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MUNDIAL 2014: EL DISCUTIBLE PARTIDO POR EL TERCER LUGAR

13 julio 2014

El partido por el tercer lugar siempre ha provocado entre indiferencia y polémica: para algunos se debiera omitir por parecer un castigo más que un reconocimiento, mientras que para otros resulta una especie de consolación o segunda oportunidad para regalarle a la afición una actuación que reivindique la dolorosa derrota sufrida en el juego anterior.
Me parece que depende de las expectativas que se tengan como selección: si un equipo dio la sorpresa y llegó hasta las semifinales, aun perdiendo en esa instancia, resulta reparador jugar un partido más, tanto para los futbolistas como para sus seguidores; pero si la exigencia sobre el seleccionado nacional es el campeonato o como mínimo llegar a la final, entonces el partido puede resultar más bien bochornoso o un duro recordatorio de que estás en el estadio equivocado.
De pronto un conjunto se siente tan cerca de la final y en menos de lo que se percatan ya están como todos los demás, excepto dos: al final del día, si se mira esquemáticamente, hay 31 derrotados y un ganador: ya sabemos que hay pequeños triunfos y grandes derrotas a lo largo del torneo, salpicando el negro y blanco de diversos matices de gris que dependen, otra vez, de las expectativas depositadas en cada selección.
Para la FIFA y los derechos de transmisión, este encuentro implica un mayor ingreso, asunto que por lo visto se ha vuelto central, antes de pensar en los mejores horarios para el desempeño deportivo, por ejemplo, y no para la televisión. Alguna vez comentábamos que se pudiera plantear que el que ganara el tercer puesto tuviera pase directo al siguiente mundial, al igual que el campeón y el subcampeón: de esta forma, el encuentro tendría una relevancia considerable. Pero ahora ni siquiera el ganador del torneo asegura su presencia dentro de cuatro años y tiene que ensuciar su uniforme con todo y estrellita en las larguísimas eliminatorias.

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA
En este caso, dada la abrasadora derrota sufrida por los anfitriones en la fase previa, parecía un chiste cruel que se tuvieran que volver a exhibir frente al mundo. Una dura prueba de entereza y de recuperación casi instantánea de un ánimo que se arrastraba por el subsuelo. Cabría esperar que en lugar de salir a jugar más relajados ya sin nada que perder, los brasileños aparecerían en la cancha con la tensión a cuestas, una vez más obligados a un logro que estaba fuera de sus argumentos.
Así fue. Muy pronto, todavía con el recuerdo intacto de la goleada anterior y sin posibilidades de proponerle otras imágenes a la memoria, ya iban perdiendo por un penal cometido fuera del área que no mereció tarjeta roja: un doble error arbitral que simplemente confirma la necesidad de modificar el sistema de impartición de justicia en el campo, dada la imposibilidad de los colegiados para seguir el ritmo del fútbol actual. Ya no parece un asunto de incompetencia arbitral, sino de fallas estructurales que potencian las confusiones al momento de hacer sonar el silbato o silenciarlo inoportunamente.
Los locales dieron muestras de orgullo e intentaron ir al frente, tenían más la pelota pero carecían de ideas prístinas al momento de intentar arribar a la puerta contraria. Una segunda anotación de la armada holandesa puso las cosas en claro: los tulipanes querían ganar para terminar invictos el torneo (fuera de los penales) y no iban a dejar que la misericordia hacia el árbol caído les impidiera hacer más leña. El resto del primer medio cayó en una especie de parsimonia más producto de la depresión local que del dominio visitante.
Cambios desde la banca para el complemento pero escasa transformación en la construcción grupal y mental del juego. A pesar de que algunos jugadores brasileños seguían dando la cara, estaba claro que el colectivo se encontraba en estado avanzado de esclerosis: escasa comunicación, lances de heroísmo individual, nebulosidad al momento de intentar conectar con el otro y, en síntesis, la antítesis de la tradición brasileña para tratar el esférico como una auténtica comunidad de hechiceros.
Si bien los holandeses habían sentenciado el partido antes de empezar, aunque no lo supiéramos, todavía se dieron a la tarea de clavar una dolorosa puntilla con un tercer gol en lucidora jugada comunitaria, frente a un rival cuya anestesia ante la derrota no termina de funcionar y sigue buscando esa muerte anunciada que quizá devenga renacimiento centrado en una larga tradición, acaso aún viva en los niños y jóvenes que en cuatro u ocho años aparezcan más allá de las fronteras brasileñas.
De esta forma, los holandeses se despiden tras dar un gran mundial como la primera selección que pone a jugar a los 23 integrantes (antes eran 22), haciéndose de enemigos a diestra y siniestra pero también de admiradores más allá de sus contornos, sobre todo por esa capacidad para continuar en los primeros planos a pesar del tiempo. Robben podría ser el jugador del certamen si el fair play no fuera un criterio (no sé si se considera pero debería) y Van Gaal demuestra ser un hombre que sabe jugar desde el banquillo.

