DISCOS 2018 (TERCERA): LA VOZ FEMENINA

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En esta entrega se repasan algunas de las obras llenas de talento, intuición y convicción concebidas por mujeres, cuya presencia en la música sigue creciendo para fortuna del desarrollo cultural de nuestra especie. Las más veteranas se incluyeron en la primera parte y otras se integran, según el género musical, en otras entregas. Vamos para allá.

LAS CONSOLIDADAS

Neko Kase nos condujo por los caminos internos de la duda infernal que suele quemar por dentro a través del luminoso Hell-On, en tanto Tracey Horn, incorporando su bagaje tecnopop, se pregunta sobre la vivencia para la mujer madura en la sociedad actual con el brillante Record: dos de los grandes discos del año. El proyecto de Chan Marshall conocido como Cat Power por fin regresó con Wanderer, refinando canciones y alegorías, en tanto con Rebound, la ex The Fiery Furnaces Eleanor de Friedberger transita entre el análisis calmo sobre los tiempos idos. Ezra Furman, con el pasional Transangelic Exodus, nos conduce por cuerdas sensibles hacia la tierra prometida.

Laura Veirs nos puso de nuevo en la mira con  The Lookout, su décimo disco en el que confirma su convicción por el amor y la sutileza en la composición. Joan as a Police Woman advirtió los peligros de la admiración con Damned Devotion, mostrando las cicatrices en lucha por cerrar y Florence + The Machine volvió a levantar el ánimo con High As Hope, lo suficientemente exultante para tiempos inciertos. La canadiense Mélissa Laveaux retoma raíces haitianas en Radio Siwel, obra que implica atención para ingresar en sus tejidos profundos, como Alela Diane y su obra Cusp, enclavada en un folk de diversas alternativas melódicas y letrísticas, aunado al de Georgia Anne Muldrow, continuando su exploración los recovecos del R&B con el sentido Overload.

ORÍGENES DIVERSOS Y ELECTRÓNICA

Un encuentro afortunadamente creativo de una artista total y un conjunto de cuerdas con ecléctico y largo recorrido por tierras y sonidos: Laurie Anderson & The Kronos Quartet produjeron Landfall, entre recitaciones anunciando la esperada y siempre anhelante llegada y las habituales cuerdas absorbentes, mientras que la maliense Fatoumata Diawara, asentada en Italia, grabó el globalista Fenfo con intuitiva mezcla de sabores locales y aromas internacionales, como a la que nos tiene acostumbrados Angelique Kidjo, acá mostrada en Remain in Light. Levantando la mano, Julia Holter entregó Aviary, confirmando su talento para la experimentación entre jazzera, electrónica y folkie orientada a crear desasosiego, en tanto Josephine Foster grabó el sincero y evocador Faithful Fairy Harmony.

Asentada en Estambul, la bajista/cantante/compositora Ipek Gordon, nos envió el usurpador e incisivo Ecce Homo y la japonesa Eiko Ishibashi realizó The Dream My Bones Dream, incorporando la noción occidental del rock a la mano; la de Minnesota Anne Guthrie realizó Brass Orchids, de escucha que amerita una inmersión en los sonidos apenas encontrados, como si se tratara de un trabajo arqueológico, y la oriunda de Hamburgo Helena Hauff produjo el igualmente inquietante Qualm, en la tendencia que ha trabajado Jlin, (Jerrilynn Patton), la joven de Chicago ahora produciendo el intrincado y dancístico Autobiography, como para romper la banqueta a zapatazos.

Desde Canadá, Marie Davidson conversa y reflexiona sobre una electrónica sinuosa en Working Class Woman, abordando temáticas cercanas a su realidad y Sarah Davachi hizo lo propio por partida doble con Let Night Come On Bells End The Day y Gave in Rest, adentrándose en los contornos de la estética digital en vibrante comunicación con la organicidad de los sonidos acústicos. En Metal Aether, Lea Bertucci, confeccionó sonidos alterados y saxofones gozando de absoluta libertad a través de una cuarteta de piezas. Elizabeth Bernholz compuso Pastoral, firmando como Gazelle Twin e imbricando cánticos misteriosos con una rítmica cortante y Laurel Halo, ya habituada a estos ecosistemas electrónicos, grabó el incierto Raw Silk Uncut Wood.

