RUFUS WAINWRIGHT O CÓMO SEGUIR DENTRO DEL JUEGO AFECTIVO

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El talento le viene de familia: sus padres Loudon Wainwright III y Kate McGarrigle traían la vena compositiva por todos los rincones de su casa; al separarse, el pequeño Rufus se quedó con su madre (fallecida en el 2010), quien junto con su hermana Anne, formaron un prolífico dueto de folk, mientras su exmarido continuaba una brillante e imparable trayectoria, como lo muestra en el estupendo Older Than My Old Man Now (12).
Con estas creativas raíces y entorno cercano, no resulta extraño que la sensibilidad se desarrolle con amplio potencial y encuentre terreno fértil para la expresión a través de las manifestaciones artísticas, en este caso la música. Prueba de ello es que Martha, la hija menor, ya está en plena carrera discográfica con algunas joyas que merecerían más atención de la recibida, tal como se manifiesta en Come Home To Mama (12).
Rufus Wainwright nació en el estado Nueva York en 1973 y desde muy pequeño se fue con su madre a Montreal después de la ruptura matrimonial; a partir de los seis años empezó a recorrer los teclados del piano y a los trece ya andaba de gira con el grupo familiar, por lo que sus encuentros con el mundo de la música han formado parte de prácticamente toda su vida, incluyendo géneros como la ópera y los musicales.
Hay tensión melodramática desenrollada en las notas del piano, como si ocupara el lugar central de un cabaret extraviado en el siglo XXI, cual contexto ideal para celebrar la pérdida amorosa con la elegancia del caso, por momentos salpicadas jazzeras a media luz, vívidas orquestaciones y un pop sin complejos, meticulosamente articulado y bebiendo sin pudor de las grandes tradiciones sesenteras, en particular las que huelen a la costa oeste estadounidense. Su asumida homosexualidad ha estado presente en ciertos matices de su propuesta y es una referencia para la comunidad gay.
Debutó con bombo y platillo, después de algunos ires y venires, con Rufus Wainwright (98), álbum homónimo que resultó una gran revelación y en el que ya se advertía a plenitud esa teatralidad contenida, el romanticismo deshojado entre el humo y la declaratoria franca, y una inmediata habilidad para la composición basada en el piano, con la ayuda orquestal de Van Dyke Parks. Muy pronto apareció en las listas de lo mejor del año y las comparaciones con Jeff Buckley, entre otros, empezaron a establecerse.
Sin bajar la guardia y sumando talento a la causa, grabó Poses (01), álbum más condimentado en el que participó su hermana, Teddy Thompson (hijo de Richard y Linda) y compositores como el versátil Damian LeGassick y Alex Gifford, quienes le adhirieron atractivas rutas al conjunto: un segundo disco en el que demostraba no ser flor de un día o simplemente un junior con suerte, sino un tipo dispuesto a seguir expresando ideas, motivos y razones del corazón, sin importar la fama.Rufus

SI QUIERES ALCANZAR LAS ESTRELLAS
Con el reconocimiento a cuestas y después de las consecuentes giras y tours, regresó con un proyecto de álbum doble, compuesto por Want One (03) y Want Two (04): a pesar de que la segunda parte resultó mejor (caso raro), la primera se deja escuchar por el sello característico en letras y armonías cargadas de ese pop incandescente que parece explotar en cualquier momento; la segunda, más enfocada, incluye un DVD de un concierto en el mítico teatro Fillmore de San Francisco, en el que se puede apreciar la transparencia de este crooner frente a su público: sin mayores aspavientos visuales, ahí están él, su piano y el grupo de acompañamiento, compartiendo florituras corales, cuerdas en ebullición, rítmica discreta y bailecitos de probada suficiencia.
Durante el 2007 aparecieron un par de discos: Release the Stars, con ecos de aparente tristeza como cayendo en cascada, a veces en forma escandalosa, y expresando una necesidad escapista, y el doble Rufus Does Judy At Carnegie Hall, en el que recreó el concierto de 1961 de una de las figuras femeninas más importantes del mundo del entretenimiento norteamericano: por supuesto, esta producción resultó ser toda una declaración de filias por parte de Wainwright. Y si no fuera suficiente, este mismo año colaboró en la compilación de Yellow Lounge.
Como para volver a mirarse al espejo tras la obra en vivo Milwaukee At Last! (09), presentó el intimista All Days Are Nights: Songs for Lulu (10), dedicado a su hermana y que incluye algunos sonetos de Shakespeare, encontrando al compositor con su piano, sin más acompañamiento que sus profundos sentimientos de pérdida, expulsados a través de vocalizaciones honestas, de pausado dramatismo y apasionado virtuosismo. Para su visita a México, trae consigo Out of the Game (12), producido por Mark Ronson y cuyo aliento retro nos remite a un cierto rock setentero radial: queda claro que Rufus Wainwright, además de saber compartir sentimientos, puede ser un conocedor guía que nos lleve por géneros y épocas musicales en apariencia pasadas, pero nunca en fuera de juego.

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