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COLDPLAY O LA CABEZA LLENA DE SUEÑOS POR CUMPLIRSE

3 abril 2016

Estar en el ojo del huracán mediático no es fácil. Ya hemos visto varias veces la historia del grupo que empieza a ser alabado por la crítica y el público para después ser abandonado por la primera y seguido por el segundo. Mantener un nivel creativo a tope tampoco es para cualquiera y las presiones que implican las altas ventas y las imposiciones de las empresas disqueras, suelen repercutir en el ámbito propiamente de la producción artística, ahora sujeta a otro tipo de vendavales.

Coldplay es el tipo de grupo que puede encandilar a las niñas bien, recibir la aprobación de tu mamá también y descubrir el rudo corazón de los valientes que usualmente optan por los decibeles y el canto gutural, aunque en ciertas circunstancias lo tengan que negar para no ser señalados como poperos, calificativo por completo difuso. Su fuerza radicó en el atinado énfasis melódico con fuerte carga emocional aún en sus canciones más desnudas y su capacidad para beber de la tradición del rock británico.

Primero como diversión y después tomándose demasiado en serio, empezaron a tocar juntos. Chris Martin (vocal, piano, guitarra), Will Champion (batería), el escocés Guy Berryman (bajo) y el galés Jon Buckland (guitarra) coincidieron como estudiantes en Londres a mediados de los noventa y para 1998, con tres canciones bajo el brazo, se dieron a conocer en un festival en Manchester. Se dice que el nombre de la banda, primero llamada Starfish, se debió a Tim Rice-Oxley, quien estaba ya enrolado con Keane.

El paso natural, tras la grabación de algunos EP´s de limitada difusión, fue la aparición de su primer largo, Parachutes (2000), álbum que pronto los impulsó directo al cielo con todo y la influencia temprana tanto de Echo and The Bunnymen como de Jeff Buckley, y la inclusión de Yellow, vuelto clásico instantáneo, así como de la sutil Trouble. Las comparaciones con Radiohead –se llegó a decir que era la versión light de la banda comandada por Thom Yorke- y con U2, en cuanto a estilo y pretensiones, llegaron de inmediato: es uno de los riesgos de empezar a entrar en el mundo raro de la fama mediática.

CON LA SANGRE EN LA CABEZA

Mientras que para muchas bandas el segundo álbum representa una prueba no superada, para Coldplay significó el encumbramiento total: con la melancolía cargada de falsetes en la voz, el piano onírico, la guitarra melódica y una eficiente base rítmica persiguiendo la emoción, llegó A Rush Of Blood To the Head (2002), que arranca con la energía cambiante de Politik para continuar con el primer sencillo, la romántica para algunos y cursi para otros In My Place, pronta invasora de las estaciones radiales.

Así, con ciertos apuntes épicos y piezas de alto nivel evocativo como The Scientist y Clocks, se trató del disco del año para varias publicaciones especializadas. La negativa para que se usaran sus canciones en anuncios comerciales, la participación en grandes conciertos benéficos, el apoyo para Amnistía Internacional y la campaña de Comercio justo, así como sus elusivas presentaciones en vivo, empezaban a fortalecer el estorboso epítome de “la banda más grande del mundo”, a lo que se sumaba la presencia de la prensa del corazón siguiendo la relación del líder con la estrella hollywoodense Gwyneth Paltrow, hoy finiquitada.

Pero la fama es un animal traicionero. Las presiones para la aparición de la tercera entrega y la carga sobre los hombros del cuarteto, parece que hicieron mella en el resultado. En efecto, X & Y (2005) es un trabajo consistente, percibido sobre todo a la segunda o tercera escucha, pero no alcanzó las expectativas generadas por su predecesor. No faltan canciones contundentes como Square One, Speed of Sound y Talk o baladas sensibles como la espléndida Fix You, pero sí mayor nervio o acaso convencimiento, sobre todo en la parte intermedia de la obra.

De la mano de Brian Eno, esa mente maestra de aliento explorador, grabaron Viva la Vida or Death and All His Friends (2008) con cierta cuota de riesgo, incluyendo apuntes a la cultura latina –francesa, española y mexicana- que terminó por funcionar gracias, en buena medida, a la habilidad para extraer la esencia de la banda y potenciarla por parte del gurú del ambient: además de la canción titular, una de las más escuchadas de los años recientes, se encuentran piezas de acabada manufactura que coquetean con el art rock.

