Posts Tagged ‘Ochentas’

MARK HOLLIS Y TALK TALK: HABLANDO DESDE EL SILENCIO

1 marzo 2019

Tenía veinte años en retiro, al menos en cuanto a publicar canciones se refiere. Formó uno de los grupos clave de los ochenta, de ésos que sin negar su época y cruz de parroquia, lograron retomar y trascender los géneros predominantes para crear un estilo sonoro diferenciado, respondiendo más a las propias inquietudes artísticas que al imperativo de las disqueras. Ensanchó los márgenes del new wave a través de la incorporación de influencias diversas –del jazz al avant garde, del popart al tecno y del rock al ambient– y de una búsqueda que siempre implicó mirar hacia delante, sin anclarse a pasados exitosos y arriesgando la aceptación de contratistas y seguidores.

Originario de Tottenham, Mark Hollis (1955-2019) pintaba para sicólogo infantil pero en un momento determinado decidió cambiar de trayecto profesional, quizá en perjuicio de los pequeños a los que pudiera haber atendido pero en beneficio de millones de orejas, niños incluidos. Formó a mediados de los setenta una banda llamada the Reaction, con la que grabó un demo y unas canciones que aparecieron en alguna recopilación o como sencillo, sin llegar a cuajar en disco largo. A través de su hermano mayor, productor y disc jockey, entró en contacto con Paul Webb (bajo), Lee Harris (batería) y Simon Brenner (tecladista), con quienes integró Talk Talk en 1981.

CAMBIANDO DE ATMÓSFERAS: EL HAZMERREÍR AL FINAL DE LA FIESTA

Su trayecto fue de la luz a la oscuridad, como corriendo en sentido contrario a la salida del túnel. En su debut, The Party’s Over (1982), anunciaron el final del regocijo enclavado en un synthpop muy propio de la época, cercano al de bandas como New Order, OMD, Ultravox y Human League, con matices del estilo conocido como new romantic, abonado por grupos dueños del mainstream entre los que se ubicaba Duran Duran, con el que compartieron productor (el reconocido Colin Thurston, quien venía de trabajar con David Bowie e Iggy Pop) y presentaciones en vivo, fungiendo como teloneros. La presencia de Roxy Music se paseaba como una influencia mayor en la propuesta del grupo.

La llamada de atención del álbum corrió, sobre todo, por cuenta de algunos cortes memorables que mostraban un talento prematuro, si bien todavía en desarrollo y no del todo distintivo, para el uso de los teclados en rítmicas enfáticas, melodías emergiendo del suelo con dosis emocionales y letras de mayor alcance lírico, como Talk Talk, especie de carta de presentación para propios y extraños; Today, vuelto esperado sencillo por su estructura pronto identificable; la pausada y denunciatoria Have You Heard the News? y Mirror Man, presentada en un inicio como sencillo que abriera las tiendas.

Abriendo con la zona grave del teclado, estrategia que permaneció durante todo su recorrido, Dum Dum Girl dio el banderazo a It’s My Life (1984), segundo álbum de la banda ya en plena evolución creativa y cuya canción titular permanece como una de las más importantes de la década no tan perdida, planteando un himno sobre la autonomía personal, en tanto Such a Shame, segunda pieza más conocida aún manteniendo intacta su anhelante tesis cual hombre que lanza los dados, expandía los momentos para expresar cierta imposibilidad ante el cambio frente a las tendencias imperantes.

La emotividad de Renée con todo y la profundidad de los teclados y esa vocalización de particular angustia contenida (por momentos recordando a Peter Gabriel), contrasta con el elástico bajo que guía Does Carolina Knows: ambos cortes contribuyeron, además de los éxitos radiales que abrieron fronteras y le dieron reconocimiento popular a la banda, a posicionar al grupo en el escenario rockero siempre en proceso de reformulación, así como la contribución de Tim Friese-Green, productor, responsable de los teclados y en los hechos un miembro más del trío, supliendo a Brenner.

