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MÚSICA POPULAR EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL CERVANTINO 2015

8 octubre 2015

Acompañamos la realización de este magno festival, toda una tradición en nuestras tierras, con algunos apuntes sobre los distinguidos invitados que vienen a compartir sonidos y afectos con nosotros.

JAZZ CERVANTINO 2015

Originario de Ohio, el pianista y compositor Aaron Diehl (1985) inscribe su propuesta jazzística en el gigantesco río de la tradición sincopada, particularmente en los terrenos del postbop. De familia cercana al mundo de la música, muy pronto se reveló como un virtuoso de la interpretación que lo llevó a recibir una invitación, ni más ni menos, del trompetista Winton Marsalis para sumarse a su septeto en un tour y, de paso, inscribirse en la prestigiosa escuela Juilliard, en la que fue alumno de Kenny Barron, entre otros imponentes docentes.

Profusamente premiado, debutó con Mozart Jazz (2006), seguido del elusivo Live at Caramoor (2008) y Live at the Players (2011) en formato de trío, donde se dan cita gigantes como Thelonious Monk, Geroge Shearing y el propio Mozart, revisitados por una desarrollada capacidad y elocuencia interpretativa. Bespoke Man’s Narrative (2013), implicó  su regreso al estudio y lo colocó en el radar de los narradores de sonidos jazzeros.

Space, Time Continuum (2015), destila calidez y elegancia, accesibilidad y técnica depurada: al escucharlo uno se siente de inmediato envuelto en una atmósfera llena de placidez rítmica y sofisticación acústica, acentuada por Benny Golson y Joe Temperly, saxofones invitados de lujo. Justamente en la prolongada canción titular participa la vocalista nacida en Miami Cécile Mclorin Salvant (1989), también visitante distinguida del Festival Internacional Cervantino.

Continuadora de la estela dejada por mujeres de la talla de Billie Holiday, Bessie Smith, Ella Fitzgerald y Carmen McRae, Salvant se empezó a interesar a muy temprana edad por la música como vehículo expresivo; con sangre francesa y haitiana corriendo por sus venas, irrumpió fuerte en la escena con su triunfo en el concurso vocal Thelonious Monk, después de haber grabado Cécile (2009) con el acompañamiento de la François Bonnel Paris Quintet.

El reconocimiento definitivo llegaría con Womanchild (2013), álbum que combina standars con piezas propias y en el que explota con fraseos que cortan el aliento (excepto el suyo), a partir de una elegancia irrefutable que sabe integrar el poder con la distinción y los cambios de tono siempre oportunos, recordando a la divina Sara Vaughn, y soportada por algunos miembros de la Jazz Lincoln Center Jazz Orchestra, entre quienes se encuentra nuestro conocido Aaron Diehl, con quien ha establecido una enriquecedora relación armónica.

Cecil MclorinEn For One To Love (2015), ya con toda la confianza de su lado, la cantante se desplaza por diversos territorios estilísticos y anímicos, que pueden ir de cierta picardía a una gravedad imponente, con los jugueteos propios de la tesitura de las piezas, construidas con una robusta base rítmica que permite dar rienda suelta a los diversos enfoques melódicos, capaces de transportarnos a una amplia gama de ambientaciones en las que el amor, en efecto, puede manifestarse en toda su plenitud, sin olvidar el sentido del humor y, por supuesto, el canto en francés.

ENCUENTRO DE TRADICIONES

El colectivo Marsh Dondurma empezó a aparecerse por las calles de Jerusalén, ciudad plagada de ecos religiosos de diverso signo que contrastan con una modernidad palpitante. En este contexto, la banda se constituye a partir de un vigorizante tumulto de percusiones y metales activados por quince músicos, más los que se acumulen esta semana, que gustan de entreverar la tradición sonora de su tierra con apuntes jazzeros y funketos. Marsh Dondurma (2005), New Flavours (2007), Neighborhood (2010) y Betwwen Times (2014) integran una discografía que no da mucho espacio para el respiro, acaso para volver a ensamblarse con las revulsivas secuencias rítmicas.

Reconocido por su sensibilidad para tocar el didyeridú (didgeridoo), un instrumento de viento tradicional entre los nativos del norte de Australia cuyo sonido nos puede llevar a procesos de meditación, Mark Atkins ha conformado ahora un trío junto con el pianista Parris Macleod y el baterista Matt Goodwin, quienes le han brindado un aire renovado a las composiciones del también cantante y guitarrista que se ha dado tiempo para tocar con Philip Glass, Robert Plant, Jimmy Page, Sinnéad O’Connor y Pual Kelly, entre muchos otros. Un puente entre épocas y estilos que siempre terminan por reconocerse.

