Archive for 31 marzo 2013

STEVEN SODERBERGH: ¿ADIÓS O HASTA PRONTO?

31 marzo 2013

Sorprendió al mundo con Sexo, mentiras y video (89), filme que influyó al cine independiente de los noventa realizado en Estados Unidos y que en Europa, gracias a la Palma de Oro obtenida, recibió profusa atención. Continuó con proyectos a medio camino entre el cine que busca los grandes públicos y el enfocado a circuitos más específicos, como Kafka (91); El rey de la colina (93) Gray´s Anatomy (96) y Schizopolis (96). Por estos años debutó en la televisión, nuevo campo que parece querer explorar, con un par de capítulos de Fallen Angels (93-95).
De ahí en adelante, ha sabido combinar la mirada personal en diversos proyectos, con mayor o menor fortuna, con las expectativas caprichosas del mainstream, nadando en las turbulentas aguas tiburoneras de los grandes estudios. Me parece que su mejor época vino con el cambio de siglo, cuando dirigió Vengar la sangre (99) y Tráfico (00), seguida de su menos brillante, con la fallida Full Frontal (02) y el innecesario remake de Solaris (02), aunque recuperando el aliento independentista con el segmento Equilibrium del filme Eros (04) y con el desasosiego desplegado en la íntimamente extraña Bubble (05). En esta vena al margen de los estudios, también se ubican la olvidable The Girlfriend Experience (09) y la comedia The Last Time I Saw Michale Gregg (11).
Como ejemplos de su trabajo en la industria está su trilogía integrada por La gran estafa (01), recordando al famoso Rat Pack; La nueva gran estafa (04), más bien rutinaria y Ahora son 13 (07), retomando el énfasis en el star system: su capacidad para la dirección de estrellas hollywoodenses está fuera de toda duda, como se advierte en Un romance peligroso (98); Erin Brokovich (00) y El desinformante (09). A sus filmes de género como Underneath (95), Intriga en Berlín (06) y Contagio (11), suele imprimirles una cautivante huella distintiva, a pesar de ubicarse en estructuras narrativas pronto reconocibles. De igual manera, retomó con indudable convicción tanto el cine biográfico en el díptico Che! el argentino (08) y Che 2da. Parte: Guerrilla (08), como el documental en And Everything is Going Fine (10).Soderbergh
Como productor no ha desmerecido y la diversidad parece también ser su identificador: además de diversos documentales, ha participado en los filmes del George Clooney director (Confesiones de una mente peligrosa, 02; Buenas noches, buena suerte, 05) y actor (Bienvenidos a Collinwood, 02; Syriana, 05; Michael Clayton, 07), así como en interesantes cintas variopintas, entre las que destacan: Amor a colores (Ross, 98); Insomnia (Nolan, 02); Una mirada a la oscuridad (Linklater, 06); Pu-239 (Burns, 06); Un hombre solitario (Koppelman-Levien, 09) y Tenemos que hablar de Kevin (Ramsay, 11). También produjo un notable par de filmes de Tod Haynes: Lejos del cielo (02) y Mi historia sin mí (07), así como la inquietante Keane (04) y Rebecca H. (Return the Dogs) (10) del independiente Lodge Kerrigan.

ENTRE AGENTES, STRIPPERS Y PSIQUIATRAS
Sus tres filmes más recientes (¿los últimos?) navegan entre las convenciones genéricas, la brillantez en los planteamientos, aunque no del todo en las resoluciones, y un estilo visual altamente depurado que se alimenta de impecables ediciones y puestas en escena, con atrayente diseño de personajes. En los todos ellos figura Channing Tatum, al parecer el reciente actor fetiche del director, como lo fue, también a manera de guía por el show business, Michael Douglas.
Agentes secretos (Haywire, 11) es un thriller de acción desplegado a partir de un dinámico ensamblaje con muy conocido casting, en el que las traiciones, misiones secretas, elusivas peleas y sujetos ambiguos conviven en todos los rincones de la pantalla; como protagonista, una ruda agente free lance (Gina Carano) que busca sobrevivir a los ataques por la espalda y a las decepciones continuas: todos los hombres son iguales. Entretenido a muerte.
Por su parte, Magic Mike (12) retoma alguna experiencia justamente de Tatum, quien durante un breve periodo se desempeñó como stripper, cual chamba de verano, para entretener mujeres al borde de un ataque de euforia. Mundo poco retratado en el cine dado el enfoque masculino, acá se presenta evitando la sordidez del ambiente propio de este tipo de actividades, aunque humanizando a los personajes con sus respectivos sueños más allá del tugurio y desarrollando las situaciones en forma contenida, sin caer en tentaciones aleccionadoras.
Finalmente, Terapia de riesgo (Side Effects, 13) es un thriller de fascinante premisa que absorbe la atención dado el planteamiento inicial, viajando de la denuncia a las farmacéuticas al drama personal y de ahí al crimen. Las tomas oblicuas saturadas de tonalidades verdosas, así como el juego de acercamientos, las correctas interpretaciones y la dislocación entre imagen y sonido, le brindan a la historia el tono de misterio requerido. Aunque la resolución no está a la altura de las expectativas generadas por un guion acuciante, la película se disfruta de cabo a (casi) rabo.
Soderbergh ya lo decía a principios de este siglo: “El movimiento independiente, tal como lo conocemos, ya no existe y es posible que ya no pueda volver a existir. Ha muerto” (en Biskind, Peter, 2006. Sexo, mentiras y Hollywood. Ed. Anagrama). Recientemente ha declarado que ya no cuenten con él, dado su hartazgo en la relación con los productores de los grandes estudios: pertenecer a un mundo en el que no cree dejó de interesarle, según ha dicho, por lo que se retira del mundo del cine para trabajar en la televisión. Sería una gran pérdida: ojalá sea un hasta luego.