Con la participación de Steve Winwood y David Rhodes, The Colour of Spring (1986) representó otro paso hacia la indagación y apertura, sin dejar del todo el camino andado como en Give It Up y la fantasiosa Living in Another World, pero incorporando una vertiente más acústica y aireada por momentos, con sutiles acordes jazzeros, como se advierte desde Happiness is Easy, incluyendo presencia infantil en los coros; las tonalidades rockeras aparecen con mayor preponderancia y hasta el influjo del krautrock invade en Life’s What You Make It, con ese piano en convivencia con la guitarra, transitando a la media luz de April 5th y Chamaleon Day para cerrar con Time It’s Time, o más bien dejar la puerta entreabierta cual vaso comunicante para mirar por el retrovisor pero como soporte para otear el horizonte de alguna imprevisible tierra prometida.

Gracias al inesperado éxito comercial, la banda consiguió que la disquera EMI no se metiera y ni siquiera escuchara previamente el material para su siguiente disco: Hollis aprovechó la oportunidad y profundizó su mirada etérea, oscura y con tamiz experimental. Los músicos invitados se introdujeron en una iglesia abandonada para grabar e improvisar bajo extraños juegos de luces durante largos periodos, en tanto el trío ensamblaba los resultantes seis cortes finales pasados por una atmósfera de tenso sosiego y estructuras rupturistas, incluyendo guitarras en espiral y pasajes de penumbra auditiva. El resultado fue Spirit of Eden (1988), uno de los discos esenciales de la década refiriendo a ese deseado jardín en tonos de oscura abstracción, retomando un ambient con sutiles sonidos de plena organicidad.

El álbum provocó un desacuerdo con la casa disquera por la dificultad para encontrar un sencillo como tal y tras algunas diferencias, rompieron el contrato; Polydor le entró al quite para darle cobijo a Laughing Stock (1991), el disco final del grupo que significó todo un broche de oro, ya sin Paul Webb en la formación y con influencia de Robert Wyatt: seis cortes otra vez en los que se desliza por las cuerdas un artrock de bucólicas texturas, en cierto sentido anticipando lances noventeros relacionados con el postrock y sus oscuros parientes. Después de un silencio de siete años, el líder del grupo grabó en solitario el homónimo Mark Hollis (1998), retomando toda la vertiente dejada a inicios de aquella década. Y después, otro prolongado silencio que alcanzó dos decenios hasta la triste noticia de su fallecimiento.

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MÚSICA POPULAR DEL CERVANTINO EN LEÓN

14 octubre 2013

Aunque reducida en número, la presencia de los músicos invitados de la 41ª. edición del Festival Internacional Cervantino que se presentarán en nuestra ciudad prometen regalarnos, a través de sus variadas propuestas, la posibilidad de viajar a lugares, tiempos y estados de ánimo diversos, combinando manifestaciones culturales ancestrales con géneros actuales como la electrónica, cimentándose en el jazz y el rock como los grandes pilares de la música popular contemporánea.