Por su parte, Debanjan Bhattacharjee es un músico indio que se ha especializado en el sarod, instrumento de cuerda de frecuente presencia en las composiciones tradicionales indostaníes. Una de sus principales intenciones es mantener la tradición a través de la enseñanza de las técnicas y estilos, además de componer sus propias piezas dentro de esta vertiente. Su propuesta musical se puede conocer vía sus grabaciones, entre las que se encuentran Tradition Unfolds (2007), Rising Stars (2012), Relaxin Sarod (2012) y Soulful Bliss (2015). Un pasaje para tiempos que nunca terminan de pasar, entre el ritual místico y el arte atemporal.

MÚSICA DEL MUNDO EN EL CERVANTINO

21 octubre 2013

Continuamos nuestro recorrido por algunas de las manifestaciones sonoras que nos acompañan como parte de la sábana del Festival Cervantino, con presentaciones tanto en Guanajuato como en nuestra ciudad. Música de imbricaciones múltiples, hibridaciones que nos absorben para trasladarnos por los distintos rincones de las culturas del mundo.

LA OTRA VERSIÓN DEL CHOQUE DE CIVILIZACIONES
Si bien existe una corriente de pensamiento que anuncia las confrontaciones ya no de ideologías o países, sino de civilizaciones (la cultura occidental y el mundo musulmán, por ejemplo), siempre están quienes alejados de los fundamentalismos celebran las diferencias con base en la búsqueda de coincidencias básicas. Podemos encontrar una pequeña muestra en el mundo de la música en el caso de Niyaz, grupo iraní-estadounidense (vaya paradoja y lección, de paso) que combina las tradiciones de medio oriente y del este de Europa con una armadura electrónica, muy propia de la tradición musical de occidente.
Formado por la vocalista iraní Azam Ali (la mitad del grupo Vas), entre etérea y arraigada en sus orígenes; el multi-instrumentalista Loga Ramin Torkian (fundador de Axiom of Choice), y el también productor californiano Carmen Rizzo (con trayectoria solista y ahora anunciando su salida del grupo), el trío debutó con Niyaz (2005), insertando poesía sufí de místico aliento en estructuras rítmicas de reconocible actualidad: en efecto, el álbum deja la sensación de ser un laberinto temporal y cultural, pero siempre cercano.
NiyazSumergiéndose en el folk iraní y turco, grabaron Nine Heavens (2008), como para ayudarnos a imaginar ese viaje celestial que nos espera, con base en las creencias de cada quien, y entender las dificultades del exilio que padecen muchas personas únicamente por su forma de pensar: justo la tolerancia, encarnada como una necesidad real para la sobrevivencia y no solamente como parte de elusivos discursos, permea Sumud (2012), su obra más cohesionada que dio pie a Sumud Acoustic EP (2013), integrado por seis cortes que buscan aún más naturalidad en el resultado de este feliz eclecticismo que nos hace más próximo el oriente medio.

DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
Con el fado como la más visible bandera musical de Portugal, António Zambujo la ha enarbolado y adicionado sonidos de su natal Beja, dando como resultado una bienvenida continuidad y actualización del ya de por sí enriquecido género. El treintañero con voz limpia, cadenciosa y al mismo tiempo enigmática, debutó con O Mesmo Fado (2002), integrado por canciones labradas a lo largo de los años; siguió con Por Meu Cante (2004) y Outro Sentido (2007), obra considerada como definitiva para cimentar al cantante como uno de los portavoces más brillantes de su tierra.
Con la inspiración de su lado, continuó con Guia (2010) y Quinto (2012), expandiendo una extraña melancolía que no se oculta de la posibilidad de encontrar momentos de felicidad, a sabiendas que ésta es efímera, casi por definición: ciertamente, la fortuna suele encontrarse de madrugada, cuando el día y la noche no tienen claro cuál es su turno, sobre todo frente a una guitarra que le canta a ambos, acompañada por algún metal cómplice. Todavía recordamos el concierto de Madredeus en el contexto del Cervantino, ahora convertido en antecedente directo de esta nueva visita.
Y de por aquellos rumbos pero desde tierras españolas del rumbo de Jerez, recibimos también a Ultra High Flamenco, cuarteto convocado en el 2005 por el bailaor Joaquín Grilo e integrado por José Quevedo (guitarra española), Paquito González (percusiones), Pablo Martín (contrabajo) y el parisino Alexis Lefèvre (violín). Desde una lógica instrumental y bien definidos a partir de su nombre propio, debutaron con UHF (2007), obra que les permitió insertarse en el mundo del flamenco e incluso del jazz europeo y que fue reeditada en el 2010.
Con Bipolar (2011) lograron pulir formas y conceptos para ahondar en su potencial hipnótico, acaso orientado a transformarnos en improvisados bailarines, en medio de un círculo de sillas y al calor de las palmas, acompañados por un violín que se desprende de las incansables percusiones, soportadas por un contundente bajo, y por esas guitarras que no le dan cuartel al sistema motriz ni al alma en duelo.

