, (2014), su primer largo, los colocó en tono festivo dentro del panorama más allá del fin del mundo y con Bochorno (2016), se confirman como una alternativa a seguir en el panorama de la música popular en nuestro idioma.

Nacida en Santiago de Chile hace poco más de tres décadas, Camila Moreno ha ido ocupando un lugar en la escena de las cantautoras sudamericanas a partir de un folk de alcance contestatario y vibrantes vocalizaciones, como se advierte en su debut Almismotiempo (2009) y en Opmeitomsimla (2010), su opus 2. Las instrumentaciones se vinculan con la estética sajona sin abandonar las raíces, expresadas en el uso del charango. Con Panal (2012) y Mala madre (2015) la propuesta se orienta más hacia el dreampop con soportes electrónicos, conservando el estilo melódico de sus inicios.

DEL OTRO LADO DEL MAR

Dorian es un grupo barcelonés de indie pop que empezó a sonar con el disco 10.000 metrópolis (2004) bajo la batuta del compositor Marc Dorian, acompañado por el tecladista Belly Hernández, el bajo de Bart Sanz, la guitarra y los teclados de Lisandro Montes y el soporte percusivo de Víctor López. Su debut llamó la atención en el circuito virtual y el voz a voz se convirtió en un factor decisivo para que fueran trascendiendo hasta estos lares, lo que terminó por suceder con El futuro no es de nadie (2007) abanderado por el sencillo Cualquier otra parte, de alcance social.

El estilo sencillo y melódicamente directo continuó con La ciudad subterránea (2009) y con el poéticamente titulado La velocidad del vacío (2013), ya más pulidamente producido sin extraviar la naturalidad de sus predecesores. Diez años y un día (2015) celebra la década de existencia de la banda con versiones acústicas de sus canciones más representativas y un par de cortes inéditos que no desmerecen.

 

 

BLUR: CUANDO EL OCIO SE CONVIERTE EN MAGIA

15 octubre 2015

La invasión inglesa no termina, afortunadamente. Nadie como ellos para hacer rock: como si ya se convirtiera en un asunto genético. A diferencia del fútbol, que si bien los ingleses lo reglamentaron, otros países han logrado llevarlo a un territorio estético distinto, como Brasil o Argentina. Pero si pensamos en la música más popular desde mediados del siglo XX, necesariamente aparecen ineludibles agrupaciones británicas por borbotones, al igual que si miramos a los mejores jugadores de la historia y vinieran a la mente varios pamperos y cariocas.

Para muestra, este botón que tomó por asalto la década de los noventa y que todavía, a estas alturas del partido, ha regresado para confirmar su estatus en la bulliciosa escena del siglo XXI. Hacia 1989 en Londres, el creativo tecladista, letrista privilegiado para la ironía y vocalista Damon Albarn formó un grupo llamado Seymour, junto al versátil y enjundioso guitarrista Graham Coxon y al bajista Alex James, a quienes se les unió poco después el baterista Dave Rowntree.

Ya renombrados como Blur y cargando con toda la tradición del rock inglés en algunas de sus múltiples variantes, debutaron con Leisure (1991), en el que se incluía She´s So High, su primer sencillo, asomándose cierta psicodelia y la búsqueda de un ámbito propio de expresión con claras influencias de Stone Roses y Happy Mondays. Un debut que esbozaba un estilo por desarrollar y una propuesta visual entre retro y luminosa, expresada desde la portada misma.

El cuarteto asumió muy pronto la bandera, junto a Oasis, del movimiento conocido como Britpop, ampliamente difundido por aquellos años. Con el rompedor Modern Life is Rubbish (1993), mostraron una evolución estilística cargada de ciertos ingredientes tomados del postpunk y un mayor riesgo en la arquitectura instrumental que anunciaba el despegue definitivo cuyo destino fue ParkLife (1993), disco imprescindible de los años noventa que colocó al grupo en el lugar que todavía hoy ocupa: como los perros embozados en plena carrera de la carátula, el objetivo aparecía claramente identificado.

Blur 2015Ya en la cúspide grabaron The Great Escape (1995), homónimo del clásico film de John Sturges, que pronto se convirtió en otra obra de escucha obligada con ecos plenamente identificables de sus grandes referentes como The Kinks, The Jam y, por supuesto, de The Beatles; en este disco, síntesis de tradiciones y contemporaneidades, se despliegan composiciones que van de la belleza melódica de The Universal (mi favorita) al dinamismo contagiante de Charmless Man y Country House.

