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MUTEK.MX 2013

30 septiembre 2013

Ya constituido como uno de los festivales sonoros más importantes de nuestro país, esta celebración alrededor de la música electrónica y sus crecientes ramificaciones cumple 10 años de vida: gracias a su propuesta, ha sido posible acercarse a diferentes escultores de ruidos que proponen, desde una lógica vanguardista, rutas alternas para la creación, distribución y disfrute de las manifestaciones musicales confeccionadas de la mano de las tecnologías informáticas, sin olvidar el famoso fantasma en la máquina, cual alma orgánica que guía los influjos expresivos de estos representativos artistas que han optado por la estética digital.
Además de propuestas musicales, incluye simposios, instalaciones interactivas, conferencias y documentales alrededor de los múltiples vínculos entre la creatividad artística y las tecnologías digitales. Diez años y contando de una de las celebraciones estéticas más propositivas y vanguardistas en nuestro país.
Enseguida, un breve recorrido por algunos de los invitados a esta edición conmemorativa cuyo cartel promete convertirse en un festín para el sistema nervioso, siempre y cuando esté dispuesto a recibir las vibraciones que emanen del escenario. Veamos.

DE CALIFORNIA A ESCANDINAVIA
Comandados por el productor sueco Axel Willner, The Field propone una electrónica cercana a la elegancia ambient, tal como se deja escuchar en From Here Go Sublime (2007) su primer largo con esta denominación que parecía pensado para iniciar o terminar la agitada jornada nocturna. Yesterday and Today (2009), su opus 2, expande el campo instrumental y rítmico sin perder la compostura, como para soltar sentencias del tipo de “Yo tengo la luna, tú tienes Internet”, que da título al primer corte, buscando desde ese momento la complicidad hipnótica con el escucha. En tonos de enigmática pausa, siguió abriendo panoramas de aparente placidez con Looping State of Mind (2011).
Desde Madrid, Delorean nos traslada a las fiestas de relajada sofisticación con Subiza (2010), álbum enclavado en el Glo-Fi con harta presencia de teclados y voces como pasadas por filtros múltiples sostenidos por una rítmica que exige seguimiento. En un tono más convencional continuaron con Apar (2013), álbum que transita entre un pop de delicada transparencia y digitalismo de discreción liberada.
Por su parte, The Brandt Brauer Frick Ensemble, trío alemán con gusto por la experimentación que pone énfasis en el proceso más que en el resultado, debutó con You Make Me Real (2010) y continuó con Mr. Machine (2011), dándole acústica a las secuencias que parecen avanzar por un laberinto sin salida, entre rítmica miniatura y un piano que insiste en señalar el camino, sin importar que sea el correcto.
Y desde San Francisco, Matmos llega con una trayectoria respetable no solo por los años, sino por las producciones que ha dejado en la memoria del tecno, tanto en su vertiente experimental como ambiental. Integrado por Drew Daniel y Martin C. Schmidt, el grupo debutó con Matmos (1997), álbum que inició el recorrido por rítmicas que van de la consola a la laptop, como se desliza en Quasi-Objects (1998) y en The West (1999).
El nuevo milenio fue recibido con Full on Night (2000), que preparó A Chance tu Cut is a Chance to Cure (2001), su primera obra mayúscula, a la que le siguió Civil War (2003), manteniendo el listón en todo lo alto. Después de Rat Relocation Program (2004), apareció el sólido The Rose Has Teeth in the Mouth of a Beast (2006), otra de sus crestas creativas al compas de los bytes. Con Supreme Ballon (2008), Jefferson Friedman: Quartets (2011) y The Marriage of True Minds (2013), se han consolidado como uno de los actos centrales de la electrónica norteamericana, con sinuosidades, ofensivas directas y sorpresas que van más allá del copy & paste.

LONDON CALLING
Por su parte, Raime es un dúo londinense integrado por Joe Armstrong y Tom Halstead que integra subculturas varias con un enfoque subterráneo al que no llega la luz, como se advierte en sus EP’s If Anywhere Was Here He Would Know Where We Are, The Raime (2010) y Henail (2011); con su primer largo, Quarter Turns Over a Living Line (2012), nos colocan en una lenta caída por un vacío oscuro, como pareciera mostrar su portada: firme rítmica aderezada por sonidos que por más lejanos que parezcan, acechan de manera amenazante
A Mount Kimbie, el dueto londinense integrado por Dominic Maker y Kai Campos, se le asigna como responsable de darle forma al llamado postdubstep: en efecto, a través de una serie de EP´s que prepararon el camino a Crooks & Lovers (2010) y a Cold Spring Fault Less You (2013), desplegaron elusiva capacidad para entretejer texturas que van de cierta melancolía a una sensación de reparadora ausencia, con teclados que operan como fondo y forma brindando la sensación de atmósfera primaveral, fría, pero al fin enclavada en la estación floreciente.
El inglés James Holden tomará por asalto el escenario para ponernos a bailar con su agudo sentido para las mezclas anímicas. Debutó con Fear of a Silver Planet (2001) y continuó con Balance, Vol.5 (2004), pero fue a partir de The Idiots Are Winning (2006) que logró llevar sus pinchazos más allá del club de la esquina, ruta fortalecida por At the Controls (06) y DJ-Kicks (2010). Ahora viene con The Inheritors (2013), obra que parece confirmar el deseo de seguir manteniendo la fiesta en estado de gracia.
Bajo el nombre de Actress, el productor inglés Darren Cuningham presentó Hazyville (2008), como para abrir boca en los territorios cercanos al house, y Splazsh (2010), para confirmar su talento en la edición de sonidos en apariencia incompatibles; con R.I.P (2012) consiguió moldear las secuencias para construir intensas abstracciones de las que uno no puede quedar ajeno, con un fondo rítmico que funciona para mantenerse alerta en las atmósferas a las que uno es llevado sin remedio.

IMÁGENES DESDE EL ESPACIO EXTERIOR
Amon Tobin es un músico y DJ originario de Rio de Janeiro que anda deconstruyendo sonidos desde mediados de los años noventa. Además de su intrigante discografía de LP´s, ha publicado varios EP´s, colaborado con otros artistas, compartido discos en vivo gratuitamente, realizado la música para la película húngara Taxidermia (Pálfi, 2006) y para el videojuego de Tom Clancy en su versión del 2005. Su música resulta ideal para acompañar filmes tan disímbolos como La estafa maestra (Gray, 2003), Made in America (Peralta, 2008), 21 (Luketic, 2008), Pina (Wenders, 2011) y El lugar donde todo termina (Cianfrance, 2012), por mencionar algunas de ellas.
Con un particular gusto por el jazz y blues, géneros que empezó a utilizar como base para sus intrincados sampleos y juegos informáticos que entreveran beats de medios tiempos con pasajes acelerados adornados con campanillas y retorcimientos, grabó Adventures in Foam (1996) bajo el nombre de Cujo. Ya con el nombre que lo conocemos y separándose un poco de sus inicios, grabó el ecléctico Bricolage (1997), internándose en una selva de indefinida geografía cuyo trayecto continuó con Permutation (1998) en el que igual cabía el Trip-Hop que el Drum’n’bass.
Mutek 2013El cambio de milenio lo llevó a entregar su obra mayor: Supermodified (2000), en donde despliega estructuras más melódicas junto a otras de aparente caos intervenido artificial y maliciosamente; le siguió Out From Out Where (2002), sin perder un ápice de creatividad por lo visto no agotada en la anterior entrega. Tras un álbum en vivo, grabó Chaos Theory: Splinter Cell 3 (2005), que acompañó al videojuego correspondiente, The Folley Room (2007), en el que ya incorporó sonidos generados por propia mano e ISAM (2011), continuando con la manipulación de secuencias y flexibilización de frecuencias.
Ahora viene a presentar su absorbente espectáculo visual ISAM 2.0, como para invitarnos con todo y traje de astronauta por los confines de imágenes nebulosas, partidas por cascadas luminosas que de pronto desaparecen sin dejar rastro alguno, solo para reiniciar desde la oscuridad más prometedora, al calor de una bossa nova transfigurada y disfrazada de trip-hop selvático.
Mientras tanto, el australiano Robin Fox centra su propuesta en el sonido de la luz, creando espectáculos audiovisuales que nos transportan a alguna región sideral en la que las ondas auditivas parecen convertirse en mensajes lumínicos listos para ser codificados: el láser se desdobla para conectarse con hipnóticas intervenciones sonoras que se dejan escuchar en discos como I See Stars (2001), Substation (2007), A Handful of Automation (2010), en el que uno se siente dialogando con Hal 9000 en absoluto plan heurístico, y Connected (2012), su brillante colaboración con el maestro Oren Ambarchi que se destinó a musicalizar el performance de la compañía dancística Chunky Move.