CEREMONIAL EN ROJO
Con el pow-wow como contexto socializador y espiritual, A Tribe Called Red propone la integración de cantos tradicionales de los nativos norteamericanos, por momentos actualizados con salpicadas de reggae y hip-hop, con estructuras electrónicas desplegadas con un énfasis en el dubstep que nos invita a un particular escenario de baile que parece integrar dos épocas y geografías opuestas, aunque coincidentes en su efecto liberador: el cuerpo se convierte en un vehículo para que el espíritu vuele por aires renovadores y de conexión con los demás.
El trío formado en Ottawa está compuesto por los DJ´s Ian “DJ NDN” Campeau, Dan “DJ Shub” General y Bear Witness, quienes se hacen acompañar por músicos nativos: su nombre, que remite a los hipoperos de A Tribe Called Quest, incluye el nombre del color distintivo de los grupos étnicos a quienes representa, conocidos genéricamente como pieles rojas. Su propuesta se ha conectado, también, con los movimientos sociales que buscan darle mayor dignidad a estos grupos, algunos de ellos recluidos en reservas con fuertes problemas de adicciones.
Debutaron con álbum homónimo en el 2012, después de producir varios sencillos, llamando pronto la atención por esa capacidad para retomar el espíritu de la llamada First Nations Music e incorporarla a una estética dance: la clave parece estar en la posibilidad de intersección rítmica entre ambos componentes, tal como se advierte en Nation II Nation (2013), su segundo disco. Cataratas de loops estallan contra vocalizaciones tradicionales para dar forma al subgénero que, de acuerdo a ellos mismos definen su apuesta: Pow-Wow electrónico. Ya veremos cómo toma forma esta celebración en el Bajío, con todo y nuestras verdes panzas.

CUERDAS DEL SOL NACIENTE
Escuchar melodías contemporáneas en instrumentos tradicionales puede dar la sensación de continuidad y de conexión sonora, más que de anacronismo o artificialidad. Tal es el caso cuando se escuchan las melodías interpretadas por el dueto japonés Oyama X Nitta, cuyo estilo -tsugaru shamisen – e instrumento que comparten ambos -el shamisen- se colocan como base para reinterpretar tanto música ancestral como piezas actuales, enclavadas en géneros primordialmente occidentales.
Por momentos sonando como si estuviéramos escuchando un duelo de banjos en alguna cantina del oeste americano y de pronto, casi sin que nos demos cuenta, como si nos trasladáramos a una fiesta japonesa del siglo XIV y de ahí a algún sótano de principios del siglo XX donde el blues acentuaba la tristeza, este dinámico dúo muestra notable destreza para la armonía y el manejo de un instrumento que no resulta sencillo de dominar, sobre todo por su rústica conformación de solo tres cuerdas, como si de un laúd hiperactivo se tratara.
En su álbum Karma (2011) consiguen crear un amplio horizonte sonoro, con base en una compenetración palpable entre ambos instrumentistas, quienes intercalan automotivacionales gritos como para no ceder en la intensidad creciente escapada de sus versátiles dedos. En vivo transitan por parajes electroacústicos en los que incluyen improvisaciones y se hacen acompañar por algunos cómplices que gustan de viajar por el tiempo, al igual que ellos, para interpretar composiciones propias y ajenas que terminan por hacer suyas.

PERDIDOS EN EL TIEMPO
El trío quebequense formado por Christian Roberge (voz, guitarra), Byron «Maiden» Mikaloff (coros,Lost Fingers guitarra) y Alex Morissette (coros, contrabajo) conocido por el sugestivo nombre de The Lost Fingers (en honor al gran Django Reinhardt), se ha constituido como una refrescante alternativa en el ámbito del crossover: sus pilares son los aromas gitanos, las estructuras jazzeras y el pop, particularmente el ochentero, tal como se deja escuchar en Lost in the 80’s (2008), su pegador álbum debut que llega directo a quienes siempre recordamos esas épocas de educación sentimental junto a alguna canción.
Como si estuviéramos cantando en alguna caravana gitana que a rumbo al pasado inmeidato, recorremos canciones de aquellos años en estilos variados, desde hardrockeras hasta de R&B, pasando por otras que invadían las pistas de baile. Su siguiente álbum, Rendez-Vous Rose (2009), pareciera colocarnos junto a las Trillizas de Belleville, para rendir tributo a la canción francesa, mientras que con Gypsie Kameleon (2010), volvieron a las andadas de recrear éxitos ochenteros de diversidad genérica.

En síntesis, una oportuna lluvia de estilos que caerá en nuestra ciudad, cada vez más abierta a recibir manifestaciones musicales que circulan más allá de las limitadas ondas radiales. Escenarios propicios para que nuestros espíritus ejerzan su anhelado deseo de libertad.

