Archive for 28 abril 2009

ENFRENTANDO EL COLAPSO

28 abril 2009

Dos hombres solos enfrentando fuerzas acaso invisibles que poco a poco se tornan identificables. Cintas que arrancan mejor de lo que terminan con premisas más interesantes que su propio desarrollo.

AGENTE INTERNACIONAL: CORRE CLIVE, CORRE

agente-internacionalDirigida por Tom Tykwer, tras salir avante en El perfume (06) y sentando en el banquillo de los acusados a la Banca internacional -que en algunos casos en nuestro País se la pasa muy bien-, e interpretada con brío por Clive Owen, Agente internacional se anuncia como la recuperación de un caso real en el que un conglomerado financiero es investigado por operaciones ilícitas y asesinatos. Involucrado en transacciones relacionadas con el apoyo de dictadores en potencia para después volverlos fieles clientes, el banco en cuestión operará como todo un grupo mafiosos.

Si bien en la segunda parte se fuerzan demasiado las casualidades y ciertas resoluciones pecan de poco verosímiles, el film consigue centrar su mensaje fundamental: el peligro que representan las corporaciones internacionales sin control, capaces de ejercer un poder mayor que los Estados-Nación, con una orientación ajena al bien común (aunque ya vimos que el control estatal absoluto tampoco funciona) y con tentáculos tan múltiples como invisibles, un poco como veíamos en Wall Street de Oliver Stone.

La realización es energética no sólo por las puntuales secuencias de acción –ese tiroteo en el Guggenheim o las persecuciones a pie muy en la línea Bourne- sino por algunos diálogos de genuina tensión y el trazo general del protagónico, con mandíbula siempre apretada y sólo apoyado por una asistente del fiscal (Naomi Watts, discreta). Las actuaciones de soporte –entre siniestros consultores y empleados de dudosa reputación- y el recorrido por las diversas locaciones redondean un logrado trabajo que estaba puesto para más.

PRESAGIO: NUMEROLOGÍA APOCALÍPTICA

Dirigida por Alex Proyas (Ciudad en tineiblas, 98), volviendo a futurismos desperdiciados como en Yo, robot (04) y planteando un promisorio arranque en una escuela hace 50 años, Presagio (Knowing, EU, 09) se alimenta de una nutrida tradición fílmica de películas tanto de desastres como de extraterrestres para enfocarse al lenguaje de los números como articulados de mensajes catastrofistas.

Un profesor viudo en continuo estado etílico (Nicolas Cage) se topa con un mensaje que le tocó a su hijo tras abrir una cápsula del tiempo en su escuela, guardada por sus compañeros cinco décadas atrás. El papel sólo tiene una serie de números que, como cabría esperar, significan algo: la trama se desarrollará justo a partir de la posibilidad de descifrar, en un proceso tipo Pi: el orden del caos (Aronofsky, 98), qué quieren decir y sobre qué advierten.

Niños elegidos quién sabe porqué, reacciones absurdas del protagónico (arrebatar la hoja al hijo justo cuando está recibiendo un mensaje) y ciertos pasajes melodramáticos que no traspasan la epidermis, terminan siendo factores que le restan impacto a una cinta cuya idea central era justo mantenernos al filo emocional de la butaca, entre la angustia milenarista, la tragedia familiar y el suspenso numerológico: sólo por momentos lo logra.

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DÉJAME ENTRAR, DÉJAME SALIR

20 abril 2009

dejame-entrarAdolescentes caminando en el filo de la vida y la muerte, amenazados por fuerzas del más allá y del más acá en constante lucha por encontrar un resquicio de luz o de oscuridad, según el caso.

ENTRAR A TU CORAZÓN

Bebiendo de la añeja tradición de las historias de vampiros europeas, en particular nórdicas, y buscando nuevas rutas para el cine acerca de estos seres atrapados en el drama de la eternidad, Déjame entrar (Suecia, 08) resulta una bienvenida reformulación del subgénero que se alimenta de esquemas conocidos, pero nutriéndolos de innovadores enfoques acerca de los vínculos que se establecen entre humanos y estos seres de la noche, como ya lo intentaban Crepúsculo (Hardwicke, 08) y anteriormente, desde una perspectiva infantil, El pequeño vampiro (Edel, 00).

