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EL PEQUEÑO GENIECILLO DE MINNEAPOLIS

15 mayo 2016

Prolífico para producir y componer, al grado de dar y regalar canciones a sus colegas o protegidos; talentoso para la interpretación con el instrumento que se le pusiera enfrente; ecléctico para crear su imaginería visual y auditiva, alrededor de una apuesta por la sensualidad; incansable para girar por el mundo, desparramando ritmo y buena vibra; trascendente a juzgar por las incontables influencias escuchadas en músicos de su generación y de las posteriores: “suena a Prince”, solemos decir.

ENTRE EL ECLECTICISMO Y LA TRANSGRESIÓN

Los ochentas fueron, en buena parte, suyos, después de alzar la mano para hacerse presente a finales de los setenta con For You (1978), en el que se hizo cargo de todos los instrumentos y composiciones, y el homónimo Prince (1979), centrado en un funk de sustento pop. Ya se reflejaba su notable rango vocal, que puede ir de una agudeza chirriante a una serenidad esotérica, y algunas de sus preocupaciones temáticas como el sexo y el amor, la espiritualidad y la condición de raza, entre otras, además de su ojo clínico para el gancho melódico y la rítmica voluptuosa.

Grabó obras maestras alejadas de la popularidad y grandes discos enclavados en la lógicaPrince 1 del mainstream, revisitando una multiplicidad de géneros con el funk como piedra angular para de ahí dispararse con absoluta soltura por los terrenos del folk, el pop, la new wave ochentera, el jazz y el soul: las músicas negras encontraron a su nuevo abanderado, navegando entre el espíritu experimentador y la seguridad cohesiva del hit irreprochable.

Durante los noventa no dejó de componer y se enfrentó junto con su banda The New Power Generation, al poder de las disqueras; una conversión religiosa a principios del milenio marcó parte de su propuesta musical a lo largo de la primera década de los dosmiles, manteniéndose presente pero un cuanto tanto al margen de los reflectores, al igual que los años subsiguientes, sin dejar de producir y reencarnar según el signo de los tiempos.

Prince Rogers Nelson (Minnesota, 1958–2016) fue, como cabría esperarse, un niño genio que aprendió a tocar el piano de oído. Nombrado así por la banda en la que tocaba su padre, un aspirante a músico de jazz, se volvió multiinstrumentista cuando todavía no le cambiaba del todo la voz y en sus primeras presentaciones escolares prefería no cantar. Sus notables influencias empezaban a revelarse: de Jimmy Hendrix a The Beatles y de James Brown a Parliament/Funkadelic, pasando por el gigante Duke Ellington y Stevie Wonder, por mencionar algunos notables.

Con la transgresión como bandera, en particular acerca de las convenciones y roles sexuales, asumió el púrpura como color distintivo, a saber si por ínfulas monárquicas, mero gusto o por cierta referencia hacia los Vikingos de Minnesota, el equipo de fútbol americano del cual fue fan y al que le compuso la pieza Purple and Gold. No faltaron a lo largo de su trayectoria mujeres a las que protegía e impulsaba musicalmente, incluso hasta sus últimos discos.

MY NAME IS PRINCE

El inmediatista y descarnado Dirty Mind (1980) fue su primera gran obra, integrando géneros y estilos con sorprendente fluidez y organicidad, girando temáticamente alrededor del sexo; Controversy (1981) transitó por caminos similares en términos musicales con abundancia de sintetizadores y su enfoque temático se orientó más al ámbito político y de protesta social, sin dejar del todo la vertiente sexual.

Con 1999 (1982) se dio a conocer, sobre todo con la pieza titular, entre públicos más allá del circuito del funk, abriendo la puerta para Purple Rain (1984), uno de los discos más vendidos en la historia y que produjo, en contraste con su brillantez, una película de dudosa manufactura que pronto se volvió gusto culposo de más de uno. Junto con su banda The Revolution, las canciones destilaban un pop de sensible y efusiva orientación: a partir de aquí, la lluvia cambió de tonalidades.