Anuncios

CONCIERTOS VACACIONALES: ALABAMA SHAKES Y CITIZENS!

24 marzo 2013

Un par de grupos de reciente creación que visitan nuestro País en esta semana reposada; aprovechando que el DF se libera un poco, nada mal lanzarse para allá y disfrutar de estas celebraciones que transitan de la música sureña estadounidense al synthpop típicamente inglés, con la energía de quienes apenas empiezan sus respectivas trayectorias.

NO HARLEM, SINO ALABAMA SHAKE
Un disfrutable viaje por las músicas de Estados Unidos y por épocas que parecen como un continuo sonoro; instrumentaciones consistentes, el alma sureña se pasea por los extensos campos de Alabama, para dejarse sacudir por rítmicas negras de ecos añejos, integrados a estructuras armónicas de una apabullante sencillez, difíciles de construir dado su inmediato espíritu contagiante. Un grupo que empieza su trayectoria con firmes convicciones y que, de seguir así, pronto estará entre los referentes del rock en su vertiente decididamente retro, hurgando hasta las raíces donde ahora habitan grupos como Carolina Chocolate Drops.
Formado en Atenas, Georgia, durante el 2009, el cuarteto integrado por la efusiva, amplia y nutritiva voz de Brittany Howard, el bajo y guitarra rítmica de Zac Cockrell, la guitarra y las percusiones de Heath Fog y la batería de Steve Johnson, todos ellos entrándole sin remordimientos a los coros, debutó con un EP en el 2011, en el que ya mostraban sus inquietudes por formar parte del movimiento de grupos que han venido a revisitar la música sureña en sus diversas vertientes, como The Black Keys, Kings of Leon y Drive By Truckers, por mencionar tres de los más sonados de la actualidad.
Con varios invitados para que se hicieran cargo de los teclados, presentaron Boys & Girls (12), su largo debut que pronto llamó poderosamente la atención al grado de quedar colocado en las listas de lo mejor del año pasado. A lo largo de poco más de 36 minutos, con una voz que transita entre Janis Joplin, Lucinda Williams y Gladys Knight, como bien apuntó mi hermano José Manuel, a la que habría que agregarle un poco de la finada Amy Winehouse. Hay ecos sesenteros sonando en tonalidades blues con varias capas de soul y letras que igual apuestan por la sencillez en la expresión de sentimientos amorosos.
Alabama ShakesHold On abre con un ritmo directo que parece lanzar bendiciones a corazones y almas para que dejen de esperar y se pongan en marcha, con todo y esa guitarra en plan de rebote. I Found You nos remite a la energía de los sesenta sin escalas, con todo y coros respetuosos insertados en rítmica creciente, para seguir buscando con la certeza del próximo hallazgo, mientras que Hang Loose sugiere dejar de ser el propio enemigo, al tiempo que se escucha como si fuera parida en el contexto del sonido Motwon.
Rise To the Sun le pone cierta pausa al recorrido, ideal para los vericuetos de la guitarra y mira directo al amanecer para recordarnos que de regreso hay un hogar esperando, como bien lo plantea la sensible You Ain´t Alone, cargada de un blues que invita a llorar en simultáneo o a bailar al final de la fiesta, a la que asistimos en Goin’ To the Party, cual campo de batalla para el festejo y la liberación con un simple tronar de dedos y sin demasiados aspavientos, como sí se asoman en Heartbreaker, manejando los cambios de ritmos guiados por un órgano discreto pero incisivo.
La canción titular transita pausada y sentimentalmente casi como un lamento, mientras que Be Mine tiene cierto sentido de urgencia contenida hasta que explota hacia los segundos finales, como para que no quede duda de la posesión; por su parte, I Ain’t the Same despliega contundente instrumentación que sostiene sin problema el grito orgulloso de cambio, de cómo uno se puede convertir en otra persona, la que uno en realidad quería ser, justamente para poder tomar el propio camino siguiendo a la divinidad, como se expresa en la mística On Your Way, canción que cierra el disco en una tesitura de efervescente optimismo.

CIUDADANOS DEL MUNDO
El quinteto Citizens! surgió tras la disolución del grupo Official Secrets Act, en el que participaron algunos de sus miembros. Al cantante Tom Burke, el tecladista Lawrence Diamond y al baterista Michael Evans, se les unieron el bajista Martyn Richmond y el guitarrista Thom Rhoades para presentar, como para anunciarle a propios y extraños su aparición, Here We Are (12), álbum debut que funcionó como para señalar el camino a seguir, si bien todavía con muchas deudas hacia el rock ochentero en general y hacia David Bowie en particular.
Producido por Alex Kaprano de Franz Ferdinand, el álbum recorre sonidos que parecen familiares, con unas vocales de sostenida fragilidad de festividad a punto, soportada por la omnipresencia de los teclados que van del pop descarado, como en la certera True Romance, a una estética electrónica más inflexible, desplegada en (I´m In Love With Your) Girlfriend, y hasta de carácter atmosférica. Se trata de un arranque prometedor en el que se vislumbran posibilidades de madurez, tal como lo tuvo Hot Chip, ahora convertidos en referentes del género.

LAS VENTAJAS DE JUGAR CON UN DESTINO INVISIBLE

19 marzo 2013

Un par de películas en las que se combina el proceso de crecimiento y superación de eventos desastrosos con un poco de locura, siempre al borde de regresar, como para aderezar las propias vivencias y convertirlas en fundamento para nuevos comienzos sin negar el pasado, sino más bien incorporándolo. Ambas tituladas de manera extraña en español, por decir lo menos, y desprendidas de sendas novelas que aparecen en los estantes de best-sellers, de lectura fluida y atrapante, sin ser hitos literarios ni mucho menos (o sea: ideales para adaptarlos al cine y no apurarse mucho por leerlos). Las dos integran elementos de comedia con drama, romance y relaciones familiares, se apoyan en pertinentes soundtracks y se desarrollan en ciudades cercanas: Filadelfia y Pittsburgh.

EL LADO POSITIVO DE LAS COSAS
Juegos del destinoBasada en la novela de Matthew Quick, con algunos cambios –la amnesia, el intercambio de cartas- pero sustrayendo su esencia, y con guion y dirección efectiva, en particular del cuadro actoral, de David O. Russell (Tres reyes, 99; El peleador, 10), Los juegos del destino (Silver Linings Playbook, EU, 12) constituye un seguimiento a la posibilidad de recuperación de un hombre tras un evento frustrante, buscando siempre el lado positivo de las cosas, como señala su título original, sin perder el ánimo por recuperar lo perdido: un matrimonio fracturado que terminó de romperse por la infidelidad.
Frente a los optimistas irredentos se encuentran los pesimistas confesos: en ambos el juicio crítico parece cancelado y la oportunidad de cambiar el estado de las cosas es muy limitada, dado que para los primeros todo está bien y para los segundos todo seguirá mal. Entre ellos, quizá se ubique un tipo de persona cuyo optimismo le sirve para seguir adelante sin desentenderse de que sigue habiendo cosas por mejorar: la cuerda es muy delgada y resulta sencillo caer de un lado o del otro, desconociendo la realidad. El manejo de la cámara parece reflejar esta dualidad, por momentos encimando a los personajes con nerviosismo y en otros ampliando su perspectiva, como para dar respiro y repensar las cosas.
En este caso parece encontrarse Pat (Bradley Cooper, en su mejor papel), recién salido del hospital psiquiátrico tras una estancia de ocho meses y de regreso a la casa de sus padres (Jacki Weaver y Robert De Niro, estupendos), con miras a recuperar su vida, para lo cual se dedica a leer y hacer ejercicio, dos factores que parecieron haber influido en la ruptura: ferviente creyente de los finales felices, arroja a Hemingway por la ventana como para seguir convenciéndose de que su vida debe terminar bien, con su trabajo de profesor sustituto y al lado de su esposa (Brea Bee), controlando su bipolaridad y sin alterarse por escuchar esa canción de Stevie Wonder
Mientras tanto, será apoyado por su estoica madre, tendrá que convivir con su fanático padre cuya vida se va en apostarle a las Águilas de Filadelfia, y tendrá encuentros ocasionales con su amigo (John Ortiz) y su pesadita mujer (Julia Stiles), con un comprensivo terapeuta (Anupam Kher) y su compañero de hospital (Chris Tucker), además de reencontrarse con su hermano (Shea Whigam) a quien la vida parece sonreírle. Es en este trance donde entronca la comedia romántica a través del personaje de Tiffany (Jennifer Lawrence, explosiva aunque con Oscar sobrevalorado), una viuda locuaz que buscó respuestas en el sexo y que ahora se encuentra, también, en un estanque emocional. Juntos pero no revueltos, emprenderán una constante carrera para encontrarse a sí mismos.

