FOXCATCHER: POBRE NIÑO RICO

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El cineasta Bennett Miller (Nueva York, 1966), con solamente cuatro largometrajes en su trayectoria, se ha constituido como un especialista para recrear hechos y personajes de la vida real más allá de la mera descripción, a través de una cuidadosa construcción de personajes y contextos, soportada por una sólida dirección de actores, y una verosímil propuesta narrativa que conlleva a puestas en escena representativas de épocas y momentos. Un artista que hace cine de verdad, en todos sentidos, aprovechando temáticas diversas para revisar la condición humana.

Estas capacidades las puso en juego desde su documental The Cruise (1998), cinta sobre Timothy “Speed” Levitch, un chofer-guía de turistas en Nueva York que es un espectáculo en sí mismo, para continuar sus certeros retratos en Capote (2005), con un enorme Philip Seymour Hoffman, y en la beisbolera El juego de la fortuna (Moneyball, 2011), con Brad Pitt en el protagónico. Además, codirigió el documental corto The Question (2012), acerca de Tyrese, un sobreviviente de un nacimiento prematuro.

Con base en un guion de E. Max Frye y Dan Futterman, quien colaboró con el director en Capote, Foxcatcher (EU, 2014) es una de las mejores películas del año, gracias a una dirección sumamente enfocada que le mereció la Palma de oro a Miller, a un casting brillante y a una narrativa que trasciende la relatoría de un suceso de alguna página roja o revista escandalosa de la farándula, para convertirlo en un detenido análisis microsocial que alcanza la condición psicológica de los involucrados.

DUPONT Y SU HEREDERO

Dupont es una de las empresas emblemáticas de los Estados Unidos con 200 años de vida; de acuerdo al texto de Bárbara Anderson (Milenio, 24/03/2015), México fue el primer país en donde abrió una filial hace 90 años. Ha entrado fuerte al campo de la energía, alimentos y protección, además de los tradicionales polímeros. La biotecnología será también parte de su ámbito de negocios y parecen saberse adaptar con velocidad a estos tiempos globalizados.

La historia sigue al heredero John du Pont y el vínculo que establece con los hermanos Schultz: primero con Mark, ganador de la medalla de oro en Los Ángeles 1984 y de los mundiales de Budapest y Clermot Ferrand, y después con Mark, el entrenador y mentor de éste. La idea es que se incorporen a su equipo de lucha grecorromana y prepararse para varios torneos y en especial la Olimpiada en Seúl de 1988. Fanático de este deporte, tiene su propio equipo, que le da nombre al film, y se dedica a reclutar candidatos para convertirlos veladamente en su propiedad, como en los resabios de la época esclavista.

De manera paralela asiste a celebraciones de beneficencia y apoya proyectos diversos, haciendo caravana con sombrero ajeno gracias a su apellido, al tiempo que cultiva su gusto por las aves y su interés por las colecciones; de mentalidad conservadora y peligrosamente nacionalista, pregona un discurso anacrónico. La gran actuación de Steve Carell nos conduce por su personalidad contradictoria, entre violenta, cercana y prepotente, sojuzgado por su madre y al fin falsamente filántropo, con inclinaciones hacia el consumo de la cocaína y a creer que la realidad se debe adaptar a él.

Todo está bien siempre y cuando los demás hagan lo que él quiere; mientras su voluntad sea cumplida y se mantenga la obediencia a sus dictados y caprichos, las relaciones con sus luchadores fluirán, no obstante la evidente compra de voluntades: una necesidad de ganar al punto de construir farsas para que algún juez le otorgue un triunfo frente a rivales también comprados. Y si hay dudas, ahí está la presencia de un tanque de guerra en su propiedad, nomás porque sí, la elaboración de un documental autobiográfico y la petición de que Mark se dirigiera a él como Águila dorada.

En el filme no se menciona que estuvo casado por un breve periodo, dado que su cónyuge lo dejó después de que la intentó asesinar, y durante los años noventa su frágil equilibrio mental terminó por fracturarse dado su comportamiento paranoico y megalómano, aunado a la confusión entre la realidad y la fantasía. Claro que el análisis puede alcanzar la relación con su padre, quien lo abandonó, y con su madre, de personalidad impositiva; además, está el caso de  Robert H. Richards IV, otro miembro de la familia sentenciado por abuso sexual a su propia hija.

FoxcatcherPor su parte, Chaning Tatum entrega también una intensa interpretación del luchador que alcanzó la gloria entre 1984 y 1986, para recorrer un camino de franco descenso tanto en autoestima como en independencia emocional y económica, sobre todo después de ser despedido como entrenador en Stanford. Mark Ruffalo, encarnando al hermano mayor y mentor del medallista olímpico, muestra su camaleónica capacidad para meterse en la piel de cualquier tipo, en este caso un hábil coach padre de familia y felizmente casado: Sienna Miller cumple con el breve papel de su esposa

Queda el magistral manejo de los silencios que acompañan a una cámara flotante, como en la simbólica secuencia donde libera a los caballos propiedad de su madre y recuerdo de su padre, interpretada con enfática y breve contundencia por la gran Vanessa Redgrave. El trabajo de edición da la pausa necesaria para que la historia se desarrolle a partir de una fotografía que refleja la angustia existencial de estos hombres, acaso atrapados en una extraña red social ausente de meritocracia, tejida con un score que acrecienta el desasosiego moral.

El tono del filme es contenido, evitando en todo momento el maniqueísmo o el desplante melodramático. Más bien construye con precisión el contexto relacional de estos personajes extraviados, cada uno por diferentes motivos, que terminan por encontrarse y alejarse sin terminar de resolver sus respectivas carencias. Se trata de una decidida reflexión acerca de la locura, el (falso) poder del dinero, la pérdida de la gloria y la dificultad para establecer vínculos afectivos más allá de la contaminación del egoísmo o de la imposición de las necesidades no resueltas.

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