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LA ENTREGA DEL OSCAR 2016

29 febrero 2016

El ineludible tema de la ausencia de candidatos afroamericanos atravesó, entre broma y broma, la octogésima octava celebración de los premios de la academia estadounidense. El presentador Chris Rock atajó el tema desde el inicio y lo utilizó como hilo conductor en sus intervenciones, buscando conjurar la tensión a través del humor. Pero el tema trascendió a otros territorios relacionados con la igualdad –otras razas, género, diversidad sexual- y a la dolorosa realidad del abuso cometido a niños y jóvenes.

Flojitos los números musicales y varios de los guiones para las presentaciones, así como algunos apuntes que se suponía debían provocar risa y más bien generaban levantamiento de cejas o bostezos reprimidos. El recordatorio de las personalidades fallecidas se dejó acompañar por una versión de Blackbird de The Beatles, cortesía de David Grohl y la población robótica de Star Wars pisó el escenario, no para recibir premio, así como los minions para entregar el predecible Oscar a Intensamente, en uno de los mejores años para la animación.

Estoy de acuerdo con los premios para En primera plana, aunque para haber sido considerada mejor película me parece que merecía más reconocimientos, por ejemplo en dirección y edición. No ubico otro caso en el que la ganadora del Oscar a mejor film solamente hubiera sido premiada con dos estatuillas en total. Queda la extraña decisión de no incluir a Carol y a Beasts of No Nation en las nominaciones, dos de las mejores cintas del año pasado.

Los merecidos reconocimientos para Emmanuel Lubezki por mejor fotografía y a Leonardo DiCaprio por actuación protagónica en El renacido estaban dados de antemano. Disiento del otorgado a González Iñárritu: yo se lo hubiera dado a George Miller por su trabajo orquestal en Mad Maxsobre todo después de todos los premios obtenidos, o a Tom McCarthy por su quirúrgica dirección de En primera plana: no deja de ser curioso que no coincidan director y película, acaso porque lo que priva acá es más ver al cine como industria que como obra de autor.

En este sentido, vale recordar que no estuvieron nominados Spielberg, Scott y Haynes, por mencionar algunos cuyas películas participaron en otras nominaciones. Y por no dejar, recordemos directores que nunca ganaron un Oscar en la categoría correspondiente: Chaplin, Fellini, Hitchcock, Welles, Kubrick, Kurosawa, Lang, Bergman, Tarkovsky, Lubitsch, Hawks, Buñuel…

SORPRESAS A CUENTAGOTAS

Las actrices ganadoras fueron las previstas: Alicia Vikander en papel de reparto por La chica danesa y Brie Larson en el protagónico por La habitación; también se suponía que Mad Max se llevaría los reconocimientos de los dos de sonido y maquillaje y peinados, aunque no era tan claro en vestuario, diseño de producción y edición: de hecho éste último, si valoramos la real importancia que tiene el montaje en el cine, pudiera haber dado pie a que su director pasara a recoger el Oscar en su categoría. Curioso es que algunos de quienes pasaron a recoger los premios parecían sacados de la película misma.

Pocas sorpresas, en efecto: coincido con el reconocimiento a Mark Rylance por su notable trabajo en Puente de espías, no obstante se esperaba que el premio fuera a parar, por criterios más de carácter nostálgico, a Sylvester Stallone; se suponía también que el Oscar a mejor canción iba a entregarse a Lady Gaga –hasta el vicepresidente la presentó- pero acabó en manos de Sam Smith. Fue un error que no se interpretaran todas las canciones: faltó Manta Ray, mi favorita, vocalizada por Anohni (Antony and the Johnson) y Simple Song #3, vocalizada por la soprano coreana Sumi Jo.

Uno de los mejores momentos de la noche fue la entrega del premio por parte de Quincy Jones al gigante musical Ennio Morricone por su regreso al western en Los 8 más odiados; afortunadamente pudo hacer el viaje para recibir su primer galardón, por increíble que parezca: la Academia le había dado un Oscar honorífico en el 2007 a uno de los artistas que han definido la imaginería de la música en el cine. Ex-máquina, por su parte, terminó con el premio a Efectos visuales, aunque también daba para más.

Yo le hubiera dado el premio a What Happened, Mrs. Simone? o a The Look of Silence por mejor documental, pero cumpliendo los pronósticos se lo quedó Amy. El necesario y valiente corto documental A Girl in the River: The Price of Forgiveness, que aborda a través de una joven sobreviviente las muertes “por honor” en Pakistán, resultó premiado con todo y decidido discurso de Sharmeen Obaid Chinoy, una periodista que obtuvo su segundo Oscar, tras haberlo ganado en el 2012 por tratar el tema del castigo con ácido.

