Archive for 31 enero 2009

EL LIBRO MÁGICO: LECTURA Y MUNDOS POSIBLES

31 enero 2009

Que uno pueda aventurarse por entornos desconocidos, viajar a lugares que ni en sueños, identificarse con personas a las que nunca se les verá la cara pero con la que se comparten las alegrías y penurias, y vivir aventuras inimaginables con sólo abrir un libro, es una realidad que ya nos había tocado experimentar. El problema surge cuando de pronto la historia y los personajes, en particular los villanos, se escapan de las páginas y se insertan en nuestro mundo, encontrándolo como el mejor lugar para vivir.

 

Con golosinas discretas que apenas sobrevivieron a los cortos y anuncios, incluyendo la nueva promoción anti-pirata que cada vez es más lamentable, chantajista y ridícula, la familia completa se hizo presente en el estreno de El libro mágico (Inkheart, EU, 08), cinta dirigida por Iain Softley (Backbeat, 94; K-Pax, 01; La llave maestra, 05) basada en el ídem de la alemana Cornelia Funke titulado Corazón de tinta –primera entrega de una trilogía- y que se inscribe, con todo y sus limitaciones, en la escalada de cine fantástico que juega con el encuentro de mundos tipo Las crónicas de Spiderwick (Waters, 07).

 

Un joven padre de familia que no sabemos bien a bien a qué se dedica (Brenda Fraser) descubre demasiado tarde que tiene el don de los “Lenguas de Fuego”, personas que al contar un cuento en voz alta pueden atraer a ciertos personajes a nuestra realidad y enviar a alguno de por acá a las páginas del texto. En una de ésas, su esposa (Sienna Guillory) se va a otro mundo y se queda con su hija, dedicado básicamente a intentar traerla de regreso. Nueve años después encuentra una copia del libro y la aventura por el rescate comienza.

 

Junto con su preadolescente retoño (Eliza Hope Bennett); la tía abuela de ésta en cuya mansión todo empezó (Helen Mirren); un ambiguo malabarista de fuego sacado de la susodicha novela que sólo quiere regresar (Paul Bettany); el propio escritor del libro (Jim Broadbent) y un joven de los cuarenta ladrones en proceso de adaptación a la modernidad, emprenderán la recuperación para enfrentarse a un villano y sus secuaces un cuanto tanto de caricatura.

 

Se busca una mayor coherencia narrativa que en Cuentos que no son cuento (Shankman, 08), por poner un ejemplo cercano, y algunos personajes alcanzan a transmitir sus anhelos e inquietudes. Se extraña un poco más de nervio y el guión se va tornando en exceso predecible y acartonado, situación que le resta emotividad al relato. Hay desperdicio de los seres fantásticos, aunque la inserción de El Mago de Oz funciona en términos narrativos.

 

La puesta en escena es funcional y la fotografía de pronto aprovecha algunos descuidos para mostrarnos hermosas panorámicas que se agradecen aunque no tengan mucho que ver con la historia. La idea del maquillaje con letras resulta pertinente, además de dotarles a los personajes cierto carácter difuso. Interesante resulta el planteamiento de cómo se encuentran personajes y creador y de qué manera se asumen como tales los primeros, un poco como habíamos visto en El show de Truman (Weir, 98) y Más extraño que la ficción (Forster, 06).

 

Mis pequeños acompañantes salieron satisfechos de la sala y aprovecharon para lucir su incipiente cinefilia señalando todos los pasajes que copiaban a otras películas, según ellos, y reconociendo a algunos de los actores (ojalá Helen “La Reina” Mirren no se entere que fue comparada con la abuela de Buza Caperuza); al que no pudieron identificar fue a Andy Serkis, mejor conocido como el Gollum, interpretando al maloso Capricornio. Una película pasajera, como este incierto inicio de año. 

 

Nos leemos después

 

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EL CAPITÁN FANTÁSTICO VUELVE POR EL CAMINO AMARILLO

30 enero 2009

Figura imprescindible de la cultura pop con inusual talento para la composición, Reginald Kennet Dwight (Pinner Middlesex 25/03/47), a.k.a. Elton John, ha construido un edificio sonoro con sólidos pilares hechos de soul, blues, country, disco y hasta de apuntes progresivos: ahí están sus intentos por entrar a King Crimson y Gentle Giant. A lo largo de cuatro décadas, un nutrido ramo de canciones se han vuelto estándares de la música popular, casi siempre en complicidad con el excelso letrista Bernie Taupin.

El piano, inculcado por su abuela, y los lentes, al tratar de imitar a Buddy Holly, se convirtieron en dos simbólicos distintivos, al igual que su sobrenombre, tomado de un par de miembros de Bluesology, su primera banda. De ahí al debut, Empty Sky (69), al que le seguiría un par de obras grabadas en 1970, Elton John y Tumbleweed Connection, que sentaron las bases de su trayectoria, con canciones clásicas como Your song, Take me to the pilot, Border song y Burn down the mission.

Iniciaba así un periodo de creatividad inagotable, desparramada en álbumes memorables como Madman Across the Water (71), Honky Chateau (72), Don´t Shoot Me I´m Only the Piano Player (73) y Goodbye Yellow Brick Road (73) obra cumbre firmada por una especie de mago escondido en la tierra de Oz. Esta brillante época cerró con Caribou (74), el autobiográfico y para muchos su mejor trabajo Captain Fantastic And the Brown Dirt Cowboy (75), Rock of the westies (75) y Blue Moves (76), con la sentida Tonight. Colaboraciones con John Lennon y The Who, sellaban este viaje al pico más alto de su carrera.

