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MUTANTES Y PIRATAS

25 mayo 2011

Son dos de las franquicias principales del siglo XXI en el terreno del cine de entretenimiento. Basadas en un cómic y en una atracción de parque de diversiones, sintomáticas fuentes para explicar sus mecanismos narrativos, lograron ocupar un lugar preponderante en las propuestas veraniegas no solo gracias a sus valores de producción, sino a la combinación equilibrada de acción y diseño de personajes atractivos.
Aunque ambas dieron muestras de agotamiento en su tercera entrega, sobre todo la de los piratas, han regresado para fortalecerse en su cuarta edición, particularmente la de los mutantes. Mientras que una responde al universo Marvel y a Stan Lee, su mastermind, la otra hace lo propio con el sello Disney, ya dueño del primero. Una diferencia entre ambas, que se evidencia más ahora, es que los hombres X incluyen apuntes sociales en su propuesta, mientras que los viajeros del Caribe se enfocan al clásico cine de aventuras.

PRIMERA GENERACIÓN
El director Matthew Vaughn ha demostrado no ser flor de un trío de películas: a partir de sus muy entretenidas No todo es lo que parece (04) y Kick-Ass (10), parece haberse ganado el puesto para volver a colocar a los mutantes y seres humanos que los acompañan en la palestra de los blockbusters: lo logró. Con base en un guión que sabe cuándo detenerse en los personajes, cuándo imprimir cierta acción aderezada de un bienvenido humor y en qué momento vincularse con el mundo de los humanos –en este caso, la crisis de los misiles en Cuba con una mirada al nazismo- la cinta se constituye como una de las grandes del género, abriendo nuevas posibilidades a lo que había hecho Christopher Nolan con Batman.
X-Men: Primera generación (X-Men: First Class, EU, 11) se centra en la historia de amistad y desencuentro entre Charles y Erik, quienes mientras tuvieron un enemigo común (Kevin Bacon, estupendo) no hubo tanta bronca, como suele suceder en esto de las relaciones personales. Alrededor de ellos, una serie de mutantes en proceso de descubrimiento y auto aceptación adolescente –notable las secuencia de reclutamiento- y otros ya más creciditos y definidos, aunque tomando partido según la postura de los líderes en cuanto a cómo vincularse con la humanidad, entre la que se ubicaba Moira (Rose Byrne), al fin personaje clave de la trama trastocando machismos laborales.
Con una edición acorde a las necesidades de la trama, incluyendo pietaje de declaraciones reales y la ya usada división de pantalla; un pertinente score y un diseño de arte que remite a las películas del primer James Bond y al contexto de la Guerra Fría, el filme acaba por resultar el mejor de la saga, gracias también a un gran trabajo de casting en el que participan intérpretes más conocidos (James McAvoy, Oliver Platt) junto a otros que ya se habían visto en sólidas obras de corte independiente como Michael Fassbender en Hambre (McQueen, 08) y Jennifer Lawrence en Invierno profundo (Granik, 10), además de January Jones (Mad Men) y Nicholas Hoult (A Single Man, Ford, 09), entre otros.
Una película consistente en sus propósitos que conecta con el fan comiquero y que no olvida a las grandes audiencias, buscando entretenimiento capaz de atrapar atenciones y transportar al espectador, si se deja, a otros mundos en los que las infinitas posibilidades deben estar tamizadas por el punto que se encuentra justo entre la serenidad y la ira: precisamente el engranaje entre diálogos, sucesos y recuerdos es el que permite que el filme alcance lecturas más allá de la diversión simple, sin obviarla. Sólo faltó que conociéramos un poco más, por cierto, de los orígenes de algunos de ellos.

CUARTA GENERACIÓN
Ahora con el especialista en musicales Rob Marshall en la dirección (Chicago, 02; Nine, 09) y la inclusión de Penélope Cruz como una pirata advenediza y de Ian McShane interpretando con suficiente descaro a Barba Negra, aparecen los piratas que quieren ser bucaneros y viceversa. Notable resulta la ambientación y la creación de escenarios, con detalles de diversa índole que por momentos resultan más atractivos que el desarrollo argumental, así como una fotografía reluciente, sobre todo en la secuencia de las sirenas, la más atractiva del film.
Piratas del Caribe: Navegando aguas misteriosas (EU, 11) se sustenta en un guión que sigue la arquitectura básica de sus predecesoras: un objeto deseado, en este caso la fuente de la eterna juventud, y una serie de grupos antagónicos en su busca: en medio, el manierista Jack Sparrow Deep danzando para salvar el pellejo y conseguir lo que quiere, aliándose y traicionando según las necesidades del caso. A esta repetitiva estructura se le añade el romance entre una sirena y un religioso, así como la siempre agradable presencia de Geoffrey Rush, también con agenda propia ya sin escuchar el discurso del rey.

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