La banda cerró el siglo con los dignos Blur (1997), su obra menos británica con Beetlebum y Song 2 como piezas tutelares, y 13 (1999), luciendo portada diseñada por Coxon, como para echar el resto y empezar a voltear hacia otros derroteros, impulsado por canciones que anticipaban apertura a otras propuestas estilísticas como la prolongada Tender, sustentada por coros de probada negritud, o hacia un estilo construido a través de los años, como la inmediatamente reconocible Coffee & TV.

CONTINUIDAD

Think Thank (2003) fue la presentación de la banda en el nuevo milenio, ya acusando ciertas tensiones que al parecer alcanzaron a incidir en el resultado, dadas las diferencias entre los enfoques de Albarn y Coxon, quien solo firmó su participación en una canción. Con todo, el álbum se ubica cercano al nivel del resto de la discografía, sobre todo porque a estas alturas resultaba difícil que con semejante talento presente una obra del grupo desmereciera, no obstante las contrastantes críticas de las que fue objeto.

Claro que después vinieron el silencio, los caminos en distintas direcciones y la aparente ruptura, matizada por un trío de joyas para coleccionistas: Midlife: A Beginner’s Guide to Blur (2009), tour doble para conocer clásicos y rarezas; Blur 21 (2012), caja interminable conformada por 18 CD´s y 3 DVD´s, y Parklive (2012), disco doble en vivo que captura a la banda en el Hyde Park londinense brindando un concierto en el contexto de los Juegos Olímpicos celebrados en aquella ciudad.

Coxon siguió con una notable trayectoria solista que ya cuenta con ocho álbumes de estudio y Albarn se convirtió en hombre multiproyectos, incluyendo el famoso combo de estética caricaturesca conocido como Gorillaz, entre otras muchas apuestas que denotan el talante tan inquieto como creativo de este músico cada vez más abarcador con la mira puesta en manifestaciones igual de África que de China.

Pasaron doce años para que se reunieran a grabar canciones nuevas, pero lo hicieron, y en grande. Originado en Hong Kong, The Magic Whip (2015) es una obra que transita con una detallista calma, como si de un brillante artefacto se tratara en el que todos los engranajes, de sutilidad y precisión pasmosa, funcionaran tanto independientemente como siendo parte del conjunto. Las canciones, en efecto, parecen labradas a mano con cuidado y sensibilidad, trastocando el estilo noventero pero respetando su esencia. Por momentos nos podemos sentir en un viaje íntimo al cosmos, látigo mágico en mano para hacer del ocio un arte del transcurrir.

TRÍO DE SONORAS VISITAS

29 agosto 2015

Empezamos septiembre, el mes más bonito del año, con atractivas presentaciones en nuestro país que parecen darle la bienvenida a un prometedor otoño en cuanto a sonidos se refiere.

AMERICAN GOTHIC

Desde las praderas americanas, Iron And Wine es el proyecto del compositor y multiinstrumentista Sam Beam (Carolina del Sur, 1974), cual profeta barbado que gusta de transitar por los ambientes pintados por Grant Wood y escritos por William Faulkner, entre el pop, el folk y la americana, dentro de la tendencia formada por nombres tan notables como Bon Iver, My Morning Jacket y Fleet Foxes.

Originada en Florida en 1999, esta agrupación debutó con The Creek Drank the Cradle (2002), síntesis de un par de propuestas enviadas al sello Sub Pop que, viendo los resultados, acabó siendo sumamente atinada en cuanto a coherencia, enfoque y espíritu. De las canciones que no fueron consideradas surgió el también notable EP The Sea & the Rhythm (2003), por si quedaba alguna duda.

Ya con la posibilidad de contar con un estudio después de tan sólida presentación, Beam y su numerosa compañía (a lo que ya está acostumbrado dado que tiene cinco hijas) grabaron Our Endless Numbered Days (2004), obra confirmatoria de la capacidad letrística para recrear mundos emocionales que respiran al aire libre sin preocuparse por el fin de los días, como se afirmó en los EP´s Passing Afternoon (2014) y el espléndido Woman King (2005).

La ruta emprendida continuó con In the Reins (2005) lograda colaboración con el grupo Calexico y Shepherd’s Dog (07), alcanzando quizá sus cuotas más altas a la fecha, a través de la creación de evocativas imágenes y refulgentes contornos melódicos, pastoreados con buena dosis de sensibilidad. Apareció después el doble álbum recopilatorio Around the Well (2009), formado por lados B, rarezas y canciones que no pudieron ver la luz en un primer momento, al tiempo que seguía la costumbre de sacar EP´s al por mayor.

