Archive for 25 octubre 2008

EL AMOR COMO CAMPO DE BATALLA

25 octubre 2008

Donde a pesar de todo, aún quedan sobrevivientes y con ganas de emprender nuevas luchas. Mientras que los escenarios pueden ser una lujosa casa, hoteles en Hawai o la Costa Azul, una escuela, un campo de fútbol americano o un supermercado, las historias confluyen en el campo minado que implica esa rara sensación de andar pensando en alguien incluso contra tu voluntad. De veras que uno no aprende. Películas en cartelera y en los videoclubes. Vamos para allá.

I. Basada en la obra del premio Nobel Harold Pinter y dirigida por el shakespereano Kenneth Branagh a partir de una estructura teatral en tres actos, a excepción del empleo de sutiles recursos fílmicos, Juegos siniestros (Sleuth, GB, 07) implica a dos duelistas (Michael Caine y Jude Law en intensa batalla actoral) involucrados con una mujer ausente, pretexto para establecer una cerrada partida de venganzas en espiral, pintadas con engañosos tonos azules y desarrolladas en cancha nunca neutral, de incierta definición. Se trata de un remake de la cinta de Mankiewicz

II. De la factoría de Judd Apatow y dirigida por Nicholas Stoller, Sobreviviendo a mi ex (Forgetting Sarah Marshall, EU, 08) plantea, en tono de comedia que por momentos no se decide a pisar más a fondo el acelerador, la dificultad de superar una ruptura amorosa. Con ciertos momentos de franco humor satírico, personajes bien delineados –aunque poco empáticos salvo los empleados del hotel- y una que otra secuencia más bien evitable, navegamos en una tabla de surf que nos lleva de un oleaje entretenido a momentos de convencional calma innecesaria, dada la pretensión general de la cinta.

III. Dirigida por Pierre Salvadori, Enamórate de mí (Hors de Prix, Francia, 06) coloca a una cazafortunas (Audrey “Amelie” Tatou) frente a una inesperada posibilidad de concebir la relación de pareja, gracias a la presencia de un empleado de hotel (Gad Elmaleh), como algo más allá del beneficio económico. Comedia agradable y predecible que plantea la forma en la que el enamoramiento se va abriendo paso sin necesidad de pedir permiso, muy al estilo del cine de antaño: la cosa es darse cuenta antes de que resulte tarde.

IV. Dirigida por Terry Zwigoff (Mundo fantasma, Un santa no tan santo, 03), El arte de la seducción (Art School Confidencial, EU, 06) combina, con un dejo de ironía expresado en la subtrama del asesino serial, una mirada a la creación artística en un entorno escolar con las aspiraciones juveniles alrededor del reconocimiento y la búsqueda del amor. A partir de un sólido elenco y un aire oxigenado de la tradición del cine independiente norteamericano, la cinta se deja ver en diversos niveles de disfrute, desde el desencanto hasta la esperanza, siempre pensando en mantener la sonrisa, aunque sea para no llorar.

V. Dirigida por George Clooney a manera de relajamiento, tras sus dos grandes películas anteriores, Jugando sucio (Leatherheads, EU, 08) se remonta a los años 20´s cuando el fútbol americano profesional estaba en proceso de conformación entre comisionados y promotores. Un jugador veterano y una naciente estrella considerada héroe de guerra se trenzan en una divertida gresca en la que está de por medio, entre otras joyas, el cariño de una arrojada periodista (Renée Zellweger). Limpia ambientación, efectivo uso del montaje de transiciones y diálogos tan cándidos como ingeniosos configuran esta relajada propuesta.

VI. Dirigida por Sean Ellis, Belleza invaluable (Cashback, Inglaterra, 06) arranca con brío pero se va desinflando paulatinamente, como suele ocurrir con los cortometrajes que se quieren volver largos. Con imaginativas estrategias de edición, empleo oportuno de flashback y una narración en off que se vuelve cansina, estamos frente a otro caso de ruptura que afecta hasta la pérdida del sueño cual maleficio que sólo se podrá romper, obviamente, con el beso del primer amor verdadero: así de típico, así de convencional, ¿así de real? Lástima, daba para mucho más.

Nos leemos después.
Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx

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ESPEJOS EXTRAÑOS E INVISIBLES

18 octubre 2008

Cintas que rondan el intangible fenómeno del mal con desigual fortuna, aprovechando premisas inquietantes o desperdiciándolas, según el caso. Veamos.