El hijo de Saúl respondió a las expectativas y se llevó el reconocimiento a mejor película extranjera y desde Chile llegó Historia de un oso para ganar en la categoría de corto animado. El cortometraje de ficción triunfador fue Stutterer, muy a tono con estos tiempos de relaciones virtuales con sus posibilidades y riesgos. Justo el triunfo en la categoría de guion adaptado para La gran apuesta, con rica abundancia de diálogos y explicaciones didácticas sorpresivas.

Tres estimables películas con algunas nominaciones se fueron en blanco: Carol, Brooklyn y Misión rescate, en parte por la tendencia acaparadora de Mad Max y quizá por que estuvieron ausentes en algunas nominaciones en las que bien pudieron aparecer, en particular la primera. Una entrega de carga política cuyos mensajes, ojalá, trasciendan la alfombra roja y la mera actitud bienpensante de dientes para afuera.

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GENIOS: TABLEROS Y COMPUTADORAS

20 febrero 2016

Un par de biopics que retratan la personalidad de sendos hombres caracterizados por una notable capacidad de anticipación e innovación, sobre todo manifestada en situaciones de fuerte presión contextual. Filmes que intentan mostrar las diferentes dimensiones de sus respectivos sujetos, reconociendo su grandeza intelectual pero también apuntando sus limitaciones para establecer relaciones más o menos equitativas y funcionales.

Con un ego desbordado, propósitos claros y en apariencia inalcanzables, paranoia en diversos niveles y una evidente dificultad para relacionarse con los demás, clasificados en quienes están con ellos o en su contra, sin medias tintas, se trata de genios que revolucionaron sus campos –la informática en casa y el ajedrez como batalla planetaria- y dejaron su impronta para la posterior evolución tanto en el mundo de las TIC´s como del tablero bicolor. Coincide en ambas cintas la presencia secundaria pero vital del actor Michael Stuhlbarg.

FISCHER FRENTE AL TABLERO

Pocos enfrentamientos deportivos, si aceptamos que el ajedrez es un deporte, reflejaron la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética como el que llevaron a cabo Bobby Fischer y Boris Spassky en 1972 en Reikiavik, Islandia. Convertida en espectáculo global con una notable carga política, la disputa dejó para la historia ajedrecística momentos únicos como los conflictos “extra tablero”, las suspicacias de los contendientes, su mutuo respeto combinado con recelo y, sobre todo, la brillante sexta partida que quedó como una de las más sorprendentes que se hayan disputado en los campeonatos mundiales.

Dirigida con corrección y cuidado en la contextualización por Edward Zwick con base en la historia de Steven Knight, La jugada maestra (Pawn Sacrifice, EU, 2014) se centra en la vida del controvertido ajedrecista Bobby Fischer (1943 – 2008), de carácter explosivo, inmaduro e impredecible, reflejado en su único estilo de juego. Como se dejaba ver en La estrategia de Luzhin (Gorris, 2000), basada en la novela La defensa (1929) de Vladimir Nabokov, estamos frente a una personalidad de la que se puede esperar una gran genialidad o una reacción de escasa inteligencia, tanto en la vida como en el tablero de juego.

El filme recorre con soltura e ímpetu narrativo pasajes de su infancia, cuando empezó a obsesionarse con el juego; de su adolescencia, en el momento en el que desarrolla su potencial como brillante e impredecible jugador, con todo y la conflictiva relación con su madre (Robin Weigert) y el apoyo de su hermana (Lily Rabe), y de su caótica trayectoria como profesional, con especial atención en el famoso match en el que disputó el título del mundo.

Bobby FischerCon resolutiva edición tanto visual como auditiva para involucrarnos en el deteriorado equilibrio del protagonista y adecuada integración de segmentos a manera de documental –como en Bobby Fischer Against the World (Garbus, 2011)-, el filme alcanza a plasmar con suficiencia la vida del protagonista, sólidamente interpretado por Toby McGuire, quien alcanza su mejor actuación además de fungir como productor, y de las personas que lo rodearon, desde su primer mentor (Conrad Pla), hasta su amigo sacerdote (Peter Sarsgaard), pasando por el abogado promotor (Michael Stuhlbarg).

Como se advertía en Una mente brillante (Howard, 2001), la paranoia, la intolerancia a la frustración y la ruptura con la realidad van invadiendo la psique del ajedrecista, que llega a dudar de todos -principalmente de los judíos y los comunistas, siendo él judío- y se siente perseguido constantemente por agencias secretas, al punto de abandonar partidas o no asistir a encuentros programados, tal como sucedió cuando perdió el título por abandono frente a Anatoli Kárpov, después del histórico enfrentamiento contra Spassky, también asediado por micrófonos ocultos.

