PREMODERNIDADES: CANÍBALES Y ASALTABANCOS

1 marzo 2017 by

Un par de estupendos westerns aderezados con elementos de otros inesperados subgéneros –buddy film, gore, drama criminal, crítica social- que exploran los territorios profundos de los Estados Unidos, particularmente Texas, en dos épocas distintas pero similares en cuanto a las formas básicas de convivencia social, con núcleos poblacionales asediados por amenazas externas cual invasores bárbaros, o internas según el caso, y respondiendo con la violencia conducente para sobrevivir en contextos donde los representantes de la ley se entremezclan con justicieros civiles para sumarse a la persecución o cacería: la vida entendida como matar o morir.

A partir de una cocción a fuego lento con explosiones de violencia, acorde con la forma en la que se entiende la vida y la muerte en estos ambientes de porosa moralidad asentados en medio de una nada a la que se llega por caminos interminables, los filmes se suman a la renovación del género que inició con Los imperdonables (Eastwood, 1992) y que ha continuado en el siglo XXI con destacadas obras como Pacto de justicia (Costner, 2003), Propuesta de muerte (Hillcoat, 2005), El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Dominik, 2007), Entre la vida y la muerte (Harris, 2008), Deuda de honor (Jones, 2014), Sin lugar para los débiles (2007) y Temple de acero (2010), ambas de los hermanos Coen, además de algunos afortunados remakes. Por supuesto, con el espíritu de John Ford sobrevolando por los amplios territorios inconquistables.

TERRITORIO COMANCHE

Dirigida por el escocés David Mackenzie (Young Adam, 2003; Al final de los sentidos, 2011) y titulada aquí como Enemigo de todos (EU, 2016), quizá por alguna frase dicha por uno de los personajes, la cinta se nombra originalmente con la expresión Hell or High Water, que literalmente se traduciría como “aunque venga el infierno o la tormenta de agua” y que refiere a la idea de llevar a cabo una acción sin importar las consecuencias (“pase lo que pase,” “a cualquier precio”) o las circunstancias (“contra viento o marea,” “llueva o relampaguee”).

Es la actitud que toman dos hermanos, uno alocado ex presidiario y otro más sereno cargando con una distancia afectiva de sus hijos y ex esposa, para salvar la granja familiar propiedad de la madre moribunda, a punto de ser absorbida por el banco dada la imposibilidad de pagar los leoninos intereses: justamente buscan saldar la deuda asaltando algunas de sus sucursales para conseguir el dinero de la hipoteca, quizá siguiendo la premisa de ladrón que roba ladrón. Un sheriff a punto del retiro y su compañero indio-mexicano empiezan a seguirles la pista, entre diálogos cargados de ironía y dardos envenados políticamente incorrectos que denotan gran amistad, equiparable al amor fraterno de los delincuentes.

Esta premisa argumental es casi un pretexto para el nítido desarrollo de los contextos sociales y culturales que se despliegan en la trama. Personajes atrapados en espirales de pobreza y polvosa violencia, enfrentados a estructuras económicas que generan burbujas inalcanzables siempre al borde de la explosión: son quienes votaron ilusamente por el actual presidente de Estados Unidos, los usualmente olvidados por el establishment político de Washington lleno de inspiradores discursos, dispuestos a tomar la justicia por propia mano a la primer provocación, porque ahí sí la vida no vale nada.

Con una fotografía abarcadora, mostrando los paisajes ateridos de Texas entre pueblos esperando a que pase la vida, casinos-lavadoras cual refugio de crisis recurrentes y carreteras que llevan a lugares idénticos a los que se acaban de dejar, como si se tratara de un viaje en círculos, se construye un relato en dos vertientes claramente entreveradas gracias a una edición justa, siguiendo a ambas parejas de hombres con secuencias transicionales que anuncian el característico duelo de todo western que se precie. Para reforzar la tesitura crepuscular, la dupla Cave-Ellis plantea un score pertinente, con notas graves y profundas extraídas de un piano contundente, cuerdas extraviadas anunciando descomposición y aceptación a la vez y vocales apenas resaltadas.

El guion de Taylor Sheridan (Sicario, 2015) contribuye a la construcción de representativos personajes, potenciados por notables actuaciones: Tanner y su tendencia a jugarse siempre la última carta, sintiéndose comanche (Ben Foster, al borde); Toby en busca de reparar su rol como padre y proveedor (Chris Pine, contenido); Marcus aferrado a una vida de ranger que se escapa (Jeff Bridges, en sus terrenos) y Alberto, cargando un bagaje multicultural mientras intenta aplicar la ley (Gil Birmingham, paciente). Entre ellos, unos vaqueros tratando de controlar un incendio todavía en el siglo XIX, empleados de banco en plan burocrático y comensales de alguna cafetería que celebran el robo como venganza.

Hell or High WaterLas figuras femeninas, de apariciones esporádicas, resultan también reveladoras: ahí está la joven mesera endeudada y la otra experimentada e hilarante a la que hay que decirle lo que no se quiere, además de la ex esposa con la amargura dibujada en el rostro y la empleada bancaria enfrentando a los asaltantes. A partir de una orgánica combinación de laconismo y humor, brotan las reflexiones acerca de cómo la ley puede contraponerse a la moral y la manera en la que las propias estructuras, en ocasiones, perpetúan las condiciones de marginalidad aun en países desarrollados pero de grandes contrastes, como se pudo apreciar en su reciente proceso electoral.

TERRITORIO SALVAJE

Escrita y dirigida por el debutante S. Craig Zahler, Frontera caníbal (Bone Tomahawk, EU, 2015) es una sorpresiva aportación al género dada su arriesgada y eficaz apuesta argumental, insertando como enemigos a un grupo de caníbales que acechan a un pequeño poblado, atacando y secuestrando a sus víctimas para devorarlas, si bien a las persona de raza negra solo las matan. Cuatro hombres se disponen para rescatar a la esposa de uno de ellos (Lili Simmons), a un ayudante de la comisaría y a un ladrón y asesino que sobrevivió a un ataque (David Arquette).

La tensión se va concentrando de manera paulatina, como acumulando fuerza para el explosivo desenlace; en tanto, se desarrolla la posibilidad de conocer a quienes viajan hacia las misteriosas cuevas donde habitan estos trogloditas de aterradoras formas y figuras: el sheriff del pueblo (Kurt Russell, en clásico modo western); su veterano empleado (Richard Jenkins, de múltiples historias); un pistolero involucrado por casualidad (Matthew Fox, cínico) y el lastimado ranger local en busca de recuperar a su mujer (Patrick Wilson, decidido). Una película que, como a los directamente involucrados, nos agarra desprevenidos.

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TOM FORD: DE LA MODA AL CINE

22 febrero 2017 by

Originario de Austin, Texas, Tom Ford cimentó su carrera, después de estudiar arte, como creativo y pujante diseñador de modas en Gucci e Yves Saint Laurent para posteriormente iniciar un camino en solitario con su propia e inalcanzable línea de ropa. El contacto directo con el mundo del cine tuvo un momento decisivo con la creación de su compañía fílmica Fade To Black en el 2005, si bien antes había aparecido en Zoolander (Stiller, 2001) y en algunos documentales relacionados esencialmente con el mundo de las pasarelas y los diseños de vanguardia.

Tras comprar los derechos de la famosa y rompedora novela Un hombre soltero (1964) de Christopher Isherwood, sobre un profesor homosexual que decide suicidarse tras perder a su pareja en un accidente de automóvil, la adaptó a la pantalla con la notable presencia de Colin Firth en el protagónico. Con una dirección funcional y soportada tanto por una sensible recreación de época y contexto (Los Ángeles en los sesenta), como por un cuadro actoral de solvencia probada, Ford salió bien librado de esta excursión a la realización cinematográfica, aún con detalles por pulir.

Además de respetar en esencia el argumento de su par literario, Solo un hombre (A Single Man, EU, 2009) mostró ciertos intereses temáticos de su director entre los que destacan el de la soledad en cuanto a condición frecuente de vida, el miedo como motor de la acción y el sentido que puede tener ese estado tan inasible y temporal al que llamamos felicidad. El uso enfático de los colores, la cámara que mira hacia dentro de la intimidad del hogar tapizado de cristales y el retrato cadencioso de la cotidianidad formada por rutinas que en ciertos momentos dejan de pasar inadvertidas, fueron algunos de los elementos estilísticos que se plasmaron en esta ópera prima.

LA VENGANZA ES UNA NOVELA QUE SE ESCRIBE EN CALIENTE

Cuando parecía que su debut como director había sido una aventura aislada en su trayectoria profesional, apareció Animales nocturnos (EU, 2016), thriller psicológico de un amor diluido que regresa en forma de literaria venganza, cinta basada en el libro Tony and Susan de Austin Wright con guion del propio Ford, quien logra trasladar la conocida premisa del relato dentro del relato con notable y orgánica fluidez narrativa, transitando de la historia retratada, la de una dueña de galería profundamente infeliz que recibe una novela de su ex marido, a la recreada por esta mujer mientras va leyendo el volumen en cuestión; para complementar, se inserta de manera natural el recurso del flashback para dar contexto a los sucesos vistos en tiempo presente.