UNA FIESTA INOLVIDABLE
En formato multitudinario, La Bottine Souriante es un gran banda, en todos sentidos, que desde sus tierras quebequenses han mantenido y nutrido la música celta y acadiana, aprovechando la mezcla de instrumentos actuales con tradicionales y las estructuras armónicas de tiempos lejanos con las posibilidades estilísticas de hoy. Empezaron a mediados de los setenta como uno de tantos grupos folk que en principio se convierten en reproductores de las tradiciones y cuya trascendencia llega hasta las reuniones familiares. Lo cual no está nada mal, desde luego.La Bottine
Pero dada su compenetración y capacidad evolutiva en la línea de The Chieftains, además de la necesaria disciplina y compromiso, empezaron a grabar álbumes en los ochenta, hasta que consiguieron, con el elusivo y reparador Jusqu’aux P’tites Heures (1991), nutrido elusivamente con metales diversos que obligan a los pies a desprenderse de la voluntad de su dueño para aporrear el piso con el espíritu de los ancestros de la edad media.
Al escucharlos, además de experimentar la imposibilidad de estarse quieto, uno se siente convidado a una fiesta permanente que parece haberse celebrado desde hace muchos años y que no pierde su capacidad para integrarnos al festejo de estar vivos. Durante los noventa derrocharon creatividad en discos como Chic n’ Swell (1993), La Traversee De L’atlantique (1993) y Rock and Reel (1999), misma que alcanzó para Cordial (2001), ya incorporando de manera más nítida el cajún y hasta ritmos caribeños. Con el habitual cúmulo de cambios en el personal de la banda, grabaron Apellation d’origine contrôlée (2011), cumpliendo 35 años de sonidos quebequenses.

LATIDOS AFRICANOS DESDE EL ARTE DE LA LIBERTAD
Como parte de la programación convocada para este apartado del Festival, aparecen dos figuras que desde el continente originario nos cantan a todos bajo una racionalidad planetaria, con la propia experiencia como plataforma estética. Por una parte, Zap Mama es un grupo vocal femenino dirigido por Marie Daulne, vocalista y compositora belga de origen congolés (antes Zaire), que regresó a su tierra para expresarse musicalmente desde sus raíces africanas, después de que su padre fue asesinado y su madre se refugió con una tribu de pigmeos.
Zap MamaEl grupo debutó con el espléndido Adventures in Afropea, Vol. 1 (1993), deliciosamente saturado de polirritmias emanadas de las voces que emergen de toda una tradición oral con tono celebratorio; en el mismo tenor presentaron el igualmente florido Sabsylma (1994) y Zap Mama (1995). Ya reconocidas en Europa y en América, la propuesta fue incorporando otros sonidos predominantes de las músicas negras como se aprecia en los vitamínicos 7 (1997) y A Ma Zone (1999). Después de un silencio, apareció Ancestry in Progress (2004), Supermoon (2007) y ReCreation (2009), con incrustaciones en clave hipopera, funky y soulera.
Por otra parte, Tony Allen, colaborador por cierto de estos discos recientes de Zap Mama, es uno de los hacedores de ritmos más influyentes de los últimos años, en particular por su contribución al llamado afro-beat, que ha sido retomado una y otra vez por el mainstream musical como alternativa estética. El nacido en Lagos hace 74 años, colaboró con el gran Fela Kuti y a lo largo de su trayectoria ha sido invitado por gente como Paul Simon, Jarvis Cocker, Damon Albarn y demás personajes notables del mundo del rock y anexas.
Además, su trayectoria solista, lejos de enajenarse en sus territorios, se ha desarrollado a partir de la integración de otros géneros de avanzada, entre el hip-hop alternativo y las nuevas tendencias de la electrónica con espíritu africano. Desde Jealousy (1975) hasta Agente secreto (2009), álbum que planea compartir con nosotros en plan encubierto, ha propuesto una lírica contestataria y una orientación hacia la búsqueda de la innovación a partir del ritmo como elemento sustantivo para la convivencia universal.