POP, COUNTRY, ROCK, R&B: INTERACCIONES

Desde Suecia, Lykke Li y su sugerente synthpop inundaron So Sad So Sexy, de aparente contradicción, y Robyn volvió a ponernos en festiva pista de baile con Honey, tras siete años de silencio; compartiendo vertiente, Christine and the Queens, el grupo de la francesa Héloïse Letissier, presentó Chris y también desde tierras galas, Melody’s Echo Chamber entregó el onírico Bon Voyage, para trasladarse por rutas variadas con tintes de sicodelia y dreampop. En tanto, Amanda Shires nos ilumina desde el horizonte con To the Sunset y su reconfortante pop melódicamente consumado, como Lily Allen y su directo No Shame. La actriz emergente y ya cantante en vías de consolidación Janelle Monáe produjo su tercer disco bajo el título de Dirty Computer, bien cobijada por insignes convidados y desparramando un pop salpicado de negritud.

El country pop alcanzó una de sus cimas con el impecablemente producido Golden Hour, tercer álbum de Kacey Musgraves, en el que en cierta forma somos partícipes de alguna de sus canciones, línea a la que se suman Interstate Gospel, integrando raíces y también tercera entrega del trío Pistol Annies; apareció el conciliador By the Way, I Forgive You de Brandi Carlile, plagado de hermosas composiciones que se conectan con el corazón vía cuerdas y vocales por completo entregadas a la causa afectiva, y el conmovedor Sparrow, en el que Ashley Monroe se vuelve mujer ave paseriforme.

Con Be the Cowboy (disco del año para Pitchfork), la japonesa-estadounidense Mitski se instala en el feminismo cuestionador, con intensidades y sensibilidades a tope. Desde Melbourne, Courtney Barnett nos hizo una petición con canciones directas y sin rodeos vía Tell Me How You Really Feel, mientras queMeg Remy entregó el diverso In a Poem Unlimited, firmando como U. S. Girls y combinando con soltura covers y piezas propias, en la línea de tUnE-yArDs, nombre de presentación de Merrill Garbus, también apostando por los caminos inesperados vía I Can Feel You Creep Into My Private Life, como Lucy Dacus aventurándose a producir Historian, su segundo álbum entre la guitarra chirriante y el tono confesional.

I’m All Ear’s del dueto femenino Let’s Eat Grandma, encontró el equilibrio entre el tecnopop y el folk de avanzada, en tanto Natalie Prass viajó  a través de tiempos idos y venidos en The Future and the Pass, y KT Tunstall se derretía en Wax, obra de absoluta continuidad; la experimentada Mary Gauthier confirmó su  capacidad para expresar sentimientos con Rifles and Rosary Beads y la ex The Pipettes, ahora conocida como Gwenno entregó Le Kov, su segundo disco en el que integra un toque atmosférico pero sin separar los pies de la tierra, en contraste con la escocesa Kathryn Joseph, quien compuso en clave oscura con el piano de frente From When I Wake the Want Is, lleno de sentimiento desencarnado.

Dawn Landes siguió en el carril del country con el elusivo Meet Me at the River, mientras que la cantautora Adrianne Lenker (Big Thief) bajó la luz y nos sumergió en Abyskiss, mayormente acústico para enfatizar las emociones cotidianas. Courtney Marie Andrews grabó su etéreo May Your Kindness Remain, coincidiendo con la sutileza de Olivia Chaney expresada en Shelter. Anna Calvi nos persiguió con Hunter, apuntando hacia el conflicto de géneros con la intensidad ya reconocida y Soccer Mommy entregó Clean, uno de los álbumes más celebrados del año, con todo y su acusado espíritu indie.

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