LAS FUERZAS QUE ACOMPAÑAN A J. J. ABRAMS

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Retomar una de las sagas más importantes de la cultura pop sin ser su creador, parecía una empresa demasiado arriesgada, sobre todo por las legiones de idólatras que deambulan por esta galaxia muy cercana. No obstante, el nombre de J. J. Abrams parecía el indicado, sobre todo por su notable capacidad para entender el mundo de la televisión y del cine como espectáculo y entretenimiento clave para las sociedades contemporáneas, transitando entre sus propios arquetipos y la posibilidad constante de la renovación.

El resultado de esta dura prueba termina por ser positivo. Star Wars: El despertar de la fuerza (EU, 2015) resulta ser un blockbuster con todas las de la ley, listo para consumirse por cincuentones y cuarentones dispuestos a renovar su condición de freaks y por niños y adolescentes etarios y tardíos con necesidad de pertenencia a alguna hermandad más allá de magos escolares, heroínas luchando contra dictaduras que gustan de los juegos y las hambrunas y superhéroes de cómic recibiendo una atención que nunca imaginaron cuando vieron la luz.

El balance entre el refrito y la renovación parece ser exacto para convocar a varias generaciones. Abrams asume el control de tan esperada cinta y, convocando a la compañía de la fuerza, desarrolla su propuesta con soltura, agilidad y funcionalidad, inveterando todos elementos diversos del género de fantasía y respetando la idea central del filme: la lucha entre el bien y el mal, tal como años antes lo había planteado Tolkien en El señor de los anillos, referencia clara para toda la cosmovisión de esta trifulca interespacial que, como suele suceder, se origina en los conflictos familiares. Seis fuerzas acompañan a Abrams en esta misión.

a) La fuerza de los modelos: George Lucas dirigió THX 1138 (1971), la clásica American Graffiti (1973) y después La guerra de las galaxias (1977). No volvió a la silla de realizador hasta la saga de los tres primeros episodios (1999, 2002, 2005), cuyos alcances estuvieron por debajo de las expectativas de la mitología creada a finales de los años setenta. Se percibían anacrónicas, fuera de foco y con una narrativa que no correspondía al curso de los tiempos postmilenarios. En cambio, como productor, incluso colaboró con el gigante japonés Kurosawa, además de Francis Ford Coppola y Steven Spielberg, dos de los directores que reinventaron Hollywood en los setenta.

Sin embargo, Lucas parecía no haberse renovado en términos de realizador como,Star Wars 2015 pongamos, el propio Spielberg. Entre estos dos modelos creativos, Abrams parece aspirar al del segundo, como se puede advertir en el filme homenaje Super 8 (2011). Ahora le falta crear una saga de semejante tamaño pero original y no simplemente recuperar y renovar, como muy bien lo hizo con Star Trek y ahora con La guerra de las galaxias. Los pininos ya están dados con sus incursiones televisivas como Alias, Fringe, Undercovers y Lost.

b) La fuerza de la nostalgia: a sabiendas de que muchos fanáticos quedaron en espera de la continuidad, más allá de las limitadas precuelas realizadas, la nueva oportunidad para renovar cofradías y lances multitudinarios buscando la juventud perdida, no podía desaprovecharse. El reto central, bien cumplido, era llamar la atención de quienes crecieron con las primeras películas y atraer a las nuevas generaciones para que no nada más se sumen como una favor a sus papás, sino con pleno convencimiento de causa en plena época de divergentes, juegos del hambre y corredores por laberintos prefabricados.

