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SENTIRSE AJENO

29 abril 2014

Cuando no encajas en ningún contexto conocido, puede ser momento de explorar otras realidades o bien recrear otros mundos en los que haya más posibilidad de pertenecer. Quizá eres de otra época y de pronto te despiertas años después en un mundo extraño, aunque bélicamente familiar; a lo mejor tu forma de pensar y entender los cambios no te alcanza para explicarte cómo y dónde estás; es mejor lo que sucede en tu imaginación que en la realidad tangible o ninguna de las opciones a la mano para dedicar tu vida son para ti, sobre todo cuando te das cuenta que estás siendo utilizado.

AJENO A LA ÉPOCA
La segunda entrega del súper héroe más estadounidense de todos, se ubica en la paranoia post 11/09, cuando la seguridad nacional se ha convertido en obsesión y el miedo en moneda permanente de cambio. Al estilo de Sentencia previa (Spielberg, 2002), la inversión económica se orienta engañosa y paradójicamente a la prevención de los ataques, bajo el argumento de que se puede aplicar un castigo a quien tenga la intención de cometer un delito, a partir de un armamento altamente sofisticado.
Dirigida con eficacia por los realizadores básicamente televisivos Anthony y Joe Russo (Bienvenidos a Collinwood, 2002; Tres son multitud, 2006) Capitán América y el soldado del invierno (EU, 2014) se sostiene por una ágil narrativa que no descuida las secuencias orientadas al diálogo, funcionando como un contrapeso a los intensos momentos de acción, algunos de ellas dinámicamente montados como el del ataque a la camioneta. Si bien algunas conversaciones no tienen sentido entre los interlocutores, sino que más bien se dirigen al espectador, en general se consigue ir más allá del reduccionismo caricaturesco de malos y buenos.Capitán América
Oportunos apuntes humorísticos –aunque se desperdicia la veta de la situación de Steve Rogers (Chris Evans) adaptándose a los tiempos presentes- y suficiente desarrollo de personajes como el de la Viuda Negra (Scarlett Johansson), el Halcón (Anthony Mackie), Nick Fury (Samuel L. Jackson) y el misterioso villano de fuerza incontenible, todavía en la lógica de la guerra fría, complementan la propuesta enfocada directamente al entretenimiento, no obstante la inserción de ciertos episodios relativamente siniestros como el de la presencia computarizada de Toby Jones o los flashbacks que refuerzan la falta de pertenencia del superhéroe.
Claro que siempre será bienvenida la aparición de Robert Redford, más allá del mero cameo, comprometiéndose con el desarrollo del filme y, por supuesto, la esperada aparición del patriarca Stan Lee, con su debida cuota de simpatía ahora como trabajador del Smithsonian. El continuo uso de los recursos digitales está bien equilibrado y a la altura de las circunstancias, terminando por resultar pertinente a la noción de espectáculo, sin robarse, al menos del todo, la atención del desarrollo argumental y sus circunstancias.

AJENA A LA ORGANIZACIÓN SOCIAL
Dentro de la tendencia literaria y fílmica de las sagas juveniles tipo Juegos del hambre y anexas, llega Divergente (EU, 2014), filme que retoma elementos de aquí y allá para ubicarnos en un futuro distópico, otra vez, en el que predomina el control estatal, la destrucción del pensamiento autónomo y la aparente armonía que en realidad esconde una segmentación social absoluta y determinista, recordando al Gran Hermano orwelliano y a varias sociedades reales que han funcionado más o menos sí, disfrazadas de igualdad de oportunidades y de libre albedrío.
Basada en la serie de novelas de Veronica Roth y dirigida con manual en mano por Neil Burger (Interview With the Assassin, 2002; El ilusionista, 2006; Regreso a casa, 2008; Limitless, 2011), la primera entrega de la saga no logra hacer honor a su título, dado el convencionalismo y la saturación de clichés que la vuelven en todo momento predecible, maniquea y bienintencionada, no obstante el fulgurante diseño de producción, sobre todo plasmado en esas recreaciones de un Chicago sobreviviente, y una edición funcional, a pesar de la discutible distribución del tiempo dedicado al proceso de entrenamiento y a la puesta en práctica.
DivergenteEl abandono de la casa paterna en el marco de una sociedad ultraplanificada parece significar el tránsito a la vida adulta sin posibilidad de retorno, como si la vida fuera una sola trayectoria siempre hacia adelante. Tris, otra de las heroínas juveniles que empiezan a pulular por todas partes, vive justamente el momento de la toma de decisión con muy pocos elementos que la orienten. Interpretada con empatía por Shailene Woodley, la protagonista se enfrentará a la mandamás (Kate Winslet, lumínica y amablemente prepotente) y a una estructura social que solo se comprende cuando se empieza a vivir fuera de la preparación.