PeladaoOTROS TORNEOS
Una curiosidad futbolera llevada a cabo en Brasil se recupera en Peladao (2004), filme dirigido por el realizador alemán Jörn Schoppe, en el que se presenta el torneo más grande del mundo celebrado justamente en tierras cariocas, específicamente en la región del Amazonas: participan más de 1000 equipos y además se cuenta con un concurso de belleza, cuyas participantes tienen el poder de salvar a su respectivo equipo si queda eliminado, pero solo en el caso de que ellas sigan avanzando en su correspondiente certamen.
Ahí está también la Homless World Cup, cuya idea tomó forma en el 2001, gracias a los esfuerzos del escocés Mel Young y el australiano Harald Schmied. El propósito era brindar un espacio para que las personas en situación de calle pudieran reintegrarse socialmente. La primera edición se llevó a cabo el 2003 y la décima se realizó en México, durante el mes de octubre del 2012. Polonia fue el anfitrión del torneo celebrado en el 2013.

MUNDIAL 2014: EL PESO DE LA CAMISETA

5 julio 2014

En los otros dos partidos de cuartos de final se mantiene la tendencia que determina el desenlace: la camiseta pesa. Duelos que enfrentaban a europeos y americanos con un triunfo por continente, según lo que se podía esperar si se revisa la historia no reciente –de este mundial- sino desde que se construyeron las mitologías futboleras. Otras dos selecciones que le aportaron brillo al certamen han quedado fuera, al tiempo que permanecen las que saben jugar estas instancias, más allá del momento que atraviesan.

ÁNGEL EXTERMINADO
Un equipo joven que trata bien la pelota, con jugadores talentosos de media cancha para adelante que saben qué hacer en ofensiva y con defensas sólidos de quirúrgicas intervenciones, bien cobijados por un portero que en unos años podrá ser el mejor del mundo, por lo pronto campeón de la liga española. Se enfrentan a una selección de prosapia que ha ido avanzando sin desplegar un gran funcionamiento colectivo, dependiendo de alguna ocurrencia cortesía de sus brillantísimas individualidades.
Pero muy pronto, uno de esos delanteros pamperos de renombre, que no se había mostrado hasta ahora, les anota un gol que rompe el esquema planteado: los belgas se vieron sorprendidos y tardaron demasiado en comprender de qué se trataba estar en los cuartos de final. Puede haber varios supuestos hipotéticos: la falta de experiencia, el calor y la humedad, el miedo escénico, demasiado respeto, mal entendido, por el rival… el caso es que los europeos terminaron brindando su partido más flojo del torneo, quizá más por lo que ellos acusaron que por lo que hicieron los argentinos, quienes siguen navegando aferrados al drama y a la camiseta, sobreviviendo al inexistente desempeño grupal.
Con lances en solitario, Argentina tuvo solo dos claras opciones de gol: Pipita reventó el travesaño con la confianza de quien ya tiene un gol en su contabilidad, y Messi se fue en solitario para lanzar un disparo bien detenido por Courtois, quien parece conocer bien a la pulga cuando se enfila al área. Los belgas generaron algunas llegadas que se quedaron cortas de acuerdo a los estándares que la situación exigía: ante la ineficacia sudamericana, los belgas parecían contagiarse en lugar de sublimarse y aprovechar las circunstancias.
Mientras tanto, el árbitro seguía la tradición mundialista y dejaba las tarjetas en el vestidor, al tiempo que Argentina perdía a su ángel de la guarda: parece que el gran Di María está fuera del certamen. Y más allá de aficiones, resulta una pena que este tipo de jugadores ya no sigan en el campo porque son los que engrandecen este juego y lo llevan a terrenos estéticos que trascienden la destreza física o la mera habilidad con los pies: se trata de prestidigitadores capaces de sorprendernos porque hacen realidad lo que a nosotros ni siquiera se nos había ocurrido en la cabeza.

LA NARANJA ES PURA VIDA
Para confirmar la paridad de fuerzas con desenlace previsible que ha predominado en estas fases mundialistas, el encuentro entre Costa Rica y Holanda mantuvo la emoción a pesar de la falta de gol o quizá gracias a ello. Los costarricenses empujaron el partido frente a Holanda hasta la instancia de penales, si bien fueron dominados la mayor parte del juego, con todo y algunas oportunidades desperdiciadas. Ahí los centroamericanos confiaban en su arquero y su buen tino pero no contaban con el as bajo la manga del técnico Van Gaal: hacer un cambio de portero justo antes de empezar la tanda de tiros desde el manchón, estrategia que resultó, a la postre, definitiva.
No obstante, los ticos lograron tejer algunas jugadas esporádicas de hermosa manufactura que mantuvieron la esperanza de la sorpresa. Por su parte, los lejanos herederos de la naranja mecánica dieron uno de sus mejores partidos en el certamen, sobre todo por la responsabilidad asumida: tener el balón, ir al frente y generar amenaza contra el arco bien custodiado por el arquero sensación del torneo, que ya es mucho decir porque ha sido un certamen en el que los porteros se han convertido en los héroes conocidos.
Costa Rica pudo con los campeones del mundo pero no con el eterno subcampeón (el Cruz Azul de los mundiales), con un Sneijder soltando bombazos para dinamitar los postes, Kuyt recorriendo todos los ángulos del área y la presencia siempre amenazante de Robben y Van Persie. Mayor mérito implica que nuestros vecinos de confederación hayan aguantado metralla y, por si no fuera suficiente, se zafaran la etiqueta de víctima propiciatoria poniéndole drama al final del alargue, cuando el partido parecía resistirse a definirse en los penales.