Basada en la novela de John Ajvde Lindqvist, también responsable del guión, y dirigida por Tomas Alfredson (Horas de oficina, 03), la cinta sigue la relación que establecen dos jóvenes anclados en esa indefinida edad de doce años que padecen sendos rechazos: Oskar es acosado por sus compañeros de escuela y Eli, dada su condición, vive al margen en un suburbio ya de por sí marginal a las afueras de Estocolmo, en el que el grisáceo panorama parece siempre derrotar al sol, luchando con la soledad justo como los personajes a los que intenta alumbrar.

A partir de encuadres con una extraña belleza plástica, no obstante el ambiente depresivo en el que se capturan, y una casi ausencia de efectos especiales (escalada del edificio, luz incendiaria), la historia se desarrolla cercana a los dos personajes principales y el vínculo que van desarrollando a partir de la inocencia, la solidaridad y la complicidad: el afecto asexual se centra en la sobrevivencia de dos personas en el punto de quiebre del desarrollo puberal, conservando el espíritu de la niñez aunque construyendo un lazo de fuerza tal que alcanza para salvarse mutuamente la vida, en todos sentidos.

Una permanente banda sonora de notas melancólicas acentúa la sensación provocada por la omnipresencia de la nieve, cubriendo el campo o cayendo cadenciosamente, mientras las ventanas permanecen cerradas de tal forma que la necesidad vampírica de contar con el permiso para pasar sea cubierta: no tanto entrar a la habitación sino a tu corazón, aunque las diferencias persistan entre nuestras cada vez mayores coincidencias.

SALIR DE LA MALDICIÓN

Retomando los esquemas ya conocidos de la casa embrujada y hasta con la advertencia de que se basa en un caso real, Extrañas apariciones (The Haunting in Connecticut, EU, 09) funciona mejor de lo que cabría esperar dada su falta de diferenciación y la presencia de estorbosos clichés como el juego de te creo/no te creo, la mamá salvadora, la presencia del hombre espiritual, el papá borrachín que asusta con sus gritos hasta a los espíritus y la juvenil nana convertida en investigadora.

En efecto, fuera de algunos golpes de susto innecesarios, reacciones ilógicas y ausencias explicativas (¿qué significaban las letras en los cuerpos?, ¿por qué todos empiezan a ver a los espectros?), la cinta dirigida por Peter Cornwell (serie Bones) sabe enfocarse en su propia premisa: una familia que llega a vivir forzada por las circunstancias a una casona que funcionó como funeraria y recinto de sesiones espiritistas tendrá que resolver sus problemas tanto internos como los generados por la presencia de imprevistos inquilinos.

Nada nuevo, cierto, pero por lo menos es posible disfrutar de actuaciones convincentes, una puesta en escena lo suficientemente tenebrosa y una historia relativamente atractiva que se desarrolla en tres niveles, con todo y cambio de textura visual: el de la familia y su reconfiguración a partir de la enfermedad del hijo mayor; el del pasado que se manifiesta de diferentes maneras y el de la relación entre ambos jóvenes, atrapados entre la vida y la muerte, uno tendiendo más a cada lado.

Publicado el 20/04/09 en el periódico a.m. de León, Gto.

UNIVERS ZERO: INQUIETUDES EN EL ESPACIO EXTERIOR

19 abril 2009

Parte esencial del contestatario movimiento efímero en sí mismo pero trascendente en resultados, conocido como Rock en oposición, a su vez ubicado dentro del gran árbol del Progresivo, la banda belga siguió los pasos de los ingleses de Henry Cow, padres fundadores, y de antecesores cruciales como Soft Machine, Frank Zappa, Captain Beefhart y demás geniales deschavetados que buscaban formas alternas de expresión para el rock, colindando con el freejazz y recibiendo sin filtros las influencias de Miles Davis y Ornette Coleman.

Así, junto a los suecos de Samla Mammas Manna, los italianos de Stormy Six y los franceses de Etron Fou Leloublan, entre otros, Univers Zero apareció en escena con 1313 (77), su álbum debut, en el que ya se advertía la apuesta por la disonancia como forma de expresión, retomando a los músicos clásicos del siglo XX que abonaron/avanzaron en estos terrenos, y la afinidad con el mundo literario de Lovecraft, particularmente del batería Daniel Denis, miembro central del grupo al lado del guitarrista cofundador Roger Trigaux, quien saltó de la nave en 1980.