SÍNCOPAS NORTEAMERICANAS
The Deep Blue Organ Trio es una formación de Chicago cuyos miembros han contribuido con grandes jazzistas (Miles Davis, Art Blakey, Sonny Rollins) y bluseros venerables (Hank Crawford, Albet Collins) y que, por no dejar, se integraron para darle cauce a sus propias interpretaciones. El guitarrista Bobby Broom, el organista Chris Foreman (con el clásico Hammond B-3) y el baterista Greg Rockingham empezaron a tocar juntos desde los noventa del siglo pasado, aunque se conocían desde los ochenta, pero concretaron sus propuestas hasta este nuevo milenio.
Debutaron discográficamente con Deep Blue Bruise (2004), ecléctico álbum en el que igual cabía Prince que Isaac Hayes, Joe Henderson, Earth Wind & Fire y The Doors: para gustos amplios, como suele apreciarse, aunque con un enclave indudable en la larga tradición jazzística, expresada a partir de la conformación de trío, cual triángulo que permite esas conversaciones instrumentales que terminan en exquisitos diálogos y disfrutables monólogos.
Después de un álbum en vivo titulado Goin’ To Town: Live at the Green Mile (2006), cual buena muestra de lo que son capaces en el escenario, grabaron Folk Music (2007), con piezas retomadas de diversas vertientes del jazz como las representadas por Hank Mobley y Victor Feldman, así como de estilos como el soul y el blues. Con Wonderful! (2011), rindieron un homenaje cargado de funky a Stevie Wonder, deconstruyendo varias de sus composiciones en clave postbop, con el órgano en plan desatado.
Además, el pianista, novelista y conferenciante mexicano Alberto Zuckermann, pieza fundamental del jazz en nuestro país, se presenta para reglarnos un recital en el que se espera el despliegue de su habitual capacidad para la improvisación y, al mismo tiempo, un reconocible asidero en las armonías propias del género. Ya sea en solitario o con su trío, el autor de Zuckermann en vivo (2011) es una especie de sobreviviente en el mundo del jazz dentro de ciertos contextos en los que no es frecuente acercarse a este tipo de música.

2012: EL CERVANTINO AHORA

2 octubre 2012

Tiempos cervantinos para nuestro Estado que nos traen un cúmulo de artistas inscritos en diversos campos que van de la tradición a la vanguardia y de regreso, según se trate la propuesta sonora, escénica, visual o la combinación de todas: alimento para el conjunto de nuestros sentidos, uno por uno o todos a la vez, como para terminar bien empachados de expresividad y sensibilidad compartida y así estar en posibilidad de apreciar el mundo de manera distinta, aunque nada haya cambiado afuera pero sí dentro. Acá en León arrancamos con Celso Piña el día de hoy, como para agarrar calor y ambiente.