FUTBOLITO
MetegolTodavía les doy pelea a mis hijos en el campo de juego real. En el mundo virtual (ya sé que también es real) me apalean que da gusto, pero cuando jugamos Subbuteo recupero un poco de la dignidad perdida. Para uno que creció con lógica analógica y futbolitos físicos, ya sea el clásico u otros que vinieron después, incluyendo el mencionado, intentar armar una jugada a partir de manipular un control que mueve imágenes en la pantalla, acaba por ser más difícil que ganarle a Holanda o dominar a los alemanes, que esperemos logren argentinos y brasileños respectivamente.
En este sentido, una película que reconcilia generaciones futboleras, lo comprobé con mi tribu, es Metegol (Argentina-España, 2013), dirigida por Juan José Campanella, realizador de la intensa El secreto de sus ojos (Argentina-España, 2009), filme que ganó el Oscar a mejor película extranjera y que por cierto incluye una notable secuencia en las gradas de un estadio de fútbol, mientras se desarrolla un partido de ánimos desbocados, como suele suceder en el mundo de los clubes argentinos.
Con una estética animada que busca triangulaciones inesperadas tanto de la cámara como de los protagonistas, esta historia retoma el juego como parte de la vida de los pueblos, en contraste con la forma en la que se ha industrializado este deporte con promotores siniestros, futbolistas medio divas y mercantilización alejada de la esencia del fútbol. Porque más allá de los reflectores, sabemos que para los niños sigue siendo el momento de mayor emoción cuando logran evitar o anotar un gol al filo de la banqueta, en el patio del vecino, en el baldío de la colonia o en el terreno cercano a la ranchería.
En esta línea de magia y redención, se puede inscribir la cinta escrita y dirigida por Gil Mehmert titualda Desde las profundidades del espacio (Alemania, 2004), cuya narrativa está contada por un anciano en su lecho de muerte que rememora su afición por el futbolito, siguiendo la forma en la que una figura de hierro cobra vida, después de un trance amoroso de su dueño, para convertirse en un jugador de excepción durante los años setenta.

MUNDIAL 2014: EL MEJOR ATAQUE ES EL DE LOS DEFENSAS

4 julio 2014

Empiezan los cuartos de final con un clásico duelo europeo, más cerebral y ultra dosificado, y uno sudamericano, desarrollado con una dinámica sanguínea y efervescente, con predominancia del caos que, paradójicamente, puede permitir que entre la luz. Por lo pronto y a pesar de las agradables sorpresas que nos ha deparado este mundial, la primera semifinal acaba respondiendo a un guion convencional, lo que no necesariamente es negativo. Resulta que los defensas centrales se convirtieron en los dominadores de ambas áreas, la propia y la ajena.

MUCHA HISTORIA COMPARTIDA
No solo en el ámbito futbolero, sino en el político, económico, social y bélico. Francia venía jugando mejor que Alemania pero ya sabemos que cuando casi todos los equipos europeos se enfrentan a los germanos, bajan su rendimiento, excepto Italia que suele sublimarse. Al arranque del partido, los galos no parecían amedrentados y lucían confiados en su buen juego de conjunto y las habilidades específicas de sus jugadores al frente: un par de jugadas con relativo peligro anunciaban nubarrones para los alemanes y la confirmación de lo que se había visto hasta ahora en el Mundial.
Pero muy pronto apareció ese gran defensa de recia figura conocido como Mats Hummels para, después de un cuerpo a cuerpo con Varane, cabecear un servicio medido y anidarla cerca del ángulo superior con todo y lucidor lance del arquero Lloris. No contento con ello, el defensor se convirtió en jugador clave al coordinar la defensa para evitar los riesgos del funcionamiento en línea y plantarse cual barrera infranqueable para los ataques franceses, primero tibios y después subiendo en intensidad, aunque sin alcanzar la continuidad y profundidad esperada. Por supuesto, no faltaron las lecciones de cómo hay que barrerse en el fútbol impartidas por cualquier alemán que pisa un campo: sin falta, con exactitud milimétrica y con la consabida cuota de intimidación.
Los alemanes no dejaron de inquietar al frente pero desplegaron una estrategia de férreo control, más o menos como el que ejercen para que el euro siga funcionando a pesar de los sobresaltos económicos: en este caso, apenas algunas escapadas del pequeñísimo Valbuena y ya para irnos, Neuer le detuvo un tiro a Benzema a una mano, levantando robóticamente el brazo como si supiera de antemano la trayectoria del balón; el gesto del atacante francés fue elocuente: parece que por más que lo intente, ellos están ahí con el favor de la anticipación. Con todo y el clima que les ha de parecer de otro planeta, los teutones están instalados en la semifinal por cuarta vez al hilo y por duodécima ocasión en su historia: selecciones van y vienen pero ellos siguen ahí.