EL OTRO LADO DEL TAPIZ
Con base en su propia novela y su consecuente guion, el cuarentón oriundo de Pittsburgh Stephen Chbosky dirige Las ventajas de ser invisibleLas ventajas de ser invisible (The Perks of Being a Wallflower, EU, 12), que lejos de ser un reiterado mosaico de adolescentes en conflicto, resulta una sensible y evocativa reflexión sobre el duro trance de solventar los traumas (puntuales flashabcks in crescendo), satisfacer el sentido de pertenencia y encontrar tu lugar en un mundo que parece solo interesado en los escandalosos y no en los discretos, tímidos o que pasan desapercibidos: ahora resulta que lo importante es la fama, aunque sea mala.
Las cercanas interpretaciones de los tres personajes centrales (Logan Lerman, Emma Watson y Ezra Miller), cada uno con sus respectivos problemas y angustias, entre los que caben el flechazo del primer amor, el suicidio de un amigo, el desprecio por ser gay y los sueños aún vivos a pesar de los obstáculos, sostienen una historia que intenta sumergirse en motivaciones y sentidos, incluyendo diversas perspectivas adultas como la de los padres, así como apuntes sobre la cultura escolar y juvenil, la trascendencia que puede tener un docente al detectar un interés, los prejuicios de diversa índole, la fundamental importancia de la amistad en esas edades de constante transformación y el papel evocativo que puede jugar la música.
Solo así se podrá atravesar ese túnel festivo mientras resuena, con toda su fuerza, Heroes, la clásica de David Bowie (ni modo que no supieran de quién es aunque fueran de los años noventa), que los podrá acompañar hacia la liberación, al menos momentánea, de sus demonios internos, exorcizados en parte gracias a la escritura epistolar.

ANTONIO SÁNCHEZ Y PINK MARTINI EN MÉXICO

13 marzo 2013

Un par de bienvenidas presencias en nuestro país coinciden en día e intenciones para desparramar sus respectivos talentos: se trata del estupendo baterista mexicano Antonio Sánchez, ya integrado a la realeza del jazz, y de Pink Martini, grupo que desde una propuesta versátil recorre múltiples géneros de la música popular, acabando por resultar irresistible para oídos de todas las edades y geografías.

UNA BATERÍA DEFEÑA PARA EL MUNDO DE LA SÍNCOPA
Ya desde los cinco años, nuestro compatriota nacido en la Ciudad de México en 1971 aporreaba bombos y platillos con singular alegría y energía, convirtiendo las comidas familiares, supongo, en reuniones cargadas de estruendo infantil. Más allá de la rítmica precocidad, Antonio Sánchez siguió tocando durante su adolescencia y tuvo el tino –y la oportunidad- de irse a estudiar a Boston en 1993, después de pasar por el Conservatorio Nacional donde estudió piano.
Antonio SánchezDe ahí llegó a Nueva York justo cuando el milenio terminaba y empezó a codearse con algunos de los grandes de la escena jazzística, entre quienes se encuentran Pat Metheny, Chic Corea, Michael Brecker, Joshua Redman, Charlie Haden, Anat y Avishai Cohen, Danilo Pérez, Paquito D´Rivera y Gary Burton, por mencionar algunos de los más notables: gracias a su ferviente disciplina, su convicción a la hora de sentarse en el banquillo y talento cargado de versatilidad para poder responder a las expectativas compositivas de estos personajes, se ha convertido en uno de los bateristas centrales de la escena del jazz y uno de los mejores de su generación.
Pero además, sin conformarse de ser parte de grandes discos, ha emprendido una carrera como líder, iniciada con el sólido Migration (07) en el que participaron, ahí nomás, Metheny y Corea. Casi como un ritual por el que todos los músicos deben pasar, presentó el disco en directo Live in New York at Jazz Standard (10); con la muy buena compañía de los saxofonistas David Binney y Donny McCaslin, el pianista John Escreet, el bajista Matt Brewer y la vocalista Thana Alexa, emprendió en tono mitológico la grabación de New Life (13), álbum que desde ya se apunta como uno de los discos jazzeros del año, con salpicadas de innovación y tradición por partes iguales.

