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FAMAS Y VANIDADES: ENTRE MANZANAS ENVENENADAS Y MARCAS DE PRESTIGIO

16 septiembre 2013

En su directo, preciso y reflexivo análisis sobre este fenómeno que cada vez cobra más presencia en las sociedades occidentales, Gabriel Zaid identifica las trampas de la imagen, entendida en cuanto a presencia en los medios masivos de comunicación, independientemente del motivo: “más de un adorador de estrellas de cine sería incapaz de reconocerlas, si las encontrara trabajando en una oficina, sin maquillaje ni glamour… en la vida cotidiana abundan las personas valiosas… que tienen realidad pero no imagen, por lo cual pasan de noche para los bobos que adoran la imagen del “éxito”… la idolatría de las imágenes deja sin ojos para ver los milagros de la realidad” (en El secreto de la fama. Ed. Lumen, 2009: 118).
Un par de películas que centran su atención en la urgente necesidad del reconocimiento y de distinguirse de los demás en cuanto a ser más conocidos. Queda claro que el asunto viene de lejos, aunque las formas hayan cambiado: antes era el espejito, espejito y ahora son los medios de comunicación, tradicionales y nuevos, como vehículos para confirmar que soy la más hermosa o que tengo miles de amigos desperdigados por el ciberespacio, muy pendientes de lo que hago porque resulta interesantísimo. Veamos.

BLANCANIEVES CON CASTAÑUELAS
El clásico cuento de los hermanos Grimm de pronto ha vuelto estar en la mira de las reformulaciones fílmicas: del clásico disneyano de 1937 a las recientes Blancanieves (Thompson, 2001), Espejito, espejito (Singh, 2012) y Blancanieves y el cazador (Sanders, 2012), cada versión puso el énfasis en algún personaje o situación de acuerdo a su propuesta adaptativa y al enfoque asumido, desde las más literales hasta las más riesgosas, entre las que se inscribe Blancanieves (España-Francia, 2012), retomando la probable tendencia impuesta por El artista (Hazanavicius, 2011): se despliega en formato blanco y negro y sin sonido de diálogos (muda), aunque sí con los típicos letreros invasores y la presencia casi continua de una música las más de las veces oportuna.
Además de la forma, el cuento se traslada a principios del siglo XX en Sevilla, con todo el ambiente taurino invadiendo la atmósfera y en donde un famoso torero (Daniel Giménez Cacho) sufre una cornada por flashazo distractor, mientras que su esposa cantaora (Imma Cuesta) da a luz a una niña para después morir en la labor de parto; la abuela (Ángela Molina) entra al quite para cuidar a la pequeña hasta que fallece en pleno frenesí flamenco, lo que obligará al retoño (Sofía Oria) a vivir en la mansión de su padre, ya dominado por su ex enfermera (Maribel Verdú), que por alguna razón resulta ser una sádica arribista de aquellas, dispuesta a todo con tal de acrecentar fama y fortuna, a cuestas de su ahora paralítico marido y de mantener al margen a la potencial heredera.Blancanieves esapñola
Pero como las habilidades se traen en la sangre y pasado el tiempo salen a la luz, la joven (Macarena García) es rescatada por un grupo de seis enanos toreros y empieza a ganar fama en los ruedos. Así, el filme dirigido por Pablo Berger (Por no quedar pobre, 2003) consigue entroncar ambos mundos en un guion coherente con momentos tanto melodramáticos como humorísticos que trascienden las palabras, en particular gracias a una detallada edición que sobrepone imágenes simbólicas (la hostia y la luna) y que integra elipsis pertinentes (el paso de la niñez a la adolescencia), si bien obvias, nunca tardías o apresuradas.
En la memoria queda la composición fotográfica y el juego de claroscuros, en particular la inserción de los blancos en las tonalidades de grises de los diversos encuadres, aprovechando la iluminación para resaltar u ocultar ciertos elementos de cada una de las tomas. Los picados y contrapicados funcionan como mensajes específicos para la acentuación del desarrollo de los personajes y, sobre todo, de sus relaciones de poder, en concreto la presencia siempre resaltada de la villana y disminuida de las víctimas.
Las filas en torno a los muertos se verifican de manera contrastante, ya sea para fotografiarse o besar a la durmiente en el ataúd de cristal, esperando un príncipe que quizá esté más cerca de lo que se pudiera pensar y que posiblemente mida un poco menos de lo imaginado. El indulto es posible.

LADRONES DE LA FAMA: BUSCANDO LA FOTO
Basada en el artículo de Vanity Fair The Suspect Wore Louboutins sobre un caso real y dirigida con la distancia necesaria para presentar los hechos sin mayores aspavientos ni juicios por Sofia Coppola, Ladrones de la fama (The Bling Ring, EU, 2013) es una reflexión casi en formato documental acerca de la necesidad de un grupo de jóvenes de clase media alta de parecerse, brillar, alardear o simplemente darle un cierto sentido de aventura a sus vidas, pasadas por la banalidad, las drogas y la distancia emocional, lejos de los Kids (1995) de Larry Clark y más cerca de las Spring Breakers (2012) de Harmony Korine.
Bling RingEntre mensajes maternales matinales (Leslie Mann, instalada en la autoayuda descafeinada) de cómo descubrir el secreto, como si solo hubiera uno, las hijas y anexas (estupendas Emma Watson, Taissa Farmiga y Claire Julien) se suman a una pareja de amigos (Israel Broussard y Katie Chang) para ponerle sabor a sus rutinas de fiestas, glamour, marcas, fotos y búsqueda de reconocimiento, a través de la invasión y robo de objetos de marca a territorios de famosos (que lo son por serlo), acaso para sentir, efímeramente, que son como ellos: quizá como le sucede a ciertos líderes sindicales, exgobernadores, jefes de partidos políticos y sus encantadores vástagos.
La inconciencia ya revisada por la directora en María Antonieta (2006) y la falsedad como forma de vida, incluso en el supuesto aprendizaje de la experiencia, permean los actos de estos jóvenes cuyo deseo de fama, siguiendo con Zaid, “nace ante la imagen ilusoria de una plenitud inmortal” aunque “la decepción es una lucidez tardía” (pp. 127/128). Rompiendo la linealidad del relato y siguiendo los recorridos nocturnos, el hilo argumental se plantea como un estudio de caso.

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PATALETAS JUVENILES

14 julio 2010

Un par de jóvenes en busca de su lugar en el mundo: el primero es un preparatoriano común, invisible para sus compañeras y con ganas de convertirse en alguien digno de cierta atención; el segundo tiene 12 años y se acaba de mudar de Detroit a Beijing. A uno se le murió la mamá y al otro el papá: ambos padecen bullying, la forma en que ahora se le llama al nefasto acoso que padecen algunos alumnos a manos de sus compañeros. Visto así, parecería que se trata de dos películas más cercanas al drama: nada de eso, veamos.
Dirigida por el londinense Matthew Vaughn (Stardust, 07) con el vigor mostrado en No todo es lo que parece (04), y trasladándolo a la imaginería cómic, Kick-Ass (EU, 10) es un recuento sanguinolento con referencias sexuales en el que se combinan clichés cargados de ironía con elementos narrativos propios de las historietas –el cómic dentro del cómic dentro del film- para construir una narración fluida y de franco desenfado, quizá por momentos obviando de más la parodia, pero proponiendo una nueva mirada al cine basado en este tipo de fuente argumental.
Parecido a Peter Parker, el joven protagonista se anima a llevar la idea del superhéroe a la vida real, aunque no contara con poderes especiales: pronto se da cuenta que hay otros como él (Hit Girl y Big Daddy), que las golpizas van en serio y que la fama y el amor están más a la mano en este mundo de dudosa ficción. Humor negro, violencia repartida por todo el metraje, edición vigorosa con juegos múltiples de cámara, sólido score e interpretaciones a tono, hacen de esta incursión fílmica al mundo del cómic una aventura que apunta hacia la deconstrucción del género.
Por otra parte, nos llega la calculadora Karate Kid (EU-China, 10), remake del éxito ochentero ahora con protagonistas más jóvenes (el siempre bienvenido Jackie Chan en el rol de Pat Morita y Jaden Smith en el de Ralph Macchio) y cambio de contexto geográfico, aprovechado al máximo para integrar un tour místico-light para turistas occidentales, con todo y los consabidos mensajes de superación y aprendizaje ahora con base en la disciplina de quítate-tira-cuelga-ponte la chamarra.
Lo de calculada se puede apreciar en todo: elegantes desplazamientos de cámara, música de acompañamiento precisa, embarrada de exotismo, transformaciones mágicas de los personajes, cuidado casting, ritmo continuo y exacta combinación de drama, humor y acción: lástima que todo suene tan premeditado y que el final se derrumbe por su propia indulgencia.