Al grito de besa y deja morir, Kiss Each Other Clean (2011) se presenta con faisanes poblando las imágenes y algunos discretos cambios de registro que si bien no siempre funcionan, apuntan hacia un ensanchamiento de referencias: coros incrementales, apuntes cercanos al soul y funk matizado con una contenida rítmica setentera. Walking Far From Home abre un racimo de canciones con varios puntos de inflexión, pero cantadas como si las decisiones ya estuvieran tomadas: se percibe relajamiento general sólo trastocado por algún teclado o el sonido de algún metal que contrapuntea el desarrollo armónico y por las letras como de costumbre inquietantes que visitan temáticas tan vitales como imposibles de asir.

Iron and WineEn Ghost on Ghost (2013) la aventura va más allá del hábitat folk para internarse por atmósferas discretamente jazzeras, empapadas de tonalidades country que persisten en la recreación de la intimidad acaso buscada por espíritus de otro mundo, celebrando la quietud de la noche o su capacidad de invisibilidad. Dos volúmenes de Archive Series (2015) recuperan sencillos y lados B, mientras que el disco de versiones Sing into My Mouth (2015), tejido junto con Ben Bridwell, líder de Band of Horses, obliga a proponer un brindis por el poder del trabajo colaborativo.

EL TRÍO COMO ALINEACIÓN CLÁSICA DEL JAZZ

Originario de Wisconsin, Dan Nimmer (1982) empezó a tocar piano de oído y muy pronto incorporó una tradición jazzística (Peterson, Tatum, Garner), manifestada en su tersura para la interpretación y en su agudo y dinámico sentido tanto rítmico como armónico. Músico de sesión y líder de un trío, recibió y aprovechó una gran oportunidad en el 2005 cuando Wynton Marsalis lo invitó a formar parte de la orquesta de jazz del Lincoln Center y de su quinteto, tras haberse dado a conocer con diversos músicos.

Apoyado por John Webber (bajo) y Jimmy Cobb (batería), debutó con Kelly Blue (2006), muy pronto seguido por Tea For Two (2007), ahora con el bajista David Wong y la batería de Pete Van Nostrand, como para disfrutar de una buena infusión en plan íntimo, y por Yours My Heart Alone (2008), ya en plan de rendición declarativa con Washington y Nash integrando el trío. De regreso con Wong y Van Nostrand, grabó el muy disfrutable Modern – Day Blues (2010) y All the Things You Are (2012), que mereció una versión de algunos cortes por parte de la vocalista Sayaka Tsuruta.

UNA NUEVA VOZ

El cantante irlandés de voz decidida y sugerente conocido como Hozier, joven con presumible capital cultural (James Joyce, Leonard Cohen), combina acordes bluseros y aromas gospel con un folk de sentimiento a flor de piel que va saltando de manera rítmica, solicitando que lo lleven a la iglesia acaso para encontrar el camino al Edén como la gente real lo va intentando, aunque sea en solitario. Con Hozier (2014) álbum homónimo e iniciático saltó de la virtualidad, ámbito donde se dio a conocer, al mundo tangible de los discos y las presentaciones en vivo.

DIVERSIDAD SONORA

13 junio 2015

Conciertos para gustos diversos que confluyen durante el fin de semana en nuestro país; un buen pretexto para darse una vuelta por el DF y revisitar las propuestas que van del jazz al pop sicodélico y de ahí al folk y al rock de consumo masivo.

DAMIEN RICE

Con la sensibilidad a flor de piel, vocal trémula que exuda melancolía atrapada en una angustiaDamien Rice contenida y composiciones de melodiosa soledad, este cantante irlandés se dio a conocer primero con Juniper, grupo que pronto abandonó para dejarse cobijar por el productor David Arnold, quien había trabajado con Bjork. El sencillo The Blower’s Daughter, que apareció en el film Closer (Nichols, 2004), funcionó como carta de presentación ante públicos más amplios y preparó O (2003), su largo debut conformado por diez cortes de fuerte alcance dramático.

Después de colaborar con Tori Amos, The Frames y Herbie Hancock, grabó 9 (2006), obra con la que se mantuvo en la tesitura de la frágil emotividad, expresada a través de un folk propio de un trovador en tiempos posmodernos. Tras algunos discos en vivo, por fin apareció My Favourite Faded Fantasy (2014), uno de los mejores trabajos del año integrado por ocho canciones de tersas texturas que construyen emocionales melodías, cargadas de sugestivas letras. Fundamental la producción del ecléctico Rick Rubin para resaltar la esencia del artista y lanzarla a la tierra de las fantasías posibles.