Con Paisley Park, Raspberry Beret y Pop Life incendiando la radio, grabó Around the World in Day (1985), seguido por Parade (1986), fungiendo como el soundtrack de la olvidable película Under the Cherry Moon; ambos se orientaron hacia la búsqueda de nuevas fronteras donde colindaba la psicodelia y el rock de pretensiones artísticas con todo y la oda funky al beso. Por estos años compuso el clásico Nothing Compares 2 U, que hiciera famosa unos cuantos años después Sinnéad O’Connor con sentida interpretación.

Al parecer, estos discos resultaron ser preparatorios para el enorme en todos sentidos Sign ‘O’ the Times (1987), otro de sus álbumes esenciales y uno de los discos clave de la década en el que sobrevuela un espíritu góspel, además de la consabida integración estilística. El aliento alcanzó para que al final del año apareciera The Black Album (1988), con una reedición oficial en 1994, direccionado por su característico funk potenciado por sonidos prestados del rock.

Pero como lo suyo era desconcertar a propios y extraños, pronto dio una vuelta de timón con Lovesexy (1988), que pasó más o menos desapercibido con todo y su muy particular portada, en contraste con Batman (1989), efervescente soundtrack para la película de Tim Burton con un Jack Nicholson desatado. La secuela de Purple Rain se llamó Graffiti Bridge (1990), disco altamente disfrutable con la presencia de George Clinton, pero poco apreciado por el mercado; para seguir neceando, se acompañó de una película que resulta fácil de olvidar.

EL PODER DEL SÍMBOLO

Los ochenta quedaron atrás y las predominantes tendencias musicales de fin de milenio le daban la bienvenida a la electrónica, al hip-hop, al indie y al grunge, entre otras. Fuera de ellas, seguían surgiendo grupos nuevos y se mantenían los sobrevivientes más allá de las vetas socorridas. Prince continuó en plan chambeador con el notable Diamonds and Pearls (1991), interpretado con su nueva banda que le brindaba una robusta sonoridad basada en una orientación hacia el R&B.

El disco conocido como “The Love Symbol Album” (1992), de rítmica contagiante con alguna salpicada de reggae, empezó a marcar sus disputas contra los consorcios musicales, en particular con Warner, y a favor de la libertad del artista, asediada por los cronogramas y dictados de la empresa: incluso cambió su nombre al símbolo que parece ser una letra p con las referencias a los íconos que representan lo masculino y femenino.

Con la finalidad de cubrir el acuerdo previo con la disquera, apareció el cumplidor Come (1994), firmado como Prince: libre de ataduras contractuales volvió a nombrarse como el símbolo identificador en Gold Experiencie (1995), una especie de demostración de lo que todavía era capaz de hacer: entregar un disco que podía llamar la atención, redondo a lo largo de los cortes y con The Most Beautiful Girl in the World como sencillo pegador. Curiosamente, una voz femenina en español anunciaba que El artista estaba muerto.

El siguiente año resultó, para variar, sumamente prolífico. Compuso el soundtrack Girl 6 (1996) de la floja película dirigida por Spike Lee; reafirmó su estatus de independencia con Chaos & Disorder (1996) y se destapó con la cuchara grande grabando el álbum triple Emancipation (1996), dándole un prolongado e incesante toque funky al espíritu libertario, propulsado por un poco de dance hall, jazz disfrazado de R&B y pop de rítmica irresistible.

Una colección de cortes que no habían aparecido anteriormente se integró en Crystal Ball (1998), que mostró ciertas dificultades para la distribución, al igual que New Power Soul (1998), pasando desapercibido incluso para quienes más o menos habían seguido la trayectoria del artista, no solo en los momentos de fuerte presencia mediática. La década cerró con Vault: Old Friends 4 Sale (1999) colección de su etapa con Warner y con Rave Un2 the Joy Fantastic (1999), más largo que memorable, con algún invitado y de baladera orientación.

CH-CH-CHANGES

Ya en el nuevo milenio, el inagotable compositor y virtuoso instrumentista decidió convertirse en Testigo de Jehová y empezó a cambiar de imagen, enfoque musical y de algunos colaboradores y protegidas: para muestra ahí está la interesante rareza Rainbow Children (2001), anunciando su nueva fe con una envoltura jazzera de inesperada tesitura. Este mismo año apareció The Very Best of Prince (2001), acaso la mejor compilación de su obra.

One Nite Alone (2002) fue grabado en solitario con todo y un cover de A Case of You de Joni Mitchell, encontrando su contraparte en un disco en vivo. Siguieron los instrumentales Xpectation (2003) y N.E.W.S. (2003), integrado por cuatro piezas como si de un divertimento se tratara. Todavía por los linderos de la producción comercial, grabó un par de álbumes bajo el título de Trax from The NPG Music Club, Volume 1: The Chocolate Invasion (2004) y Volume 2: The Slaughterhouse (2004).

Prince 2Después de esta etapa al margen, volvería al mundo del mainstream, bien conocido por él, con Musicology (2004), su mejor obra desde inicios de los noventa, recordando su etapa de mediados de los ochenta, y con el sólido 3121 (2006), acompañado de la cantante Támar y de Maceo Parker. El impulso creativo alcanzó para Planet Earth (2007), cual relajado y convencido canto para la casa de todos, entre citas esotéricas y música confeccionada con el sabor de la experiencia.

El guitarrero LotusFlow3r (2009) se integró a otros dos discos para conformar otro triplete: el funketo retro MPLSound y Elixer, firmado también por la vocalista de R&B Bria Valente, una de sus múltiples discípulas. Una vez más usando diarios y revistas como medios de distribución, al igual que en el caso de Planet Earth, presentó 20Ten (2010), ahora convertido en un disco difícil de conseguir que seguía la tendencia surcada entre el soul, el funkpop, el acento roquero y el R&B.

Tras una reconciliación con Warner Bros. y la realización de diversos sencillos, regresó al formato largo, moda afro incluida, con el disfrutable Art Official Age (2014) y PlectrumElectrum (2014), secundado por el energético trío femenino3rdEyeGirl. Y para cerrar la trayectoria, otro doblete: HITnRUN: Phase One (2015) y HITnRUN: Phase Two (2015), álbumes que antecedieron la intención de salir de gira bajo la lógica del piano y el micrófono misma que no podrá disfrutarse en este planeta, acaso en algún otro microcosmos de elusivas tonalidades doradas.

Después de 38 álbumes en estudio, más los que se vayan acumulando a través de las grabaciones que dejó en el tintero; una presencia cargada de una iconografía por completo distinguible; reflexiones constantes sobre el papel del artista en el mundo de las mercancías y transacciones y, sobre todo, la trascendencia estética frecuentemente identificable en múltiples propuestas actuales, el pequeño geniecillo de Minneapolis se ha despedido para emprender su viaje intergaláctico, de cósmicas resonancias.

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VISITAS FEMENINAS

8 abril 2014

Varias presentaciones en curso de solistas y grupos femeninos, instaladas en géneros diversos del amplio espectro rocanrolero e incluso del jazz, funk y soul. De latitudes lejanas pero con una cercanía que parecieran haber nacido en el vecindario de junto, dada la posibilidad actual de escuchar música de todas partes con relativa accesibilidad. Veamos.