El estadounidense no volvió a jugar una partida oficial y los títulos volvieron a manos de jugadores rusos, incluido el gran maestro Garry Kásparov, quien fue derrotado por la inteligencia artificial (encarnada por la computadora de IBM Deep Blue), como se puede ver en el muy recomendable documental Game Over: Kasparov and the Machine (Jayanti, 2003), hasta que llegó el indio Anand y el noruego Carlsen, actual campeón mundial ya con la federación reunificada, aunque sin los reflectores puestos como ocurrió en el pasado.

JOBS TRAS BAMBALINAS

Dirigida en lógica verbalista por Danny Boyle, Steve Jobs (EU, 2015) es un retrato más íntimo que social y más de pensamientos que de hechos o sucesos espectaculares de un hombre que contribuyó a transformar las tecnologías de la información y la comunicación en relación con los usuarios y la estética de su diseño y funcionalidad: su capacidad visionaria se centraba más en los vínculos entre la persona y sus necesidades que propiamente en los procesos de programación, para lo cual se rodeaba de especialistas en el asunto.

El concienzudo guion de Aaron Sorkin basado en el libro de Walter Isaacson se convierte enSteve Jobs la columna vertebral de una cinta basada en una serie fluidamente articulada de fascinantes diálogos al filo del conflicto y el reproche mutuo que el protagonista, encarnado con plena convicción por Michael Fassbender, sostiene con diversos personajes clave en su trayectoria, entre socios, jefes y colaboradores, interpretados de tú a tú por Jeff Daniels, Seth Rogen y Michael Stuhlbarg, actores que expresan en gestualidad y énfasis la dificultad de vincularse con el genio impredecible.

En todos los casos, la médula de la personalidad de Jobs se muestra justo antes de aparecer ante el gran público. En particular destaca la relación que establece con su fiel asistente y consejera (Kate Winslet en precisa actuación de soporte), a quien a pesar de su egocentrismo no deja de escuchar, con la madre de su hija (Katherine Waterston) y con la propia descendiente, tanto en la etapa de su niñez (Makenzie Moss / Ripley Sobo) como en la adolescencia (Perla Haney-Jardine), con quien paulatinamente va mostrando cierto afecto a pesar de sus limitaciones para este asunto de la inteligencia social.

SPOTLIGHT O CÓMO ALUMBRAR UNA REALIDAD OCULTA

13 febrero 2016

“Al que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí,

mejor le sería que le amarraran al cuello una gran piedra de moler

y que lo hundieran en lo más profundo del mar” (Mateo, 18: 6).

La investigación sobre los abusos sexuales cometidos por algunos sacerdotes católicos y el consecuente encubrimiento por parte de las autoridades tanto civiles como de la arquidiócesis de Boston, fueron la desgarradora materia prima para la investigación desarrollada por un equipo de periodistas pertenecientes al área conocida como Spotlight, ubicada dentro de la estructura del Boston Globe, el periódico más importante de la ciudad y uno de los principales diarios de los Estados Unidos.

El trabajo se hizo acreedor al premio Pulitzer pero, más importante, destapó una red de simulaciones y vínculos perversos entre ciertos miembros de la jerarquía de la Iglesia Católica en la ciudad y otras entidades de poder político y económico, además de resarcir un error cometido años atrás por el propio diario, que al recibir información al respecto no le prestó la debida atención que el caso ameritaba.

Finalmente, la noticia trascendió en otros contextos, como se explicita en los créditos finales, y la crisis de abusos cometidos por curas en contra de niños y jóvenes explotó con fuerza en el seno de la institución, provocando una de las mayores crisis de la Iglesia católica en muchos años, sumándose al paulatino abandono de feligreses que han dejado de obtener respuestas en ella.

Aquí en México, el caso del fundador de los Legionarios de Cristo fue paulatinamente destapado gracias al valor de algunas víctimas y al trabajo de periodistas comprometidos, a pesar de las resistencias y obstáculos puestos no solo por poderosos grupos de la jerarquía eclesial, sino también del empresariado y del propio gobierno: la ropa sucia no se lava en casa, más bien debe ventilarse entre los aires de la justicia y la legalidad.