MENSAJES DE LA CALLE DE ENFRENTE
DJ Rashad
es un músico de Chicago con el sello de origen: enclavado, aunque distinguiéndose del montón, en la estética del Juke con todo y su house acelerado, y del Footwork, su complemento bailable casi tribal que evoluciona el break, encarna precozmente una larga tradición musical de una de las ciudades más innovadoras para la creación de sonidos urbanos, como se puede apreciar en Bangs & Works Vol. 1 y 2 (2010/2011), buenas recopilaciones para adentrarse en estos círculos de baile frenético y revoluciones aceleradas sobre el asfalto.
Sus incisivas composiciones que no temen a la reiteración para que el mensaje quede claro, se fueron acuñando en la serie Juxe Trax Online Vol. 3 / Vol. 4 / Vol. 5 / Vol. 13 (2006-2007), que precedió a los álbumes Get It Shorty (2007) y Juke It From Behind (2007), cual cajas de ritmos llenas de intensidad. Con Something 2 Dance 2 (2008), el reconocimiento fue creciendo más allá de los cerrados guetos aunque sin abandonar el alma de éstos, como se advierte en 4 The Ghetto (2010), grabado junto a DJ Spinn. La saturación de beats por minuto en un proceso casi minimalista, continuó en obras como Just a Taste (2011) y EKLIFE Vol. 1 – Welcome to the Chi (2012), en las que los pies trabajan al ritmo de la conciencia identitaria.
En contraste, Barnt (Daniel Ansorge) es un DJ alemán habitante de Colonia que estudiaba un doctorado en biología, pero que fue atrapado por la necesidad de expresarse a través de sonidos y que ahora cuenta con un sello discográfico alejado de las grandes transnacionales. De acuerdo con una entrevista para el diario El País (04/06/13), declara que sus influencias van de Bach a Wolfgang Voigt y Rebolledo; gusta de combinar teclados analógicos y digitales, así como proponer texturas más cercanas al trance, como se puede advertir en los cuestionadores EP´s What Is a Number, That a Man May Know It? (2010), Is This What They Were Born For? (2012) y Ariola (2013), que terminan resultando de una inquietante elegancia.

BAILANDO EN EL SUBSUELO
Se presenta también Kode9 (Steve Goodman), personaje clave del dubstep que además es plurifuncional: productor, DJ, dueño de una disquera y lo que se ofrezca. En efecto, el originario de Glasgow grabó una especie de homenaje a Prince en Sine of the Dube (2004), junto a la vocalista conocida como Space Ape (Daddi Gee), con quien estableció una fructífera complicidad que se expresa en álbumes como Memories of the Future (2006) y Black Sun (2011), transitando por el tiempo y el espacio entre voraces capas de teclados fundidas con vocales de irresistible nubosidad.
En este ambiente se mueve Ikonika (Sara Abdel-Hamid), una DJ y productora que ha grabado en el sello de Kode9, al igual que actos tan fascinantes como misteriosos como Burial. Debutó con Contact, Love, Want, Have (2010) y muy pronto los clubes retomaron sus acordes, entre ataques melódicos de agradecible cercanía y estructuras más iconoclastas acaso derivadas de su nombre, más pulidas en Aerotropolis (2013) llamado a ser uno de los discos electrónicos del año, por su potencial para movernos de nuestro cómodo asiento sin que pongamos demasiada resistencia.

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MUD: EL RÍO COMO HOGAR Y ESCAPE

