UN NEURÓLOGO SENSIBLE HACIA LA DIFERENCIA

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Si bien estamos definidos como especie por nuestras características comunes, son las diferencias las que nos enriquecen, nutren y permiten que sigamos hacia delante en términos evolutivos y culturales. La normalidad no existiría sin la anomalía y los rasgos singulares permiten ampliar la mirada y reconfigurar justamente lo que entendemos por lo común, lo genérico. Porque nuestra complejidad implica, necesariamente, escaparnos de patrones peligrosamente homogeneizadores.

Ahora que se viven momentos de repudio hacia los otros, particularmente con el ascenso de ciertos partidos políticos radicales en Europa, la siniestra pornografía del Estado Islámico y la presencia del xenófobo precandidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, que ha dejado de ser una mala broma para convertirse en una peligrosa vergüenza para la humanidad, parece urgente recordarnos lo valioso que resulta encontrarse y comprender a los de junto con todas sus distinciones.

ENGLISHMAN IN NEW YORK

Estas diferencias fueron justamente la materia prima para Oliver Sacks (1933-2015), neurólogo nacido en Londres y asentado en Nueva York, que trasladó su actividad científica, específicamente la desarrollada con varios de los casos médicos que atendió, a brillantes textos literarios, llenos de humanidad y cercanía con las personas protagonistas, no obstante haber recibido críticas por transitar sobre la delgada línea que divide la explotación de un paciente para fines personales y la difusión de sus condiciones en aras de construir conocimiento acerca de la mente y el cerebro.

En lo personal, la lectura de sus textos me ha permitido comprender mejor mi condición humana y en ningún momento percibí que los pacientes fueran retratados como fenómenos de feria, sino al contrario y gracias a la capacidad literaria del afamado médico y químico aspirante, como lo dejó claro en El tío Tungsteno (2001), identifiqué un rescate de sus atributos y una valoración de sus vidas en cuanto personas singulares. Además, se agradece que los grandes científicos, con todos los riesgos de rigurosidad que ello implica, intenten acercarse al gran público para hacer asequibles temas reservados a especialistas, aunque a las comunidades científicas no les gusten las celebridades.

Esta labor de difusión de la ciencia, oportunamente traducida al español por la imprescindible editorial Anagrama, empezó con Migraña (1970), volumen reseñado y alabado por el mismísimo poeta W. H. Auden (ver el artículo de Luis Miguel Aguilar, Un problema musical, Milenio 02/09/15), al que le siguió su célebre Despertares (1973), convertido en película homónima con tintes autobiográficos y dirigida en 1990 por Penny Marshall, en la que Robin Williams –otro hombre diferente- encarnaba al doctor que lograba el milagro de regresar a la actividad, vía la aplicación de una droga experimental, a pacientes con encefalitis letárgica, entre los que se encontraba el interpretado por Robert De Niro.

En Con una sola pierna (1984) el sujeto de estudio se vuelve él y reflexiona en torno a un accidente que sufre en una montaña de Noruega, afectándole una de sus extremidades inferiores, al grado de sentirla como si fuera un organismo externo. Publicó después su afamado El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (1985), que incluye el caso de un cantante de ópera con agnosia visual y que dio origen a una obra teatral realizada por ni más ni menos que por Peter Brook y Marie Heléne Estienne, así como a una película para la televisión dirigida por Christopher Rawlence y coescrita por Michael Nyman.

TRANSITAR POR LOS VERICUETOS DE LA MENTE

En papel más antropológico dado el análisis de poblaciones específicas, publicó Veo una voz (1989), en la que se sumerge en las particulares condiciones de una comunidad en Massachusetts que presentaba una especie de sordera hereditaria, y La isla de los ciegos al color (1999), en el que analiza la incapacidad de una población de un par de islas de Micronesia para ver la diversidad cromática, y otro padecimiento de parálisis que convierte a los habitantes de la isla de Guam en estatuas o bien les provoca un padecimiento similar al Parkinson y demencia.

Uno de sus relatos, en el que se enfatiza la importancia de saber ver, sirvió de base para la olvidable cinta A primera vista (Winkler, 1999). Siete casos que nos permiten ampliar nuestra capacidad de admiración y de entendimiento hacia nuestros congéneres integran Un antropólogo en Marte (1995), una de sus obras más redondas y absorbentes que nos colocan de lleno en el proceso vivido por estos sobrevivientes.

En Diario de Oaxaca (RBA, 2002/2010) exploró la literatura de viajes y qué mejor que aprovechar unOliver Sacks recorrido por estas fascinantes tierras con el objetivo inicial de acompañar a la Sociedad Americana del Helecho (en efecto, existe), pero que trascendió a una descripción de la geografía humana. Musicofilia (2009), uno de mis favoritos, se interna por este misterioso mundo de los sonidos y silencios pero desde la perspectiva de las reacciones y sensaciones que puede provocar en diferentes tipos de escucha, además del gozo o la sublimación.

El mundo visual también resultó de su interés. Los ojos de la mente (2011) cohesiona peculiares casos de personas que, a pesar de haber perdido algunas habilidades para entender cierto tipo de textos escritos, se pueden seguir comunicando gracias al funcionamiento global de la mente, misma que puede generar visiones de cosas que no existen en la realidad tangible como se presenta en Alucinaciones (2012), libro en el que amplía la mirada acerca de este fenómeno que no es exclusivo de casos avanzados de pérdida de razón.

La muerte anunciada de manera sensible y celebratoria en una carta publicada por el New York Times (se puede consultar en español en Milenio o El País), le permitió escribir la necesaria y esperada autobiografía cuyo título, On the Move (2015), expresa de manera precisa la avidez y el disfrute de conocer, aprender, crecer, admirarse y, desde luego, vivir. Con nuestra propia mente. Con los demás, parecidos y diferentes, familiares y extraños.

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