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LA UNIVERSIDAD DEL SUSTO MONSTRUOSO

28 julio 2013

Pixar parece estar apostando recientemente por lo seguro, aunque en ello se sacrifique cierta novedad, sello habitual de la marca convertida en estilo distintivo del mundo de la animación, ahora propiedad de Disney. Claro que éste no parece ser el mejor año para el género, al menos en el ámbito del mainstream y de los estrenos veraniegos: al momento, ninguna de las películas estrenadas han conseguido alcanzar el nivel al que ya estamos acostumbrados. No obstante, siguen siendo una buena alternativa fílmica para la familia, en esta época en la que los papás extrañan la escuela de sus hijos en la misma proporción en la que ellos ni la recuerdan.
He aquí el ejemplo de la precuela de Monsters Inc. (Docter y otros, 2001) aquella gran película que consolidó a Pixar como los tipos a seguir en este terreno de sólidas historias y animación absorbente. Dirigida por Dan Scanlon (Tracy, 2009), nuevo invitado a la compañía aunque ya había escrito el guion y ayudado en la dirección al jefe Lasseter para la realización del corto Mate y la luz fantasma (2006) (mejor que Cars, por cierto), Monsters University (EU, 2013) opta por colocar como protagonista a Mike (Billy Crystal), a diferencia de la anterior cinta en la que el personaje principal era Sullivan (John Goodman), sin descuidar cómo se construyó la relación entre ambos, en principio difícil aunque después perdurable, con la presencia del antagonista Randy (Steve Buscemi), futuro y siniestro rival.
En efecto, el argumento transcurre en cómo se conocen, comparten y relacionan los dos monstruos en sus años mozos, dentro de un contexto universitario muy característico de las instituciones estadounidenses: la fuerte presencia, rivalidades y excesos de las fraternidades, como se advertía en Duro aprendizaje (Singleton, 1995) o en el libro Soy Charlotte Simmons (2004) de Tom Wolfe; las estatuas de bronce como monumentos o los espacios de reverencia inevitables; las figuras aun presentes de profesores elevados a rangos míticos, como la exigente gárgola (Helen Mirren), y el característico sentido competitivo en donde solo unos cuantos podrán destacar.
Desde su infancia y aun padeciendo el rechazo de sus compañeros escolares, el redondo cíclope verdoso se planteó como objetivo poder estudiar en la Universidad y entrar a trabajar a la principal empresa de energía de la ciudad, específicamente en el puesto de asustador, uno de los más cotizados en la jerarquía laboral: pura expectativa de movilidad social. Interesantes las ideas que se manejan en torno al ascenso en el trabajo (como si fuera un asunto de echarle ganas) y de lo innecesario que puede resultar un título universitario cuando ya tienes el talento casi casi de manera innata.
Monsters UCon las dificultades esperadas, el protagónico logra entrar a la institución en donde se topará con su propio destino, acaso construido gracias a la inesperada pertenencia a la fraternidad más ñoña del campus, integrada por un hijo (igual al boy scout de Up) de mami, a la que le gusta Mastodon, un nontraditional student (ya entrado en años), un pequeño ser bicéfalo y una peluda criatura morada, todos ellos etiquetados como freaks rechazados de buen corazón, aunque poco aptos para la sobrevivencia en la jungla universitaria, en donde el éxito se mide por las influencias o los triunfos obtenidos en competencias de diversa índole.
Pero aparentemente el que nace para entrenador, no pasa del coaching y nunca podrá ser una asustador: lo que no da la naturaleza, ni el mejor proceso de formación en la institución más prestigiada del pueblo lo puede aportar. O a lo mejor sí. Y si ya eres un asustador consumado, ¿para qué estudias?: mejor vete directo al trabajo, empieza desde abajo y poco a poco llegarás al lugar que te corresponde en la empresa. Pero quizá lo que dicen los libros a la hora de la práctica sí puede servir: la “teoría” sobre las formas y momentos de los gritos energéticos pueden mejorar la manera en la que “la práctica” te salve el pellejo.
Con una colorida animación y un gesticulante diseño de personajes, la historia transcurre entre escenarios abiertos y cuidadosos detalles en los interiores, estableciendo atrayentes paralelismos con los entornos reales de las universidades estadounidenses y los centros de trabajo; si bien se extraña un mayor sentido del humor, la película le hace los honores a su estupenda antecesora y se coloca como digno planeta del universo Pixar, aunque no le llegue a sus grandes obras.