23 septiembre 2013

Entre las diversas vertientes fílmicas estadounidenses, el llamado cine independiente tuvo un auge importante durante la década de los noventa del siglo pasado (aunque heredero de las obras de finales de los sesenta), sobre todo porque empezó a llegar a un mayor público y tuvo una difusión que trascendió el territorio de los festivales.
Un cine en el que prevalecen los retratos de gente común, alejado de grandes producciones y centrado en las emociones, vivencias y experiencias de los personajes, interpretados primero por actores desconocidos y después por rostros reconocibles, que alternan las cintas mainstream de los estudios con producciones más discretas, aunque con frecuencia de mayor profundidad.
En esta tendencia se inscribe El niño y el fugitivo, (Mud, EU, 2012), notable ejemplo de cómo contar un historia a través de imágenes evocativas, cargada de diálogos sensibles y creíbles, con motivos e intenciones claramente visibles e inteligentemente develados: una serie de situaciones cocinadas a fuego lento en las que se van involucrando hechos pasados con consecuencias presentes y miradas hacia un incierto horizonte de futuro, a pesar de las cruces protectoras contra los malos espíritus.
Escrita y dirigida por Jeff Nichols (Shotgun Sories, 2007), quien vuelve a posar su mirada en una comunidad entre la ruralidad y el urbanismo como lo hiciera con Atormentado (Take Shelter, 2011), la cinta se centra en la relación que establece un hombre en estado de huida con dos preadolescentes que deciden ayudarlo para cumplir con sus propósitos: el vínculo se va fortaleciendo, además, porque este efímero Robinson Crusoe comparte con uno de ellos la difícil toma de conciencia acerca de la finitud de las relaciones amorosas: por más que duela, en determinadas circunstancias, conviene sepultarlas.
Es así como se va entendiendo que el amor no puede ser sencillo: la historia termina siendo un proceso de intensa educación sentimental, conformado por momentos de alcance poético –las aves en el cielo y en las manos, el beso silencioso- con otros de violencia directa que deja marcas en el rostro y en el alma apenas insertándose en el campo de batalla de las relaciones de pareja. Pero también la terquedad de la realidad termina por ser contundente para aprender a desaparecer con lacónico despido a la distancia, cuando ya no hay nada más que construir.
El conflicto central se instala para empezar a incorporar otro tipo de problemas, como si se tratara de una serpiente de río apoderándose del contexto cargado de rencillas añejas, vínculos fracturados y secretos por develarse. En el asoleado panorama, cada vez quedan menos espacios para esconderse, incluso para las ostras irremediablemente capturadas por ese buzo de cabeza metálica con luces incandescentes. El hogar queda a expensas de la destrucción simbólica y la balsa sobre el árbol se convierte en la última esperanza para navegar por otras aguas.
MudMientras que el espíritu de Mark Twain se pasea libremente por los parajes agrestes, justo como el Mississippi, la historia va incrementando la tensión de manera paulatina, como dando tiempo a que las situaciones queden por completo narradas y las relaciones totalmente establecidas: este ritmo narrativo le confiere al film una particular emotividad que se desliza casi de manera silenciosa pero que llegado el momento de la conclusión, ya estamos metidos hasta el cuello en las emociones generadas.
La música country, particularmente expresada a través de sutiles guitarras que abren o cierran episodios definitorios, contribuye a la creación de la atmósfera del Estados Unidos alejado de las grandes ciudades y los suburbios relucientes, retratado en filmes recientes como Una niña maravillosa (Zeitlin, 2012); Invierno profundo (Granik, 2010), Río Helado (Hunt, 2008), Río maldito (Estes, 2004) y, desde luego, Cuenta conmigo (Reiner, 1986), basada en la novela de Stephen King: en efecto, detrás del poderío imperial subsisten pequeñas comunidades a las que la mano invisible del mercado parece nunca haber tocado, como ésta ubicada en Arkansas.
El director sabe sacar provecho de sus intérpretes tanto adultos como infantiles: Matthew McConaughey entrega una sólida actuación como este forajido eterna y enfermamente enamorado, mientras que Tye Sheridan (El árbol de la vida) encarna con verosimilitud al joven en proceso de soltar los puños y abrir los ojos al mundo, junto a su inseparable amigo (el debutante Jacob Lofland), al tiempo que resiste una relación a punto de romperse entre sus bienintencionados padres (Sarah Paulson y Ray McKinnon).
Además, el filme es una muestra de cómo presentar y desarrollar a personajes secundarios: ahí está el hermano vengador y su padre, alejados de la hueca figura de los villanos inmisericordes; de la novia detonadora del conflicto (Reese Witherspoon, buscando el anti-glamour); del tío buscador de joyas en el mar (Michael Shannon, viejo conocido del director) y del misterioso vecino solitario (el gran Sam Sheppard): todos ellos encuentran un sitio justo y pertinente en el desarrollo argumental, con la implícita carga de misterio que los acompaña.
Las tomas abiertas de coherente transición, mostrando paisajes de angustiosa quietud o montadas en los vehículos por agua y tierra, permiten acentuar las expectativas y acompañar a los personajes en sus procesos de toma de decisiones, además de aquéllas movidas por el impulso inmediato, detonador de consecuencias que difícilmente pueden preverse y que conducen a la necesidad de seguir actuando al filo del río, donde se puede encontrar mucha basura pero de vez en vez, objetos valiosos: como la posibilidad de volver a creer en los demás.

FAMAS Y VANIDADES: ENTRE MANZANAS ENVENENADAS Y MARCAS DE PRESTIGIO

16 septiembre 2013

En su directo, preciso y reflexivo análisis sobre este fenómeno que cada vez cobra más presencia en las sociedades occidentales, Gabriel Zaid identifica las trampas de la imagen, entendida en cuanto a presencia en los medios masivos de comunicación, independientemente del motivo: “más de un adorador de estrellas de cine sería incapaz de reconocerlas, si las encontrara trabajando en una oficina, sin maquillaje ni glamour… en la vida cotidiana abundan las personas valiosas… que tienen realidad pero no imagen, por lo cual pasan de noche para los bobos que adoran la imagen del “éxito”… la idolatría de las imágenes deja sin ojos para ver los milagros de la realidad” (en El secreto de la fama. Ed. Lumen, 2009: 118).
Un par de películas que centran su atención en la urgente necesidad del reconocimiento y de distinguirse de los demás en cuanto a ser más conocidos. Queda claro que el asunto viene de lejos, aunque las formas hayan cambiado: antes era el espejito, espejito y ahora son los medios de comunicación, tradicionales y nuevos, como vehículos para confirmar que soy la más hermosa o que tengo miles de amigos desperdigados por el ciberespacio, muy pendientes de lo que hago porque resulta interesantísimo. Veamos.