PARA LOS CIUDADANOS DEL MUNDO
Con Pink Martini, cada vez que se escuchan sus discos, se realiza un delicioso viaje por distintas épocas y regiones de la música popular, en el que, a manera de cosmopolita deja vú, pareciera que recorremos estaciones en las que ya estuvimos, quizá en tiempos remotos de nuestra vida o en alguna existencia pasada. Abuelos, padres e hijos pueden coincidir en la escucha de sus discos para que los primeros rememoren, los segundos agarren confianza y los terceros aprendan a disfrutar algunos clásicos que por algo lo son: en la reinterpretación de esta pequeña banda se advierte un respeto por los originales pero un cierto riesgo por actualizar los sonidos, envolviéndolos en una elegante nostalgia.Pink Martini
Además, las composiciones propias se integran de manera natural al repertorio de versiones, formando una propuesta creativa que pasa por la exquisitez del baile en corto, del salón a media luz con el ánimo emergiendo o del romanticismo herido de gracia. Los estándares del pop, jazz, cumbia, salsa, tango, pop japonés, bossa nova, rock´n’roll sesentero y swing se entrelazan para formar un mosaico de eclecticismo puro: la globalización se hace realidad en cada disco del combo, inundado de sonidos provenientes de diversos rincones del planeta que encuentran lucidor refugio en la interpretación de la nutrida banda.
Formados en Portland por el pianista, compositor y arreglista Thomas Lauderdale (Oakland, 1970), quien pronto reclutó a la cantante políglota China Forbes (Cambridge, 1970), de versátil voz para encender oídos y corazones en español, portugués, francés, inglés, italiano, griego, árabe y japonés, Pink Martini se complementa por la trompeta de Gavin Bondy, el trombón de Robert Taylor, el bajo de Phil Baker, Nicholas Crosa en el violín, las baterías de Anthony Jones y de Brian Lavern, acompañado en las percusiones por Timothy Nishimoto, también vocal, Derek Rieth y Martín Zarzar, entre otros músicos que rondan el núcleo grupal.
Debutaron con el prematuro Sympathique (97), obra de presentación en la que las bases estéticas quedaban justamente asentadas, para dar paso a Hang on Little Tomato (04), ya con un aprendizaje evidente puesto en acción a lo largo de los cortes. De ahí vinieron tres álbumes centrales en la discografía de estos nostálgicos empedernidos: Hey Eugene! (07), Splendor in the Grass (09) y Joy to the World (10), en los que iban y venían invitados de lujo y el filo retro de las composiciones ganaba en evocación y significado.
La base de seguidores se ampliaba y el despliegue estilístico se desarrollaba hacia elevados niveles, como para vestirse de gala, tomar algún coctel burbujeante y de rosado aspecto, y levantarse pausadamente a la pista de baile para dejar que las canciones se apoderaran de ánimos y movimientos. A Retrospective (11) resulta una buena síntesis de la obra de esta particular orquesta, que continuó su trayectoria con 1969 (11), grabado junto a la cantante Saori Yuki en tonalidades brumosas que de pronto se colorean en forma vivaz.

SONIDOS NOVENTEROS

12 marzo 2013

La última década del siglo pasado representó un ensanchamiento de fronteras para el rock, en cuanto término genérico: a pesar de que varios estilos y formas ya existían y cuyos orígenes se pueden rastrear desde hace varios años, fue en los años noventa cuando se volvieron mucho más visibles. La música electrónica, el grunge, el rock alternativo y el hip-hop, por mencionar algunos ejemplos, salieron a la luz mediática como nunca antes en su historia: fue durante los años ochenta cuando se fueron germinando las condiciones para que tal fenómeno eclosionara hacia finales del milenio.
Tres grupos centrales de aquellos años, que de alguna manera proyectan herencias musicales largamente cultivadas y que se convirtieron en auténticos actos de la escena roquera, nos visitan durante esta semana, como para reparar nostalgias y afrontar futuros inciertos. Lo cierto es que siguen vivitos y coleando.

CONFORMACIÓN
BlurHacia 1989 en Londres, el creativo tecladista, letrista privilegiado y vocalista Damon Albarn formó un grupo llamado Seymour, junto al versátil guitarrista Graham Coxon y al bajista Alex James, a quienes se les unió poco después el baterista Dave Rowntree. Ya renombrados como Blur y cargando con toda la tradición del rock inglés en algunas de sus múltiples variantes, debutaron con Leisure (91), en el que se asomaba cierta psicodelia y la búsqueda de un ámbito propio de expresión con claras influencias de Stone Roses y Happy Mondays.
Mientras tanto, también en Londres, el cantante Karl Hyde y el guitarrista Rick Smith formaron primero Freur y después Underworld, nacido con el influjo del espíritu ochentero para después abrazar la electrónica en definitivo aún con salpicadas de sus orígenes. Debutaron con Underneath the Radar (88) y continuaron con Change the Weather (89), par de álbumes que parecieron un calentamiento para lo que vendría después, ya con el DJ Darren Emerson como tercer miembro y cuya influencia se inclinó hacia un tecno en franco coqueteo con sonidos trance.
Comandado por el hiperkinético bajista Les Claypool, quien gusta de adentrarse en el noise, el funk y el punk con toques experimentales y hasta humorísticos, Primus se integró en San Francisco durante la segunda mitad de la década de los ochenta con Larry Lalonde (guitarra) y Tim Alexander (batería), considerando osteriores cambios de alineación. Debutaron con Suck of This y Frizzle Fry, ambos álbumes puestos en circulación en 1990, con todo y el fantasma de Frank Zappa rondado y algunos apuntes de pesadez progresiva que empezaban a denotar porqué Claypool es uno de los grandes en su instrumento.