Cuando se esperaba que dieran el gran salto para su quinto disco y asumir el rol de la banda más grande del mundo, parecieron renunciar a las expectativas y empezar a convertirse en un grupo más de rockpop capaz de seguir llenando estadios pero ya sin colocarse en la punta de la lanza, optando por cierta obviedad letrística y jugando en cancha segura. La dependencia hacia el estado de ánimo de su líder se acentuaría y un cierto empantamiento evolutivo pareciera seguir afectando para conseguir la ansiada obra maestra que se anunciaba tras sus primeros discos.

FANTASMAS EN LA CABEZA

COLDPLAY 2016Vinieron Mylo Xyloto (2011), con algunos destellos de la brillantez anterior, aunque sin alcanzar la consistencia necesaria a lo largo de todos los tracks; Ghost Stories (20014), atravesado por la ruptura matrimonial de Martin y que se quedó lejos de otros discos producto de este tipo de separaciones, como las obras maestras Here, My Dear de Marvin Gaye, Blood On the Tracks de Dylan y Rumours de Fleetwood Mac, además de Sea Change de Beck, For Emma, Forever Ago de Bon Iver y Vunicura de Björk, por mencionar algunos notables ejemplos recientes.

Después de la depre, nada mejor que un tono celebratorio, aunque no suene muy convincente; así apareció muy pronto el efusivo A Head Full of Dreams (2015), al que se le tundió más de la cuenta no obstante que incluye dos o tres cortes a la altura de las circunstancias, sobre todo porque hoy es cool criticarlos negativamente: cierto es que se lo han ganado, en parte, pero se ha exagerado al grito de “necesitamos leña y ahí tenemos un árbol caído”. Hasta su presencia en el Súper Bowl provocó que se dudara de su capacidad para, ellos solos, llenar el espectáculo de medio tiempo.

Hace algunos años, Chris Martin declaraba que “la única alternativa es intentar llevar nuestro trabajo lo más lejos posible… entiendo que todo eso de la fama y la fortuna es una mentira, y grabar discos sólo con ese fin no nos haría felices… me da igual ser grande o famoso. Lo que de verdad importa es plantar cara y pelear por estar ahí.” (Entrevista de Miranda Sawyer, Rockdelux 231, julio-agosto, 2005). Ahora dijo, con poca fortuna, que “vamos a hacer nuestras cosas; si no te gustan, no me importa, juega Play Station” (Entrevista de Josh Eells, Rolling Stone 1255, febrero 25, 2016).

Quizá es lo que siguen haciendo y nuestras expectativas son las que están equivocadas. Yo no tengo Play Station y en general me gusta Coldplay.

Twitter: @cuecaz

AFIRMANDO Y APLAUDIENDO

22 agosto 2015

Puede ser una demostración espontánea de júbilo. También una reacción confirmatoria de un resultado anhelado. O una expresión de alivio ante momentos de incertidumbre o tensión. Chocar las palmas de las manos y gritar un sí en tono contundente, satisface esa necesidad de asegurar el alcance de la expectativa. Aplaudir es un gesto ancestral que conjunta la propia alegría con el reconocimiento hacia los demás. Afirmar verbalmente con énfasis permite que el otro se entere de nuestra convicción pero sobre todo, para reafirmarla hacia nosotros mismos.

AL PRINCIPIO FUE LA INTERNET

Compañeros de universidad en Connecticut, Alec Ounsworth y Tyler Sargent fundaron Clap Your Hands Say Yeah (CYHSY) durante los primeros años del siglo XXI. Asentados en Brooklyn, aunque Ounsworth vivía en Filadelfia, empezaron a tocar con la participación de Lee Sargent, Robbie Guertin y Sean Greenhalgh. Pronto fueron reconocidos tanto en vivo como en la red, incluso antes de fichar con alguna disquera: Internet como buen caldo de cultivo para el descubrimiento de propuestas al natural, sin pasar por el escrutinio mercadológico de algún genio de escritorio.

Clap Your Hands Say Yeah (2005), su homónimo álbum debut, resultó ser una fresca oleada de canciones con espíritu independentista arropadas en un pop de original orfebrería, siguiendo la estela dejada por los Talking Heads, con estilo vocal muy cercano a David Byrne y con el consabido toque de baja fidelidad, a tono con los tiempos recientes. Como reconociendo los problemas de la vida, la invitación es clara desde el primer corte: aplaude cual bálsamo confiable y como una oportunidad para darle una nueva mirada a las cosas sencillas y valiosas, usualmente a la mano y sin caer en un optimismo facilón.