PERDER GANANDO
Apenas se escuchó el silbatazo inicial del juez español, brasileños y colombianos se abalanzaron sobreBrasil vs. Colombia la pelota como si se tratara de un partido que los remontara a su infancia, cuando todos los pequeños jugadores se olvidan de posiciones, indicaciones y demás ademanes de los técnicos y se ponen a correr en busca de un pedazo de gloria, sin importar mucho lo que suceda en la retaguardia o si el funcionamiento colectivo alcanza la cuota de calidad necesaria: si los especialistas anunciaban el fin del espectáculo y la llegada del fútbol pasado por el cuidado de no perder, aquí estaban estos entusiastas jugadores para desmentirlos.
Entre faltas continuas de todos estilos, algunas marcadas y otras no; robos de balón inverosímiles; una que otra genialidad de antología y pasiones encontradas, el desarrollo del partido durante prácticamente todo el primer medio nos mantuvo gesticulando sin parar: cómo habrá estado el asunto que hasta el habitualmente mesurado Pékerman no podía evitar los manoteos, resoplidos y ojos al cielo: el árbitro dejó las tarjetas para mejor ocasión y no se armó la campal porque el fútbol es grande.
En las antípodas de lo que sucede en el balompié moderno, aquí la media cancha por momentos lucía despoblada, porque todos estaban cerca de las porterías para los fines que a cada quien correspondiera. Los goles a balón parado cortesía de los centrales de Brasil, vueltos símbolos nacionales, y de James Rodríguez vía el penal, sirvió para confirmar su estatus de revelación individual que, dicho sea de paso, también sabe llorar, como David Luiz y varios de sus compatriotas que saben reaccionar ante el triunfo: van a consolar al astro derrotado por ellos, como una forma de reconocimiento por la grandeza de su juego.
Pero Brasil perdió ganando: ante la falta de fluidez colectiva y el abuso del físico por encima de la belleza, se vuelven vitales las individuales con el gen carioca y mientras Thiago Silva estará fuera por doble amarilla, se anuncia que Neymar no podrá jugar el partido que define el pase a la gran final. Los dos hombres clave del equipo tendrán que inspirar a sus compañeros desde fuera del campo para enfrentar a la selección esperada desde que se realizó el sorteo de los grupos: el partido por el título del Mundial del 2002 tiene una reedición en esta semifinal, con un contexto sumamente distinto por incierto.

MUNDIAL 2014: LOS PARTIDOS DURAN 120 MINUTOS

2 julio 2014

Quedaron definidos los cuartos de final con triunfos de todos los líderes de grupo, por lo que se podría pensar que no hubo sorpresas. Pero si ampliamos la mirada más allá del resultado, podremos identificar que los procesos de los cotejos fueron tan inesperados que el dramatismo inundó a la mayoría de las canchas: salvo el de Colombia, los demás se decidieron o en los momentos finales del segundo medio, en tiempos extra o en penales.
Es cierto: los equipos grandes siguen ganando, pero cada vez parece costarles más trabajo y por momentos tienen que echar demasiada mano de su camiseta. Y para estar a tono con esta rebelión en la granja, incluso el torneo de Wimbledon se llena de sorpresas por las que muy pocos hubieran apostado en su momento. Pero claro, volviendo a Brasil, una característica de estos equipos es que incluso jugando en el desconcierto y llevando el tono angustiante hasta las últimas instancias, pueden salir victoriosos.

UN ÁNGEL IMPIDE EL MILAGRO DE BERNA
A diferencia de otros partidos sin anotaciones, el primer tiempo entre suizos y argentinos fue más bien adormecedor para el público aunque intenso para los jugadores, preocupados por quitar el balón más que en saber qué hacer con él. El cuadro albiceleste se notaba más impetuoso que enchufado, adelantando líneas para recuperar el esférico cerca del arco rival e intentar, desde ahí, generar peligro a falta de un proceso de construcción colectiva. No obstante de tener menos tiempo la pelota, los suizos fueron quienes tuvieron el par de opciones más claras de una olvidable primera mitad.
El segundo tiempo ya fue dominado por los pamperos pero no tuvieron el tino suficiente para finiquitar el trámite en los noventa minutos, dejando serias dudas sobre su futuro. En los tiempos extra, aparecieron los dos grandes: Messi se lleva la pelota, cede a Di María que conecta a contrapié del heroico arquero, a dos minutos de aventurarse a los penales y encontrando un justo premio a su enorme esfuerzo individual. Pero el drama no podía quedar ahí: un remate suizo se estrella en el poste de manera tan increíble que confirma la imposibilidad para predecir este juego, por fortuna.
Shaqiri y Mehmedi parecían argentinos disfrazados de suizos por su manejo de pelota, la forma de dar la pausa e incidir en el partido: mientras que el primero también gustaba de la teatralidad mal entendida que habría que erradicar del fútbol (ya se encargará Guardiola), el segundo mantenía el talento en los pies más allá del cansancio. El equipo suizo se repuso de su mal partido frente a los franceses y se despide con la bandera en todo lo alto, brindando una gran exhibición ante un conjunto de brillantes jugadores que todavía no consiguen ser un equipo.

