Posts Tagged ‘Maternidad’

PROMETEO: EN BUSCA DEL FUEGO ILUMINADOR

20 junio 2012

Los dioses pueden tener razones para estar arrepentidos de haber creado al ser humano, aunque por lo que nos cuenta la mitología griega, ellos tampoco eran un dechado de virtudes: siempre es más fácil ver los errores en el otro. Castigar al titán Prometeo, uno de los doce o trece según la versión que se tome, con un águila que le devoraba su hígado una y otra vez por robar y darle el fuego a los simples mortales, parecería excesivo, sobre todo porque las capacidades para usarlo como detonante del progreso, fueron diseñadas por los propios habitantes del Olimpo, quienes a fin de cuentas perpetraron una especie de golpe de estado celestial, mandando a sus rivales al Tártaro.
En una nave que toma el nombre del Titán referido, acaso como una metáfora dada su misión para encontrar las grandes respuestas de la humanidad -¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Cuál es nuestro propósito?- un grupo de tripulantes conformado por médicos, geólogos, arqueólogos, pilotos, una jefa corporativa, un androide y un fantasma en formato de holograma, se lanzan a buscar certezas en los confines del universo hacia finales de este siglo, específicamente en el planeta LV 223, dados los hallazgos, algunos años antes, de las coincidencias entre los mapas astrales de varias culturas ancestrales llevados a cabo por una pareja de investigadores.
Dirigida por Ridley Scott (Los duelistas, 77; Red de mentiras, 08) recuperando el brío mostrado en Los impostores (03) y Gánster americano (07), que parecía perdido con Robin Hood (10) y otras cintas demasiado genéricas, Prometeo (Prometheus, EU, 12) es una exploración arriesgada por los recovecos del cine de ciencia ficción, con el evidente sustento de Alien (79) y Blade Runner (82), sus dos obras maestras consecutivas del género, que consigue absorbernos como parte de la misión gracias a la abrasiva puesta en escena, al desarrollo de ciertos personajes, el diseño de las criaturas entre monstruosas y divinas, y a una premisa que termina por ser inquietante, a pesar de que el argumento pareciera hacer agua en ciertos lapsos del film.
El arranque de la historia es sumamente poderoso con un doblete de prólogos que saben dejar la mesa bien puesta: un alienígena humanoide destruyéndose y dejando su DNA en el agua cual impronta para la vida y el descubrimiento, milenios después, de una pintura rupestre con un mapa del cielo que confirma un pasado común de todas las grandes civilizaciones. En su desarrollo, se advierten claramente dos episodios: uno que se intenta acercar a 2001: Odisea del espacio (Kubrick, 68) tanto en contenido como en forma y en cierta forma a Misión a Marte (De Palma, 00), y otro que resulta más derivativo y movido con todo y tintes terroríficos, para entroncar y retomar el camino con un abridor y emocionante desenlace que deja puertas abiertas a la imaginería del espectador y de los productores que gustan de secuelas rentables.
La porosidad del guión escrito por Jon Spaihts (La última noche de la humanidad, Gorak, 11) y Damon Lindelof, uno de los responsables de la serie Lost, va soltando intrigantes preguntas abiertas de interesante reflexión, pero también cayendo en una que otra incongruencia que lo hace ver, por momentos, perdido: ¿Por qué algunos de los atacados mueren y otros se vuelven agresivos? ¿Por qué el feto solo tiene forma de calamar y ningún rasgo humano? ¿Por qué la arqueóloga entra tan fácil a la sala para hacerse la cesárea si había tantas restricciones? ¿En qué momento mágico algunos asumen el papel de héroes kamikazes?
Scott vuelve a colocar la dimensión femenina vinculada al heroísmo como lo hiciera en su clásico Thelma & Lousie (91), en la figura de la protagonista, interpretada llena de fe y coraje por Noomi Rapace, en la línea de Sigourney Weaver y su inmortal Ripley. En contraste, Charlize Theron funciona como la gélida mandamás, mientras que Michael Fassbender nos regala una exquisita mixtura entre el Peter O’Toole de Lawrence de Arabia (Lean, 62) y David Bowie en El hombre que cayó a la Tierra (Roeg, 76). Un poco inexplicable resultan la selección de Guy Pearce para interpretar a un anciano y el escaso desarrollo del resto de los tripulantes.
A la Impecable dirección artística y puesta en escena minuciosa y nítida, a pesar de la envolvente construcción de atmósferas lúgubres y hostiles, habría que sumarle una fotografía y manejo de cámara siempre preciso, aprovechando el diseño minimalista de interiores, con los contrastes de grandilocuencia en la nave de los ingenieros, y las explanadas rocosas de Islandia, así como una edición tan fluida como la poderosa sustancia oscura que invade venas y organismos para transformarlos en definitiva.
La presentación de temáticas como la fe no solo en un creador sino en las propias convicciones; la evolución como cadena de eventos ajenos a la linealidad; la maternidad como incomparable posibilidad de crear vida y la reflexión acerca de la compleja naturaleza humana, resultado de la acción de algún ser supremo o de una milenaria concatenación de nexos causales y acaso casuales, permiten que el filme trascienda la sala de cine y se mantenga en las conversaciones posteriores de quienes también nos hacemos estas preguntas, cuando la sobrevivencia nos lo permite.

