SALIR AL MUNDO

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Un par de coproducciones en las que participan Canadá e Irlanda donde los personajes viven la experiencia de buscar insertarse en un contexto mucho más amplio que el que habían conocido hasta entonces. Ya sea por imposiciones externas o limitaciones propias, nos desplazamos por los territorios que conocemos hasta que se presenta una alternativa o bien decidimos ensanchar el margen de maniobra. Y las coincidencias también juegan.

Cual cajas de resonancias, un pueblo y una habitación parecían representar toda la realidad vital hasta que una serie de eventos abren los horizontes con las dificultades y posibilidades del caso, incluyendo la tentación de regresar a lo conocido, no necesariamente por ser mejor opción, sino por la necesidad de certidumbre. Queda la inquietud de saber qué sucederá con los personajes en un futuro, una vez que han tomado ciertas determinaciones sobre su pasado.

LA HABITACIÓN: EL ORIGEN

Dirigida con cercana sensibilidad por Lenny Abrahamson (Adam & Paul, 2004; Frank, 2014) a partir de un guion de Emma Donoghue basado en su propia novela, La habitación (Room, Irlanda-Canadá, 2015) es, por una parte, una mirada a la fortaleza de una mujer para sobrevivir en condiciones de extrema depresión, contando con la fuerte motivación de la maternidad como impulso primigenio y, por la otra, el durísimo proceso de adaptación a un entorno por completo desconocido, como si de otro planeta se tratara.

La primera parte del filme contrasta el infierno del secuestro que vive una joven a manosHabitación de un tipo peligrosamente común en la superficie, como el pedófilo retratado en Michael. Crónica de una obsesión (Schleinzer, 2011), con el luminoso vínculo que establece ella con su hijo, nacido en cautiverio y para quien todo el mundo se reduce a las cuatro paredes donde vive y los objetos a los que saluda cada mañana, incluyendo el día que cumple cinco años con pastel sin velas.

En tanto, la segunda mitad de la historia consigue transmitir las tonalidades agridulces que implica un pasado traumático y el esfuerzo para adaptarse y mantenerse a flote: como nunca, se requiere la fuerza del cabello de Sansón para querer seguir viviendo a pesar de la dificultad para enfrentar la necesaria despedida emocional. Realidades más allá de la televisión, como si de un jardinero sin suerte se tratara: mascota, amigo, cómplice, médico, abuelo ausente y abuela pendiente.

Para construir una interacción materno-filial creíble y emotiva, resultan esenciales las interpretaciones dela ganadora del Oscar Brie Larson, llena de matices dadas las situaciones que vive su personaje, y Jacob Tremblay, escenificando la capacidad de admiración y los temores de la infancia en forma natural. Joan Allen termina por redondear las notables actuaciones como la abuela y madre que entiende la necesidad de convertirse en la figura fuerte de la inédita situación.

La cámara combina diversas perspectivas y potencia la utilización del espacio narrativo con encuadres que anuncian los sucesos por venir (la cena en silencio, por ejemplo), sobre todo cuando se ubica al interior del cuarto: la mirada desde y hacia el clóset, el tragaluz como único contacto con un exterior celestial, opacado por una hoja podrida o el recorrido pausado por los diversos objetos, cual país de las maravillas cotidianas, contrapunteando con los desplazamientos nerviosos que la situación plantea y rompiendo la sincronía entre imagen y palabra.

BROOKLYN: EL DESTINO

Dirigida por John Crowley (Intermission, 2003; Boy A, 2007; ¿Hay alguien ahí?, 2008; Circuito cerrado, 2013) con atención en los detalles y centrada en la toma de decisiones de la protagonista y las racionalidades para llegar a ellas, Brooklyn (Irlanda-RU-Canadá, 2015) es un relato de crecimiento, reconocimiento y apertura en el que las circunstancias se van presentando explícitamente para dejar que sea la joven, con sus recursos, saberes y limitaciones, quien opte desde un omnipresente deber ser largamente inculcado que puede ponerse en duda.

Una inmigrante irlandesa llega al sitio del título tras aleccionadora travesía en barco en la década de los años cincuenta, cuando no había ideas absurdas relacionadas con muros y deportaciones masivas. Deja a su madre (Jane Brennan), a su querida hermana (Fiona Glascott) y su mejor amiga, además de un trabajo que no le gustaba bajo el mando de una grosera y metiche mujer. Sobre todo, deja una forma de ver la vida para intentar adaptarse a otras perspectivas.

BrooklynSaoirse Ronan interpreta con enjundia a Eilis Lacey, contagiando sus disyuntivas y asumiendo las inevitables transformaciones que implica dejar el nido, incluyendo la bifurcación romántica encarnada por un sencillo galán de origen italiano (Emory Cohen), de esas personas que tienen el encanto de la simpleza y por un agradable joven de su pueblo que le ofrece la posibilidad de sentirse en casa por el resto de sus días (Domhnall Gleeson).

Las actuaciones de soporte de los siempre entrañables Jim Broadbent y Julie Walters, además de las compañeras de casa de la recién llegada a tierras americanas y el hermano pequeño del novio, le brindan un necesario toque de humor, sobre todo considerando la formalidad de la puesta en escena, el score y la vistosidad del diseño de producción, dándose vuelo con las modas cincuenteras que reflejan también los cambios en los estados de ánimo de la protagonista.

El estupendo guion de Nick Hornby basado en la novela homónima de Colm Tóibín, que se deja leer en una sentada, permite acompañar a la protagonista en sus procesos decisorios, así como entender las formas de pensamiento y los contrastes entre ambos sitios separados por el Atlántico, sobre todo relacionados con un urbanismo creciente de multiculturalidad y un localismo de tradiciones arraigadas y únicas.: ahí está el emotivo canto en la cena para los viejos migrantes irlandeses que se han quedado en el vacío material y anímico, solo rescatados por la memoria musical.

 

 

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