APOGEO
Los todavía jóvenes de Blur asumieron muy pronto la bandera, junto a Oasis, del movimiento conocido como Britpop. Con álbumes como el rompedor Modern Life is Rubbish (93), la obra cumbre ParkLife (93) y The Great Escape (95), ya en la cúspide y vuelto otro clásico de la década, se encargaron de reiterar porqué los grupos ingleses son al rock lo que Brasil o Argentina al fútbol: ahora con ecos de los grandes referentes como The Kinks, The Jam y, por supuesto, de The Beatles, la banda cerró el siglo con los dignos Blur (97) y 13 (99), como para echar el resto y empezar a voltear hacia otros derroteros.
Con Dubnobasswithmyheadman (93), Underworld se convirtió en una de las principales apuestas de la electrónica, Underworldelevándose a un mundo donde conectaron con los seres nocturnos y demás criaturas que solo sobreviven con luz artificial, quienes recibieron una nueva dosis de talento digital con Second Toughest in the Infants (96), en el que se incluyó, en disco específico, Born Slippy, composición que acompañó las intensas aventuras autodestructivas de los personajes de la ahora clásica Trainspotting (Boyle, 96). Cerraron la década con Beaucoup Fish (99), cuidada producción que mantuvo un elusivo tecno vocalizado de atrevida electricidad.
Tras sus primeras obras, Primus vivió un proceso expansivo de energía rítmica, buen humor y desfachatez imposible de pasar desapercibida, como lo mostró el incansable Sailing the Seas of Cheese (92), álbum que abrió la compuerta para el absorbente Pork Soda (93); Tales From the Punchbowl (95), ya con una fama a cuestas que ni sombra les hacía; The Brown Album (97), en plena madurez; Rhinoplasty (98) y Antipop (99), como para comerse el fin de siglo a punta de ironía y rítmica corrosiva, solo para orejas con negro sentido del humor y estómagos aptos para el reflujo.

PrimusCONTINUIDAD
Think Thank (03) es la última grabación con canciones nuevas de Blur, aunque recientemente aparecieron un par de joyas para coleccionistas llamadas Blur 21 (12), integrada por 18 CD´s y 3 DVD´s, y Parklive (12), en consonancia con los Juegos Olímpicos de Londres; en tanto, Coxon siguió con una notable trayectoria solista y Albarn se convirió en hombre multiproyectos, incluyendo el famoso combo de estética caricaturesca conocido como Gorillaz, entre otras muchas apuestas que denotan el talante tan inquieto como creativo de este músico cada vez más abarcador.
Por su parte Underworld saludó al milenio con el solvente Everything, Everything (00), al que le siguieron A Hundred Days Off (02) de escasa resonancia; la participación en el soundtrack de Breaking and Entering (06), filme de Anthony Minghella (acá traducido como Violación de domicilio); Oblivion With Bells (07), de corte transicional; Athens (09) cual especie de duelo en la tarima y Barking (10), con cierta cercanía a la estética pop. Primus, en tanto, reapareció tras un prolongado silencio con Green Naugahyde (12), bienvenido regreso cargado de la cuota necesaria de irreverencia, siempre sostenida por el talento de un bajo que se resiste a quedar encasillado.

CUANDO EL CINE SE ANTICIPA A LA REALIDAD

7 marzo 2013

El asteroide 2012 DA14 pasó por la Tierra a solo 28164 kilómetros de distancia, según informó la NASA, el pasado 15 de febrero; mientras tanto, un meteorito provocó pánico y cientos de heridos al caer en la zona de los Montes Urales en Rusia: coincidencia cósmica, aunque suene esotérico, porque según han dicho los especialistas, no hay una relación entre ambos fenómenos. Por otra parte, Benedicto XVI anunció en días pasados su dimisión como Papa, situación que no se presentaba desde hace 598 años cuando Gregorio XII hizo lo propio en 1415. En un acto de humildad, Joseph Ratzinger reconoció que sus capacidades no eran suficientes para atender la profunda crisis de credibilidad que vive la jerarquía católica.
Dos de los principales directores europeos contemporáneos, pertenecientes a diferentes tendencias fílmicas, presentaron sendas películas en las que de una u otra forma este par de eventualidades con bajo grado de probabilidad fueron objeto del argumento central: primero las películas y después la realidad. Si se decía que el cine es mejor que la vida, en estos casos podemos suponer que el cine es antes que la vida, como si de extrañas premoniciones se tratara o de invisibles conexiones entre arte y realidad, cual reflejos y extensiones mutuas a la manera de vasos comunicantes. Ambas disponibles en los videoclubes de la ciudad.

