EL CIELO SOBRE BERLÍN

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Se decía que en la final del Mundial de México ‘86 (el mundo unido por un balón), un equipo que de ir perdiendo dos a cero se recupera y empata el partido, tiene los méritos para ser subcampeón; pero que una selección que se ve alcanzada con ventaja de dos goles y tiene los arrestos para reponerse y anotar el tercer gol, en lugar de vencerse anímicamente, merece ser campeón. A fin de cuentas, resultó ser uno de los más emotivos desenlaces de una copa con el hermoso estadio Azteca como testigo.
En Italia ’90 los alemanes desparramaron el mejor fútbol del torneo, mientras que los argentinos llegaron a la última instancia por medio de milagros, en particular dentro de las rondas de penales. Un cero a cero muy trabado hasta que un penal aún discutido le dio la oportunidad al ambidiestro Andreas Brehme de sentenciar el campeonato a través, paradójicamente, de la forma en la que los latinoamericanos habían cimentado sus triunfos. Los penales regresaron para definir el triunfo alemán frente a los argentinos en el torneo del 2006 y en el 2010 el partido terminó con triunfo contundente de los teutones.
Ya sabemos que en estos casos la tercera no es la vencida porque la historia de los mundiales se sigue escribiendo. En el estadio de Maracaná, símbolo agridulce de celebraciones y desgracias para los brasileños, argentinos y alemanes se enfrentaron otra vez en el partido que definió al campeón: los primeros buscaban alcanzar su tercera estrella en tierra inhóspita, mientras que los segundos iban a romper la maldición de la sentencia de América para los americanos y anotarse su cuarta copa, para igualar a los italianos en ese departamento, solo superados por el equipo al que habían goleado la víspera.

EL EQUILIBRIO COMO ESPECTÁCULO
Una final intensa, digna y tremendamente disfrutable, coronando uno de los mundiales más atractivos de la historia. Los alemanes salen a poseer el balón y los argentinos esperan, aunque empiezan a tener las llegadas más claras. Si al principio del torneo se temía por la fragilidad pampera en defensa, al final resultó de una solidez notable, particularmente por la organización de Mascherano, uno de los jugadores claves del seleccionado argentino que se rompió el alma y otras partes menos nobles en aras de conseguir el título.
De pronto, Gonzalo Higuaín se encuentra frente al gigante verde Neuer tras recibir un pase inmejorable del brillante medio alemán Toni Kroos, confirmando que también los grandes se equivocan: como no entendiendo bien la situación, el pampero se precipita y, en lugar de acercarse más a puerta, lanza un chorreado disparo que sale por un lado. Para equilibrar el renglón de las oportunidades claras, el defensa del Shalke 04 Benedikt Höwedes realiza un movimiento enérgico para desmarcarse y rematar la pelota en un tiro de esquina; queda solo y su cabezazo se estampa en el poste.
A pesar del mayor tiempo de posesión por parte de los germanos, el partido continuó siendo sumamente equilibrado en la segunda parte, con lances salvadores de Boateng por un lado, y de Demichelis por el otro, además de la puntual colaboración del resto de los zagueros, porque aguantar a Müller, Özil y Klose por los de blanco, y a Lavezzi, Higuaín y Messi, por el otro, era un asunto para iniciados. Los cambios de posición de los teutones y los relevos para abrir el campo fueron bien amortiguados por la experiencia de los argentinos.
Final Brasil 2014En la media cancha la batalla no admitía descanso: Schweinsteiger se convertía en un sobreviviente a cortadas y calambres, mientras que Biglia y Pérez buscaban dominar los territorios del medio campo, cada vez menos habitados conforme avanzaba el reloj porque la población tiende a irse a los polos del campo. El árbitro llevó bien el partido, aunque le faltaron algunas tarjetas tal como resultó ser el sello de la casa durante todo el certamen. Los cambios mandados por los entrenadores no modificaron la lógica del juego, aunque sí el resultado.
La multicitada frase del inglés Gary Lineker vuelve a hacerse realidad: al final, siempre ganan los alemanes. Esta vez, con un soberbio gol de Mario Götze que había entrado errático al campo pero que pronto, muy al estilo de su nación, corrigió el camino para definir el partido en un derroche técnico notable, aprovechando una pequeña confusión de la defensa argentina que lo dejó desmarcado, mientras que al pasador Schurrle lo fueron a presionar tres jugadores. Control preciso con el pecho, media volea cruzada y el balón viaja convencido para sacudir la red, pese al lance de Romero.

DESPUÉS DEL SILBATAZO FINAL
Messi regaló algunas pinceladas únicas, de las que solo él es capaz de plasmar en el lienzo verde, pero no pudo integrarlas en una pintura de largo alcance: las obras maestras se advierten en los detalles, pero también en el resultado de conjunto, justo lo que le faltó al gran jugador argentino. Quizá al darse cuenta de ello, en su último trazo buscó con demasiado ahínco esta consumación, pero la pelota, cual tosco brochazo, se fue muy alejada de una portería bien custodiada por un gigante en todos sentidos: premio justo al mejor portero.
Se ha comentado la influencia indirecta de Guardiola en los dos últimos títulos por su trabajo con el Barcelona, base de la selección española, y con el Bayern Munich de los alemanes. En el caso del equipo campeón en Sudáfrica 2010 parece más evidente, sin restar méritos al gran Vicente del Bosque; pero en cuanto al equipo teutón, parecería que el equipo campeón de Europa del 2013 ya estaba bastante trabajado, aunque sí se advierten ciertos destellos estilísticos que podrían asociarse con las ideas futbolísticas del catalán.
Alemania es una selección que honra el fútbol, al igual que lo hizo Argentina. A pesar de la excesiva mercantilización en la que ha derivado este deporte, da gusto ver a todos estos jugadores muy bien pagados y que podrían caer en aburguesamientos, dejar todo en la cancha por sus respectivos equipos y alegrarse y entristecerse de forma genuina, con todo y las diferencias culturales para manifestar las emociones.
No obstante que le íbamos a Argentina, fue un gusto ver al capitán Philipp Lahm, jugador excepcional, levantar el trofeo como el líder de una de las selecciones más completas de la historia que además sabe ganar fuera del campo: su labor social, el reconocimiento al rival y el respeto por el deporte son muestras de la valía de los teutones. Quisiéramos haber visto a un Ángel sobre el cielo de Berlín, a la manera de la película de Wim Wenders, pero no se pudo recuperar de su lesión. Mientras tanto, los dos Papas y las respectivas jefas de estado estuvieron bien representadas por sus compatriotas.
A pesar de todas las mejoras posibles y los cuestionamientos que se tendrá que hacer la FIFA hacia sí misma, el Mundial en el terreno de juego resultó un magnífico regalo para quienes sufrimos y celebramos el fútbol en sus diversas facetas, instancias y momentos.

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