LA POLÍTICA ELECTORERA VA A LAS PANTALLAS (PRIMERA PARTE)

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Una vez que pudimos descansar, aunque sea dos o tres días, de spots promisoriamente vacíos, falsamente convenencieros y cargados de promesas rayando en el absurdo de la imposibilidad, llegamos al domingo de unas elecciones en apariencia decididas, aunque cabría recordar que el último minuto también tiene sesenta segundos, para decirlo en términos futboleros que vivirá una fiesta con la final de la Eurocopa, de absoluto sabor latino. En fin, como sabemos que el cine es un gran metiche que mete las narices en todo, revisemos brevemente algunas películas que abordan el tema político-electoral, como para comprobar que ficción y realidad de pronto se parecen más de lo que suponemos.

INTRIGAS
En el primer capítulo de la serie televisiva Los Borgia (Jordan, 11), familia también recreada por Hernández en el 2006, el patriarca (Jeremy Irons) va cooptando los votos en la elección papal mediante la discreta entrega de terrenitos, joyas y otras linduras que los cardenales iban aceptando de silenciosa buena gana, hasta que por fin se advierte en el cielo el famoso humo blanco, símbolo inequívoco de que quien fuera conocido como Alejandro VI se asumiría como jefe máximo de la entonces poderos iglesia católica en manos de una decadente jerarquía.
Mientras tanto Nanni Moretti en Habemus Papam (11), se centra en la crisis personal de quien recién fue elegido para desempeñar tal misión en el mundo y la necesidad de entrar a terapia, como en Demasiados secretos para un hombre (Flicker, 87), comedia en la que un psiquiatra se convierte en objeto de persecución para sacarle la sopa acerca de su distinguido paciente. Por su parte, Colosio, el asesinato (Bolado, 12) recrea el suceso trágico de mayor impacto en la política reciente de nuestro País. Igual se recuerda Election (Payne, 99), en la que un agente ajeno modifica un resultado popular, en este caso, los alumnos.
El gran Frank Capra rodó Caballero sin espada (Mr. Smith Goes to Washington, 39), en la que James Stewart encarnó a un novato senador dispuesto a luchar por el bien común (no es broma), mientras que el maestro Otto Preminger, con base en la novela de Allen Drury, dirigió Tempestad sobre Washington (62), historia en la que el nombramiento de un secretario de Estado sacude las instancias de poder, el Senado incluido. Con otro gran reparto, John Frankenheimer realizó Siete días de mayo (64), en la que planteaba la posibilidad de que los militares tomaran el poder para terminar con ese asunto agotado y sobrevalorado que conocemos como democracia; el mismo director se encargó de El mensajero del miedo (The Manchurian Candidate, 62).
Las intrigas y traiciones en el Partido Conservador inglés quedan de manifiesto en la serie The House of Cards (BBC, 90) y la sede presidencial de Estados Unidos, particularmente en el despacho oval, se convirtió en el centro de atención de El ala oeste de la Casa Blanca (The West Thing, 99-06), serie escrita por el gran Aaron Sorkin, en la que se recrearon con realismo los entretelones de la policía estadounidense. Por su parte, el sufrido Jack Bauer (corre Kiefer, corre) se vio envuelto en una red de ataques al intentar proteger al primer candidato afroamericano en la famosa serie 24, durante su primera temporada (01-02).

CAMPAÑAS Y CANDIDATOS: DE CEPA Y PREFABRICADOS
Empezamos, por supuesto, con el clásico absoluto Ciudadano Kane (Welles, 41), filme que además de renovar el lenguaje cinematográfico, mostró la fragilidad del poder y la facilidad con la que se puede descarrilar en los terrenos políticos a un hombre que parecía tenerlo todo, excepto su trineo afectivo. En la poderosa Un rostro en la muchedumbre (Kazan, 57) se muestra cómo se puede crear un figura mediática sin mayor trasfondo, que incluso se convierta en político; contrastando, El último Hurra (Ford, 58) presenta a un alcalde sagaz y de auténtica habilidad política, interpretado por Spencer Tracy.
Y recordando candidatos, ahí está el documental Primary (Drew, 60), sobre la elección demócrata en la que John F. Kennedy resultó elegido (también está la serie televisiva sobre la famosa y trágica familia). Robert Redford estuvo como mandado a hacer en El amargo sabor del triunfo (The Candidate, Ritchie, 72); Tim Robbins interpretó y dirigió, cual convincente farsante apenas entonado, Ciudadano Bob Roberts (92), en contraste con Warren Beatty, quien hizo lo propio en Bulworth (98) bajo la idea de fuera máscaras ante la situación del nada que perder.
En la piel de Jaques Chirac (Zéro y Royer, 06) es una reconstrucción cargada de ironía, con todo y voz falsa que imitaba la del personaje en cuestión, de la trayectoria del criticado político francés a lo largo de casi cuarenta años. Y de cómo el poder corrompe, ahí están Decepción (All The King´s Men, Rossen, 49), Poder y traición (Ides of March, Clooney, 11), El escándalo (Primary Colors, 98), Escándalo en la casa blanca (Wag the Dog, Levinson, 97), retrato nítido de la manipulación previa a las elecciones para favorecer a un candidato, y Juegos de poder (05) de Mike Nichols.
Cerramos recordando a Un papá muy poderoso (Swing Vote, Stern, 08), que juega con la imaginería de la importancia de cada voto, aunque en la realidad estadística sepamos que no es así. La siguiente entrega, ya con presidente electo, la dedicamos a las mujeres y hombres con el poder político en sus manos; mientras tanto, habrá que releer Ensayo sobre la lucidez de Saramago.
Candidato 1

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