Después de este debut, considerado uno de los mejores del año, presentaron el EP Fall 2006 Tour (2006) en conjunto conClap Your Hands Say Yeah los grupos Architecture in Helsinki y Takka Takka, al que le siguió Some Loud Thunder (2007), el siempre complicado segundo disco ya con el reconocimiento a cuestas y las expectativas colocadas más altas; sin alcanzar las cotas puestas por su primera entrega, la obra muestra momentos brillantes tanto en las composiciones como en las letras, aunque se advierta una menor espontaneidad y consistencia a lo largo de todos los cortes.

Una pausa que se prolongaba con rumores de ruptura fue interrumpida por la aparición de Hysterical (2011), tras cuatro años sin grabar. El álbum gana en coherencia sin perder el toque arty que caracterizó a su debut, mostrando habilidad para retomar el camino andado y exhibiendo cierta maduración dentro de la tendencia de su estilo particular, enclavado en un indie rock enfocado sin grandes pretensiones pero destilando efusividad propia del postpunk.

PARA CORRER HAY QUE SABER CAMINAR

CYHSY se reconfiguró tras la salida de algunos de sus miembros. Asumiendo por completo el control creativo, Alec Ounsworth y el baterista Sean Greenhalgh se pusieron a trabajar en Filadelfia, junto con varios invitados, para darle forma al siguiente disco de la banda. Con una mayor tendencia hacia la lógica electrónica en rítmica y estructura, aunque preservando el reconocible pop de cuidada manufactura, Only Run (2014) muestra en su portada a una sombra predominante y a una persona con notorio sombrero saliendo de cuadro en tonos azulosos.

Desde As Always, la canción abridora, se advierte el giro de timón hacia un electropop de cromatismos variados, con discretos apuntes de experimentación y una guitarra nebulosa que recuerda a The Cure. Blameless limpia la bruma con sentida vocal de agudeza penetrante y rítmica geométrica que visita pasajes suspendidos, mientras la elusiva Coming Down se apoya con la contrastante presencia de Matt Berninger de The National.

Little Moments le pone acotada épica saltarina al trayecto y de pronto un enfoque atmosférico se apodera de los siguientes cortes: Only Run nos convence de la belleza del mundo con accesible melodía, dejando que Your Advice nos lance un misterioso mensaje con sonrisa incluida que parece provenir de otra parte, viajando sobre un teclado de vaivenes imperceptibles que se conecta con Beyond Ilusion, cuya articulación parece querernos hipnotizar con programadores y una letra convincente.

El disco cierra con Impossible Request, que cuenta con una versión alternativa, en la que el desasosiego parece encontrar alguna certeza en sus armonías asequibles, y con Cover Up, iniciando con una vieja grabación en un restaurante y avanzando con cauteloso y contundente ritmo, al que contribuye Kid Koala, el DJ invitado para ponerle su contexto sonoro al corte final del disco.

DIVERSIDAD SONORA

13 junio 2015

Conciertos para gustos diversos que confluyen durante el fin de semana en nuestro país; un buen pretexto para darse una vuelta por el DF y revisitar las propuestas que van del jazz al pop sicodélico y de ahí al folk y al rock de consumo masivo.

DAMIEN RICE

Con la sensibilidad a flor de piel, vocal trémula que exuda melancolía atrapada en una angustiaDamien Rice contenida y composiciones de melodiosa soledad, este cantante irlandés se dio a conocer primero con Juniper, grupo que pronto abandonó para dejarse cobijar por el productor David Arnold, quien había trabajado con Bjork. El sencillo The Blower’s Daughter, que apareció en el film Closer (Nichols, 2004), funcionó como carta de presentación ante públicos más amplios y preparó O (2003), su largo debut conformado por diez cortes de fuerte alcance dramático.

Después de colaborar con Tori Amos, The Frames y Herbie Hancock, grabó 9 (2006), obra con la que se mantuvo en la tesitura de la frágil emotividad, expresada a través de un folk propio de un trovador en tiempos posmodernos. Tras algunos discos en vivo, por fin apareció My Favourite Faded Fantasy (2014), uno de los mejores trabajos del año integrado por ocho canciones de tersas texturas que construyen emocionales melodías, cargadas de sugestivas letras. Fundamental la producción del ecléctico Rick Rubin para resaltar la esencia del artista y lanzarla a la tierra de las fantasías posibles.