Animales nocturnosA las estelares actuaciones de Amy Adams, entre la fragilidad, la ambición añorante y la culpa latente; de Jake Gyllenhaal, expresando idealismo, debilidad y furia en doble papel y del gran Michael Shannon como el detective sin nada qué perder aunque en el fondo tampoco qué ganar, se suman pequeñas intervenciones como la de Michael Sheen en el rol del gay que intenta animar a la artista en potencia y de su pareja Andrea Riseborough, así como del marido actual y ausente interpretado por Ammie Hammer, hermético en su indiferencia, de Isla Fisher como la esposa en la novela y de Aaron Taylor-Johnson, en plan desquiciado.

Hay cierto glamour decadente y retorcido (que va del inodoro al excelso decorado de interiores), acaso expresado desde el performance inicial con esas obesas mujeres desnudas bailando o recostadas entre los invitados, que se inscribe en este contexto del arte contemporáneo tan discutido que va de considerar ciertas obras como basura apantallabobos, siempre dispuestos a pagar fuertes cantidades por ellas por un asunto de snobismo, a definirlas como auténticas innovaciones transgresoras que contribuyen al desarrollo de la expresión artística, reflejando las grandes preocupaciones humanas según los tiempos que corren. Acá, mujeres recostadas y vistas de espaldas que se convierten en un elemento transversal del filme con diferentes significados abiertos a la interpretación.

Con influencias hitchconianas en la estructura narrativa y lynchianas en la puesta en escena, ambos maestros en la creación de atmósferas cargadas de un misterio incisivo, según las intenciones de la obra, el filme despliega una fotografía cargada de contrastes, entre los claroscuros del abandono y la fiereza de las tonalidades rojizas y verdosas de intensidad acechante, que igual retratan en texturas opuestas el desarrollo de la novela y las secuencias de la protagonista, atrapada en esa casa de exquisito decorado con ventanales interminables y bien custodiada por uno de los afamados perros de Koons, como elaborados con globos de fiesta infantil.

El realizador vuelve a recurrir al polaco Abel Korzeniowski para musicalizar el filme y enfatizar ciertos momentos de tensión abierta –el conflicto en la carretera- y otros de angustia contenida, sobre todo en la lectura y la rememoración de los eventos que llevaron al final del matrimonio; la cortante edición consigue vincular las emociones experimentadas tanto por los personajes de la pieza literaria dentro de la película como de quien nos conduce a través de ella por su lectura, influenciándose mutuamente en esta idea de que el lector reconstruye al texto escrito: desde que abre el envoltorio del libro, se advierte que el material es cortante y doloroso.

De pronto nos damos cuenta que terminamos convirtiéndonos en una persona que detestamos, como le advierte la madre de la protagonista, segura votante de Trump (Laura Linney, notable en la brevedad), y al parecer ya no hay mucha oportunidad para regresar a enmendar ese extraño destino manifiesto del cual renegamos pero acabamos abrazando, como si se tratara de un refugio para el encuentro de la propia identidad, decidida muchos años antes aunque no lo supiéramos. Sentarse a esperar puede ser la última alternativa para, al menos, comprender en alguna medida quién esa persona que nos devuelve el espejo, más allá del maquillaje.

Los animales nocturnos viven en y de la oscuridad; sus instintos se alertan justo cuando el sol desaparece: no por elección, sino por condición natural.

CORRECCIÓN POLÍTICA Y CINE

15 febrero 2017 by

La expresión se refiere a un conjunto de premisas sustentadas en un pensamiento, lenguaje y comportamiento moral que suponen avances civilizatorios para bien de la convivencia social y la igualdad de oportunidades: banderas imprescindibles como la tolerancia a quienes piensan diferente, la conciencia ecológica, la equidad de género, la búsqueda de la paz, la igualdad racial y la libertad religiosa se han enarbolado con fuerza y justicia, haciendo de algunas sociedades ejemplos de ecosistemas sustentados en la ética en las que se valora al individuo en cuanto tal como parte de una colectividad en busca del bien común.

Por otro lado, en aras de mantener este enfoque de lo políticamente correcto se ha caído en ciertos excesos peligrosos que terminan por convertirse en la serpiente que se muerde la cola, favoreciendo un enfoque acrítico: una superioridad moral que apunta con múltiples dedos flamígeros a quien pueda pensar distinto en algún sentido, o bien los cuestionamientos a la libertad de expresión porque no se comulga con tal o cual idea. Los fundamentalismos que cancelan la posibilidad de debatir y argumentar también se presentan en quienes ondean estos estandartes de corrección, sintiéndose con la autoridad para decirle a los demás lo que deben o no hacer, juzgando la paja ajena sin ver la viga propia.

Así, de pronto ser políticamente incorrecto se puede ver como un halago, en tanto se cuestionan ciertos dogmas escasamente discutidos de los bienpensantes siempre pontificando, o como un insulto, en tanto se pretenden anular de un plumazo (u orden ejecutiva) ciertos logros que como humanidad hemos alcanzado en términos de justicia social. Corren tiempos en los que este tipo de corrección política está sufriendo fuertes embates en Estados Unidos y a través de los discursos de ciertos grupos políticos en Europa, cada vez ganando más espacios entre los electorados.

La historia no es lineal y los planteamientos racistas, xenófobos, ignorantes y machistas nunca se fueron y hoy están regresando a la luz con el permiso de quienes detentan el poder político: de un estado de latencia están cobrando peligrosa y envenenada vida. De ahí que parece no estar de más volver a insistir, aunque se peque de exageración o exceso de subrayado, sobre la importancia de promover ciertos valores fundamentales para la cohesión social, como lo hacen un par de películas impecablemente producidas que recuperan sendos hechos reales desde la perspectiva, precisamente, de la corrección política.

Filmes que han sido señalados, por cierto, de ser excesivamente cuidadosos en su discurso para mandar un mensaje que pudiera verse como maniqueo y, por ende, poco creíble o demasiado didáctico. Los protagonistas se presentan como hombres y mujeres inmaculados que se ven envueltos en contextos adversos pero que paulatinamente van transformando el curso de los acontecimientos e incluso a quienes los rodean, en un inicio reacios o escépticos y al final admirándolos y hasta sirviéndoles el café o hablándoles de usted (los excesos innecesarios que comentábamos).

FÉ Y MATEMÁTICAS: LAS VERDADERAS ARMAS

Mel Gibson es una figura ideológicamente polémica en el mundo del cine. Después de darse a conocer como eficaz y simpático actor de memorables cintas de acción, fue alternando su trayectoria tras la cámara, en cuyas películas presenta a hombres ejemplares dispuestos al sacrificio por mantener sus ideales y salvar a los demás, como el profesor Justin McLeod de El hombre sin rostro (1993); William Wallace de Corazón valiente (1995); Jesús de La pasión de Cristo (2004) y Jaguar Paw de Apocalypto (2006); de manera paralela, escenificó algún episodio en el que dejó ver su rechazo a los homosexuales y su animadversión por los judíos en una borrachera y posterior conflicto vial, ya sospechada desde el planteamiento y episodio elegido de la vida de Jesucristo.

Parece consecuencia lógica, considerando que su padre se fue de Estados Unidos a Australia para evitar que sus hijos participaran en la guerra de Vietnam, que su siguiente película fuera Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, Australia-EU, 2016) en la que recupera la vida de Desmond Doss, un soldado que por convicciones personales derivadas de una fuerte experiencia con sus padres, decidió nunca más empuñar un arma; cumpliendo con su deber, su participación en la II Guerra mundial, particularmente en la famosa y cruenta batalla de Okinawa, consistió en salvar la mayor cantidad de combatientes sin disparar un solo tiro.

Notablemente interpretado por Andrew Garfield, Doss se convirtió en un héroe de alcance místico, cuya hazaña está poderosa filmada gracias a una intensa puesta en escena que no teme mostrar el horror de la lucha cuerpo a cuerpo, como rodada con las vísceras. Gibson vuelve a optar por la construcción de escenarios envolventes, que nos introduzcan en la acción y nos permitan palpar los padecimientos y angustias de los soldados peleando por un ideal difuso: se trata de un alegato a favor de la paz a partir de la recreación de un enfrentamiento al final dominado por las ratas, dándose un festín con los cadáveres. Así de absurda es la guerra.

Talentos ocultosPor su parte, Talentos ocultos (Hidden Figures, EU, 2016) narra el caso de tres mujeres afroamericanas que resultaron vitales para el avance de la NASA a principios de los sesenta, cuando la carrera con la Unión Soviética estaba en su apogeo. Padeciendo una doble discriminación, por sexo y raza, tuvieron que salir del sótano institucional a punta de enjundia, saber científico y capacidad adaptativa para insertarse en los proyectos cruciales que se desarrollaban en aquellos años, caracterizados por la segregación racial manifestada en baños, autobuses, restaurantes, miradas y silencios que se reproducían al interior de las organizaciones de manera alarmantemente normalizada.

Con atrayentes actuaciones de Taraji P. Henson, Octavia Spencer y Janelle Monáe, bien cobijadas por un reparto consistente; un guion fluido que va resolviendo los conflictos laborales y personales sin detenerse demasiado, score de pertinente negritud y apuntes contextuales mínimos aderezados con oportuna inserción de secuencias de archivo, suficientes para ubicarnos en el centro dramático de los acontecimientos, la cinta dirigida por Thoedore Melfi (Sn. Vincent, 2014) y basada en el libro de Margot Lee Shetterly, cumple con su cometido más en términos descriptivos que analíticos, si bien alcanzando momentos de genuina emotividad e intensidad argumental.

Quizá desde la perspectiva fílmica, el énfasis en la corrección política de este par de películas las limite en verosimilitud, profundidad y planteamiento de matices y dilemas morales, pero en vista del discurso retrógrada que predomina en el gobierno de Estados Unidos, no está de más recordar la importancia de las conquistas ganadas en materia de derechos humanos y en los procesos de paz a gran escala. Paradójicamente, Hollywood se constituye como uno de los bastiones críticos del poder público y un espacio para el disenso y el despertar de la conciencia. Quién lo fuera a decir.

SÚPER TAZÓN LI: FICCIÓN PREDECIBLE, REALIDAD INESPERADA

8 febrero 2017 by

Si hubiera sido una película, respondería a la fórmula triunfalista y motivacional que tantas veces hemos visto en el cine deportivo, en donde se revierte una gran cantidad de obstáculos con base en el sacrificio, la confianza en sí mismos y hasta una fuerza más allá de la comprensión. Un equipo castigado y su jugador estrella suspendido varios partidos al inicio de la temporada de manera injusta (según ellos), logra vencer dificultades y califica a la postemporada con la mejor marca de la conferencia americana, gracias a una labor de conjunto con experimentada dirección.

Tras ganar sus dos compromisos siguientes sin muchas dificultades, llega al Súper Tazón para enfrentarse a una temible ofensiva de cascos negros que viene arrasando a cuanto rival se ponga enfrente. La primera mitad es una pesadilla para los héroes del filme: pérdidas de balón, pases mal lanzados o soltados de las manos, carreras predecibles y una línea ofensiva que ni abre huecos ni le da el tiempo suficiente a su mariscal de campo. En tanto, los de enfrente celebran todo (antes de tiempo, empezando por su dueño), obtienen una ventaja considerable de 18 puntos y se van al descanso muy confiados, quizá demasiado por su inexperiencia en este tipo de partidos.

El guion del filme nos mostraría qué sucedió en los vestidores mientras alguna estrella musical hacía su show, canción de protesta incluida muy en consonancia con los trumpianos tiempos que corren (This Land is Your Land), sobrevolando en botas altas y traje espacial por los confines del estadio, promoviendo la diversidad sexual y confesando un mal romance con cara de póker. Imaginemos al hosco Belichick, sensible en el fondo, soltando un fuerte discurso entre llamada de atención e iluminadora esperanza, recordando lo grandes que son y cómo han superado pruebas de todo tipo, mientras que los rivales toman una postura sobrada, ya sintiendo el poder del famoso anillo en sus dedos.

Para la segunda parte, el escenario se plantea ideal para la gesta épica: todas las estadísticas en contra y la posibilidad de remontar la mayor ventaja en la historia del juego por el título de la NFL; incluso al terminar el tercer cuarto la distancia se amplió a 19 puntos, o sea, dos touchdowns con sendas conversiones de dos puntos y un gol de campo. Cumpliendo su papel de víctimas propiciatorias según señalaba el guion, los Halcones desaparecieron del partido para dar paso al dramático regreso de los protagonistas del filme: por supuesto que lograron los puntos necesarios para mandar el partido a tiempo extra por primera vez en la historia y, desde luego, finiquitar la gesta a las primeras de cambio.

Como epílogo, el villano favorito del equipo campeón (el comisionado Goodell) entrega el trofeo Vince Lombardi en medio de una buena rechifla y después le otorga el premio del jugador más valioso a Tom Brady, el hombre castigado por el asunto de los balones desinflados. Y como cabría esperar, la estrella del equipo cede el automóvil de premio a su compañero James White, tal como lo hizo dos atrás con Malcolm Butler, quien realizó la intercepción clave para ganarle a los otros Halcones, los marinos. Pero lo curioso del asunto, es que todo lo aquí descrito sucedió en la realidad, como si ésta hubiera copiado a las múltiples ficciones de empalagosa sensiblería.

LA EMOCIÓN QUE HACÍA FALTA

La postemporada había resultado demasiado predecible, condición mortal para mantener el interés en cualquier deporte. Salvo el partido entre Green Bay y Dallas, el resto se decidió muy pronto y con escasa emoción: ya sabemos que la clave para que cualquier deporte se sostenga es la posibilidad constante de una sorpresa y el equilibrio de fuerzas. Además, la NFL no se la ha visto fácil con la reducción del raiting y con el tema retomado en el filme La verdad oculta (Concussion, Landesman, 2015), sobre todo por el temor de los padres de familia ante la opción de que sus hijos jueguen fútbol americano.

En el volado inicial, los de Georgia eligieron patear en lugar de meter desde el principio a su poderoso ataque, suponiendo que sería mejor recibir la bola al inicio de la segunda parte; como sea y contra lo esperado, los puntos no llegaron en todo el primer cuarto. Pero en el segundo y comandados por Matt Ryan, el jugador más valioso de la temporada, los Halcones anotaron 21 puntos, 14 de los cuales se derivaron de errores de los Patriotas, hasta ese momento completamente desconocidos: ellos parecían los inexperimentados con un plan de juego predecible y varios errores en la ejecución. No obstante, antes del descanso lograron 3 puntos que significaron la ruptura mental de estar atrapados en la inoperancia.

Las primeras ofensivas de ambos equipos al regreso tampoco funcionaron y fueron los de rojo quienes volvieron a anotar, poniendo el marcador en un inalcanzable margen de 25 puntos, reducido por una anotación de seis que ahí se quedó por la falla del extra. Y aquí empezó a jugar la inverosimilitud: una mala patada corta de los de Foxboro, cuya posición de campo fue desperdiciada por los habitantes del Georgia Dome, ya en proceso de mudanza; una oportunidad clara para marcar un gol de campo que haría la diferencia definitiva, echada por la borda y un inexplicable derrotismo a la defensiva que se volvió incapaz de detener a los rivales en cinco series consecutivas, mientras su ofensiva no consumía nada de tiempo.

En contraparte, los Patriotas despertaron una eficacia que había estado dormida durante casi todo el juego: la línea empezó a dar más tiempo al mariscal, quien afinó la puntería y leyó mejor las opciones; los receptores hicieron malabares para quedarse con los balones y hasta en las conversiones de dos puntos se percibía una confianza absoluta: llegó un momento, cuando todavía estaban lejos del empate, que la sensación generalizada es que iban a alcanzar a los alicaídos Halcones, que parecían anestesiados como en un plan de auto saboteo ante el síndrome del objetivo alcanzado. Se les olvidó que los partidos son de cuatro periodos y no de tres.

Eso sí, más allá de filias y fobias, habrá que reconocer que cuando el conjunto representativo de Nueva Inglaterra juega el Súper Tazón, casi siempre resulta un juego lleno de emociones al límite que se decide al filo del reloj. Y claro que también se agradecen los efusivos comentarios de Martellus Bennett, ala cerrada de los Patriotas y quien declaró que no irá a la Casa Blanca a la celebración con Trump: “¡Derriben ese muro! ¡Te amo México!”

LA LA LAND: CANTO A LO QUE PUDO SER

3 febrero 2017 by

En cuanto género clásico, el musical se inscribe en una lógica que permite ponerle un alto al flujo de los acontecimientos y sublimarlos para crear una realidad paralela: los problemas se cantan, los romances se proclaman y los conflictos se coreografían. El mundo de tonos grisáceos se pinta de colores. Pero también el dolor se acentúa, la melancolía se potencia y la tristeza termina por profundizarse, como sucede en Bailando en la oscuridad (Von Trier, 2000). En términos narrativos, los musicales apuestan a la ruptura de la lógica y solicitan del espectador su complicidad para entender que el relato, a fin de cuentas, se desliza más por el pentagrama que por la página en blanco.

Escrita y dirigida por el oriundo de Rhode Island Damien Chazelle, volviendo al eje musical y en particular del jazz, explorado en Guy y Madeline en un banco del parque (2009) y en Whiplash: Amor y obsesión (2014), sus dos películas anteriores, La La Land: Una historia de amor (EU, 2016) es un homenaje entre celebratorio y nostálgico de tiempos en apariencia idos pero que permanecen mirando hacia el futuro y tratando de convertirse en él, como lo plantea el músico John Legend en una de sus líneas de diálogo: rememorar una forma musical tan vital como el jazz; un género colorido como el musical; una ciudad que en sus contrastes encuentra su fuerza como Los Ángeles; unos jóvenes con aspiraciones y, por supuesto, un enamoramiento sin dobleces.

Mia (Emma Stone, entusiasta) es una joven que intenta ser actriz y escritora de teatro, dividiendo su tiempo en atender una cafetería y participando en audiciones, esas experiencias que ponen a prueba la tolerancia a la frustración; por su parte, Sebastian (Ryan Gosling, polifuncional) es un pianista que busca mantener la integridad de sus convicciones con respecto a la pureza del jazz, en cierto sentido similar al estudiante de batería de Whiplash con todo y su actitud desdeñosa. Ambos están en ese estado en el que se encuentran millones de jóvenes en labores transicionales, esperando la oportunidad para dedicarse a lo que siempre han deseado.

Se puede vivir con optimismo aunque los sueños sigan sin cumplirse o incluso si los caminos que se presentan apuntan a otros destinos; claro que si la oportunidad se vuelve presentar, por más que uno diga haber renunciado a ellos, habrá que volverlo a intentar aunque el temor al fracaso incremente la desconfianza. Y si no se alcanzan, las expectativas se van ajustando a las condiciones de la realidad por mero instinto de sobrevivencia emocional y para no padecer la eterna frustración del hubiera sido, hubiera podido, hubiera hecho… sin dejar, por supuesto, de seguir imaginando nuevas posibilidades. Pero si las penas con pan son menos, los fracasos con amor como quiera. La duda es si los logros sin amor se saborean igual.

Un insufrible atolladero en un puente vehicular puede atemperarse si salimos del coche, soltamos el cuerpo y celebramos a todo pulmón que tenemos otro día soleado, aunque después tengamos que regresar a los autos y desquitarnos con el claxon o con el de adelante que no avanza. Eso sí: queda la alternativa de saberse uno más en la multitud, disfrutar una noche encantadora sin la compañía esperada, visitar el planetario para alcanzar la ciudad de las estrellas y seguir siendo un tonto repleto de sueños que se reconvierten al paso de las estaciones.

UN ROMANCE COREOGRAFIADO

Ella vive con unas jóvenes parecidas a Las señoritas de Rochefort (Demy, 1967) con vestidos y de colores primarios y actitud festiva; cuando conoce a esta especie de hosco Vendedor de ilusiones (DaCosta, 1962), primero se comporta como La inconquistable Molly Brown (Walters, 1964), pero a fin de cuentas sabe que es una encantadora Funny Girl (Wyler, 1968), buscando convertirse en La estrella (Wise, 1968) o en La cenicienta en París (Donen, 1957) y manteniendo el optimismo de Dulce caridad (Fosse, 1969), a pesar de las caídas y, como que no quiere la cosa, para entender porqué Todos dicen que te amo (Allen, 1996).

Por su parte, el admirador de los clásicos, la historia y los significados del jazz como manifestación cultural, de pronto se da cuenta, al llegar La noche de un día difícil (Lester, 1964), que está en posición de decir que ella es Mi bella dama (Cukor, 1964), aunque duda si pudiera sumarse a una Sinfonía en París (Minnelli, 1951), quizá en alguna vida paralela que incluya una visita al Molin Rouge (Luhrmann, 2001), manteniendo la esperanza de poner un club que sea All That Jazz (Fosse, 1979), cual refugio para la tradición, como si se tratara de un Cabaret (Fosse, 1972), búnker para la libertad y diversidad en plena represión nazi.

Entonces, ambos se encuentran ante la gran oportunidad de hacer, vía pura imaginación,la-la-land Un brindis al amor (Minnelli, 1953) mientras están Cantando bajo la lluvia (Donen y Kelly, 1952), con la protección de Los paraguas de Cherburgo (Demy, 1964), pero terminan por preferir el cielo despejado lleno de estrellas con la ciudad a sus pies y el infaltable farol de la calle para iluminar hasta la oscuridad de la casa, justo para que, a pesar de sus diferencias, tengan la gran oportunidad de edificar un Amor sin barreras (Robbins y Wise, 1961) que se expanda A través del universo (Taymor, 2007).

La vuelta a la normalidad de los personajes, después de participar en alguna de las secuencias de ese mundo paralelo donde la cotidianidad se vuelve coreografía, pone una vez más las cosas en su sitio, más en la medianía rutinaria que en los extremos. En este caso, atender la cafetería del estudio cinematográfico con clientes reacios al gluten, ir a audiciones interrumpidas por naderías, convertirse en el Piano Man de la clásica de Billy Joel (en lugar del nuevo Bill Evans), hacer covers de A-ha y A Flock of Seagulls disfrazado de falso bombero en alguna fiesta insulsa o entrar a una banda con la que no se comparte del todo la estética sonora.

A partir de coreografías sencillas y lucidoras para la pareja principal, sin pretender alcanzar los niveles de baile de Fred Astaire y Ginger Rogers sobre todo en Swingtime (Stevens, 1936), y de canciones de reconocimiento inmediato, cortesía de Justin Hurwitz, que abren la puerta para momentos de humor, festejo y añoranza, la puesta en escena apuesta por el clasicismo y una intencional disposición de elementos y colores, bien capturados por una cámara que sabe cuándo elevarse, acercarse o desplazarse para provocar el efecto deseado, en todo momento reforzado por el preciso uso de la iluminación.

La edición contribuye al desarrollo ágil de este romance aspiracional, siempre creíble por el indudable carisma de los intérpretes, de química probada desde anteriores filmes, y de las breves apariciones de los secundarios, en tanto las transformaciones de escenas y la magia de las secuencias en las que nos extraviamos en épocas pasadas y presentes donde la gravedad deja de ser ley, se integran al tono retro de un relato que encuentra su punto culminante en el notable desenlace, cual emotivo canto de lo que pudo ser. La La Land se convierte en un clásico instantáneo del género.

LIBROS 2016

8 enero 2017 by

Cerramos los recuentos del año que recién terminó con un brevísimo recorrido por algunas de las obras que nos dejó la literatura en el 2016, considerando las publicaciones que aparecieron en español durante el año que acaba de terminar. Por supuesto, se trata de apenas un esbozo de lo que uno alcanza a leer, en el entendido que el universo libresco es cada vez más inabarcable y dado el tiempo que toma la lectura y las maravillosas distracciones que ofrecen otros ámbitos, nada fácil resulta decidir y optar.

REALIDADES FICCIONADAS

En El ruido del tiempo (Anagrama), Julian Barnes retoma y novela con su acostumbrada sutileza la conflictiva relación del genial Dimitri Shostakóvich con el poder del estado soviético, en particular con Stalin: una reflexión profunda sobre los vínculos del totalitarismo con la expresión artística; también con base en una premisa real, Claudio Magris expandió su mensaje pacifista en No ha lugar a proceder (2015; Anagrama, 2016), contando la historia troncal de la instalación de un museo de la guerra para provocar un pensamiento antibelicista, reforzado por diversas historias alrededor.

Fernando Aramburu establece con claridad la forma en la que el terrorismo y los fanatismos, políticos y étnicos en este caso, se entrometen en lo más íntimo de una comunidad: Patria (Tusquets, 2016) centra su atención, a través de una prosa incisiva y sin concesiones, en el vínculo intervenido de dos mujeres inmersas en el asesinato del marido de una y la sospecha sobre el hijo de la otra. En tanto, La noche de la Usina (Alfaguara, 2016) de Eduardo Sacheri, de quien han resultado muy disfrutables sus historias sobre fútbol, publicó La noche de la Usina en el contexto del corralito en Argentina, donde un grupo de personajes bien delineados planean hacer justicia por propia mano, tentación cada vez más fuerte ante el estado de las cosas.

Manual para mujeres de la limpieza (2015; Alfaguara, 2016) integra un conjunto de relatos escritos, desde la vivencia propia como madre alcohólica y multichambas, por la estadounidense Lucia Berlin, fallecida en el 2004 y quien fue una hábil alquimista para mezclar sensaciones que van de la dureza a la inevitable complicidad, aunque nunca conmiseración. Jugando con los géneros y también escrito a lo largo de varios años, nuestra gran escritora Margo Glantz retrató la cotidianidad, insertando diversos apuntes temáticos y referencias del mundo del arte con una naturalidad sorprendente: Por breve herida (Sexto piso, 2016) nos lleva del consultorio del dentista a la experiencia estética en un instante.

PRIMERAS NOVELAS

La estadounidense Emma Cline debuta con Las chicas (Anagrama, 2016), logrado relato de inusual madurez para una primera novela, acerca de la siniestra secta liderada por Charles Manson pero desde una femenina perspectiva adolescente, entre la enajenación y la inocencia. Otra gratísima recién llegada es la chilena Paulina Flores, quien entregó como carta de presentación Qué vergüenza (Seix Barral, 2016), novenario de relatos en los que igual desfilan adultos despojados de proyectos vitales que niños y jóvenes en procesos de descubrimiento, todos en contextos no del todo favorecedores.

Escrita a flor de piel con la enjundia característica de la primera novela, Atticus Lish presentó Preparación para la próxima vida (2014; Sexto piso, 2016), en donde una inmigrante china musulmana y un excombatiente de Irak intentan sobrevivir a las durísimas condiciones del entorno, no solo ajeno sino inhóspito, y a los propios demonios a punto de estallar en las manos. Una revelación y todo un bienvenido desasosiego resulta leer Yakarta (Sexto piso, 2016) de Rodrigo Márquez Tizano, su primera incursión en el género que busca romper moldes en el protagonismo y en la idea del relato mismo: la invitación es a entrar a un laberinto lingüístico de salidas y entradas cautivantes.