AJENO AL MUNDO TANGIBLE
Trabajar en una revista de papel tiene sus riesgos, sobre todo cuando no estás preparado para el cambio digital o tu puesto se vuelve innecesario y obsoleto, dadas las nuevas tendencias del adelgazamiento empresarial. Un negativo perdido que serviría para la última portada física de la revista Life, se convierte en la misión de un hombre común paralizado por la fantasía o, si se quiere, revivido en la colorida imaginación mientras sobrevive en la grisura de la realidad.
Ben Stiller actúa y dirige La increíble vida de Walter Mitty (The Secret Life of Walter Mitty, EU, 2013) un remake del filme Delirio de grandezas (1947), dirigido por Norman McLeod y basado en el cuento de James Thurber publicado en 1939. Con el clásico Major Tom bowieano como figura inspiradora y la mujer de sus sueños funcionando a la manera de un inesperado cómplice, el protagonista se lanza a una serie de aventuras que le empiezan a dar contenido a su paralizante existencia y, de paso, a su página de encuentros virtuales.
Con una serie de oportunas canciones bien elegidas para acompañar ciertas secuencias, la cinta se va desplegando en un tono acaso demasiado esperado y optimista, instalándose en la necesidad de dar un mensaje positivo, dándole una lección a los malos y, de paso, a los espectadores. La premisa se prestaba para profundizar en el humor negro, la crítica social y, ya entrados en gastos, en las transformaciones sociales y laborales que implican los desarrollos tecnológicos y las lógicas del mercado.Walter Mitty
Con todo, la cinta está bien producida e interpretada, manteniendo un ritmo fluido además de incorporar algunos apuntes familiares emotivos y otros realmente hilarantes, sobre todo al momento de entrar en las comparaciones entre las ensoñaciones y La dura realidad (1994), sin llegar a los niveles de sátira alcanzados por otras cintas del propio Stiller como Una guerra de película (2008) o Zoolander (2001).

ARTEFACTOS AFECTUOSOS O EL ESPÍRITU EN LA MÁQUINA

22 abril 2014

En el futuro próximo, la soledad sigue merodeando la vida de las personas y se encuentra instalada en sociedades cuyo desarrollo tecnológico ha permitido crear otras entidades capaces de interactuar y tomar decisiones. Las necesidades de afecto y compañía, desde luego, no han desaparecido, aunque quizá sí las posibilidades para satisfacerlas. O a lo mejor, paradójicamente, resulta más difícil.