Con múltiples cambios de alineación a lo largo de su trayectoria, continuaron su camino por un cosmos oscuro vía Heresie (79), obra confirmatoria de que la cosa iba en serio y que lo de la oposición no era un mero rótulo publicitario. Ceux du Dehors (81), resultó ser otra de sus obras clave, la mejor para algunos, mientras que Crawling Wind (83), en el que cuerdas y vientos viajaban sin trayectoria identificable por el espacio sonoro, antecedió a Uzed (84) y Heatwave (86), álbumes que cerraban aún con creatividad experimental esta primera etapa de la mutante banda también clasificada como avantgarde.

univers-zero1Tachados por cierta parte de la crítica como demasiado intelectuales y pretenciosos, tomaron un largo descanso para regresar, sin demasiado convencimiento, con The Hard Quest (99) que más bien pareció un entrenamiento para los consistentes Rhythmix (00), Implosion (04) y el absorbente Live (06), muestra de que Denis y compañía andaban en plena forma creativa y emotiva, con ganas de continuar hurgando en las galaxias de la innovación. Relaps (09) recupera archivos grabados entre 1984 y 1986, durante presentaciones en vivo.

Univers Zero nos visita este domingo para dar un concierto en el Teatro de la Ciudad de México: para viajar por el espacio exterior y sobrevivir a sus siniestras e inquietantes atmósferas.

REIVINDICACIÓN

16 abril 2009

Dos hombres buscan regresar a la posición en la que se creían más felices sin acaso aceptar del todo los errores por la que la perdieron. Hasta que no queda más remedio: convertidos en sus propios jueces, más allá del clamor mediático y popular, se enfrentan a sí mismos en una dura e íntima batalla para poder encarar a los demás y solicitar, indirectamente, su comprensión. Perdedores de cepa que frente al triunfo, regresan a su condición original. Se trata de Richard Nixon y de Randy “The Ram” Robinson.

LA ENTREVISTA DEL ESCÁNDALO: ENTRE LA FAMA Y LA REDENCIÓN

Basada en la obra teatral de Peter Morgan y dirigida con astucia y en clave de docudrama por Ron Howard, quien consigue presentar su mejor película a la fecha, Frost/Nixon: La entrevista del escándalo (EU, 08) es una realista recreación del encuentro y sus circunstancias entre el mañoso ex presidente caído y el hábil pero en apariencia anodino conductor televisivo, convincentemente interpretados por Frank Langella y Michael Sheen, más preocupados por meterse en la piel de los sujetos que simplemente por parecérseles.

Colaboran para el despliegue actoral las sólidas presencias del reparto, representando los sendos equipos de apoyo del entrevistado y entrevistador, no exento éste último de acres discusiones al interior. Como una pelea boxística a cuatro asaltos entre dos pesos de diferentes divisiones y con los consabidos arreglos previos, el encuentro se irá desarrollando entre golpes francos, aparentes KnockOuts e impredecibles regresos de la lona, siempre manteniendo un resquicio de caballerosidad.

Además de las puntuales reflexiones sobre la fuerza de la televisión –capaz de reducir en un primer plano toda una vida-, como apreciamos en el díptico de George Clooney Buenas noches, Buena suerte (05) y Confesiones de una mente peligrosa (02), los diálogos nos conducen por los intrincados territorios del poder, la importancia de la imagen, las vertientes del periodismo, la lealtad, la seducción del dinero a cualquier nivel y la conciencia personal.

Una edición sorprendentemente eficaz que permite fluidez sin perder detalles, iluminación en un doble plano, para las entrevistas y para el propio film, y una puesta en escena que nos involucra en la época y en el ambiente social, redondean esta obra cual entrevista reveladora, autoanalítica y de contundente desenlace. Quizá no era una última oportunidad para ambos pero sí una decisiva. Ahí están los zapatos afeminados para corroborarlo.

EL LUCHADOR: LOS ABISMOS DE LA TERCERA CUERDA

Dirigida por Darren Aronofsky, tras su discutida La fuente de la vida (06), e interpretada por Mickey Rourke haciéndose uno con su personaje, El luchador (The Wrestler, EU, 08) es un viaje depresivo, con algunas paradas esperanzadoras rápidamente difuminadas, por la vida de un hombre roto y de estoica tolerancia que se ha quedado al margen después de ser estrella ochentera del ring. Ahora enfrenta sus más terribles batallas más allá del cuadrángulo: con su descenso sin escalas, con el desprecio de su hija (Evan Rachel Wood) y con la indefinición de su amiga nudista (Marisa Tomei), vuelto interés romántico.