SOBRE SÍ MISMOS

Fallecido apenas, el gran Ricardo Pligia, uno de los pilares de la literatura latinoamericana, publicó su segunda entrega de los recuentos de su vida, en los que paulatinamente uno va involucrando como si de un amigo cercano se tratara: Los diarios de Emilio Renzi. Años felices (Anagrama, 2016) es tan cercana y está tan fluidamente escrita que da la sensación de ocurrir en la propia vida o en la del hermano del alma que acompañó la adolescencia, con todo y el contexto del golpe de estado en Argentina y los cambios en las lógicas culturales e intelectuales de aquella época.

En esta misma tesitura, el noruego Karl Ove Knausgård continuó con su serie autobiográfica en Bailando en la oscuridad. Mi lucha: 4 (2010; Anagrama, 2016), sin perder el sentido novelístico y esa vena tan intensa como cercana: aquí ya cumplió los 18 y, como a muchos nos sucedió, anda en penumbras pero eso sí, con mucha intensidad para entrar a ese extraño mundo llamado adultez. John Le Carré, el especialista en espionaje, entregó Volar en círculos. Historias de mi vida (Planeta, 2016) en el que combina con soltura perspectivas y anécdotas políticas, literarias y personales.

FUTUROS A LA VUELTA

Proponiendo mundos posibles más allá de lo conocido pero donde las preocupaciones básicas de la humanidad siguen siendo las que dieron origen a nuestras formas de convivencia, el gran maestro estadounidense Don DeLillo indaga acerca de la muerte y sus efectos en Cero K (Seix Barral, 2016), desarrollada a partir de la mirada de los vínculos familiares en un futuro donde la criogenización es práctica esperanzadora; Michel Faber presentó El libro de las cosas nunca vistas (2014; Anagrama, 2016), imaginativo relato en el que un pastor tiene que viajar a un lugar llamado Oasis, mientras que su salvadora esposa se queda en un cada vez más decadente planeta Tierra.

Howard Jacobson disecciona con doloroso humor y realismo punzante a la sociedad contemporánea en J (2014; Sexto piso, 2016), a través de la alegoría de una relación afectiva en un mundo distópico y controlado, donde se tiende a la homogenización tal como sucedía en la lógica orwelliana; en tanto, Niccolò Ammanti recreó un mundo sin adultos en Anna (2015; Anagrama, 2016), en la que la puberta del título debe cuidar a su hermano pequeño y sobrevivir lo más posible para llegar a un lugar incierto: entre aventuras cargadas de adrenalina, miradas al mundo adolescente e infantil y anotaciones sociales, estamos ante una fluida narración de crecimiento a contracorriente.

REMEMORACIONES

Mathias Enard ganó el premio Goncourt con Brújula (Random House), como para no perderse en tierras lejanas y en los vericuetos del amor, sobre todo cuando se rememoran pasajes y vivencias atravesadas por las relaciones siempre intrincadas entre oriente y occidente, en tanto Anthony Doerr hizo lo propio obteniendo el Pulitzer por La luz que no puedes ver (2014; Suma, 2016), obra estructurada a partir de capítulos breves en los que se va desarrollando, con auténtica emotividad, la historia de una joven francesa que pierde la vista siendo niña y un huérfano vuelto soldado alemán que terminan por encontrarse en el contexto de la invasión y liberación de París.

Con la sutileza y ambigüedad reconocida, Patrick Modiano entregó Tres desconocidas (Anagrama, 2016), acerca de jóvenes solitarias en tránsito a la adultez y en plena búsqueda de identidad; Rachel Cusk propuso en A contraluz (2014; Libros del Asteroide, 2016) un mosaico de historias, anécdotas y sentimientos que diferentes personas le van contando a la narradora, una escritora inglesa de visita en Grecia para dar unos cursos y que a partir de la escucha va reflexionando en torno a su propia vida. Por su parte, Cristina Rivera Garza se inmiscuyó en la vida de Juan Rulfo para volver a mirar, desde una combinación de estructuras narrativas y de lenguas (cierra con un capítulo en Mixe), al hombre y su contexto; el título es preciso: Había mucha neblina o humo o no sé qué (Random House, 2016).

En su ardua labor para darle voz a las víctimas de la guerra, Svetlana Alexiévich entregó Últimos testigos. Los niños de la segunda guerra mundial (Debate, 2016), volumen integrado por entrevistas a algunos sobrevivientes de la región bielorrusa durante los años ochenta: el tema central del cual se plantean enriquecedoras es el de la infancia invadida por el conflicto bélico. En Mujer bajando una escalera (2014; Anagrama, 2016), Bernard Schlink construye un relato sobre el poder del arte, las oportunidades extraviadas para el amor y los recuerdos alrededor de las pasiones experimentadas; como en el evocativo cuadro que da título a la historia, el autor alemán pasea su pincel por las páginas llenándolas de sutiles formas y colores que terminan por calar hondo.

CUENTOS Y VERDADES

Neil Gaiman propuso también una colección de cuentos y poemas en Material Sensible (2015; Salamandra, 2016), como para internarse, justamente, por seres y mundos que están más allá de nuestra posibilidad tangible. Extrayendo de situaciones cotidianas sutiles giros sobre la soledad y la búsqueda de entendimiento con cierto sentido paradójico, Fabio Morábito compartió Madres y perros (Sexto piso, 2016), integrado por relatos que ocurren a la vuelta de la esquina, de la propia esquina. Sara Mesa llenó sus historias organizadas en el volumen Mala letra (Anagrama, 2016) con personajes en estado de ruptura, cual respuesta a cuando se fuerza a hacer las cosas así porque sí, como escribir con un trazo determinado.

Martin Kohan se sumerge con pluma segura sin didactismos excesivos en el oscuro mundo de la pornografía infantil, a través de Fuera de lugar (Anagrama, 2016), planteando cómo se cancela la conciencia moral sin que aparezca algún tipo de cuestionamiento sobre esta criminal actividad. En clave de literatura juvenil pero con un inteligente enfoque realista, Antonio Ortuño nos puso a recordar adolescencias idas en El rastro (FCE, 2016), navegando con timón firme entre la aventura detectivesca, la crítica social y el humor negro como salida al desesperante contexto de impunidad.

DESPEDIDAS Y POESÍAS

Ya no están pero aquí siguen. Henning Mankell se despidió con Botas de lluvia secas (2015; Tusquets, 2016), en la que recupera a Fredrick Welin, personaje de Zapatos italianos, para plantear las dificultades de la vejez y las últimas posibilidades de acercarse a la felicidad. Roberto Bolaño se fue pero no nos dejó solos. El espíritu de la ciencia ficción (Alfaguara, 2016), su cuarta novela póstuma, se ubica en la Ciudad de México de los años setenta con un par de escritores buscando, entre sueños y realidades, sobrevivir como tales. El gran escritor español Rafael Chirbes nos entregó París-Austerlitz (Anagrama, 2016), sentida descripción de una relación homosexual y el estimado Ignacio Padilla heredó Cervantes y compañía (Tusquets, 2016), uno de sus temas centrales.

El poeta español Antonio Gamoneda publicó La prisión transparente (Vaso roto, 2016), integrando tres poemarios y enfatizando ese tránsito de tradición a modernidad que ha caracterizado su obra, alrededor del dolor y la muerte. En tanto, Poesía completa (1980-2015) (Visor, 2016) de Manuel Vilas, da cuenta de la evolución del corpus escritural del también novelista en dos partes distinguibles, separadas por el cambio de siglo. En edición bilingüe, se publicó Solo ida. Poesía completa, gran oportunidad para sumergirse en los versos acuosos del imprescindible autor italiano Erri De Luca y Malva Flores presentó su poemario Galápagos (Era, 2016), como para descubrirnos en los misterios de las islas emocionales.

NOVELA NEGRA

Ganadora del premio RBA de novela negra, Perros salvajes (Even Dogs in the Wild, 2015; RBA, 2016) de Ian Rankin es la reciente aventura del inspector retirado John Rebus, aquí trabajando junto con Malcolm Fox para detener a una banda, en tanto el investigador Gamache, separado del cargo, se encuentra con un crimen en la biblioteca que frecuentaba; Louise Penny vuelve a colocar a su personajes en el hielo quebequense con su narrativa absorbente en Enterrad a los muertos (Salamandra, 2016). Los impunes (Random House, 2016) de Richard Price se centra, a partir de un tono directo y profundo a la vez, en la manera en que un caso no resuelto años atrás afecta a un grupo de policías en su mayoría ya retirados.

De Marlon James, Breve historia de siete asesinatos (2015; Malpaso, 2016) sigue y recrea la vida de los delincuentes, de los que poco se sabe, que asaltaron la casa de Bob Marley, hiriéndolo a él, a su mujer y al manager, cuando se preparaban par dar un concierto de pacificación en Kingston durante los setenta, época convulsa en la isla que le ha puesto ritmo al mundo. Tres días y una vida (Salamandra, 2016), obra punzante de Pierre Lemaitre no es detectivesca propiamente, pero sí aborda un crimen cometido por un niño que carga con la culpa a lo largo del tiempo.