INICIANDO TRAYECTORIAS
Para cerrar el Festival Internacional de Música Indie de San Miguel de Allende, se presenta la joven cantante Lorde (Auckland, 1996), quien después de grabar el EP The Love Club (2013) y darse a conocer por Internet de acuerdo a los tiempos que corren, presentó su largo debut Pure Heroin (2013), álbum poblado de canciones que huelen a ese espíritu adolescente en tono contenido, soportadas por instrumental electrónico de orientación melódica con vocalizaciones frágiles pero convencidas.
Sin duda la neozelandesa admite influencias dentro del mundo de los góticos noventeros y comparaciones con varias cantantes contemporáneas que parecen marcar tendencia (Lana del Rey, Zola Jesus, Sky Ferreira, Lykke Li, Grimes), pero puede llegar a distinguirse pronto dada su habilidad para convertir sus obsesiones en piezas ensoñadoras. Por lo pronto y con la ayuda de Joel Little en la producción y ejecución, la nacida como Ella Yelich O’Connor entregó uno de los debuts femeninos más importantes del año. Ya veremos qué sigue.
Por su parte, Savages es un cuarteto de mujeres intensas que han bebido del movimiento de las riot grrrl, del punk inglés con tintes arty y de PJ Harvey como figura de referencia. Se formaron en Londres en el 2011, cuando la guitarrista Gemma Thompson y la cantante Camille Berthomier (Jehny Beth) decidieron formar una banda; pronto se sumaron Ayse Hassan en el bajo y Fay Milton en la batería para empezar a hacer ruido en diversos escenarios y desparramar energía sin necesidad de cuota de género.
Se presentaron en sociedad con el enervado álbum Silence Yourself (2013), de sugerente título y a través del cual se insertaron en la vertiente de colocar la agresión como instinto de sobrevivencia y sustento de expresión; estas rabiosas debutantes nos plantean una llamada de atención en clave decidida para tomar conciencia de nuestro alrededor; la cara salvaje de la feminidad, tan atrayente como absorbente, mirándonos de frente y directamente al sistema nervioso.

DESDE LAS INTERMINABLES TIERRAS DE LA CABEZA DEL MUNDO
Originarias de Calgary y asentadas en Vancouver, las gemelas conocidas como Tegan and Sara, de talento pianístico precoz, debutaron con The Business of Art (2000) y de pronto ya andaban de gira con Neil Young y The Pretenders, ahí nomás. Posteriormente grabaron If It Was You (2002) y So Jealous (2004), con el que ampliaron su rango de escuchas a partir de una propuesta folk con notorios coqueteos pop.
The Con (2007) significó un paso adelante en su espectro estilístico, ampliando sus configuraciones rítmicas y armónicas aderezadas con florituras punk, justo para después armar su fiesta personal con Santihood (2009), transportándonos a los años ochenta casi sin darnos cuenta. Get Along (2011) resultó una obra de mantenimiento Hearthtrob (2013) le pusieron un poco de beat electrónico a su propuesta habitual y el resultado terminó por ser una delicia, como para animar hasta a los menos aptos para levantarse del asiento.
La compositora, pianista y cantante Elizabeth Shepherd, después de orientarse al campo de la música terapéutica y trabajar como mesera en un piano bar de Toronto, donde tuvo la oportunidad de mostrar sus habilidades musicales, debutó en formato de trío con Start to Move (2006), cual llamativo primer movimiento con elusivos juegos vocales, incorporando una larga tradición de voces femeninas en el mundo del jazz.
La asentada en Montreal, continuó con Besides (2007), conformado por remixes y por Parkdale (2008), en el que exploró una veta más cercana al R&B y al funk; tras una breve pausa, volvió con Heavy Falls the Night (2010), en el que predominaron las piezas propias y Rewind (2012), cantando clásicos con atrayente soltura en inglés y francés, mientras que se convertía en madre de una hija a quien el disco está dedicado: las experiencias vitales se conectan con la creación artística de manera íntima y celebratoria.

