NICK CAVE O CÓMO EMPUJAR EL CIELO

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The Birthday Party se formó en Melbourne durante 1977 y se desintegró seis años después, dejando una estela de retorcidas y sugerentes percepciones acerca de la realidad y sus vericuetos, expresadas a través de ruidosas canciones en clave postpunk con ciertos toques rocanroleros entrelazados con un espíritu gótico. El vocalista era un notable e intenso compositor y escritor de canciones, además de contar con una voz tan profunda como sus letras de altos vuelos.
Se llamaba Nicholas Edward Cave (Warracknabeal, Australia, 1957), mejor conocido como Nick Cave y una vez finiquitada la fiesta de cumpleaños, unas malas semillas quedarían sembradas para iniciar una vibrante, ecléctica y poderosa trayectoria en solitario, aunque bien acompañado por el viejo conocido multiinstrumentista Mick Harvey, el ex-Magazine Barry Adamson (bajo) y Blixa Bargeld, guitarrista de Einstürzende Neubauten, quienes se conocerían como The Bad Seeds, para no dejar duda de su talante y naturaleza perversa.
La voz barítona al estilo Leonard Cohen narraba piezas, con inflexiones tipo Lou Reed, sobre la religión, el amor y la muerte, considerando sus nexos, entre otras temáticas que rondaban la cabeza del también escritor y actor, por momentos dejando caer un manto de oscuridad entre salvaje y espiritual, atravesada por afiladas instrumentaciones de inspiración cinematográfica que salpicaban las historias al borde del colapso. Tras grabar Burnin’ the Ice (83) antes de la ruptura de The Birthday Party, presentó, ya con The Bad Seeds, el clásico From Her to Eternity (84), al que le seguirían The Firstborn Is Dead (85) con el espíritu de Elvis Presley todavía rondando los surcos y Kicking Against the Pricks (86), integrado por significativos covers con resonancias bluseras y ya con la presencia de Thomas Wydler en la batería.
Un juicio sumario para el amor y su consecuente funeral libertario se despliega en Your Funeral… My Trial (86), otra obra ineludible que transcurre entre penumbras con perturbadores sobresaltos, continuada por Tender Pray (88), poderoso álbum que grabó después de aparecer como sí mismo en Las alas del deseo (87), la filosófica obra de Wim Wenders y en cuyo filme Hasta el fin del mundo (91) colaboró con la románticamente mortal (ILove You) Till the End of the World. Mientras tanto, The Bad Seeds cambiaban de personal como si de rotación de cultivo se tratara, renovando los sembradíos con nuevos influjos sonoros.Nick Cave
Una vez superada su adicción a la heroína y experimentando una especie de renacimiento empezó a publicar libros (King Ink, 88; la hilarante novela Y el asno vio al ángel, 89); inició sus colaboraciones en el cine de la mano de su amigo, el director John Hillcoat, vía Ghost… of the Civil Dead (89), filme australiano para el que actuó brevemente y contribuyó con el score, junto a Harvey y Bargled, y grabó The Good Son (90), en el que refleja un estado de mayor equilibrio emocional, con orquestaciones y temas a media velocidad que no pierden su profundidad, sino que bucean en otras aguas menos turbulentas pero igualmente atrayentes. En lugar de hígado, riñón y estómago, un corazón se atreve a asomar su latido.
Después de Henry´s Dream (92), cual equilibrada aventura onírica entre los pasajes turbulentos y los reconfortantes, apareció el exitoso Let Love In (94), cuyos sonidos encontraron a más orejas que las habituales, sin perder el sello acostumbrado, alcance que aumentó con Murder Ballads (96) y los asesinatos convertidos en pretextos para hilvanar melodías al filo de la navaja. Para cerrar el milenio, grabó el intimista The Boatman´s Call (97), al que le siguieron algunos trabajos en vivo y de spoken word, hasta que se reunió de nuevo con las malas semillas, incluyendo a Warren Ellis para presentar No More Shall We Part (01), cargado de un amor irónico y de violencia contenida.
Con ánimos renovados, Cave nos regaló Nocturama (03), disco a media luz con atmósferas tan enrarecidas como atrayentes y el doble Abattoir Blues / The Lyre of Orpheus (04), otra de sus obras mayores en las que se advierte la búsqueda del contraste entre un dinamismo de intrincadas estructuras y un ralentizado blues hiriente, supurando coros y teclados de quieto desenvolvimiento: desde la clásica de Pink Floyd, el dinero no había servido para tanta inspiración desparramada en una canción. A partir de un guion suyo y el score firmado junto al violinista Ellis, Hillcoat filmó Propuesta de muerte (05), descarnado western australiano.
Como para retomar su lado salvaje, Cave formó Grinderman junto con algunos viejos compinches para grabar álbum homónimo en el 2007 y una segunda entrega en el 2010: ambas obras son una ráfaga visceral de blues, punk, no wave y cierta experimentación en la forma de confeccionar la energía sonora, acá orientada a expandir la sensación de salvajismo. Entre ambos discos, Cave se dio tiempo para terminar su novela La muerte de Bunny Munro (1998-2009); colaborar con el soundtrack de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (Dominik, 07), así como con la música de El último camino (The Road, 09), la muy digna adaptación fílmica de la poderosa novela de Cormac McCarthy; además, todavía le quedaron energías para grabar el potente Dig, Lazarus, Dig!!! (08), con la banda completa y regresar al cine con el soporte musical y el guion para Sin ley (Hillcoat, 12).
Ahora nos visita con Push the Sky Away (13) que sale al mercado justo cuando esté compartiendo con nosotros sus enormes canciones en las que el amor y la muerte transitan por los mismos acordes.

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