SCOTT WALKER Y SUS SILENCIOS: EL HOMBRE DEL SIGLO XXX

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Pocas transformaciones artísticas como la de este primero ídolo adolescente, después intérprete efusivo y finalmente veterano vanguardista, transitando de asumir su papel como Scotty Engel a finales de los cincuenta y principios de los sesenta, a erigirse como Scott Walker (Ohio, 1943- Londres, 2019), todo un referente del avant-garde y el artrock, influyendo a grandes nombres como Leonard Cohen, David Bowie, Brian Eno, Bryan Ferry, Jarvis Cocker, Nick Cave, Thom Yorke, Marc Almond y Alex Turner, entre otros. Largos periodos de ausencia que fueron recompensados por obras mayúsculas cargadas de sonoros desafíos, caracterizaron su serpenteante y elíptica trayectoria, solidificándose en términos de continuidad y exploración hacia el término de la misma.

Formó The Walker Brothers -nombre extraño que no reflejaba las características del grupo- junto con John Maus y Gary Leeds y se mudó a Inglaterra a mediados de la década de los sesenta: el trío gozó de cierta atención, a pesar de la presencia de las bandas inscritas en la invasión británica, con los álbumes Take It Easy With The Walker Brothers (1965), Portrait (1966) e Images (1967), que se dejaban escuchar sin problema; tras la ruptura, inició su carrera solista en forma con Scott (1967), presentándose como un crooner cobijado con orquestaciones que le brindaban nueva vida a versiones de piezas originales compuestas por Brel, Hardin, Weil, Previn y Wells, entre otros, con algunas incursiones propias.

Paulatinamente fue tomando confianza para construir un estilo propio con todo y su aliento bergmaniano: en el exitoso Scott 2 (1968) incorporó a su repertorio habitual una versión de David/Bacharach y otra de Mancini, además de una mayor presencia de las suyas, en tanto Scott 3 (1969) mantuvo la tesitura planteada y Scott 4 (1969), ya compuesto completamente por el firmante, se adentró en un terreno más arriesgado que incluyó letras de visceralidad latente plagadas de existencialismo y hasta de crítica política, sobre todo dirigida a regímenes que gustan de coartar la libertad.

Grabó posteriormente los prescindibles Scott Sings Songs from His TV Series (1969) y ‘Till the Band Comes In (1970), como enfocándose a una faceta más de intérprete tradicional que sonaba como un retroceso en relación con los logros mostrados en su anterior obra; siguieron The Moviegoer (1972), con algunos estandars fílmicos de Mancini, Rota y Schifrin; Any Day Now (1973), integrado por versiones de Caetano Veloso, Paul Williams, David Gates, Paul Anka y Randy Newman; el salpicado de country Strecht (1973) y We Had It All (1974), que terminaro por formar parte de un periodo que recibió poca atención.

Después de la numeralia para titular sus discos y los primeros años de los 70’s, se presentó el primer silencio, apenas paliado con un regreso de los Walker que generó No Regrets (1975), Lines (1976) y el trascendente Nite Flights (1978), acaso el disco más importante del grupo. Climate of Hunter (1984) representó la vuelta del músico en solitario y abrió su nueva faceta de indagador y buscador de alternativas, entre cierto aliento minimal y vocalizaciones cercanas al lamento decidido, ése que no pide misericordia, acompañadas por las incursiones del saxofonista Evan Parker. Segundo silencio: más de una década después huyendo de cualquier tipo de reflector, presentó Tilt (1995), agudizando sus intenciones con gravedad vocal y tecno reptante de oscuridad magnética, al que le seguiría el soundtrack para Pola X (Carax, 1999), así como contribuciones para exposiciones o como productor.

Tercer silencio: roto por The Drift (2006), acaso su obra más consistente y apostando tal cual a intrincadas derivaciones que nos ponen al límite, construyendo laberintos sonoros de trémula oscuridad; continuó con el EP  Who Shall Go to the Ball? And What Shall Go to the Ball? (2007) para un ballet y en el 2008 se presentó Drifting and Tilting: The Songs of Scott Walker en formato teatral con interpretaciones de Damon Albarn, Dot Allison y Jarvis Cocker. Con la participación de Laurie Anderson en la música, entre otras artistas, se presentó el documental Scott Walker: 30 Century Man (2009), reflejando la condición vanguardista el artista.

Después de colaborar en el disco Two Suns de Bat for Lashes en el 2009, realizó la música para el corto Threads (Hastie, 2011), al que le siguió la composición del tenebroso álbum Bish Bosch (2012), cerrando la trilogía integrada por sus dos discos previos. En intensa y esperada colaboración con los doom metaleros Sunn 0))), presentó Soused (2014), integrado por cinco piezas prolongadas en las que el dramatismo de la voz se confronta con drones y texturas propias del subsuelo, criticando las formas del totalitarismo. Los soundtracks de The Childhood of a Leader (2016) y Vox Lux: el precio de la fama (2018), ambas dirigidas por Brady Corbet, fueron sus partituras finales para la pantalla. El siglo XXX lo espera con las orejas abiertas.

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