LOCO POR ELLA: MADRE SOLITARIA, PADRE POR DESCUBRIR

17 septiembre 2010

Decido ver la película de Speck y Gordon por tres motivos: se basa en Baster, cuento publicado en el New Yorker de Jeffrey Eugenides, autor de la sutilmente dolorosa Las vírgenes suicidas (93), después vuelta película por Sofia Coppola, y de la monumental Middlesex (02); en segundo lugar, por la presencia siempre confiable de Jason Bateman, actor capaz de moverse por los distintos rangos de la comedia y, en tercer término, por volver a ver a dos actores medio desaparecidos que siempre me parecieron poco aprovechados: Juliette Lewis y, sobre todo, Jeff Goldblum.
En contra estaba la presencia de Jennifer Aniston, empeñada en actuar de sí misma –mala señal si se habla más de tu vida personal que de las películas en las que actúas- y que con obras como Una buena chica (02) y Amigos con dinero (06), prometía mucho más de lo que hemos terminado por ver en cintas perfectamente olvidables como Mi novia Polly (04), Dicen por ahí… (05), Viviendo con mi ex (06), Un amor inesperado (09) o El cazarecompensas (10). La serie Friends terminó por pesar más de lo que debiera.
Con título en español de absoluto lugar común y sin tener que ver con la trama, Loco por ella (The Switch, EU, 10) es una comedia romántica en tensión: por una parte, respondiendo a las convenciones del género y por la otra, buscando mantenerse fiel a su origen literario. De hecho, la primera mitad más o menos lo consigue, justo hasta el cumpleaños que es donde termina el cuento de Eugenides, en el que también aparece un aborto y el protagonista es bastante más feo que Bateman; después, empiezan a predominar los clichés con triángulo amoroso incluido (Patrcik Wison es el donador vuelto tercero en discordia) y reconciliaciones improbables.
Temáticas como la búsqueda de la maternidad más pensando en evitar la soledad que en generar vida; las nociones darwinianas de la selección natural; la fecundación in vitro y la importancia del rol paterno, apenas se esbozan: de hecho, los mejores momentos del film transcurren en la relación que establecen padre e hijo, con diálogos sombríamente chispeantes y recordando a Un gran chico (Weitz, 02) basada en la novela de Nick Hornby.
Una película que optó por la convención a pesar de contar con la oportunidad de transitar un camino distinto, bien delineado por la fuente en la que se basa: seguramente le irá mejor en taquilla pero no resistirá demasiado el paso del tiempo.

LA DESCONOCIDA: BÚSQUEDA FRENÉTICA

22 marzo 2009

El abordaje del tema del tráfico de mujeres del este de Europa para explotarlas como prostitutas en los países occidentales, ha sido retomado en cintas como la dolorosamente conmovedora La vida secreta de las palabras (Coixet, 05) o en la cruda Las alas de la vida (Moodysson, 02). Mujeres cuyo pasado en extremo traumático se niega a desaparecer, tocando la puerta de un presente que nunca termina de consolidarse como tal, dadas las vejaciones sufridas, profundamente insertadas en la memoria.

Ahora al tema se le suma el de la venta de recién nacidos en el intenso drama fragmentario vuelto thriller La desconocida (Italia-Francia, 2006), cinta dirigida por Giuseppe Tornatore (de El camorrista, 86 a Baaria, La porta del vento, 08, pasando por Cinema Paradiso, 87, La leyenda del pianista, 97 y Malena, 00), en el que una mujer ucraniana de pasado tortuoso (Kseniya Rappoport, intensa), busca entrar a trabajar a una casa en la que vive la que supone es su hija junto a su madre, para lo cual empleará cualquier método, incluyendo toda clase de, literalmente, zancadillas.

El drama social, incluyendo la velada xenofobia, queda como telón de fondo para dar paso a un rompecabezas sustentado en el suspenso: los recuerdos aparecen como implacables golpes afectivos, en flashbacks breves e intensos, que van configurando las acciones presentes en un principio desprovistas de un sentido claro. El espíritu hitchconiano sobrevuela toda la narrativa dosificando la información para el espectador y manteniendo un extraño ritmo trepidante, a pesar de no incluir demasiadas secuencias de acción.

Si bien por momentos se fuerzan ciertos sucesos –un abuso del ya merito para crear una tensión que no se necesitaba- y se extrañan algunos cierres de ciertos personajes- el destino del papá adoptivo, del cuidador del edificio o de la colega- el armado de las secuencias, desde esa humillante selección de mujeres anónimamente enmascaradas hasta las de violencia explícita, permite en lo general pintar un fresco absorbente de las vicisitudes de la protagonista.

Elementos simbólicos como la escalera de caracol, cual laberinto que conduce al destino definitivo; las fresas cual único recuerdo reparador; las plantas sobrevivientes en las macetas del balcón, y la incapacidad de la pequeña por defenderse de las caídas y de sus compañeros, le brindan al relato una dimensión más allá de la mera descripción minuciosa de los hechos, pasados y presentes, y consiguen establecer una pertinente profundidad en la intensa relación que establecen la desconocida del título y la niña.

La cámara igual capta escenarios amplios que se pone a ras de piso, mostrando una eficaz composición de los diversos elementos del encuadre: ahí está la eficaz utilización de la profundidad de plano en las secuencias de tensión donde todo puede quedar al descubierto, o los objetos en primer plano como referente continuo a explicaciones que vendrán después. Mientras, el maestro Morricone asesta golpes sonoros que se entremezclan con segmentos más melódicos en función de la intencionalidad del momento visual.

El sentido y la continuidad se sustenta en la búsqueda: de la identidad de la pequeña; del hombre amado ahora desaparecido; de la servidora doméstica vuelta amiga, víctima y escucha forzada; de un resquicio para huir del abusivo proxeneta y, al fin, de un futuro que por lo menos ocupe más espacio en los pensamientos que el implacable pasado acechante.

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx