Posts Tagged ‘Memoria’

MEMORIA EN TRANSICIÓN, IDENTIDAD EN RECONSTRUCCIÓN

2 mayo 2013

Sabemos que los recuerdos constituyen parte esencial de nuestra personalidad: somos lo que nos acordamos. Sin ellos, podemos ser quien sea, menos quienes solíamos ser, y estamos a merced, aún más, de las eventualidades del momento, de lo que los demás nos dicen y de los caprichos del azar. El extravío de la memoria ha servido como detonante para diversas películas como la románticamente enigmática El año pasado en Marienbad (Resnais, 61) o la angustiantemente laberíntica Amnesia (Nolan, 00), por mencionar un par de ejemplos notables. Ahora, dos filmes, en cartelera y en el circuito de video, que rondan el asunto de la importancia de mantener alguna noción de quién eres, para saber quién quieres llegar a ser.

EN TRANCE
El versátil director inglés Danny Boyle (Vidas sin reglas, 97; Sunshine, 07; Quisiera ser millonario, 08; 127 horas, 10) regresa al enfoque de Tumba al ras de la tierra (94), tras participar en los Juegos Olímpicos de Londres, para proponernos un rompecabezas cuidadosamente armado, soltando trampas que esperan convertir en cómplice al espectador y estableciendo un juego de espejos en el que nos invita a participar sin hacer demasiadas preguntas, porque entonces se pierde el chiste. La historia transita en dos dimensiones –la realidad objetiva y la cabeza del protagonista- presentadas como partes de un mismo desarrollo argumental en forma intrigante, salvo la innecesaria escena del tipo hablando con media cabeza volada por un tiro.
La clave de En trance (Trance, RU, 13) es el desarrollo de la ambigüedad de sus personajes con agendas propias, abriendo diversas posibilidades para el despliegue del guion escrito a cuatro manos por Joe Ahearne, conocido en la televisión, y John Hodge, quien ha colaborado varias veces con el director; a pesar de ciertas acciones y decisiones de los involucrados poco creíbles o sostenidas con alfileres, la historia avanza de manera hipnótica, con sutiles toques de humor, y consigue atraparnos desde el mismo arranque, con la secuencia del robo de la pintura y a través de sus diversas perspectivas que se pasean por el thriller criminal, el romance apasionado y el apunte artístico.
En tranceLas actuaciones de James McAvoy, como el jugador empedernido de inestable carácter, de Vincent Cassel como el líder de los ladrones de arte y de Rosario Dawson como la hipnoterapista entrando a territorios peligrosos, le brindan a este extraño triángulo entre cómplice, explosivo y amoroso, el suficiente peso actoral como para que nos olvidemos de ellos y pensemos más en sus criaturas, enclavadas en un contexto de relaciones que apuntan hacia diferentes motivaciones con todo y secretos guardados voluntaria o involuntariamente, en los que se les puede ir La vida en el abismo (96), acabar como Millonarios (04) o de plano sufrir un Exterminio (02) mutuo.
Gracias al notable trabajo de edición se pueden soltar cabos sueltos que van cayendo en la lógica de la historia sin que se desperdicie ninguno, estableciendo procesos de ida y vuelta entre los recuerdos y el presente, entre las causas y consecuencias solo comprendidas hasta que se develan ante la memoria y la consciencia. A tono con la temática está la propuesta visual: el uso de las tomas oblicuas, alterando la horizontalidad y verticalidad del encuadre, además del intenso empleo de las paredes amarillas y verdosas, entremezcladas con los rojos intensos o las penumbras, provocan que en efecto nos podamos sentir en un mundo que salta de la imaginación mental a la concreción pura y dura, con un score de electrónica creciente que nos pone en estado de alerta, nunca en trance.

PÉRDIDA TOTAL
Un hombre despierta en el interior de un auto en medio del bosque, herido y sin memoria alguna no solo de lo que lo llevó ahí, sino de quién es; otros hombres cerca de él están muertos, hay armas y por más que trata de reconstruir con algún indicio, no lo consigue: la presencia de un perro y de una mujer que aparece y desaparece inadvertidamente, lo empiezan a movilizar física y mentalmente. ¿Qué tan necesarios son los recuerdos y el reconocimiento de la identidad propia para poder sobrevivir en un medio hostil? ¿Qué sentido tiene luchar por mantener una vida que ni siquiera sabes en qué consiste?
Dirigida por el debutante Michael Greenspan, Pérdida total (Wrecked, EU, 11) es una asfixiante mirada a la lucha de un hombre para recuperar la cordura y la conciencia de sí mismo, aunque el descubrimiento final pueda no ser lo que más le agrade: quizá resulta que eres un ser despreciable pero con todo, mejor saberlo a no tener la menor noción de quién se supone que eras. La película juega con la idea de que acompañemos a este extraviado sujeto en su lucha por seguir con vida y descubrir su identidad, viaje al cual colabora en definitiva la notable actuación de Adrien Brody, quien sin mayores problemas se echa el film al hombro.

Anuncios

MODIFICAR EL PASADO PARA VIVIR EL FUTURO

10 julio 2011

Hacer que cada segundo cuente de tu último minuto de vida. Lo malo es saberlo, o no. Estar atrapado en una especie de bucle controlado que te lleva a la misma situación una y otra vez hasta que puedas romper el Hechizo del tiempo (Ramis, 93) a través de un cambio drástico en el curso de los acontecimientos: ocho minutos pueden ser un suspiro o una eternidad en función de cómo signifiques esos momentos. Reasignación temporal como contraparte a los viajes a través del tiempo de H.G. Wells o de un Regreso al futuro (Zemeckis 86) para trastocar destinos pendientes de ser reconvertidos en otra ocasión.
Escrita por Ben Ripley y dirigida por Duncan Jones, 8 minutos antes de morir (Source Code, EU-Francia, 11) sigue a un piloto caído en batalla ahora en una nueva misión de la que poco entiende: descubrir quién colocó una bomba en un tren que viajaba hacia Chicago para evitar futuros atentados. Así, vía un experimento que trastoca la temporalidad de los eventos, volverá una y otra vez hasta que consiga su objetivo, mientras es guiado por el creador del nuevo juguete antiterrorista (Jeffrey Wright) y por una militar empática (Vera Farmiga), solo aparecida en un monitor desde el cual sigue los protocolos del caso que incluyen una extraña recitación sobre una mujer llamada Lily y unas cartas de la baraja.
En las idas y vueltas por la explosión, cual permanente Déjà vu (Scott, 96), el fallecido combatiente viviendo horas extras se dará tiempo para fortalecer su relación con una pasajera (Michelle Monaghan) y de ir buscando al culpable, empezando por un primer sospechoso contra el que se ciernen los prejuicios raciales post 11 de septiembre, como para aplicarle una Sentencia previa (Spielberg, 02). Pero antes, tendrá que asumir su extravío incluso frente al propio espejo y ante los ocupantes del tren para quienes se puede convertir en una verdadera amenaza: no importa, ya están todos muertos, él incluido.
Como en Luna (09), su evocativo debut que nos llegó directamente en video, el hijo aventajado de David Bowie, vuelve a colocar a un hombre que experimenta la posibilidad de vivir a través de otros, ya sean clones o personas cuyo último aliento de memoria aún palpita, no obstante que el cuerpo yace inerme. Existir en la conciencia capturada de otro hombre, al menos durante los últimos ocho minutos, para intentar convertirse en el héroe que marcan los cánones para los miembros del ejército.
Las aventuras siderales de su padre, como en El hombre que cayó a la tierra (Roeg, 76), a través del Mayor Tom o con Ziggy Stardust y sus arañas marcianas, parecen haberle servido a Jones para enfocar su talento fílmico en el pantanoso terreno de la ciencia ficción, con todo y la conjunción de términos que en apariencia conforman un oxímoron: si es ciencia, entonces no puede tener nada fuera de la realidad tal como la conocemos; y si es ficción, se aleja del rigor científico para buscar explicaciones lógicas. Sin embargo, como la ciencia es también contextual, lo que hoy parece imposible mañana acaso se convierta en pequeña probabilidad.
Atrapados en una base lunar, o en una cápsula más producto de la imaginación, manteniendo contacto con una pantalla cual única ventana al mundo, los personajes protagónicos de sus filmes buscan conservar algún tipo de vínculo, aunque sea a través de algún Avatar (Cameron, 09), con aquello que alguna vez tuvo algún significado en sus vidas. Con un juego de reflejos y personalidades desdobladas dentro del contexto de la física cuántica, parece que todo es posible: incluso modificar futuros trastocando pasados o inocularse en la conciencia de otro, como sucedía en El origen (Nolan, 10).
Tanto la interpretación de Jake Gyllenhaal como la de Sam Rockwell en la citada Luna, consiguen darle los diversos matices que el caso amerita: incredulidad, fragilidad, desesperación, violencia, súplica. Y sobre todo, una sensación de soledad que únicamente se puede paliar en la búsqueda de respuestas imposibles, formulando preguntas posibles, como la obsesión por comunicarse con el padre y borrar la última impresión.
Y hablando de tiempo, sorprende la capacidad del filme para decir tanto en tan poco tiempo (93 minutos): a diferencia de otras películas cuyo metraje parece interminable, acá se antojaba seguir en la sala, quizá contando con alguna reasignación temporal mientras la cámara se desliza con enérgica elegancia, como si fuera prediseñada a través de unos cálculos parabólicos, manejada con botones rojos como los de antes.
Aunque el desenlace parece arbitrario, como buena parte de la película, uno pasa por alto las licencias del argumento en aras de acompañar a este hombre en su sacrificio continuo, aún profiriendo con inquebrantable fe y contra toda la lógica dentro del ilógico desarrollo de los acontecimientos la frase definitiva: “Mírame: todo va a estar bien.”