REGENERACIÓN OCHENTERA

3 septiembre 2013

Para quienes vivimos la adolescencia (inicial, tardía y permanente) durante la década de los ochenta, recordamos que las tendencias musicales enfrentaban a poperos, metaleros y punketos, además de otras corrientes como los darketos y skatos o los nacientes indies, tecnos y hipoperos, géneros que si bien ya tenían historia, empezaban a ganar más adeptos entre las tribus juveniles mexicanas. Como si a uno no le pudiera gustar un poco de todo, se creaban cofradías que excluían cualquier posibilidad de eclecticismo.
A la distancia es posible identificar que algunas de esas diferencias eran más de forma que de fondo y que ahora las fronteras entre los géneros ya no son tan claramente identificables: incluso dentro de un mismo paquete de músicos aparentemente homogéneo, se pueden encontrar diferencias sustantivas que el paso del tiempo ayuda a distinguir, así como el alcance de la trascendencia de sus canciones.
Tómese el caso de los grupos pertenecientes a la llamada new wave, fuertemente impulsado por la naciente MTV, para dar cuenta de estos contrastes: de los que sacaron un disco muy apenitas y desaparecieron; de los que siguen por ahí haciendo ruido con más pena que gloria; los que dijeron dignamente adiós después de una trayectoria decente y, claro, los que continúan con la misma entereza que hace treinta años, como los Pet Shop Boys o Depeche Mode. Ahora, con la bandera de la nostalgia, surge la idea de un tour llamado Regeneración, que busca congregar a algunas de las bandas y músicos para dar un concierto que así, trabajando en equipo, seguramente alcanzará el objetivo de convocar a un público mucho más numeroso que si se lanzaran a la palestra en solitario. Dentro del cartel, en apariencia homogéneo, hay sus distancias. Veamos.

CONTINUIDAD
Erasure es un grupo más de sencillos que discos. Lo suyo es el synthpop sin demasiadas complicaciones ni en estructura ni en lírica; más bien apuestan por los ganchos melódicos y la accesibilidad como bandera. El dueto está formado por el tecladista Vince Clark (Depeche Mode, Yaz y Assembly) y el cantante Andy Bell, de los primeros popstars en asumir su homosexualidad de manera pública, condición que le imprime cierta estética a su forma de cantar y de presentarse en vivo, cargado de teatralidad y de múltiples manierismos: como solista, ha firmado los disfrutables Electric Blue (2005) y Non-Stop (2010).
Erasure
Adoptando la pista de baile como hábitat natural, presentaron Wonderland (1986) discreto debut al que le seguieron Circus (1987) y The Two Ring Circus (1987), remix del anterior con sus adhesiones en donde muestran una mayor cohesión e intención melódica, confirmada en The Innocents (1988), que incluyó A Little Respect y Chains of Love, dos de sus mayores hits. Este mismo año grabaron el EP Crackers International. Con muestras de agotamiento, produjeron Wild! (89) y Chorus (91), para dar paso a Abba-esque, EP homenaje del famoso grupo sueco, y a Pop! The First 20 Hits (92), álbum que bien sintetizaba toda la obra anterior y en el que se concentraba, en efecto, lo mejor de la banda.
Este trabajo le dio nuevos aires eléctricos al dúo como se advierte en I Say I Say I Say (1994), uno de sus más consistentes discos a la fecha en el que los teclados sonaban más orgánicos y menos análogamente rígidos. Volvieron a la medianía con un álbum epónimo en 1995, seguido por Cowboy (1997) y Loveboat (2000), apenas adornados con algunos cortes que recordaban el tono festivo y desenfadado que ha marcado su propuesta. Other People’s Songs (2003), conformado por covers y Hits! (2003), precedieron a Nightbird (05), al tiempo que Bell informaba sobre su infección de VIH. Con Unions Street (06) dejaron los enchufes de lado, recuperando lados B y viejas canciones.
Tras un álbum en vivo, presentaron Light At The End Of The World (2007), empalagoso al inicio pero gustoso después: no es que se le quite la dulzura o la falta de sorpresa, sino que más bien se van identificando con mayor precisión los ingredientes melódicos y el proceso de cocción, siempre con miras a levantarnos del asiento y llevarnos a un espacio donde sea posible bailar, para quien sea posible hacerlo con cierto decoro, tal como sucede en Tomorrow´s World (2011), álbum confirmatorio de que todavía hay mañana para la inventiva del dueto londinense.
Howard JonesOriginario de Southampton, el tecladista y compositor Howard Jones (1955) ha combinado el núcleo del synthpop con mensajes de paz y amor y un discreto aroma funk, como se aprecia en Human´s Lib (1984), su consistente álbum debut y en Dream Into Action (1985), superando la prueba del segundo disco con creces: son estos dos discos lo más memorable que ha hecho a lo largo de su trayectoria, que continuó durante esa década con One To One (1986) y Cross that Line (1989).
Durante los noventa, el creador de New Song, Things Can Only Get Better, What is Love?, Life In One Day, No One is the Blame y Everlasting Love, grabó en estudio In the Running (1992), Angels & Lovers (1997) para el mercado japonés y su par People (1998), con algunas adhesiones de su predecesor: solo contados destellos similares a los de los inicios de su carrera. Revolution of the Heart (2005) y Ordinary Heroes (2010) son las manifestaciones que lo han mantenido presente en el nuevo milenio.