Aparecería entonces un periodo de crisis personal: drogas, intento de suicidio, definición sexual, separación de Taupin. Regresó con un par de discos menores: A Single man (1978) y el discotequero Victim of love (1979). El inicio de la nueva década marcó la reunión con su escritor de cabecera. Sin alcanzar el nivel de los legendarios trabajos de los setentas, aunque manteniendo ciertos destellos, desfilaron 21 at 33 (80), The Fox (81), Jump Up (82), Too Low For Zero (83) que lo mostraba en buena forma, Breaking Hearts (1984), Ice on Fire (1985), Leather Jackets (86), Reg Strikes back (88) y Sleeping With the Past (89).

Los noventa trajeron The One (92), con el que se presentó en el Estadio Azteca; el estupendo Made in England (95), tras superar otra vez problemas de drogas y depresión, en el que retomó su viejo estilo de componer basándose en el piano y en los textos de Bernie Taupin. Los siguientes años no resultaron del todo memorables, a pesar de los premios ganados y la participación en películas animadas. Apareció el olvidable Big Picture (97) y para 1999 grabó Aida y The Muse.

Cuando los intereses del músico parecían orientarse hacia otros caminos tanto musicales como de labor social, el hombre de los mil anteojos regresó con Songs From the West Coast (01) su mejor disco en los últimos 20 años, mirando otra vez a sus raíces setenteras, con brillantes melodías y evocativos poemas de Taupin. El bienvenido retorno se extendió hasta Peachtree Road (04) y al disco-secuela The Captain & The Kid (06).

Múltiples colaboraciones con otros artistas, discos en vivo y canciones para películas, complementan el nutrido paso de Elton John por el universo pop, del que se ha constituido como un cuerpo con luz propia. Usualmente despreciado por una parte de la crítica especializada, el Capitán Fantástico se presentará este sábado en México, ante un reducido auditorio como aquí entre nos.

Metido de lleno en la filantropía y personaje ya retratado en Los Simpsons, conviene volver a su música, más allá de toda la parafernalia que lo ha acompañado desde que nos dijo que podíamos decirle a todo el mundo que ésta es nuestra canción.

4 MESES, 3 SEMANAS, 2 DÍAS: TIEMPO DE REFLEXIÓN

28 enero 2009

Plantear el aborto como temática de un film entraña riesgos de diversa índole, dada la naturaleza polémica y al parecer irresoluble de las posturas en torno a él. Si bien nadie está a favor del aborto en cuanto tal, la discusión se ha centrado en la conveniencia de su legalización y los términos de ésta. De uno y otro lado se tiende a pontificar y esgrimir argumentos, por llamarlos de alguna manera, que se vuelven dogmas imposibles de discutir y que al final terminan por separar ambas posturas, para terminar con adjetivaciones absurdas: retrógradas promachistas unos, criminales los otros.

 

Pero dentro de todo este complejo entramado ideológico, están las personas concretas, como podemos ver en la directa propuesta de intensidad contenida 4 meses, 3 semanas, 2 días (Rumania, 07), dirigida por Cristian Mungiu y que se hizo merecedora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, como ejemplo notable del auge reciente del cine de aquella nación en el que se advierte una mirada revisionista no sólo de la oscura dictadura de Ceausescu, sino de la vida post-caída del Muro de Berlín.

 

Gabita es una estudiante que está decidida a abortar (Laura Vasiliu) y le pide ayuda a Otilia, su compañera de cuarto en la estancia universitaria (Anamaria Marinca). Dialogan sobre algo que tendrán que hacer aunque el espectador no sabe de qué se trata. Después de algunos vericuetos llegan al hotel con el truculento, abusivo e irascible Sr. Bebe (Vlad Ivanov, repulsivo), en el polo opuesto de la candidez y compasión que guardaba El secreto de Vera Drake (Leigh, 04). Las dos jóvenes desamparadas en su fragilidad e ignorancia quedarán en manos de la única opción visible para cumplir con el cometido.

 

El argumento suelta algunas posibilidades que se resisten a ser desarrolladas (el cuchillo y la identificación, la larga ausencia de la amiga, las angustiosas caminatas en la oscuridad), más bien para centrarse en los dos personajes principales: la necesidad compulsiva de mentir y la aparente enajenación sobre el duro trance que manifiesta Gabita; por parte de Otilia, el doloroso sacrificio, las largas meditaciones en silencio, las discusiones con el novio incapaz de comprender y la presencia forzada en el cumpleaños de la suegra, en donde los invitados van representando posturas atávicas o liberales sobre los estudios, las mujeres y los hijos.

 

A partir de un planteamiento en absoluto realista próxima al Dogma 95 (ausencia de música, iluminación natural), con cámara en mano que bien sigue a la protagonista o que se instala en encuadres que refieren, sobre todo, al fuera de campo en donde suceden eventos vitales, el filme se inserta en un contexto apenas aludido: la etapa final del régimen comunista rumano (circa 1987), caracterizado tanto por la precariedad y la presencia del mercado negro en la compra-venta de cigarros, por ejemplo, como por la constante vigilancia policiaca y la prohibición del aborto, centro dramático del relato. La textura del film alude, desde luego, al estado de ánimo de una sociedad victimizada.