MELANCOLÍA

El hecho de ser habitados por una nostalgia incomprensible sería, al fin y al cabo, el indicio de que hay un más allá”. (Eugène Ionesco)

Dirigida y escrita en tono de ciencia ficción dramática por el explosivo, lacerante e impredecible Lars Von Trier (El elemento del crimen, 84; Anticristo, 09), gustoso de las trilogías y cada vez más alejado del Dogma 95, su propio manifiesto al parecer planteado justamente para romperse, e interpretada de manera absorbente por Kristen Dunst, quien entrega la actuación de su carrera, Melancolía (Melancholia, Dinamarca-Suecia-Francia-Alemania, 11) es un relato que conecta las dolorosas emociones humanas con fenómenos más allá de nuestra órbita, en el sentido que El árbol de la vida (Malick, 11) proponía para hacer emerger conexiones presentes pero habitualmente invisibles.
Con un hiperrealismo inicial de fuerte e intenso colorido, plagado de imágenes tan hermosas como inquietantes que dibujan anticipaciones notablemente acompañadas por sonidos wagnerianos, la cinta se estructura en dos episodios nombrados como las hermanas protagonistas. Primero nos instalamos en el día de la boda de la inestable y depresiva Justine (Dunst), sostenida con pinzas por su temerosa hermana Claire (Charlotte Gainsbourg) y su aparentemente racional esposo (Kiefer Sutherland), en cuya mansión se celebra el banquete. Melancolía
Durante La celebración (Vinterberg, 98) empiezan a saltar conflictos por todas partes que transforman lo que se supone un día de iniciación feliz en un momento casi terminal. Una familia que externa su disfuncionalidad entre discusiones de los papás de la novia (John Hurt y Charlotte Rampling), al tiempo que toda la planeación de la boda se va desarrollando de manera forzada, como si con ello se lograra sostener una relación de pasmosa fragilidad, como la vida misma en la Tierra. En la segunda parte, Claire recibe a su hermana en profundo estado depresivo y juntas enfrentan, junto al hijo de la primera, la angustia de ver cómo el planeta llamado Melancolía, de un azul hipnótico, se va acercando peligrosamente a la Tierra, mientras el marido insiste en que nada pasará, dado que ya fue así anunciado por los científicos (la ciencia cual nueva religión). Pero el mencionado planeta parece que te consume por dentro, al punto de acabar con las ganas de ponerte de pie, de abrir los ojos para despertar o de llevarte a la boca un alimento; o bien, es una presencia que te mantiene en estado de angustia y miedo a la muerte, imposibilitándote para disfrutar cualquier actividad o relación afectiva, como si te devorara las ganas de vivir, apenas paliadas por un círculo mágico.

HABEMUS PAPAM
Habemus Papam<
Dirigida en tono satírico y con un dejo tragicómico por Nanni Moretti, quien se interna en los pasillos y entretelones de El Vaticano –como realizador del filme e intérprete del psicólogo que atiende al recién elegido Papa- Habemus Papam (Italia-Francia, 11) sigue el cónclave para elegir al nuevo jefe de la Iglesia Católica y la posterior crisis que aqueja al elegido (Michel Piccoli, estupendo), entre el temor de la responsabilidad, la angustia de llevar adelante el papado y la nostalgia de no haber sido actor, profesión que le hubiera gustado desempeñar (como quizá a Joseph Ratzinger seguir siendo escritor y teólogo).
Mientras el Papa sale de su paralizante sorpresa, la encerrona en El Vaticano transcurre entre juegos de cartas, un torneo interno de volibol, un guardia que finge ser el pontífice encerrado en su cuarto, conversaciones de diversa índole y teorías acerca de lo que sucederá después. En busca de respuestas, el elegido se escabulle por las calles de Roma para asistir con otra terapeuta y de paso entra en contacto con la cotidianidad de las personas, como recordando la sencillez del mundo que fácilmente se puede perder cuando te dejas atrapar por tu jerarquía. Notable la secuencia de la elección y los pensamientos en off, así como el énfasis en proponer el necesario acercamiento de la jerarquía católica con la gente que viaja en metro.