IDENTIDADES FRACTURADAS

6 abril 2011

Pérdida de memoria, origen biológico desconocido, ensoñación que suple la realidad, regreso a un estilo de vida que se pensaba superado o traumas infantiles por sucesos imborrables: factores que provocan dificultades de integración intrapersonal y al contexto en el que se vive, por momentos saturado de dificultades y peligros que impiden la posibilidad de convertirse en lo que siempre se ha querido ser. En cartelera y en los videoclubes de la ciudad.

OFICIOS IRRENUNCIABLES

Dirigida por el español ya instalado en Hollywood Jaume Collet-Serra y evidente deudora de Búsqueda frenética (Polanski, 88) en tono y trama, Desconocido (Unkown, coproducción, 10) transcurre como un thriller convencional en el que un hombre común se ve envuelto en una situación anómala (nadie lo reconoce y alguien parece haber tomado su lugar), hasta que el asunto da un giro argumental interesante pero sólo para regresar a los lugares comunes, por momentos forzados.
Eso sí, la tensión se mantiene y ciertas secuencias de acción están montadas de manera absorbente, así como el retrato de un Berlín distante y peligroso más propio de los tiempos de la guerra fría. La actuación de Liam Neeson se ve potenciada por el sólido cuadro actoral que lo acompaña y por su ya acostumbrada solvencia para este tipo de papeles de hombre desesperado que va atando cabos entre puñetazo y patada.

Por su parte, Jean Reno interpreta a un mafioso apartado que tiene que volver al ruedo en El inmortal (Francia, 10), filme basado en hechos reales dirigido por el veterano Richard Berry, quien intenta ponerle cierta salsa a una historia más o menos vista que centra su desarrollo en cómo un hombre parece imposibilitado a cambiar su pasado. La principal virtud radica en la presencia de ciertos personajes entre los que destaca una mujer policía que va adquiriendo notoriedad inesperada conforme transcurren los enredosos acontecimientos.