 

Más que moralizar, la cinta polemiza: se trata de presentar una situación recurrente en la que se muestran los riesgos de la clandestinidad pero también las posibles secuelas psicológicas y morales de la decisión tomada (ese encuadre shock), acá manifestadas más en la propia amiga solidaria, buscando enterrar en el olvido absoluto la traumática vivencia a través de la solicitud de no hablar nunca del asunto: frente a frente en una mesa, entre el humo del cigarro con apenas agua mineral y el elusivo plato de vísceras, las miradas parecen extraviarse para atisbar algún terreno de la desmemoria.

 

Un texto fílmico tan económico como poderoso que además funciona para alimentar la reflexión sobre un tema que bien la necesita. Estamos frente a la primera gran película que nos llega este año.

 

Nos leemos después.

 

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EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON: VIDA PERPENDICULAR

24 enero 2009

Una vida en la que cuerpo y mente se mantienen en estado de ruptura casi permanente, salvo algunos momentos alrededor de los cuarenta, justo cuando hay coincidencia entre las potencialidades físicas y cerebrales. El Gran Reloj girará al revés en ese grito de esperanza y dolor por volver atrás el tiempo. Un viaje en busca de la infancia perdida o un inocente recorrido dirigido al encuentro del propio origen, no sólo social o familiar, sino total. Un poco como nos pasa a todos, acaso sin darnos demasiada cuenta.
Dirigida exhaustivamente por David Fincher (después de la notable Zodiaco, 07), El curioso caso de Benjamin Button (EU, 08) se basa, aunque lo modifica, en un cuento de F. Scott Fitzgerald, en el que seguimos a un recién nacido hacia el final de la Primera Guerra Mundial cuya anatomía es la de un hombre de 80 años. Muerta su madre, el horrorizado padre lo deposita en un asilo donde será adoptado por la negraza que cuida de los ancianos (Taraji P. Nelson, estupenda) en la bulliciosa Nueva Orleans.
A partir de aquí seguiremos un largo viaje a la semilla (Carpentier dixit) que incluirá el desarrollo de su infancia, sus primeros pasos de resonancia bíblica con todo y Pastor fallecido, así como la iniciación de una prolongada e intensa, aunque intermitente, relación con Daisy (Cate Banchet); vendrá su adolescencia con la borrachera de rigor, el amigo que nunca falta y la aproximación al sexo para dar paso a la aventurera juventud en alta mar que traerá un amor efímero y clandestino con una nadadora incansable aún en el retiro (Tilda Swinton).
De ahí la adultez para sentar cabeza paternal hasta cumplir la máxima de que todos acabamos en pañales. La dislocación entre la condición física y la madurez provocará la imposibilidad de establecer paralelismos: sólo Vidas perpendiculares (retomando el título de la reciente novela de Enrigue), en las que habrá un momento de coincidencia con su esposa-amiga-madre-abuela. Vidas también en espiral con idas y vueltas a lo Forrest Gump (Zemeckis, 94) y en sentido contrario con la fragilidad memorística a lo Amnesia (Nolan, 00), ya hacia el final de su existencia al revés.
Una vida llena de regresos a la ciudad de origen, amenazada con el Katrina, cual vientre materno en la que se inicia a la inversa de El increíble hombre menguante (Arnold, 57) aunque después coincide en su desarrollo, al estilo de 2001: Odisea del espacio (Kubrick, 68) y el alcance del estado ideal cual feto a salvo de cualquier amenaza del entorno. Si bien la edad intermedia aparece como sinónimo de plenitud, no se dejan de establecer conexiones entre la infancia y la vejez, cuando el mundo es más prístino: la muerte en el asilo se ve natural, a diferencia de las que suceden en combate.
A manera de flashback con una Cate Blanchet postrada ante su hija quien se encarga de leer el diario, voz que se convierte en la narración en off del propio personaje, Fincher apuesta por una fotografía de un preciosismo abrumador, llena de tonalidades apagadas mezcladas con texturas hiperrealistas, considerando un exacto manejo de la iluminación y estudiados encuadres que, más allá de los pertinentes y sorprendentes efecos visuales –incluyendo la labor de maquillaje- le brindan al relato un suficiente poderío visual.
Pero quizá tanta dedicación en la fotografía hizo que el director de Seven (95) y El club de la pelea (99) –ahora cambiando su registro- se olvidara de las tijeras: por momentos la cinta se siente reiterativa y ciertos pasajes parecen sólo dar vueltas sobre lo mismo. La edición no permite que la cinta fluya del todo y los baches narrativos, que bien se pudieron evitar, provocan que hacia el final la sensación sea de prisa: ya habían empleado mucho tiempo y ahora había que apurarse, como si el reloj al revés de pronto funcionara como cronómetro.
Pasada la curiosidad inicial, se percibe dificultad por sostener el interés acerca de un personaje con el que cuesta trabajo involucrarse del todo, así como con sus peripecias. Funcionan ciertos simbolismos que salvan la cursilería previsible como el colibrí, así como la inserción de personajes representativos como el padrastro, el acercamiento del padre biológico, la anciana pianista, el aguantarrayos, el capitán del barco con sus tatuajes artísticos y el pequeño africano cuenta historias. En paralelo, el retrato de las diferentes épocas que acentúa el estado de incomprensión de nuestro improbable botonero, viviendo la desgracia de ir al revés y la fortuna de haber encontrado, en ese tránsito, personas por las cuales preocuparse.

