COLDPLAY O LA CABEZA LLENA DE SUEÑOS POR CUMPLIRSE

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Estar en el ojo del huracán mediático no es fácil. Ya hemos visto varias veces la historia del grupo que empieza a ser alabado por la crítica y el público para después ser abandonado por la primera y seguido por el segundo. Mantener un nivel creativo a tope tampoco es para cualquiera y las presiones que implican las altas ventas y las imposiciones de las empresas disqueras, suelen repercutir en el ámbito propiamente de la producción artística, ahora sujeta a otro tipo de vendavales.

Coldplay es el tipo de grupo que puede encandilar a las niñas bien, recibir la aprobación de tu mamá también y descubrir el rudo corazón de los valientes que usualmente optan por los decibeles y el canto gutural, aunque en ciertas circunstancias lo tengan que negar para no ser señalados como poperos, calificativo por completo difuso. Su fuerza radicó en el atinado énfasis melódico con fuerte carga emocional aún en sus canciones más desnudas y su capacidad para beber de la tradición del rock británico.

Primero como diversión y después tomándose demasiado en serio, empezaron a tocar juntos. Chris Martin (vocal, piano, guitarra), Will Champion (batería), el escocés Guy Berryman (bajo) y el galés Jon Buckland (guitarra) coincidieron como estudiantes en Londres a mediados de los noventa y para 1998, con tres canciones bajo el brazo, se dieron a conocer en un festival en Manchester. Se dice que el nombre de la banda, primero llamada Starfish, se debió a Tim Rice-Oxley, quien estaba ya enrolado con Keane.

El paso natural, tras la grabación de algunos EP´s de limitada difusión, fue la aparición de su primer largo, Parachutes (2000), álbum que pronto los impulsó directo al cielo con todo y la influencia temprana tanto de Echo and The Bunnymen como de Jeff Buckley, y la inclusión de Yellow, vuelto clásico instantáneo, así como de la sutil Trouble. Las comparaciones con Radiohead –se llegó a decir que era la versión light de la banda comandada por Thom Yorke- y con U2, en cuanto a estilo y pretensiones, llegaron de inmediato: es uno de los riesgos de empezar a entrar en el mundo raro de la fama mediática.

CON LA SANGRE EN LA CABEZA

Mientras que para muchas bandas el segundo álbum representa una prueba no superada, para Coldplay significó el encumbramiento total: con la melancolía cargada de falsetes en la voz, el piano onírico, la guitarra melódica y una eficiente base rítmica persiguiendo la emoción, llegó A Rush Of Blood To the Head (2002), que arranca con la energía cambiante de Politik para continuar con el primer sencillo, la romántica para algunos y cursi para otros In My Place, pronta invasora de las estaciones radiales.

Así, con ciertos apuntes épicos y piezas de alto nivel evocativo como The Scientist y Clocks, se trató del disco del año para varias publicaciones especializadas. La negativa para que se usaran sus canciones en anuncios comerciales, la participación en grandes conciertos benéficos, el apoyo para Amnistía Internacional y la campaña de Comercio justo, así como sus elusivas presentaciones en vivo, empezaban a fortalecer el estorboso epítome de “la banda más grande del mundo”, a lo que se sumaba la presencia de la prensa del corazón siguiendo la relación del líder con la estrella hollywoodense Gwyneth Paltrow, hoy finiquitada.

Pero la fama es un animal traicionero. Las presiones para la aparición de la tercera entrega y la carga sobre los hombros del cuarteto, parece que hicieron mella en el resultado. En efecto, X & Y (2005) es un trabajo consistente, percibido sobre todo a la segunda o tercera escucha, pero no alcanzó las expectativas generadas por su predecesor. No faltan canciones contundentes como Square One, Speed of Sound y Talk o baladas sensibles como la espléndida Fix You, pero sí mayor nervio o acaso convencimiento, sobre todo en la parte intermedia de la obra.

De la mano de Brian Eno, esa mente maestra de aliento explorador, grabaron Viva la Vida or Death and All His Friends (2008) con cierta cuota de riesgo, incluyendo apuntes a la cultura latina –francesa, española y mexicana- que terminó por funcionar gracias, en buena medida, a la habilidad para extraer la esencia de la banda y potenciarla por parte del gurú del ambient: además de la canción titular, una de las más escuchadas de los años recientes, se encuentran piezas de acabada manufactura que coquetean con el art rock.

Cuando se esperaba que dieran el gran salto para su quinto disco y asumir el rol de la banda más grande del mundo, parecieron renunciar a las expectativas y empezar a convertirse en un grupo más de rockpop capaz de seguir llenando estadios pero ya sin colocarse en la punta de la lanza, optando por cierta obviedad letrística y jugando en cancha segura. La dependencia hacia el estado de ánimo de su líder se acentuaría y un cierto empantamiento evolutivo pareciera seguir afectando para conseguir la ansiada obra maestra que se anunciaba tras sus primeros discos.

FANTASMAS EN LA CABEZA

COLDPLAY 2016Vinieron Mylo Xyloto (2011), con algunos destellos de la brillantez anterior, aunque sin alcanzar la consistencia necesaria a lo largo de todos los tracks; Ghost Stories (20014), atravesado por la ruptura matrimonial de Martin y que se quedó lejos de otros discos producto de este tipo de separaciones, como las obras maestras Here, My Dear de Marvin Gaye, Blood On the Tracks de Dylan y Rumours de Fleetwood Mac, además de Sea Change de Beck, For Emma, Forever Ago de Bon Iver y Vunicura de Björk, por mencionar algunos notables ejemplos recientes.

Después de la depre, nada mejor que un tono celebratorio, aunque no suene muy convincente; así apareció muy pronto el efusivo A Head Full of Dreams (2015), al que se le tundió más de la cuenta no obstante que incluye dos o tres cortes a la altura de las circunstancias, sobre todo porque hoy es cool criticarlos negativamente: cierto es que se lo han ganado, en parte, pero se ha exagerado al grito de “necesitamos leña y ahí tenemos un árbol caído”. Hasta su presencia en el Súper Bowl provocó que se dudara de su capacidad para, ellos solos, llenar el espectáculo de medio tiempo.

Hace algunos años, Chris Martin declaraba que “la única alternativa es intentar llevar nuestro trabajo lo más lejos posible… entiendo que todo eso de la fama y la fortuna es una mentira, y grabar discos sólo con ese fin no nos haría felices… me da igual ser grande o famoso. Lo que de verdad importa es plantar cara y pelear por estar ahí.” (Entrevista de Miranda Sawyer, Rockdelux 231, julio-agosto, 2005). Ahora dijo, con poca fortuna, que “vamos a hacer nuestras cosas; si no te gustan, no me importa, juega Play Station” (Entrevista de Josh Eells, Rolling Stone 1255, febrero 25, 2016).

Quizá es lo que siguen haciendo y nuestras expectativas son las que están equivocadas. Yo no tengo Play Station y en general me gusta Coldplay.

Twitter: @cuecaz

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