BLANCANIEVES CON CASTAÑUELAS
El clásico cuento de los hermanos Grimm de pronto ha vuelto estar en la mira de las reformulaciones fílmicas: del clásico disneyano de 1937 a las recientes Blancanieves (Thompson, 2001), Espejito, espejito (Singh, 2012) y Blancanieves y el cazador (Sanders, 2012), cada versión puso el énfasis en algún personaje o situación de acuerdo a su propuesta adaptativa y al enfoque asumido, desde las más literales hasta las más riesgosas, entre las que se inscribe Blancanieves (España-Francia, 2012), retomando la probable tendencia impuesta por El artista (Hazanavicius, 2011): se despliega en formato blanco y negro y sin sonido de diálogos (muda), aunque sí con los típicos letreros invasores y la presencia casi continua de una música las más de las veces oportuna.
Además de la forma, el cuento se traslada a principios del siglo XX en Sevilla, con todo el ambiente taurino invadiendo la atmósfera y en donde un famoso torero (Daniel Giménez Cacho) sufre una cornada por flashazo distractor, mientras que su esposa cantaora (Imma Cuesta) da a luz a una niña para después morir en la labor de parto; la abuela (Ángela Molina) entra al quite para cuidar a la pequeña hasta que fallece en pleno frenesí flamenco, lo que obligará al retoño (Sofía Oria) a vivir en la mansión de su padre, ya dominado por su ex enfermera (Maribel Verdú), que por alguna razón resulta ser una sádica arribista de aquellas, dispuesta a todo con tal de acrecentar fama y fortuna, a cuestas de su ahora paralítico marido y de mantener al margen a la potencial heredera.Blancanieves esapñola
Pero como las habilidades se traen en la sangre y pasado el tiempo salen a la luz, la joven (Macarena García) es rescatada por un grupo de seis enanos toreros y empieza a ganar fama en los ruedos. Así, el filme dirigido por Pablo Berger (Por no quedar pobre, 2003) consigue entroncar ambos mundos en un guion coherente con momentos tanto melodramáticos como humorísticos que trascienden las palabras, en particular gracias a una detallada edición que sobrepone imágenes simbólicas (la hostia y la luna) y que integra elipsis pertinentes (el paso de la niñez a la adolescencia), si bien obvias, nunca tardías o apresuradas.
En la memoria queda la composición fotográfica y el juego de claroscuros, en particular la inserción de los blancos en las tonalidades de grises de los diversos encuadres, aprovechando la iluminación para resaltar u ocultar ciertos elementos de cada una de las tomas. Los picados y contrapicados funcionan como mensajes específicos para la acentuación del desarrollo de los personajes y, sobre todo, de sus relaciones de poder, en concreto la presencia siempre resaltada de la villana y disminuida de las víctimas.
Las filas en torno a los muertos se verifican de manera contrastante, ya sea para fotografiarse o besar a la durmiente en el ataúd de cristal, esperando un príncipe que quizá esté más cerca de lo que se pudiera pensar y que posiblemente mida un poco menos de lo imaginado. El indulto es posible.

LADRONES DE LA FAMA: BUSCANDO LA FOTO
Basada en el artículo de Vanity Fair The Suspect Wore Louboutins sobre un caso real y dirigida con la distancia necesaria para presentar los hechos sin mayores aspavientos ni juicios por Sofia Coppola, Ladrones de la fama (The Bling Ring, EU, 2013) es una reflexión casi en formato documental acerca de la necesidad de un grupo de jóvenes de clase media alta de parecerse, brillar, alardear o simplemente darle un cierto sentido de aventura a sus vidas, pasadas por la banalidad, las drogas y la distancia emocional, lejos de los Kids (1995) de Larry Clark y más cerca de las Spring Breakers (2012) de Harmony Korine.
Bling RingEntre mensajes maternales matinales (Leslie Mann, instalada en la autoayuda descafeinada) de cómo descubrir el secreto, como si solo hubiera uno, las hijas y anexas (estupendas Emma Watson, Taissa Farmiga y Claire Julien) se suman a una pareja de amigos (Israel Broussard y Katie Chang) para ponerle sabor a sus rutinas de fiestas, glamour, marcas, fotos y búsqueda de reconocimiento, a través de la invasión y robo de objetos de marca a territorios de famosos (que lo son por serlo), acaso para sentir, efímeramente, que son como ellos: quizá como le sucede a ciertos líderes sindicales, exgobernadores, jefes de partidos políticos y sus encantadores vástagos.
La inconciencia ya revisada por la directora en María Antonieta (2006) y la falsedad como forma de vida, incluso en el supuesto aprendizaje de la experiencia, permean los actos de estos jóvenes cuyo deseo de fama, siguiendo con Zaid, “nace ante la imagen ilusoria de una plenitud inmortal” aunque “la decepción es una lucidez tardía” (pp. 127/128). Rompiendo la linealidad del relato y siguiendo los recorridos nocturnos, el hilo argumental se plantea como un estudio de caso.