EL MEJOR DE OCTAVOS
El juego limpio siempre ayuda al espectáculo, porque permite que la fluidez y la estética se impongan sobre la marca férrea, el burdo jaloneo y la permanente intención de engañar al árbitro. Cuando nos encontramos con equipos como Bélgica y Estados Unidos, plagado de talento el primero y de eficacia el segundo, lo más probable es que se vaya a disfrutar de dos estilos distintos pero respetuosos del rival, del público y del propio juego.
Otro de esos empates a cero en el tiempo regular en el que sobresalen más los aciertos que los errores, los intentos por anotar que por destruir y la creación de oportunidades que el amontonamiento para evitarlas. Si bien los belgas tuvieron más llegada y bordaron más fino, los estadounidenses no dejaron de seguir fieles a la idea futbolística que tanto han trabajado con Klinsmann, y que implica insistir en buscar la portería contraria, por más superados o asediados que se encuentren.
Incluso todavía en las instancias extras, cuando los equipos suelen cuidarse y jugar casi al gol gana, estas escuadras nos regalaron una emocionante y dramática media hora, superando el agotamiento y el temor a perder, por momentos paralizante o francamente agobiante. Estos encendidos y chispeantes diablos rojos (ojalá fueran del Toluca) demostraron lo mucho que se esperaba de ellos antes del inicio del mundial, ahora frente a un equipo dispuesto a permanecer en el certamen empezando por su portero con récord de atajadas y terminando por el último suplente apoyando desde la banca.
Un cambio inteligente que resultó clave: Lukaku puso pase de gol y anotó el segundo para los belgas que a la postre resultaría clave para el triunfo, dado que Estados Unidos, con esa mentalidad cultural alimentada por el pensamiento alemán, siguieron jugando como si fuera posible ganar y, tras el primer gol también anotado por un hombre de relevo, en este caso Green, estuvieron cerca de lograr una igualada de tintes épicos, sobre todo considerando la superioridad individual de los de enfrente. Un partido memorable con uno de los mejores alargues que recuerde.

ROBERT DUVALL: SOCCER FAN
Robert DuvallClaro que las películas futboleras no son el fuerte de la cinematografía estadounidense; siendo el cine más mediático del planeta, nuestros vecinos del norte han hecho más películas de sus deportes favoritos que del soccer, como ellos lo llaman. Robert Duvall se ha declarado todo un fan del fútbol (soccer hay que llamarlo para evitar confusiones con el americano, como nosotros le decimos), a pesar de no ser el más popular en su país. Además, es un apasionado del tango y tiene una casa en Argentina, por lo que ahora estará en un estado agridulce por los resultados del día.
Curiosamente, ha participado en dos cintas relacionadas con el fútbol: en Camino hacia la gloria (A Shot At Glory, Corrente, EU-RU, 2000), encarnando al gerente de un equipo escocés con presiones por todas partes, tanto en el equipo y su dueño, como en su vida personal, y en la comedia Gritando y pataleando (Dylan, 2003), interpretando a un odiosamente competitivo entrenador infantil que se enfrenta al equipo que ahora dirige su hijo, metido a desastroso coach (Will Ferrel), todavía en rivalidad no resuelta con el progenitor.

MUNDIAL 2014 (18): LAS BATALLAS AFRICANAS

1 julio 2014

Las clases medias se han rebelado, dice con certeza Jorge Valdano en referencia a cómo los equipos considerados chicos han peleado contra los grandes de siempre, quienes han tenido que resolver los partidos hacia el final, agotando todos sus recursos. Muy pocos encuentros del certamen se han decidido con facilidad aunque, en la misma línea propuesta por el gran exjugador albiceleste, directivo, escritor y brillante comentarista, las élites siguen ganando, si bien con mucha más sangre, sudor y lágrimas (de angustia o felicidad) que como solían hacerlo.
Ahí están instalados en cuartos de final los habituales Brasil, Holanda, Francia y Alemania, junto a Costa Rica como la gran revelación del torneo y Colombia como el auténtico cisne negro, por aquello de la anomalía y la finura de su juego. Tres americanos y tres europeos, al tiempo que África se despide de la copa, región que ahora acompaña a los asiáticos para ver las fases finales desde fuera del campo de batalla.

LA RESISTENCIA NIGERIANA
Nigeria desarrolló un partido a la altura de sus posibilidades, arribando con frecuencia al arco del triunfo francés aunque sin inquietar demasiado en la última jugada. Francia no termina de soltarse y parece un poco aterido durante todo el primer tiempo y los primeros 25 minutos del segundo lapso. El equilibrio es la constante, tal como se ha verificado en los partidos de esta ronda, quizá salvo el de Colombia, que no vio peligrar su triunfo de manera cercana. La selección africana insiste en saturar de centros el área gala sin mayores consecuencias y, en cambio, cuando intenta jugar a ras de pasto se percibe más peligroso, como un buen depredador.
Un cambio oportuno enviado por Deschamps y en cinco minutos los campeones mundiales de 1998 generan más peligro que en todo el partido: llegadas continuas y asedio incontenible hasta que un mal rechace del salvador guardameta nigeriano le da a Francia el primer gol, prácticamente definitivo ante la escasa reacción del rival. Para terminar, otro tiro de esquina, jugadita del diminuto y brillante Valbuena que centra al área provocando un autogol que marcó el final de la participación del gigante africano, otra vez quedándose en la orilla sin poder dar el salto definitivo al mundo de las élites futboleras.