Desafortunadamente, este sonado suceso no es el único ni ha quedado en el pasado, como se advierte en Agnus Dei, cordero de Dios (Sánchez, 2011), por ejemplo. Es una tragedia que sigan apareciendo depredadores sexuales en otros sitios del país y del mundo, protegidos por algunos superiores, que usan la sotana como disfraz para destruir vidas inocentes, al tiempo que otros muchos curas, trabajan comprometida y afanosamente por llevar el mensaje de Jesús a los corazones de la gente que los rodea.

LA FUERZA DEL PERIODISMO DE INVESTIGACIÓN

Tom McCarthy cuenta con una sólida filmografía conformada por Descubriendo la amistad (The Station Agent, 2003), El visitante (2007) y Ganar ganar (2011), además de coescribir Up (Docter y otros, 2009). Después del bajón que representó Zapatero a tus zapatos (The Cobbler, 2014), coescribió y dirigió la obra maestra En primera plana (Spotlight, EU, 2015), sobre la importancia del papel de la prensa como agente de investigación enfocada a develar el funcionamiento de las estructuras sociales y sus relaciones, más que a los individuos, siempre intercambiables o susceptibles de ser archivados en el olvido contextual o removidos, solo para repetir esquemas delictivos.

Corre el año 2001, un poco antes del 11 de septiembre en una de las ciudades con más influencia católica de los Estados Unidos. A la llegada del nuevo editor en jefe Marty Baron (Liev Schreiber), un judío de sobriedad absoluta recién desempacado de Miami, el autogestivo equipo de investigación recibe la sugerencia de darle seguimiento a un caso controvertido que involucra a un sacerdote acusado de abuso infantil y al cardenal Bernard Law (Len Cariou) como encubridor.

SPOTLIGHTPrimero con cierta resistencia por sentir la imposición de la autoridad y después con absoluto convencimiento al percatarse del tamaño del caso y de sus funestas consecuencias sociales a lo largo de los años, el jefe del grupo Walter “Robby” Robinson (Michael Keaton, matizado y ya de regreso), coordina y participa en el proceso de búsqueda de información con el apoyo del editor Ben Bradlee Jr (John Slattery, fuera del glamour de Mad Men).

La historia se enfoca en los procesos de indagación que despliegan los diferentes periodistas con sus particulares estilos, manteniendo difíciles encuentros con personajes que van de las víctimas a los ambiguos abogados (Billy Crudup, Jamey Sheridan) y algún siniestro mediador (Paul Guilfoyle), hasta algún sacerdote en retiro encarnando la banalidad del mal, ya en un estado de absoluta inconsciencia colocando el abuso en el terreno de la normalidad.

El equipo está integrado por Michael Rezendes (Mark Ruffalo, solitariamente intenso), tomando el proyecto como una misión y enfocado a involucrar al abogado clave Mitchell Garabedian (Stanley Tucci), defensor de las víctimas; por la católica y sensible Sacha Pfeiffer (Rachel McAdams), quien escucha a los abusados mientras da la mala noticia a su creyente abuela y por Matt Carroll (Brian d’Arcy James), sintiendo cercana la presencia del mal. Tres reporteros con vocación para encontrar la verdad y convencidos de la trascendencia de su labor.

Dirigida con un brillante sentido narrativo que consigue equilibrar el tono del discurso para evitar triunfalismos innecesarios o hacer leña de los árboles caídos, el filme tiene un sustento verbalista que gracias al notable guion y a una concienzuda edición, consigue hacer inteligible un proceso de investigación complejo que involucra muchos nombres, sucesos y vinculaciones que inician desde el prólogo mismo, en el que se plantea el enfoque y la perspectiva del argumento.

La sobriedad de la puesta en escena y de las mismas actuaciones, deja el protagonismo absoluto al desarrollo de los eventos, acompañados por un score enfático de Howard Shore, en los que la verdad busca abrirse paso, entre puntos luminosos alumbrantes de una realidad atrapada en las cloacas de la sociedad bostoniana, funcionando razonablemente bien en la superficie pero con unas heridas morales que aun no cicatrizan, justamente por mantenerlas ocultas.

PRESENTACIONES DE LA SEMANA

6 febrero 2016

Los próximos días estarán acompañados por diversos conciertos en nuestro país, como para abrir boca en un año que suena, literalmente, prometedor.

FOALS

Este quinteto de Oxford debutó con Antidotes (2008), solvente obra en la que se combinaba energía rockera con pasajes cercanos al llamado postrock, siguiendo la estela de Radiohead; con Hummer y Mathletics como cartas de referencia, el álbum llamó poderosamente la atención más allá de la isla. Total Life Forever (2010), su segunda entrega, es un disco de contrastes, para bien y para mal: por momentos parecen caer en ciertos esquemas facilones y en otros logran retomar y nutrir el camino andado en su debut, logrando que el recuento final sea favorable.