Nos leemos después.
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JUNTOS CON CLAUDE BERRI

19 enero 2009

La primera dolorosa noticia fílmica del año que recién empieza fue el fallecimiento de un gran productor, director, guionista y actor francés: un hombre de cine, en el preciso sentido del término. A partir de su cortometraje Le puolet (1962), premiado con un Oscar en 1965, y analizando toda su trayectoria, no es difícil percatarse qué caracterizó su prolongada y nutritiva carrera: films de calidad, cercanos a los grandes públicos y estructurados a partir de los grandes géneros –comedia y drama- con algunas variantes, como la mirada histórica o literaria, plasmada en cintas como El manantial de las colinas (86) y Germinal (93). Fue productor de una lista pesada de directores: Polanski (Tess, 79), Costa-Gavras (Amen, 02) y sus compatriotas Pialat (La infancia desnuda, 68), Chéreau (El hombre herido, 83; La reina Margot, 84), Annaud (El oso, 88; El amante, 92), Sautet (El camarero, 83) y Miller (La pequeña ladrona, 88), entre otros. También se animó para apoyar el traslado del cómic de Asterix y Obelix a la pantalla, mientras que igual podía aparecer en cuadro con desparpajo como en De qué se ríen las mujeres (99) o ponerse nostálgicamente autobiográfico como en El viejo y el niño (67), El enchufado (69), El cine de papá (70) y Sex Shop (72). Claude Berri murió a los 74 años el pasado lunes 12 de enero y cual homenaje acaso involuntario, llega a nuestras pantallas Juntos, nada más (Ensemble c’est tout, Francia, 2007), sencilla y evocativa comedia de búsqueda en la que una serie de personajes van construyendo una pequeña comunidad afectiva que los ayuda a encontrar lo mejor de sí mismos, sobre todo cuando empiezan a pensar más en los demás que en sus propias angustias. El también conocido como último sultán del cine francés, nos presenta a tres personajes atravesando esa etapa en la vida dentro de la que se supone empiezan las definiciones más duraderas: una trabajadora de limpieza delgada en extremo (Audrey Tatou), un vendedor de postales afuera de algún museo (Laurent Stocker) y un cocinero agobiado siempre con relaciones fugaces (Guillaume Canet). Con base en la novela homónima de Anna Gavalda, el director de Uno se queda, el otro se va (05), muestra las dotes que tenía para la adaptación de los textos literarios a los fílmicos. Alrededor de ellos, la madre amargada de la primera, la familia ultra religiosa del segundo y la abuela del tercero (Francoise Bertin), personaje al fin clave que ahora desde luego remite al propio director del film. Es la anciana la que de alguna manera funciona como pivote para que estos tres seres un cuanto tanto extraviados en sus propias certezas, empiecen a dejar la rutina como forma de sobrevivencia y aventarse a vislumbrar otras posibilidades vitales. Este trío se encuentra para darse cuenta que la vida puede tomar otro curso y casi de manera fortuita, como de pronto se presentan las señales orientadoras, establecen una comunidad no exenta de conflictos en la que se pondrá a prueba la durísima necesidad de aprender a vivir juntos. El director de Adiós Pelele (83) cuida y desarrolla con afecto a sus personajes, evitando cualquier estridencia dramática y todo tipo de chantaje fácil: propone a personas como tú y yo para que los acompañemos en este trance que resultará definitorio. Con algunas irrupciones musicales para abrir secuencias, un ritmo pausado y funcional, actuaciones solventes y una puesta en escena sencilla bien capturada por una cámara parsimoniosa, que siempre sabe donde ponerse, el film se deja ver como una reflexión al alcance de la mano, nada rebuscado ni de profundidades insondables, acerca de cómo se configuran las decisiones y de qué manera el otro puede ser no sólo un espejo, sino una especie de diario ruta para transitar por este paraje extraño y sorpresivo que llamamos vida. Sirva como homenaje póstumo la llegada de este film a nuestras tierras. Nos leemos después. Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx

VICKY CRISTINA BARCELONA: DE REPENTE, EL ÚLTIMO VERANO

10 enero 2009

Mujeres y hombres lidiando con crisis y buscando a perpetuidad el amor pleno sólo para volver a entrar en la zona de dudas y arrepentimientos por aventarse o no al ruedo. Queda claro que jugar a lo seguro garantiza estabilidad pero no felicidad, mientras que arriesgarse abre una pequeña posibilidad de alcanzar la segunda pero imposibilita la primera, sobre todo si pensamos que el enamoramiento nunca puede ser estático ni permanecer demasiado tiempo en estado de calma. Tú decides o decides no decidir.

 

Un par de amigas estadounidenses, interpretadas por Scarlett Johansson y Rebecca Hall, quienes participaron juntas en El gran truco (Nolan, 06), viajan a Barcelona para pasar el verano. Cristina es una incipiente actriz aficionada a la fotografía que no sabe lo que quiere pero sabe lo que no quiere. Rebecca está comprometida con un soso neoyorquino de solvente posición económica (Chris Messina) y va a terminar su tesis sobre la cultura catalana.