 

LIBROS CENTENARIOS (1916) Y CINCUENTONES (1966)

15 diciembre 2016 by

Un brevísimo recorrido por algunos de los textos más representativos que vieron la luz en 1916 y 1966 cuya vigencia sigue intacta, tal como cuando fueron publicados.

1916

El dublinés W. B. Yeats (1865-1939) escribió un poema titulado Eastern, 1916, en honor de los irlandeses republicanos que se levantaron durante la pascua de aquel año contra el dominio inglés, ante la indiferencia generalizada. La rebelión fracasó y el poeta escribió estas líneas en los meses subsiguientes aunque se conocieron cinco años después. Por su parte, su célebre conciudadano James Joyce (1882-1941) presentó Retrato del artista adolescente, que se fue publicando a manera de serial en un revista: Stephan Dedalus, el protagonista, encarna pasajes y tintes autobiográficos del genial escritor. En esta tesitura de recuperar la propia vida, Rabindranath Tagore (1861-1941) escribió El hogar y el mundo y La cosecha, con un enfoque místico.

El forastero misterioso de Mark Twain (1835-1910) fue una novela publicada de manera póstuma en la que el autor de Florida hace una crítica a la religión como institución y a la hipocresía de la humanidad, a través del protagonista llamado, elocuentemente, Satanás. En esta línea, Henri Barbusse (1873-1935) entregó El fuego, con evidente enfoque antimilitarista que le llevó a ganar el premio Goncourt.

L. Frank Baum (1856-1919) continuó con la creación de su famoso mundo a través de Rinkitink en Oz, la décima entrega de la serie en la que el héroe del título, junto con algunos amigos, debe enfrentar los desafíos que los regos y coregos, gobernados respectivamente por un rey y una reina que compiten en maldad, imponen a los habitantes de Pingaree, isla perteneciente a la tierra de Oz. Por su parte, Edgar Rice Burroughs (1875-1950) extendió su famoso personaje en Las fieras de Tarzán, aparecida antes en una revista y en Tarzán y las joyas de Opar.

Uno de los libros centrales en el contexto de la revolución mexicana fue Los de abajo, escrito por Mariano Azuela (1873-1952) y cuya trama se inserta en el movimiento social de principios del siglo XX con el rebelde Demetrio como protagonista: de obligada lectura para profundizar en esta época de nuestro país. En el contexto de la Primera Guerra Mundial se desarrolla la novela Los cuatro jinetes del Apocalipsis del español Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), en donde dos familias argentinas de origen común acaban en bandos opuestos.

Por no dejar, J. R. R. Tolkien (1892-1973) escribió dos poemas: Narquelion, con la particularidad de que lo hizo en lengua élfica, una de las que creó este imaginativo filólogo dentro del universo de El señor de los anillos, y Habbanan bajo las estrellas, conocido de manera posterior y en el que se describe esta región a donde eran llevados los hombres por el barco de la muerte. En tanto, Intervalos en la montaña, cortesía de Robert Frost (1874-1963), nos remitía a la realidad del ser humano atrapado en sus propias emociones.

CAMPOS DEL CONOCIMIENTO

Diversos campos del conocimiento se vieron favorecidos por trascendentes publicaciones: derivado de las famosas conferencias dictadas a finales de 1915, La teoría general de la relatividad de Albert Einstein (1879-1955), revolucionó la física y la forma de comprender el funcionamiento del mundo tangible; Educación y democracia de John Dewey (1859-1952) continúa siendo referencia vital para quienes se dedican a labores pedagógicas; Bertrand Russell (1872-1970), en tanto, propuso Principios de reconstrucción social, lleno de ideas más vigentes que nunca dados los eventos recientes en materia política.

También vio la luz el clásico Curso de lingüística general de Ferdinand de Saussure (1857-1913), aparecido de manera póstuma, que contribuyó en definitiva para constituir a este campo y entenderlo desde la perspectiva de los signos, en tanto sistema complejo; Catalogus Seminum et Sporarum de los nipones Ninzō Matsumura (1856-1928) y Takenoshin Nakai (1882-1952) representó un manual de gran utilidad para la botánica, ámbito que también se robusteció con A Census of New South Wales Plants de Joseph Henry Maiden (1859-1925) y Ernst Betche (1851-1913).

1966

POSMODERNOS, ABSURDOS Y SOÑADORES

En la obra Rosencrantz y Guildenstern están muertos de Tom Stoppard (1937), después hecha película, se rescata a un par de personajes secundarios de la obra de Shakespeare, recreando su existencia a través del teatro del absurdo. En La subasta del lote 49, el gran autor estadounidense Thomas Pynchon (1937) ya daba muestras de su ojo posmoderno para crear historias llenas de personajes y agrupaciones estrafalarias, a partir de la búsqueda de su protagonista Edipa Maas, recién enterada que es la albacea de una gran fortuna heredada por un examante.

Por su parte, André Breton (1896-1966) dio forma definitiva, después de una primera publicación en 1939, al volumen Antología del humo negro, en el que se dan cita grandes nombres que según su compilador, lograron salir avante de la tontería, el sentimentalismo y la broma sin gravedad. El maestro y Margarita, novela póstuma de Mijaíl Bulgakov (1891-1940), apunta sus dardos al totalitarismo soviético desde la mejor arma posible: la ironía. Ganadora del premio Pulitzer, El reparador de Bernard Malamud (1914-1986) retoma un caso real para enfrentar a un hombre frente a la injusticia de acusarlo por un crimen que no cometió.

Con Ancho mar de los sargazos, la dominicana de origen británico Jean Rhys (1890-1979) reapareció en el mapa novelístico después de más de 25 años de silencio con Antoinette Cosway, personaje femenino envuelto en el misterio, directamente referido a un referente literario, cual precuela de Jane Eyre de Charlotte Brontë. Jaqueline Susann (1918-1974) exploró, a través de la vida de tres amigas durante 20 años, los entretelones del sueño americano en El valle de las muñecas, llevada de inmediato al cine sin mucha fortuna por Mark Robson en 1967.

John Fowles (1926-2005) entregó El mago, que mereció una revisión en 1977 y en la que el joven Nicholas, narrador omnipresente, vive una serie de enigmáticas experiencias de la mano del hombre que da título a la historia. Para niños de cualquier edad, Roald Dahl (1916-1990) escribió El dedo mágico, historia de una niña que no puede controlar las consecuencias de sus enojos y María Elena Walsh (1930-2011), su conocido libro Dailan Kifki, nombre de un elefante dejado a la puerta de un casa, justo para desatar un sinfín de aventuras.

ENTRE LA REALIDAD

Una de las obras más celebradas de aquel año fue A sangre fría de Truman Capote (1924-1984), a medio camino entre el reportaje de nota roja y la novela, con el autor sentimentalmente involucrado. En Acto de servicio, Heinrich Böll (1917-1985) reflexiona sobre la situación de su país a partir de la historia de un padre y su hijo sometidos a juicio por incendiar un vehículo oficial del ejército alemán. John Dos Passos (1896-1970) publicó sus memorias bajo el título de Años inolvidables, recuperando su relación con Ernest Hemingway y de otros afamados contemporáneos.

El pequeño gigante de la narrativa israelí Amos Oz (1939), debutó en el ámbito de la novela con la costumbrista Quizás en otro lugar; en la similar tesitura, el nigeriano Chinua Achebe (1930-2013) escribió Un hombre del pueblo, describiendo un conflicto entre un profesor y un funcionario en una nación africana que acababa de alcanzar la independencia: si bien el suceso nació como ficción, se fue verificando de diversas maneras con tristes variaciones en la historia de los países de aquel continente.

La muy leída Tai-Pan de James Clavell (1921-1994) es una novela histórica sobre el resurgimiento de Hong Kong después del triunfo inglés de la primera guerra del opio. Ahora vuelta a los primeros planos por la adaptación reciente que dirigiera el maestro Martin Scorsese, Silencio de Shūsaku Endō (1923-1996) se centra en las misiones jesuitas a Japón en el siglo XVII, época de persecución hacia los cristianos en aquel país.

DETECTIVES, POLICÍAS Y ESPÍAS

Hércules Poirot, el famoso detective de buen comer, formas directas aunque educadas y tieso bigote creado por Agatha Christie (1890-1976) protagonizó Tercera muchacha, obra ya de madurez de la afamada dama del misterio en la que una joven que comparte hogar con otras dos compañeras, llega con el susodicho y le dice que cree haber cometido un asesinato. Nero Wolfe, por su parte, también apareció para resolver enigmas en La muerte de Doxy, historia perpetrada por su creador Ed McBain (1926-2005).

Ellery Queen, seudónimo de los autores y nombre del investigador, presentó Un estudio en terror, resultado del guion para la película homónima. Ed McBain presentó 80 millones de ojos de su serie Distrito 87. El conocido James Bond, creación de Ian Fleming (1908-1964), tuvo una misión más en Octopussy, llevada puntualmente al cine y publicada de manera póstuma. El Juez Di dictó sentencia en Asesinato en Cantón de la autoría de Robert van Gulik (1910-1967), quien retomó a este personaje histórico chino que vivió en el siglo VII.

