Posts Tagged ‘Comedia criminal’

COLECTIVOS EN LA FRONTERA DE LA LEY

19 julio 2016

Un par de películas corales que prometían una cuota saludable de entretenimiento se quedaron a medio camino de la aventura criminal y del truco de magia eficaz, en particular por la forma de entretejer los respectivos argumentos y acaso confiando demasiado en el carisma de sus protagonistas, de pronto atrapados en diálogos y situaciones poco imaginativas o insertadas de forma caprichosa, evidenciando un apresurado trabajo de edición.

VILLANOS DOMESTICADOS

A finales de los cincuenta apareció el primer escuadrón suicida en el universo DC, conformado por un grupo de soldados desobedientes en el contexto de la II Guerra mundial. El segundo fue creado en los ochenta por John Ostrander, cuando la guerra fría seguía presente pero empezaba a dar signos de derretimiento. Estaba conformado por un grupo de villanos con poderes que aceptaban trabajar para el gobierno, medio a fuerza, a cambio de la reducción de sus condenas. Todos estaban controlados con un explosivo insertado que detonaría en caso de cualquier viso de rebeldía.

Con esta idea de base, David Ayer, quien había mostrado mayor intuición y enfoque en Tiempo para morir (2005) y Último turno (2012), escribió y dirigió Escuadrón suicida (Suicide Squad, EU, 2016) como parte de este nuevo intento de DC Comics por levantar cabeza en el traslado de sus historietas al cine, que no ha sido todo lo superpoderoso que su pudiera esperar. Y la tendencia parece continuar. Lejos siguen estando sus esfuerzos del nivel alcanzado por Tim Burton y Christopher Nolan en sus respectivas recreaciones de Batman.

La premisa de juntar a un enloquecido grupo de supervillanos con su corazoncito bien puesto en el fondo de sus anhelos, sonaba atractiva y con gran potencial de entretenimiento, pero al final del día la película falla en su conjunto, aunque de pronto pueda ser rescatada por algunos lances individuales, como si de una selección deportiva se tratara, llena de estrellas pero sin una estrategia colectiva más o menos vistosa y funcional para desempeñarse en el terreno de juego. La lucidora selección musical no alcanza a ocultar esta ausencia de imaginación para el tejido fino, sí observada en Guardianes de la galaxia (Gunn, 2014), por poner un ejemplo propio del género.

El problema central radica en la estructura del guion. Como bien apunta el especialista MaxSuicide Squad Cuevas, a la historia le falta desarrollo porque no hay un segundo acto distinguible y nos saltamos de un par de presentaciones poco imaginativas de los personajes, a la batalla contra la brujita contorsionista metida en el cuerpo de una arqueóloga (Cara Delevingne), su hermano obediente y las personas transformadas en un ejército sin rostro que va muriendo como si estuviéramos en un repetitivo videojuego sin niveles.

A los intentos más o menos interesantes por trazar la psicología de los personajes utilizando flashbacks o adentrándose en el mundo de sus deseos, que de pronto se contradicen entre las expectativas de vida y las motivaciones presentes, se presenta una historia secundaria que se mete con calzador, dando la sensación que ni picha, ni cacha ni deja batear: es el guasón haciendo sus locuras y rescatando/usando a la protagonista como carne de cañón, amante maldita o lo que se ofrezca en el momento. No ayudan la falta de picardía propia de criminales de este tipo y la extraña conversión de los malosos tratándose como si fueran una familia, lugar común que no cabe en este tipo de historias.

El cuadro actoral cumple en la medida que el corte final lo permitió. Viola Davis le da el necesario toque de insensibilidad y control a Amanda Waller; Will Smith hace lo propio con Deadshot, entre la fanfarronería y la empatía; Margot Robbie consigue equilibrar desquiciada candidez con agresividad espontánea para darle vida a Harley Quinn, pasando del ejercicio de la psiquiatría al sueño de darle de desayunar a los hijos en bata y tubos, mientras despide al marido proveedor, un Jared Leto que encuentra el filón adecuado para distinguirse de los ilustres intérpretes previos del Guasón, a pesar de las limitaciones del guion y los tijeretazos de la postproducción.

El resto del reparto hace lo que puede y las secuencias de acción más logradas son las que dan rienda a suelta a las habilidades de cada uno de los integrantes, liderados por el rudo primero y enamoradizo después Rick Flag (Joel Kinnaman), en conjunto con la implacable Katana (Karen Fukuhara), y complementado por un sufriente Diablo (Jay Hernandez), con todo y el guiño a los latinos; el desenfadado Boomerang (Jai Courtney); Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje), con su bienvenida cuota de humor y otro villano que no nos fue presentado y se quiso pasar de vivo a las primeras de cambio.

MAGOS SIN CHISPA

Escrita por Ed Solomon y dirigida por Jon M. Chu (G. I. Joe: El contraataque, 2013), Los ilusionistas 2 (Now You See Me 2, EU-China-GB-Canadá, 2016) solo se sostiene por ciertas secuencias de creativo engaño colectivo y algunas de habilidad individual que parecen atrapadas en una historia cual truco de magia gastado y ejecutado con trampas evidentes, incluyendo un villano resentido (Daniel Radcliffe) que los obliga a robar un dispositivo que permita ingresar a todos los sistemas de información del mundo.

Más que un filme, pareciera un conjunto de actos de prestidigitación atractivos con intermedios innecesarios, mostrando problemas de fluidez narrativa, que no abonan al interés sobre los personajes ni a la admiración hacia la forma de resolver las situaciones en las que se meten los cuatro jinetes, de protagonismo un cuanto tanto disminuido (ahora hasta el gemelo de Woody Harrelson es más divertido), ahora con la bienvenida inclusión de Lizzy Caplan y rodeados por la siempre agradecible presencia de Michael Cane, Morgan Freeman y Mark Ruffalo.

 

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ESCÁNDALO AMERICANO: FUERA PEINADOS

30 enero 2014

Hace algunos años, las estafas se intentaban hacer más con triquiñuelas que a punta de balazos, más con engaños cuidadosamente orquestados que con amenazantes y burdas peticiones de derecho de piso y la conocida disyuntiva de plomo o plata: no es que estuvieran bien las primeras, desde luego, pero la pérdida de la inocencia de las sociedades contemporáneas también se refleja hasta en las formas delincuenciales. Permanece, eso sí, la ambición desmedida como motivadora perversa y el abuso para aprovecharse de quienes se encuentran en una posición vulnerable, ya sea económica, afectiva o social.
Dirigida y coescrita en tono de comedia criminal por el neoyorquino David O. Russell (Secretos íntimos, 1994; Tentados por el desastre, 1996; Tres reyes, 1999; Yo amo a Huckabees, 2004), nuevo consentido de la academia estadounidense como se puede advertir en las nominaciones obtenidas por sus tres más recientes filmes (El peleador, 2010; Juegos del destino, 2012 y la que nos ocupa), Escándalo americano (American Hustle, EU, 2013) retoma parcialmente el curioso operativo ABSCAM, a través del cual se detuvo a políticos que aceptaban sobornos de intermediarios de un falso jeque árabe.
En nuestro país, además, creamos otras modalidades (moches) con la variedad de que solo intervienen políticos pero usando nuestro dinero, faltaba más. Por lo menos nos dejan agradecerles todo lo que hacen por nosotros, como lo recalcan en su genial promocional que se transmite a todas horas.
Irving Rosenfeld (Christian Bale, irreconocible y brillante otra vez) es un estafador desde la infancia, cuando rompía cristales para ayudar al negocio de su padre; ahora cuenta con tintorerías fachada para vender arte falso y engañar a incautos con inversiones inexistentes, actividad que se potencia cuando conoce y se enamora de Sydney Prosser (Amy Adams, imparable), una mujer que trabajó en Cosmopolitan y a la que se la da muy bien la seducción como forma de vida. El gusto compartido por Jeep´s Blues del gran Duke Ellington, terminó de convencer a ambos para aventurarse en una nueva relación.Escándalo americano
Pronto se hacen amantes a pesar del descubrimiento de que él está casado con una mujer vulgarmente simple en apariencia(Jennifer Lawrence), pero que también sabe de manipulación aprovechando sus encantos y la responsabilidad asumida para con su hijo. Los nuevos socios empiezan a hacerse ricos con el cuento de unos comtactos en Londres, hasta que los descubre Sideny Prosser(Bradley Cooper, enloquecidamente primario), un agente del FBI quien decide usarlos, no obstante las reticencias de su jefe (Louis C. K.), para atrapar a peces más gordos como Carmine Polito (Jeremy Renner), el bienintencionado alcalde de Nueva Jersey (inspirado en Angelo Errichetti), que busca la manera de beneficiar a su estado, incluyendo la rehabilitación de Atlantic City (recordar la serie Boardwalk Empire).

PORQUE PARECE MENTIRA…
El argumento va desplegándose a partir de una serie de enredos que vinculan a estos personajes, más algunos otros, a través de reuniones, fiestas, depósitos y lo que se programe, hasta llegar a ciertos callejones sin salida que provocan la develación de los engaños, generados por todos y simulados al punto de ya no saber dónde o cuándo empezó el conflicto central y la forma de resolverlo; como diría el maestro Daniel Sada a través del título de una de sus grandes novelas: “Porque parece mentira, la verdad nunca se sabe”. Cierto es que por momentos la historia parece avanzar en círculos y regodearse demasiado en sí misma, acaso extrañando una edición más puntual.
Estamos frente a una película de personajes en constante proceso de reconstrucción, navegando entre el patetismo y la brillantez, entre el absurdo y el drama, entre la simulación y la explosión genuina de sentimientos: para cada uno hay un momento de presentación y de consolidación, en buena medida gracias a la narración en off. Un siniestro mafioso que entra y sale de las sombras (Robert de Niro, en pleno Casino); un policía mexicano disfrazado (Michael Peña); un jefe que olfatea la buena imagen (Alessandro Nivola); un guardaespaldas que aprovecha la coyuntura (Jack Huston) y una esposa siempre al pie del cañón (Elisabeth Röhm): hombres y mujeres que van y vienen por este laberinto de avaricia.
También es una película de cabelleras masculinas que reflejan un contraste entre la apariencia y el fondo: el bisoñé de complicado acomodo, los rizos cuidadosamente confeccionados, el copetón que se mantiene intacto y el relamido al que no se le mueve ni un pelo. Los escotados arreglos femeninos, por su parte, refuerzan la presentación de una época ambientada y recreada en vestuarios lo suficientemente estrafalarios para que no quede duda, además de las decoraciones y la utilería fugazmente iluminadas y contrastadas por una combinación de colores en función del momento narrativo de la historia.
No podía faltar el baile discotequero para sentir el amor en primera persona (Donna Summer) y las secuencias que se acompañan de canciones arquetípicas de aquellos años, en especial cuando se sugiere decirle adiós al camino de ladrillo amarillo (Elton John) o seguir el largo camino negro (ELO); vivir y dejar morir (Wings) o convertirse en un caballo sin nombre (America); Tom Jones, Bee Gees y Jack Jones, entre otros, hacen el resto. Russell opta por mantenerse en el tono satírico y desarrollar toda su historia a través de una lógica narrativa inclinada a la farsa. Todo fuera como un esmalte de uñas olvidado en el coche.

IRREVERENCIAS

4 noviembre 2012

Ya sea recurriendo al humor negro o a la comedia con tintes escatológicos, a continuación algunos filmes que intentan, con más o menos fortuna, desafiar ciertos estereotipos y proponer recorridos argumentales que escapen de las estructuras de género convencionales, aunque apoyándose en definitiva sobre ellos.

JUSTICIA ALTERNATIVA
Dirigida por John Michael McDonagh en el tono justo de la pareja dispareja, El guardia (Irlanda, 11) es una inteligente puesta en escena que combina con equilibrio el humor negro, el thriller detectivesco y la construcción de los dos personajes en cuestión, estupendamente interpretados por Brendan Gleeson, como un desenfadado policía irlandés y Don Cheadle, como un correcto agente del FBI enviado a resolver un caso que va tomando dimensiones mayores: el choque cultural y de perspectivas acerca de la vida se establece de manera ingeniosa, sin caer en caricaturas pero tampoco sin pretender recetarnos las grandes verdades.
Casi sin proponérselo, el filme acaba resultando más profundo y evocativo que lo que parecería en una primera instancia. Además, la forma en la que ambos protagonistas van construyendo su relación, en un inicio sumamente ríspida, se percibe de manera creíble y sentida, sin obviar los destellos de humor no como viñetas, sino como elementos sustantivos del desarrollo argumental. Los criminales hacen su parte para redondear este film que pasó inadvertido por las carteleras comerciales y que resulta mejor que la mayoría de los que se exhiben con bombo y platillo.

DEJANDO LA ADOLESCENCIA
Con base en una premisa ya explorada pero llevada a un terreno diferente –la relación de un hombre con un juguete de la infancia que cobra vida- Seth McCarflane escribe, dirige y pone la voz al protagonista de Ted (EU, 12), historia que el creador de The Cleveland Show y Padre de familia centra en la relación de un tipo común de esos que no acaban de crecer son su inseparable amigo, un oso de peluche que cobró vida desde la infancia solitaria y que ahora se ha convertido en un absorbente adolescente perpetuo: en medio, la novia del primero y un amenazante tipo que junto con su hijo buscan apoderarse del mágico plantígrado.
El humor negro funciona por momentos dentro de una estructura argumental que termina por ser demasiado esquemática y previsible, aunque cabe resaltar que ciertos apuntes y secuencias alcanzan un nivel de carcajada, así como algunos diálogos y parodias asumidas e impuestas de personajes de la cultura pop: ahí está Flash en papel preponderante. No hay duda que quien se roba la película, frente a interpretaciones más bien rutinarias, es el intenso oso que entre broma y broma, también sabe querer.
De ahí en más, no parecen aprovecharse del todo algunas rutas como la fuerza de la amistad, la adolescencia a perpetuidad o la incapacidad para comprometerse que tanto padecen los treintones de ahora; tampoco se corrieron riesgos más allá en términos del desenlace de la historia. Vale advertir que no es una película para niños, aunque la cara del osito por momentos parezca tierna: conviene acordarse de Lotso, el púrpura oso pixariano inspirado en el Orson Welles de Sed de mal (58) o del castor que se posesionó de la mano de Mel Gibson en Mi otro yo (Foster, 11).
Por su parte, Un niñero sinvergüenza (The Sitter, EU, 11) es una comedia irregular que bebe de las cintas en las que dentro de una noche sucede todo lo que no pasaba en años; apenas con algunos destellos sobre todo cortesía de Jonah Hill, el director David Gordon Green, quien encontró mejor puntería en Piña Express (08), nos lleva por esta premeditadamente inverosímil trayectoria de crecimiento emocional de un bueno para nada entre niños contrastantes, padres descuidados y malosos de caricatura: ninguno de ellos lo suficientemente memorable como para escribir a casa.

POESÍA AL MARGEN
Con la columna vertebral del poema que le da título, Juicio escandaloso: Howl (EU, 10) combina un poco de pietaje con animaciones y recrea una entrevista con el personaje, el juicio y algunos pasajes de su vida. En efecto, la lectura del mítico poema va sirviendo como una especie de hilo conductor de este film dirigido por la dupla Epstein/Friedman que resulta más descriptivo que analítico, sobre todo en términos de intentar recuperar el alma de Allen Ginsberg, figura emblemática de la contracultura, y de capturar el espíritu de una época. Eso sí, puede servir a manera de introducción al mundo Beat y sus secuelas.

HERMANDAD CONTRASTANTE
Dirigida por el también actor Tim Blake Nelson buscando los contrastes que se dan en las familias, Gemelos opuestos (Leaves of Grass, 09) es una comedia negra que coloca en situación de complicidad forzada a dos hermanos idénticos interpretados con los matices del caso por Edward Norton: uno es profesor de filosofía mientras que el otro es un pequeño productor de mariguana metido en probelmas. Con una mezcla de comedia familiar y criminal, así como de las relaciones que se pueden establecer entre las drogas y el pensamiento filosófico, la película tarda en encontrar su enfoque, quizá ubicándolo cuando ya es demasiado tarde.

DUPLICIDAD: JUEGO DE ESPEJOS

30 mayo 2009

Una vez más las empresas y sus tácticas sospechosas para competir en el mercado, se colocan al centro de un film, como sucediera recientemente con Agente internacional (Tykwer,09); nada más que ahora el tono es de estilizada comedia criminal de vuelta de tuerca constante, al más puro estilo de David Mamet, en el que igual cabe la sofisticación que los cerebrales golpes bajos, en lugar de la bien representada lucha cuerpo a cuerpo entre los mandamases de los emporios rivales, interpretados con placer por dos grandes: Paul Giamatti y Tom Wilkinson.
Dirigida por Tony Gilroy, responsable de la espléndida Michael Clayton (07), en la que ya se inmiscuía en las cloacas de las corporaciones, Duplicidad (EU-Alemania, 09) es un juego en el que seguimos los encuentros/desencuentros de dos espías (Julia Roberts y Clive Owen, aligerando la química ya evidente en Closer) en apariencia rivales con larga historia que contar, desmenuzada a partir de flashbacks explicativos que permiten ir armando el rompecabezas del presente, donde trabajan en las dichas empresas antagónicas, uno de cada lado aunque respondiendo al bando contrario, un poco como en Héroes infernales (Law y Mak, 02) e Infiltrados (Scorsese, 06).Duplicidad
Con la ligereza que la intención del film requería, el guión se va retorciendo entre locaciones múltiples, lucidores recursos visuales y hasta cierta tensión enfatizada en la secuencia de la fotocopia clandestina. La segmentación de la narrativa funciona para darle un toque de suspenso y de necesaria confusión a los diversos sucesos, poco a poco esclareciéndose justo a tiempo para algunos y demasiado tarde para otros. Un entretenimiento en serio.

Publicado en el periódico a.m. el viernes 29 de mayo del 2009