ENTRE GAVIOTAS Y HOMBRES SIN SOMBRERO
A Flock of SeagullsOriginarios de Liverpool, A Flock of Seagulls se integró por el vocal y tecladista Mike Score, con todo y su peinado antecediendo a Wolverine, su hermano baterista Ali y el bajista Frank Maudsley, a quienes se les sumó el guitarrista Paul Reynolds. Clavados en una estética tecnopop, con influencia de Kraftwerk pero entrometiendo una eficaz guitarra como a la distancia, debutaron con el sencillo Telecommunication y con el largo A Flock of Seagulls (1982) su obra más importante que incluyó I Ran (So Far Away), Space Age Love Song, Modern Love is Automatic y D.N.A.
Después de este sólido debut, vinieron discos más irregulares: Listen (1983), todavía con el impulso de la anterior entrega; The Story of a Young Heart con la reconocida The More You Live, The More You Love y Dream Come True (1986), cerrando una etapa que se reabrió con el olvidable Light at the End of the World (1996).
Men Without HatsPor su parte, el colectivo de Montreal conocido como Men Without Hats fue creado por los hermanos Ivan y Stefan Doroschuk e identificado por el sencillo The Safety Dance, infaltable en cualquier fiesta ochentera –y muchas actuales- incluido en su boyante y efusivo LP debut titulado Rhytm of Youth (1982), al que secundó Folk of the 80’s (Part III) (1984) y el ingenioso Pop Goes the World (1987), que les reportó el escape para ser considerados grupo de un solo disco.
Con el optimista The Adventures of Woman & Men Without hate in the 21st Century (1989) y Sideways (1991) parecían haber agotado su arsenal creativo, hasta que volvieron con el desapercibido No Hat´s Beyond This Point (2003) y el mucho más jugoso Love in the Age of War (2011), no como para quitarse el sombrero pero lo suficientemente digno como para seguir en la palestra.