MUNDOS POSIBLES

Aguardando el año pasado de la pluma llena de paranoia de Philip K. Dick (1928-1982), en donde un reconocido médico tiene que hacer frente a la adversidad de su matrimonio, en medio de una guerra interplanetaria en el 2055 con un líder terrestre que padece extraños trastornos y una droga en plena moda que permite viajar en el tiempo. En La luna es una cruel amante, Robert A. Heinlein (1907-1988) narra, a través del involucramiento de un contratista que cuenta con la inteligente computadora Mike, la batalla para liberarse del régimen de la Luna; se llevó el premio Hugo a mejor novela del género.

Publicado como cuento en 1959 y después ampliado a novela en 1966, ganadora del premio Nébula y llevada al cine en 1968, Flores para Algernon de Daniel Keyes (1927-2014) llamó la atención por la temática acerca del incremento de la inteligencia a través de procesos experimentales, aplicados a un hombre con retraso mental y a un ratón, quienes establecen un vínculo. Un caso particular fue la publicación de la famosa historia Viaje fantástico de Isaac Asimov (1920-1992), dado que primero fue el guion y después la novela. La famosa misión consistía en entrar al cuerpo de un científico, después de un proceso de miniaturización, para curarlo de una trombosis.

EN NUESTRO IDIOMA

Todos los fuegos el fuego, volumen de ocho cuentos de Julio Cortázar (1914-1984) confirmó su habilidad para el género con espíritu innovador, así como la precisión en el uso del lenguaje. Exiliado en París, Juan Goytisolo (1931) inició una trilogía con Señas de identidad, experimentando con la forma narrativa y reflexionando, a través de su personaje Álvaro Mendiola, acerca del sentido de la nacionalidad y la composición de la sociedad. Cinco horas con Mario de Miguel Delibes (1920-2010), en tanto, se articula a partir de los soliloquios de una viuda cuarentona frente al cadáver de su marido: toda una inmersión en la vida de estos dos personajes.

Fernando del Paso (1935) presentó José Trigo, uno de los más importantes debuts novelísticos en nuestro país y la región, aquí centrándose en la precaria y difícil vida de los trabajadores ferrocarrileros expuesta con una notable combinación de cercanía y aventura lingüística, tanto en la forma como en la estructura. Todo un labrador del lenguaje, José Lezama Lima (1910-1976) publicó Paradiso, la única novela que vio la luz cuando el escritor cubano estaba vivo y que sigue los años de infancia y juventud de José Cemí, con tintes autobiográficos.

Desde Chile, José Donoso (1924-1996) nos llevó a un mundo plagado de ambigüedades sexuales y afectivas en Un lugar sin límites con un burdel como el epicentro de conflictos y que después fue retratado en versión fílmica. Por su parte, Pablo Neruda (1904-1973) publicó Arte de pájaros, alzando el vuelo en forma también de disco, grabado junto con el cantautor Ángel Parra, en el que el gran poeta recita la primera y última pieza, mientras que sus letras son entonadas en el resto de las canciones.

PELÍCULAS CENTENARIAS Y CINCUENTONAS (1966/2016)

8 diciembre 2016 by

En Hold Me While I’m Naked, corto de George Kuchar que explora la idea del cine en el cine, a través de un director en plena depresión, se reflexiona también acerca del acto creativo y su trascendencia. Para que una película sea recordada después de uno o medio siglo, debe tener un sello distintivo y una manufactura resistente al envejecimiento prematuro. Revisemos algunos ejemplos presentados hace 50 y 100 años.

1916

Tras recibir algunas acusaciones acerca de su mirada racista, D. W. Griffith filmó intoleranciaIntolerancia, filme clave para el desarrollo del lenguaje cinematográfico en el que se narra la historia de una joven pobre separada de su hijo y marido se entremezcla con la condena a Jesús y la masacre de San Bartolomé en París durante 1572. Después de esta película, el cine no se volvería a tener el mismo significado visual.

En aquellos años, se recurría a hsitorias clásicas para adaptarlas la cine, tales como 20,000 leguas de viaje submarino de Stuart Paton con base en el texto de Julio Verne; Snow White de J. Searle Dawley, retomando ideas de cuentos famosos; The Right to Be Happy de Rupert Julian sustentada en el cuento de Charles Dickens; Sherlock Holmes de Arthur Berthelet, una de las primeras versiones fílmicas del gran detective y el serial Judex de Louis Feuillade, con el héroe de la máscara que nos vendría bien en estos tiempos de impunidad casi total, en plena lucha contra el corrupto banquero Favrauxom.

1966

UNAS DE VAQUEROS, HÉROES Y ESPÍAS

El western estuvo muy bien representado por El bueno, el malo y el feo, clásico instantáneo de Sergio Leone, acompañado del omnipresente score de Ennio Morricone y la presencia del trío Eastwood-Wallach-Van Cleef. Además, el spaghetti western se nutrió de Django, dirigida por Sergio Corbucci con su carga antirracista y por un par de despedidas: Texas, adiós de Ferdinando Baldi y Adiós gringo de Giorgio Stegano.

El gran cineasta Richard Brooks entró al género con Los profesionales, contando en su alineación con Lancaster, Marvin, Ryan y Strode como el inusual equipo para rescatar a la esposa de un ricachón texano, secuestrada, faltaba más, por un revolucionario mexicano. En tanto, La última jugada de Fielder Cook, combinaba el contexto del western con la comedia de apostadores que quieren pasarse de listos. Una espadachina rescatista se dio vuelo en Bebe conmigo (Da Zui Xia) de King Hu, filme que empezaba a reelaborar el género de las artes marciales.

¡Atención automóviles! es una comedia criminal soviética de Eldar Ryazanov en la que un agente se seguros también es un ladrón de coches pero al estilo Robin Hood: le roba a los malos para dar el dinero a la caridad. Por su parte, el dúo dinámico apareció en pantalla de la mano de Leslie H. Martinson: Batman anunciaba de manera temprana el auge comiquero que hoy vivimos en el mundo del cine. Por su parte, Paul Newman se encargó de El Blanco móvil (Harper) de Jack Smight para interpretar a Harper Lee, el famoso detective creado por Ross McDonald y de Cortina rasgada, bajo las órdenes de Alfred Hitchcock.

CONFLICTOS

blow-upViviendo sus últimos quince minutos de fama, Edie Sedgwick protagonizó Lupe, bajo la dirección de Andy Warhol, una particular biografía de la potosina Lupe Vélez, de vida turbulenta y triunfadora en el Hollywood de los treinta. Mike Nichols rodó el clásico ¿Quién le teme a Virginia Wolf? Con Elizabeth Taylor y Richard Burton, mientras que Michelangelo Antonioni se escapó de la burguesía italiana para filmar Blow Up, retratando el Londres del Mod, con un misterio irresoluble de por medio, capturado por el fotógrafo protagonista.

El profundo director sueco Ingmar Bergman propuso Persona, intenso, poético, femenino e íntimo retrato de dos mujeres en condiciones aparentemente opuestas pero con subyacentes vasos comunicantes que van trastocando, desde la comunicación, sus lógicas relacionales: una actriz muda y su enfermera se enfrascan en un monólogo verbal y una interrelación en el amplio sentido del término.

Los franceses contrastaron sexos: Jean-Luc Godard rodó Masculino, Femenino y Claude Lelouch Un hombre y una mujer, con enfoques distintos y acordes con las perspectivas de cada uno de los cineastas: experimental el primero y romántico el segundo. Por su parte, Robert Bresson realizó Al azar de Baltasar, historia sobre el burro del título y Marie, que vivían en armonía hasta que son separados y padecen destinos diferentes. En términos totalitarios, François Truffaut arriesgó con la esperada sensibilidad en Fahrenheit 451, basada en el clásico de Ray Bradbury

Realizada por Hiroshi Teshigahara, La cara de otro retomó el tema de cómo se puede trastocar la personalidad, aquí desde la ciencia ficción, en cuanto a las máscaras que usamos para desenvolvernos socialmente, caso también revisado en El otro Sr. Hamilton (Seconds) de John Frankenheimer. Basada en la novela de Knut Hamsun, escrita y dirigida por Henning Carlsen, Hunger (Sult) sigue a un aspirante a escritor en plena crisis económica intentando mantener intacta su dignidad. Black Girl realizada por Ousmane Sembène con base en su novela, sigue a una joven senegalesa que busca asentarse en Francia.

HISTORIA

Andrei Rublev, segundo largometraje del gigante soviético Andrei Tarkovsky, es un impactante fresco de la Rusia medieval luchando entre el salvajismo y la mística, representado a través del pintor iconográfico del título y estructurado en siete episodios, con una cámara en perpetuo y seguro movimiento, dando cuenta del proceso de culpa, redención y conflicto eterno del personaje central, en un ambiente convulso y en intensa disputa; en riguroso blanco y negro hasta que al final se presentan los trabajos del artista, la versión original rebasaba los 200 minutos pero la censura oficial dejó la cinta en “solo” tres horas: un ejemplo de cómo esculpir en el tiempo.

Dirigida con articulado uso de recursos tanto actorales como de producción por Fred Zinnemann, El hombre de dos reinos (A Man for All Seasons) centró su mirada, dentro del contexto de la ruptura que buscaba Enrique VIII, en los últimos años de Tomás Moro, buscando la utopía hasta el aliento final. John Huston realizó La Biblia, recreando los primeros pasajes del Génesis y Gillo Pontecorvo dirigió la poderosa y reveladora La batalla de Argel en tono documentalista y panorámico.

Desde Checoslovaquia llegó Las pervertidas de la realizadora Vera Chytilova, en la que se seguía a dos jóvenes desinhibidas en tiempos de nacientes revueltas y Trenes rigurosamente vigilados, dirigida con gracia y cercanía por Jirí Menzel, transitando con soltura entre la comedia y el drama con el joven Milo, quien se suma al trabajo con todo y uniforme, tras una tradición familiar, a una estación perdida durante los años finales de la 2da. Guerra Mundial. En tono similar e igual contexto, La fuga fantástica de Gérard Oury buscaba un resquicio de paz entre franceses y alemanes durante la ocupación de París y alrededores.

SONIDOS Y VISIONES DEL FIAC 2016: ENTRE LA SINGULARIDAD Y LA REITERACIÓN

30 noviembre 2016 by

Aprovechamos el desarrollo del Festival Internacional de Arte Contemporáneo en León para sumergirnos en algunas propuestas sonoras y tecnológicas que se alimentan de la innovación y la creatividad, buscando retomar elementos tanto del arte como de la ciencia cual mundos en expansiva colisión. En esta segunda entrega, una mirada y escucha a dos artistas representativos de las nuevas tendencias artísticas, siempre con los referentes históricos como soporte, que por fortuna están entre nosotros.

DEL BIT AL RUIDO, DEL BYTE A LA IMAGEN

Tristan Perich (Nueva York, 1982) ha buscado integrar lógicas provenientes del mundo de las matemáticas y la física con el arte sonoro y visual, cuales fórmulas y modelos puestos a prueba en intrincados pentagramas y encuadres de electrónica manufactura, así como en presentaciones en vivo donde crea escenarios orgánicos a partir de un enfoque digital lleno de bytes inquietos. Con base en ecuaciones y operaciones numéricas, desarrolla entidades musicales, instalaciones y dibujos en papel generados por máquinas que siguen determinados planteamientos programáticos.

Conocida es su pared microtonal de 7.25 metros, que estuvo en el museo de arte de San Diego a finales del año pasado, compuesta por 1,500 bocinas con una frecuencia específica que en conjunto alcanzan cuatro octavas; en este ámbito, también explora los intervalos y la noción de continuidad a través de frecuencias sonoras continuas, distribuidas en paneles de pequeños altavoces colocados estratégicamente. Su álbum 1-Bit Music (2004) fue realizado como un microchip en el que se sintetizó su música electrónica creada en vivo. (http://www.tristanperich.com/).

A largo de sus cinco movimientos y a partir de un solo microchip, 1-Bit Symphony (2010) tristan-perichestablece envolventes secuencias impredecibles de agudeza incisiva que se rompen y restauran en aparente casualidad, imposibles de pasar por alto. Desarrolladas en capas sonoras como si de un teclado multinivel se tratara, las piezas eluden las posibilidades melódicas para centrarse en estructuras de una extraña geometría, formando armonías contrapuestas con un particular sentido de la sinergia. En contraparte, se puede apreciar su obra 1-Bit Video, presentando imágenes en blanco y negro con baja resolución generadas por la síntesis de un microchip y rayos catódicos televisivos.

En este mismo sentido estético, Noise Patterns se integra por seis secciones que exploran las posibilidades del ruido, en cuanto a materia capaz de aparentar evolución y movimiento, creando justamente patrones solo susceptibles de ser descubiertos a posteriori. Si bien se puede escuchar en las plataformas digitales como si fuera un disco, el producto físico es un circuito sobre una tabla negra con un audífono que incluso tiene su pequeño switch de encendido, como para reforzar ese toque de digitalismo anacrónico que remite a imágenes polvorientas y llenas de pelusa.

ILUMINADA ELECTRÓNICA OSCURA

El trío londinense conformado por los artistas electrónicos e instrumentistas Matt Parker y Chris Amblin y por la vocalista nipona Ayu Okakita, navega entre varias influencias sonoras que van de las oscuridades electrónicas propias de los ochenta, al dubstep de reverberación hipnótica que tanta presencia tiene en las propuestas postmilenarias. Se bautizaron como Nedry en referencia al regordete empleado de Jurassic Park que tiene que enfrentarse con algunas de las lindas criaturas que se encontraban en cautiverio.

Ya colaborando directa y presencialmente después de una breve separación, el grupo debutó con el EP SZ (2010) de producción casera, que sirvió como impulso para consolidar su primer disco poco después: Condor (2010) resultó breve pero cautivante, gracias a esas vocales que han sido comparadas con Bjork y al tejido electrónico de creativo diseño, por momentos dejando que la luz lo traspase aunque con el énfasis puesto en una cuidada densidad.

Su segundo disco, titulado muy a propósito In a Dim Light (2012), inspirado en David Lynch y T.S. Eliot, según se ha señalado, marcó una sustentable permanencia que se extendió a una versión de remezclas. Las penumbras siguen rodeando una voz que combina cierto misterio con fragilidad y elementos cercanos al postrock y al trip-hop aparecen cual escenarios fantasmales que se disipan justo cuando podrían ser percibidos con mayor nitidez. La luz difusa, mientras tanto, se resiste a sucumbir del todo.

SONIDOS FEMENINOS DEL FIAC 2016

27 noviembre 2016 by

El error y el fallo como materia prima para reconvertirla en arte impensado. Si la ciencia avanza con base en las equivocaciones, el arte ensancha fronteras aprovechando los cabos sueltos y los caprichos de algún elemento del sistema: paradójicamente, esa ruptura abona a la singularidad de la entidad, más allá de afectarla negativamente, y la convierte en una realidad distintiva. Desde luego, dependemos del entramado subjetivo y de la perspectiva de quien aprecia para que así ocurra.

Algunos de los sonidos que acompañan la celebración del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de León, ahora que está de regreso, como reclamando su lugar en una tradición que parecía desplazada, muy a tono con la concepción temática que presenta cual esperada anomalía que resquebraja la apabullante normalidad. En esta oportunidad, las claves femeninas que nos visitan.

EMIKA: VOZ EN ELECTRÓNICAS PENUMBRAS

Con sangre checa corriendo por sus venas, la artista inglesa Ema Jolly (1986), conocida en los circuitos de la electrónica como Emika, se trasladó a Berlín después de estudiar al respecto de los vínculos entre la música y las tecnologías informáticas. Tras algunos sencillos, debutó con Emika (2011), en donde plasmó su estética glitch, aprovechando sonidos erráticos puestos en orden por la vocal, poblando el ambiente de ecos fantasmales en cadencia sincopada con lances clasicistas, como si estuviéramos en una película de miedo en la que nunca se revela la verdadera causa de nuestro temores.

emikaDVA (2103), que significa dos en checo, representó una natural continuidad a sus intereses sonoros, introduciéndose en la diversa selva del dubstep con esas reiteraciones que van poniendo los pelos de punta sin que nos demos cuenta, gracias al hipnotismo de una vocal nebulosa de pronto queriéndose operística,. Una derivado de esta obra y recurriendo a la música clásica, en particular a la influencia de su compatriota Leoš Janáček, grabó en clave instrumental pianística Klavírní (2015), con piezas nombradas como Dilo y secuenciadas del 4 al 16, buscando crear una sensación de continuidad que intenta regresar una y otra vez.

Con su siguiente álbum, titulado sintéticamente Drei (2015), la cantante y compositora, bien armada con su laptop y su inventiva para recrear un sonido que suena familiar, sobre todo si pensamos en el tecno y el dark ochentero, volvió a levantar su cautivante y versátil voz, que igual se ajusta a esquema de pop sintético que a lúgubres atmósferas donde predominan las líneas de bajo con exceso de calorías. Ahora sabemos que las fallas también pueden ser amigables y, mejor aún, evocativas.

JASMINE: AMBIENTES A LA DISTANCIA

Con su álbum Yellow Bell (2015), de carácter introspectivo y conformado por una mezcla de sonidos aleatorios y edición expansiva, la artista Jasmine Guffond (1972), originaria de Sidney y afincada en Berlín, propone un entorno exigente y a la vez irresistible para el escucha con capacidades para adentrarse por texturas en principio inescrutables pero paulatinamente clarificadoras. La experimentación como premisa para moldear el silencio y entremezclarlo con el sonido, acaba por ser extrañamente cercana y familiar.

Elephant es una pieza por completo hipnótica, que parece ser un canto a los grandes yjasmine-guffond hermosos paquidermos, mientras que la pieza titular nos devuelve a una sutil disonancia que nos acompaña en el extravío. Con el conocimiento útil y las nociones medulares para comprender y profundizar en la cotidianidad, concluimos este trayecto auditivo tan cercano como si estuviéramos en un paseo donde lo que priva no es la mirada, sino el oído: una campana amarilla es nuestra guía y anfitriona.