MUNDIAL 2014: EL MEJOR ATAQUE ES EL DE LOS DEFENSAS

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Empiezan los cuartos de final con un clásico duelo europeo, más cerebral y ultra dosificado, y uno sudamericano, desarrollado con una dinámica sanguínea y efervescente, con predominancia del caos que, paradójicamente, puede permitir que entre la luz. Por lo pronto y a pesar de las agradables sorpresas que nos ha deparado este mundial, la primera semifinal acaba respondiendo a un guion convencional, lo que no necesariamente es negativo. Resulta que los defensas centrales se convirtieron en los dominadores de ambas áreas, la propia y la ajena.

MUCHA HISTORIA COMPARTIDA
No solo en el ámbito futbolero, sino en el político, económico, social y bélico. Francia venía jugando mejor que Alemania pero ya sabemos que cuando casi todos los equipos europeos se enfrentan a los germanos, bajan su rendimiento, excepto Italia que suele sublimarse. Al arranque del partido, los galos no parecían amedrentados y lucían confiados en su buen juego de conjunto y las habilidades específicas de sus jugadores al frente: un par de jugadas con relativo peligro anunciaban nubarrones para los alemanes y la confirmación de lo que se había visto hasta ahora en el Mundial.
Pero muy pronto apareció ese gran defensa de recia figura conocido como Mats Hummels para, después de un cuerpo a cuerpo con Varane, cabecear un servicio medido y anidarla cerca del ángulo superior con todo y lucidor lance del arquero Lloris. No contento con ello, el defensor se convirtió en jugador clave al coordinar la defensa para evitar los riesgos del funcionamiento en línea y plantarse cual barrera infranqueable para los ataques franceses, primero tibios y después subiendo en intensidad, aunque sin alcanzar la continuidad y profundidad esperada. Por supuesto, no faltaron las lecciones de cómo hay que barrerse en el fútbol impartidas por cualquier alemán que pisa un campo: sin falta, con exactitud milimétrica y con la consabida cuota de intimidación.
Los alemanes no dejaron de inquietar al frente pero desplegaron una estrategia de férreo control, más o menos como el que ejercen para que el euro siga funcionando a pesar de los sobresaltos económicos: en este caso, apenas algunas escapadas del pequeñísimo Valbuena y ya para irnos, Neuer le detuvo un tiro a Benzema a una mano, levantando robóticamente el brazo como si supiera de antemano la trayectoria del balón; el gesto del atacante francés fue elocuente: parece que por más que lo intente, ellos están ahí con el favor de la anticipación. Con todo y el clima que les ha de parecer de otro planeta, los teutones están instalados en la semifinal por cuarta vez al hilo y por duodécima ocasión en su historia: selecciones van y vienen pero ellos siguen ahí.

PERDER GANANDO
Apenas se escuchó el silbatazo inicial del juez español, brasileños y colombianos se abalanzaron sobreBrasil vs. Colombia la pelota como si se tratara de un partido que los remontara a su infancia, cuando todos los pequeños jugadores se olvidan de posiciones, indicaciones y demás ademanes de los técnicos y se ponen a correr en busca de un pedazo de gloria, sin importar mucho lo que suceda en la retaguardia o si el funcionamiento colectivo alcanza la cuota de calidad necesaria: si los especialistas anunciaban el fin del espectáculo y la llegada del fútbol pasado por el cuidado de no perder, aquí estaban estos entusiastas jugadores para desmentirlos.
Entre faltas continuas de todos estilos, algunas marcadas y otras no; robos de balón inverosímiles; una que otra genialidad de antología y pasiones encontradas, el desarrollo del partido durante prácticamente todo el primer medio nos mantuvo gesticulando sin parar: cómo habrá estado el asunto que hasta el habitualmente mesurado Pékerman no podía evitar los manoteos, resoplidos y ojos al cielo: el árbitro dejó las tarjetas para mejor ocasión y no se armó la campal porque el fútbol es grande.
En las antípodas de lo que sucede en el balompié moderno, aquí la media cancha por momentos lucía despoblada, porque todos estaban cerca de las porterías para los fines que a cada quien correspondiera. Los goles a balón parado cortesía de los centrales de Brasil, vueltos símbolos nacionales, y de James Rodríguez vía el penal, sirvió para confirmar su estatus de revelación individual que, dicho sea de paso, también sabe llorar, como David Luiz y varios de sus compatriotas que saben reaccionar ante el triunfo: van a consolar al astro derrotado por ellos, como una forma de reconocimiento por la grandeza de su juego.
Pero Brasil perdió ganando: ante la falta de fluidez colectiva y el abuso del físico por encima de la belleza, se vuelven vitales las individuales con el gen carioca y mientras Thiago Silva estará fuera por doble amarilla, se anuncia que Neymar no podrá jugar el partido que define el pase a la gran final. Los dos hombres clave del equipo tendrán que inspirar a sus compañeros desde fuera del campo para enfrentar a la selección esperada desde que se realizó el sorteo de los grupos: el partido por el título del Mundial del 2002 tiene una reedición en esta semifinal, con un contexto sumamente distinto por incierto.

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