UN ROMANCE ENTRE LOS BYTES Y LAS CÉLULAS
Escrita con sensibilidad poética y dirigida a partir de una narrativa de contrastación visual y emocional por Spike Jonze (¿Quieres ser John Malkovich?, 1999; El ladrón de orquídeas, 2002; Donde viven los monstruos, 2009; Pretty Sweet, 2012), profuso realizador de cortos y videos musicales, Ella (Her, EU, 2013) es un retrato de los avatares románticos de Theodore, un hombre solitario, en pleno proceso de divorcio que parece refugiarse en su trabajo como una especie de Cyrano posmoderno.
Amablemente dialoga con algún compañero de trabajo y frecuenta a una pareja con quien mantiene una amistad, además de tener alguna cita presencial con alguna mujer (Olivia Wilde) o algún encuentro sexual en el mundo de la virtualidad para sobrevivir al insomnio, sin ninguna trascendencia. Se siente como un extraño en una comunidad que parecería proporcionarle todo lo necesario para ser feliz o, al menos, para evadir la sensación de tristeza.
En estas circunstancias, el protagonista de sonrisa melancólica siempre acomodándose los lentes, decide contratar un sistema operativo diseñado a modo del usuario. Con dos preguntas de entrada sobre el grado de sociabilidad y la relación con la madre, se configura el servicio, una vez definido el sexo. De esta manera, Theodore va construyendo un particular vínculo con su nueva compañera, una voz que habita en los gadgets del usuario y que empieza a incorporar emociones humanas y, por ende, necesidades afectivas.
EllaGracias al conmovedor guion, a la creación de atmósferas vaporosas y a las actuaciones tanto del gran Joaquin Phoenix, integrando los matices físicos y psicológicos de su personaje, y de Scarlett Johansson dándole voz al sistema operativo autonombrado como Samantha, la relación se vuelve inverosímilmente creíble, con todo y los diversos momentos por los que atraviesa la mayor parte de los romances: de la efusividad al enamoramiento y de ahí a la necesidad de control, la posesividad, los celos, los malos entendidos, los egoísmos, la angustia de la pérdida y la euforia de la recuperación.
La exploración de los nexos más allá de la entidad corpórea, remite a las ideas futuristas acerca de la cada vez menos necesaria realidad física para la humanidad, aunque en este caso, Samantha busca adquirir esa realidad corpórea justo para humanizarse y no solo quedarse en las emociones: las diferencias en las realidades físicas de cada uno parecen no afectar la evolución de la pareja, disfrutando de paseos, pláticas nocturnas y escucha de canciones propias.
La inserción de los flashbacks para mostrar los episodios diversos con su exesposa (Rooney Mara), los diálogos sostenidos con la amiga (Amy Adams), los videojuegos para paliar la ausencia de compañía y las tomas transicionales transcurridas en los elevadores, o a través de los recorridos por las calles con pantallas promocionales y gente conectada con algún aparato, expresan la dificultad para mantener lazos emocionales y entender que no hay amor programable ni persona que termine por ser exactamente como se quiere, ni siquiera dentro del universo de la inteligencia artificial.
Justo en estas secuencias se imbrica el sutil piano solitario, los teclados brumosos o las íntimas cuerdas de Arcade Fire, contribuyendo con un score pertinente para un filme que se desarrolla también en interiores, remitiendo a contextos amables, armónicos y reposados: las ventanas de colores de la oficina contrastan con los tonos azules de la recámara y con las grisáceas miradas hacia la gran ciudad. Los rojos de la pantalla y de las camisas, usadas además de otras vivaces tonalidades, destacan como indicativo de las pasiones expresadas y contenidas, además de los usos de la iluminación para mantener el tono apacible y cálido de los entornos.
Cierta nostalgia esperanzadora se simboliza a través del reposo de la cabeza en un hombro amistoso para sobrellevar el abandono, quizá para saber que el misterio del amor no puede ser resuelto ni por sistemas operativos súper avanzados, casi de espíritu humano: al contrario, al final ellos también sucumben frente a sus inexplicables codificaciones porque difícilmente se puede vivir sin la experiencia de amar y sentirse correspondido. Acaso el reencuentro puede darse en un mundo inmaterial, aún inexplorado por las nacientes sensaciones entretejidas.
No solo se trata de explorar lo que más nos gusta de la pareja, sino de cómo convivimos con lo que menos nos parece de ella. Las emociones reales se sienten pero también se trabajan y se mantienen, sobre la idea de la exclusividad acordada y convencida: el entendimiento mutuo no es asunto de un momento, sino de una reconstrucción cotidiana y de ahí la dificultad para seguir adelante. Incluso después de la ruptura hay espacio para el perdón sin intenciones reconciliatorias y para reconocer todos los logros alcanzados en conjunto: el amor como un libro que se escribe y se habita en medio de las palabras pero que en cualquier momento puede darse por concluido.
Una obra maestra del drama romántico que demuestra la inacabada posibilidad de continuar ensanchando los géneros fílmicos.

UNA AMISTAD ENTRE LA MEMORIA Y LA COMPLICIDAD
Con guion de Christopher D. Ford y dirigida con solvencia por el debutante Jake Schreier, Un amigo paraUn amigo para Frank Frank (Robot & Frank, EU, 2012) es una entrañable historia familiar en la que un viejo ladrón de joyas con problemas de memoria (Frank Langella, notable) establece un fuerte vínculo afectivo con un robot (voz humanoide de Peter Sarsgaard), proporcionado por su hijo (James Marsden) para cuidarlo en su soledad.
Entre la visita de su hija (Liv Tyler) y la amistad que establece con la bibliotecaria (Susan Sarandon), este hombre intentará renovar sus viejas habilidades, mientras que va reconstruyendo las relaciones que suponía finiquitadas. Un filme de espíritu independiente cuidadosamente escrito e interpretado que consigue provocarnos sentimientos hacia un personaje de metal sin gestos pero con mucha disposición para la amistad. Como a su dueño, que termina por verse reflejado en él.

MUJERES JÓVENES: ENTRE EL FIN DE LA INOCENCIA Y EL INICIO DE LA ESPERANZA

15 abril 2014

Películas de diferentes partes del mundo que desde posturas temáticas, estilísticas y orientaciones contrastantes, centran su propuesta argumental en niñas y jóvenes atravesando ritos de pasaje, enfrentando pérdidas y asumiendo condiciones inéditas de vida, reconfigurando sus perspectivas ideológicas y topándose de frente con realidades inesperadas, solo para volver a intentar acomodarse en el mundo.
Guerras fuera y dentro del hogar; demonios y fantasmas acechando en el ambiente y en el interior del alma; aliados emergiendo de la nada y confusiones que lejos de esfumarse, parecen tomar formas cada vez más consistentes. Niñas en cuerpos de jóvenes o viceversa, librando acontecimientos y crisis propias. Todas disponibles en la ciudad en formato de video o sitios virtuales.

LIBRANDO PÉRDIDAS FAMILIARES
Una carta para Momo (Japón, 2012) es una sensible cinta animada que retoma la tradición de dos grandes maestros del cine nipón: de Yasujiro Ozu, incorporando sus apuntes costumbristas (esas comidas en familia) y de Hayao Miyazaki, en su artesanal propuesta visual e inserción del componente mágico, con todo y protagonista femenina: en este caso, una niña de ciudad que se muda junto con su mamá a Shio, una isla lejana, después de la muerte de su padre, de quien conserva una carta inconclusa y con el que se enojó la última vez que lo vio.
En su nuevo hábitat, como si de una novela de Banana Yoshimoto se tratara, Momo empezará el duro proceso de adaptación y, por supuesto, de redescubrimiento, acompañada por nuevos amigos tanto humanos como de origen misterioso. Escrita y dirigida por Hiroyuki Okiura (Cazadores de recompensas: Cowboy Bebop, 2001), la cinta propone una colorida animación desplegada a través de una edición que imprime un ritmo acorde a la aventura reveladora, combinando la necesaria acción con la propia transformación de la niña, incluyendo una brillante puesta en escena que nos sumerge en el natural ambiente de fantasía.Carta para momo
La vida según Attenberg (Attenberg, Grecia, 2010) es un relato de crecimiento emocional con dosis de humorismo, cuidando evitar el melodrama y resaltando la presencia de su protagonista, la joven Marina, interpretada con una perspicaz combinación de contención y explosividad por Ariane Labed, a quien vimos en Antes de la medianoche (Linklater, 2013). Se dedica a llevar y traer huéspedes de un hotel en un pueblo ubicado en Viotia, Grecia, mientras escucha a Suicide y ve los videos de animales de Sir Richard Attenborough, con quienes se siente más afín.
Sus contactos humanos se reducen a su padre enfermo, con quien mantiene una relación lúdica cargada de humor negro y juegos de frases cortas, y a una amiga que intenta promover su socialización; posteriormente, se vincula con un ingeniero que anda de paso. Dirigida por Athina Rachel Tsangari (The Slow Business of Going, 2000), la cinta apuesta por romper la narrativa vía las coreografías en las que las amigas simulan rituales animales y por medio de la inserción de encuadres que enfatizan los tránsitos vividos por la veinteañera. Evocativa y agridulce.
Fish Tank (GB-PB, 2009) se inscribe en la tradición del realismo social inglés, enfocándose en la agresiva adolescente quinceañera Mia (Katie Jarvis, notable), quien vive en un departamento con su también joven madre (Kierston Wareing) y su pequeña hermana precoz, entre una constante violencia verbal y un entorno entre apático y hostil. Su vida parece estar en estado de paro, si no fuera por su gusto para bailar hip-hop y alguno que otro enfrentamiento con otros jóvenes del rumbo. La llegada del nuevo galán (Michael Fassbender) de su madre provocará reacomodos impensados.
Dirigida por Andrea Arnold (Wasp, 2003, corto ganador del Oscar) con una fotografía traslúcida, encuadres arriesgados y tomas prolongadas, la cinta propone algunos apuntes simbólicos –caballo, pez- y va tejiendo una creciente tensión que puede explotar hacia cualquier dirección. En una clara necesidad de contar con un poco de atención, Mia puede despojarse en algún momento del enojo que la agobia, aderezado con la amenaza de ir a un internado, y mostrar interés en otra persona o en un proyecto, acaso en sí misma: bailar también puede ser una forma familiar para comunicarse.

LIBRANDO DILEMAS IDEOLÓGICOS
Hadjewich (Francia, 2009) es una meditación acerca de los misterios de la fe religiosa como liberación y, en la confusión, como posible estado de enajenación. Escrita y dirigida por Bruno Dumont (Camille Claudel 1915, 2013), quien tiende a explorar la bondad y la maldad (Fuera de Satán, 2011), así como la soledad brutalmente interrumpida (29 palmas: pasiones salvajes, 2003) y la violencia en sus diversas formas (La humanidad, 1999; Flanders, 2006), la cinta enfatiza los procesos de transformación religiosa experimentados por su doliente personaje.
En efecto, somos testigos de la forma en la que Céline, una pudiente joven veinteañera interpretada con devoción por Julie Sokolowski, es expulsada de un convento para regresar a casa de sus padres en París. Tras conocer a un joven árabe y todavía con el misticismo a flor de piel, decide involucrarse con un grupo religioso islamista. Como hiciera en La vida de Jesús (1997), aquí vuelve a contrastar posturas religiosas cristianas y musulmanas, a través de la búsqueda divina emprendida por la joven protagonista.
Secreto de estado (Secret Défense, Francia, 2008), sigue los pasos de Diane (Vahina Giocante, convincente), una estudiante que termina siendo reclutada por el servicio secreto francés para luchar contra el terrorismo, causa a la que se une Pierre (Nicolas Duvauchelle), un joven problemático que busca respuestas en un grupo extremista. Dirigida por Philippe Haïm (Barracuda, 1997; Les Dalton, 2004), la cinta se entromete en los procesos de adoctrinamiento y de cómo le pueden dar sentido a vidas vacías, a pesar de los desengaños.
Personajes con doble juego, involucramiento inoportuno de afectos y misiones de espionaje al borde de la resistencia física y emocional para concluir que, ciertamente, un agente no es una persona, sino un arma: al final terminas solo y con la identidad destrozada, si es que sobrevives. Realizada con nervio a partir de un guion que incluye sólidas vueltas de tuerca y un estilo suficientemente turbio, se alcanzan a presentar las dos posturas del Islam, evitando el acostumbrado maniqueísmo, y las tácticas oscuras de quienes se supone son los defensores de la libertad.

VISITAS FEMENINAS

8 abril 2014

Varias presentaciones en curso de solistas y grupos femeninos, instaladas en géneros diversos del amplio espectro rocanrolero e incluso del jazz, funk y soul. De latitudes lejanas pero con una cercanía que parecieran haber nacido en el vecindario de junto, dada la posibilidad actual de escuchar música de todas partes con relativa accesibilidad. Veamos.

INICIANDO TRAYECTORIAS
Para cerrar el Festival Internacional de Música Indie de San Miguel de Allende, se presenta la joven cantante Lorde (Auckland, 1996), quien después de grabar el EP The Love Club (2013) y darse a conocer por Internet de acuerdo a los tiempos que corren, presentó su largo debut Pure Heroin (2013), álbum poblado de canciones que huelen a ese espíritu adolescente en tono contenido, soportadas por instrumental electrónico de orientación melódica con vocalizaciones frágiles pero convencidas.
Sin duda la neozelandesa admite influencias dentro del mundo de los góticos noventeros y comparaciones con varias cantantes contemporáneas que parecen marcar tendencia (Lana del Rey, Zola Jesus, Sky Ferreira, Lykke Li, Grimes), pero puede llegar a distinguirse pronto dada su habilidad para convertir sus obsesiones en piezas ensoñadoras. Por lo pronto y con la ayuda de Joel Little en la producción y ejecución, la nacida como Ella Yelich O’Connor entregó uno de los debuts femeninos más importantes del año. Ya veremos qué sigue.
Por su parte, Savages es un cuarteto de mujeres intensas que han bebido del movimiento de las riot grrrl, del punk inglés con tintes arty y de PJ Harvey como figura de referencia. Se formaron en Londres en el 2011, cuando la guitarrista Gemma Thompson y la cantante Camille Berthomier (Jehny Beth) decidieron formar una banda; pronto se sumaron Ayse Hassan en el bajo y Fay Milton en la batería para empezar a hacer ruido en diversos escenarios y desparramar energía sin necesidad de cuota de género.
Se presentaron en sociedad con el enervado álbum Silence Yourself (2013), de sugerente título y a través del cual se insertaron en la vertiente de colocar la agresión como instinto de sobrevivencia y sustento de expresión; estas rabiosas debutantes nos plantean una llamada de atención en clave decidida para tomar conciencia de nuestro alrededor; la cara salvaje de la feminidad, tan atrayente como absorbente, mirándonos de frente y directamente al sistema nervioso.

DESDE LAS INTERMINABLES TIERRAS DE LA CABEZA DEL MUNDO
Originarias de Calgary y asentadas en Vancouver, las gemelas conocidas como Tegan and Sara, de talento pianístico precoz, debutaron con The Business of Art (2000) y de pronto ya andaban de gira con Neil Young y The Pretenders, ahí nomás. Posteriormente grabaron If It Was You (2002) y So Jealous (2004), con el que ampliaron su rango de escuchas a partir de una propuesta folk con notorios coqueteos pop.
The Con (2007) significó un paso adelante en su espectro estilístico, ampliando sus configuraciones rítmicas y armónicas aderezadas con florituras punk, justo para después armar su fiesta personal con Santihood (2009), transportándonos a los años ochenta casi sin darnos cuenta. Get Along (2011) resultó una obra de mantenimiento Hearthtrob (2013) le pusieron un poco de beat electrónico a su propuesta habitual y el resultado terminó por ser una delicia, como para animar hasta a los menos aptos para levantarse del asiento.
La compositora, pianista y cantante Elizabeth Shepherd, después de orientarse al campo de la música terapéutica y trabajar como mesera en un piano bar de Toronto, donde tuvo la oportunidad de mostrar sus habilidades musicales, debutó en formato de trío con Start to Move (2006), cual llamativo primer movimiento con elusivos juegos vocales, incorporando una larga tradición de voces femeninas en el mundo del jazz.
La asentada en Montreal, continuó con Besides (2007), conformado por remixes y por Parkdale (2008), en el que exploró una veta más cercana al R&B y al funk; tras una breve pausa, volvió con Heavy Falls the Night (2010), en el que predominaron las piezas propias y Rewind (2012), cantando clásicos con atrayente soltura en inglés y francés, mientras que se convertía en madre de una hija a quien el disco está dedicado: las experiencias vitales se conectan con la creación artística de manera íntima y celebratoria.

ASÍ ES LA VIDA
Macy GrayDe la tradición impuesta por personalidades de la talla de Ella Fitzgerald y Billie Holiday, y continuada por Aretha Franklin, Nina Simone, Tina Turner y Patti LaBelle, hoy contamos con alumnas aventajadas que se han adaptado a los tiempos que corren, insertando sus privilegiadas voces en contextos musicales que igual van del soul al funk, que del rock al hip-hop e incluso del R&B a la llamada world music. Macy Gray es una de ellas.
Originaria de Ohio, aprendió a tocar el piano desde pequeña, cuando su voz llamaba la atención por su simpático timbre. Se trasladó a Los Ángeles donde empezó a escribir y cantar y pronto fue reclutada por una banda de jazz local. Ya encarrerada, entró al estudio de grabación para estampar On How Life Is (1999), su debut. “Se trata de canciones que reflejan simplemente lo que me ha sucedido; no estoy hablando para el mundo entero y no tengo un gran mensaje, sólo espero que la gente pueda relacionarlas con su vida”, comentó la cantante tras la exitosa aparición de su ópera prima.
El disco sorprendió por varios motivos: la voz gangosa, como de bruja, que alcanzaba amplios registros y que igual iba de la intimidad a la euforia con una facilidad pasmosa; las letras, basadas en vivencias propias y composiciones ya dolorosas, ya festivas, y una solvente instrumentación, que terminó por hacer de esta producción uno de los mejores trabajos de aquel año. Su segunda entrega, The Id (2001), confirmó las expectativas generadas, burlando el clásico síndrome del gran debut.
Si bien no ha conseguido igualar el listón levantado al inicio de su discografía, la también compositora ha mantenido presencia a lo largo de los siguientes años, con obras como The Trouble with Being Yourself (2003), a la que les siguieron una recopilación y un álbum en vivo. Regresó con Big (2007), el mejor disco desde su debut gracias, en parte, a la producción de will.i.am, quien movió las certezas de la cantante. En The Sellout (2010) se animó a escribir las letras sin demasiada fortuna; en Covered (2012) revisitó con soltura propia del R&B a varios colegas y en Talking Book: The Re-Imaging of a Classic (2012) hizo lo propio con el gran disco de Stevie Wonder.