HELEN SUNG

De formación clásica, la pianista nacida en Houston de origen chino, entró al mundo del jazz por la puerta del postbop, aprovechando su sólida visión para la comprensión de las leyendas del género –ahí están sus estudios en la Thelonious Monk Institute of Jazz Performance– y para la improvisación, ingrediente siempre atractivo en el mundo de la síncopa. Colaboradora con varios ilustres personajes como Wayne Shorter, debutó como solista con Push (2004), expresando plena confianza y soltura al momento de acometer el instrumento.

Siguieron los álbumes Helenistique (2006), Sungbird (After Albeniz) (2007) y Going Express (2010), a través de los cuales cimentó su prestigio como una representante de la continuidad de la tradición jazzística con buenas dosis de modernidad y un peculiar toque femenino lleno de entusiasta rítmica y técnica exquisita. Apoyada por el bajista Peter Washington y el bajista Lewis Nash, perpetró (re)Conception (2011), obra en la que ataca con dinamismo imparable su instrumento, reinventando piezas de algunos autores esenciales como Bacharach, Ellington, Shearing y Monk, además de integrar una composición propia.

En formato principalmente de sexteto y con grandes invitados como Paquito D’Rivera, Seamus Blake, Ingrid Jensen, John Ellis y Regina Carter, entre otros, grabó el estimulante Anthem for a New Day (2014), mostrando a la pianista en plan de liderazgo compartido, dando el lugar a sus reconocidos colegas pero conversando con ellos de tú. Se presenta en la Ciudad de México y en Cuernavaca.

THE MAGIC NUMBERS

La propuesta del cuarteto londinense se desarrolla a partir de un pop soleado con sutiles tesituras experimentales, acaso retomadas de ecos sesenteros, que rondan atmósferas psicodélicas de mágica numeralia. Liderado por el trinitario Romeo Stodart e integrado por su hermana Michele en el bajo, junto con otra pareja de hermanos, Sean Gannon en la batería y la vocalista y multiinstrumentista Angela, el grupo debutó con The Magic Numbers (2005), álbum homónimo que resultó ser una grata y fresca sorpresa en el panorama musical de inicios de siglo, enclavado en una lógica retro con la mirada al futuro.

Como una continuación natural y con una notoria influencia de The Mamas & The Papas, según se ha señalado, grabaron Those the Brokes (2006), al que le siguió el EP Undecided (2007). Con The Runaway (2010), se advertía un cierto estancamiento que pareció exigir cierta pausa a la banda, aprovechada por la bajista Michele Stodart para adentrarse en solitario por los territorios del country con su álbum Wide-Eyed Crossing (2012). La cuarta entrega, titulada Alias (2014), significó el regreso de la prestidigitación numérica, expresada en canciones confeccionadas con ganchos melódicos y juegos de cuerdas que, en efecto, le dan clara identidad a la propuesta.

IMAGINE DRAGONS

Este cuarteto bastante valorado por las nuevas generaciones, propone un pop energético con aderezo electrónico que busca la emoción pronta, tal como sucede en Las Vegas, su hábitat natural como el de The Killers, uno de sus modelos a seguir; tomó forma apocalíptica en Night Visions (2012), su primer largo en el que se incluyen algunas canciones que han sonado en los circuitos radiales gracias a su consistencia pegajosa y al uso de recursos, si bien efectistas y ligeramente prefabricados, al final atractivos y bastante resultones.

Con la misma idea de no andar descubriendo el hilo de ningún color ni el agua de variadas temperaturas, se siguieron enfocando a lo que saben hacer y grabaron Smoke + Mirrors (2015),  disco conformado por apuntes electrónicos de armónica intuición que soportan una disposición a la actitud energética y convencida: se nota que creen en lo que cantan, más allá de que sigan buscando el sello distintivo. Ahí están otra vez las canciones que sonarán sin parar y que estarán en boca de un buen número de adolescentes, tanto recientes como tardíos: de pronto uno se descubre cantando (es un decir), junto con los hijos, las estrofas de estos escupefuegos.

FESTIVAL CEREMONIA

9 mayo 2015

Para seguir sumando celebraciones musicales en nuestro país, ahora llega la tercera edición de este festival que apuesta al eclecticismos y a la combinación de géneros. Se llevará a cabo en el Foro Pegaso, ubicado en la carretera Toluca-Naucalpan del Estado de México. Una mirada fugaz a algunos de los ilustres invitados.

ROCK

Formado a mediados de la década de los 00´s, The Horrors es un quinteto inglés de Southend que ha sabido integrar tendencias del rock que van del postpunk de su tierra con atmósferas que se despliegan en tinieblas, y de ahí los sonidos primigenios del garage que se manifiestan en Strange House (07) su sólido debut que muy pronto los colocó, a pesar de la saturación de propuestas, en el radar de los escuchas que apreciaban ese toque arty de su imagen y sonido.

