SIMULACIONES

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ArgoCuando los objetivos planteados no pueden ser alcanzados con lo que se cuenta, cabe la posibilidad de alterar la percepción de la realidad para, creativamente y a través de medios no convencionales y riesgosos, lograr lo que uno se propone: inventarse otra personalidad, fingir ser quien no se es o llevar a cabo acciones que únicamente existen en el mundo de las apariencias, pero que de pronto pueden desplazar a lo auténtico para posicionarse como la verdad aceptada por los involucrados, aunque después se puedan sentir engañados. Un par de películas al respecto en cartelera o en los videoclubes.

ARGO: SIMULACIÓN SALVADORA
Coproducida por George Clooney, basada en el artículo de Joshuah Bearman con guion de Chris Terrio y dirigida con pericia por Ben Affleck, con base en el suceso real a través del cual se logró liberar a seis diplomáticos de la embajada norteamericana durante la crisis de los rehenes con Irán entre 1979 y 1980, Argo (EU, 12) es una mirada satírica a uno de las aristas de Hollywood, con toda su heterogeneidad, y a la manera en la que las decisiones políticas pueden tomarse al filo de la navaja, entre la tentación del uso de la fuerza bruta y el riesgo de emplear alternativas poco usuales, a la manera de Escándalo en la Casa Blanca (Wag the Dog, 97), realizada por Barry Levinson y coescrita por David Mamet.
Con un distinguible equilibrio entre drama, humor, acción y tensión, el director de Desapareció una noche (07) y Atracción peligrosa (10) muestra notable capacidad para la dirección de actores y para la articulación de secuencias, como se muestra en las entrevistas en paralelo que ofrece el grupo radical iraní y los actores de la falsa película que sirve como mascarada para poder sacar a los empleados de la Embajada, escondidos en la casa del embajador canadiense. Quizá se extraña una mayor referencia a los otros rehenes, en el entendido de que no eran el centro de la trama, y a la situación tensa que se generó en aquellos meses, bien recordados por los famosos moños amarillos.
Cierto es que la contextualización del conflicto en general se clarifica con suficiente amplitud para entender la situación de los protagonistas, así como la búsqueda de opciones por parte del aparato gubernamental estadounidense: la decisión más descabellada terminó siendo la elegida no por ser la mejor, sino la menos mala. La combinación de pietaje real, sobre todo en los créditos finales, con el desarrollo representado de los acontecimientos, consigue imbuirnos en la trama y navegar entre realidad y ficción dentro y fuera de la propia estructura del filme, a lo que colabora la precisa fotografía retro de Rodrigo Prieto.
John Goodman y Alan Arkin le ponen la cuota de humor como los personajes de Hollywood que apoyan la falsa realización del film con la influencia de La guerra de las galaxias, mientras que Bryan Cranston (el profe transformado de Breaking Bad) resuelve con solvencia los momentos de farsa (“es como hablar con los viejitos de los Muppets”) y los de resolución expedita de problemas. El propio director interpreta con sobriedad al agente Tony Mendez, condecorado por Clinton años después, y el resto del elenco cumple con sus respectivos papeles, tanto los asignados por la película como los asumidos por el engaño para poder escapar.
Aunque se trata de la recreación de un hecho real, el filme le pone una bienvenida tensión constante, no milimétricamente apegada, al curso de los acontecimientos, con escapatorias por un pelo y soluciones de último segundo: la habilidad aquí reside en que aunque uno ya sabe el desenlace, la angustia es inevitable y acabamos envueltos en todo el proceso de la huida, entre el acoso del gobierno iraní y el cambio de señales de los norteamericanos, acompañada por el estupendo score de Alexandre Desplat, acaso el compositor para cine más importante del momento (nada más este año sumó nueve filmes a su trayectoria). Una película redonda que juega con emociones diversas y con la relación entre realidad y ficción desde múltiples dimensiones.

ALBERT NOBBS: SIMULACIÓN DE GÉNERO

Basada en la historia de George Moore y con guion coescrito por el gran John Banville junto a la propia Glenn Close, quien sostiene al filme con su impecable actuación de una mujer disfrazada de hombre para poder trabajar en un elegante hotel de la Irlanda del siglo XIX, La increíble historia de Albert Nobbs (GB-Irlanda-Francia-EU, 11) es una correctamente producida y realizada puesta en imágenes, por momentos esquemática, de las vicisitudes de un microcosmos que reproduce los esquemas de género prevalecientes en la sociedad de la época.
Dirigida por el director predominantemente televisivo Rodrigo García (Con tan solo mirarla, 99; Madre e hija, 09), la cinta va cocinando con tiento las relaciones entre los personajes y sus motivaciones, entre un cuidado diseño de arte y una sólida interpretación de apoyo cortesía de Janet McTeer. Al final queda una sensación de cierta precipitación en la forma de resolver los conflictos planteados, entre los que se involucra, faltaba más, el amor y la codicia, el control y el deseo de libertad.

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