LA BATALLA DE ARGEL
Un intenso empate a cero a favor de los arqueros: mientras que el argelino dio felina cátedra debajo de los postes, el alemán puso la muestra de cómo se debe jugar fuera del área, robándole varios metros a la cancha. A pesar de tener menos tiempo el balón, la selección de Argelia nunca dejó de inquietar ni de mantener nerviosa a la potencia germana, que poco a poco fue avanzando sobre territorio enemigo derramando mucho más sudor que el esperado en el campo. La paciencia como forma de acelerar el corazón del aficionado.
Con oportunidades en ambas puertas, los dos primeros tiempos resultaron ser un gran empate sin goles y ya en el alargue, pronto los teutones se fueron arriba con una anotación casi en forma de tirabuzón y, fieles a su ADN, se mantuvieron al frente en lugar de ponerse a cuidar el golecito de ventaja. Los instantes finales ya eran un ejercicio de resistencia que abrió espacios para disfrutar llegadas de suspiro: todavía los alemanes sumaron otro tanto y como para dejar constancia del esfuerzo en pleno mes del Ramadán, los argelinos acortaron distancia con simbólica anotación para despedirse con absoluta entrega de un certamen inolvidable para ellos.

PELÍCULAS: MÁS QUE UN JUEGO
Third HalfDirigida por Darko Mitrevski con base en sucesos reales que involucran a varios personajes alrededor de un equipo de fútbol y sus dilemas en tiempos de alto riesgo, Treto poluvreme (The Third Half, Macedonia-República Checa- EU, 2012), se ubica en la época de la II Guerra Mundial cuando Dimitri, el fundador de un equipo, busca convertirlo en el mejor de la liga de Macedonia, para lo cual contrata a un técnico alemán de origen judío, justo cuando los nazis hacen su aparición; además, el drama de época se adereza con un poco de romance entre la estrella del equipo y una joven rica. El fútbol otra vez visto como algo más que un juego.
En la comedia Fußball ist unser Leben (Football Rules Ok, Alemania, 2000), dirigida por Tomy Wigand, un grupo de amigos tiene en el fútbol a su máximo pasatiempo, al grado de secuestrar a un delantero estrella que resulta ser bastante insoportable, pero la amistad es a prueba de todo. Y en Lange flate ballær (Long Flat Balls, Noruega, 2006), los directores Bjørn Fast Nagell y Harald Zwart siguen a seis trabajadores de un taller mecánico que viajan a Alemania para apoyar a su equipo en el mundial. Ante la crisis, qué tal un poco de aventura futbolera. El filme incluso tuvo una secuela que continuó mostrando a los personajes pero ya sin el fútbol como trasfondo.

MUNDIAL 2014: EL REGRESO DE LOS ONCE DE LA TRIBU

30 junio 2014

Los siguientes dos partidos de la ronda de octavos tuvieron un desenlace esperado, pero no por ello faltos de tintes trágicos, como cabría esperar por los equipos involucrados.

EL BALÓN COMO METÁFORA
Es uno de nuestros grandes escritores, como si de un medio creativo se tratara pero que igual se puede desempeñar en cualquier zona de la cancha letrística: novela, cuento, crónica, artículo periodístico, ensayo, teatro, literatura infantil y juvenil… en la posición en la que juegue, puede sorprender a la fanaticada y mantenerla complacida. Sabe jugar en corto, lanzar pases de cuarenta metros, profundizar y divertirse con la pelota, realizar trabajo de conjunto y rematar de forma tan certera que acaba por contagiarnos de un gran abanico de sensaciones y estados de ánimo propuestos.
Juan Villoro, lo sabemos, quiso ser futbolista pero terminó siendo escritor, para fortuna de sus lectores y de los aficionados a quienes no solo nos gusta ver los partidos, sino también leerlos. Hábil para la analogía y de fino sentido del humor, ha llevado el mundo del fútbol a la cotidianidad y viceversa, tejiendo grandes jugadas escritas que permiten disfrutar por partida doble un encuentro futbolero. Como él mismo lo puntualiza, el juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente de cada quien; yo agregaría una tercera vez: al leer sus escritos uno puede recrear y volver a imaginar un desarrollo distinto.
En el volumen de crónicas Los once de la tribu (Punto de lectura, 1995) el autor de El testigo (2004) y Arrecife (2012) incluye un apartado titulado Estadios, en el que se encuentra el brillante texto que le da nombre al libro, además de Infancia en la Tierra, dedicado a los aficionados en los que es imposible no sentirse partícipe, aunque no le vayas al Necaxa; una conversación con el mítico Ángel Fernández y un rescatador escrito sobre el juego de pelota prehispánico, aún practicado hoy en día.
VilloroDios es redondo (Planeta, 2006) surgió a partir de una serie de artículos para el diario La Jornada, relacionados con el mundial de Francia en 1998, después sustanciosamente nutrido con otros escritos, incluyendo una sabrosa conversación con Jorge Valdano, y Balón dividido (Planeta, 2014), estructurado a partir de la idea de acuerdo al propio Villoro, de cómo el cronista espera el momento en el que los adversarios se dan cuenta que no existe uno sin el otro: figuras, equipos, estadios y los acostumbrados relatos con buena dosis de metáfora. Además, también sabe hacer buenas paredes con algún compañero, como quedó asentado en Ida y vuelta. Una correspondencia sobre fútbol (Seix Barral, 2012), lucidor diálogo entre el propio Villoro y Martín Caparrós.