EL COLECTIVO ANIMAL COMO FUERZA INNOVADORA

10 septiembre 2013

En el nuevo milenio, el rock sigue expandiéndose gracias a refrescantes propuestas que consiguen imbricar sonidos de diversas especies, orígenes y estructuras para reconstruir inquietantes, intrincados y alocados paisajes musicales, compuestos por texturas que abrevan de tradiciones ancestrales, casi tribales, con otras de carácter contemporáneo, centradas en la electrónica y en sus posibilidades de articulación experimental. El numeroso e interesante conjunto de grupos y solistas en esta tesitura, demuestra que se trata de una tendencia.
Uno de los casos más notables entre esta jungla de alternativas es el cuarteto de Baltimore formado por Avey Tare (David Portner), Panda Bear (Noah Lennox), Deakin (Josh Dibb), y Geologist (Brian Weitz), bien conocidos en el reino de la fauna musical como Animal Collective, cuyo álbum debut, Spirit They’re Gone, Spirit They’ve Vanished (2000), se facturó de manera casera y sentó las bases del concepto explorador del grupo; le siguió Danse Manatee (2001), que abrió aún más las puertas a estilos derivativos provenientes del folk, con su dosis de locura, del noise con pasajes ambientales y de mucha sicodelia que no teme encontrarse con apuntes deliciosamente melódicos, pasados por una discreta dosis de ácido.
Grabado en el 2011, Campfire Songs (2003) retomó lances de algunos miembros del colectivo, orientados a sonidos relacionados con los aromas a campo, como si de un día fuera de la ciudad se tratara, buscando encuentros cercanos de cualquier tipo con la naturaleza y sus formas; en contraste, con Here Comes the Indian (2004) propusieron visiones provocadas en un viaje por la sicodelia y más allá de la realidad tangible y comaprtida. Así concluía una primera etapa que sentó la base para el sorprendente desarrollo posterior, acompañado del espíritu de The Residents Captain Beefheart y The Flaming Lips.
En efecto, a partir de Sung Tongs (2004), firmado por Avey Tare y Panda Bear, el concepto musical se ensanchó no en el sentido cuantitativo, sino cualitativamente: como si fuera una improvisada reunión de amigos, nos sentamos a escuchar una guitarra acústica que busca sobrevivir entre trémulos ritmos de aliento africano, vocalizaciones extraviadas que te hacen sentir extraño en tu casa y ruidillos que parecen provenir de las paredes. Toda una locura de la que era imposible resistirse a no formar parte.
Después del EP Prospect Hummer (2005) con todo y la presencia del mítico Vashti Bunyan, figura clave del folk, vendría Feels (2005) como para confirmar que la opción de seguir en una misma dirección no es la que prefieren estos colonizadores de nuevos sonidos, aquí sumando un sexteto: hay un rock bañado con polirritmias que muestra un dinamismo cuya dirección sigue siendo impredecible, con esas vocalizaciones superpuestas: este álbum significó el abandono de la madriguera para darse a conocer a un público más amplio, que los recibió con el entusiasmo propio de quien se identifica con la innovación, como se verificó en los EP´s continuos Grass (2006) y People (2006).

MERMELADA DE FRESA EN CAMPO ABIERTO
Ya con un reconocimiento que no parecía afectarles negativamente en lo absoluto, sino al contrario, grabaron el EP Water Curses (2007) como una pequeña muestra de talento desbordado y el efervescente Strawberry Jam (2007), que funciona como una planta carnívora que te atrapa con su accesible y tentador aspecto para después convulsionarte en un sinfín de ritmos, armonías y sonidos que no sabes de dónde provienen. La influencia de los Beach Boys ha sido bien detectada, con esas armonías como cayendo en cascadas cuyos flujos cambian con imprevisible frecuencia.
Para continuar con el derroche de talento imaginativo puesto al servicio de melodías transitorias que serpentean por una multiplicidad de recursos sonoros, presentaron Merriweather Post Pavillion (2009), clásico instantáneo y pronto convertido en uno de los mejores discos de la década que estaba por concluir: el etnicismo como sustento se expandió a un pop de reconfiguraciones constantes, con reiteraciones rítmicas que rompen de tajo con la linealidad armónica, deviniendo festín para los agitados oídos que se empeñan una y otra vez en descubrir los ingredientes secretos de las canciones.Animal Collective
Siguió el EP Fall Be Kind (2009), que para no quedarse atrás también fue uno de los mejores del año, y un experimento visual titulado ODDSAC (2010), que acompañó a un film dirigido por Danny Perez. El álbum Centipede HZ (2012) supuso el reto de mantener el listón en alto y si bien no se equiparó a su predecesor, conservó el espíritu de búsqueda, ahora incorporando una electrónica saturada de sampleos nerviosos, beats inconstantes y efectos reverberantes, cual fuerzas perpendiculares al fluir de cada uno de los cortes, navegando entre energías escapistas que no pierden su centro. De una serie de remixes de este álbum surgió el EP Monkey Been to Burntown (2013).
Además del colectivo, algunas de las bestias han actuado solas, separándose de la manda pero conservando el estilo: Panda Bear grabó Young Prayer (2004), el intrincado y delicioso Person Pitch (2007) y Tomboy Boy (2011), uno de los mejores discos del año, mientras que Avey Tare firmó Pullhair Rubeye (2007) y Down There (2010), con el sello folkie desaliñado de la casa. Se presentan en nuestro país como líderes del cartel del festival Ceremonia para dar una muestra de cómo la animalidad puede ser una fuerza innovadora.