CARACOLERO
Dirigida por David Soren, Turbo (EU, 2013) es una cinta que se parece demasiado a muchas otras y parece ser un producto menos de Dream Works; no obstante se deja ver con la cuota de buena disposición por parte del público adulto: para los pequeños resulta entretenida y el detalle de los hermanos de origen mexicano y sus tacos le pone un toque especial, así como la idea de centrarse en una comuna de caracoles en paralelo con un centro comercial en decadencia. Animación eficaz y personajes humanos interesantes, más que los caracoles, pueden atraer más que la historia un cuanto tanto obvia.

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LA DUDA: ANTÍDOTO CONTRA LA PELIGROSA CERTIDUMBRE

7 marzo 2009

Puede ser del tipo que promueve la reflexión y fuerza nuevos procesos de indagación y descubrimiento; pero también de una naturaleza destructiva, cercana a la intriga, la desconfianza, el chisme y el desprestigio. La capacidad de dudar está en el centro de todo pensamiento filosófico y de cualquier avance científico; en lo particular, nos permite cuestionar nuestras propias certezas para reconstruirlas, desecharlas o fortalecerlas. La duda como detonadora de la transformación.

Dirigida por John Patrick Shanley y basada en su propia obra, La duda (Doubt, EU, 08) es una mirada acerca de la tensión entre el cambio y el mantenimiento; entre el deber ser y el ajuste a la realidad; entre el respeto a la jerarquía y la necesidad de romperla; entre el apego a las reglas y la posibilidad de adecuarlas; entre la flexibilidad; en síntesis, entre la certeza y el cuestionamiento. Dos personajes con visiones distintas y que terminan por representar dos posturas no sólo en la Iglesia Católica, sino prácticamente en cualquier tipo de institucionalidad.

Enclavada en el Bronx, una escuela católica, conservadora y de modelo tradicional, guiada por monjas cubiertas de pies a cabeza. La disciplina se impone con miedo, no a partir del convencimiento. Porque así tiene que ser, se deben tener ojos en la nuca. Son los sesentas y los vientos de cambio soplan con fuerza inusitada, intentando colarse por las ventanas del colegio en cuyas aulas ya estudia Donald, un chico afroamericano en duro proceso de adaptación.

Dos posturas irremediablemente colisionarán: la intransigente directora, encarnación del seguimiento estricto de la norma frente al sacerdote que busca otras formas para relacionarse con los niños, más cercano, más personal. La excesiva atención de éste hacia Donald levantará sospechas que serán aprovechadas por la implacable mandamás del instituto para emprender una cruzada en contra del padre, acusándolo de mantener una relación inapropiada con el niño sólo con base en conjeturas que se han vuelto certezas.

En medio de estas perspectivas irreconciliables, dos mujeres que con sus recursos intentan o evaden enfrentar la verdad: la inocente hermana que todo lo inició sin ninguna mala intención (Amy Adams, aún encantada) y la madre del chico (Viola Davis, impresionante en la brevedad), atrapada entre la furia del marido contra su hijo, la satisfacción porque alguien le preste atención y la posibilidad de posponerlo todo, incluyendo la propia felicidad.

Esta sensación de duda es capturada con astucia visual por la cámara del gran Roger Deakins, quien no se detiene para combinar diversas angulaciones y alterar el eje horizontal: si la incertidumbre tiene diversas aristas, las miradas deben ser múltiples, desde los continuos picados, los encuadres que muestran el exterior y el constante juego del campo contracampo, indispensable para mostrar las posturas contrapuestas. Así, se evita la sensación de estar viendo teatro filmado para adentrarse de lleno en los lenguajes del cine.

El manejo de la luz, cargado de sentido simbólico, advierte acerca de la imposibilidad de conocer la verdad y de la necesidad de asumir los enfoques siempre subjetivos de los protagonistas, manifestados en los sermones cuidadosamente preparados o en la exposición de certezas ante quien se pong enfrente: a fin de cuentas, el combate contra el mal nos aleja de Dios, aunque la compasión tenga que esperar por una mejor ocasión para ser expresada.

Y claro, están dos titanes de la actuación, Meryl Streep y Philip Symour Hoffman, poniéndose literalmente los hábitos y regalándonos un exquisito duelo de interpretaciones de sendos personajes de los que en realidad sabemos poco, más allá de lo que vemos en pantalla: viuda la primera, de permanencia efímera el segundo. Los diálogos que suscitan diversas reflexiones son construidos por este par con plena convicción y sus personajes se convierten de carne y hueso gracias al manejo de la gestualidad y a los logrados cambios de énfasis.

Una película para reconsiderar la duda como un puente salvador del hastío de las certezas anquilosadas.

Nos leemos después.

Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx


EL AMOR COMO CAMPO DE BATALLA

25 octubre 2008

Donde a pesar de todo, aún quedan sobrevivientes y con ganas de emprender nuevas luchas. Mientras que los escenarios pueden ser una lujosa casa, hoteles en Hawai o la Costa Azul, una escuela, un campo de fútbol americano o un supermercado, las historias confluyen en el campo minado que implica esa rara sensación de andar pensando en alguien incluso contra tu voluntad. De veras que uno no aprende. Películas en cartelera y en los videoclubes. Vamos para allá.

I. Basada en la obra del premio Nobel Harold Pinter y dirigida por el shakespereano Kenneth Branagh a partir de una estructura teatral en tres actos, a excepción del empleo de sutiles recursos fílmicos, Juegos siniestros (Sleuth, GB, 07) implica a dos duelistas (Michael Caine y Jude Law en intensa batalla actoral) involucrados con una mujer ausente, pretexto para establecer una cerrada partida de venganzas en espiral, pintadas con engañosos tonos azules y desarrolladas en cancha nunca neutral, de incierta definición. Se trata de un remake de la cinta de Mankiewicz

II. De la factoría de Judd Apatow y dirigida por Nicholas Stoller, Sobreviviendo a mi ex (Forgetting Sarah Marshall, EU, 08) plantea, en tono de comedia que por momentos no se decide a pisar más a fondo el acelerador, la dificultad de superar una ruptura amorosa. Con ciertos momentos de franco humor satírico, personajes bien delineados –aunque poco empáticos salvo los empleados del hotel- y una que otra secuencia más bien evitable, navegamos en una tabla de surf que nos lleva de un oleaje entretenido a momentos de convencional calma innecesaria, dada la pretensión general de la cinta.

III. Dirigida por Pierre Salvadori, Enamórate de mí (Hors de Prix, Francia, 06) coloca a una cazafortunas (Audrey “Amelie” Tatou) frente a una inesperada posibilidad de concebir la relación de pareja, gracias a la presencia de un empleado de hotel (Gad Elmaleh), como algo más allá del beneficio económico. Comedia agradable y predecible que plantea la forma en la que el enamoramiento se va abriendo paso sin necesidad de pedir permiso, muy al estilo del cine de antaño: la cosa es darse cuenta antes de que resulte tarde.

IV. Dirigida por Terry Zwigoff (Mundo fantasma, Un santa no tan santo, 03), El arte de la seducción (Art School Confidencial, EU, 06) combina, con un dejo de ironía expresado en la subtrama del asesino serial, una mirada a la creación artística en un entorno escolar con las aspiraciones juveniles alrededor del reconocimiento y la búsqueda del amor. A partir de un sólido elenco y un aire oxigenado de la tradición del cine independiente norteamericano, la cinta se deja ver en diversos niveles de disfrute, desde el desencanto hasta la esperanza, siempre pensando en mantener la sonrisa, aunque sea para no llorar.

V. Dirigida por George Clooney a manera de relajamiento, tras sus dos grandes películas anteriores, Jugando sucio (Leatherheads, EU, 08) se remonta a los años 20´s cuando el fútbol americano profesional estaba en proceso de conformación entre comisionados y promotores. Un jugador veterano y una naciente estrella considerada héroe de guerra se trenzan en una divertida gresca en la que está de por medio, entre otras joyas, el cariño de una arrojada periodista (Renée Zellweger). Limpia ambientación, efectivo uso del montaje de transiciones y diálogos tan cándidos como ingeniosos configuran esta relajada propuesta.

VI. Dirigida por Sean Ellis, Belleza invaluable (Cashback, Inglaterra, 06) arranca con brío pero se va desinflando paulatinamente, como suele ocurrir con los cortometrajes que se quieren volver largos. Con imaginativas estrategias de edición, empleo oportuno de flashback y una narración en off que se vuelve cansina, estamos frente a otro caso de ruptura que afecta hasta la pérdida del sueño cual maleficio que sólo se podrá romper, obviamente, con el beso del primer amor verdadero: así de típico, así de convencional, ¿así de real? Lástima, daba para mucho más.

Nos leemos después.
Comentarios: cuecaz@prodigy.net.mx