ESPÍAS DESENFADADOS

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Las películas de espías se han vuelto muy serias, le dice Samuel Jackson a Colin Firth en una tensa y divertida conversación que sostienen acerca de los clichés que pululan en las cintas de acción en general: además, rememoran los primeros filmes de James Bond mientras saborean unas hamburguesas en bandeja de plata y miden fuerzas una vez que han descubierto su inevitable rivalidad.

El subgénero ha dado pie a diversas tendencias que van de un realismo ajeno a cualquier tipo de glamour (La vida de los otros, 2006; Un enemigo en casa, 2007; El espía que sabía demasiado, 2011; El hombre más buscado, 2014) a la comedia que viaja entre la parodia y el homenaje con la serie, no la película, del Súper Agente 86 como referencia principal (Espías como nosotros, 1985; Johnny English, 2003/2011; Austin Powers, 1997/1999/2002), pasando por el tratamiento deliciosamente idealizado justamente con James Bond a la cabeza, aunque recientemente se haya tenido que manchar las manos en las estupendas películas protagonizadas por Daniel Craig, en la línea de Jason Bourne y otros atormentados y vulnerables personajes.

La veta del espionaje sigue dando buenos frutos, como se puede advertir en la intensa serie Los infiltrados (The Americans, 2013 – ), que ya comentamos en este espacio, y en películas recientes que amplían las posibilidades para seguir disfrutando de estos personajes y sus emocionantes aventuras, ya sea desde la lógica del humor o de la estética comiquera y de videojuego, como sigue.

ESPÍA EN TUBOS Y CHANCLAS

Realizada con preciso sentido cómico y flexible dirección de actores por Paul Feig, Spy: Una espía despistada (EU, 2015)Espía es una hilarante comedia que se sustenta tanto en la creación de situaciones como en ingeniosas líneas de diálogo, además de jocosas interpretaciones con el necesario énfasis para que los personajes se desarrollen más allá de los meros estereotipos chistositos. La trama es más o menos convencional: varios malosos están en busca de adquirir una bomba y una eficiente analista que ayuda a su compañero en el trabajo de campo desde su computadora, tiene que entrar al quite para salvar al mundo.

El director vuelve a hacer mancuerna con Melissa McCarthy, después de Damas en guerra (2011) y Chicas armadas y peligrosas (2013) para desarrollar un papel que pareciera estar pensado para ella, dado su registro interpretativo: así, puede ser una dulce analista, la mejor vendedora de algún estado del medio oeste norteamericano, la loca de los gatos que no falta ni en Los Simpsons, la tía que nadie quiere ir a visitar, una explosiva armapleitos o una lépera guardaespaldas, según se necesite.

El registro cómico de la protagonista se ve potenciado por una serie de interacciones con otros intérpretes para resolver algún tipo de asunto: con Jude Law, su galán inalcanzable apenas susurrándole al oído a kilómetros de distancia y recibiendo espantoso regalo; con Jason Statham, quien no deja de burlarse de sí mismo y de sus personajes anteriores, al tiempo que minimiza a la agente recién integrada en campo; con Rosie Byrne, insultándose de lo lindo mutuamente a través de ingeniosos diálogos y confirmando el lugar común que este tipo de películas son tan buenas como la villana en cuestión; con su amiga Miranda Hart, toda una revelación de caras y gestos, aquí como un ideal complemento de la rotunda espía con peinados diversos y con Allison Janney, en ajustado plan anticlimático.

ESPÍA EN JEANS Y SWAG

Con base en la novela gráfica de Mark Millar y Dave Gibbons The Secret Service, y guion de la colaboradora habitual Jane Goldman, Matthew Vaughn dirige Kingsman: El servicio secreto (Reino Unido, 2014) con la necesaria dosis de picardía, vitalidad y estilacho entre elegante e irreverente. Cierta estética de videojuego, sobre todo en las coreografías de los divertidos pleitos, se combina con elementos de un mayor clasicismo que se refleja en las secuencias de entrenamiento y equipamiento de los futuros espías.

Una agrupación secreta pierde a uno de sus miembros y tiene que darse a la tarea de seleccionar a su reemplazo, para lo cual recluta niños bien de la sociedad inglesa, salvo un adolescente curtido en la lógica de las banquetas y los barrios de alumbrado público insuficiente. Al mismo tiempo, un villano de caricatura, peligroso por inestable y riesgoso por sus conexiones políticas (suena conocido), pretende ayudar al planeta haciendo un proceso de selección antinatural, de acuerdo con sus propios criterios y apoyado por una mortal fémina de aspecto cortante.

Además del dinamismo en la edición y el desarrollo de secuencias explosivas que integran pertinentes elementos deKingsman comedia, el filme cuenta con un reparto tan impecable como la elegancia de los caballeros ingleses: del venerable Michael Cane al contundente Mark Strong y del sofisticado Colin Firth a la impredecibilidad de Samuel L. Jackson, pasando por los cumplidores jóvenes Taron Egerton y Sophie Cookson.

Dentro de la filmografía de Vaughn, esta cinta está más cerca de No todo es lo que parece (Layer Cake, 2004), que por cierto incluía en su reparto al futuro James Bond, y de Kick-Ass (2009), el superhéroe común, que de Stardust (2007) y de la brillante X-Men: Primera generación (2011), aunque el realizador inglés vuelve a demostrar su capacidad para moverse dentro de los estándares del mainstream con gran soltura y astucia, ensanchando sus márgenes con pizcas de innovación e inteligencia.

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