Posts Tagged ‘Folk alternativo’

EL COLECTIVO ANIMAL COMO FUERZA INNOVADORA

10 septiembre 2013

En el nuevo milenio, el rock sigue expandiéndose gracias a refrescantes propuestas que consiguen imbricar sonidos de diversas especies, orígenes y estructuras para reconstruir inquietantes, intrincados y alocados paisajes musicales, compuestos por texturas que abrevan de tradiciones ancestrales, casi tribales, con otras de carácter contemporáneo, centradas en la electrónica y en sus posibilidades de articulación experimental. El numeroso e interesante conjunto de grupos y solistas en esta tesitura, demuestra que se trata de una tendencia.
Uno de los casos más notables entre esta jungla de alternativas es el cuarteto de Baltimore formado por Avey Tare (David Portner), Panda Bear (Noah Lennox), Deakin (Josh Dibb), y Geologist (Brian Weitz), bien conocidos en el reino de la fauna musical como Animal Collective, cuyo álbum debut, Spirit They’re Gone, Spirit They’ve Vanished (2000), se facturó de manera casera y sentó las bases del concepto explorador del grupo; le siguió Danse Manatee (2001), que abrió aún más las puertas a estilos derivativos provenientes del folk, con su dosis de locura, del noise con pasajes ambientales y de mucha sicodelia que no teme encontrarse con apuntes deliciosamente melódicos, pasados por una discreta dosis de ácido.
Grabado en el 2011, Campfire Songs (2003) retomó lances de algunos miembros del colectivo, orientados a sonidos relacionados con los aromas a campo, como si de un día fuera de la ciudad se tratara, buscando encuentros cercanos de cualquier tipo con la naturaleza y sus formas; en contraste, con Here Comes the Indian (2004) propusieron visiones provocadas en un viaje por la sicodelia y más allá de la realidad tangible y comaprtida. Así concluía una primera etapa que sentó la base para el sorprendente desarrollo posterior, acompañado del espíritu de The Residents Captain Beefheart y The Flaming Lips.
En efecto, a partir de Sung Tongs (2004), firmado por Avey Tare y Panda Bear, el concepto musical se ensanchó no en el sentido cuantitativo, sino cualitativamente: como si fuera una improvisada reunión de amigos, nos sentamos a escuchar una guitarra acústica que busca sobrevivir entre trémulos ritmos de aliento africano, vocalizaciones extraviadas que te hacen sentir extraño en tu casa y ruidillos que parecen provenir de las paredes. Toda una locura de la que era imposible resistirse a no formar parte.
Después del EP Prospect Hummer (2005) con todo y la presencia del mítico Vashti Bunyan, figura clave del folk, vendría Feels (2005) como para confirmar que la opción de seguir en una misma dirección no es la que prefieren estos colonizadores de nuevos sonidos, aquí sumando un sexteto: hay un rock bañado con polirritmias que muestra un dinamismo cuya dirección sigue siendo impredecible, con esas vocalizaciones superpuestas: este álbum significó el abandono de la madriguera para darse a conocer a un público más amplio, que los recibió con el entusiasmo propio de quien se identifica con la innovación, como se verificó en los EP´s continuos Grass (2006) y People (2006).

MERMELADA DE FRESA EN CAMPO ABIERTO
Ya con un reconocimiento que no parecía afectarles negativamente en lo absoluto, sino al contrario, grabaron el EP Water Curses (2007) como una pequeña muestra de talento desbordado y el efervescente Strawberry Jam (2007), que funciona como una planta carnívora que te atrapa con su accesible y tentador aspecto para después convulsionarte en un sinfín de ritmos, armonías y sonidos que no sabes de dónde provienen. La influencia de los Beach Boys ha sido bien detectada, con esas armonías como cayendo en cascadas cuyos flujos cambian con imprevisible frecuencia.
Para continuar con el derroche de talento imaginativo puesto al servicio de melodías transitorias que serpentean por una multiplicidad de recursos sonoros, presentaron Merriweather Post Pavillion (2009), clásico instantáneo y pronto convertido en uno de los mejores discos de la década que estaba por concluir: el etnicismo como sustento se expandió a un pop de reconfiguraciones constantes, con reiteraciones rítmicas que rompen de tajo con la linealidad armónica, deviniendo festín para los agitados oídos que se empeñan una y otra vez en descubrir los ingredientes secretos de las canciones.Animal Collective
Siguió el EP Fall Be Kind (2009), que para no quedarse atrás también fue uno de los mejores del año, y un experimento visual titulado ODDSAC (2010), que acompañó a un film dirigido por Danny Perez. El álbum Centipede HZ (2012) supuso el reto de mantener el listón en alto y si bien no se equiparó a su predecesor, conservó el espíritu de búsqueda, ahora incorporando una electrónica saturada de sampleos nerviosos, beats inconstantes y efectos reverberantes, cual fuerzas perpendiculares al fluir de cada uno de los cortes, navegando entre energías escapistas que no pierden su centro. De una serie de remixes de este álbum surgió el EP Monkey Been to Burntown (2013).
Además del colectivo, algunas de las bestias han actuado solas, separándose de la manda pero conservando el estilo: Panda Bear grabó Young Prayer (2004), el intrincado y delicioso Person Pitch (2007) y Tomboy Boy (2011), uno de los mejores discos del año, mientras que Avey Tare firmó Pullhair Rubeye (2007) y Down There (2010), con el sello folkie desaliñado de la casa. Se presentan en nuestro país como líderes del cartel del festival Ceremonia para dar una muestra de cómo la animalidad puede ser una fuerza innovadora.

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CONCIERTOS VACACIONALES

3 abril 2012

Periodo de reflexión que no necesariamente se contrapone a la oportunidad de disfrutar de una andanada de visitantes con sonidos de energías varias. Los compromisos de lunes y martes de la semana de Pascua.

MARK LANEGAN: UN FUNERAL ADEREZADO DE BLUES
Inició su aventura con Screaming Trees, banda de Seattle que acabó siendo precursora del grunge: con ella, definió su estilo en el que igual cabía un rock de piedra que ciertos y discretos apuntes folk y blues, subsumidos a la fiereza del garage. Clairvoyance (86) fue su primer disco y de ahí fueron subiendo en precisión y enfoque, como lo muestra su penúltima y ya consolidada obra titulada Sweet Oblivion (92), en pleno apogeo de Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden, dominadores mediáticos de las camisas de franela a cuadros y los pantalones rotos.
Tras un intento de grabar con Cobain y Novoselic de Nirvana, finalmente apareció el primer lance solista: The Winding Sheet (90), obra confeccionada con la ayuda de Mike Johnson, pronto bajista de Dinosaur Jr. con quien formaría una sólida complicidad para el blusero Whiskey for the Holy Ghost (94), uno de los mejores trabajos solistas del nacido en el estado de Washington. Tras bajar el telón de Screaming Trees con Dust (96), cerró a tambor batiente el siglo con Scraps at Midnight (98) y I´ll Take Care of You (99), disco de covers que hurgaba en los orígenes de su propia propuesta.
Tras Field Songs (01), conformó una nueva banda con la que presentó el estupendo Bubblegum (04), en el que participaron varios amigos ilustres y PJ Harvey. Con la cantante escocesa Isobel Campbell, ex Belle & Sebastian, nos regaló los espléndidos Ballad of the Broken Seas (06), Sunday at Devil Dirt (08) y Hawk (10); de manera simultánea y como para contrastar estas tonalidades de folk británico, colaboró con Queens of the Stone Age, supergrupo de firme y reconfortante pesadez que apostaba por un rock en el poderoso sentido del término.
Por no dejar, también apareció en el disco de Soulsavers titulado It’s Not How Far You Fall, It’s the Way You Land (07) y grabó Saturnalia (07) como la mitad de los Gutter Twins. Blues Funeral (12), mientras tanto, funciona como una obra de reflexiones en tonos pausados y con algunos lances de intensidad guitarrera, remitiéndonos a una especie de síntesis experiencial de todos los años vividos y los estados de ánimo expresados.

LAMB OF GOD Y HATEBREED: DURO Y A LA CABEZA
Quinteto formado en Virginia con todo y nombre místico que contrasta con la fiereza de su propuesta: eso sí, a pesar de su éxito comercial, se han mantenido fieles a sus creencias musicales. Su primer lance fue el incendiario Burn the Priest (98), al que le siguió New American Gospel (00) como toda una declaración de principios tanto en sus letras como en su estética sonora, en la que igual cabe un poco de speed que de death y, ya entrados en gastos, cierto espíritu alternativo.
Ya asumidos como mesías del mundo heavy, salpicando consignas políticas y apocalípticas más a siniestra que a diestra, y con una sólida fama dentro de los circuitos de las cabelleras agitadas y playeras negras, Lamb of God firmaron As the Palaces Burn (03), rápidamente perseguido por Ashes to Wake (04), uno de sus álbumes capitales, y por el duro Sacrament (06); en el inter, grabaron un disco en vivo titulado Killadelphia (05).
Vendría después Wrath (09), en el que no bajaba la dinámica y un recopilatorio titulado Hourglass: The Anthology (09), que incluye algunas rarezas y demás joyitas para fans incondicionales y dispuestos al sacrificio (monetario). Con Resolution (12) la fuerza se mantiene intacta y la intención clara: hacer un álbum de metal con todas las de la ley, procurando voltear a las bases como para recordar de dónde vienen para saber a dónde van.
Por su parte, Hatebreed ha permanecido como un referente no del todo reconocido en el terreno de metal y del hardcore, siguiendo los lineamientos por todos reconocidos: riffs perturbadores, vocales que no dejan de aturdir y rítmica incansable. El quinteto de Connecticut lidereado por Jamey Jasta (vocal), y en el que han participado diversos músicos entre los que aún se encuentran Chris Beattie (bajo) y Matt Byrne (batería), debutó con Satisfaction Is the Death of Desire (97), en cuyo título se plasmaba parte de su propuesta letrística, buscando ciertas paradojas y aparentes contradicciones.
Perseverance (02) y Rise of Brutality (03) resultaron una deseada consecuencia de su debut: mantenerse en la escena alternativa del metal conservando principios y propuesta, como se confirmó en Supremacy (06) con todo y Frank Novinec, guitarrista de cepa metalera. Ya con Wayne Lozinak, le entraron a la lógica de los covers en For the Lions (09), seguido de un álbum homónimo en el mismo año.

LOS DECEMBRISTAS ANUNCIAN LA MUERTE DEL REY

4 marzo 2011

En The King Is Dead (‘11), sexto largo de The Decemberists, quinteto de Portland ya convertido en referente musical del nuevo siglo, y especie de contraparte nominativa del clásico The Queen Is Dead (86) de los Smiths, se despliega un folk bien aprendido de la tradición inglesa ahora combinada con el country americano, integrando instrumentaciones precisas que van de la guitarra acústica y uso del pedal con fuerte presencia de la armónica, al acordeón y el violín, entretejidas para proponer melodías a la mano transitando por las estaciones del año cual referentes anímicos.
Don´t Carry It All y Calamity Song abren con tonos anunciatorios en forma y fondo, con la notoria influencia del primer REM que incluye la colaboración de Peter Buck en tres cortes. Rise to Me transita de manera pausada, mientras que Rox in the Box se desarrolla a partir de un violín que dialoga con el acordeón, construyendo una especie de fogata comunitaria, mientras los viejos fuman pipa y los niños mugrosos revolotean alrededor, acaso ante la mirada del Neil Young en plena cosecha de la luna.
Los meses del invierno al verano: January Hymn y June Hymn buscan un cierto intimismo nostálgico que explota con Down By the Water, al tiempo que All Arise! se inserta en el ambiente rural. This is Why We Fight, una de las mejores, denuncia las absurdas razones de la guerra con un bajo efusivo para ceder paso a Dear Avery, despedida entre atmosféricas vocales. Colin Meloy se escucha convencido, soltando sus evocativas historias de amplio vocabulario como quien va dando explicaciones sí pedidas y cobijado por sus cuatro cómplices de rigor y algún invitado especial como la cantautora Gillian Welch, presencia que fortalece el aroma a campo del álbum.

