EL CINE COMO INDUSTRIA

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Entre muchas otras dimensiones, el cine se ha constituido como un negocio en el que participan diversos agentes, desde los grandes estudios hasta los espectadores, pasando por los productores, realizadores, actores, guionistas, administrativos, fotógrafos, consultores y exhibidores, entre otros; de ahí que las películas que vemos en la sala, que llegan por medio del video, se van directo a los canales de televisión o se distribuyen por otros medios, son producto de una serie de decisiones en las que participa más gente de la que suponemos, a veces para bien y otras no tanto. Claro que en los tiempos que corren, la diversificación en los canales de distribución se ha ampliado y las formas de producción ya no son únicas: se puede hacer una película con una computadora en la sala de la casa.
Gracias a la comercialización podemos disfrutar de una gran diversidad de películas, aunque en ocasiones, justamente por usar solo criterios de rentabilidad, nos perdemos de otras que bien valen la pena, aunque no sean masivamente vendibles. Que una película sea comercial no tiene nada de malo ni de bueno en sí mismo; sin embargo, que se piense primero en ver cómo se puede vender mejor y en función de ello realizarla, puede convertirla en un mero producto de fórmula así como limitar su alcance artístico o de entretenimiento, que por otra parte no necesariamente son atributos excluyentes: una obra maestra puede ser taquillera a más no poder, al igual que un filme chatarrero, y un bodrio pretensioso puede funcionar solo como engañabobos o apantallatontos.
Películas que miran desde diferentes perspectivas, en términos de metacine, algunos de estos procesos.

HITCHCOCK PARA PRINCIPIANTES
Dirigida por Sacha Gervasi en tono ligero y sin profundizar en los procesos de creación ni en la intrincada personalidad de su personaje central, Hitchcok, el maestro del suspenso (EU, 12) es una revisión casi didáctica de cómo se realizó la seminal obra Psicosis (60) y en qué medida influyó la figura de Alma Reville, esposa del genial director, tomándose algunas licencias históricas pero al fin poniendo sobre la mesa cómo se las gastan los estudios, productores y censores al momento de intervenir en la realización de un film.
Con las interpretaciones de Anthony Hopkins y Helen Mirren, quienes parecen disfrutar de sus papeles más que tomárselos demasiado en serio, la película puede funcionar como un primer acercamiento a la figura del director, a los usos y costumbres en materia de producción fílmica durante los últimos años de la década de los cincuenta y en la forma en la que Hitchcock, un gran mirón que se sabía la estrella del escenario, se relacionaba con actrices y actores, productores, censores y, desde luego, con su esposa y quienes la usaban para acercarse a su redonda figura.
Queda clara la gran capacidad de riesgo y de no quedarse en la zona cómoda de las películas y géneros prefabricados, así como el ojo clínico para identificar qué secuencia habría de mantenerse a toda costa, aunque se sacrificara todo lo demás: ahí está la toma de Hitchcock husmeando hacia el interior de la sala, soltando cuchillazos al aire y disfrutando de la reacción del público, tal como la había muchas veces imaginado.

ENTRE ÍNFULAS
Dirigida por Barry Levinson, cuyas películas más recientes se han ido directamente al circuito de video, Los realizadores (What Just Happened, EU, 08) sigue las vicisitudes de un productor en Hollywood a lo largo de algunos días, luchando para sacar a flote su película y llevarla al festival de Cannes, entre la inflexible postura del estudio, las infantiles excentricidades de los actores y las poses del director, todos al parecer empeñados en que el asunto no salga adelante. Además de lidiar con sus problemas familiares, el protagonista convive con sus propias ínfulas.
Sin llegar al nivel de El ejecutivo (Altman, 92), el filme da una muestra de cómo funcionan las relaciones en algunos de los grandes estudios hollywoodenses y de cómo, al final, los poderosos nunca pierden, por más que tiendan a victimizarse. Con reparto multiestelar que denota conocimiento sobre el tema por quizá haber vivido estas situaciones alguna vez, el filme no alcanza a ser todo lo afilado que quisiera pero termina siendo un retrato más o menos certero de la industria y sus entresijos.

For Your ConsiderationLA IMPORTANCIA DE LLAMARSE OSCAR
Dirigida por Christopher Guest en tono independiente, Yo quiero ganar un Oscar (For Your Consideration, EU, 06) retrata la manera en la que los rumores, ahora soltados por Internet, pueden crear oleadas de opinión para favorecer a una película y de alguna forma moldear la percepción que se tiene sobre ella. Acá vemos cómo una cinta discreta de pronto sale a la luz porque se supone que sus dos actrices y el actor de medio pelo, pueden recibir una nominación al Oscar, lo que transformaría radicalmente sus formas de distribución y de recibimiento.

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