 

Se alojan en la casa de un matrimonio en apariencia estable (Patricia Clarkson y Kevin Dunn) y terminan siendo invitadas por un pintor sin filtro alguno (Javier Bardem) para pasar un placentero –en todo sentidos- fin de semana en Oviedo: Cristina se apunta de inmediato y Vicky, más reticente, termina subiéndose al avión manejado por el propio machín español hijo de poeta renegado, atravesando turbulencias que anuncian lo que vendrá.

 

Como cabría esperar, la convivencia derrumbará certezas y se establecerá una red emocional que se complicará con la aparición, poco tiempo después, de la exesposa locuaz del artista (Penélope Cruz), quien lo revela más allá de la seguridad conquistadora con la que acostumbraba desenvolverse: un vínculo tan intenso como dependiente no sólo afectivo, sino incluso estilístico, al momento de plasmar en el lienzo sensaciones y emociones.

 

Dirigida por Woody Allen, quien vuelve a retomar el nivel, dentro de su periplo europeo, de La provocación (05) y Los inquebrantables (07), Vicky Cristina Barcelona: un lío amoroso (EU-España, 08) es una comedia romántica de transformaciones constantes y de revelaciones personales en la que los personajes, particularmente los femeninos, descubren que sus certezas acerca de las relaciones no eran tan sólidas como pudieran haber pensando: a fin de cuentas, ninguna es como decía ser.

 

A pesar de la presencia innecesaria de un narrador en off, Allen vuelve a construir personajes que se sienten cercanos y realistas, contrapunteando el mundo del arte con el de los negocios, el estadounidense con el europeo, la expresividad en inglés y en español y, por supuesto, la eterna dicotomía femenina / masculina. Ya desde el título y tratándose del director de Annie Hall (77), sabemos que la ciudad se convertirá en una protagonista más, sobre todo ahora que está de moda con Gaudí como estandarte involuntario de guía de turistas.

 

Con algunos sutiles apuntes humorísticos, el desarrollo de los acontecimientos se advierte lleno de incertidumbre, un poco como los sentimientos trastocados de todas las involucradas: el microcosmos veraniego se construye a manera de espiral, en donde la insatisfacción acecha continuamente, en forma de compañero de la escuela de idiomas y de socio del marido o de recuerdos nocturnos, a los efímeros momentos de calma, apenas alcanzados en el paseo de bicicleta, en torno a una mesa o en la escritura de la tesis.

 

Parejas que funcionan como tríos o viceversa con las emociones al borde del barranco pero con tiempo para disfrutar el paisaje de sentirse sujeto de enamoramiento, más que de amor: el primero entendido a partir de una mayor autenticidad y el segundo como un paraje seguro en medio de la jungla de los deseos incomunicables. De repente, el último verano (Mankiewicz, 59), se convertirá en una experiencia de esas que se niegan a ser pasajeras. 

 

Nos leemos después.

 

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AUSTRALIA: TIERRA DE PASIONES

4 enero 2009

Dos películas que comparten diversas estructuras, tanto narrativas como visuales, se centran en sendos romances de difícil continuidad por los contextos adversos en los que se desarrollan. Pero buscándole encontraremos muchas más similitudes, tanto en sus componentes rescatables como en los fallidos. En términos generales funcionan a medias, sobre todo porque estaban pensadas para más: acaso el problema en las dos fue el engolosinamiento que provocó cierto abandono de sus propios argumentos y personajes.

Se trata de Australia (EU-Australia, 08), épica romántica anticolonialista del barroco Baz Luhrman (Romeo + Julieta, Moulin Rouge! 01) y de Tierra de pasiones (Nouvelle France, Canadá-RU-Francia, 04), drama de época cortesía del veterano realizador más conocido en el mundo televisivo, Jean Beaudin (J.A. Martin fotógrafo, 77; Mario, 84; corto Golpes de noche, 97), que nos llega de manera tardía a través de la opción del video (no confundir con la telenovela de igual título, ¡por favor!).

Mientras que la primera transcurre durante la II Guerra Mundial, cuando todavía existía una fuerte segregación hacia los aborígenes australianos, la segunda se desarrolla hacia 1758 en los territorios canadienses, al momento en que los ingleses empezaban a sustituir a los franceses como amos de aquellas tierras. Las ambientaciones de época contrastan: en Australia es cuidadosa y apuesta por buscar un realismo escénico, mientras que en Tierra de pasiones por momentos funciona pero en algunas secuencias se nota la construcción del set tipo TV.

Dentro de estos contextos histórico-sociales, un par de romances entre personas de diferente condición económica van cobrando forma: la de una dama inglesa (Nicole Kidman) con un “drover” (Hugh Jackman), y la de un rico heredero (David La Haye, el de El violín rojo) con una campesina (Noémie Godin-Vigneau). En Australia se aprovecha al máximo la presencia de dos estrellas que en efecto logran, como sucedía hace cincuenta años en este tipo de films, arrancar suspiros del respetable (la ceja arqueada de él, la mirada profunda de ella) que corresponde sin poner mucha resistencia a los encantos de ambos.

Alrededor de estas parejas, en las dos tramas participan niños con fuerte protagonismo, mujeres en papeles secundarios al fin solidarias y hombres de fe que intervienen en el curso de los acontecimientos. Por supuesto están los antagonistas y las referencias a las injusticias cometidas por quienes detentan el poder político o económico, en particular contra los habitantes originales de las respectivas tierras.

