JAZZ DE ETIQUETA

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En la notable película Whiplash (Chazelle, 2014), una de las aspiraciones más importantes de los estudiantes que asisten a Shaffer, un ficticio conservatorio de jazz ubicado en Nueva York, es poder integrarse a la Jazz at Lincoln Center Orchestra (JALCO), dirigida por el excelso trompetista, compositor y educador Wynton Marsalis, perteneciente a un renombrado clan familiar y líder de los llamados Young Lions, especie de movimiento no escrito encaminado a retomar la fuerza de una música considerada patrimonio nacional de alcance planetario.

A mediados de los ochenta, el Lincoln Center se propuso ampliar sus programas para atraer a nuevas audiencias. Como una de las músicas más representativas de los Estados Unidos, se consideró que el jazz debía tener un espacio y programa específicos dentro del contexto institucional. Una serie de memorables conciertos dieron origen, en 1991, al departamento ahora conocido como Jazz at Lincoln Center (JALC) que cobijó la integración de la orquesta.

En su declaración de principios, el JALC se plantea como misión contribuir con el entretenimiento, enriquecimiento y expansión de la comunidad global jazzística, a través de las actuaciones, la educación y la conservación. Manifiestan que el jazz es una metáfora de la democracia: dado su carácter de improvisación, celebra la libertad personal e impulsa la expresión individual. Dado que el jazz es rítmica que se balancea (swinging), dedica su libertad a encontrar terrenos comunes con los demás. Añaden que con su raíces bluseras, el jazz nos inspira a mantener una cara de permanente optimismo frente a la adversidad.

Mucho más joven que otras organizaciones como la venerable Preservation Hall Jazz Band, que recientemente grabó That’s It! (2013), integrado por piezas propias por primera vez en sus más de 50 años de existencia, la (JALCO), además de sus actividades didácticas y sociales, se ha dado tiempo de grabar algunos discos, tanto en estudio como en vivo, que le hacen honores a grandes monstruos del género como Duke Ellington (Portraits of Ellington, 1992), John Coltrane (A Love Supreme, 2005) y Charles Mingus (Don´t be Afraid: The Music of Charles Mingus, 2005).

Con piezas propias del propio Marsalis y con su firma, la orquesta integrada por 15 intérpretes de altísimos vuelos más el afamado director, grabaron el oratorio Blood on the Fields (1997), el tradicionalista Big Train (1999) y Cast of Cats (2006), seguidos de Congo Square (2007) junto con el percusionista Yacub Addy; rindiendo homenaje a pintores famosos, firmaron Portrait in Seven Shades (2010) como una especie de conjunción mágica entre trazos y notas. Además, produjo con la Filarmónica de Los Ángeles y un coro de más de 100 gargantas el absorbente All Rise (2002).

Lincoln Center JazzAlgunos de sus conciertos han sido capturados en grabaciones que igual rinden tributo a gente como Paco de Lucía (Vitoria Suite, 2010), que al swing, concepto que se siente en el ritmo corporal más fácilmente de lo que se puede explicar (They Came to Swing, 1994; Live in Swing City: Swinging with the Duke, 1999); no han faltado Thelonious Monk, Jelly Roll Morton y desde luego Miles Davis, máxima influencia para la trompeta de Marsalis (The Fire of the Fundamentals, 1994).

El radio de acción no se ha limitado a Estados Unidos: sabemos que el  jazz está por encima de dictaduras, bloqueos económicos y guerras verbales. El encuentro de hace algunos años entre Marsalis y la JALCO con prominentes músicos cubanos como Chucho Valdés, entre muchos otros jóvenes entusiastas, representa una muestra más de cómo los lazos musicales pueden fracturarse por decisiones políticas pero nunca romperse: el tiempo se encarga de volverlos a unir. Aquella visita a Cuba, como anticipando los intentos por normalizar las relaciones entre ambos países, también pareció abrir la oportunidad para que ahora realicen una gira por Latinoamérica, México incluido.

EL JAZZISTA QUE VIENE DEL FRÍO

Volvamos a Whiplash. El implacable maestro le avisa a su ensamble, poco antes de salir a escena, que en el público hay gente de Blue Note y ECM, disqueras de élite. A esta última, fundada en 1969 por Manfred Eicher en Munich (se puede ver el documental Sounds and Silence del 2010 dirigido por Peter Guyer y Norbert Wiedmer), está muy ligado el pianista y compositor sueco Bobo Stenson (1944), activo desde finales de los sesenta y que tras firmar Underwear y Start, ambos en 1971, se ha convertido en toda una referencia del jazz europeo, colaborando con una interminable lista de músicos de excepción.

Particularmente conocido por su trabajo en formato de trío, junto con el bajista Anders Jormin y el baterista Jon Fält, con algunos cambios en el camino, Stenson tiene la notable capacidad para moverse de estructuras clásicas y tradicionales a propuestas avant garde, pasando por las alternativas de géneros populares diversos que se encuentren en el camino y manteniendo un particular sello, como se deja escuchar en discos esenciales del calibre de War Orphans (1998), Serenity (2000), Cantando (2008) e Indicum (2012). Una buena síntesis de su obra se puede encontrar en Selected Recordings (2002). Nos visita el miércoles 11 en el defeño centro cultural Roberto Cantoral.

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