Sin poder entrar a su casa, ocasional diversión de los niños del vecindario, vendedor de autógrafos y paciente despachador de supermercado según el estado de ánimo, mantiene su presencia en el amigable pero aún salvaje mundo de las luchas de segundo nivel. Como marcan las exigencias del medio, mantenerse en forma implica emplear medios artificiales, sobre todo cuando el cuerpo ya no está para esos trotes: camas de bronceado, sustancias de dudosa legalidad y cabellera de lucidora falsedad.

En contraste con sus acostumbradas pirotecnias visuales expuestas en Pi, el orden del caos (98) y Réquiem por un sueño (00), Aronofsky apuesta por la sencillez en la forma para que sea el contenido lo que resalte, en particular la constante imposibilidad del protagónico por establecer nuevas formas de mantenerse en pie fuera del mundo al que perteneció y que no puede dejar, acaso porque la vida transcurre más bien dentro del encordado y en los vestidores de atmósfera solidaria.

No es casual que suenen olvidados grupos hardrockeros de melena cuidadosamente despeinada para dejar que Bruce Springsteen ponga punto final con su canción homónima: la parafernalia siempre será tan espectacular como efímera. No existe corazón que resista el desprecio ajeno combinado con el propio; quizá uno u otro, pero nunca ambos: es como un salto desde la tercera cuerda a un vacío largamente construido.

JESUCRISTO FÍLMICO

14 abril 2009

Desde diferentes perspectivas, la figura de Jesús ha sido representada a lo largo de la historia del cine. Entre obras apegadas a los Evangelios que confundieron solemnidad con acartonamiento y propuestas con una visión muy personal, se han recorrido los pasajes de esta singular vida que trastocó para siempre el pensamiento del mundo. Independientemente de las creencias, el peso histórico de este personaje es incuestionable y el cine lo ha retomado en diversas ocasiones con o sin el beneplácito de la jerarquía eclesial católica.

 

LOS PRIMEROS AÑOS

La primera aparición de la figura de Cristo en el cine se le adjudica a La Passion du Christ (Léar y Basile, 1897), con intérpretes improvisados; este mismo año, se realizaron varias cintas en diferentes países que no han logrado resistir el paso del tiempo. Fue el agente de los hermanos Lumiere en Italia, Vittorio Calcina, quien realizó antes del nuevo siglo la más importante versión fílmica sobre Jesús de aquellos años: Pasion Pathe (1899), un corto de diez minutos en el que se recuperaban sobre todo las última horas de la vida de Cristo, incluyendo el andar sobre las aguas a través de un logrado efecto visual para aquellos años.

Ya en los novecientos, aparecieron Le Christ marchant sur flots (George Mèliés, 1900), La Passion du Christ (1902) y La vie du Jesús (1904), ambas de Ferdinand Zeeca, así como Le Baiser de Judás (Armand Bour, 1913). Fue en 1915 cuando se intentó realizar una película más panorámica, abarcando desde la infancia hasta la resurrección: Cristo (Liguoro y Antamoro, 1915).

Intolerancia (1916), trascendente obra maestra de Griffith que a través de un notable desarrollo del lenguaje cinematográfico, planteó en cuatro episodios de diferentes épocas la maldad humana: uno de ellos se refirió a la condena de Jesús de Nazareth, ejemplificando, precisamente, la falta de un valor esencial para la convivencia: la tolerancia. Los otros pasajes, una huelga obrera en Chicago durante 1912, la caída de Babilonia y la sangrienta noche de San Bartolomé, se fueron articulando en un sorprendente montaje paralelo que influyó de manera notable en el desarrollo de muchas cintas posteriores.