ASÍ ES LA VIDA
Macy GrayDe la tradición impuesta por personalidades de la talla de Ella Fitzgerald y Billie Holiday, y continuada por Aretha Franklin, Nina Simone, Tina Turner y Patti LaBelle, hoy contamos con alumnas aventajadas que se han adaptado a los tiempos que corren, insertando sus privilegiadas voces en contextos musicales que igual van del soul al funk, que del rock al hip-hop e incluso del R&B a la llamada world music. Macy Gray es una de ellas.
Originaria de Ohio, aprendió a tocar el piano desde pequeña, cuando su voz llamaba la atención por su simpático timbre. Se trasladó a Los Ángeles donde empezó a escribir y cantar y pronto fue reclutada por una banda de jazz local. Ya encarrerada, entró al estudio de grabación para estampar On How Life Is (1999), su debut. “Se trata de canciones que reflejan simplemente lo que me ha sucedido; no estoy hablando para el mundo entero y no tengo un gran mensaje, sólo espero que la gente pueda relacionarlas con su vida”, comentó la cantante tras la exitosa aparición de su ópera prima.
El disco sorprendió por varios motivos: la voz gangosa, como de bruja, que alcanzaba amplios registros y que igual iba de la intimidad a la euforia con una facilidad pasmosa; las letras, basadas en vivencias propias y composiciones ya dolorosas, ya festivas, y una solvente instrumentación, que terminó por hacer de esta producción uno de los mejores trabajos de aquel año. Su segunda entrega, The Id (2001), confirmó las expectativas generadas, burlando el clásico síndrome del gran debut.
Si bien no ha conseguido igualar el listón levantado al inicio de su discografía, la también compositora ha mantenido presencia a lo largo de los siguientes años, con obras como The Trouble with Being Yourself (2003), a la que les siguieron una recopilación y un álbum en vivo. Regresó con Big (2007), el mejor disco desde su debut gracias, en parte, a la producción de will.i.am, quien movió las certezas de la cantante. En The Sellout (2010) se animó a escribir las letras sin demasiada fortuna; en Covered (2012) revisitó con soltura propia del R&B a varios colegas y en Talking Book: The Re-Imaging of a Classic (2012) hizo lo propio con el gran disco de Stevie Wonder.

SONIDOS NOVENTEROS

12 marzo 2013

La última década del siglo pasado representó un ensanchamiento de fronteras para el rock, en cuanto término genérico: a pesar de que varios estilos y formas ya existían y cuyos orígenes se pueden rastrear desde hace varios años, fue en los años noventa cuando se volvieron mucho más visibles. La música electrónica, el grunge, el rock alternativo y el hip-hop, por mencionar algunos ejemplos, salieron a la luz mediática como nunca antes en su historia: fue durante los años ochenta cuando se fueron germinando las condiciones para que tal fenómeno eclosionara hacia finales del milenio.
Tres grupos centrales de aquellos años, que de alguna manera proyectan herencias musicales largamente cultivadas y que se convirtieron en auténticos actos de la escena roquera, nos visitan durante esta semana, como para reparar nostalgias y afrontar futuros inciertos. Lo cierto es que siguen vivitos y coleando.

CONFORMACIÓN
BlurHacia 1989 en Londres, el creativo tecladista, letrista privilegiado y vocalista Damon Albarn formó un grupo llamado Seymour, junto al versátil guitarrista Graham Coxon y al bajista Alex James, a quienes se les unió poco después el baterista Dave Rowntree. Ya renombrados como Blur y cargando con toda la tradición del rock inglés en algunas de sus múltiples variantes, debutaron con Leisure (91), en el que se asomaba cierta psicodelia y la búsqueda de un ámbito propio de expresión con claras influencias de Stone Roses y Happy Mondays.
Mientras tanto, también en Londres, el cantante Karl Hyde y el guitarrista Rick Smith formaron primero Freur y después Underworld, nacido con el influjo del espíritu ochentero para después abrazar la electrónica en definitivo aún con salpicadas de sus orígenes. Debutaron con Underneath the Radar (88) y continuaron con Change the Weather (89), par de álbumes que parecieron un calentamiento para lo que vendría después, ya con el DJ Darren Emerson como tercer miembro y cuya influencia se inclinó hacia un tecno en franco coqueteo con sonidos trance.
Comandado por el hiperkinético bajista Les Claypool, quien gusta de adentrarse en el noise, el funk y el punk con toques experimentales y hasta humorísticos, Primus se integró en San Francisco durante la segunda mitad de la década de los ochenta con Larry Lalonde (guitarra) y Tim Alexander (batería), considerando osteriores cambios de alineación. Debutaron con Suck of This y Frizzle Fry, ambos álbumes puestos en circulación en 1990, con todo y el fantasma de Frank Zappa rondado y algunos apuntes de pesadez progresiva que empezaban a denotar porqué Claypool es uno de los grandes en su instrumento.