En las dos cintas se advierte cierta dificultad para equilibrar los dramas personales y los sucesos históricos, lo que provoca que no sea fácil involucrarse con las tristezas y alegrías de los personajes. Si bien, a pesar de su duración, las dos cintas fluyen sin empantanarse y tanto la estructura lineal de Australia como el recurso del flashback en Tierra de pasiones le dan cierta solidez a las respectivas construcciones argumentales, se percibe una expectativa no cubierta por abarcar mucho que termina apretando poco.

Películas sobre territorios y sus circunstancias, la primera se inscribe en el terreno abonado por La reina africana y África Mía con un toque de estilización en la fotografía y riesgo de caer en la categoría de publirreportaje con el Mago de Oz como guía de turistas; la segunda está más cerca de los telefilmes un cuanto tanto acartonados que con tanta frecuencia nos llegan por diversos canales y que aún así, se dejan ver sin mucho esfuerzo.

En cualquier caso, ambas alternativas resultan ideales para verse con la abuela, suegra, mamá o tía favorita (mayor de 50); también puede funcionar en la situación de primeras citas, antes de mostrar los verdaderos gustos fílmicos que siempre le pueden causar suspicacias al galán o a la princesa en puerta, según sea el caso. Dos películas aptas para iniciar el año sin demasiados sobresaltos, sobre todo tomando en cuenta los augurios que se oyen por todos lados.

Nos leemos después.

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PELÍCULAS 1958

2 enero 2009

Filmes que cumplen 50 años ahora que ha terminado el 2008 y que se mantienen vigentes como parte de la cultura cinematográfica del mundo. Un breve recorrido por algunas de las películas clave de aquel año.

WESTERN Y MUSICAL

Géneros aún recurrentes hacia finales de los cincuentas, el primero se hizo presente vía Anthony Mann con El hombre del Oeste, en donde Gary Cooper se veía obligado a luchar contra un pasado que se negaba a desvanecerse, mientras que Gregory Peck ni se imagina la que le espera cuando va a conocer a la familia de su novia en Horizontes de grandeza (The Big Country), clásico de William Wyler. Delmer Daves, por su parte, presentó Vaquero, basada en la autobiografía de Frank Harris.

En el terreno de las películas cantadas, la más importante corrió por cuenta de Vincente Minnelli, quien nos regaló Gigi, otro de sus clásicos musicales que fue premiado con nueve premios Oscar y en el que Leslie Caron brilló con inusual intensidad. Joshua Logan dirigió South Pacific, con todo y el romance entre una enfermera y un hacendado francés, enclavado en la II Guerra Mundial.

EL DRAMA HUMANO

Orson Welles convirtió una historia que iba a pasar desapercibida en un clásico del cine negro: Sed de mal ronda los entretelones de la corrupción en la frontera de México y EU, llena de personajes ambiguos, y narrada con toda la fuerza estilística del padre del cine moderno. Ladislao Vajda realizó El Cebo, coproducción española, alemana y suiza cuya historia sería retomada por Sean Penn años más tarde. El caso de Barbara Graham fue retomado por Robert Wise en La que no quería morir (I Want To Live!), alegato cuestionador de la pena de muerte. John Ford, más relajado, dirigió la comedia política El último Hurra.

Stanley Kramer entregó la alegórica Fugitivos (The Defiant Ones), en la que un negro (Sydney Portier) y un blanco (Tony Curtis), huyen tras volcarse el vehículo que los trasladaba e intentan romper las cadenas que los unen sin conseguirlo: mensaje racial más directo no podía haber. Mesas separadas, por su parte, sigue hábilmente a una serie de huéspedes en un hotel de la costa inglesa, gracias a los buenos oficios del reparto y del director Delbert Mann. Ingmar Bergman continuaba imparable con El rostro y Max Von Sydow se consolidaba como su actor de cabecera.

La gata sobre el tejado caliente, basada en la pieza clásica de Tennessee Williams y dirigida por Richard Brooks, unió al recientemente fallecido Paul Newman, quien junto a Orson Welles apareció en El largo y cálido verano de Martin Ritt, con Elizabeth Taylor, quien a su vez participó en El árbol de la vida (Raintree County), dirigida por Edward Dmytryk y ambientada en la Guerra Civil estadounidense. En esta vertiente de dramas, Otto Preminger presentó Buenos días tristeza, en la que una adolescente rivaliza con la desenfadada amante de su padre.

SUSPENSO Y TERROR

Vértigo / De entre los muertos fue la encargada de hacer presente al maestro Alfred Hitchcock en este año: el tiempo la ha ido colocando como el clásico que es, y la trascendencia de su intrincada trama y puesta en escena aún hoy sigue siendo referente. Drácula de Terence Fisher nos regaló a la inolvidable pareja de Christopher Lee y Peter Cushing como el Conde y su némesis, respectivamente. La mosca, dirigida por Kurt Neumann, colocó a un hombre como víctima de sus propios experimentos y a una mujer que lucha por amor a pesar de la monstruosidad.

DE TODAS PARTES

El recientemente fallecido Youssef Chahine, renombrado director egipcio, firmó partida doble aquel año: la sencillez fantasiosa de Estación central y Djamila la argelina, cinta a favor de la independencia argelina. Ubicada en el día final de la Segunda Guerra Mundial, Andrzej Wajda filmó Cenizas y diamantes cual secuela de los reacomodos políticos en Polonia, mientras que desde la India, Satyajit Ray hizo lo propio en tono de remembranza con El salón de música (Jalsaghar); Fritz Lang se introdujo en el contexto de esta nación para presentar El tigre de Esnapur / La tumba india.