REGENERACIÓN OCHENTERA

3 septiembre 2013

Para quienes vivimos la adolescencia (inicial, tardía y permanente) durante la década de los ochenta, recordamos que las tendencias musicales enfrentaban a poperos, metaleros y punketos, además de otras corrientes como los darketos y skatos o los nacientes indies, tecnos y hipoperos, géneros que si bien ya tenían historia, empezaban a ganar más adeptos entre las tribus juveniles mexicanas. Como si a uno no le pudiera gustar un poco de todo, se creaban cofradías que excluían cualquier posibilidad de eclecticismo.
A la distancia es posible identificar que algunas de esas diferencias eran más de forma que de fondo y que ahora las fronteras entre los géneros ya no son tan claramente identificables: incluso dentro de un mismo paquete de músicos aparentemente homogéneo, se pueden encontrar diferencias sustantivas que el paso del tiempo ayuda a distinguir, así como el alcance de la trascendencia de sus canciones.
Tómese el caso de los grupos pertenecientes a la llamada new wave, fuertemente impulsado por la naciente MTV, para dar cuenta de estos contrastes: de los que sacaron un disco muy apenitas y desaparecieron; de los que siguen por ahí haciendo ruido con más pena que gloria; los que dijeron dignamente adiós después de una trayectoria decente y, claro, los que continúan con la misma entereza que hace treinta años, como los Pet Shop Boys o Depeche Mode. Ahora, con la bandera de la nostalgia, surge la idea de un tour llamado Regeneración, que busca congregar a algunas de las bandas y músicos para dar un concierto que así, trabajando en equipo, seguramente alcanzará el objetivo de convocar a un público mucho más numeroso que si se lanzaran a la palestra en solitario. Dentro del cartel, en apariencia homogéneo, hay sus distancias. Veamos.

CONTINUIDAD
Erasure es un grupo más de sencillos que discos. Lo suyo es el synthpop sin demasiadas complicaciones ni en estructura ni en lírica; más bien apuestan por los ganchos melódicos y la accesibilidad como bandera. El dueto está formado por el tecladista Vince Clark (Depeche Mode, Yaz y Assembly) y el cantante Andy Bell, de los primeros popstars en asumir su homosexualidad de manera pública, condición que le imprime cierta estética a su forma de cantar y de presentarse en vivo, cargado de teatralidad y de múltiples manierismos: como solista, ha firmado los disfrutables Electric Blue (2005) y Non-Stop (2010).
Erasure
Adoptando la pista de baile como hábitat natural, presentaron Wonderland (1986) discreto debut al que le seguieron Circus (1987) y The Two Ring Circus (1987), remix del anterior con sus adhesiones en donde muestran una mayor cohesión e intención melódica, confirmada en The Innocents (1988), que incluyó A Little Respect y Chains of Love, dos de sus mayores hits. Este mismo año grabaron el EP Crackers International. Con muestras de agotamiento, produjeron Wild! (89) y Chorus (91), para dar paso a Abba-esque, EP homenaje del famoso grupo sueco, y a Pop! The First 20 Hits (92), álbum que bien sintetizaba toda la obra anterior y en el que se concentraba, en efecto, lo mejor de la banda.
Este trabajo le dio nuevos aires eléctricos al dúo como se advierte en I Say I Say I Say (1994), uno de sus más consistentes discos a la fecha en el que los teclados sonaban más orgánicos y menos análogamente rígidos. Volvieron a la medianía con un álbum epónimo en 1995, seguido por Cowboy (1997) y Loveboat (2000), apenas adornados con algunos cortes que recordaban el tono festivo y desenfadado que ha marcado su propuesta. Other People’s Songs (2003), conformado por covers y Hits! (2003), precedieron a Nightbird (05), al tiempo que Bell informaba sobre su infección de VIH. Con Unions Street (06) dejaron los enchufes de lado, recuperando lados B y viejas canciones.
Tras un álbum en vivo, presentaron Light At The End Of The World (2007), empalagoso al inicio pero gustoso después: no es que se le quite la dulzura o la falta de sorpresa, sino que más bien se van identificando con mayor precisión los ingredientes melódicos y el proceso de cocción, siempre con miras a levantarnos del asiento y llevarnos a un espacio donde sea posible bailar, para quien sea posible hacerlo con cierto decoro, tal como sucede en Tomorrow´s World (2011), álbum confirmatorio de que todavía hay mañana para la inventiva del dueto londinense.
Howard JonesOriginario de Southampton, el tecladista y compositor Howard Jones (1955) ha combinado el núcleo del synthpop con mensajes de paz y amor y un discreto aroma funk, como se aprecia en Human´s Lib (1984), su consistente álbum debut y en Dream Into Action (1985), superando la prueba del segundo disco con creces: son estos dos discos lo más memorable que ha hecho a lo largo de su trayectoria, que continuó durante esa década con One To One (1986) y Cross that Line (1989).
Durante los noventa, el creador de New Song, Things Can Only Get Better, What is Love?, Life In One Day, No One is the Blame y Everlasting Love, grabó en estudio In the Running (1992), Angels & Lovers (1997) para el mercado japonés y su par People (1998), con algunas adhesiones de su predecesor: solo contados destellos similares a los de los inicios de su carrera. Revolution of the Heart (2005) y Ordinary Heroes (2010) son las manifestaciones que lo han mantenido presente en el nuevo milenio.