I.N.R.I (1923) de Robert Wiene, continuó con la tradición al igual que La vie de Jesus de Marcel Gibaud y Ecce Homo de Walter Rilla, ambas filmadas en 1936. Uno de los precursores del cine como espectáculo fue Cecil B. De Mille (Los diez mandamientos, 23), quien utilizó la Biblia como fuente argumental; entre sus producciones se encuentran Rey de Reyes (The King of Kings, 1927) y El signo de la Cruz (The Sign of the Cross, 1932), cuyas propuestas visuales estaban más cerca de la iconografía tradicional que de una auténtica recreación de aquellos tiempos.

 

CONTRASTES

Para la década de los cincuenta, Henry Koster filmó, inaugurando la tecnología del cinemascope, La túnica sagrada (The Robe, 53) sobre los primeros días del cristianismo y desde Suiza llegaba Barrabás (Barabbas, 53) de Alf Sjöberg. Por su parte, Gólgota (Duvivier, 56) se apegó a la versión de San Mateo. En los sesentas, Nicholas Ray hizo un remake de Rey de Reyes (61) y Richard Fleischer de Barrabás (62). También se produjo La historia más grande jamás contada (63) de George Stevens, otra adaptación sobre los Evangelios con reparto multiestelar.

El controvertido Pier Paolo Passolini, dirigió El Evangelio según San Mateo (64), film orientado más hacia un enfoque popular y con un dejo de ideas marxistas que rompieron con el molde tradicional de la figura de Jesús. La irreverencia volvería con la parodia de los comediantes de Monty Python titulada La vida de Brian (79) de Terry Jones y con Jesucristo Superestrella (Jewison, 73), adaptación hoy inocua de la rock ópera compuesta por Tim Rice y Andrew Loyd Weber.

En España, bajo el auspicio franquista, apareció El proceso a Jesús (Sáenz de la Heredia, 73) como una respuesta a las supuestas blasfemias de la anterior cinta, mismas que volvieron, según la jerarquía católica, con La vida sexual de Jesús ( Dinamarca-Inglaterra, 73). Aunque de manera tangencial, las versiones de Ben-Hur, Quo Vadis? y Espartaco también se han acercado a la figura de Jesús, al igual que la española Marcelino pan y vino (1954) de Ladislao Vajda, El Judas de Ignacio F. Iquino y Cristo se detuvo en Éboli (79) de Francesco Rosi, basada en la novela de Carlo Levi.

El cine mexicano también le entró al tema con poca fortuna: apenas superiores a algunas pastorelas escolares, Jesús de Nazaret (Morales, 42), María Magdalena (Contreras, 45), Jesús, Nuestro Señor (Zacarías, 69), El Mártir del calvario (Morayta, 52), quizá la más acabada, y Jesús, María y José (Zacarías, 72) se desarrollaban en medio de una rigidez tanto actoral como escénica que en lugar de estar haciendo una película parecía que estaban recordándonos las respuestas para alguna clase de religión (basta checar las barbas de utilería para confirmar lo dicho).

 

LOS AÑOS RECIENTES

El director católico Franco Zeffirelli presentó Jesús de Nazareth (77), lograda adaptación fílmica que agradó al Vaticano pero despertó rechazo contradictorio: entre los extremistas puritanos, quienes alegaban que se planteaba a un Jesús demasiado humano, y entre la izquierda, por ser demasiado conservadora y no trascender un catequismo poco vinculado con la época actual.

Godard fue prohibido en México con Yo te saludo, María (84), cinta en la que colocaba a una joven embarazada sin la intervención de ningún hombre, que terminaba siendo rechazada por la sociedad. Para cerrar la década, dos obras clave: La Última Tentación de Cristo (89), obra maestra de Scorsese basada en la novela de  Nikos Kazantzakis, en donde se profundizaba en la aceptación del propio Jesús sobre su divinidad y su misión salvífica.

Absurdamente prohibida y recién estrenada hace cuatro años, como si nuestra fe dependiera de ello, se trata de un filme con un diseño artístico que nos transporta como ningún otro a la época, siempre soportado por la envolvente música de Peter Gabriel. Por su parte, Jesús de Montreal (Arcand, Canadá, 89), sorprendente alegoría sobre la vida de Cristo, seguía a un grupo de teatreros que escenifican la Pasión, misma que empieza a invadir sus propias vidas.