SÍ HAY QUINTO MALO
Si no tenemos maldiciones, parece que nos gusta inventárnoslas. A las habituales que tenemos en las esferas política, económica y social, bañadas por la corrupción e impunidad, le hemos sumado otra más en el terreno futbolero: el quinto partido. Si llegamos a él, ¿qué vamos a hacer? Somos atacados por el síndrome del objetivo cumplido y entonces mejor no lo alcanzamos. Una primera media hora cuyo principal protagonista y condicionante fue el calor: ambos equipos administrándose aunque la selección mexicana, más habituada a estos climas, desplegó un mejor funcionamiento que empezaba a exprimir la naranja poco mecánica de Holanda.
Inexplicable la presencia de Dos Santos en el campo hasta que se volvió explicable. Un gol que se convirtió, extrañamente, en una loza para México: jugamos mejor hasta que anotamos y a partir de ahí, nos fuimos para atrás, aunque Herrera pedía lo contrario y mandaba señales, a través de los cambios, de que era momento de seguir teniendo la pelota e ir al frente. La avanzada holandesa, sin ningún tipo de brillo, se nos vino encima y terminamos perdiendo, más que ellos ganando.
Ochoa detuvo hasta las pelotas lanzadas en fuera de lugar, diciéndoles a los holandeses que tendrían que sufrir para provocar el ingreso de la pelota a la cuidadísima celada mexicana: vía Sneijder parecieron acusar recibo. Es curioso que siendo tan buenos para los clavados, hayamos perdido como consecuencia de uno que generó el penal. Robben es un gran jugador; ojalá no tuviera que recurrir al engaño para obtener un triunfo que debiera saberle a poco. Solo fuimos superados en el marcador que es lo cuenta pero no lo único que se recuerda. Una participación digna y satisfactoria de los nuestros: ojalá haya continuidad.

SIGUE LA PURA VIDA
Un partido al que no le sucedió demasiado durante la primera parte con dos equipos que se encontraban en estas instancias de manera inesperada: los centroamericanos dando la gran sorpresa y los europeos gracias a una serie de felices coincidencias. Transcurrieron los primeros cuarenta y cinco minutos alrededor de un temor a ser emboscado, más que a proponer hacia el frente, no obstante que se tuvieron algunas llegadas.
Como si estuvieran modelando para algún escultor mítico, los jugadores y el portero griego se quedaron inmóviles ante un balón que se escurría dolorosamente despacio hacia las redes de su portería. A partir de que se quedaron con 10, los ticos se defendieron como espartanos en minoría y lograron llevar el partido hasta la instancia de penales, solo permitiendo el empate de unos poco imaginativos griegos, en contraste con su inacabada capacidad para crear mitologías explicativas de la condición humana.

MUNDIAL 2014 (15): FIN DE LA FASE DE GRUPOS

27 junio 2014

Se jugaron los últimos partidos de la primera fase, entre resultados esperados y una pequeña dosis de dramatismo. Ningún asiático logró clasificar, mientras que la CONCACAF coloca a tres de cuatro equipos en la pelea. Dos europeos cuya presencia acá se suponía mayor, vuelven cabizbajos a sus territorios, mientras que calificó el equipo africano menos esperado.