LA CASA TOMADA
Inspirada, según se plantea al inicio, en sucesos reales, Los extraños (EU, 08) marca el afortunado debut de Bryan Bertino quien consigue construir una inquietante atmósfera en la supuesta seguridad del hogar, como ya lo habían explorado filmes como Funny Games (97), Ellos (06) y muchas más orientadas al terror más convencional. La maldad sin razón alguna invade la casa y convierte una ya previamente fallida cena romántica, en un macabro evento sin ningún sentido aparente.
La vuelta a la reflexión sobre la banalidad del mal encuentra en esta práctica narrativa un referente claro, no obstante el fallido e innecesario desenlace. ¿Por qué? Es la pregunta que se formula una pareja en trance de ruptura (Lyv Tyler y Scott Speedman, creíbles) que sólo espera pasar la noche para que cada quien tome su camino: algo sucedió en la fiesta previa que provocó un cambio radical de planes, aunque la historia no explica de manera satisfactoria porqué seguían juntos.
Notables resultan el manejo del tiempo fílmico y el encuadre en extenso, plagado de planos medios que capturan la angustia de la que irremediablemente formamos parte, así como el parsimonioso desplazamiento de la cámara que permite ubicar a los asesinos enmascarados acechando tranquilamente a las víctimas. El juego del gato y el ratón se trasciende por la incertidumbre de las motivaciones y por la metáfora del encierro como única y dudosa posibilidad de salvamento. El mal anónimo y sin causa alguna, haciendo que gire la vieja tornamesa.

EL ESPEJO SE RAJÓ DE PARTE A PARTE
Si la idea central hubiera retomado por lo menos una de las ideas de Borges acerca de los espejos, otra película nos cantaría. En cambio, se optó por un guión lleno de incongruencias, arbitrariedades y sin ningún tipo de profundización, apenas interesante por la vuelta de tuerca final: lástima, la historia ya nos había perdido y lo que sucediera con los personajes había dejado de preocuparnos, no obstante ciertas secuencias impactantes y visualmente bien construidas.
Dirigida por Alexandre Aja (El despertar del miedo, 03; El despertar del diablo, 06), Espejos siniestros (EU-Rumania, 08) recurre a una serie de clichés, desde las características del personaje protagónico (Kiefer Sutherland) hasta el desarrollo de los eventos, en los que se percibe cierto desperdicio de una atractiva premisa base cuyo potencial era enorme. No alcanzan la adecuada edición y los efectivos recursos visuales para salvar esta obra que se quedó en el intento o que optó más por la taquilla inmediata que por la trascendencia.

CULPAS SOBRE LAS OLAS
Recién llegada en formato de video, Amenaza invisible (Invisible Waves, Tailandia, 06) es una extraña película que combina cierto humor con una historia de culpa en la que seguimos a un hombre, del que sabemos muy poco, en proceso de huída tras haber envenenado a la pareja de su jefe, por órdenes de éste, y con quien tuvo una aventura. La invisibilidad como último refugio para evadir culpas y amenazas.
Dirigida por Pen-Ek Ratanaruang (La última vida del universo, 03) la cinta se estructura a partir de un largo y anticlimático flashback que entronca con el prólogo, para dirigirse a una inquietante resolución. Una cinta que apuesta al desconcierto, entre el absurdo y la mirada pausada.

Nos leemos después.
Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx

EL ROBO DEL SIGLO: MUCHO MÁS QUE JOYAS Y DINERO

11 octubre 2008

Las películas basadas en hechos reales suelen jugar con fuegos cruzados. Son blanco fácil de críticas negativas por falsear la verdad, omitir detalles que a más de uno le parecían cruciales o simplemente reducir su propuesta a una sucesión de hechos que ya todos conocían. Aún así, la realidad real sigue siendo fuente inagotable para el cine: suceden hechos que ni al más ingenioso escritor se le pudieron haber ocurrido.
Cuando se tiene en las manos una jugosísima historia que incluye un escándalo sexual de la realeza (cuando no eran comunes); fotografías comprometedoras de altos funcionarios (cuando no era fácil trucarlas); una banda que maneja giros negros con el consecuente entramado de corrupción; un falso líder del black power; la policía secreta metiendo la nariz; una femme fattale y una ex modelo, así como una improvisada banda con una misión que la rebasa y cuyo líder es también un hombre de familia, se cuenta con una gran oportunidad, pero también con un gran riesgo.
Nadie sabe lo que se roba hasta que todo mundo lo reclama. En efecto, un robo bancario de pronto se vuelve un suceso que trasciende el juego de policías y ladrones: el establishment está en riesgo. La princesa puede dejar de ser parte de un cuento disneyano, un grupo de policías puede revelarse como célula de pillos, el supuesto Malcom X inglés se mostraría como un delincuente, la supuesta eficacia de la policía secreta se pondría en duda y al siniestro dueño de prostíbulos se le caería el teatrito.
Así, se estructura el clásico guión del conflicto central, en el que unos objetos son codiciados por varios sujetos y el antihéroe necesita algo que los demás le pueden dar: el guión-telaraña se va entretejiendo de manera tensa y con creciente grado de complejidad para los protagonistas a un grado tal, que las salidas se van reduciendo al mínimo. Se trata de la recreación del famoso asalto al banco de la calle Baker en Londres, durante 1971. El film consigue que el apego o no a los hechos reales pase a segundo término.
Dirigida por el oficioso australiano Roger Donaldson (de Perros durmientes, 77 a El amo del viento, 05), El robo del siglo (The Bank Job, Inglaterra, 08) es un dinámico y consistente entramado de intrigas que nos involucra en una atmósfera de verosimilitud gracias a la correcta mirada de época, así como a la construcción creíble de personajes, envueltos en situaciones inesperadas que cuando suponen controlar, se vuelven contra ellos, incluyendo líos de faldas. No hay mucho tiempo para el respiro.
Gracias a la puntual edición, el desarrollo de la cinta nos captura y envuelve, brindándole un equilibrado peso a las diversas aristas del atraco y sus circunstancias. Las diversas perspectivas son puntualmente retratadas por la cámara que se pone al servicio de la narración, sin piruetas innecesarias o desplazamientos espectacularmente huecos. Donaldson consiguió salir airoso de la disyuntiva que imponen las películas basadas en sucesos documentados.

DÉCIMOSEGUNDO TOUR DE CINE FRANCÉS
A pesar de no ser el mejor momento por la presencia del Festival Cervantino, siempre será bienvenido el deseado paquete de películas galas que ya se ha vuelto tradición, como el Foro y la Muestra de la Cineteca. Retomando el nombre de la famosa carrera ciclista, esta celebración nos ha traído algunos films que sin problema se ponen el suéter amarillo: seguro esta ocasión seguirá con la tradición.
Ya que estamos en éstas, ojalá que algún día pudieran llegar otros ciclos que se ofrecen en dicho recinto, como el del nuevo cine alemán, el cine nórdico, el cine judío, el cine africano y tantos más que serían muy bien recibidos en nuestra ciudad, cada vez con una base más sólida de cinéfilos exploradores de otros terrenos fílmicos.

p.d. Vaya una admirada felicitación al cineclub de la Universidad de Guanajuato por sus primeros cincuenta.

Nos leemos después.
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UN MONSTRUO GRANDE QUE PISA FUERTE

8 octubre 2008

Un monstruo ha crecido, en parte, por la irresponsabilidad de las autoridades. Vive debajo del agua. De pronto, decide salir para provocar un caos entre la ciudadanía y secuestra a una niña frente a los ojos impotentes de su padre. La policía y el ejército despliegan un operativo poco efectivo y nadie le hace caso al hombre para rescatar a su hija, por lo que junto con sus hermanos y su propio padre, decide ir en busca de la pequeña.
Todo ocurre en un centro urbano en el que muchos universitarios no encuentran trabajo y quien sí lo tiene, vive endeudado. Además, la verdad oficial aparece en la televisión y la inteligencia estadounidense –por llamarla de alguna manera- está completamente involucrada, creando una versión equivocada de los hechos, para no variar. El monstruo se hace más fuerte devorando a sus víctimas hasta dejar solo los huesos, en un espectáculo macabro.
Adivinaste: se trata de El huésped (Corea del Sur, 06), film dirigido por Joon-ho Bong en el que se actualiza el cine serie B de criaturas mutantes muy populares en los años cincuenta, época de paranoia por la guerra nuclear y los efectos radioactivos (recordar Godzilla cuya primera aparición fílmica fue en 1954 por cortesía del director Ishiro Honda). Sorprende que una película en apariencia poco original y repetidora de premisas muchas veces vistas, consiga ser tan pertinente a los tiempos que corren, en particular por todas las analogías que pueden entresacarse de su planteamiento argumental.
El monstruo se muestra bien y rápido: sin decir agua va, nos topamos con una lograda secuencia en la que lo vemos haciendo de las suyas a todo color y a plena luz del día. De ahí, nos vamos con el improbable héroe: un hombre de pocas luces que mal atiende el negocio de su paciente padre y a quien se le sumarán sus hermanos: un joven con fuerte resentimiento social y una tiradora con arco que suele paralizarse al momento de la verdad. La historia se centra en la dinámica de esta particular familia puesta en una situación extraordinaria.
Además de su consistente y equilibrada producción con ciertos dejos de melodrama que borda premeditadamente en la ridiculez (los llantos frente a la foto de la niña), esta cinta es de ésas que valen por los subtextos que la conforman: que un mandamás norteamericano le ordene a un empleado coreano vaciar las botellas de una sustancia peligrosa que irá a parar al río, a sabiendas de que está prohibido, ejemplifica de manera sencilla algunas de las relaciones políticas y de poder que se han establecido en este mundo globalizado.
Las autoridades contienen, no resuelven; acaso no tienen la menor idea de quién es realmente el enemigo: al tipo común lo tiran de a loco, no le ayudan, le estorban. Mejor apagarle a la tele, sobre todo cuando un funcionario estadounidense intenta explicar la crisis: una buena cena mientras la nieve cae, silenciosa, en la quietud de la noche. El rifle al alcance de la mano, por supuesto.