LOS MISERABLES: TIEMPOS DE TRANSFORMACIÓN

1 marzo 2013

A la memoria de José Covarrubias, para que su chelo siga retumbando en las alturas.

Para disfrutar de un musical hay que ponerse a modo, porque eso de que hasta las gracias las den con una tonada entre épica y melodramática no es cosa que se vea todos los días. Claro que bien expresadas, las emociones de todo tipo, incluyendo un posible sesgo cómico, pueden darse cita en este género que tiene miles de años y que de alguna manera se ha incrustado en la estructura de diversas artes, aunque el nombre que ahora adopta le pertenezca al cine. En particular, durante la época dorada de Hollywood, se convirtió en uno de los géneros más recurrentes y tras largos años en penumbra, parece que desde hace algunos años quiere volver a levantar, literalmente, la voz.
La cinta Los Miserables (Les Misérables,EU-GB, 12) se basa en el famoso musical estrenado en los ochenta con la música de Claude Michel Schönberg, las letras de Alain Boublil y Jean-Marc Natel –en francés- y de Herbert Kretzmer –en inglés- que intentaba rescatar la esencia y el espíritu de la novela total escrita por Víctor Hugo, una de las más importantes en la historia de la literatura y en la que cabe buena parte de la condición humana: el amor, la muerte, la traición, la fidelidad, la lucha de clases, la justicia, la maternidad y paternidad, el sacrificio, la transformación, el idealismo, la soledad… todo un cúmulo de sentimientos, emociones y situaciones narradas a partir de diversas estructuras narrativas que pueden viajar entre el drama, la comedia, la épica, el intimismo, el romance y el apunte social.
Con la solvente realización de Tom Hooper (El discurso del rey, 10; El nuevo entrenador, 09; Longford, 06), otra vez mostrando capacidad para la dirección de actores y la recreación de época, y con la oportuna participación de William Nicholson en el armado de un guion que consigue darle continuidad al relato, quizá salvo la abrupta elipsis en la transformación del protagonista, el arriesgado filme sale avante y mantiene la emoción durante la mayor parte del metraje, gracias a un deslumbrante diseño de arte y, sobre todo, a la convicción de los intérpretes grabados en vivo sin mayores efectismos, estrategia que le brinda un aire de autenticidad y cercanía con sus respectivos personajes, ya muchas veces trasladados a la pantalla.
Con abundancia de primeros planos y close-ups que parecen confrontar y exigir a los actores, la dirección de cámaras apunta a brindar perspectivas de carácter contextual, pero poniendo el énfasis justamente en las emociones individuales, tanto en las angustias como esperanzas de los hombres y mujeres que viven una época de marcadas diferencias clasistas posterior a la Revolución francesa que, como suele suceder con estos movimientos, empiezan de manera libertaria y terminan en forma autoritaria: el conflicto entre los sujetos y las estructuras se refleja nítidamente, considerando los ámbitos de oportunidad para tomar decisiones o mantenerse imposibilitado para elegir un camino propio.Miserables
En términos generales, el elenco acaba resultando más que cumplidor: sin una voz particularmente poderosa aunque sí expresiva, Russell Crowe transmite la angustia de un personaje incapaz de aplicar criterios propios, cumplidor hasta la muerte; Hugh Jackman, más habituado en estos terrenos, logra transmitir las idas y vueltas de su cambiante encarnación, y Anne Hathaway sorprende por su capacidad para combinar la fragilidad de una mujer acorralada con el convencimiento de una madre que se doblega pero que no se rompe, aún con capacidades para soñar un sueño. Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter cumplen con su cuota de humor y los jóvenes Amanda Seyfried, Eddie Redmayne y Samantha Banks (ya conocedora previa del papel de Epónine) integran un triángulo amoroso que le aporta la creíble cuota romántica al musical.
Si bien el ritmo no es sostenido durante todo el tiempo, la propuesta visual que combina apoyos digitales con escenarios construidos, la cuidada coreografía en las secuencias multitudinarias y, sobre todo, el trabajo en la edición de sonido, se imbrican de tal manera que abonan a la construcción de una narración que termina por atraparnos, aunque ya conozcamos la novela fundacional publicada en 1862 y la adaptación al terreno del teatro cantado que tanta permanencia ha tenido en las tablas del mundo, particularmente en Londres y Nueva York. Como bien me comentaba mi amigo Ernesto, ahí está el guiño a Colm Wilkinson, quien interpretaba a Valjean en el teatro y acá hace lo propio con el obispo.
En síntesis, se trata de un musical que puede ayudar a que los niños y jóvenes cinéfilos puedan adentrarse en el género, los prejuiciosos pongamos a prueba nuestras necedades contra este género y los fans de antaño continúen disfrutando de la combinación artística entre el cine, el teatro, la música y, en este caso, la literatura.