En la tesitura de Sentencia previa (Spielberg, 02) aunque sin llegarle a los talones, Los recolectores (Repo Men, EU-Canadá, 10) sigue a dos eficaces empleados (Jude Law y Forrest Whitaker) de una siniestra empresa dedicada a la venta y, en caso de no pagar, extracción de órganos sin decir agua va; pero como en la vida todo se regresa… Con empleo de pausas deliberadas, escenografías entre depresivas y sospechosamente asépticas, música con presencia continua y narración en off, el director Miguel Sapochnik va sorteando con dificultad una serie de situaciones forzadas, derivativas y que pierden lo esencial: el retrato del sistema infalible en contra del ser humano.

INFANCIAS DETERMINISTAS

Con enfoque femenino que recorre varias generaciones y entrelaza historias en apariencia ajenas, Rodrigo García dirige Madre e hija (Mother and Child, EU-España, 09) con base en una notable interpretación de Anette Bening y una serie de reflexiones acerca de la maternidad adolescente, la responsabilidad con la madre anciana, la adopción y el desarrollo profesional como única alternativa vital. El filme se desarrolla entre algunos momentos emotivos y personajes mal delineados, como el de Naomi Watts, que sufren transformaciones poco verosímiles o se involucran en situaciones que parecen obligadas para ajustarse a un guión artificioso. Más genuina es la historia de la mujer que busca adoptar y la de la trabajadora doméstica.

Dirigida por Michael Lander, La mitad siniestra (Peacock, 10) muestra a un hombre escindido notablemente interpretado en sus dos facetas por Cillian Murphy, recordando su papel de Desayuno en Plutón (Jordan, 05) y apoyado por sólidos secundarios como Ellen Page y Susan Sarandon y Bill Pullman. El filme termina por recordar a Psicosis (Hitchcock, 60) con toda la carga de la figura materna, canalizada aquí a través del trasvestismo, entre jornadas laborales, mítines políticos y escpatorias imposibles. Un festín para los psicólogos de todas las corrientes.

Dirigida por Gilles Bourdos (Afterwards, 08) y basada en la novela de Ruth Render, Inquietudes (Francia, 03), sigue a un empleado de la industria de la construcción con visión de arquitecto al natural convertido en asesino y a una joven que vio cómo mataban a su madre, ahora viviendo con su padre y su madrastra, la sicóloga de ambos. Una cámara que va rozando las superficies, el color blanco como pureza y la perfección en contraste con la mediocridad del mundo. La cinta por momentos pierde el foco que vuelve a retomarse, mientras que la música de Alexandre Desplat nos mantiene involucrados.