LA SENSIBILIDAD POLACA ENTRE CHOPIN Y EL JAZZ
Revisemos algunos de los invitados en el terreno de la música, navegando entre lo clásico y lo popular, como lo demuestra el espectáculo abridor, cortesía del grupo Rock Jazz Chopin, cuya propuesta se entromete por las fronteras de la clasificación antes descrita y mezcla sin demasiado pudor las composiciones del inmortal compositor polaco que le da nombre, con apuntes jazzísticos y rockeros que transcurren sobre las hermosas melodías con el sello de la casa.
Creado por Andrzej Matusiak y fortalecido desde el 2008 por la versátil cantante Anna Serafińska, este proyecto parece enfocarse, tal cual lo han hecho algunos otros músicos como Errol Garner, a redimensionar el evocativo romanticismo tormentoso del genial Frédéric Chopin (1810-1849), dándole ciertos toques de luminosidad que podrán capturarse el miércoles 3 en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas.
Por su parte, Leszek Możdżer (1971) es un pianista originario de Gdansk que anda sumiendo teclas y sumando acordes desde los cinco años; al inicio de su trayectoria se centró en la música clásica y ya de joven entró al mundo del jazz. A pesar de su corta edad, ha participado en más de 80 discos, ya sea como acompañante, parte de un trío o como titular. Este nutrido currículo se ha debido, en buena medida, al convencimiento, sensibilidad y flexibilidad al momento de sentarse al piano, además de poseer una técnica notable, como se deja escuchar a partir de Talk to Jesus (96) y Facing the Wind (96) junto al contrabajista David Friesen.
Cercano al mundo del cine, homenajeó a su compatriota y colega, preferido por el brillante director Kieslowski (Tres colores: azul, rojo, blanco), en el íntimo Preisner: 10 Easy Pieces for Piano (00), al que le seguiría un par de álbumes en vivo, Makowicz vs. Możdżer at the Carnegie Hall (05) y Live in Warsaw (05), en los que se muestra la potencialidad in situ para crear atmósferas que pueden ir de mantos lúdicos a nostálgicos sin que tengamos la oportunidad de percatarnos, como antes se había percibido en Piano (04). Ya lo comprobaremos el jueves en la ex Hacienda de San Gabriel de Barrera.
Vendría un par de discos en formato de trío, The Time (05) y Between Us and the Light (06), para dar paso al brillante Pasodoble (07), en el que se hace acompañar del contrabajista Lars Danielsson, con quien ya había trabajado, y que resultó ser una combinación de texturas múltiples, plagada de versatilidad dada la forma en que ambos exploran sus instrumentos y los imbrican entre sí, estableciendo exquisitos duelos como también se despliegan en Firebird V11 (08), junto a Phil Manzanera y en Kaczmarek vs. Możdżer (10). Impressions on Chopin (10), en el que se da vuelo recreando a su ídolo al que ya había revisitado y Komeda (11), más en la lógica del jazz cerebral, son un par de ejemplos para entender las dos grandes vertientes de su obra.

MORITZ EGGERT
Este compositor y pianista alemán nacido en 1965 vendrá a compartirnos el jueves 4 piezas del homenajeado Cage, figura capital de la música contemporánea, y algunas composiciones propias que bien pueden apreciarse en sus distintos ámbitos, como la música de cámara, ópera, teatro y ballet, trabajo orquestal y para música vocal. Cobró mayor popularidad cuando fue artífice del espectáculo de apertura del mundial del fútbol en el 2006, celebrado en su tierra. Parte de su talento se puede apreciar en discos como Hämmerklavier (96), en el que establece un intenso encuentro con el piano de corte experimental y en Wide Unclasp (03), de tesitura avant garde en la que poesía y jazz avanzan juntos por senderos de una sinuosidad absorbente.

MUTEK NUTRE AL CERVANTINO
Por nuestros rumbos se presenta Shantel & Bucovina Club Orkestar el viernes 5 en Guanajuato y el sábado 6 en León, como para sentirse parte de una fiesta gitana salpicada de modernidad electrónica de acento alemán que se puede escuchar en los dos volúmenes de Bucovina Mixtape grabados en el 2005 y en recientes aproximaciones sonoras a esta cada vez más usual forma de sincretismo musical; mientras que Jon Hopkins & Scuba hacen lo propio el mismo sábado en La Subterránea.
El primero ha ganado merecida fama como productor de grupos como Coldplay y Massive Attack, además de colaborar con el patriarca Brian Eno. Su estilo ambient con tintes de electrónica invasiva se empezó a reflejar desde Opalescent (01) y se pulió en Contact Note (04). Después de Art of Chill 2 (06) grabó Insides (09) y Diamond Mine (11), junto a King Creosote, álbumes que lo colocaron como figura a seguir dentro del género y más allá, por las ruralidades que aun guardan sus secretos. El segundo es el proyecto de Paul Rose y su campo de acción ha sido la diversidad de géneros electrónicos con el dubstep como columna vertebral.

MUTEK CERVANTINO

25 octubre 2011

Parte de esta celebración sonora, visual y sensorial conocida como Festival Internacional de Creatividad Digital y Música Electrónica llegará a Guanajuato en el marco del Cervantino: sinergia pura orientada a compartir manifestaciones artísticas en nuestras dos capitales: estatal y nacional. Un festival con larga tradición y otro que se abre espacio gracias a su enfoque y a su innovadora propuesta confluyen felizmente para albergar este festejo de música electrónica por el que han desfilado nombres tan poco conocidos como interesantes, así como personajes que ya tienen su lugar apartado en el trono de las tornamesas y demás artilugios enchufables.
Un par de propuestas canadienses que vienen a Guanajuato para convertir las herramientas tecnológicas y la multiplicidad de cables en trances musicales de altos vuelos. Después, un grupo que visita la capital del País y que igual merece nuestra atención.