Jacques Tati dirigió en clave satírica Mi Tío, filme que apunta sus dardos contra la automatización de la vida cotidiana. Luis Buñuel, en su etapa mexicana, filmó Nazarín y Akira Kurosawa entregó La fortaleza escondida, ya con el reconocimiento mundial sobre sus hombros y su compatriota Yasujiro Ozu le entraba a color en Higanbana. La comedia italiana tuvo en Rufufú, dirigida por Mario Monicelli, a su mejor exponente, con todo y la presencia de Mastroiani, Gassman y Claudis Cardinale. Este año nació la Nouvelle Vague con El bello Sergio de Claude Chabrol, cinta que anunciaría la revolución del cine de autor al año siguiente.

Desde Alucine, les deseamos muy buen año.

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LOS DISCOS DEL 2008

1 enero 2009

Paul WellerIniciemos este recorrido panorámico por los sonidos que llenaron nuestras orejas de felicidad y sorpresa –o decepción, según el caso- a lo largo de este convulso año que nos dejó con una gripa económica quesque nomás era un catarrito, tendiente a ponerse más brava en los meses que siguen. Leamos y escuchemos, mientras no suceda otra cosa.

MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE SONORO
aime mannJenny Lewis, sin Rilo Kiley, firmó Acid Tongue y Lucinda Williams, con un tono más optimista, nos obsequió Little Honey: ambos álbumes hermanados por la presencia de Elvis Costello. Aimee Mann hizo lo propio con el inteligente, melancólico y contrastante @#%&! Smilers, equiparable al Seventh Tree de Goldfrapp, visitando un reflexivo mundo acústico. Dido, con su acostumbrada voz de emotivo cansancio, nos trajo Safe Trip Home y Joan As Police Woman le puso fuego al piano en To Survive.joan as a police woman
Madonna regresó con toda su apabullante parafernalia a cuestas vía Hard Candy, obra con los cortes necesarios para mantenerse, desde su comarca pop, con buenas relaciones diplomáticas dentro del reinado de la sociedad del espectáculo; Britney Spears, su tambaleante heredera, fue metida en cintura –literalmente- y volvió con Circus: mejor la fama que seguir de fiesta. El pop también llegó desde Suecia con el Youth Novels de Lykke Li y tomó formas de soul y blues con Duffy y su Rockferry. Erykah Badu se confirmó como una de las voces negras imprescindibles con New Amerykah Part One.
Esperanza nos cayó como del cielo con su jazzero Esperanza Spalding, al igual que el debut de A Fine Frenzy, grupo-vehículo de Alison Sudol que presentó su folkpop en One Cell In the Sea; al tiempo, Buika encendía pasiones en Niña de fuego, Santogold nos mandaba directo a la pista urbana con álbum homónimo y desde el sur del continente, nuestra joven conocida Juana Molina, a quien tuvimos por acá en el FIAC, volvía con su folk arriesgado en Un día. La cuota de veteranía con voz intacta fue puesta por Emmylou Harris y su All I Entended To Be.

PRIMEROS PASOS
Uno de los discos del año fue la bienvenida irrupción al folkrock de Fleet Foxes con su álbum homónimo (2º. para Uncut y Q, 1º. según MOJO), secundado por Bon Iver y su For Emma, Forever Ago, parido en absoluta soledad. Vampire Weekend, con disco de igual título, atrajo mucha atención con su cóctel diverso, al estilo de Glasvegas cuya obra también llamada como el grupo, buscaba recuperar la euforia adolescente, en el tono de Black Kids con Partie Traumatic. fleet foxes
El dúo MGMT le entraba también a sustanciosa combinación retro 80´s / 90’s con Oracular Spectacular, dejando que el sonido de finales de los 70’s se recuperara vía Hercules and Love Affair con su disco tocayo. The Last Shadow Puppet, proyecto paralelo del mono del ártico Alex Turner, bebía de la tradición inglesa en The Age of the Understatement, efluvio que también sirvió para Wild Beasts y su Limbo, Panto.
Peter Brewis, baterista de Field Music, explotó sus gustos épicos con el proyecto The Week That Was y obra homónima, mientras que Gruff Rhys (Super Furry Animals) y el productor Boom Bip nos abrían la puerta del coche, bajo la firma de Neon Neon: ideal para viajar por la noche artificialmente iluminada a través de su Stainless Style.
REGRESOS
Tras una larga ausencia The Fall volvió a la vida con Imperial Wax Solvent; los machacones canguros de AC/DC rompieron el ídem con Black Ice y Metallica firmó su mejor trabajo desde su álbum negro con Death Magnetic., Queen con Paul Rodgers en la vocal, grabó The Cosmos Rocks, intentando revivir viejas glorias y Pretenders volvió con Break Up the Concrete, demostrando que aún le quedaban notas por compartir.
Bauhaus regresó para, aparentemente, decir adiós vestido de blanco con Go Away White, mientras que Guns N´ Roses y su largamente anunciado Chinese Democracy, dividió opiniones. James, que parecía parte del museo roquero, se reunió para regalarnos Hey Ma, a su más puro estilo, al igual que The Verve y su Forth. Portishead representó el regreso más significativo del año: basta darle una vuelta a Third para olvidar de golpe la larga espera.Portishead