HELEN SUNG

De formación clásica, la pianista nacida en Houston de origen chino, entró al mundo del jazz por la puerta del postbop, aprovechando su sólida visión para la comprensión de las leyendas del género –ahí están sus estudios en la Thelonious Monk Institute of Jazz Performance– y para la improvisación, ingrediente siempre atractivo en el mundo de la síncopa. Colaboradora con varios ilustres personajes como Wayne Shorter, debutó como solista con Push (2004), expresando plena confianza y soltura al momento de acometer el instrumento.

Siguieron los álbumes Helenistique (2006), Sungbird (After Albeniz) (2007) y Going Express (2010), a través de los cuales cimentó su prestigio como una representante de la continuidad de la tradición jazzística con buenas dosis de modernidad y un peculiar toque femenino lleno de entusiasta rítmica y técnica exquisita. Apoyada por el bajista Peter Washington y el bajista Lewis Nash, perpetró (re)Conception (2011), obra en la que ataca con dinamismo imparable su instrumento, reinventando piezas de algunos autores esenciales como Bacharach, Ellington, Shearing y Monk, además de integrar una composición propia.

En formato principalmente de sexteto y con grandes invitados como Paquito D’Rivera, Seamus Blake, Ingrid Jensen, John Ellis y Regina Carter, entre otros, grabó el estimulante Anthem for a New Day (2014), mostrando a la pianista en plan de liderazgo compartido, dando el lugar a sus reconocidos colegas pero conversando con ellos de tú. Se presenta en la Ciudad de México y en Cuernavaca.

THE MAGIC NUMBERS

La propuesta del cuarteto londinense se desarrolla a partir de un pop soleado con sutiles tesituras experimentales, acaso retomadas de ecos sesenteros, que rondan atmósferas psicodélicas de mágica numeralia. Liderado por el trinitario Romeo Stodart e integrado por su hermana Michele en el bajo, junto con otra pareja de hermanos, Sean Gannon en la batería y la vocalista y multiinstrumentista Angela, el grupo debutó con The Magic Numbers (2005), álbum homónimo que resultó ser una grata y fresca sorpresa en el panorama musical de inicios de siglo, enclavado en una lógica retro con la mirada al futuro.

Como una continuación natural y con una notoria influencia de The Mamas & The Papas, según se ha señalado, grabaron Those the Brokes (2006), al que le siguió el EP Undecided (2007). Con The Runaway (2010), se advertía un cierto estancamiento que pareció exigir cierta pausa a la banda, aprovechada por la bajista Michele Stodart para adentrarse en solitario por los territorios del country con su álbum Wide-Eyed Crossing (2012). La cuarta entrega, titulada Alias (2014), significó el regreso de la prestidigitación numérica, expresada en canciones confeccionadas con ganchos melódicos y juegos de cuerdas que, en efecto, le dan clara identidad a la propuesta.

IMAGINE DRAGONS

Este cuarteto bastante valorado por las nuevas generaciones, propone un pop energético con aderezo electrónico que busca la emoción pronta, tal como sucede en Las Vegas, su hábitat natural como el de The Killers, uno de sus modelos a seguir; tomó forma apocalíptica en Night Visions (2012), su primer largo en el que se incluyen algunas canciones que han sonado en los circuitos radiales gracias a su consistencia pegajosa y al uso de recursos, si bien efectistas y ligeramente prefabricados, al final atractivos y bastante resultones.

Con la misma idea de no andar descubriendo el hilo de ningún color ni el agua de variadas temperaturas, se siguieron enfocando a lo que saben hacer y grabaron Smoke + Mirrors (2015),  disco conformado por apuntes electrónicos de armónica intuición que soportan una disposición a la actitud energética y convencida: se nota que creen en lo que cantan, más allá de que sigan buscando el sello distintivo. Ahí están otra vez las canciones que sonarán sin parar y que estarán en boca de un buen número de adolescentes, tanto recientes como tardíos: de pronto uno se descubre cantando (es un decir), junto con los hijos, las estrofas de estos escupefuegos.

SONIDOS BRITÁNICOS EN MÉXICO

17 abril 2013

Tres conciertos para un mismo día en nuestro País que vienen a ofrecer sendos grupos: uno con trayectoria de poco más de 20 años y otros dos que andan haciendo sus pininos pero ya jugando en ligas de reconocible importancia.