APOGEO
Los todavía jóvenes de Blur asumieron muy pronto la bandera, junto a Oasis, del movimiento conocido como Britpop. Con álbumes como el rompedor Modern Life is Rubbish (93), la obra cumbre ParkLife (93) y The Great Escape (95), ya en la cúspide y vuelto otro clásico de la década, se encargaron de reiterar porqué los grupos ingleses son al rock lo que Brasil o Argentina al fútbol: ahora con ecos de los grandes referentes como The Kinks, The Jam y, por supuesto, de The Beatles, la banda cerró el siglo con los dignos Blur (97) y 13 (99), como para echar el resto y empezar a voltear hacia otros derroteros.
Con Dubnobasswithmyheadman (93), Underworld se convirtió en una de las principales apuestas de la electrónica, Underworldelevándose a un mundo donde conectaron con los seres nocturnos y demás criaturas que solo sobreviven con luz artificial, quienes recibieron una nueva dosis de talento digital con Second Toughest in the Infants (96), en el que se incluyó, en disco específico, Born Slippy, composición que acompañó las intensas aventuras autodestructivas de los personajes de la ahora clásica Trainspotting (Boyle, 96). Cerraron la década con Beaucoup Fish (99), cuidada producción que mantuvo un elusivo tecno vocalizado de atrevida electricidad.
Tras sus primeras obras, Primus vivió un proceso expansivo de energía rítmica, buen humor y desfachatez imposible de pasar desapercibida, como lo mostró el incansable Sailing the Seas of Cheese (92), álbum que abrió la compuerta para el absorbente Pork Soda (93); Tales From the Punchbowl (95), ya con una fama a cuestas que ni sombra les hacía; The Brown Album (97), en plena madurez; Rhinoplasty (98) y Antipop (99), como para comerse el fin de siglo a punta de ironía y rítmica corrosiva, solo para orejas con negro sentido del humor y estómagos aptos para el reflujo.

PrimusCONTINUIDAD
Think Thank (03) es la última grabación con canciones nuevas de Blur, aunque recientemente aparecieron un par de joyas para coleccionistas llamadas Blur 21 (12), integrada por 18 CD´s y 3 DVD´s, y Parklive (12), en consonancia con los Juegos Olímpicos de Londres; en tanto, Coxon siguió con una notable trayectoria solista y Albarn se convirió en hombre multiproyectos, incluyendo el famoso combo de estética caricaturesca conocido como Gorillaz, entre otras muchas apuestas que denotan el talante tan inquieto como creativo de este músico cada vez más abarcador.
Por su parte Underworld saludó al milenio con el solvente Everything, Everything (00), al que le siguieron A Hundred Days Off (02) de escasa resonancia; la participación en el soundtrack de Breaking and Entering (06), filme de Anthony Minghella (acá traducido como Violación de domicilio); Oblivion With Bells (07), de corte transicional; Athens (09) cual especie de duelo en la tarima y Barking (10), con cierta cercanía a la estética pop. Primus, en tanto, reapareció tras un prolongado silencio con Green Naugahyde (12), bienvenido regreso cargado de la cuota necesaria de irreverencia, siempre sostenida por el talento de un bajo que se resiste a quedar encasillado.