El nuevo milenio inició con películas relacionadas con grupos secretos y complots (tipo Los ríos de color púrpura 2 y  la fallida El código Da Vinci), y con Jesucristo cazador de vampiros (01) una cinta que buscó el sampler entre vampirismo, actos mesiánicos y karatecas. La pasión (04), controvertida cinta de Mel Gibson, resultó para algunos una mirada racista y gore, en donde predomina la sangre sobre la palabra, y para otros una obra maestra que retrató con fidelidad el sufrimiento vivido por Jesús. La directora Catherine Hardwicke, realizó Jesús, el nacimiento (Nativity Story, 06), centrándose justamente en los momentos que rodearon al origen de lo que hoy conocemos como Navidad.

 

COLOFÓN

Este es un panorama general sobre la manera en que Jesucristo ha sido retomado por el cine; no son todas las cintas que han abordado el tema pero su mirada nos puede brindar una idea de cómo se ha entendido la complejidad de una figura que sigue siendo fundamental para la historia de la humanidad, se crea o no en su divinidad. Ojalá que la charlatanería y la censura se dejaran de lado en un asunto que, de una u otra forma, se relaciona con todos nosotros.

EL ARTE DE LLORAR EN CORO: LÁGRIMAS DESAFINADAS

8 abril 2009

Una tendencia de la filmografía nórdica se orienta al desarrollo de temáticas duras e incómodas con una cierta envoltura humorística, casi siempre negra, acaso para inhibir un poco la crudeza de la insuperable realidad que busca representar. Particularmente en la intimidad familiar, ese caldo de cultivo en el que una vez que se cierra la puerta nunca se sabe, pueden desarrollarse historias enaltecedoras al lado de otras que viajan del drama silencioso a la violencia explosiva.

Basada en la novela homónima de Erling Jepsen –disponible en la editorial Lengua de Trapo- y dirigida por Peter Schønau Fog, El arte de llorar en coro (Dinamarca, 06) es una intromisión a la vida de una familia durante la década de los setenta en Jutlandia, un pueblo danés común en que, como suele suceder, se viven infiernos y paraísos particulares que por momentos parecen extenderse más allá de las cuatro paredes de las casas.

Un patológico jefe de familia, lechero de oficio, se deprime todas las noches al punto de lanzar amenazas de suicidarse. Sólo se consuela cuando la hija puberta baja con él, mientras el hijo menor lo ayuda para mantener la discutible estabilidad y la esposa se evade en pastillas para dormir. Esta dinámica familiar se interrumpe, de manera efímera, con la llegada del hijo mayor, enfrentado con el padre y con la situación de enferma normalidad en la que parecen haberse instalado todos. El victimismo ronda por todas las habitaciones del hogar.

La mirada infantil, conductora del relato, se mueve entre la candidez y las motivaciones ocultas, contraste que nos lleva a trasladarnos del drama al humor negro sin que nos percatemos del trayecto, en el que se insertan contenidos difíciles como el incesto, la pedofilia, las tendencias suicidas y el complejo de inferioridad. El simbolismo de presentar a un hombre que encuentra cierta calma al hacer llorar a todos con sentidos discursos en los funerales, permite explorar ese rasgo de la naturaleza humana, no exento de cierta perversión, de regocijarse ante el dolor del otro y, aún más, de provocárselo.

Estructurada a partir de episodios que arrancan con la presentación de algún personaje, la cinta va tomando caminos que ponen en jaque, desde adentro del núcleo y por la presencia de influencias externa, el frágil equilibrio familiar; mientras tanto, la narración del hijo pequeño nos acompaña en este duro pero impostergable destino limpiamente fotografiado con una brillantez que por momentos contrasta con el contenido de lo narrado. La combinación de encuadres al interior de la casa con los exteriores –en los funerales por ejemplo- busca jugar con este contraste entre imagen y realidad familiar.

Una película en la que de pronto no se sabe si llorar, aunque no sea en coro, o soltar alguna sonrisa liberadora para aliviar el peso de la desdramatización que se va desarrollando ante nuestra confundida mirada, un poco como le pasa al pequeño narrador.

CUT COPY: FIESTAS EMULADAS, NUNCA TERMINADAS

5 abril 2009

Ahora nos llega una banda que mutó de unipersonal a trío y que se ha instalado en la fiesta de inicio de milenio con ecos que vienen de hace veinte o treinta años. Tomando parte del sonido francés (Air, Daft Punk, Justice) e insertándose en el movimiento acaso encabezado por LCD Soundsystem y nutrido por bandas como Neon Neon, Hercules Love Affair, Metrnomy y Hot Chip, por mencionar las más conocidas, los de Melbourne han sazonado su propuesta con un poco de rock bailable, música pop escapada de los ochentas con los clásicos pasajes sintetizados y alusiones al disco setentero: he ahí la fórmula, nada novedosa, pero tremendamente efectiva.