KID KOALA: CONVERSACIONES DIGITALES
El originario de Vancouver con ascendencia china, nacido en 1975 como Eric San, debutó en solitario con el intrincado y absorbente Carpal Tunnel Syndrome (00), cargado de matices y mezclas que igual viajan del hip-hop a las conversaciones a ras de piso, con reiteraciones que de pronto se rompen a partir de la inclusión de instrumentos comunes, que terminan por conectar con audiencias de corte más analógico: construcciones sonoras de riqueza no solo sensible sino conceptual, jugando con ritmos y scratcheos continuos, entrelazados con un verbalismo de múltiples facetas.
Su siguiente grabación oficial, Some of My Best Friends Are DJ’s (03), mantuvo estilo y espíritu buscador, a pesar de tener la fama a cuestas que lo llevó a compartir escenario con los Beastie Boys y Radiohead; un CD/DVD titulado Live from the Short Attention Span Audio Theater (05), precedió al juguetón Your Mom’s Favorite DJ (06), seguido del continuista Phon-O-Victo (07), con apenas 38 minutos de duración y del también breve Space Cadet (11), con todo y puntual paginación que muestra la incansable capacidad de buscar laberintos auditivos, más que salidas fáciles.

GUILLAUME COUTU DUMONT: REITERACIÓN INCISIVA
Con una mezcla de la música electrónica arquetípica y una rítmica africana que se entremezlca con aromas esteuropeos, este canadiense de Montreal se dio a conocer con Face A Lést (07), su álbum debut que propone desde ya una hipnótica amalgama de estéticas sonoras diversas, enclavadas en géneros consolidados susceptibles de convertirse en materia maleable: su viaje a Senegal parece ser que resultó un proceso clave para abrir horizontes a su propuesta conectada con ánimos y conciencias en pos del movimiento corporal.
Con Breaking the Fourth Wall (10) nos invita, desde el propio título del álbum, a romper con cuadraturas de cualquier tipo para embarcarnos en un viaje sonoro que si bien se sustenta en el ritmo repetitivo, logra tocar nuestras neuronas que de inmediato mandan la orden al cuerpo para entrar en un trance de actividad física. Un sólido tapiz atmosférico cobija a lances ocasionales de trompeta o teclado para llamar una atención que se encuentra bien atrapada por la telaraña de las piezas. De pronto y cuando menos te lo esperas, el disco ha terminado por envolverte sin que hubieras puesto la menor resistencia.

METRONOMY: NOSTALGIA PARA NOCHES EN COMPAÑÍA
Continuando con las ilustres visitas aunque no en Guanajuato, contaremos con el proyecto de Joseph Mount que se ubica en el terreno del rock bailable con miras al pasado, pero que no tiene mayores miramientos para atreverse a buscar en el futuro. Después de andar dando de qué hablar durante varios años, apareció Pip Paine (Pay the 500 You Owe) (06), enclavado en una propuesta dance con los pies en la tierra de la melodía.
Ya con la incorporación en pleno de Oscar Cash y Gabriel Stebbing, Metronomy propuso al respetable el espléndido Nights Out (08), obra que nos llevaba a las noches de antaño en los barrios donde uno se convertía en todo aquello que alguna vez habría soñado. Con un pop de sintetizador y aires de cierta melancolía, el disco transcurre entre apuntes tecno y una vocal que acude al falsete como genuina emoción.
Manteniendo el nivel tanto armónico como melódico, en esa particular combinación de vanguardia retro, si cabe, The English Rivera (11) discurre entre la exaltación de la rítmica contenida y el susurro cómplice. Los cambios en la alineación parecieron no afectar el desarrollo de la propuesta del grupo, quien conservando estilo y empuje, da un viraje hacia un rock más elaborado, sin caer en rebuscamientos, que permite apreciar un interés por movilizarse dentro de sus márgenes habituales.
Propuestas varias para seguirle la pista al giro del mundo de la música, buscando conectar con los avances tecnológicos sin olvidarse de su misión central: generar emociones.