MUNDIAL 2014 (4)

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Goles de cabeza, volteretas, errores arbitrales que van al marcador, buen ánimo en las tribunas y ningún empate hasta ahora, dato indicativo de que la mayor parte de las selecciones han salido a buscar el arco contrario, antes de enfatizar la defensa del propio. Es uno de los inicios más prometedores de este tipo de torneos en cuanto a emoción, derroche de talento, espectáculo y desarrollo de estrategias desde el banquillo, incluyendo los muy humanos errores dentro y fuera de campo: ojalá se mantenga la tendencia. Desde luego que puede haber empates a cero memorables, pero el gol representa una explosión de júbilo prácticamente única en el mundo del deporte.

TRES DE TRES
El cuarto día empieza con el encuentro entre dos estilos opuestos, casi antagónicos. Los ecuatorianos, varios bien conocidos en México, empiezan a tocar la pelota con parsimonia mientras los suizos van ajustando poco a poco su relojería, aunque lejos de la precisión de sus medidores de tiempo. Enner Valencia rompe con el sopor solo por un momento: como suele suceder con varios equipos, el gol se convierte en pretexto para aflojar el paso y en motivo para que los rivales le den cuerda al juego y empiecen a presionar. La pregunta ya no era si Suiza empataría, sino cuándo: fue a principios del segundo medio. Las individualidades de ambos conjuntos se perdieron en el marasmo, aunque alguna oportunidad extraviada de Ecuador, un gol válido anulado y otro de último minuto que sí contó de Suiza, repusieron un poco la emoción buscada durante largos lapsos del juego. Hay que saberse levantar sin esperar el silbatazo del árbitro.
Si a las diferencias de plantel, historia y nivel de sus torneos locales se le suma una falta causante de expulsión y penal, entonces seguramente vamos a estar ante el partido más disparejo del torneo al momento. Ya desde que eran once contra once, la multirracial selección francesa dominaba el juego contra Honduras, dejando atrás los melodramas de vestidor y luchas ególatras, gracias en buena medida al técnico Deschamps, que tanto daño hicieron en el pasado reciente. Benzema respondió a las expectativas en el área; Valbuena se dio vuelo conectando los circuitos en el campo y los estelares en defensa y medio campo contuvieron sin demasiados problemas los ímpetus de los centroamericanos, quienes mostraron, eso sí, disposición y entereza a pesar de estar en la lona desde mucho antes del silbatazo final.
Los bosnios, constituidos como nación apenas a principios de los noventa y víctimas de una cruenta guerra producto de ancestrales divisiones étnicas, todavía no caían en cuenta que estaban debutando en un Mundial y ya habían anotado su primer tanto, aunque en propia puerta. Con una Argentina aterida en el primer tiempo, producto de un planteamiento en exceso rígido y poco pertinente para el tipo de jugadores que conocemos, el tiempo transcurrió con alguna opción para los balcánicos, proyectados por el talentoso Pjanić, mientras que Džeko era controlado por la estructurada defensa albiceleste. Ajustes en el medio tiempo y ahora sí, Di María empezó a escurrirse cual fideo inatrapable; el caminante Messi mostró porqué puede resolver un partido y hasta un gol casi al final le dio su bienvenida cuota de angustia al partido.

ENTRE ESPERANZAS Y LUMINARIAS
En ¡Adelante muchachas! (Alemania, 2004), la documentalista Erike Harzer captura en una hora el espíritu de un par de equipos femeniles que, ante las adversidades, despliegan su juego en Tegucigalpa, lejos de los cuidados campos empastados. En particular se sigue a Wendy y Kenia, dos jóvenes de diferente condición económica que comparten el gusto por el fútbol y por seguir adelante con sus proyectos. Hace tiempo que este deporte dejó de ser un asunto masculino y por fortuna, sigue siendo parte del paisaje más allá de los reflectores mediáticos.
Las aspiraciones pueden volverse realidad a ras de pasto como en la emotiva El Milagro de Bern (Wortmann,Milagro de Berna 2004), en la que Matías debe conciliar el difícil reencuentro con su padre y la obligación de acompañar a Helmut, la estrella del equipo alemán, durante la celebración de la final del mundial de 1954 en Suiza, disputada ante los favoritos húngaros. Expresiva recreación de época y un trazo elocuente de personajes, incluyendo sus relaciones interpersonales, todavía con el fantasma de la II Guerra mundial a las espaldas.
La figura del genial futbolista argentino que tantas polémicas y pasiones desata aún hoy en día ahora con sus declaraciones, fue homenajeada en Maradona By Kusturica (2008), a sabiendas de la admiración del director nacido en Sarajevo por el exjugador del Nápoles. Esta maradomanía también quedó asentada en El camino de San Diego (Sorín, Argentina-España, 2006), cinta en la que se retrata en clave de road movie y comedia a un seguidor incondicional de Maradona que busca entregarle una señal a su ídolo cuando éste se encuentra internado por problemas cardiacos: desde luego, no es el único que está angustiado.
Por su parte, el gran jugador francés fue retratado en Zidane: un retrato del siglo XXI (Gordon y Parreno, 2006), a partir de un partido disputado en el 2005 entre el Real Madrid y el Villarreal, para el cual se dispusieron 17 cámaras en el Santiago Bernabéu: con el postrock de Mogwai, seguimos al astro galo a lo largo de los 90 minutos del cotejo, gracias a un preciso trabajo de edición.

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