Posts Tagged ‘Historia del fútbol’

MUNDIAL 2014: EL REGRESO DE LOS ONCE DE LA TRIBU

30 junio 2014

Los siguientes dos partidos de la ronda de octavos tuvieron un desenlace esperado, pero no por ello faltos de tintes trágicos, como cabría esperar por los equipos involucrados.

EL BALÓN COMO METÁFORA
Es uno de nuestros grandes escritores, como si de un medio creativo se tratara pero que igual se puede desempeñar en cualquier zona de la cancha letrística: novela, cuento, crónica, artículo periodístico, ensayo, teatro, literatura infantil y juvenil… en la posición en la que juegue, puede sorprender a la fanaticada y mantenerla complacida. Sabe jugar en corto, lanzar pases de cuarenta metros, profundizar y divertirse con la pelota, realizar trabajo de conjunto y rematar de forma tan certera que acaba por contagiarnos de un gran abanico de sensaciones y estados de ánimo propuestos.
Juan Villoro, lo sabemos, quiso ser futbolista pero terminó siendo escritor, para fortuna de sus lectores y de los aficionados a quienes no solo nos gusta ver los partidos, sino también leerlos. Hábil para la analogía y de fino sentido del humor, ha llevado el mundo del fútbol a la cotidianidad y viceversa, tejiendo grandes jugadas escritas que permiten disfrutar por partida doble un encuentro futbolero. Como él mismo lo puntualiza, el juego sucede dos veces, en la cancha y en la mente de cada quien; yo agregaría una tercera vez: al leer sus escritos uno puede recrear y volver a imaginar un desarrollo distinto.
En el volumen de crónicas Los once de la tribu (Punto de lectura, 1995) el autor de El testigo (2004) y Arrecife (2012) incluye un apartado titulado Estadios, en el que se encuentra el brillante texto que le da nombre al libro, además de Infancia en la Tierra, dedicado a los aficionados en los que es imposible no sentirse partícipe, aunque no le vayas al Necaxa; una conversación con el mítico Ángel Fernández y un rescatador escrito sobre el juego de pelota prehispánico, aún practicado hoy en día.
VilloroDios es redondo (Planeta, 2006) surgió a partir de una serie de artículos para el diario La Jornada, relacionados con el mundial de Francia en 1998, después sustanciosamente nutrido con otros escritos, incluyendo una sabrosa conversación con Jorge Valdano, y Balón dividido (Planeta, 2014), estructurado a partir de la idea de acuerdo al propio Villoro, de cómo el cronista espera el momento en el que los adversarios se dan cuenta que no existe uno sin el otro: figuras, equipos, estadios y los acostumbrados relatos con buena dosis de metáfora. Además, también sabe hacer buenas paredes con algún compañero, como quedó asentado en Ida y vuelta. Una correspondencia sobre fútbol (Seix Barral, 2012), lucidor diálogo entre el propio Villoro y Martín Caparrós.

SÍ HAY QUINTO MALO
Si no tenemos maldiciones, parece que nos gusta inventárnoslas. A las habituales que tenemos en las esferas política, económica y social, bañadas por la corrupción e impunidad, le hemos sumado otra más en el terreno futbolero: el quinto partido. Si llegamos a él, ¿qué vamos a hacer? Somos atacados por el síndrome del objetivo cumplido y entonces mejor no lo alcanzamos. Una primera media hora cuyo principal protagonista y condicionante fue el calor: ambos equipos administrándose aunque la selección mexicana, más habituada a estos climas, desplegó un mejor funcionamiento que empezaba a exprimir la naranja poco mecánica de Holanda.
Inexplicable la presencia de Dos Santos en el campo hasta que se volvió explicable. Un gol que se convirtió, extrañamente, en una loza para México: jugamos mejor hasta que anotamos y a partir de ahí, nos fuimos para atrás, aunque Herrera pedía lo contrario y mandaba señales, a través de los cambios, de que era momento de seguir teniendo la pelota e ir al frente. La avanzada holandesa, sin ningún tipo de brillo, se nos vino encima y terminamos perdiendo, más que ellos ganando.
Ochoa detuvo hasta las pelotas lanzadas en fuera de lugar, diciéndoles a los holandeses que tendrían que sufrir para provocar el ingreso de la pelota a la cuidadísima celada mexicana: vía Sneijder parecieron acusar recibo. Es curioso que siendo tan buenos para los clavados, hayamos perdido como consecuencia de uno que generó el penal. Robben es un gran jugador; ojalá no tuviera que recurrir al engaño para obtener un triunfo que debiera saberle a poco. Solo fuimos superados en el marcador que es lo cuenta pero no lo único que se recuerda. Una participación digna y satisfactoria de los nuestros: ojalá haya continuidad.

