AVANZAR EN CÍRCULO

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Personajes que tienen más caídas que levantadas, sin una particular simpatía y que viven pensando que merecen mejor suerte que la que tienen: los demás son los que están equivocados y sus infortunios se deben a razones externas, nunca por ellos mismos. Mantienen una actitud de cinismo que parece ayudarles a seguir cayendo de pie, a pesar de que parecieran simplemente regresar al punto de partida.

Sus nombres le dan el título a las cintas y ambos protagonistas tienen que enfrentar la realidad de la sobrevivencia más allá de sus caprichos e intereses. Cortesía de grandes directores del cine estadounidense con absoluta voz y mirada propias, se encuentran disponibles en video porque su paso por cartelera fue fugaz o de plano inexistente. Dos de las mejores películas producidas en el 2013.

LLEWYN DAVIS

Los hermanos Coen vuelven a recrear una época a través de la música, como lo hicieran en ¿Dónde estás hermano? (2000), ahora adentrándose en el Greenwich Village de Nueva York a principios de los sesenta, en plena efervescencia artística y, particularmente, con el folk a punto de entroncar con otros géneros – en específico el incipiente rock y el blues- a través de un tipo recién llegado de Minnesota con guitarra en mano y armónica en boca, que se alcanza a ver al final de la cinta con todo y su nasal vocalización y cabello revuelto.

Inside Llewyn DavisEn Balada de un hombre común (Inside Llewyn Davis, EU-RU-Francia, 2013) seguimos en cambio a un cantautor medio pagado de sí mismo, meditabundo y encajoso, dejando hijos por aquí y allá, dando tumbos de sofá en sofá por las casas de conocidos y de quien se distraiga, pidiendo cigarros y aguantando negativas. Formó parte de un dueto medianamente exitoso pero ahora busca abrirse paso en solitario. Su padre ya no lo reconoce y su hermana lo aguanta poco, al igual que la amiga embarazada en trance neurótico perpetuo (Carey Mulligan), pareja de su colega (Justin Timberlake) y quienes forman un edulcorado dúo.

La estructura del filme es circular: empezamos y acabamos en el mismo punto, con la diferencia de que al final se despide de nosotros este hombre que representa a muchos aspirantes a convertirse en artistas de aquella y esta época, tratando de comunicar un discurso honesto y libre de cualquier tratamiento mercadológico. “No veo mucho dinero en esto”, le asesta Bud Grossman (F. Murray Abraham, preciso en su inexpresividad), un importante promotor de Chicago después de escucharlo serenamente. Oscar Isaac interpreta con cercanía a este errático aspirante a trovador y consigue, en efecto, introducirse en la piel de su personaje.

No faltan los personajes típicamente coenianos, como el gordazo drogadicto que desprecia al folk en comparación con el jazz y que solo despierta de su letargo para fastidiar (hilarante John Goodman), con todo y su silencioso chofer como sacado de una pandilla cincuentera; los invitados a la cena en casa de la pareja que lo recibe a pesar de sus majaderías, el gerente del bar donde logra cantar y, por supuesto, el gato que se convierte en una especie de figura escapista de carácter simbólico: no puede ser intercambiado y al final, siempre regresa.

Los sonidos de aquellos años se capturan nítidamente gracias a los arreglos del especialista T Bone Burnett, coordinando las interpretaciones de varios de los actores, incluyendo a Adam Driver y Stark Sands; las imágenes proporcionadas por el francés Bruno Delbonnel, jugando con la profundidad, nos sumergen con un dejo de nostalgia en ese revolucionario momento para la cultura popular.

En contraste con las diversas películas que han retratado el camino al estrellato de músicos country y folk, o bien el ascenso y caída de los artistas, aquí vemos una trayectoria, justamente, que parece moverse en círculos sin encontrar espacios para el crecimiento pero tampoco para el abandono definitivo, eso sí, siempre acechante.

BLUE JASMINE

Dirigida y escrita por Woody Allen, dejando el tono humorístico aunque no el irónico para centrarse en el trazo de su personaje central, seguimos a una socialité neoyorquina de ésas que pululan por ahí, saturada de necesidades creadas; atestiguamos su caída nunca aceptada y su posterior búsqueda para regresa a un estatus que siempre dependió, por una parte, de su marido (Alec Baldwin), enredado en asunto ilícitos, y por la otra, de estar conviviendo con mujeres de notoria frivolidad.

Ahora tiene que refugiarse, contra todas sus expectativas, en casa de su sencilla hermana que vive con susBlue Jasmine hijos en San Francisco, para desde ahí empezar a buscar volver a la superficie, aferrándose a algún incauto cual tabla de salvación con presupuesto visible (Peter Sarsgaard). El desarrollo de los personajes, en particular las hermanas, y sus diferentes relaciones, se explicitan a través del uso del flashback siempre al servicio de la comprensión del presente y de cómo se puede llegar a tal nivel de frustración.

Jazmín Azul (Blue Jasmine, EU, 2013) es otro gran retrato femenino de Allen, como Hannah y sus hermanas (1986), La otra mujer (1988), Alice (1990) y Melinda & Melinda (2004), y una mirada ya no a la intelectualidad de Nueva York, sino a ese mundo de penthouse que parece flotar por los problemas de todos los demás, en el que sus pobladores se preocupan por cómo llenar el tiempo y convencerse de que su sola posición social y económica les da la felicidad requerida, aunque las costuras se asomen a la primera reflexión más o menos seria sobre la propia existencia. El tranvía llamado deseo ha pasado de largo.

La soberbia actuación de Cate Blanchet (Oscar a mejor actriz), llena de matices y gestualidades expresadas desde su perorata en el avión con una desconocida, permite que esta mujer extraviada inspire rechazo y compasión casi por partes iguales, no obstante su insufrible necesidad por simular y mantener un pasado perdido. Además, se encuentra muy bien cobijada por Sally Hawkins, haciendo el rol de la contrastante hermana sin caer en el estereotipo de la clasemediera caótica pero feliz, lidiando con los hijos, el novio (Bobby Cannavale), el amante (Louis C. K.), el exmarido (Andrew Dice Clay) y demás vicisitudes a las que se suma aguantar a su opuesta visitante.

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