En Holy Fire (2013) quedó claramente puesta la mira en los grandes escenarios, como si de un ritual masivo se tratara en pos de recuperar el poder del fuego, en algún momento robado por los humanos. Esta vertiente se confirmó con What Went Down (2015), obra de equilibrada consistencia que denota ya el dominio de un sello tanto musical como letrístico y que quizá servirá de punto de inflexión para los discos por venir. Mientras tanto, a llenar estadios y recintos como antídoto para la inmediatez, manteniendo encendido el fuego sagrado a pesar de las descensos.

NOEL GALLAGHER: VIDA DESPUÉS DEL OASIS

La historia es común, desafortunadamente: hijo de familia rota con padre alcohólico que gustaba de golpear a sus vástagos; adolescente problema expulsado de la escuela y metido en líos con la policía. Pero por fortuna apareció el gusto por el rock y el descubrimiento de un talento notable para la composición y la guitarra. Acompañó a Inspiral Carpets en un tour a principios de los noventa y después entró a la banda que había formado su hermano menor.

Una vez finiquitada la asociación carnal tan conflictiva como intensa cuyo campo de batalla fue uno de los grupos esenciales de los primeros años de los noventa, el guitarrista oriundo de Manchester decidió a tiempo –los últimos discos de Oasis palidecían en contraste con los primeros- conformar su propia banda con Mike Rowe, tecladista de Oasis; Jeremy Stacy, baterista de Lemon Trees y el percusionista Lenny Castro. La parvada estaba completa.

El esfuerzo alcanzado se llamó, para mayores señas de identidad, Noel Gallagher´s High Flying Byrds (2011), colección de canciones que recuerdan los buenos años compositivos, combinando elusivas melodías con sólido arsenal instrumental, todavía en la robusta tradición del rock inglés de finales de los ochenta y principios de los noventa. En Chasing Yesterday (2015), su brillante segundo álbum, levantan el vuelo en total confianza, desplegando con solvencia una fluida persecución por tiempos pasados acaso para alcanzar y conservar la tan deseada inspiración.

MUMFORD & SONS

Los elementos estaban ahí: el folk británico, un poco de bluegrass y la vertiente épica del pop. En Londres, Marcus Mumford, Winston Marshall, Ben Lovett y Ted Dwan, formaron un grupo que combinó estos componentes con tino orgánico y presentó Sigh No More (2009), su álbum debut, cuidadosamente producido para los grandes públicos y con momentos de emoción contagiante, como se advierte en I Gave You All.

Babel (2012) continuó con la misma lógica de integrar lenguas y estilos, con todo y la invitación al maestro Paul Simon, en un funcional empaquetado que conservó el nivel alcanzado por su predecesor, si bien sin mostrar evolución o búsqueda, que sí apareció en Wilder Mind (2015) pero sin encontrar una ampliación de horizontes: en contraste, el álbum pareció una mella en la identidad ganada y, como dijo buena parte de la crítica, ahora en lugar de que muchos grupos los intentaran imitar, ellos resultaron ser los copiones.

PATRICK WATSON: EL PARAÍSO ESTÁ EN EL PATIO TRASERO

Californiano de nacimiento cuando terminaba la década de los setenta y quebequense por adopción, este compositor y cantante que gusta del pop orquestal, empezó como niño de coro para después estudiar composición y piano. Ya como bachiller formó parte de Gangster Politics, una banda juvenil de ska, y exploró otros territorios musicales vinculados con la electrónica y la experimentación, que dio como resultado el álbum Waterproof9 (2001), que sirvió de acompañamiento musical a un libro de fotos.

Finalmente, se animó a dar el salto e integró un grupo de apoyo formado por cuatro colegas con los que había compartido sonidos anteriormente. El primer fruto fue Just Another Day (2003), álbum que parecía ser una aproximación inicial para ir construyendo un estilo propio que muy pronto se configuró con mayor claridad en el emotivo Close To Paradise (2006), insuflado con una estética de cantautor pero con minuciosos detalles de relojería cercanos al Badly Drown Boy de su disco debut.

Vendrían posteriormente Wooden Arms (2009), con todo y el homenaje al famoso libro de Maurice Sendak y el reconocible Adventures in Your Own Backyard (2012), justo para recordarnos que las emociones más intensas pueden estar esperando en la parte trasera de la casa, donde solemos amontonar lo inservible, incluyendo sentimientos atrofiados. Love Songs for Robots (2015) recupera la anterior tendencia hacia el ambient y propone una especie de soundtrack para que nuestros amigos de hojalata no se sientan solos.