PHILIP SEYMOUR HOFFMAN: UN HOMBRE BUSCADO

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Hay ciertos artistas con los que uno establece un vínculo que parece ir más allá de sus obras, acaso por alguna afinidad y admiración hacia la conjunción de su trabajo y su forma de conducirse frente a la fama. Uno de mis actores favoritos, de los mejores de mi generación y que se ubica en esta dimensión de particular cercanía es Philip Seymour Hoffman (Rochester, Nueva York, 1967 – Greenwich Village, 2014), quien desde su trayectoria escolar se inclinó por el arte dramático y que sacudió al mundo del arte con su trágica muerte.
Además de que la mayoría de las películas en las que actuó son buenas, su simple presencia era un bienvenido plus para disfrutarlas aún más, en particular por su capacidad para desaparecer como actor y dejar crecer al personaje, aunque manteniendo un sello particular incluso en producciones de la maquinaria hollywoodense como Las cosas de la vida (Nobody´s Fool, Benton, 1994), Tornado (de Bont, 1996), Patch Adams (Shadyac, 1998), Nadie es perfecto (Flawless, Schumacher, 1999), escenificando a una drag queen enfrentado a Robert de Niro; Mi novia Polly (Along Came Polly, Hamburg, 2004); Misión imposible III (Abrams, 2006), caracterizando con plena convicción al villano y Los juegos del hambre: en llamas (Lawrence, 2013), encarnando al misterioso brazo derecho del dictador.
Notable para representar a tipos comunes, también podía construir personajes ambiguos y llenos de matices, transitando entre la timidez, la repulsión, la empatía y la compasión, como los desarrollados en Felicidad (1998) drama marginal de Todd Solondz con una interpretación de callada intensidad patológica; en La duda (Shanley, 2008), incluyendo el excepcional duelo actoral con Meryl Streep; en las durísimas Con amor, Liza (Louiso, 2002), escrita por su hermano, y Antes que el diablo sepa que has muerto (2007) de Sidney Lumet, que tristemente ahora remiten a su muerte, así como en New York en escena (Synechdoque New York, 2008), la intrincada cinta de Charlie Kaufman en la que integró un personaje de múltiples dimensiones.

CREANDO TRAYECTORIA
Primero apareció en un capítulo de La ley y el orden en 1991 y empezó a participar en producciones independientes como Triple Bogey on a Par Five Hole (1991), comedia criminal de Amos Poe y My New Gun (1992) de Stacy Cochran, su debut como protagónico. Salto de fe (Pearce, 1992) fue su primera intervención en una cinta de mayor presupuesto, a la que le siguieron Perfume de mujer (Brest, 1993) y Cuando un hombre ama a una mujer (Mandoki, 1994): en las tres se mostró como un sólido actor de reparto, condición que mantuvo incluso cuando ya tenía papeles principales.
Después trabajó en cintas poco conocidas como Joey Braker (Starr, 1993), My Boyfiriend´s Back (Balaban, 1993) y Money for Nothing (Menéndez, 1993), hasta que participó en La huida (Donaldson, 1994) y en el filme polaco de época La última apuesta (Szuler, 1994) de Adek Drabinski, ampliando fronteras y posibilidades, como también le representó su presencia en El despertar (The Yearling, Hardy, 1994) película para televisión, medio en el que volvió con Liberty! The American Revolution (1997) y con la realista miniserie de HBO El imperio caído (Empire Falls, 2005) dirigida por Fred Schepisi y basada en la novela de Richard Russo, ganadora del Pulitzer.
Por no dejar, también prestó su voz para personajes animados como Max Jerry Horovitz, un judío neoyorquino cuarentón con síndrome de Asperger y diversas obsesiones, protagonista de la sensacional Mary and Max (Elliot, 2009). Fue dirigido por grandes realizadores como los hermanos Coen en la hilarante Identidad peligrosa (The Big Lebowski, 1999); por el dramaturgo David Mamet en Cuéntame tu historia (State and Main, 2000); por Spike Lee en la angustiante La hora 25 (2002) y por Anthony Minghella, también fallecido de manera prematura, en El talentoso Mr. Ripley (1999) y en Regreso a Cold Mountain (2003).

ACTOR DE REGISTRO AMPLIO
El rock y la política fueron territorios revisitados por sus actuaciones, entre el desenfado y la suspicacia: crítico roquero de cepa en Casi famosos (Crowe, 2000) y experto programador radial en Los piratas del rock (The Boat That Rocked, Curtis, 2009), al tiempo que le entraba a las intrigas palaciegas en Juego de poder (Charles Wilson’s War, 2007) de Mike Nichols, quien también lo dirigió en la obra teatral La gaviota, y en Poder y traición (The Ides of March, 2011) de George Clooney.
Sus hábitats también fueron el intimismo familiar, como se advierte en la agridulce y evocativa La Familia Savage (The Savages, Jenkins, 2007) coprotagonizada por Laura Linney, así como la comedia independiente, representada por Próxima parada, Wonderland (Anderson, 1998), De vuelta al “insti” (Dinello, 2005) y La primera mentira (The Invention of Lying, 2009) divertida historia fantástica de la dupla Gervais / Robinson.
Formó uno de los más consistentes duetos actor-director del mundo cinematográfico con Paul Thomas Anderson, realizador clave del cine contemporáneo. El vínculo inició con Sydney: Juego, prostitución y muerte (Hard Eight, 1996), en la que el actor interpretó a un jugador de dados, quizá anticipando su gran encarnación como Brian Mahowny, el joven banquero con problemas de ludopatía que perpetró el fraude personal más grande en la historia de Canadá, puntualmente recreada en Mahowny, obsesión por el juego (Owning Mahowny, 2003) de Richard Kwietniowski.
Continuó su relación con Anderson actuando como un par de asistentes: de cine pornográfico en Juegos de placer (Boogie Nights, 1997) y de un moribundo en la brillante Magnolia (1999); posteriormente representó a un chantajista dueño de una colchonería fachada en Embriagado de amor (Punch Drunk Love, 2002) y, en su mejor papel bajo la dirección de este enorme realizador, como un contradictorio líder de una secta en la poderosa The Master: Todo hombre necesita un guía (2012). Entre estas películas participó en Montana (Leitzes, 1998), y en El dragón rojo (Ratner, 2002), interpretando al arriesgado periodista entrando a la boca del lobo.
Philip Symour HoffmanBajo la dirección de Bennett Miller, desarrolló una de sus más célebres actuaciones en Capote (2005), recreando al famoso escritor desde una perspectiva que transitó de los rasgos físicos –imagen, vocalización, manierismos- a los sentimientos generados sobre todo al imbuirse en el caso que lo llevó a escribir su célebre relato A sangre fría: un gran ejemplo de cómo meterse en la piel de un personaje de la vida real. El propio Miller lo volvería a dirigir en la sólida El juego de la fortuna (Moneyball, 2011), una de las grandes cintas deportivas de los años recientes. Posteriormente grabó El último concierto (A Late Quartet, Zilberman, 2012), junto a su admirado Christopher Walken.
Debutó como director con Jack Goes Boating (2010), cinta basada en una obra de Robert Glaudini en la que también llevó el papel principal interpretando a un tipo común en el que no resultaba difícil verse reflejado, sobre todo por su loable e inocente espíritu aspiracional. Memorable, según se ha reseñado, resultó su participación en Broadway con obras como Muerte de un viajante, en la que interpretó a Willy Loman, Largo viaje hacia la noche de Eugene O’Neill, El mercader de Venecia dirigido por Peter Sellers y True West en versión de Sam Shepard, entre otras. El famoso conglomerado teatral le rindió simbólico homenaje apagando las luces durante un minuto.
Todavía lo veremos en God´s Pocket (Slattery, 2014), estrenada en el festival de Sundance, en A Most Wanted Man (Corbijn, 2014) y en la tercera entrega de Los juegos del hambre. Seguía siendo un actor sumamente buscado gracias a su enorme versatilidad para encarnar personajes de diferente naturaleza. La muerte, supongo, también lo acechaba de manera peligrosa a través de una de sus estrategias más letales y silenciosas que no se detiene ante nadie, independientemente de su posición, talento y situación.
Una triste pérdida para las artes dramáticas y, desde luego y principalmente, una noticia devastadora para sus familiares y amigos. Al parecer, su esposa le había pedido que se fuera de la casa para que sus tres pequeños hijos no vieran a su padre atrapado por la adicción a la heroína: ¿Qué lleva a un hombre en estas circunstancias y con estas condiciones a recaer en las drogas después de tantos años de sobriedad? El interior del ser humano sigue siendo un misterio, a veces esperanzador y en ocasiones profundamente lastimado y doloroso. Descanse en paz.

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