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RUSIA 2018: DÍA UNO

16 junio 2018

Una inauguración sencilla, breve, lo suficientemente colorida y poco autóctona, quizá apostando más a gustos globalizados. Un niño conduce la pelota con habilidad por calles y parques, mientras suena Tchaikovsky, por supuesto, interpretado por Yuri Bashmet (violín) y Danil Triifonov (piano) en una plataforma flotante por el río de Moscú. Dentro del estadio, el arquero español Íker Casillas y la modelo Natalia Vodionova llevan la Copa bien guardada en el cofre del tesoro diseñado por Vuitton, ante el majestuoso estadio olímpico Luzhniki.

Aparece el brasileño Ronaldo en el campo con un niño y lo deja con Robbie Williams, quien jugó a la segura (Let Me Entertein You, Feel y Angels en el repertorio) y alternó con la soprano Aida Garifullina cual joven ave en llamas. Por ahí deambulaba Zabivaka, la mascota del torneo y Victoria Lopireva, la embajadora del mundial, que entregó el Telstar 18, balón oficial manufacturado por Adidas. Pronto llegaron los discursos: la gente en el estadio, hasta donde se alcanzó a percibir, respetuosa. Gianni Infantino mostrando habilidades que ya quisieran nuestros candidatos y Vladimir Putin en tono conciliador y mandando el mensaje esperado: ya en ese plan de buena onda hubiera invitado a las Pussy Riot para aventarse un palomazo y dejar atrás las diferencias.

Por su parte, las marcas comerciales involucradas aprovechan para generar presencia, con las consecuentes críticas hacia los daños de la comercialización del fútbol, por supeditar lo deportivo a lo mercadológico. Las banderas de los equipos desplegadas en forma circular abren espacio anímico para la entrada a la cancha de los equipos junto con los niños ya vueltos tradición, entre los que se encontraba una pequeña en silla de ruedas. Suenan los himnos correspondientes y, tras cuatro años de espera, suena el silbatazo inicial cuyos ecos durarán un mes en el que se reconfigura la vida cotidiana.

LA FORTUNA DEL ANFITRIÓN

Enfrentar al equipo más débil del grupo en el partido inaugural es un evento afortunado en todos sentidos: las posibilidades de ganar son altas; el nerviosismo disminuye dadas las limitaciones del conjunto de enfrente y se puede ganar muy pronto en confianza para los siguientes encuentros. El partido arrancó con la esperada aceleración descontrolada, sobre todo por parte de los árabes, mostrando desde el inicio más enjundia y destellos que consistencia, a diferencia de unos rusos esquemáticos e inflexibles pero insistentes, buscando paliar sus carencias con la técnica del amontonamiento.

Muy pronto llegó el primer tanto en remate de cabeza de Gazinsky, tranquilizando ímpetus rivales y ansiedades propias; los de casa lucían dominadores sin desplegar un gran juego, quizá también porque el equipo de oriente próximo mostraba poco. Transcurrieron los minutos sin demasiadas emociones hasta que cerca del final de la primera parte, el jugador del Villarreal Cheryshev, que entró de cambio por la lesión de Dzagoev, anotó el segundo gol después de una gran jugada en miniatura, dejando a dos defensores patinando hasta el infinito: un duro golpe anímico para los de Pizzi, dado que no se veía tan lejana la posibilidad del empate.

En los primeros minutos de la segunda mitad, los llamados espectacularmente HalconesRusia Arabia verdes del desierto, intentaron levantar el vuelo pero sus propias carencias impidieron que generaran amenazas, ante un cuadro ruso demasiado acomodaticio y poco ambicioso; incluso tuvieron una oportunidad, la única en todo el juego, aprovechando la pasividad del anfitrión ya reclamada por el respetable. La entrada de Dzyuba, como salido la novela El hielo de Vladimir Sorokin, le dio fuerza al ataque con resultados concretos: este gigante anotó el tercero con testarazo bien colocado, seguido de una celebración digna de ser tomada en cuenta por el universo Marvel.

Ya con tres de ventaja el partido estaba puesto en hibernación siberiana, si bien hacia el final el propio Cheryshev volvió a lucirse con soberbio disparo cerca del ángulo lanzado con parte externa y Golovin, el motor creativo del equipo, sentenció la velada con la quinta anotación en impecable tiro libre. Cambios oportunos por parte del técnico ruso Stanislav Cherchesov, duramente cuestionado incluso desde altas esferas gubernamentales, acompañados de un paulatino derrumbamiento del equipo peninsular que en los últimos mintuos, como si se tratara de un guion triunfalista para el local, no resistió el embate de brillantez que se extrañó durante largos lapsos.

El experimentado y teatral árbitro argentino Pitana no tuvo ninguna dificultad durante el desarrollo de las acciones y solo hacia el final del partido amonestó con justeza a un jugador por bando; no fue necesaria la intervención del VAR, por lo que tendremos que esperar para ver cómo funciona una de las intervenciones más discutidas en el ámbito futbolero. Mientras que en la tribuna, el príncipe treintañero de Arabia Saudita Mohammed bin Salman y Putin intercambiaban comentarios mediados por Infantino: entre goles, gaseoductos y pozos petroleros te veas.

El reino saudí, justo por la influencia del hijo del rey Salman, ha flexibilizado ciertas políticas absurdas y primitivas que todavía persisten en algunas regiones del mundo: ahora las mujeres ya pueden conducir un automóvil y asistir a los estadios de fútbol, aunque en tribunas separadas. Por su parte, el gobierno ruso, con esa extraña mezcla de totalitarismo y democracia muy controlada, mantiene la censura en ciertas áreas de la vida social, libertad de expresión incluida. Ojalá este tipo de encuentros sirva también para erradicar la discriminación en todas las naciones del planeta y abrir canales de libertad en la vida pública.

 

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RUSIA 2018: DÍA CERO

13 junio 2018

Llega el esperado remanso de cada cuatro años que suspende o al menos trastoca la cotidianidad, ofrece posibilidades emocionales distintas a las que estamos acostumbrados y altera la rutina de propios y extraños, cercanos y lejanos. Es la vigésimo primera copa mundial de fútbol que por primera ve se llevará a cabo en Europa del este, más allá de los regímenes gubernamentales comunes en los que se ha realizado, si bien Rusia, como sabemos, es una particular mezcla democrática y semi presidencialista que sigue manteniendo la tendencia de tener la figura de un hombre fuerte, como sucedió en la época comunista.

Para quienes somos aficionados habituales de este deporte (no solo de las ligas mainstream, sino incluso de los surrealismos de la MX y la liga de ascenso sin ascenso), esta justa deportiva representa una muy disfrutable continuidad del disfrute ahora casi diario, pero escalado a la máxima potencia; para seguidores ocasionales, significa una buena opción de acercarse a pasiones exploradas de vez en cuando y para indiferentes, una buena alternativa que ayuda a ejercer la tolerancia desde el rincón de la sala de televisión, soltando comentarios que por respeto o distracción nadie va a cuestionar, acaso contestados con un distraído “ajá” mientras se atiende lo importante: léase el tiro de esquina en turno.

Por lo que respecta a detractores y apocalípticos, también el Mundial es un momento en el que pueden ejercer su ancestral crítica despiadada, siempre escuchada aunque no necesariamente compartida: opio del pueblo casi al nivel religioso; pan y circo para que no den lata los obtusos pueblerinos, buenos cuando conviene; distractor de los problemas sociales verdaderamente importantes; enajenación subliminal que compra intelectuales y, en nuestro caso, cortina de humo para el proceso electoral, aunque contamos con la ventaja de que el candidato de la izquierda, cualquier cosa que eso signifique con todo y el PES a cuestas, cabalga sin problema rumbo a la silla presidencial para resolver todos nuestros asuntos a partir de eliminar la corrupción.

Rusia 2018Podemos sentarnos a ver los partidos sin el cargo de conciencia de estar siendo manipulados por fuerzas perversas que nos distraen para que votemos por los de siempre: por esta ocasión, los maquiavélicos que nos engañan están, al parecer, del lado correcto de la Historia, con mayúsculas. En realidad no hacía mucha falta: los otros candidatos van dando pena ajena, por méritos propios o sus antecedentes, y se han dedicado a dejar la puerta abierta para que por fin se premie la insistencia, aunque no haya mucho que ofrecer en términos reales y que las promesas de una nueva sucursal del paraíso estén en la boca de todos. Mientras que la elección en nuestro país parece estar decidida, casi como el Alemania – México (espero estar equivocado), la justa deportiva más vista en el planeta está por comenzar.

PRESENCIAS Y AUSENCIAS

En la competencia participaron 210 naciones y tras una larguísima eliminatoria, alcanzaron su lugar los 32 cuadros que disputarán la copa, cada uno con expectativas y exigencias distintas: para tres el título es la única respuesta esperada (Brasil, Alemania, Argentina); para otros es hacer un buen papel (llegar al quinto partido o a octavos y cuartos según el caso) y para los demás es tener una participación digna (no ser goleados o hacer desfiguros). Hay dos cenicientas que no podían ser más distintos: Panamá, sin duda el país que más ha evolucionado futbolísticamente en su área, e Islandia, ya mostrando su talante en la competencia europea y confirmando merecimientos para estar en estas instancias.

Hay ausencias importantes, dos americanos y dos europeos: Italia, en primer término, usual protagonista y autoridad mundial de este tipo de torneos, ahora pecando de exceso de confianza; Holanda como gran revolucionario nunca premiado en el juego, pero subcampeón eterno y displicente a la hora buena; Chile, campeón americano por partida doble saturado de estrellas fugaces que dejaron ir de manera absurda la clasificación, y Estados Unidos, que ya había consolidado presencia dado un trabajo consistente y que esta vez, necesitado de un favor de los nuestros, no pudo desempeñarse como el cuadro dominador de CONCACAF.

FÚTBOL IMAGINARIO

En la reflexiva película Timbuktu (Francia-Mauritania, 2014), dirigida y coescrita por el mauritano Abderrahmane Sissako (La vida sobre Tierra, 1998; Esperando la felicidad, 2002), el fútbol permanece vivo de manera imaginaria con sincronización notable en un contexto totalitario, combinando estéticamente el balón inaccesible para desafiar al nuevo régimen, pendiente de cancelar cualquier manifestación que pudiera representar la felicidad para la gente, dadas sus creencias absolutistas: en un campo, jóvenes se atreven a jugar con al fuerza de su pasión, desafiando prohibiciones políticas y hasta físicas.

En gran jugada, un balón pasa la media cancha para caer en los pies de un jugador que continúa la manifestación silenciosa entreteje una jugada de antología, muy bien seguida por el equipo rival, que termina en uno de los goles más hermoso jamás vistos: en efecto, es un balón invisible a los ojos del autoritarismo pero muy cercano a los ímpetus celebratorios de quien burla la autoridad dogmática e impositiva a partir de la poesía en ese terreno pedregoso cual lienzo o escenario para la creación artística: en efecto, el fútbol puede alcanzar niveles artísticos y contestatarios, siempre que se juegue con la creatividad al frente.