GRUPO G
Los alemanes saltan al mojado campo de ambiente brumoso y durante los primeros veinte minutos no le prestan el balón a los estadounidenses dando una cátedra magistral de juego colectivo: el pequeño gran capitán Lahm se apodera del núcleo y espíritu del campo, Schweinsteiger barre y distribuye, Özil le pone talento y Boateng se incorpora varias veces para meter venenosos centros. A pesar de encontrarse totalmente rebasados, los vecinos del norte empiezan a reconvertir la presión en contra como elemento motivacional, bajo la premisa de aprovechar la adversidad para superarse y no lamentarse.
Emparejado el trámite del partido, el segundo tiempo entra en una zona pantanosa hasta que Müller coloca el balón en un lugar imposible y abre tanto el marcador como las posibilidades para Ghana y Portugal, en ese orden. Los estadounidenses no logran reponerse y los alemanes bajan la guardia, hasta que al final se presenta alguna oportunidad de empate que se diluye junto con las gotas de lluvia que se mantuvieron como escenario de un partido en el que se demostró que con este tipo de selecciones, los arreglos forman parte solo de las mentes complotistas.
En el estadio bautizado como uno de los máximos dribladores de la historia, Portugal aceptaba la misión imposible, antes de que el llamado se autodestruyera, de golear a Ghana, que había jugado mejor, y esperar que Alemania le ganara a Estados Unidos. Parece que su sentencia de regreso prematuro a casa la firmó al ser goleados en su primer partido. Ante los problemas internos de la selección africana que derivaron en la suspensión de dos jugadores importantes por parte de sus directivos, los lusitanos parecían tener más oportunidad: se fueron arriba, de hecho, con un hermoso autogol, si los puede haber, y después estuvieron presionando sin demasiada puntería.
Pero en el segundo medio, a pesar de que, supongo, se enteraron que Alemania ya ganaba, dejaron de cuidarse las espaldas y Ghana aprovechó para generar peligro, encontrando justo premio que significaba el empate; visto así el asunto, eran los africanos quienes estaban más cerca pero la contundencia nunca terminó de llegar: a pesar de dar dos muy buenas exhibiciones en sus cotejos anteriores, acá se veían por momentos desconcentrados y erráticos. Mientras tanto Cristiano Ronaldo luchó, falló cuatro claras y anotó el gol de un triunfo pírrico que al menos le dio cierta dignidad a la despedida. De estos dos cuadros, por supuesto, se esperaba otro tipo de argumentos.

GRUPO H
Los rusos entraron a la cancha cargados de presiones, fieles a su historia: el grupo que les tocó parecía a modo pero se complicaron la vida al grado de tener que ganar el último partido para pasar a octavos; además, son los próximos anfitriones y su técnico, el italiano Fabio Capello (que ya había quedado en deuda con Inglaterra hace cuatro años), tenía que desquitar el estratosférico sueldo al menos llevando a su selección a la otra orilla de la fase de grupos. Al inicio, pareció que estas condicionantes fueron bien canalizadas y pronto se pusieron en ventaja con fugaz jugada de toques precisos y cabezazo implacable.
En algunas guerras les ha funcionado dejar que el enemigo pierda, no tanto derrotarlo: aquí no. Pero inexplicablemente, en lugar de buscar con ahínco el segundo que diera tranquilidad, Rusia le cedió la iniciativa a Argelia que poco necesitaba para lanzarse con todos sus recursos en busca de un pase histórico para ellos. Consiguieron el tanto del empate que los colocaba en zona de clasificación, sobre todo porque Corea no mostraba capacidad goleadora. Fue en este lapso del partido en el que al equipo ruso le hizo falta algún jugador que marcara la diferencia: si bien todos son cumplidores, se echó de menos un talento imaginativo para sellar el partido. Así, Argelia es el segundo africano clasificado, mientras que el equipo anfitrión en el 2018 tendrá que ir pensando cómo puede dar ese salto de calidad que le permita hacer un papel decoroso en su casa.
Con algunos cambios en la alineación dada su casi inalcanzable posición en el grupo, los belgas jugaron un partido medianito frente a los coreanos, que por determinación y empuje no pararon: tenían una ligera esperanza de avanzar a la siguiente ronda que se convirtió en motivo suficiente para intentarlo hasta las últimas consecuencias. Ya cuando se vieron en superioridad numérica, redoblaron esfuerzos para doblegar la meta puntualmente custodiada por el brillante joven arquero del equipo campeón de España. A pesar de los esfuerzos, que en estos casos no son suficientes sin la fortuna o el talento individual, los coreanos terminaron perdiendo el partido por la mínima: un adiós sin demasiado que contar en casa.

CINÉFILO FUTBOLERO
Fútbol y cineSegún Carlos Marañón, autor de Fútbol y cine: el balompié en la grada (Ocho y medio, 2005), las 11 películas del cinéfilo futbolista son: el thriller detectivesco 1. The Arsenal Stadium Mystery (Dickinson, 1940); el homenaje a uno de los grandes en 2. Garrincha, alegria do povo (de Andrade, 1962); 3. Pelota de trapo (Torres Ríos, 1948), en la que se siguen los sueños de infancia; la española 4. Once pares de botas (Rovira, 1954), enclavada en las dificultades de un jugador y el problema del soborno, y 5. Bloomfield (Harris, 1971), cinta filmada en Israel donde se narra la relación entre un niño y su héroe futbolero.
6. Escape a la victoria (Huston, 1981), que recuerda al clásico de John Sturges El gran escape (1963); 7. Ultra (Tognazzi, 1990), en clave de tragedia con tifosis incluidos; la autobiográfica 8. Fuera de juego (Fever Pitch, Evans, 1997), escrita en clave de comedia romántica por Nick Hornby; 9. La copa (Norbu, 1999), con un grupo de monjes budistas buscando ver la final del mundial; 10. Shaolin Soccer (Chow, 2001), entremezclando temáticas y artes marciales con fútbol, y 11. Jugando con el destino (Bend it Like Beckham, Chadha, 2002), en la que una niña hindú sueña en ser como el futbolista inglés, a pesar de las creencias de sus padres.