SPIRITUALIZED: VIAJE POR EL ESPACIO DE LA LUZ
Una vez llegado el final de Spaceman 3, grupo con el que desparramó, durante la segunda mitad de los ochenta y el amanecer de los noventa, texturas trance a partir de guitarras distorsionadas y teclados incisivos con enfoque minimal, el vocalista y guitarrista británico Jason Pierce (disco solista Guitar Loops, 06; colaboración en el score de Mister Lonely de Harmony Korine) conformó Spiritualized, todavía con The Velvet Underground como figura tutelar y dispuesto a continuar con esa particular creación de atmósferas entre la reiteración sonora y la expansión de mantos sinfónicos.
Junto al guitarrista Mark Refoy, el bajista Willie B. Carruthers y el baterista Jon Mattock, como a mnaera de continuidad natural, Pierce firmó el contundente Lazer Guided Melodies (92), álbum debut antecedido de algunos EP´s que allanaron el camino para el nacimiento de esta banda quizá ya existente pero de nombre distinto, la cual presentó Fucked Up Inside (93), álbum en vivo al que le siguió el EP Electric Mainlinie (93), como para ir poniendo el escenario propicio para sus siguientes trabajosAhora como trío integrado por Kate Radley (teclado/guitarra), Sean Cook (bajo) y Pierce, presentaron el intenso Pure Phase (95), obra que avisaba, de alguna manera, la proximidad de su cumbre: Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space (97), con la que ampliaron horizontes experimentales y profundizaron en terrenos conocidos, acompañados del baterista Damon Reece y de algunos invitados de lujo, como Dr. John, Jim Dickinson y The Balanescu Quartet, con quien ya habían colaborado en el álbum anterior. A la distancia, se puede considerar como uno de los discos esenciales de la década, con todo y su espíritu góspel entremezclado con lances orquestales de estética beatlesca, como para poder desplazarse por el cosmos personal y descubrir los propios secretos.
Después del doble en vivo Royal Albert Hall October 10 1997 (98), los cambios en la alineación continuaron y.Spiritualized
el grupo cada vez se fue convirtiendo más en el proyecto de Pierce. El nuevo siglo fue saludado con Let It Come Down (01), caracterizado por cierta suntuosidad que contrastó con Amazing Grace (03), de carácter más directo y a la cabeza, en el que cabía un rock guitarrero junto a texturas distorsionadas como pasadas por filtros múltiples. Tras una pausa que se empezaba a prolongar, por fin grabaron el evocativo Songs in A and E (08), con predominancia de medios tiempos concebidos melódicamente, expandidos a Sweet Heart Sweet Light (12), en el que también se incrustaron canciones angulosas.

DOS TRÍOS PARA LLEVAR
Un par de grupos de reciente aparición nos hacen los honores en esta semana, navegando entre el pop de corte electrónico con un cierto aliento postrock, con las intensidades del caso o bien con guitarras que prefieren olfatear terrenos más melódicos. Por una parte, el trío originario de Liverpool conocido como The Wombats, compuesto por los compañeros estudiantiles Matthew Murphy (vocal/guitarra), Dan Haggis (batería) y el bajista noruego Tord Øverland-Knudsen, quienes empezaron a hacer ruido en el 2006 con el sencillo Girls, Boys and Marsupials, muy a tono con su propio nombre distintivo.
Su debut largo fue A Guide to Love, Loss & Desperation (07), a manera de orientación para las diferentes emociones que parecieran inevitables de ser experimentadas. Tras el EP On Bright Antenna (08) y con cierto reconocimiento a cuestas, grabaron This Modern Glitch (11), ya con una producción de mayor nivel que contribuyó a un sonido enfocado y a una cohesión que se advertía en los diferentes cortes, con un bajo navegando con seguridad, melodías inteligibles y unas vocales ya convencidas de su propia propuesta.
Por otra parte, directamente de Irlanda del Norte y con un sonido enclavado en un pop elaborado con meticulosidad, Two Door Cinema Club se conforma por Alex Trimble (vocal/guitarra/programación), Sam Halliday (guitarra/vocal) y Kevin Baird (bajo/vocal), quienes se conocieron en la escuela y por amigos mutuos. Empezaron a tomarse el asunto en serio desde el 2007 y para el 2009 ya habían grabado su primer EP, titulado Four Words to Stand On, mostrando que sus territorios eran compartidos con bandas como Phoenix.
Con Tourist History (10) se posicionaron pronto como una de las bandas nuevas dignas de ser escuchadas en el amplísimo espectro del pop, particularmente por su sensibilidad para la composición y la capacidad de integrar los teclados pintados de vitalidad con unas guitarras que se encargan del resto, bien soportadas por una base rítmica de cierta desfachatez. Puliendo la producción y manteniendo creatividad al momento de componer, superaron la dura prueba del segundo álbum como el venturoso Beacon (12), que amplió el radio de alcance del grupo y que les ha permitido mantenerse en la mira de propios y extraños.

