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CORRECCIÓN POLÍTICA Y CINE

15 febrero 2017

La expresión se refiere a un conjunto de premisas sustentadas en un pensamiento, lenguaje y comportamiento moral que suponen avances civilizatorios para bien de la convivencia social y la igualdad de oportunidades: banderas imprescindibles como la tolerancia a quienes piensan diferente, la conciencia ecológica, la equidad de género, la búsqueda de la paz, la igualdad racial y la libertad religiosa se han enarbolado con fuerza y justicia, haciendo de algunas sociedades ejemplos de ecosistemas sustentados en la ética en las que se valora al individuo en cuanto tal como parte de una colectividad en busca del bien común.

Por otro lado, en aras de mantener este enfoque de lo políticamente correcto se ha caído en ciertos excesos peligrosos que terminan por convertirse en la serpiente que se muerde la cola, favoreciendo un enfoque acrítico: una superioridad moral que apunta con múltiples dedos flamígeros a quien pueda pensar distinto en algún sentido, o bien los cuestionamientos a la libertad de expresión porque no se comulga con tal o cual idea. Los fundamentalismos que cancelan la posibilidad de debatir y argumentar también se presentan en quienes ondean estos estandartes de corrección, sintiéndose con la autoridad para decirle a los demás lo que deben o no hacer, juzgando la paja ajena sin ver la viga propia.

Así, de pronto ser políticamente incorrecto se puede ver como un halago, en tanto se cuestionan ciertos dogmas escasamente discutidos de los bienpensantes siempre pontificando, o como un insulto, en tanto se pretenden anular de un plumazo (u orden ejecutiva) ciertos logros que como humanidad hemos alcanzado en términos de justicia social. Corren tiempos en los que este tipo de corrección política está sufriendo fuertes embates en Estados Unidos y a través de los discursos de ciertos grupos políticos en Europa, cada vez ganando más espacios entre los electorados.

La historia no es lineal y los planteamientos racistas, xenófobos, ignorantes y machistas nunca se fueron y hoy están regresando a la luz con el permiso de quienes detentan el poder político: de un estado de latencia están cobrando peligrosa y envenenada vida. De ahí que parece no estar de más volver a insistir, aunque se peque de exageración o exceso de subrayado, sobre la importancia de promover ciertos valores fundamentales para la cohesión social, como lo hacen un par de películas impecablemente producidas que recuperan sendos hechos reales desde la perspectiva, precisamente, de la corrección política.

Filmes que han sido señalados, por cierto, de ser excesivamente cuidadosos en su discurso para mandar un mensaje que pudiera verse como maniqueo y, por ende, poco creíble o demasiado didáctico. Los protagonistas se presentan como hombres y mujeres inmaculados que se ven envueltos en contextos adversos pero que paulatinamente van transformando el curso de los acontecimientos e incluso a quienes los rodean, en un inicio reacios o escépticos y al final admirándolos y hasta sirviéndoles el café o hablándoles de usted (los excesos innecesarios que comentábamos).

FÉ Y MATEMÁTICAS: LAS VERDADERAS ARMAS

Mel Gibson es una figura ideológicamente polémica en el mundo del cine. Después de darse a conocer como eficaz y simpático actor de memorables cintas de acción, fue alternando su trayectoria tras la cámara, en cuyas películas presenta a hombres ejemplares dispuestos al sacrificio por mantener sus ideales y salvar a los demás, como el profesor Justin McLeod de El hombre sin rostro (1993); William Wallace de Corazón valiente (1995); Jesús de La pasión de Cristo (2004) y Jaguar Paw de Apocalypto (2006); de manera paralela, escenificó algún episodio en el que dejó ver su rechazo a los homosexuales y su animadversión por los judíos en una borrachera y posterior conflicto vial, ya sospechada desde el planteamiento y episodio elegido de la vida de Jesucristo.

Parece consecuencia lógica, considerando que su padre se fue de Estados Unidos a Australia para evitar que sus hijos participaran en la guerra de Vietnam, que su siguiente película fuera Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, Australia-EU, 2016) en la que recupera la vida de Desmond Doss, un soldado que por convicciones personales derivadas de una fuerte experiencia con sus padres, decidió nunca más empuñar un arma; cumpliendo con su deber, su participación en la II Guerra mundial, particularmente en la famosa y cruenta batalla de Okinawa, consistió en salvar la mayor cantidad de combatientes sin disparar un solo tiro.

Notablemente interpretado por Andrew Garfield, Doss se convirtió en un héroe de alcance místico, cuya hazaña está poderosa filmada gracias a una intensa puesta en escena que no teme mostrar el horror de la lucha cuerpo a cuerpo, como rodada con las vísceras. Gibson vuelve a optar por la construcción de escenarios envolventes, que nos introduzcan en la acción y nos permitan palpar los padecimientos y angustias de los soldados peleando por un ideal difuso: se trata de un alegato a favor de la paz a partir de la recreación de un enfrentamiento al final dominado por las ratas, dándose un festín con los cadáveres. Así de absurda es la guerra.

Talentos ocultosPor su parte, Talentos ocultos (Hidden Figures, EU, 2016) narra el caso de tres mujeres afroamericanas que resultaron vitales para el avance de la NASA a principios de los sesenta, cuando la carrera con la Unión Soviética estaba en su apogeo. Padeciendo una doble discriminación, por sexo y raza, tuvieron que salir del sótano institucional a punta de enjundia, saber científico y capacidad adaptativa para insertarse en los proyectos cruciales que se desarrollaban en aquellos años, caracterizados por la segregación racial manifestada en baños, autobuses, restaurantes, miradas y silencios que se reproducían al interior de las organizaciones de manera alarmantemente normalizada.

Con atrayentes actuaciones de Taraji P. Henson, Octavia Spencer y Janelle Monáe, bien cobijadas por un reparto consistente; un guion fluido que va resolviendo los conflictos laborales y personales sin detenerse demasiado, score de pertinente negritud y apuntes contextuales mínimos aderezados con oportuna inserción de secuencias de archivo, suficientes para ubicarnos en el centro dramático de los acontecimientos, la cinta dirigida por Thoedore Melfi (Sn. Vincent, 2014) y basada en el libro de Margot Lee Shetterly, cumple con su cometido más en términos descriptivos que analíticos, si bien alcanzando momentos de genuina emotividad e intensidad argumental.

Quizá desde la perspectiva fílmica, el énfasis en la corrección política de este par de películas las limite en verosimilitud, profundidad y planteamiento de matices y dilemas morales, pero en vista del discurso retrógrada que predomina en el gobierno de Estados Unidos, no está de más recordar la importancia de las conquistas ganadas en materia de derechos humanos y en los procesos de paz a gran escala. Paradójicamente, Hollywood se constituye como uno de los bastiones críticos del poder público y un espacio para el disenso y el despertar de la conciencia. Quién lo fuera a decir.

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LA SOBREVIVENCIA DE LOS AMANTES

17 abril 2016

Parejas de todo tipo que buscan trascender las dificultades propias de los contextos en los que viven, transgrediendo normas o avanzando contra los prejuicios acumulados, acaso sabiendo de antemano que el amor no pertenece al ámbito de la felicidad, sino de la sobrevivencia. Disponibles en plataformas virtuales o en los establecimientos de costumbre, cada vez más escasos.

ROMANCE SOBRENATURAL

Dirigida por el férreo independentista Jim Jarmush, después de Flores rotas (2005) y Los límites del control (2009), Solo los amantes sobreviven (Alemania-RU-Francia-Grecia, 2013) plantea la dificultad para sostener la motivación vital a la que se enfrenta una culta pareja de vampiros, mientras van siendo testigos de la decadencia imparable desde siglos atrás, ahora evidenciada en una ciudad como Detroit, símbolo del postcapitalismo abandonado a su suerte y atrapado por la corrupción y la delincuencia, después de ser la vigorosa ciudad del automóvil. En contraste, ahí está Tánger como hábitat donde todavía se cree en el amor entre tonos amarillos de luz inocua.

En tono de lúgubre nostalgia, aderezado por diálogos que se bifurcan entre el apunte histórico-artístico y la justificada lamentación por las conductas humanas, seguimos a la viajera Eve y al músico anónimo Adam, nombrados así en tono fundacional, cuando se reúnen y les cae de sorpresa la hermana de ella, una adolescente pesadita (también a los vampiros les pasa) que rompe la estética dinámica entre pausada, amorosa y victimista de la pareja, cual amantes malditos asumiendo su condición de eternidad.

El casting es preciso y ahorrador de maquillaje: Tilda Swinton y Tom Hiddleston funcionanSolo los amantes sobreviven como los enamorados en las tinieblas, así como Mia Wasikowska en plan caprichudamente insoportable, Anton Yelchin como el dealer buena onda de guitarras y Jeffrey Wright de sangre, ambos representando los únicos contactos con el exterior para el protagonista. El gran John Hurt redondea el reparto de esta historia gótica posmoderna en la que parece ser claro que solamente hay una condición para la sobrevivencia.

ROMANCE OTOÑAL

Dirigida y coescrita por Ira Sachs (Infieles, 2007), El amor es extraño (Love is Strange, EU-Francia-Brasil-Grecia, 2014) plantea con empatía las dificultades a las que se enfrenta una pareja homosexual ya entrada en años, justo a partir de que deciden casarse después de dos décadas de relación, como si de una maldición se tratara: uno de ellos es despedido de su empleo como maestro y tendrán que dejar el departamento donde viven para refugiarse, por separado, en casas de amigos o vecinos, según el caso, cual muestra de cómo las clases medias se encuentran a la deriva en tiempos de turbulencias inmobiliarias.

A las dificultades de la pareja, interpretada con brillo natural por Alfred Molina y John Lithgow, se le suman las de los personajes que los rodean, en particular del matrimonio con el hijo adolescente, también en pleno proceso transicional, y de la pareja de policías rompiendo estereotipos. La capacidad de adaptación a las nuevas condiciones de vida según la dinámica de sus respectivos anfitriones se pone a prueba, y la distancia forzada de los ahora esposos coloca la perspectiva para la reflexión sobre los lazos construidos. Sutil y emotiva.

ROMANCE PROHIBIDO

Dirigida por Drake Doremus (Con locura, 2011), Pasión inocente (Breathe In, EU, 2013) es la crónica de una infidelidad anunciada en la que un agente externo se inserta en un sistema lleno de fisuras invisibles, en este caso, una joven estudiante de música que llega de intercambio a una familia integrada por los padres y una hija de la misma edad que la nueva inquilina. En apariencia, la cotidianidad marcha por rumbo definido, pero frente a la ruptura de la rutina los resultados pueden ser reveladores y devastadores al mismo tiempo, como para no poder aguantar la respiración.

Aunque previsible, el manejo de las situaciones y personajes va subiendo en tensión de manera creíble, en particular por el consistente andamiaje de situaciones y por las actuaciones de Guy Pearce, como el músico al fin insatisfecho entre la interpretación y la docencia; Amy Ryan como la esposa que lo sabe todo pero dice poco; Felicity Jones, con la sensibilidad estética a flor de piel (ahí está la pieza We Played Some Open Chords de A Winged Victory for the Sullen) y Mackenzie Davis, entre la sensación del desplazamiento y la valoración de la amistad. Cualmúsica propia del romanticismo, el desenlace se va precipitando hacia rumbos de intensidad combustible.

ROMANCE CONSAGUÍNEO

Dirigida por el escocés Kevin Macdonald (El último rey de Escocia, 2006; Los secretos del poder, 2009), Mi vida ahora (How I Live Now, RU, 2013) relata la incursión de una joven neoyorquina (Saoirse Ronan, obsesiva) que tiene que viajar a casa de su tía en la campiña inglesa, donde empezará a convivir con sus primos, primero de manera reticente por sus propias telarañas mentales, incluso parlantes, y después sintiéndose parte de una singular comuna familiar, al grado de enamorarse del mayor (Tom Holland, entregado), justo cuando estalla una guerra de la que no se sabe mucho.

Con elusiva cámara panorámica integrada a una fotografía intensa que se acompaña del emotivo score de Jon Hopkins, y con canciones articuladoreas de secuencias, el relato busca construir ciertos simbolismo como el del halcón para salir de la zona de confort y centrarse en el objetivo para fortalecer la inesperada y dura aventura de esta joven, asumiendo responsabilidades con la prima pequeña y después con los demás en un contexto de ausencia de la ley y de preceptos adultos, acaso para empezar a encontrar, donde menos se lo espera, el sentido de su vida.

 

LAS FUERZAS QUE ACOMPAÑAN A J. J. ABRAMS

20 diciembre 2015

Retomar una de las sagas más importantes de la cultura pop sin ser su creador, parecía una empresa demasiado arriesgada, sobre todo por las legiones de idólatras que deambulan por esta galaxia muy cercana. No obstante, el nombre de J. J. Abrams parecía el indicado, sobre todo por su notable capacidad para entender el mundo de la televisión y del cine como espectáculo y entretenimiento clave para las sociedades contemporáneas, transitando entre sus propios arquetipos y la posibilidad constante de la renovación.

El resultado de esta dura prueba termina por ser positivo. Star Wars: El despertar de la fuerza (EU, 2015) resulta ser un blockbuster con todas las de la ley, listo para consumirse por cincuentones y cuarentones dispuestos a renovar su condición de freaks y por niños y adolescentes etarios y tardíos con necesidad de pertenencia a alguna hermandad más allá de magos escolares, heroínas luchando contra dictaduras que gustan de los juegos y las hambrunas y superhéroes de cómic recibiendo una atención que nunca imaginaron cuando vieron la luz.

El balance entre el refrito y la renovación parece ser exacto para convocar a varias generaciones. Abrams asume el control de tan esperada cinta y, convocando a la compañía de la fuerza, desarrolla su propuesta con soltura, agilidad y funcionalidad, inveterando todos elementos diversos del género de fantasía y respetando la idea central del filme: la lucha entre el bien y el mal, tal como años antes lo había planteado Tolkien en El señor de los anillos, referencia clara para toda la cosmovisión de esta trifulca interespacial que, como suele suceder, se origina en los conflictos familiares. Seis fuerzas acompañan a Abrams en esta misión.

a) La fuerza de los modelos: George Lucas dirigió THX 1138 (1971), la clásica American Graffiti (1973) y después La guerra de las galaxias (1977). No volvió a la silla de realizador hasta la saga de los tres primeros episodios (1999, 2002, 2005), cuyos alcances estuvieron por debajo de las expectativas de la mitología creada a finales de los años setenta. Se percibían anacrónicas, fuera de foco y con una narrativa que no correspondía al curso de los tiempos postmilenarios. En cambio, como productor, incluso colaboró con el gigante japonés Kurosawa, además de Francis Ford Coppola y Steven Spielberg, dos de los directores que reinventaron Hollywood en los setenta.

Sin embargo, Lucas parecía no haberse renovado en términos de realizador como,Star Wars 2015 pongamos, el propio Spielberg. Entre estos dos modelos creativos, Abrams parece aspirar al del segundo, como se puede advertir en el filme homenaje Super 8 (2011). Ahora le falta crear una saga de semejante tamaño pero original y no simplemente recuperar y renovar, como muy bien lo hizo con Star Trek y ahora con La guerra de las galaxias. Los pininos ya están dados con sus incursiones televisivas como Alias, Fringe, Undercovers y Lost.

b) La fuerza de la nostalgia: a sabiendas de que muchos fanáticos quedaron en espera de la continuidad, más allá de las limitadas precuelas realizadas, la nueva oportunidad para renovar cofradías y lances multitudinarios buscando la juventud perdida, no podía desaprovecharse. El reto central, bien cumplido, era llamar la atención de quienes crecieron con las primeras películas y atraer a las nuevas generaciones para que no nada más se sumen como una favor a sus papás, sino con pleno convencimiento de causa en plena época de divergentes, juegos del hambre y corredores por laberintos prefabricados.

Para alimentar la nostalgia ahí está el score de John Williams, la presentación de los créditos, la aparición central de Harrison Ford (de clásica sonrisa chueca) y Peter Mayhew (Chewbacca), Carrie Fisher (con cambio de icónico peinado) y Mark Hamill, así como constantes guiños en el impecable diseño de producción, en las naves, artefactos, ejércitos enemigos (ahora con ciertas actitudes más propias de humanos), robots inmortales y escenografías diversas que nos colocan en los diversos mundos en los que se desarrolla la trama. Única queja: nunca me había imaginado una película de la saga sin la presencia de Yoda, aunque sea en flashback. Del sabio verdoso mucha falta la presencia hace.

c) La fuerza del guion: con la decisiva participación de Lawrence Kasdan se aseguraba calidad y continuidad. El escritor de El imperio contraataca (Kershner, 1980) y En busca del arca perdida (Spielberg, 1981) conoce la médula del universo Star Wars y su aporte resulta esencial para darle coherencia al argumento desarrollado en esta nueva entrega, además de aportar humor y atención al desarrollo de los personajes, con todo y pasados difíciles de superar. Esta chatarra puede funcionar y el hecho de saberse de regreso a casa, son parte de las líneas de diálogo que definen la película.

El guion cuida la corrección política y, al mismo tiempo, no alcanza una dimensión política dada su condición, como toda la saga, de maniqueísmo. Muy en la línea de algunas series juveniles actuales, el papel del héroe recae en una mujer (como años atrás ya lo había hecho Hayao Miyazaky en varias de sus películas) y, para complementar el cuadro, en un afroamericano que es el único personaje que rompe un poco con el esquematismo del bien absoluto frente al mal total, sin grises de por medio.

d) La fuerza de las nuevas incorporaciones: tanto la veinteañera londinense Daisi Ridley, aquí tomando un protagonismo inusitado como una chatarrera vuelta esperanza de la galaxia muy lejana, como Jon Boyega, entre desertando por salvar el pellejo o por una causa mayor (hacer lo correcto), sostienen buena parte del film, bien secundados por los malosos Adam Driver, como el nieto que quiere “abuelear” y por Domhnall Gleeson, asumiendo con plena convicción el rol de anticlimático líder oscuro.

Para complementar el reparto, aparecen el omnipresente Oscar Isaac, piloteando por altos vuelos su carrera actoral; Andy Serkis, el mejor actor con máscara real o digital, manejando sus piezas de la fuerza oscura y Lupita Nyong’o, abriendo los ojos al máximo para ver más allá de lo evidente, como diría el clásico. Para redondear, el venerable Max Von Sydow, abriendo el filme como una especie de presentador dándonos la bienvenida a esta renovada saga interestelar.

e) La fuerza de la edición: el flujo narrativo que en efecto se va como agua, obedece a un guion puntual y a la habilidad para el ensamblaje de secuencias, con lucidores recursos que van de los clásicos de cortinillas a otros como la transición a través del uso de humo, que permiten un equilibrio emotivo entre la acción y el desarrollo de los personajes, como para hacer que nos interese lo que suceda con ellos. Cierto es que de pronto se cae en algunos artificios tanto en las conversaciones grupales (todos hablan como si estuvieran pidiendo la palabra) como en las peleas cuerpo a cuerpo (los malos nunca le atinan), donde no hay sorpresas.

f) La fuerza de los detalles: múltiples personajes entre anfibios, humanoides, paquidermos, reptiles o seres de cierta estética punk sideral, además de escenografías que merecen ponerle pausa para apreciarlas, se despliegan brevemente por los diferentes contornos de los mundos visitados, capturados por una cámara versátil que igual se pone en plan panorámico para apreciar los paisajes verdes o se sumerge entre los fierros de algún deshuesadero desértico.

Detalles también en determinados diálogos, vestuarios u objetos que despiertan la memoria de los fans o atraen la atención de los recién llegados al universo Star Wars, incluyendo las pizcas de humor y los destellos retro que se insertan en una trama bien actualizada, salpicada de novedades que ya tendrán a los congresos sobre este fenómeno pop discutiendo a profundidad, quizá más de lo que ameritaría.

Vamos a ver si J. J. Abrams busca que la fuerza lo acompañe para emprender una saga original para el cine o si se sigue dedicando, con indudable eficacia, a resucitar clásicos del universo pop para ponerlos al alcance de las nuevas generaciones. Ojalá opte por lo segundo. O que haga las dos cosas.

 

LIENZOS EVOCATIVOS

14 agosto 2015

Un pintor cuyo vehículo de expresión más sensible es el pincel y los colores, cual instrumentos para capturar los misterios de la luz atrapada en las oscuridades de la naturaleza y del alma. Una pintura de significados diversos que no se detienen en la explicación técnica, en la fama alcanzada por el artista o en su valor en el mercado, sino que trascienden a la reconstrucción de un pasado emotivamente doloroso con posibilidades de transformarse en recuerdos vivificadores.

TURNER: LA TORMENTA PERFECTA

Considerado como uno de los pintores más importantes del siglo XIX y para algunos el más grande entre los ingleses, Joseph Mallord William Turner (Londres, 1775-1851) destacó en el ámbito del paisaje, particularmente marítimo, pero desde una perspectiva personalísima y claramente identificable, sobre todo por la tensión inherente en sus cuadros y la presencia de la luz como un elemento para ser reconstruido según los estados anímicos y los momentos del día, con todos sus imperceptibles misterios.

Famosa es su obsesión para capturar el instante amarrándose al mástil de alguna embarcación, según se cuenta, o asistiendo puntualmente a alguna escena natural. Antecesor del impresionismo y con tendencias románticas en cuanto al vínculo entre el ser humano y la naturaleza, Turner se enfrentó al rechazo y mala crítica de su obra, como se retoma en algunos pasajes del filme, enfocado a sus últimos veinticinco años de vida, en los que desarrolló un estilo más libre y arriesgado, alejado de su inicial enfoque academicista.

TurnerCon Mr. Turner (Inglaterra, 2014) Mike Leigh vuelve al género histórico después de Topsy-Turvy (1999), tomándose quizá algunas licencias, para construir una recreación de los gustos artísticos y el esnobismo predominantes de la época, no necesariamente en coincidencia con la propuesta del autor de El incendio de las Cámaras de los Lores y los Comunes (1835), y de ciertas costumbres en términos de relaciones familiares y sociales, así como de la asignación de roles según el género y la posición social.

El filme retoma su trayectoria cuando vivía con su padre (Paul Jesson), quien muere poco después acentuando el aislamiento del artista, y una fiel doncella con la que mantenía una relación ambigua (Dorothy Atkinson), al tiempo que tenía contactos generalmente conflictivos con la madre de sus hijas (Ruth Sheen) y con su colega John Constable (James Fleet). Encontraba cierta empatía en un burdel o con el escritor y crítico John Ruskin (Joshua McGuire), así como con una viuda a la que frecuentaba para hospedarse y con quien tiene un amorío (Marion Bailey).

El contraste entre la hosquedad y la sensibilidad del artista está notablemente encarnado por Timothy Spall, ganador de la Palma de Oro en Cannes y que ofrece una actuación compleja que transita desde el ensimismamiento hasta la expresividad pasional, tal como lo requería el protagonista, más afecto a gruñir que a hablar y a actuar impulsivamente que a dar explicaciones. La dificultad para comunicarse y relacionarse socialmente contrastaba con las escasas explicaciones que daba acerca de su visión estética.

La propuesta visual, cortesía del viejo colaborador Dick Pope, se plantea en consonancia con el estilo del pintor con todo y su paleta cromática, viajando de tonalidades rosáceas a tonos amarillos y cafés, como si el sol estuviera siempre presente o en proceso de abandono; si su propuesta pictórica tendía cada vez más hacia la abstracción, como se puede advertir en Lluvia, vapor y velocidad y en Amanecer con monstruos marinos (1845), la cinta opta por retomar sus clásicos paisajes en los que se advierte la pequeñez humana frente a la enormidad plástica del mundo tangible en plena ebullición.

ENFRENTAR A LOS FANTASMAS

“Mientras todos ven una obra maestra de uno de los artistas más exquisitos de Austria, yo veo a mi tía”, dice María Altman, una mujer judeo-austriaca que huyó de Viena cuando los Nazis ocuparon la ciudad y procedieron, como se advierte en Operación monumento (Clooney, 2014), a robarse las obras de arte de cuanta casa quedaba a su paso, además de someter a la población y devastar a los judíos.

Asentada en Los Ángeles desde entonces, buscó durante los años noventa recuperar el famoso Retrato de Adele Bloch-Dama de oroBauer, pintado por el genial pintor Gustav Klimt, que perteneció a su familia y que terminó en el Belvedere, después de la derrota alemana. Para ello contrata al joven abogado Randy Schoenberg (Ryan Reynolds, convencido), que venía de un fracaso laboral al intentar poner su propio despacho, y que resulta ser nieto del revolucionario músico, también de origen austriaco.

Dirigida por Simon Curtis y recurriendo a la ida y vuelta por el tiempo, inclusive en un momento yuxtaponiendo épocas de manera emotiva, La dama de oro (RU-EU, 2015) es una reflexión acerca del sentido que puede tener una obra de arte en cuanto a su poder para reconstruir recuerdos y llevarlos de un terreno sembrado por la culpa a un paisaje de absoluta reconciliación. Si bien el filme opta más por adentrarse en el asunto legal relacionado con el cuadro, la actuación de Helen Mirren, con una simple mirada, nos sumerge en el proceso de sanación de esta férrea anciana, querida sobrina de una de las mujeres más vistas pero menos conocidas del mundo de la pintura.

INVENTORES ANIMADOS

7 febrero 2015

Un par de películas de animación con evidente espíritu japonés: una realizada allá y otra inspirada en la isla que comparten como centro argumental la pérdida y la posibilidad de innovación creativa como para darle sentido al mundo: o más allá, para crear un entorno diferente donde la luz brille por encima de las calamidades. Ahí, justo donde el recuerdo inspire o el viento nos anuncie la necesidad de mantenernos dispuestos a optar por la vida.

DEBEMOS INTENTAR VIVIR

Se levanta el viento (Japón, 2013) representa un elocuente final de trayectoria artística llena de imaginación, puesta al servicio del cine como vehículo expresivo, específicamente a través de la animación hermosamente artesanal. El gran realizador nipón Haya Miyazaky ha declarado que la cinta biográfica basada en su propio cómic sobre Jirô Horikoshi, el diseñador de aviones durante la II Guerra Mundial, es la última que dirige: inevitable resulta encontrar ciertas comparaciones entre ambos, particularmente las vinculadas al espíritu creativo y a la búsqueda de la belleza ya sea en los aeroplanos o en las películas animadas, según sea el caso.

La historia sigue justamente a este ingenioso diseñador desde su infancia hasta su etapa adulta, ya convertido en un visionario diseñador aeronáutico, pasando por su juventud con todo y las inspiraciones oníricas de Caproni, un creador italiano de aviones por completo anticipado a su época, así como su ingreso a una compañía creadora de aviones en 1927, su relación matrimonial con Nahoko y su vínculo amistoso con su colega Honjo. El argumento se contextualiza a partir de eventos catastróficos como el terremoto de 1923 y la dura epidemia de tuberculosis.

En su undécimo largometraje, el también realizador de notables cortos como Pan-dane to Tamago-hime (2010), propone unSe levanta el viento héroe masculino de la vida real, en contraste con sus habituales protagonistas femeninas insertas en mundos complejos –Nausicaä, Sheeta, Kanta/Michicko, Kiki, Mononoke, Chihiro, Sofî, Ponyo-, y se inclina más al realismo que a la fantasía, solo incorporada a través del onirismo recreado en el mundo del futuro inventor: el poder de la inspiración atraviesa la convicción de que los sueños pueden transformarse en estética realidad.

Una vertiente narrativa que complementa el argumento central del filme, posa su atención en el matrimonio del protagonista con una sensible pintora de frágil estado de salud: esta dimensión entre romántica y dramática contribuye a entender de manera más integral al personaje, considerando todo el desarrollo en la empresa y con su buen amigo y colega, mostrando la obsesión por convertir el sueño recurrente en prístina realidad.

La temática de la guerra vuelve a desplegarse como en El castillo vagabundo (2004) y se plantea la disyuntiva de crear artefactos para la destrucción o para engrandecer al ser humano (de hecho estos aviones Zero se usaron en Pearl Harbor). La reflexión también se formula en torno a la manera en la que la cultura japonesa se fue transformando en términos de calidad: de los aviones malhechos en casa, a la necesidad de construir artefactos impecables en funcionamiento y en forma; no es casual que se describa esa capacidad nipona para retomar buenas ideas de otras partes del mundo y engrandecerlas.

Una vez más la animación es deslumbrante por la capacidad de absorbernos y colocarnos justo ahí, en el terremoto de Kanto; en el aire, el cielo, el campo y la lluvia; en los sueños del niño y en las difíciles condiciones que se vivían en aquellos años: la paleta cromática busca los claroscuros y tanto los paisajes como los interiores son labrados con delicadeza pictórica. La banda sonora termina por ampliar la recreación de una época y un momento particular en los márgenes de la terrible guerra.

En su poema El cementerio marino de 1922, Paul Valery concluye que “El viento se levanta! … ¡Hay que intentar vivir! / Mi libro cierra, inmenso, luego lo vuelve a abrir, / ¡De las olas deshechas nuevas olas derivan! / ¡Vuelen, vuelen ustedes, páginas deslumbradas! / ¡Rompan, olas! ¡Rompan con aguas exaltadas / Este techo tranquilo donde los foques iban!” Como las velas que se enfrentan a la tormenta, pareciera que la proyección vital puede mirar hacia un horizonte donde, en efecto, el viento nos pueda dar un nuevo impulso, cuando todo parece perdido.

DEBEMOS INTENTAR RENOVARNOS

Con una impronta japonesa desde la ambientación y nombre de la urbe donde se desarrollan los sucesos (San Fransokyo), Grandes Héroes (Big Hero 6, EU, 2014) es una sensible y entretenida cinta de animación que se sustenta en la relación que establecen un niño genio rebelde y una especie de robot cual muñeco de nieve inflable de irresistible simpatía. Es de hecho este personaje el que resulta clave para que el filme consiga trascender más allá del disfrute momentáneo, además de la integración de un cierto dramatismo.

Dirigida por Don Hall y Chris Williams con guion armado por una multitud, la cinta sigue la línea estética desarrollada en Ralph (Moore, 2012) y Frozen (Buck y Lee, 2013), estableciéndose como una propuesta de Disney paralela a Pixar, tratando de diferenciarse y al mismo tiempo de incorporar ideas que alimenten este tipo de filmes de animación. Además de una buena dosis de emoción y humor, la historia se articular a partir de diálogos inteligentes y una edición eficaz, soportada por una animación que integra ciudades y nos lleva a un mundo extrañamente familiar.

MUNDIAL 2014: BUSCANDO AMÉRICA

29 junio 2014

Como lo cantaba Rubén Blades y sus Seis del solar. El día mundialista de hoy fue todo América, en específico el cono sur., no hay partidos más ríspidos y sanguíneos que los que suelen escenificar selecciones de la misma región, sobre todo cuando se trata de equipos latinoamericanos, con esas rivalidades añejas y pasionales en las que se entremezclan las fronteras y culturas.
Un buen ejemplo de cómo llega la sangre al río lo protagonizaron las selecciones de Honduras y el Salvador. Publicado originalmente en 1988 y traducido al español poco después, La guerra del fútbol (Anagrama, 1992) es una colección de reportajes escritos por Ryszard Kapuściński (Pinsk, 1932 – Varsovia, 2007), el atrevido corresponsal de guerra más conocido del mundo, periodista de alcance mítico y narrador excepcional que parece llevarte justo al lugar de los hechos para que, como lector, puedas ser por completo empático con las experiencias relatadas.
Aquí comparte de manera cercana su estancia sufrida en Tegucigalpa, a donde viajó poco antes de que se desatara la guerra de los 100 días, llamada como el título del volumen, después de los partidos eliminatorios a visita recíproca para el mundial de 1970, en los que ambas aficiones maltrataron a los jugadores rivales y que, con el acicate del suicidio de una joven salvadoreña, derivaron en un ataque por parte de El Salvador, con más poderío bélico, en tierras hondureñas.
La intervención de países latinoamericanos detuvo el conflicto armado, aunque no el problema de fondo, y el partido decisivo para el pase se jugó en México, con victoria salvadoreña: en este caso, el fútbol fue un escenario más del encono entre ambas naciones. Pero como apunta el autor de Los cínicos no sirven para este oficio, más allá de las disputas futboleras, existían tensas relaciones de los campesino migrantes en la frontera, aunada a la insensibilidad de ambos gobiernos; por si no bastara, ahí estaban los intereses inmiscuidos del gobierno de Estados Unidos y de la compañía United Fruit.Guerra del fútbol

HISTORIAS DEL FÚTBOL
Con el fútbol como columna vertebral y el retrato social como el esqueleto narrativo, Andrés Wood presenta un trío de relatos estructurados como si de un partido se tratara, con todo y el tiempo extra. Historias de fútbol (Chile, 1997) inicia con el primer tiempo o No le crea, revisando el tema del soborno; continúa con el segundo tiempo o Último gol gana, en donde un niño juega toda la tarde pero pierde el dinero de su madre, y finaliza con el alargue o Pasión de multitudes, con un joven varado en una isla mientras se disputa un partido decisivo de la selección, situación que parecen querer aprovechar un par de hermanas.
Otra historia con tintes de dramatismo se escribió en el campo Mineirão de Belo Horizonte. Desde el canto de los himnos con secuencias a capela, se advertía que el enfrentamiento iba en serio y que el excesivo respeto histórico de los andinos hacia los cariocas, podía empezar a equilibrarse para poderse tutear: en efecto, estos bajitos futbolistas de gran altura y corazón palpitante le jugaron al anfitrión y pentacampeón sin pensar en pasados y blasones.
Con un sólido aparato defensivo y aprovechando la desesperante pausa y manejo de balón de Vidal y el dinamismo de Alexis Sánchez, que se quería deshacer hasta del short, los chilenos eliminaron distancias ancestrales. Alta tensión nerviosa que afectaba más a los brasileños, cargando con la presión de la localía y la condición de favorito, que a veces se convierten en jugadores en contra.
Trazos largos, poco tejido cuidadoso, mucha más fuerza que gambeta y más equivocaciones que aciertos, como cabría esperar en un duelo de tintes campales. Los jugadores talentosos cedieron protagonismo a los que resuelven las jugadas con el esfuerzo físico, más que con el mental. Un gol por bando no tanto desde una lógica constructiva, sino más bien de aprovechamiento. En varios episodios el partido se sumió en una atmósfera asfixiante y el miedo al error se convirtió en el motivo para buscar adelantar líneas.
Julio César y Bravo realizan sendas paradas a la altura de su experiencia el primero y de su proyección el segundo. Tiempos extras extenuantes en los que solo Hulk se mantuvo en el tono verdoso necesario y resultó ser el más combativo al frente, usando su enojo transformador. Queda desmentido el complot del arbitraje para apoyar a Brasil, quien necesita mejorar mucho su juego colectivo: tendrá que recuperar la memoria.

A SOL Y SOMBRA
Dice Eduardo Galeano (Montevideo, 1940), uno de los principales escritores de izquierda en Latinoamérica: “Como todos los uruguayos, quise ser jugador de fútbol. Yo jugaba muy bien, era una maravilla, pero solo de noche, mientras dormía: durante el día era el peor pata de palo que se ha visto en los campitos de mi país…Han pasado los años, y a la larga he terminado por asumir mi identidad: yo no soy más que un mendigo de buen fútbol” (Fútbol a sol y sombra, Siglo XXI, 1995).
Y continúa: “Voy por el mundo sombrero en mano, y en los estadios suplico: Una linda jugadita, por amor de Dios. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece.” El también autor de Su majestad el fútbol (1968), habrá deseado que ganara Uruguay pero quizá celebró los milagros que nos regaló la selección colombiana, la de mayor inspiración artística con la que cuenta el certamen.
Un partido en el que Colombia intentaba con algunos apuntes estéticos y Uruguay esperaba sin mayor trascendencia, hasta que cerca de la media hora James Rodríguez se acordó del desbordante talento que tiene en sus pies: control de pecho fuera del área, un cuarto de vuelta y sin dejar que el balón se ensuciara, volea exacta que apenas alcanza a rozar Muslera, engrandeciendo la belleza de la jugada, para pegar en la parte baja del travesaño y picar dentro de la tierra prometida. El gol del mundial hasta ahora.
Pronto en el segundo tiempo, un bordado fino de exportación adornado por un servicio magistral de Cuadrado con la cabeza, para que el propio Rodríguez estampara la firma definitiva que sellara el segundo tanto, provocando, por si no era suficiente, un mayor desconcierto entre los uruguayos, incluyendo a su sapiente técnico que con dos cambios simultáneos intentó darle un viraje al rumbo desolador de su selección, que al final no pudo con rivales americanos, en contraste con su desempeño frente a los campeones europeos. Con la modestia por delante como siempre, Pékerman ha conseguido integrar un cuadro en el que cabe el virtuosismo y la eficacia por partes iguales: de cuatro, cuatro.

LA CURA ESTÁ AL ALCANCE DE LA MANO

6 septiembre 2011

Personajes a punto de perderlo todo. Las alternativas más cercanas son las más difíciles de ver porque están frente a nuestras narices y la mirada suele posarse en las grandes perspectivas o de plano ensombrecerse, sin posibilidad de enfocar las soluciones a la mano, usualmente las más efectivas. Cambios inesperados e indeseables en la rutina a la que se quiere volver, depresiones inclementes o la necedad oculta de seguir transitando una ruta que no ofrece sino decepciones, parecen conjugarse para bloquear los posibles procesos de crecimiento o reajuste. Veamos.

SALIRSE DE UNO MISMO, PERO NO DEMASIADO
La depresión es un enemigo implacable: su invisibilidad y su capacidad para insertarse tanto en el aparato psicológico como en el físico, la convierte en una fuerza maligna que mientras más inexplicable, más letal. Las curas pueden tomar varias formas pero no siempre funcionan: incluso alguna que sirvió en el pasado, puede ser que ahora no lo haga. Así es la enfermedad: como un mutante que se transforma para permanecer ahí, fastidiando la vida del sujeto y de quienes lo rodean.
Dirigida por la famosa actriz angelina Jodie Foster (Mentes que brillan, 91), en tono de drama familiar con sus respectivos claroscuros, Mi otro yo (The Beaver, EU, 11) sigue a un hombre casado con dos hijos y dueño de una juguetería que heredó de su padre, se encuentra sumergido en una aguda crisis depresiva por motivos que no aparecen de manera clara en la superficie. Su esposa intenta ayudarlo mientras sigue con su chamba de diseño ingenieril, su vástago menor lo extraña mientras es víctima de bullying y el mayor, una especie de clon de Cyrano de Bergerac postmoderno, lo evade por temor a parecerse a él, al tiempo que empieza a enamorarse de una compañera.
Ante la insostenible situación, deja la casa y se encuentra en un bote de basura a un castor de juguete, que funciona inesperadamente como un objeto para el desplazamiento de la pulsión de muerte. Como si se tratara de una especie de freudiano superyó punitivo o un álter ego que en un principio se convierte en tabla de salvación, la marioneta con forma de castor empieza a suplir al hombre ahora en franca recuperación, pero cada vez más dependiente de la marioneta de peluche que habita en su mano.
El desarrollo argumental intenta romper la estructura clásica del conflicto, al menos en su secuenciación, y permite que las tribulaciones de los personajes se planteen con la suficiente profundidad. Destaca de manera particular la mirada sobre la relación padre-hijo, la renovada actitud empresarial y el análisis de los procesos de sanación, que raramente siguen una línea ascendente y en pocas ocasiones resultan definitivos.
Una funcional dirección y una eficiente edición colaboran para que tanto diálogos como situaciones acompañadas de música pertinente, en un adecuado ejercicio de síntesis que quizá impida profundizar, muevan nuestras emociones. Mel Gibson consigue la actuación de su carrera en un doble papel lleno de matices, con todo y esa particular situación en la que el actor casi se interpreta a sí mismo, mientras es bien arropado, en todos sentidos, por la directora y por las interpretaciones de los jóvenes Anton Yelchin y Jennifer Lawrence, como la compañera escolar y grafitera de clóset.
Abandonar la jaula de la propia miseria autocomplaciente y atreverse a dejar de pretender para revalorar todo aquello que se convirtió, sin que nos diéramos cuenta, en aburrida rutina o parte del monótono decorado vital.

VOLVER A UNO MISMO, PERO DIFERENTE
Tres soldados con alguna herida física o emocional emprenden el retorno de la Guerra de Irak para reencontrarse con sus vidas o bien empezarlas de nuevo: un hombre casado con un hijo, otro más en pos de reencontrarse con su novia y una joven en busca de la familia de su novio muerto en combate, para devolverles su preciada guitarra. El destino quiso que este improbable trío compartiera el trayecto, prolongado por problemas de transporte y por inesperados eventos que los van poniendo en perspectiva.
Dirigida por Neil Burger (El Ilusionista, 06; Sin límites, 11), Regreso a casa (The Lucky Ones, EU, 08) toma la forma de una road movie en cuanto a su estructura narrativa y al desarrollo de sus personajes, interpretados por Tim Robbins, Michael Peña y Rachel McAdams; además del abordaje de los conflictos individuales, el film se da tiempo para reflexionar sobre el sinsentido de la guerra, como en El mensajero (Moverman, 09), la imagen de los soldados frente a distinto tipo de ciudadanos estadounidenses y los duros procesos de reinserción social.
Con un inteligente desenlace que elude la complacencia, una fotografía que combina con lograda articulación los planos abiertos y las tomas al interior del vehículo, y una puesta en escena reposada pero nunca perdiendo la intensidad, el filme consigue invitarnos a que acompañemos a estos soldados en su travesía más emocional que geográfica.

VIDEOPCIONES: REESCRIBIR LA VIDA

9 febrero 2010

Películas en las que los protagonistas llevan sus existencias a los terrenos pantanosos ya sea de la ficción o del recuerdo, colapsando la débil frontera entre realidad e imaginación. Veamos.

NUEVA YORK A ESCENA
Dirigida por el excelso guionista Charlie Kaufman, regresando a los vericuetos de la identidad de ¿Quieres ser John Malkovich? (99); a la crisis creativa de El ladrón de orquídeas (02), ambas dirigidas por Spike Jonze, y a la confusión profunda entre las realidades de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (Gondry, 04), Nueva York a escena (Synecdoche, New York, EU, 09) es una desdoblada representación de la vida de un dramaturgo (Philip Seymour Hoffman, elocuente en el desamparo) en proceso de continua pérdida: ciertas funciones vitales, poder creativo, independencia afectiva y capacidad para distinguir los pedazos de realidad objetiva con los inventados a partir de su condición.
Después de ser abandonado por su esposa (Catherine Keener, bien asumida como pintora de cuadros miniatura), quien además se llevó a su hija, desiste de la adaptación con la que trabajaba e inicia un megalómano proyecto teatral, aprovechando una beca, que terminará confundiéndose con su propia existencia, incluyendo pasajes salidos de su subconsciente, apenas tratados con una terapista más bien interesada en su bestseller (Hope Davis). La muerte, el sexo, la paternidad y los remordimientos, formarán parte integral de la obra sin público atrapada en una bodega cual ejemplo de toda la realidad urbana.
Con notable cuadro de actrices de soporte que acompañan al protagónico (Samantha Morton, Emily Watson, Michelle Williams, Dianne Wiest), Kaufman da rienda suelta a su imaginería tanto argumental como visual, desarrollando una expresiva puesta en escena de la propia obra como del film, apenas distinguiendo una de otra como se supondría coexisten en la cabeza del autoindulgente realizador, dejando a Arthur Miller para entregarse de lleno a su locura y a la de quienes lo rodean.
Una película que se inscribe en las que reflexionan sobre la condición artística (8 ½ de Fellini) y que plantea un delicioso y confuso panorama para el espectador, dadas las posibilidades explicativas en simultáneo que brinda emplear una parte para describir el todo (sinécdoque) y por la forma en la que podemos involucrarnos en esta representación dentro de la representación: jugar con el traslape del tiempo y las etapas vitales; con los personajes y los sujetos a quienes escenifican; con la realidad, en suma, que se configura no sólo a partir de hechos sino de las percepciones que éstos detonan.

MEMORIAS FUGITIVAS
Basada en la novela de Anne Michaels y dirigida por el reaparecido realizador canadiense Jeremy Podeswa (Eclipse, 95; Cinco sentidos, 99), también responsable de capítulos de Six Feet Under, The Tudors, Nip/Tuck, Queer as Folk, Rome y Dexter, entre otras, Memorias fugitivas (Fugitive Pieces, Canadá-Grecia, 07) es una mirada a cómo la culpa infantil, más generada que real, acompaña la vida hasta que se le confronta en la etapa adulta, justo en sus propios territorios.
Con una estructura narrativa que combina el presente con un pasado de fuerte intensidad, la cinta consigue involucrarnos con sensibilidad y tono poético en el abrumador conflicto del protagónico (Stephen Dillane): un niño testigo de la destrucción de su familia a manos de los nazis (Robbie Kay) es rescatado por un hombre vuelto tutor (Rade Serbedzija) que lo lleva a Canadá, donde es acechado por las sombras a pesar de la jovialidad de su novia fugaz (Rosamund Pike) y la presencia de los vecinos, un matrimonio judío con un hijo que se vuelve, a su vez, objeto de sus cuidados (Ed Stoppard), sirviendo de puente para conocer a una curadora definitoria en su vida (Ayelet Zurer).
Porque “el misterio de la madera no es que arda, sino que flote”, el fantasma de la hermana pianista y el regreso a donde todo empezó, lo conducirán entre reflexiones propias en off de emotividad liberadora y sensibilidad beethoviana, a enfrentar sus heridas aún supurantes para atreverse a pensar en la trascendencia vía la paternidad, impulsado por la sensualidad mediterránea, y la escritura, aquí como acto de curación indispensable.

BASTARDOS SIN GLORIA: LA PULPA DE LA FICCIÓN

4 diciembre 2009

En la contraparte del rigor histórico de La caída (Hirschbiegel, 04), contundente texto fílmico acerca de los últimos momentos del Tercer Reich, diversas cintas han probado la fórmula del si hubiera… entonces… proponiendo alternativas y cauces distintos a los sucesos históricos en efecto ocurridos. Desde la sátira o la crítica social, estas obras se asumen como ficción sin pretenderse hallazgos que discutan la versión oficial o lecciones de historia a la carta: he ahí la principal cualidad de la película que nos ocupa.
Quentin Tarantino es como esos grandes dribladores que encantan a la tribuna, hacen jugadas de fantasía, convierten el espectáculo masivo en arte pero -siempre hay un pero- suelen hacer una jugada de más: en lugar de dar el pase al eficaz rematador, optan por otro quiebre engolosinados ya con su propio talento y olvidando que el juego lo gana quien anota más goles, no quien juega más bonito. Ojalá siempre se pudieran las dos cosas.
Valga la analogía futbolera para sintetizar lo que sucede con Bastardos sin gloria (Inglourious Basterds, EU-Alemania, 09), la mejor cinta del ex niño terrible del cine norteamericano desde la negrísima Jackie Brown (97) que, sin embargo, pudo haber sido más estimable si el trabajo de edición afilara un poco más las tijeras en beneficio de la cohesión narrativa y del andamiaje de los cinco capítulos que conforman este vengativo deseo histórico.Del impecable primer capítulo, homenaje a Sergio Leone según se ha dicho, conocemos a los bastardos del título, un grupo de judíos norteamericanos matanazis y cortacabelleras, lidereados por Aldo Raine (Brad Pitt), secundado por el temible The Bear Jew (Eli Roth, cómplice del director y responsable de Hostal) y demás Perros de reserva (92) dispuestos a cumplir la cuota impuesta por su quijadón jefe. El nivel se mantiene a lo largo de toda la historia aunque siempre es un problema empezar tan alto.
Como bien apunta Manohla Dargis en su crítica del NY Times (21/08/09), Tarantino resuelve bien los capítulos pero presenta dificultades para integrarlos en un todo secuenciado. En efecto, aunque el filme nunca se siente largo ni cansado, se percibe episódico y no del todo coherente en su narrativa. Quizá a esta sensación contribuye la fallida caricaturización de diversos personajes, incluido un histérico Hitler, con todo y carcajada descompuesta, y la prolongada ausencia de algunos otros con los que se pierde contacto.
Las referencias tarantinescas empiezan y terminan en el cine, para bien y para mal: su indudable cinefilia alcanza para construir brillantes secuencias plagadas de finos detalles tomados de la historia de la cinematografía (pueden verse varias de ellas en la crítica citada, sobre todo en el uso de los nombres), pero que nunca consiguen que el espectador deje de pensar que está viendo una película, lo que no necesariamente significa que no valga la pena verse: uno no siempre va al cine a confundir su realidad con la que se desarrolla en la pantalla.
El sello de la casa está presente: diálogos que parecieran descontextualizados en tono de farsa reflexiva; violencia como recurso de primera mano para conseguir fines; elocuente soundtrack contextual; cámara con firme dinamismo y ubicada en el sitio preciso; golpes de flashback que se entrometen en el presente para dar más sustento a lo que acontece y confrontaciones en torno a una mesa que van subiendo de tono hasta alcanzar un clímax que bien puede ser esperado o no.
Por supuesto que está presente la impecable capacidad para dirigir actores, manifestada sobre todo en los casos del desconocido austriaco Christoph Waltz, quien no tiene problema para robarse la película desde el primer capítulo, disfrutando de la buena leche producida en la ocupada campiña francesa, y de Michael Fassbender, interpretando a un improbable crítico de cine vuelto espía.
La constancia del cine dentro del cine: las dos protagonistas se relacionan directamente con la pantalla, una como actriz (Diane Kruger) y la otra como propietaria (Mélanie Laurent) en cuyo establecimiento se exhibe una película de Leni Riefenstahl, la famosa directora alemana que carga con el peso de propagar el régimen nazi; además, Goebbels (Sylvester Groth) aparece como un insufrible director convirtiendo a un héroe de guerra en estrella fílmica (Daniel Brühl) y el personaje ya mencionado del crítico.
Una dictadura consumida en su propia grandilocuencia fílmica con nitrato inflamable. Lástima: esta película no se basa en hechos reales, sólo es Pulp Fiction (94).

DOCUMENTOS PERSONALES: LA SOBREVIVENCIA DEL RECUERDO

8 agosto 2009

RECORDANDO LA GUERRA
Dirigida por Ari Folman (Santa Clara, 96; Made in Israel, 01), Vals con Bashir (Israel-Francia-Alemania, 08) es un armado de rompecabezas, mediante entrevistas tipo El ciudadano Kane (Welles, 41) con algunos compañeros de aquellos años y otros personajes ficticios, para romper la amnesia protectora acerca de la propia participación como miembro del ejército israelí en la invasión a El Líbano en 1982, así como la presencia en la matanza de palestinos en los campos de Sabra y Chatila (declarada como genocidio), perpetrada por falangistas cristianos (es un decir) libaneses, sin que los israelítas la impidieran, pudiendo hacerlo.
helicópteroEl filme anfibio de originalísima propuesta, se desarrolla a partir de un cruce de géneros –documental, animación, surrealista, histórico- que permite establecer un discurso revelador y particularmente realista: sabemos que nada mejor para conocer la verdad subjetiva que explorar en los sueños y en los recovecos de una memoria que se resiste a desaparecer del todo, como lo muestra el lejano recuerdo de la emergencia del mar junto a otros soldados, entre grises y amarillos de marcado y simbólico contraste.
Con una combinación de técnicas de animación y secuencias finales retomadas de grabaciones televisivas; empleo enfático de los colores según la naturaleza de la pieza narrativa; edición articulada con fundidos y un score que combina música emotiva con ciertos lances rockeros, se edifica un alegato antibelicista no por tardío falto de sinceridad: disparar aunque se siga rezando; penetrar la ciudad con el tanque como si de una violación se tratara; bailar al compás de las balas cual danza macabra; mirar caballos moribundos; recordar la Segunda Guerra Mundial en Stalingrado o acribillar al niño armado con lanzacohetes.mujer lancha
Como sucediera con Persépolis (Satrapi y Paronnaud, 07), el tono autobiográfico bien contextualizado políticamente, se despliega aprovechando las posibilidades de la animación, acá explotadas en el tono pesadillesco del relato, como si de un viaje de LSD se tratara, tal como lo señala uno de los involucrados: persecución canina de venganza jadeante; mujer-bote salvavidas frente a la angustia invasiva; fotogramas de la cámara aislante de la realidad; guerra cual día de campo efímero y el mar como escondite y cómplice en tensa calma.
Folman ha decidido dejar de ser un Soldado anónimo (Mendes, 05) para escarbar en las imágenes en apariencia desechadas pero aún presentes en el inconsciente, liberado usualmente al momento de los sueños. Este documento es parte de una declaración contra la amnesia personal y acaso grupal, necesaria para él y de paso para nosotros: es imprescindible que la guerra no se vuelva parte de la normalidad.pesadilla perros

RECORDANDO LA VIDA
Con retraso pero al fin por estos lares y con el apoyo de Gus Van Sant, Tarnation (EU, 03) es una mirada retrospectiva de la propia existencia que hace Jonathan Caouette (quien aparece en Shortbus, 06), con énfasis particular en la comprensión de su madre psicótica y los orígenes de tal condición, pasando por la revisión de sus etapas vitales, un poco como sucediera con Augusten Burroughs y sus memorias llevadas a la pantalla en Recortes de mi vida (Murphy, 06): infancia caótica entre adopciones y cuidado de los abuelos; definición sexual con los pormenores del caso; aventuras artísticas en el mundo underground, mudanzas definitorias y demás trayectos por la cuerda floja, a veces sin red de contención.
TarnationDesde la apuesta visual, el documental biográfico se articula con declaraciones y cintas recuperadas, así como con imágenes alteradas que intentan dar cuenta de un estado permanente de incertidumbre. Dentro de toda la atropellada ruta vital, se erige la relación madre-hijo como ese vínculo que pese a locuras y corduras, parece imposible de fracturarse, por más electroshocks que se le apliquen.