Posts Tagged ‘Amor’

LA SOBREVIVENCIA DE LOS AMANTES

17 abril 2016

Parejas de todo tipo que buscan trascender las dificultades propias de los contextos en los que viven, transgrediendo normas o avanzando contra los prejuicios acumulados, acaso sabiendo de antemano que el amor no pertenece al ámbito de la felicidad, sino de la sobrevivencia. Disponibles en plataformas virtuales o en los establecimientos de costumbre, cada vez más escasos.

ROMANCE SOBRENATURAL

Dirigida por el férreo independentista Jim Jarmush, después de Flores rotas (2005) y Los límites del control (2009), Solo los amantes sobreviven (Alemania-RU-Francia-Grecia, 2013) plantea la dificultad para sostener la motivación vital a la que se enfrenta una culta pareja de vampiros, mientras van siendo testigos de la decadencia imparable desde siglos atrás, ahora evidenciada en una ciudad como Detroit, símbolo del postcapitalismo abandonado a su suerte y atrapado por la corrupción y la delincuencia, después de ser la vigorosa ciudad del automóvil. En contraste, ahí está Tánger como hábitat donde todavía se cree en el amor entre tonos amarillos de luz inocua.

En tono de lúgubre nostalgia, aderezado por diálogos que se bifurcan entre el apunte histórico-artístico y la justificada lamentación por las conductas humanas, seguimos a la viajera Eve y al músico anónimo Adam, nombrados así en tono fundacional, cuando se reúnen y les cae de sorpresa la hermana de ella, una adolescente pesadita (también a los vampiros les pasa) que rompe la estética dinámica entre pausada, amorosa y victimista de la pareja, cual amantes malditos asumiendo su condición de eternidad.

El casting es preciso y ahorrador de maquillaje: Tilda Swinton y Tom Hiddleston funcionanSolo los amantes sobreviven como los enamorados en las tinieblas, así como Mia Wasikowska en plan caprichudamente insoportable, Anton Yelchin como el dealer buena onda de guitarras y Jeffrey Wright de sangre, ambos representando los únicos contactos con el exterior para el protagonista. El gran John Hurt redondea el reparto de esta historia gótica posmoderna en la que parece ser claro que solamente hay una condición para la sobrevivencia.

ROMANCE OTOÑAL

Dirigida y coescrita por Ira Sachs (Infieles, 2007), El amor es extraño (Love is Strange, EU-Francia-Brasil-Grecia, 2014) plantea con empatía las dificultades a las que se enfrenta una pareja homosexual ya entrada en años, justo a partir de que deciden casarse después de dos décadas de relación, como si de una maldición se tratara: uno de ellos es despedido de su empleo como maestro y tendrán que dejar el departamento donde viven para refugiarse, por separado, en casas de amigos o vecinos, según el caso, cual muestra de cómo las clases medias se encuentran a la deriva en tiempos de turbulencias inmobiliarias.

A las dificultades de la pareja, interpretada con brillo natural por Alfred Molina y John Lithgow, se le suman las de los personajes que los rodean, en particular del matrimonio con el hijo adolescente, también en pleno proceso transicional, y de la pareja de policías rompiendo estereotipos. La capacidad de adaptación a las nuevas condiciones de vida según la dinámica de sus respectivos anfitriones se pone a prueba, y la distancia forzada de los ahora esposos coloca la perspectiva para la reflexión sobre los lazos construidos. Sutil y emotiva.

ROMANCE PROHIBIDO

Dirigida por Drake Doremus (Con locura, 2011), Pasión inocente (Breathe In, EU, 2013) es la crónica de una infidelidad anunciada en la que un agente externo se inserta en un sistema lleno de fisuras invisibles, en este caso, una joven estudiante de música que llega de intercambio a una familia integrada por los padres y una hija de la misma edad que la nueva inquilina. En apariencia, la cotidianidad marcha por rumbo definido, pero frente a la ruptura de la rutina los resultados pueden ser reveladores y devastadores al mismo tiempo, como para no poder aguantar la respiración.

Aunque previsible, el manejo de las situaciones y personajes va subiendo en tensión de manera creíble, en particular por el consistente andamiaje de situaciones y por las actuaciones de Guy Pearce, como el músico al fin insatisfecho entre la interpretación y la docencia; Amy Ryan como la esposa que lo sabe todo pero dice poco; Felicity Jones, con la sensibilidad estética a flor de piel (ahí está la pieza We Played Some Open Chords de A Winged Victory for the Sullen) y Mackenzie Davis, entre la sensación del desplazamiento y la valoración de la amistad. Cualmúsica propia del romanticismo, el desenlace se va precipitando hacia rumbos de intensidad combustible.

ROMANCE CONSAGUÍNEO

Dirigida por el escocés Kevin Macdonald (El último rey de Escocia, 2006; Los secretos del poder, 2009), Mi vida ahora (How I Live Now, RU, 2013) relata la incursión de una joven neoyorquina (Saoirse Ronan, obsesiva) que tiene que viajar a casa de su tía en la campiña inglesa, donde empezará a convivir con sus primos, primero de manera reticente por sus propias telarañas mentales, incluso parlantes, y después sintiéndose parte de una singular comuna familiar, al grado de enamorarse del mayor (Tom Holland, entregado), justo cuando estalla una guerra de la que no se sabe mucho.

Con elusiva cámara panorámica integrada a una fotografía intensa que se acompaña del emotivo score de Jon Hopkins, y con canciones articuladoreas de secuencias, el relato busca construir ciertos simbolismo como el del halcón para salir de la zona de confort y centrarse en el objetivo para fortalecer la inesperada y dura aventura de esta joven, asumiendo responsabilidades con la prima pequeña y después con los demás en un contexto de ausencia de la ley y de preceptos adultos, acaso para empezar a encontrar, donde menos se lo espera, el sentido de su vida.

 

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EXTRAÑOS CORAZONES NORMALES ALREDEDOR DEL LAGO

16 marzo 2015

Un par de filmes que posan sus miradas en sendos microcosmos poblados por hombres homosexuales, contrastando su propuesta argumental con la vertiente romántica presentada en películas como Secreto en la montaña (Lee, 2005) y Filadelfia (Demme, 1993), por poner dos ejemplos del mainstream. La comunidad gay es variopinta y heterogénea, por lo que siempre serán bienvenidas perspectivas diferentes acerca de su configuración y de sus prácticas, más allá de victimizarla o de repudiarla sin los necesarios matices.

LATIDOS POR LA VIDA

Producida por la cadena HBO, soportada por un sólido elenco, escrita por el también actor Larry Kramer, también autor de la obra teatral en la que se basa (Women In Love, 1969; Gay Sex in the 70s, 2005), y dirigida por Ryan Murphy (Recortes de mi vida, 2006), Corazón normal (The Normal Heart, EU, 2014) se ubica a principios de la década de los ochenta en Nueva York, cuando un virus con alto nivel de contagio empieza a cobrar vidas, particularmente entre miembros de la comunidad gay.

Las reacciones del colectivo toman diversas rutas que van desde la militancia para pedir apoyo gubernamental, hasta el desdén y la negativa para cambiar de hábitos, específicamente los relacionados con la promiscuidad. A las diferencias al interior del grupo motivadas por el poder y los desacuerdos en las estrategias para alcanzar similares propósitos, se le suma un abandono ya no en los hechos, sino incluso en el discurso político conservador que privó durante todos esos años, bajo la presidencia de Reagan. Como suele suceder, ante el ataque o la indiferencia externa, la comunidad se fortalece al interior.

No obstante, algunos apoyos como la de una médica con polio (Julia Roberts en plan activista), de varios voluntarios o el del hermano abogado (Alfred Molina) del inestable líder del movimiento (Mark Ruffalo, adaptado a cualquier papel), funcionan como un contrapeso a la abierta discriminación de algunos sectores de la sociedad, entre los que se llegó a manejar ridículamente que se trataba de un castigo de Dios (como si no tuviera mejores posibilidades para manifestarse) o bien de un exterminio natural, siguiendo aquella máxima de “justo castigo a su cochino proceder”.

El equilibrio entre los momentos políticos, íntimos, dramáticos y festivos, potenciado por una discreta pero solvente puesta en escena y recreación de época, resulta clave para que el filme alcance a presentar con una buena dosis de realismo la situación que se vivió en aquellos años, cuando el VIH era –sigue siendo- un misterio y las sociedades se comportaban de manera más cerrada –en algunos casos no han cambiado-, incluyendo la neoyorquina, con fama de liberal.

La historia se cruza con Dallas Buyers Club. El club de los desahuciados (Vallée, 2013), en cuanto a la búsqueda de alternativas más allá de las que se ofrecen de manera oficial, así como de la forma en la que se empiezan a construir redes de solidaridad, aunque también fisuras hacia el interior. Las actuaciones de Taylor Kitsch, Jonathan Groff, Jim Parsons y Matt Boomer contribuyen a visualizar las diferencias individuales dentro de un grupo que puede observarse equivocadamente homogéneo.

Extraño del lagoLATIDOS POR LA MUERTE

En inusual tono de thriller entroncado sin previo aviso y con secuencias explícitas que contrastan con una fotografía entre paisajista y carnal, El extraño del lago (Francia, 2013) sigue el peligroso proceso de enamoramiento que vive Franck (Pierre Deladonchamps), cuando conoce en el escondido e idílico oasis donde se reúnen algunos homosexuales, a Michel (Christophe Paou), un misterioso hombre entre encantador y violento, quien ahogó a su anterior pareja. Aún a sabiendas del riesgo implícito o precisamente por ello, Franck queda irremediablemente atraído por este ambiguo personaje.

Dirigida por el desconocido en México Alain Guiraudie (El rey de las fugas, 2009; Aquí ha llegado el tiempo, 2005), quien ya ha tratado la temática gay, la cinta examina un microcosmos que se integra alrededor del lago, en donde los hombres van a buscar relajación, placer carnal y paz, entre chapuzones, asoleadas, conversaciones y encuentros sexuales en medio del bosque: no falta el voyeurista en busca de una oportunidad o incluso el heterosexual de corte contemplativo que encuentra en este contexto ajeno la posibilidad de desconectarse de su vida.

AMOUR: HASTA QUE LA MUERTE NOS REÚNA

29 junio 2013

Se trata de una pequeña palabra quizá inabarcable. Es un acto de la voluntad y una decisión, pero también una invasión de sentimientos que puede ser incontrolable, inexplicable y profundamente espiritual, lejos de toda racionalidad. Se le ha relacionado con el erotismo y su llama doble (Octavio Paz) o se le ha considerado un arte (Erich Fromm); vinculado con el placer, la satisfacción y el sentido de la vida, también se imbrica con el sacrificio, el dolor y la muerte, transición que nos lleva al mayor acto de amor posible, según algunas creencias. No hay amor más grande que dar la vida por los demás, plantea la sabiduría evangélica; las grandes religiones lo tienen como sustento, aunque no falten los fanáticos de todos los signos que maten al que no piensa como ellos en su nombre.

Por amor o por lo que uno cree que es amor, también se cometen locuras o se llega a suponer que lo mejor para el otro es lo mismo que para uno mismo. Esbozar en las manifestaciones artísticas los significados del amor siempre ha implicado un desafío mayúsculo: en el cine, tratar de plasmar en imágenes semejante cúmulo de afectos, parece estar reservado para unos cuantos realizadores, porque no se trata únicamente de hacer una película romántica y listo, sino de envolver al espectador en la experiencia que están viviendo los personajes en torno al amor, en sus diversas manifestaciones, y que puedan, en cierta forma y con las mediaciones del caso, hacerla propia.

En este sentido, el cine de Michael Haneke (71 fragmentos para una cronología del azar, 94; El tiempo de lobo, 03) es penetrante y al mismo tiempo sugerente: busca ahondar en las razones y motivaciones de los comportamientos definitorios de la especia humana, como la proclividad al mal por sí mismo (Juegos sádicos, 97/07) la necesidad de venganza y el eterno regreso al pasado (Caché: El observador oculto, 05), la patología (auto)destructiva (La pianista, 02), la enajenación de la realidad (El video de Benny, 92) y la configuración de las relaciones sociales a partir de las condiciones contextuales (El listón blanco, 09), usualmente esbozadas de manera implícita. No deja títere con cabeza y la obviedad comunicativa no forma parte de su estructura narrativa (Código desconocido, 00), a la que estamos invitados a sumergirnos para profundizar en los detalles, justo donde está el diablo.Amour

Un grupo de bomberos, guiados por un vecino, entra por la fuerza a un departamento para descubrir a una anciana muerta en su cama, cuidadosamente rodeada de flores: el escenario ha quedado abierto y nosotros lo invadimos abruptamente. Y una toma frontal en la que se observa al público acomodándose en un recinto, entre quienes se encuentra la misma anciana con su esposo, sirven de prólogo a este relato tierno y crudo a la vez sobre una pareja de ancianos, elitistas profesores de música económicamente solventes, que llevan muchos años de compartir la vida en un acogedor y elegante departamento, convertido en contexto central del filme, en el cual reciben visitas ocasionales de su hija, entre distante y obsesiva (Isabelle Huppert, implacable y frágil a la vez) y de algún alumno aventajado ya con disco grabado.

Palma de oro en el Festival de Cannes y Oscar al mejor filme extranjero, Amour (Francia-Alemania-Austria, 12) es un retrato de un cada vez más reducido sector de la vejez, con posibilidades económicas, y las consecuentes enfermedades por la ampliación de las expectativas de vida en las grandes capitales del mundo, donde el estado de bienestar pasa por tiempos de crisis y la calidad de la atención depende principalmente de la posición económica, no obstante los beneficios sociales que aún se mantienen en algunas naciones.

Si bien la mirada amplia está presente de manera indirecta, Haneke nos invita a encerrarnos en esta realidad microsocial en la que la esposa empieza a enfermarse de manera irremediable y, por ende, a volverse por completo dependiente de los cuidados de los demás, su marido en primer término y en segundo, alguna enfermera emergente u otra pronto despedida en una pequeña confrontación de clases sociales. En definitiva, la actuación de Emmanuelle Riva –a quien la academia estadounidense debió premiar y de paso homenajear- le brinda una fuerza absorbente a su personaje, aún en la decadencia física y siempre apoyada por la interpretación al nivel de Jean-Louis Trintignant.

Una paloma entra y sale cual mensajera de indescifrables comunicados provenientes de un exterior que parece totalmente ajeno, sobre todo por la inmersión que implica enfrentar la enfermedad y el inevitable deterioro de la persona amada, movilizando los sentimientos hacia caminos casi siempre sin salidas y marcados por la confrontación. La angustia, desesperación y constante arrepentimiento por el trato brusco, se apoderan sin piedad del anciano ya viviendo en función de su amada y dispuesto a cumplir su promesa de no llevarla a ninguna parte y asumir la misión de cuidarla.

La cámara se posa con sobria quietud para enfatizar una perspectiva o una ausencia; recorre los pasillos del apartamento con seguridad contrastante para encontrarse en los diferentes espacios, llenos de Schubert, Beethoven o Bach, como la sala con el piano de cola y los libreros llenos, la discreta cocina con el desayunador, la recámara vuelta escenario fúnebre y el baño testigo de la dolorosa pérdida del sentido de realidad, apenas regresando a través de canciones balbuceadas que sobreviven a la parálisis física, pero nunca emocional.

Una obra maestra de uno de los artistas fundamentales de nuestro tiempo.