CHICAGO EN MÉXICO

11 enero 2011

Aprovechamos la visita de esta longeva banda a nuestro País para hacer un recuento de sus más de cuarenta años de trayectoria, entre caídas y levantadas pero aún dándole aliento a nuestros oídos.

LOS AÑOS DORADOS
Empezaron como septeto con sólida alineación, de consistente defensa rítmica, un medio campo de elusivos alientos, una delantera de saludable versatilidad en las voces, colmilluda e influyente producción (J. W. Guercio) y un creativo juego melódico: Robert Lamm (vocal, teclados), Terry Kath (vocal, guitarra), Peter Cetera (bajo, vocal), Daniel Seraphine (batería), Lee Loughnane (trompeta, vocal), James Pankow (trombón) y Walter Parazider (instrumentos de viento, vocal), aparecieron como Chicago Transit Authority para presentar álbum homónimo en 1969, justo cuando en el rock continuaba la eclosión aparecida un par de años antes, dentro del que se aventuraron a combinar sonidos arriesgados con estructuras clásicas del jazz, del pop y del R&B y una cierta esencia política.
Con nombre reducido para llamarse igual que la ciudad en la que se formaron, entraron a la década de los setenta con el igualmente disfrutable Chicago II (70), iniciando la tradición de titular sus discos por número, que presentaba el sencillo Make Me Smile como para continuar su expansión por las orejas del mundo. Con Chicago III (71) se mantuvo el éxito comercial y el vendaval de canciones, constituyéndose como el tercer álbum doble al hilo (para la generación del i pod: hubo una época en la que a los discos se les llamaba LP’s, eran unos objetos hermosos y si había muchas canciones se empaquetaban dos de ellos o incluso tres).
Después de una obra grabada en vivo en Japón y una caja de cuatro discos titulada Chicago at Carnegie Hall (Chicago IV) (71), regresaron con nivel similar al de sus inicios con Chicago V (72) y Chicago VI (73), aunque cada vez con una orientación más pop siguiendo el formato de las canciones de entre tres y cuatro minutos, fácilmente manejables por las estaciones radiales. Las composiciones, primordialmente las de Robert Lamm, seguían expresando una atractiva capacidad melódica no obstante ya se combinaban con más aportaciones de otros miembros como Peter Cetera.

LOS AÑOS DIFÍCILES
Chicago VII (74) y Chicago VIII (75), con la integración del percusionista Laudir de Oliveira, siguieron siendo comercialmente positivos pero cada vez más la crítica se desencantaba con la banda; para sacarle más provecho al asunto de la rentabilidad, se imprimió el Chicago IX: Chicago´s Greatest Hits (75), acaso como un síntoma de agotamiento creativo o de cambio de intereses que quizá no estaban del todo asimilados.
Con If You Leave Me Now como carta de presentación, Chicago X (76) resultó ser una obra en la que la orientación de la banda parecería tomar rumbo definitivo, decantándose hacia las baladas de fuerte pegada, aunque los siguientes cuatro trabajos, Chicago XI (77), Hot Streets (78), Chicago 13 (79) y Chicago XIV (80), se antojaron extraviados. La salida del productor y la muerte de Terry Kath fueron factores para que el grupo entrara en una etapa confusa, incluyendo la carencia de un guitarrista plenamente compenetrado.

LOS AÑOS RECONSTRUCTIVOS
Como para calmar las aguas, aparece Greatest Hits Vol. II (81) que le da cierto aire a Chicago 16 (82), álbum en el que se integró la famosa Hard To Say I´m Sorry, balada que sirvió a muchos jóvenes ochenteros para arrepentirse ante su cada cual sin necesidad de hacer desfiguros, como a los setenteros les funcionaba aquella canción de Elton John: Sorry Seems To Be the Hardest Word. Las adhesiones del productor David Foster y de Bill Champlin (guitarra/teclados) les vino como un buen revulsivo al grupo.
Vendría después Chicago 17 (84), el último gran disco de la banda con todo y su pulido pop en el que Peter Cetera se despedía en plan grande de la mano otra vez del productor David Foster y toda la experiencia puesta al servicio de los cortes: You’re The Inspiration y Hard Habit To Break continuaban la tradición de sensibilidad a punto en el terreno de las baladas románticas y Stay the Night le imprimía cierto dinamismo al arranque del álbum.

LOS AÑOS DEL MANTENIMIENTO
Con algunos discos recopilatorios y cambios de alineación como la presencia de Jason Scheff como cantante, la banda ha continuado grabando álbumes ya más bien enfocados a un público más específico espantosamente conocido como adulto contemporáneo, que suena a tipos aburridos de barriga prominente y vida resulta en apariencia: en los ochenta desfilaron Chicago 18 (86) y Chicago 19 (88), mientras que en los noventa hicieron lo propio Chicago Twent-1 (91), Night & Day: Big Band (95), Chicago´s First Christmas (98) y Chicago XXVI- The Live Album (99).
Aún con bríos aunque sin demasiada variedad sonora, en el nuevo milenio han presentado el inesperadamente agradable Christmas: What´s It Gonna Be, Santa? (03), el saludable regreso con canciones inéditas Chicago XXX (06), Stone of Sisyphus: XXXII (08), grabado originalmente en 1993 y Peter Wolf como invitado, y un disco de éxitos en conjunto con Foreigner, en una extraña jugada mercadológica.

THE CRANBERRIES: POP CON AROMA A TRÉBOL

28 septiembre 2010

Limerick, Irlanda 1990: los hermanos Noel (guitarra)y Mike Hogan (bajo) forman una banda llamada Cranberry Saw Us, a la que invitan al baterista Fergal Lawler. Tras la salida del vocal, acude al llamado una mujer que cambiaría el destino de la banda, quizá pensada en un inicio con un alcance local: tres años después ya estaban en las orejas de todo el mundo con su álbum debut Everybody Else Is Doing It, So Why Can´t We? (93), en el que se dejaba escuchar la entusiasta Dreams y la exitosa balada Linger, además de varios cortes que los emparentaban con The Sundays pero que contrastaban con el Grunge, el Britpop y con la explosión de la electrónica, tendencias dominantes en los circuitos musicales de aquellos años.
Pop con aroma céltico soportado por una guitarra melódica que por momentos se exalta con fuerte influencia de The Smiths, según se ha dicho; una aplicada base rítmica de entradas contundentes y, sobre todo, por la nutritiva vocal de Dolores O´Riordan, en la tesitura de Sinnead O´Connor, que igual expresa ciertas posturas políticas que sentimientos más vinculados a las relaciones personales. Antes de que la fama se subiera demasiado a la cabeza, el cuarteto presentó No Need To Argue (94) con una orientación ligeramente más roquera, expresada en el sencillo Zombie aunque manteniendo el sello de la casa, tal como se deja escuchar en la abridora Ode To My Family.
Tras este par de recordables álbumes, empezó la cuesta abajo… o arriba, según se quiera ver. Las intenciones solistas de la vocalista se mantenían presentes entre la necesidad de sacar un tercer disco, mismo que llegaría bajo el título de To The Faitfhful Departed (96) cuyas texturas más guitarreras no lograron llamara la atención de nuevos escuchas y tampoco terminaron por agradar a quienes esperaban una propuesta similar a sus obras precedentes. O’Riordan, ni tarda ni perezosa, grabó Are You Listening (97), su debut como solista que tuvo discreta repercusión.
Alrededor del fin e inicio del milenio, la banda grabó Bury the Hatchet (99) y Wake Up an Smell the Coffe (01) ambos con pinkfloydesca portada, con una clara intención por mirar atrás y con ciertos destellos de creatividad, no obstante insuficientes para volver a quedar arriba en la caprichosa rueda de la fortuna del mundo del rock; la aparición de Stars: The Best of 1992-2002 (02) indicaba una obligada pausa, rota por la aparición del segundo disco solista de Lolita, No Baggage (09) y por la reunión que los trae a nuestro País, sin disco nuevo bajo la chistera.