LA UNIVERSIDAD DEL SUSTO MONSTRUOSO

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Pixar parece estar apostando recientemente por lo seguro, aunque en ello se sacrifique cierta novedad, sello habitual de la marca convertida en estilo distintivo del mundo de la animación, ahora propiedad de Disney. Claro que éste no parece ser el mejor año para el género, al menos en el ámbito del mainstream y de los estrenos veraniegos: al momento, ninguna de las películas estrenadas han conseguido alcanzar el nivel al que ya estamos acostumbrados. No obstante, siguen siendo una buena alternativa fílmica para la familia, en esta época en la que los papás extrañan la escuela de sus hijos en la misma proporción en la que ellos ni la recuerdan.
He aquí el ejemplo de la precuela de Monsters Inc. (Docter y otros, 2001) aquella gran película que consolidó a Pixar como los tipos a seguir en este terreno de sólidas historias y animación absorbente. Dirigida por Dan Scanlon (Tracy, 2009), nuevo invitado a la compañía aunque ya había escrito el guion y ayudado en la dirección al jefe Lasseter para la realización del corto Mate y la luz fantasma (2006) (mejor que Cars, por cierto), Monsters University (EU, 2013) opta por colocar como protagonista a Mike (Billy Crystal), a diferencia de la anterior cinta en la que el personaje principal era Sullivan (John Goodman), sin descuidar cómo se construyó la relación entre ambos, en principio difícil aunque después perdurable, con la presencia del antagonista Randy (Steve Buscemi), futuro y siniestro rival.
En efecto, el argumento transcurre en cómo se conocen, comparten y relacionan los dos monstruos en sus años mozos, dentro de un contexto universitario muy característico de las instituciones estadounidenses: la fuerte presencia, rivalidades y excesos de las fraternidades, como se advertía en Duro aprendizaje (Singleton, 1995) o en el libro Soy Charlotte Simmons (2004) de Tom Wolfe; las estatuas de bronce como monumentos o los espacios de reverencia inevitables; las figuras aun presentes de profesores elevados a rangos míticos, como la exigente gárgola (Helen Mirren), y el característico sentido competitivo en donde solo unos cuantos podrán destacar.
Desde su infancia y aun padeciendo el rechazo de sus compañeros escolares, el redondo cíclope verdoso se planteó como objetivo poder estudiar en la Universidad y entrar a trabajar a la principal empresa de energía de la ciudad, específicamente en el puesto de asustador, uno de los más cotizados en la jerarquía laboral: pura expectativa de movilidad social. Interesantes las ideas que se manejan en torno al ascenso en el trabajo (como si fuera un asunto de echarle ganas) y de lo innecesario que puede resultar un título universitario cuando ya tienes el talento casi casi de manera innata.
Monsters UCon las dificultades esperadas, el protagónico logra entrar a la institución en donde se topará con su propio destino, acaso construido gracias a la inesperada pertenencia a la fraternidad más ñoña del campus, integrada por un hijo (igual al boy scout de Up) de mami, a la que le gusta Mastodon, un nontraditional student (ya entrado en años), un pequeño ser bicéfalo y una peluda criatura morada, todos ellos etiquetados como freaks rechazados de buen corazón, aunque poco aptos para la sobrevivencia en la jungla universitaria, en donde el éxito se mide por las influencias o los triunfos obtenidos en competencias de diversa índole.
Pero aparentemente el que nace para entrenador, no pasa del coaching y nunca podrá ser una asustador: lo que no da la naturaleza, ni el mejor proceso de formación en la institución más prestigiada del pueblo lo puede aportar. O a lo mejor sí. Y si ya eres un asustador consumado, ¿para qué estudias?: mejor vete directo al trabajo, empieza desde abajo y poco a poco llegarás al lugar que te corresponde en la empresa. Pero quizá lo que dicen los libros a la hora de la práctica sí puede servir: la “teoría” sobre las formas y momentos de los gritos energéticos pueden mejorar la manera en la que “la práctica” te salve el pellejo.
Con una colorida animación y un gesticulante diseño de personajes, la historia transcurre entre escenarios abiertos y cuidadosos detalles en los interiores, estableciendo atrayentes paralelismos con los entornos reales de las universidades estadounidenses y los centros de trabajo; si bien se extraña un mayor sentido del humor, la película le hace los honores a su estupenda antecesora y se coloca como digno planeta del universo Pixar, aunque no le llegue a sus grandes obras.

CARACOLERO
Dirigida por David Soren, Turbo (EU, 2013) es una cinta que se parece demasiado a muchas otras y parece ser un producto menos de Dream Works; no obstante se deja ver con la cuota de buena disposición por parte del público adulto: para los pequeños resulta entretenida y el detalle de los hermanos de origen mexicano y sus tacos le pone un toque especial, así como la idea de centrarse en una comuna de caracoles en paralelo con un centro comercial en decadencia. Animación eficaz y personajes humanos interesantes, más que los caracoles, pueden atraer más que la historia un cuanto tanto obvia.

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