WOLVERINE: LIDIANDO CON LA DESMEMORIA Y EL ANIMAL INTERIOR

13 junio 2009

Inicia oficialmente la temporada de las grandes producciones fílmicas, desde el punto de vista económico: cintas orientadas al espectáculo, predominantemente, y a buscar encontrarse con los públicos masivos. A diferencia del año anterior, la propuesta del 2009 parece sustentarse sólo en destellos –Up, por ejemplo- y en secuelas o precuelas cuyas películas antecedentes no fueron la gran cosa como para esperarlas con cierta emoción. Ojalá me equivoque. Por lo pronto, iniciemos el recorrido.
Con mis tres acompañantes habituales en el verano, su madre y hasta un amigo incluido (de los niños, cabe aclarar), asistimos al estreno largamente esperado –más por la influenza- de la nueva veta fílmica proporcionada por el mundo de los X-Men, bautizada como Orígenes. Obviando las chamarras por el cruel calor que estamos padeciendo, los imprevistos wolverines versión infantil del Bajío se presentaron con su playera blanca sin mangas, pantalón de mezclilla y peinado que pretendía ser agresivo: ya imaginarán los resultados. Eso sí, la ceja arqueada no podía faltar, a diferencia del puro que bien pudo haber sido de chocolate.
Dirigida con librito en mano por el sudafricano ya en plano mainstream Gavin Hood (Tsotsi, 05; El sospechoso, 07) para quien el tema del outsider no es ajeno, X-Men orígenes: Wolverine (EU, 09) centra su atención en el personaje del título, interpretado con alma por Hugh Jackman -a quien además habría que agradecerle su actitud hacia México- para entroncar con la situación de extravío del propio Logan que se presenta en X-Men (Singer, 00), corazón también de X2 (Singer, 03), acerca de este grupo de mutantes en perpetuo conflicto con humanos, congéneres y consigo mismos.
Los orígenes se remontan a la infancia del lobezno en Canadá hacia finales del siglo XIX, con todo y parricidio involuntario y huída junto a Victor Creed, su medio hermano vuelto después enemigo acérrimo, con quien participaría en diversas guerras bajo el falso discurso del servicio a la patria como bandera. Con fugaz edición, se suceden las secuencias deslavadas de toda esta trayectoria bélica que de alguna manera parecía darle sentido a la vida del soldado capaz de sanar rápidamente de las heridas físicas e imposibilitado para curarse las emocionales.Wolverine garras
Tras formar parte del consabido grupo de élite, integrado por mutantes un cuanto tanto desperdiciados en el film, decide abandonarlo todo al ver los métodos empleados, incluyendo a su familiar némesis Sabretooth (Liev Schreiber), quien cobra aquí una dimensión distinta a la de la primera película de la saga, en la que sólo era un gruñón de fuerza más bien bruta: no es que ahora sea un genio pero por lo menos articula algunas ideas. Iniciaría así una larga historia fratricida manipulada por el siniestro militar William Stryker (Danny Huston, llevándose la película).
El nacimiento propiamente del personaje, se retrata en la lograda secuencia en la que parece morir como Logan y resucitar como Wolverine, nombre prestado de la leyenda platicada por su novia (Lynn Collins), una maestra escolar vuelta pieza clave del desarrollo posterior de los acontecimientos. El del trío de garras retráctiles, quien primero apareció en el cómic de Hulk, es un forajido saturado de dolor interno y, lo peor, sin saber porqué lo invade: sólo lo siente pero es incapaz de procesarlo al no saber de dónde proviene, un poco como le sucedía a Jason Bourne, el hiperactivo espía abandonado a su (mala) suerte.
Al concentrarse en el protagonista, el guión pierde contexto y deja en la superficie tanto causas como personajes: no es que se pida profundidad pero sí un poco más de información que ayude a la narración. Sin embargo, conforme avanza la historia, se van superando los clichés del solitario vengador para aterrizar en un digno desenlace en la isla, ese espacio imaginario de experimentaciones siempre lejos de la luz pública. Sucede al revés que en la mayoría de las películas de este tipo: mejora al final.
JackmanClaro, hay elementos retomados de las grandes narraciones: la obvia del hombre lobo; la decapitación del mito vampírico y la recreación de Deadpool (Ryan Reynolds) de Frankenstein: un X-Men síntesis de varios pero al fin sometido a los caprichos de su creador y silenciado cruelmente. Como le sucediera a Superman, el de garras de hueso primero y adamantium después, es rescatado por un par de ancianos granjeros en cuya casa continúa la cacería por parte del perro faldero e infalible pistolero Agente Cero (Daniel Henney).
Mientras que las secuencias de acción no tienen mancha, se extraña un poco de más humor, más emotividad y menos dramatismo, y acaso mayor intensidad: se opta por renunciar a las pretensiones buscadas por El caballero de la noche (Nolan, 08) para volver a producir una típica película de cómic: maniquea, entretenida y esquemática. Hay desperdicios: los personajes que desfilan por el film como Gambito (Taylor Kitsch), Blackwing (Dominic Monaghan), Kestrel (Will.i.am) y The Blob (Kevin Durand) se quedan como meras viñetas sin alcanzar a generar algún tipo de interés.
“¿Wolverine perdió la memoria o tal vez no?” preguntó Gonzalo ya con el peinado muy venido a menos entre tanta palomita, mientras que José Pablo, el minicrítico y el pequeño Max coincidían en los comentarios de alabanza por lo que acababan de ver, colocando esta cinta por encima de cualquiera de las tres anteriores.
Por lo menos ya querrán usar esas camisetitas sin mangas moda músculo que tanto despreciaban y que ahora se volverán parte esencial de su guardarropa. Espero que no me pidan usar una de ésas ni peinarme con las alitas características: no vaya ser que ahora sí me confundan con Wolverine.