Para alimentar la nostalgia ahí está el score de John Williams, la presentación de los créditos, la aparición central de Harrison Ford (de clásica sonrisa chueca) y Peter Mayhew (Chewbacca), Carrie Fisher (con cambio de icónico peinado) y Mark Hamill, así como constantes guiños en el impecable diseño de producción, en las naves, artefactos, ejércitos enemigos (ahora con ciertas actitudes más propias de humanos), robots inmortales y escenografías diversas que nos colocan en los diversos mundos en los que se desarrolla la trama. Única queja: nunca me había imaginado una película de la saga sin la presencia de Yoda, aunque sea en flashback. Del sabio verdoso mucha falta la presencia hace.

c) La fuerza del guion: con la decisiva participación de Lawrence Kasdan se aseguraba calidad y continuidad. El escritor de El imperio contraataca (Kershner, 1980) y En busca del arca perdida (Spielberg, 1981) conoce la médula del universo Star Wars y su aporte resulta esencial para darle coherencia al argumento desarrollado en esta nueva entrega, además de aportar humor y atención al desarrollo de los personajes, con todo y pasados difíciles de superar. Esta chatarra puede funcionar y el hecho de saberse de regreso a casa, son parte de las líneas de diálogo que definen la película.

El guion cuida la corrección política y, al mismo tiempo, no alcanza una dimensión política dada su condición, como toda la saga, de maniqueísmo. Muy en la línea de algunas series juveniles actuales, el papel del héroe recae en una mujer (como años atrás ya lo había hecho Hayao Miyazaky en varias de sus películas) y, para complementar el cuadro, en un afroamericano que es el único personaje que rompe un poco con el esquematismo del bien absoluto frente al mal total, sin grises de por medio.

d) La fuerza de las nuevas incorporaciones: tanto la veinteañera londinense Daisi Ridley, aquí tomando un protagonismo inusitado como una chatarrera vuelta esperanza de la galaxia muy lejana, como Jon Boyega, entre desertando por salvar el pellejo o por una causa mayor (hacer lo correcto), sostienen buena parte del film, bien secundados por los malosos Adam Driver, como el nieto que quiere “abuelear” y por Domhnall Gleeson, asumiendo con plena convicción el rol de anticlimático líder oscuro.

Para complementar el reparto, aparecen el omnipresente Oscar Isaac, piloteando por altos vuelos su carrera actoral; Andy Serkis, el mejor actor con máscara real o digital, manejando sus piezas de la fuerza oscura y Lupita Nyong’o, abriendo los ojos al máximo para ver más allá de lo evidente, como diría el clásico. Para redondear, el venerable Max Von Sydow, abriendo el filme como una especie de presentador dándonos la bienvenida a esta renovada saga interestelar.

e) La fuerza de la edición: el flujo narrativo que en efecto se va como agua, obedece a un guion puntual y a la habilidad para el ensamblaje de secuencias, con lucidores recursos que van de los clásicos de cortinillas a otros como la transición a través del uso de humo, que permiten un equilibrio emotivo entre la acción y el desarrollo de los personajes, como para hacer que nos interese lo que suceda con ellos. Cierto es que de pronto se cae en algunos artificios tanto en las conversaciones grupales (todos hablan como si estuvieran pidiendo la palabra) como en las peleas cuerpo a cuerpo (los malos nunca le atinan), donde no hay sorpresas.

f) La fuerza de los detalles: múltiples personajes entre anfibios, humanoides, paquidermos, reptiles o seres de cierta estética punk sideral, además de escenografías que merecen ponerle pausa para apreciarlas, se despliegan brevemente por los diferentes contornos de los mundos visitados, capturados por una cámara versátil que igual se pone en plan panorámico para apreciar los paisajes verdes o se sumerge entre los fierros de algún deshuesadero desértico.

Detalles también en determinados diálogos, vestuarios u objetos que despiertan la memoria de los fans o atraen la atención de los recién llegados al universo Star Wars, incluyendo las pizcas de humor y los destellos retro que se insertan en una trama bien actualizada, salpicada de novedades que ya tendrán a los congresos sobre este fenómeno pop discutiendo a profundidad, quizá más de lo que ameritaría.

Vamos a ver si J. J. Abrams busca que la fuerza lo acompañe para emprender una saga original para el cine o si se sigue dedicando, con indudable eficacia, a resucitar clásicos del universo pop para ponerlos al alcance de las nuevas generaciones. Ojalá opte por lo segundo. O que haga las dos cosas.

 

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