SIGUE LA PURA VIDA
Un partido al que no le sucedió demasiado durante la primera parte con dos equipos que se encontraban en estas instancias de manera inesperada: los centroamericanos dando la gran sorpresa y los europeos gracias a una serie de felices coincidencias. Transcurrieron los primeros cuarenta y cinco minutos alrededor de un temor a ser emboscado, más que a proponer hacia el frente, no obstante que se tuvieron algunas llegadas.
Como si estuvieran modelando para algún escultor mítico, los jugadores y el portero griego se quedaron inmóviles ante un balón que se escurría dolorosamente despacio hacia las redes de su portería. A partir de que se quedaron con 10, los ticos se defendieron como espartanos en minoría y lograron llevar el partido hasta la instancia de penales, solo permitiendo el empate de unos poco imaginativos griegos, en contraste con su inacabada capacidad para crear mitologías explicativas de la condición humana.

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MUNDIAL 2014: BUSCANDO AMÉRICA

29 junio 2014

Como lo cantaba Rubén Blades y sus Seis del solar. El día mundialista de hoy fue todo América, en específico el cono sur., no hay partidos más ríspidos y sanguíneos que los que suelen escenificar selecciones de la misma región, sobre todo cuando se trata de equipos latinoamericanos, con esas rivalidades añejas y pasionales en las que se entremezclan las fronteras y culturas.
Un buen ejemplo de cómo llega la sangre al río lo protagonizaron las selecciones de Honduras y el Salvador. Publicado originalmente en 1988 y traducido al español poco después, La guerra del fútbol (Anagrama, 1992) es una colección de reportajes escritos por Ryszard Kapuściński (Pinsk, 1932 – Varsovia, 2007), el atrevido corresponsal de guerra más conocido del mundo, periodista de alcance mítico y narrador excepcional que parece llevarte justo al lugar de los hechos para que, como lector, puedas ser por completo empático con las experiencias relatadas.
Aquí comparte de manera cercana su estancia sufrida en Tegucigalpa, a donde viajó poco antes de que se desatara la guerra de los 100 días, llamada como el título del volumen, después de los partidos eliminatorios a visita recíproca para el mundial de 1970, en los que ambas aficiones maltrataron a los jugadores rivales y que, con el acicate del suicidio de una joven salvadoreña, derivaron en un ataque por parte de El Salvador, con más poderío bélico, en tierras hondureñas.
La intervención de países latinoamericanos detuvo el conflicto armado, aunque no el problema de fondo, y el partido decisivo para el pase se jugó en México, con victoria salvadoreña: en este caso, el fútbol fue un escenario más del encono entre ambas naciones. Pero como apunta el autor de Los cínicos no sirven para este oficio, más allá de las disputas futboleras, existían tensas relaciones de los campesino migrantes en la frontera, aunada a la insensibilidad de ambos gobiernos; por si no bastara, ahí estaban los intereses inmiscuidos del gobierno de Estados Unidos y de la compañía United Fruit.Guerra del fútbol

HISTORIAS DEL FÚTBOL
Con el fútbol como columna vertebral y el retrato social como el esqueleto narrativo, Andrés Wood presenta un trío de relatos estructurados como si de un partido se tratara, con todo y el tiempo extra. Historias de fútbol (Chile, 1997) inicia con el primer tiempo o No le crea, revisando el tema del soborno; continúa con el segundo tiempo o Último gol gana, en donde un niño juega toda la tarde pero pierde el dinero de su madre, y finaliza con el alargue o Pasión de multitudes, con un joven varado en una isla mientras se disputa un partido decisivo de la selección, situación que parecen querer aprovechar un par de hermanas.
Otra historia con tintes de dramatismo se escribió en el campo Mineirão de Belo Horizonte. Desde el canto de los himnos con secuencias a capela, se advertía que el enfrentamiento iba en serio y que el excesivo respeto histórico de los andinos hacia los cariocas, podía empezar a equilibrarse para poderse tutear: en efecto, estos bajitos futbolistas de gran altura y corazón palpitante le jugaron al anfitrión y pentacampeón sin pensar en pasados y blasones.
Con un sólido aparato defensivo y aprovechando la desesperante pausa y manejo de balón de Vidal y el dinamismo de Alexis Sánchez, que se quería deshacer hasta del short, los chilenos eliminaron distancias ancestrales. Alta tensión nerviosa que afectaba más a los brasileños, cargando con la presión de la localía y la condición de favorito, que a veces se convierten en jugadores en contra.
Trazos largos, poco tejido cuidadoso, mucha más fuerza que gambeta y más equivocaciones que aciertos, como cabría esperar en un duelo de tintes campales. Los jugadores talentosos cedieron protagonismo a los que resuelven las jugadas con el esfuerzo físico, más que con el mental. Un gol por bando no tanto desde una lógica constructiva, sino más bien de aprovechamiento. En varios episodios el partido se sumió en una atmósfera asfixiante y el miedo al error se convirtió en el motivo para buscar adelantar líneas.
Julio César y Bravo realizan sendas paradas a la altura de su experiencia el primero y de su proyección el segundo. Tiempos extras extenuantes en los que solo Hulk se mantuvo en el tono verdoso necesario y resultó ser el más combativo al frente, usando su enojo transformador. Queda desmentido el complot del arbitraje para apoyar a Brasil, quien necesita mejorar mucho su juego colectivo: tendrá que recuperar la memoria.

A SOL Y SOMBRA
Dice Eduardo Galeano (Montevideo, 1940), uno de los principales escritores de izquierda en Latinoamérica: “Como todos los uruguayos, quise ser jugador de fútbol. Yo jugaba muy bien, era una maravilla, pero solo de noche, mientras dormía: durante el día era el peor pata de palo que se ha visto en los campitos de mi país…Han pasado los años, y a la larga he terminado por asumir mi identidad: yo no soy más que un mendigo de buen fútbol” (Fútbol a sol y sombra, Siglo XXI, 1995).
Y continúa: “Voy por el mundo sombrero en mano, y en los estadios suplico: Una linda jugadita, por amor de Dios. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece.” El también autor de Su majestad el fútbol (1968), habrá deseado que ganara Uruguay pero quizá celebró los milagros que nos regaló la selección colombiana, la de mayor inspiración artística con la que cuenta el certamen.
Un partido en el que Colombia intentaba con algunos apuntes estéticos y Uruguay esperaba sin mayor trascendencia, hasta que cerca de la media hora James Rodríguez se acordó del desbordante talento que tiene en sus pies: control de pecho fuera del área, un cuarto de vuelta y sin dejar que el balón se ensuciara, volea exacta que apenas alcanza a rozar Muslera, engrandeciendo la belleza de la jugada, para pegar en la parte baja del travesaño y picar dentro de la tierra prometida. El gol del mundial hasta ahora.
Pronto en el segundo tiempo, un bordado fino de exportación adornado por un servicio magistral de Cuadrado con la cabeza, para que el propio Rodríguez estampara la firma definitiva que sellara el segundo tanto, provocando, por si no era suficiente, un mayor desconcierto entre los uruguayos, incluyendo a su sapiente técnico que con dos cambios simultáneos intentó darle un viraje al rumbo desolador de su selección, que al final no pudo con rivales americanos, en contraste con su desempeño frente a los campeones europeos. Con la modestia por delante como siempre, Pékerman ha conseguido integrar un cuadro en el que cabe el virtuosismo y la eficacia por partes iguales: de cuatro, cuatro.

MUNDIAL 2014 (15): FIN DE LA FASE DE GRUPOS

27 junio 2014

Se jugaron los últimos partidos de la primera fase, entre resultados esperados y una pequeña dosis de dramatismo. Ningún asiático logró clasificar, mientras que la CONCACAF coloca a tres de cuatro equipos en la pelea. Dos europeos cuya presencia acá se suponía mayor, vuelven cabizbajos a sus territorios, mientras que calificó el equipo africano menos esperado.

GRUPO G
Los alemanes saltan al mojado campo de ambiente brumoso y durante los primeros veinte minutos no le prestan el balón a los estadounidenses dando una cátedra magistral de juego colectivo: el pequeño gran capitán Lahm se apodera del núcleo y espíritu del campo, Schweinsteiger barre y distribuye, Özil le pone talento y Boateng se incorpora varias veces para meter venenosos centros. A pesar de encontrarse totalmente rebasados, los vecinos del norte empiezan a reconvertir la presión en contra como elemento motivacional, bajo la premisa de aprovechar la adversidad para superarse y no lamentarse.
Emparejado el trámite del partido, el segundo tiempo entra en una zona pantanosa hasta que Müller coloca el balón en un lugar imposible y abre tanto el marcador como las posibilidades para Ghana y Portugal, en ese orden. Los estadounidenses no logran reponerse y los alemanes bajan la guardia, hasta que al final se presenta alguna oportunidad de empate que se diluye junto con las gotas de lluvia que se mantuvieron como escenario de un partido en el que se demostró que con este tipo de selecciones, los arreglos forman parte solo de las mentes complotistas.
En el estadio bautizado como uno de los máximos dribladores de la historia, Portugal aceptaba la misión imposible, antes de que el llamado se autodestruyera, de golear a Ghana, que había jugado mejor, y esperar que Alemania le ganara a Estados Unidos. Parece que su sentencia de regreso prematuro a casa la firmó al ser goleados en su primer partido. Ante los problemas internos de la selección africana que derivaron en la suspensión de dos jugadores importantes por parte de sus directivos, los lusitanos parecían tener más oportunidad: se fueron arriba, de hecho, con un hermoso autogol, si los puede haber, y después estuvieron presionando sin demasiada puntería.
Pero en el segundo medio, a pesar de que, supongo, se enteraron que Alemania ya ganaba, dejaron de cuidarse las espaldas y Ghana aprovechó para generar peligro, encontrando justo premio que significaba el empate; visto así el asunto, eran los africanos quienes estaban más cerca pero la contundencia nunca terminó de llegar: a pesar de dar dos muy buenas exhibiciones en sus cotejos anteriores, acá se veían por momentos desconcentrados y erráticos. Mientras tanto Cristiano Ronaldo luchó, falló cuatro claras y anotó el gol de un triunfo pírrico que al menos le dio cierta dignidad a la despedida. De estos dos cuadros, por supuesto, se esperaba otro tipo de argumentos.

GRUPO H
Los rusos entraron a la cancha cargados de presiones, fieles a su historia: el grupo que les tocó parecía a modo pero se complicaron la vida al grado de tener que ganar el último partido para pasar a octavos; además, son los próximos anfitriones y su técnico, el italiano Fabio Capello (que ya había quedado en deuda con Inglaterra hace cuatro años), tenía que desquitar el estratosférico sueldo al menos llevando a su selección a la otra orilla de la fase de grupos. Al inicio, pareció que estas condicionantes fueron bien canalizadas y pronto se pusieron en ventaja con fugaz jugada de toques precisos y cabezazo implacable.
En algunas guerras les ha funcionado dejar que el enemigo pierda, no tanto derrotarlo: aquí no. Pero inexplicablemente, en lugar de buscar con ahínco el segundo que diera tranquilidad, Rusia le cedió la iniciativa a Argelia que poco necesitaba para lanzarse con todos sus recursos en busca de un pase histórico para ellos. Consiguieron el tanto del empate que los colocaba en zona de clasificación, sobre todo porque Corea no mostraba capacidad goleadora. Fue en este lapso del partido en el que al equipo ruso le hizo falta algún jugador que marcara la diferencia: si bien todos son cumplidores, se echó de menos un talento imaginativo para sellar el partido. Así, Argelia es el segundo africano clasificado, mientras que el equipo anfitrión en el 2018 tendrá que ir pensando cómo puede dar ese salto de calidad que le permita hacer un papel decoroso en su casa.
Con algunos cambios en la alineación dada su casi inalcanzable posición en el grupo, los belgas jugaron un partido medianito frente a los coreanos, que por determinación y empuje no pararon: tenían una ligera esperanza de avanzar a la siguiente ronda que se convirtió en motivo suficiente para intentarlo hasta las últimas consecuencias. Ya cuando se vieron en superioridad numérica, redoblaron esfuerzos para doblegar la meta puntualmente custodiada por el brillante joven arquero del equipo campeón de España. A pesar de los esfuerzos, que en estos casos no son suficientes sin la fortuna o el talento individual, los coreanos terminaron perdiendo el partido por la mínima: un adiós sin demasiado que contar en casa.

CINÉFILO FUTBOLERO
Fútbol y cineSegún Carlos Marañón, autor de Fútbol y cine: el balompié en la grada (Ocho y medio, 2005), las 11 películas del cinéfilo futbolista son: el thriller detectivesco 1. The Arsenal Stadium Mystery (Dickinson, 1940); el homenaje a uno de los grandes en 2. Garrincha, alegria do povo (de Andrade, 1962); 3. Pelota de trapo (Torres Ríos, 1948), en la que se siguen los sueños de infancia; la española 4. Once pares de botas (Rovira, 1954), enclavada en las dificultades de un jugador y el problema del soborno, y 5. Bloomfield (Harris, 1971), cinta filmada en Israel donde se narra la relación entre un niño y su héroe futbolero.
6. Escape a la victoria (Huston, 1981), que recuerda al clásico de John Sturges El gran escape (1963); 7. Ultra (Tognazzi, 1990), en clave de tragedia con tifosis incluidos; la autobiográfica 8. Fuera de juego (Fever Pitch, Evans, 1997), escrita en clave de comedia romántica por Nick Hornby; 9. La copa (Norbu, 1999), con un grupo de monjes budistas buscando ver la final del mundial; 10. Shaolin Soccer (Chow, 2001), entremezclando temáticas y artes marciales con fútbol, y 11. Jugando con el destino (Bend it Like Beckham, Chadha, 2002), en la que una niña hindú sueña en ser como el futbolista inglés, a pesar de las creencias de sus padres.