¿GRUPOS DE UNA CANCIÓN? When in Rome
Los otros dos invitados son el dueto de Sumerset Naked Eyes, formado por Pete Byrne y Rob Fisher (mitad posterior de Climie Fisher y fallecido en 1999), quienes antes integraron la banda Neon, y When In Rome de Manchester, integrado por Clive Farrington, Andrew Mann y Michael Floreale, para muchos digno representante de los llamados One Hit Wonder, aunque escarbando un poco se puede encontrar algo más, no demasiado.Naked Eyes
Los primeros debutaron con el rescatable Burning Bridges (1983) que contiene el clásico Always Something There To Remind Me, original de Burt Bacharach, Promises, Promises y When the Lights Go Down, sus tres cortes más representativos. Con Fuel for the Fire (1984) se terminó la gasolina y solo grabaron hasta 23 años después Flumbing With the Covers (2007), integrado por revisiones de canciones propias y de algunos colegas como Elvis Costello, Elton John, Jimi Hendrix, Bob Dylan y John Lennon, nada más. Los segundos solo grabaron When In Rome (1988) del cual se desprende The Promise, única canción que permanece en la memoria.

Así es que haciendo un set list entre todos, alcanza para un concierto con buena carga evocativa.

ORCHESTRAL MANOUVERS IN THE DARK: ELECTRIFICACIÓN INGLESA

18 abril 2013

No podían faltar en las fiestas ochenteras y hasta ya entrados los noventa: con sus melodías contagiantes, rítmica motivante y letras que bien podían describir pasajes de la propia vida con voz de joven eterno, encajaban como anillo al dedo para crear atmósferas de cierta sofisticación pop. Se constituyeron como uno de los principales grupos de aquellos años gracias a su equilibrio entre las exploraciones armónicas y su accesibilidad para ser prontamente identificados, convocando a públicos diversos en torno a sus incluyentes lances sonoros. Los terrenos del synthpop fueron su ámbito, como el de grupos mainstream como Depeche Mode y Pet Shop Boys, aún sumiendo teclados y sumando adeptos.
Así, todos bailábamos electrificados y en constante locomoción, mientras mandábamos mensajes y compartíamos algún secreto, nos confesábamos perdidamente enamorados, a pesar de tener presente la posibilidad de que la persona amada se fuera, y pensábamos que viviríamos y moriríamos para siempre. Junto a valiosos grupos y solistas como Talk Talk, ABC, Soft Cell, The Human League, Duran Duran, Camouflage, Gary Numan, Thomas Dolby, A-ha, A Flock of Seagulls y Alphaville, por mencionar algunos, inundaron los espacios de aquellos años, recibiendo la influencia de Japan, Ultravox y, desde luego, Kraftwerk, Roxy Music y David Bowie.
A finales de los setentas, los compañeros escolares Paul Humphreys y Andy McCluskey empezaron a tocar en su natal Liverpool y produjeron, con la famosa Factory Records, su primer sencillo de nombre elocuente: Electricity, que a su vez formó parte de Orchestral Manouvers in the Dark (80), su debut homónimo en el que también se incluyó Messages, otra canción muy conocida que le permitió al dueto ampliado (han ido y venido diversos músicos) ganar cierta notoriedad, además de la lograda integración que hicieron del Krautrock con las tendencias imperantes como la llamada New Wave. Muy pronto apareció Organisation (80), muy bien recordado no solo por el clásico Enola Gay, sino por constituirse como una muestra del potencial compositivo y de búsqueda sonora que los marcaría durante los siguientes años.
OMDEn efecto, la consolidación llegaría con Architecture & Morality (81), álbum que alcanzó el justo equilibrio entre la experimentación y la calidez pop, con cortes pronto convertidos en sencillos radiales (Souvenir, Joan of Arc) que compartían espacios con otros de estructura más intrigante (la canción titular y The New Stone Age, con la presencia de Warren Zevon): la combinación estuvo atravesada por un espíritu arty de irresistible elegancia. Con el conceptual e innovador Dazzle Ships (83), uno de sus discos menos conocidos y valorados, reflexionaron sobre las relaciones entre el ser humano y el desarrollo tecnológico, en plenos tiempos de Guerra Fría y del thatcherismo cobrando fuerza, con sus luces y sombras. Esta etapa discográfica cerró con Junk Culture (84), manteniendo esta capacidad de riesgo con crítica social y creando canciones de sensibilidad cercana (Tesla Girls, Locomotion), incluyendo un cierto sabor trompetero.
Con Crush (85), luciendo una portada de Paul Slatter con clara influencia hopperiana, todo mundo los conoció o al menos sus canciones principales: Secret, So In Love y hasta La Femme Accident se convirtieron en piezas tocadas una y otra vez en los diversos rincones del Planeta; sin ser su mejor disco, acabó resultando el que les abrió las puertas que faltaban, por las que también se coló If You Leave, sencillo más recordado que Pretty in Pink, la película de la cual formó parte. En similar línea pop aunque con ciertas reminiscencias de sus inicios, grabaron Pacific Age (86), en el que se incluyó (Forever) Live and Die, una de sus grandes canciones cargadas de elegante estilo.

APAGÓN Y REENCENDIDO
Vendrían años difíciles: la desbandada terminó con la separación del dueto base y el resto de la década transcurrió en silencio. Humphreys formó la banda Listening Pool y McCluskey continuó con las orquestales maniobras en la oscuridad. Regresó con Sugar Tax (91) y continuó con el bailable Liberator (93), en el que colaboró de manera tangencial Humphreys, y el terminal, en apariencia, Universal (96), obras sin igual nivel de consistencia de las que, sin embargo, se pueden extraer algunas gemas pop como Pandora´s Box (It´s a Long Long Time), Call My Name, Dream of Me (Based on Love´s Theme) y Walking on the Milky Way, entre algunas otras menos conocidas.
Cuando todo parecía finiquitado y cuando muy pocos lo esperaban, el dueto base decidió reunirse para dar un concierto e interpretar su disco de 1981, junto con los viejos conocidos Malcolm Holmes (batería) y Martin Cooper (sax, teclados): el primer resultado fue Live: Architecture & Morality and More (08) y el segundo, por lo visto, las ganas de volver a grabar, tal como se vio reflejado en History of Modern (10), con una notoria carga nostálgica (ahí está If You Want It) pero sonando sin anacronismo alguno, como se destila en la pacificadora New Holy Ground y en las solventes History of Modern (part I) y Green, sonando como si nada hubiera sucedido.
Para demostrar que no se trató de un mero estertor, después de Live in Berlin (11), están de regreso con English Electric (13), retomando las preocupaciones por el humanismo, como en su disco Dazzle Ships y desde el corte introductorio Please Remain Seated, en tiempos de excesiva presencia de las tecnologías, particularmente las relacionadas con la robótica: “un futuro tan brillante que quema mis ojos… una casa y un coche y una esposa robot”, se lee en el cuadernillo de estética arquitectónica que pareciera trasladarse a la música de énfasis geométrico. Y claro que el espíritu de HAL 9000 se pasea por algunos de los cortes transicionales.
Metroland y Kissing the Machine, con la colaboración de Claudia Brücken (Propaganda), las podría firmar Kraftwerk en sus épocas dulces, mientras que Night Café nos vuelve a colocar en un apacible estado retro, pronto interrumpido por los susurros de la cortante The Future. Helen of Troy continúa la línea de incorporar mujeres épicas y Our System avanza con cautela, entre coros de ángeles cibernéticos y descargas con voltios controlados, como la insistente cuenta regresiva que atraviesa Decimal, antecedente de la evocativa Stay With Me, petición recurrente en tiempos idos.
El álbum cierra con la rítmica Dresden que suena sumamente familiar, para hacer otra parada verbalizada en Atomic Ranch, cual vida en la Matrix y terminar el recorrido con Final Song, integrando un sampleo de Lonely House y vocalizada por Abbey Lincoln. Vinieron como parte del Festival Corona el año pasado y ahora, en su justa dimensión, se presentan nomás ellos para revivir emociones que, uno nunca sabe, pueden seguir presentes en nuestras narices: es cosa de olfatearlas y seguir caminando por la vía láctea.