Dan Whitford, multiinstrumentista y dieñador, empezó el proyecto cual llanero solitario con el EP Thought of Numbers; se sumaron después Tim Hoey en el bajo y la guitarra, y el baterista Mitchell Scott para darle cuerpo a la idea originaria que desde el inicio recibió el nombre de Cut Copy, muy en la línea de su propuesta musical. Su primer largo, Bright Like Neon Love (04), invitaba a la pista sin hacerse demasiado del rogar ni complicarse la vida.

Para reafirmar el rumbo tomado, grabaron Fabriclive.29 (06), una colección de mezclas en vivo que puso a bailar juntos a leyendas como Roxy Music paso a paso con Goldfrapp, Soulwax y Ciccone Youth (con Into the Groove, original de Madonna), así como a bandas más cercanas en tiempo como Faint, Presets y Midnight Juggernauts, entre otros: una ecléctica selección que ya quisiera uno cuando la hace de improbable DJ casero en la reunión de fin de semana.

Con In Ghost Colors (08) terminaron por romper los contornos de su enorme isla y los pudimos conocer acá de este lado del planeta, cosa que nos dio mucho gusto. Con un entramado de quince canciones cuya edición no deja entrar al silencio absoluto, damos pasos para atrás para reencontrarnos con aquellos años en los que no hacíamos tanto el ridículo en la pista, o no nos dábamos mucha cuenta: conforme gira el disco, se van generando referencias musicales (“esta suena a… más bien recuerda a…”) que parecían bien guardadas en el baúl de la dispersa adolescencia. Un disco completamente disfrutable.

Cut Copy viene a México para dar un concierto en el Vive Cuervo Salón: para darle colorido a los fantasmas del pasado y volver a poner en funcionamiento el esqueleto.

SLUMDOG: ROMANCE MILLONARIO

4 abril 2009

Como la historia imposible que retrata e igualmente forzando las casualidades al máximo, la reciente cinta de Danny Boyle, tras la notable Alerta solar (07), superó obstáculos financieros, planes para mandarla directo al mercado de video, intentos de censura, críticas de algunos sectores de la India y acres comentarios de Salman Rushdie, uno de los escritores más importantes de nuestros tiempos (mejor el desprecio que la indiferencia). Con todo, el happy end de Quisiera ser millionario (Slumdog Millionaire, RU, 08) se trasladó a la realidad con esos ocho premios Oscar que le terminó por asegurar distribución y atenciones mundiales.

Retomando la estructura base aunque modificando el contenido de la novela ¿Quién quiere ser millonario? de Vikas Swarp –ya disponible en Anagrama- y la idea previamente trabajada en su cinta Millionarios (04), el director de Trainspotting (96) se sumergió en la vida de los niños en situación de calle en la convulsa y contrastante Mumbai, para contar una historia imposible de amor y sobrevivencia en la jungla más adversa posible, poblada de explotadores inmisericordes, policías violentos, luchas religiosas, montañas de basura y mucha indiferencia.

Con permanente uso del flashback, la arquitectura de la narración se basa en la participación de un joven que sirve el té en un call center, dentro un popular programa de concurso. Su aparente ignorancia será eficazmente suplida con vivencias convertidas en experiencias que, en el colmo de las coincidencias, encuentran aplicación directa para contestar la mayoría de las preguntas: un buen ejemplo de lo que los pedagogos llaman aprendizaje significativo.

Así, arrancamos con un tono de cruda realidad viendo a estos Niños del fin del mundo (Meshkini, 01) convencidos que Las tortugas pueden volar (Ghobadi, 05); de ahí nos vamos al inicio de un romance a prueba de todo y a una juventud en medio de la aventura continua y la búsqueda de la sobrevivencia, siempre con la mira en esa niña que se quedó a la distancia mientras el tren se llevaba a los hermanos escapistas.