ENTRE GAVIOTAS Y HOMBRES SIN SOMBRERO
A Flock of SeagullsOriginarios de Liverpool, A Flock of Seagulls se integró por el vocal y tecladista Mike Score, con todo y su peinado antecediendo a Wolverine, su hermano baterista Ali y el bajista Frank Maudsley, a quienes se les sumó el guitarrista Paul Reynolds. Clavados en una estética tecnopop, con influencia de Kraftwerk pero entrometiendo una eficaz guitarra como a la distancia, debutaron con el sencillo Telecommunication y con el largo A Flock of Seagulls (1982) su obra más importante que incluyó I Ran (So Far Away), Space Age Love Song, Modern Love is Automatic y D.N.A.
Después de este sólido debut, vinieron discos más irregulares: Listen (1983), todavía con el impulso de la anterior entrega; The Story of a Young Heart con la reconocida The More You Live, The More You Love y Dream Come True (1986), cerrando una etapa que se reabrió con el olvidable Light at the End of the World (1996).
Men Without HatsPor su parte, el colectivo de Montreal conocido como Men Without Hats fue creado por los hermanos Ivan y Stefan Doroschuk e identificado por el sencillo The Safety Dance, infaltable en cualquier fiesta ochentera –y muchas actuales- incluido en su boyante y efusivo LP debut titulado Rhytm of Youth (1982), al que secundó Folk of the 80’s (Part III) (1984) y el ingenioso Pop Goes the World (1987), que les reportó el escape para ser considerados grupo de un solo disco.
Con el optimista The Adventures of Woman & Men Without hate in the 21st Century (1989) y Sideways (1991) parecían haber agotado su arsenal creativo, hasta que volvieron con el desapercibido No Hat´s Beyond This Point (2003) y el mucho más jugoso Love in the Age of War (2011), no como para quitarse el sombrero pero lo suficientemente digno como para seguir en la palestra.

¿GRUPOS DE UNA CANCIÓN? When in Rome
Los otros dos invitados son el dueto de Sumerset Naked Eyes, formado por Pete Byrne y Rob Fisher (mitad posterior de Climie Fisher y fallecido en 1999), quienes antes integraron la banda Neon, y When In Rome de Manchester, integrado por Clive Farrington, Andrew Mann y Michael Floreale, para muchos digno representante de los llamados One Hit Wonder, aunque escarbando un poco se puede encontrar algo más, no demasiado.Naked Eyes
Los primeros debutaron con el rescatable Burning Bridges (1983) que contiene el clásico Always Something There To Remind Me, original de Burt Bacharach, Promises, Promises y When the Lights Go Down, sus tres cortes más representativos. Con Fuel for the Fire (1984) se terminó la gasolina y solo grabaron hasta 23 años después Flumbing With the Covers (2007), integrado por revisiones de canciones propias y de algunos colegas como Elvis Costello, Elton John, Jimi Hendrix, Bob Dylan y John Lennon, nada más. Los segundos solo grabaron When In Rome (1988) del cual se desprende The Promise, única canción que permanece en la memoria.

Así es que haciendo un set list entre todos, alcanza para un concierto con buena carga evocativa.