Continuaron con el estupendo Primary Colours (09) matizado por un sonido más cercano al gótico de finales de los setenta y principios de los ochenta, mismo que en Skying (11), su siguiente disco, aunque mostrando una mayor iluminación en texturas, vía un teclado más encendido, sin apartarse de cierto espíritu proveniente de mundos oscuros. Con Luminous (2014), en efecto, encontraron la luz de su estilo, sin que ello signifique absoluta madurez, sino un proceso en el que se siguen aventurando por parajes que enriquecen su propuesta.

HIP-HOP

Rodeado de una humareda permanente y relajante, el usualmente alivianado californiano, aunque contestatario Calvin Broadus, mejor conocido como Snoop Dogg, apodo puesto por su madre, se inició en los rudos ambientes del gangsta rap a principios de los noventa. Su presencia en el clásico The Chronic (1992) de Dr. Dre impulsó su trayectoria, pronto aprovechada para grabar su álbum debut Doggystyle (1993), seguido del breve soundtrack Murder Was the Case (1994): sus problemas con la ley potenciaron el estatus del rapero, pero su valía estaba más en su fino sentido para la melodía y su rítmica contagiante, además de su notable e inconfundible capacidad narrativa.

Después de Tha Doggfather (1996), tuvo continuidad en la década de los noventa con álbumesFestival ceremonia irregulares como Da Game Is to Be Sold, Not to Be Told (1998) y No Limit Top Dogg (1999). Sin embargo, con una rítmica envolvente como si de una cortina de humo se tratara y rimas afiladas que parecían romper con su pasado violento, presentó álbumes más redondos a partir del nuevo milenio como Tha Last Meal (2000), Paid tha Cost to Be da Boss (2002), quizá el mejor de su carrera, R&G (Rhythm & Gangsta): The Masterpiece (2004) y Tha Blue Carpet Treatment (2006).

La tendencia continuó con Ego Trippin (2008) Malice N Wonderland (2009), Doggumentary (2011), Reincarnated (2013), con fuerte influencia de reggae y firmado como Snoop Lion, y Bush (2015), barnizado de R&B con invitados distinguidos como Stevie Wonder, Kendrick Lamar, Rick Ross, Charlie Wilson y Gwen Stefani; la producción corrió por cuenta de Pharrell Williams, cuyo apoyo ha resultado vital para el rapero a lo largo del presente siglo. Además, gusta de aparecer frente a las cámaras, como se advierte en las películas y series televisivas en las que ha participado, casi siempre actuando (es un decir) como Snoop Dog.

Por su parte, Pusha T es uno de los principales raperos de la escena actual. Después de representar la mitad del aguerrido y fraterno dúo Clipse, de notable contribución al género durante la década pasada con tres discos en su trayectoria, el nacido en el Bronx bajo el nombre de Terrence Thornton fue cobijado por Kanye West y grabó el casero Fear of God (2011), seguido del oficial Fear of God II: Let Us Pray (2011), aunque su consolidación solista vino con My Name Is My Name (2013), uno de los mejores álbumes del año de Hip-Hop, aunque con un fuerte aderezo de R&B.

ELECTRÓNICA

Formado por los músicos Kenny Glasgow y Jonny White en Toronto hacia finales de la década pasada, el dueto Art Department se dio a conocer con el sencillo Without You, pronto invadiendo las pistas de baile durante el 2010. Debutaron con el imparable largo The Drawing Board (2011), plagado de brillantes matices electrónicos que colocó al grupo en un lugar visible dentro de la escena tecno. Regresaron con Social Experiment (2013), álbum de mezclas que antecedió a Natural Selection (2014), justo para celebrar la fiesta en un ambiente evolutivo.

Autonombrado Chet Faker para diferenciarse de algún homónimo y como un homenaje al gran jazzista Chet Baker, presente en su infancia auditiva por los gustos paternos, el australiano Nick Murphy empezó su carrera con un cover a la canción No Diggty, original de Blackstreets. Su estilo sosegado, de sentida parsimonia y pausada emotividad se reflejó en el EP Thinking in Textures (2012), orientado, en efecto, a brindarnos una ambientación para reflexionar más allá de la epidermis vía una inteligente conversación.

Después de grabar el EP Lockjaw (2013), una colaboración con su colega Flume, presentó Built On Glass (2014), ciertamente construido a partir de una electrónica abierta, de rítmica cadenciosa y cuidadosamente montada, como si estuviera sostenida por elusivos soportes de vidrio: toda una lección de paciencia acompañada de un cigarro solitario, mientras se despliega una atmósfera en lógica downtempo.