El reality show televisivo entre humillante y esperanzador se imbrica con el interrogatorio y tortura policíaca y los sucesos detonadores de las respuestas. Al principio nadie cree en nuestro héroe: ni el insufrible presentador, ni el policía cuestionador y acaso ni la pequeña niña. Pero la credibilidad es un asunto que se gana con acciones y quizá también con buenos argumentos y fe inquebrantable.

Con cámara oblicua que nos regala angulaciones rompecuellos, siempre desafiando la horizontalidad, y texturas deslavadas que contrastas con la brillante falsedad del show en el polo opuesto de El dilema (Redford, 94), la cinta se apoya en el desdoblamiento de microhistorias acompañadas por una música que sabe combinar tradición con beats urbanos y cierta estética tomada de Bollywood, el par indio de Hollywood.

Una película que logra llevarnos de la angustia a la euforia, de la molestia a la sonrisa franca y del suspiro romántico a una complicidad bien justificada: todo ello a pesar de su intencional matiz de inverosimilitud. Cierto, al principio uno pide esquina por la fuerza del drama; al final, se agradece la compensación. De estar sumergido en los desechos a poder abrazar a la mujer amada: eso es un romance cándido. Ahí está la coreografía final mientras pasan los créditos: toda una celebración de lo improbable.

Nos leemos después.

Blog: https://cinematices.wordpress.com

MONSTRUOS, ALIENS, HUEVOS Y UN POLLO

3 abril 2009

 

Un par de cintas de animación que bien pueden ser disfrutadas por toda la familia, coinciden en cartelera rumbo a las vacaciones que ya están entre nosotros; ahora que la crisis económica se está dejando sentir sin muchos miramientos, un buen destino turístico puede ser la sala de cine de la esquina, mucho mejor que alguna playa paradisíaca, una impactante ciudad colonial o una bella e incomparable zona arqueológica. Todo está en creérselo.

monstruos-vs-aliens-300x3501DREAMWORKS SE RECUPERA
Tras varios esfuerzos muy apenitas (Madagascar, Kung-Fu Panda, Bee Movie) que los alejaron de los niveles alcanzados por Pixar, los trabajadores de sueños han logrado realizar su mejor película desde las realizadas en colaboración con Aardman (Pollitos en fuga, Lo que el agua se llevó, La batalla de los vegetales), gracias a una estructura argumental que funciona como homenaje a las películas de ciencia ficción de los 50´s, cargadas de paranoia nuclear.
El adecuado trazo de personajes, tanto de los monstruos principales (referenciando a La mancha voraz, Mothra, La mujer de 50 pies, El hombre mosca y El monstruo de la laguna) como de los secundarios (el presidente locochón y el militar cumplidor), consigue inmediata identificación de los pequeños; las pertinentes inserciones de humor y acción, y el diseño visual ya en la punta tecnológica, siempre como apoyo a la historia que se cuenta, terminan por redondear una cinta disfrutable que igual sirve para volver a los clásicos a los que rinde tributo.
Dirigida por Rob Letterman (El Espantatiburones) y Conrad Vernon (Shrek 2), Monstruos vs. Aliens (EU, 09) aprovecha en efecto las posibilidades de la 3D para construir escenarios atractivos y secuencias absorbentes para que, además de los momentos de emoción, se desplieguen apuntes sobre la amistad, el valor de ser diferentes y, sobre todo, que una comprensiva y tierna novia se puede convertir, a partir del momento de la boda, en una gigantesca mujer capaz de atraparnos en sus manos… manteniendo la dulzura, cabe aclarar.

HUEVOS A LA MEXICANA
Aprovechando el éxito taquillero de su predecesora, nos llega Otra película de huevos y un pollo (México, 09) dirigida por Gabriel y Rodolfo Riva Palacio en el mismo tono entre alburero e ingenioso, más allá de las limitaciones técnicas, tan redituable para pensar en términos de franquicia.
A pesar de su excesivo localismo y falta de cierre de algunos cabos (se hubiera podido presentar a la suegra convertida en sillón rojo, por ejemplo), la historia funciona en buena medida por la personalidad bien desarrollada de los diversos huevos, así como una mejora notable en la propuesta visual.

p.d. Los invito a entrar a https://cinematices.wordpress.com donde encontrarán estos escritos y otros acerca de cine y música, principalmente. Es un espacio para dialogar y construir ideas de manera conjunta. Ahí los espero.

Nos leemos después.
Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx