LIBROS 2018 (III): ESTABAN ALGUNOS MEXICANOS CON UN PAR DE ARGENTINOS…

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Llegamos a la tercera entrega de los libros publicados en el 2018, siguiendo el recorrido por algunas de las líneas publicadas el año anterior.

Con Ahora me rindo y eso es todo (Anagrama, 2018), el estimado Álvaro Enrigue (Guadalajara, 1969), trenza una soberbia mezcla de vertientes narrativas, incluyendo una que se mira a sí misma en plan metaliterario, y su infaltable y sutil sentido del humor: novela abarcadora y sincrética que va de las particularidades de sus personajes, construidos con sumo nivel de detalle, al trazo preciso de los contextos históricos y sociales en los que se inserta el relato (o los relatos), atravesados por una frontera desértica cargada de historias épicas en los que igual aparecen los colonos sintiéndose dueños, que los apaches; una mujer que huye de sí misma y un hombre que persigue; misioneros buscando transmitir una fe que parece humo y pobladores de lugares vacíos y algún escritor que busca en las grietas de Chihuahua y sus confines hacia el norte, elementos para compartir con un lector que ya llegará. Gran libro.

Un crítico literario aspirante a poeta vive con su novia, escritora a su vez; al querer rentar un departamento conoce al hijo de su futura casera, un tipo de ésos que siempre traen agendas propias entre manos, pero nunca se sabe cuáles y todo se trastoca. En El oficio de la venganza (Alfaguara, 2018), Luis Muñoz Oliveira (México) construye un relato que parte de la conocida situación en la que un tipo normal se ve envuelta en una trama fuera de lo común, para centrarse en la búsqueda de la venganza como sentido de vida, pero sin tener claros los medios y los fines: personajes estrafalarios, sectas prehispánicas y una lógica de sacrificio que únicamente se entiende en la charlatanería como forma de enajenamiento.

Es de esas novelas personales cuya sombra debe ser arrasada para ver la luz: rupturas, herencias no pedidas y conexiones vitales de tres generaciones, escritas por el representante de la tercera que, en un acto necesario de distanciamiento y acaso de redimensionamiento, cuando habla de él lo hace en primera persona y se asume como interlocutor, no tanto en términos de saga familiar, sino más bien como un acuerdo con el propio origen. Corre sangre irlandesa por las venas de la rama materna: el abuelo fingió su muerte, consiguiendo un cadáver y provocando una explosión del negocio del cuñado; el padre se va de Sinaloa a Guerrero y se vuelve guerrillero para terminar como escultor, en tanto el hijo, quien elabora esta catártica y absorbente historia, lidiando con la enfermedad, su linaje y su imaginación para volverse escritor y No contar todo (Random House, 2018), firmando como Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978).

También de nietos y abuelos, linajes que se trastocan y herencias que se transfiguran. Un simbólico gusano misterioso que parece dictar la trama que empieza con dos pubertos que huyen a Suecia de la invasión nazi a Dinamarca; de ahí llegan a México y al paso de los años, uno de ellos tiene un nieto de su mismo nombre, al final protagonista de esta historia circular, entre amores con distinto nivel de correspondencia, sustancias recreativas y placeres múltiples, atravesados por la creación teatral y fílmica: la intrigante escritura de Pablo Soler Frost (Ciudad de México, 1965) se entremezcla, cual serpiente sigilosa, con herencias judías intervenidas por nuevas formas de adoración. Europa y los faunos (Random House, 2018) es un recorrido de ida y muchas vueltas por territorios fascinantes. Ignacio Solares (Ciudad Juárez, 1945) nos recetó el muy disfrutable Prolongación de la noche (Alfaguara, 2018), delicioso recuento de cuentos breves para paliar esas prolongadas oscuridades en las que uno acaba irremediablemente solo, y Martín Solares (Tampico, 1970) en tonalidades detectivescas nos entregó Catorce colmillos (Random House, 2018), como para clavarle el diente e ir identificando culpables e inocentes en los oscuros pasillos de París.

Desde Argentina un par de novelas: con nervio casi audiovisual desprendido por Kike Ferrari (Buenos Aires, 1972), que destila con velocidad y veracidad completa a uno de esos personajes despreciables que abundan en Latinoamérica, con eternos cadáveres en el clóset, que se envuelven en su poder y se sienten capaces de todo, muy bien desarrollado en Que de lejos parecen moscas (Alfaguara , 2018, y El libro de las mentiras (Alfaguara, 2018), tejida por Gastón García Marinozzi (Córdoba, 1974) a manera de establecer un presente en su país, contrastando a un joven aspirante a artista con un genocida de la dictadura, representando un pasado que sigue persiguiendo anhelos y esperanzas estudiantiles.

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