DE RENOMBRE
Oasis mostró signos de recuperación con Dig Out Your Soul, aunque se mantiene lejos de sus primeros discos, a diferencia de Elbow, que con The Seldom Seen Kid continúa derrochando talento; Mercury Rev presentó el agradable Snowflake Midnight y Lambchop contestó con OH (Ohio). Magnetic Fields nos obsequió Distortion y el pop corrió por cuenta de Coldplay (Viva la Vida), The Killers (Day & Age), Keane (Perfect Symmetry) y Travis (Ode to J. Smith), quienes con diferente nivel de puntería buscaron ahondar en sus respectivas propuestas.
Beck sigue retomando el camino como lo demuestra Modern Guilt e impregnados de sabor sureño Drive By Truckers grabó Brighter Than Creation´s Dark. Stephen Malkmus & The Jicks continúa viviendo contento su etapa postPavement, tal como lo muestra Real Emocional Trash, mientras que Primal Scream se mantuvo de manera discreta con Beautiful Future.
Marillion dobleteó con los dos volúmenes de Happiness is the Road, The Cure y 4:13 Dream nos volvió a poner en las románticas oscuridades y Nine Inch Nails perpetuó su prolífica etapa con The Slip. Ya cerrando el año, otros que andan imparables son los freaks de Animal Collective, quienes ahora firmaron Merriweather Post Pavillion. REM y su Accelerate, de lo mejor del año. REM

ÁFRICA, JAZZ Y HIP HOP
Amadou & MariamAmadou & Mariam nos abren los brazos con Welcome to Mali, mientras que Abdullah Ibrahim nos acompaña con sus historias en Senzo para que Toumani Diabaté nos ponga a soñar con sus Variaciones Mandinga y Rokia Taereré nos regrese al equilibrio con Tchamantché. El dueto de Gnarls Barkley regresa con rítmico humor en The Odd Couple y Kanye West no podía dejar pasar el año sin aparecer vía 808s & Heartbreak.
The Roots se mantuvieron en tono contestatario con Rising Down, en contraste con Ne-Yo y su Year of the Gentleman, mientras Nas & DJ Green Lantern hicieron mancuerna para generar The Níger Tape, cuyo título lo dice (casi) todo. Lil Wayne firmó el disco del año en el terreno hip-hop con el título The Carter III.
En el prolífico mundo del jazz sólo botones de muestra: el Roy Hargrove Quintet grabó el estupendo Earfoor y el dueto de viejos cómplices, Chic Corea & Gary Burton, presentaron The New Cristal Silence, grabado en la Opera House de Sydney con la sinfónica de la misma ciudad. Grata sorpresa desde Brasil la que significó Vinicius Cantuaria y su Cymbals, recogiendo tradiciones y aventándolas hacia futuros calmos.

SIGLO XXI
Los prolíficos de The Black Keys regresaron con su blues entre grasoso, ácido y pesado en Attack & Release; por terrenos más etéreos transitaron M83 y su Saturdays = Youth, Peter Broderick con Home y Thievery Corporation con Radio Retaliaton, mientras que Hot Chip y su Made in the Dark tocó pista palpable como Of Montreal con Skeletal Lamping. Sigur Rós reconoció que el sol también existe con Með suð í eyrum við spilum endalaust y The Hold Steady se confirmó como una de las bandas más interesantes del circuito con Stay Positive.
Los segundos álbumes de Wolf Parade (At Mount Zoomer), Black Mountain (In the Future) y de The Felice Brothers, firmado homónimo, los ha puesto en la mira más allá de su hábitat. Calexico firmó asistencia con el estupendo Carried to Dust, acompañado por Okkervil y su River The Stands Ins, cercano a los muy mencionados Only By the Night de Kings of Leon, Cardinology de Ryan Adams and The Cardinals y el Evil Urges de My Morning Jacket.
British Sea Power contestaron puntualmente la pregunta formulada en el título de su disco: Do You Like Rock Music? y los Kaiser Chiefs hicieron lo propio con Off With Their Heads; Death Cab for Cutie mantuvo el nivel con Narrow Stairs y The Racounters cumplieron con Consolers of the Lonely. Otra bienvenida visita corrió por cuenta de los Tindersticks y su The Hungry Saw.
Bloc Party entregó su tercer trabajo titulado Intimacy, Conor Oberst en plan solitario grabó álbum homónimo al igual que Secret Machines. TV On the Radio y su Dear Science (disco del año según SPIN y la Rolling Stone) representó una de las crestas del año, confirmándose como uno de los grupos esenciales del nuevo milenio.TV on the Radio

MÁS SABEN POR MÚSICOS
Randy Newman profundizó en su tierra con Harps and Angels, Neil Diamond con Home Before Dark confirma que su segundo aire da para rato, al igual que el de Lindsey Buckingham y su Gift of Screws; Nick Cave & The Bad Seeds continúan en plan imparable como lo manifiestan en Dig!!! Lazarus Dig !!! y Paul Weller nos comparte sus lances oníricos en 22 Dreams, al tiempo que Jackson Browne levanta la mano con Time the Conquerer.
Brian Wilson ya del todo recuperado se pone a compartir recuerdos con That Lucky Old Sun; David Byrne & Brian Eno vuelven a formar pareja ahora en plan más pop que experimental con Everthing That Happens Will Happen Today; Van Morrison confirma que su necesidad de expresión no termina como lo muestra en Keep It Simple y John Mellencamp vuelve con voz profunda en Life, Love, Death and Freedom.