Nos leemos después.
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REENCONTRÁNDOSE CON EL AMOR

4 octubre 2008

El asunto es tan inabarcable que nunca se filmará la película definitiva al respecto. El cine vuelve a él una y otra vez y lo seguirá haciendo: la esencia es la misma aunque las variantes son interminables, desde las más convencionales y superficiales, hasta las más profundas e imaginativas, pasando por la ironía y humor. El enamoramiento con todos sus misterios maravillosos, dolorosos y hasta de pena ajena, continuará como una realidad múltiple imposible de capturar en la pantalla: por lo pronto, disfrutemos de las aproximaciones.
Sabemos que en cuestiones amorosas las oportunidades ni se crean ni se destruyen, sólo se presentan: pasan por nuestras narices –como si tuviéramos varias- y podemos dejarlas pasar, seguir el aroma equivocado o hasta atrevernos a capturarlas. El problema es que después de algunas experiencias al respecto, uno puede perfeccionar el olfato pero volverse demasiado quisquilloso o de plano irse tras cualquier perfume de mujer (u hombre). Aceptar el reencuentro con el amor puede ser una decisión salvadora pero también una buena estrategia para terminar de hundirse bien y no tan bonito.
Recuperemos un par de cintas para analizar los componentes fundamentales de las películas románticas cuyo desarrollo puede orientarse a dos grandes estructuras narrativas: el drama y la comedia. Ambas centran su propuesta en cómo una nueva relación puede transformarnos en mejores personas y brindarnos ese segundo aire que parecía nunca llegar, dadas las circunstancias.
Dirigida por el también guionista Peter Hedges (Momentos de perdón, 03), Dan en la vida real (Dan in Real Life, EU, 07) transcurre por la vía de la comedia, salvo ciertos apuntes melodramáticos, sin mayores pretensiones. Basada en la obra de Nicholas Spark, fuente para cintas como Mensaje en una botella (Mandoki, 99) y Diario de una pasión (Cassavetes, 04), y dirigida por el hombre de teatro entrando al mundo fílmico George C. Wolf, Noches de tormenta (Nights in Rodanthe, EU, 08) es una ya vista aunque funcional historia de amor otoñal.
La primera clave está en el diseño de la pareja protagónica y en los responsables de encarnarla. En el primer caso, Steve Carell y Juliette Binoche despliegan una notable habilidad para darles vida a un padre viudo, escritor de una columna de consejos familiares –que él no sabe cómo aplicar- y a una encantadora mujer en proceso de búsqueda. En el segundo, Richard Gere y Diane Lane, quienes vuelven a reunirse después de Cotton Club (Coppola, 84) e Infidelidad (Lyne, 02), resultan convincentes como un doctor cargando culpas y como una mujer llena de problemas familiares.
La segunda clave estaría dada a partir del guión: mientras que Dan en la vida real se construye con inteligentes y situacionales ganchos humorísticos, aunque sin eludir ciertas salidas fáciles, la cinta de Wolfe por momentos parece forzada a pesar de los inesperados golpes dramáticos. En cuanto a los personajes secundarios, destaca la presencia de los hijos en las dos cintas y un par de actuaciones llamativas, cortesía de Dianne Wiest en la primera y de Scott Glenn, emotivamente seco, en la segunda.
Un tercer elemento estaría dado a partir de la construcción de atmósferas y contextos en los que se desarrolla la historia. En las dos películas los personajes salen de su rutina para envolverse en una situación propiciatoria, no exenta de obstáculos: ya sea la molesta presión familiar en la que todo mundo dicta cátedra sobre lo que se debe hacer o un aislamiento aparente en el que no obstante se continúa enlazado con los problemas persecutorios.
Un cuarto componente –sin querer decir que sean todos- es la forma propiamente cinematográfica: Noches de tormenta recurre a ciertos flashbacks con variación de texturas y paleta cromática, como para darle cierto respiro a la narración. Por su parte, el film de Hedges se plantea de manera sobria sin mayores artilugios, apenas jugando con la perspectiva, sobre todo en la reunión familiar, y aprovechando la combinación de planos.
Una lavadora que da vueltas sin cesar, unos caballos corriendo por la playa… reencontrándose con el amor.

Nos leemos después.
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