BESA Y DEJA MORIR
Sam Beam es un barbado cantautor que desarrolla su propuesta artística bajo el nombre de Iron And Wine, con el que ha firmado cuatro discos a la fecha, transitando entre el pop, el folk y la americana, en la línea de Bon Iver, My Morning Jacket y Fleet Foxes. Kiss Each Other Clean (’10-’11) marca su regreso tras el espléndido Shepherd’s Dog (07), con faisanes poblando las imágenes y algunos discretos cambios de registro que si bien no siempre funcionan, apuntan hacia un ensanchamiento de referencias: coros incrementales, apuntes cercanos al Soul y funk matizado con una contenida rítmica setentera. Walking Far From Home abre un racimo de canciones con varios puntos de inflexión, pero cantadas como si las decisiones ya estuvieran tomadas: se percibe relajamiento general sólo trastocado por algún teclado o el sonido de algún metal que contrapuntea el desarrollo armónico y por las letras como de costumbre inquietantes que visitan temáticas tan vitales como imposibles de asir.

SALUDOS Y SORPRESAS
Um, Uh Oh (‘11) es el séptimo disco de Say Hi, proyecto integrado sólo por Eric Elbogen, hombre equipo que se dedica a todos los sonidos encapsulados en esta obra, como se advierte en el cuadernillo. Un pop labrado con paciencia desde alguna casa en Seattle que funciona sobre todo en la parte media del álbum, dejando espacios para incursiones instrumentales identificables de guitarra y teclados, pronto tarareables, con una voz que invita a tener confianza a pesar de la estética de baja fidelidad; por momentos nos encontramos con pasajes nebulosos como de película serie B (Devils), más entusiastas (Take Ya’ Dancin’) o con aires de mayor seriedad (Posture, Etc.). De las temáticas más propias de los geeks, ahora el espectro se amplía para considerar sentimientos que se vinculan con seres humanos reales y no sólo de ficción.

PRIMER AÑO
La columna Sonido & Visión cumple su primer año de aparecer en las páginas de MILENIO. Vaya un agradecimiento a las personas del periódico que han acompañado a esta pequeña que quiere crecer fuerte y sana, así como a los lectores con los que compartimos o disentimos en puntos de vista, apreciaciones y gustos.

DEVENDRA BANHART: CANCIONES ILUMINADAS A COLOR

24 agosto 2010

Nació en Houston hace 29 años; ha vivido en Caracas y Los Ángeles; es viajero frecuente y terminó de convertirse en artista dentro de la bulliciosa ciudad de San Francisco: dibujos, notas musicales y poesía bilingüe a la par. De pronto, ya parecía un alivianado líder de una comunidad hippie extraviada en algún punto de América, animando a sus seguidores más por su imaginación que por su jerarquía, más por su talento que por su visión de grupo.
Puede pasar del tono festivo al susurro reflexivo y termina por convencer sin proponérselo, quizá por esa apariencia de irreverente predicador extraviado en el siglo XXI. Las comparaciones con gente como Jeff Buckley, Nick Drake, Jerry Garcia, y Marc Bolan, el gurú glam, han sido frecuentes en particular por su condición de distinguible escritor de canciones con sello personalísimo.
La aventura inició con Oh Me Oh My… (02), seguida por Rejoicing in the Hands (04) de cuyas sesiones también se derivó Niño rojo (04), obras en las que ya se advertían sus rasgos esenciales: folk enloquecido de letrística etérea de corte espiritual o cándidamente cercana; psicodelia bañada con ritmos afrocaribeños; pop sesentero tanto en su vertiente multicolor como oscura, vocalizaciones temblorosas o apacibles según sea el caso, y cuadernillos ampliamente decorados con ilustraciones elaboradas desde la más pura obsesión de quien se vierte por completo en el trazo infinito.
Vendría la expansión en personajes, ambiciones y alcances, para bien en general a pesar de la posible pérdida de cierta espontaneidad. Su naturaleza prolífica se confirmó con el prolongado, pacifista, multirreferencial –fijarse en la portada- y nutritivo Cripple Crow (05), al que le seguiría, casi como consecuencia natural, Smokey Rolls Down Thunder Canyon (07), acentuando el eclecticismo con numeroso grupo de invitados que le ponen su tradición a un álbum que apostó por la dispersión como estrategia cohesionadora.
En cambio, What Will We Be (09), obra en la que por momentos se nos pone un poco más serio, tiende más a la introspección y a una especie de regreso a su individualidad, al Devendra Banhart personal, bautizado así por un místico hindú: los lances entre experimentales y psicodélicos se reducen, aunque subsisten, y las canciones son más de reflejo y expresión inmediatas, tal como el título del álbum plantea. Bienvenido a estas tierras donde seguro te sentirás como personaje de uno de tus discos.