LINCOLN: EL ARTE DE LA POLÍTICA COMO MEDIO DE TRANSFORMACIÓN

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En diversos momentos y a partir de diferentes perspectivas, la figura de este hombre clave en la historia ha sido llevada a la pantalla. En múltiples filmes del periodo mudo fue representado por Benjamin Chapin, mientras que Walter Huston hizo lo propio durante finales de los años veinte y principios de los treinta del siglo pasado. John Ford colocó a Henry Fonda como protagonista en El joven Lincoln (39), periodo comprendido en el film Abe Lincoln en Illinois (Cromwell, 40), de sus años mozos en Kentucky hasta la llegada a la presidencia. Así, a lo largo de los años, las pantallas de cine y televisión han seguido retratando al icónico héroe estadounidense, ya sea como protagonista o de manera tangencial.
Con base en una parte del texto Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln de la investigadora Doris Kearns Goodwin, finamente trasladada a la pantalla gracias al intrincado guion de Tony Kushner (Munich, 05) centrado en los aciagos y trascendentales meses finales del 16to. presidente, Lincoln (EU, 12) se constituye como un clásico instantáneo del cine histórico y acaso la película definitiva sobre el hombre que contribuyó de manera decisiva para acabar con la esclavitud en los Estados Unidos, justo en una época cifrada por una despiadada guerra fraterna, brevemente mostrada al inicio de la cinta, cual antecedente de Rescatando al soldado Ryan (98).
Más que recurrir al cine histórico de bronce, la impecable dirección de Steven Spielberg (en la línea de La lista de Schindler, 93) y la absorbente actuación de Daniel Day Lewis, le brindan al personaje histórico un amplio rango de humanidad, más allá del mausoleo, negociando en lo oscurito en busca de un bien mayor; discutiendo con su esposa sumida en el dolor por la pérdida del vástago (Sally Field, intensa) o consintiendo a su hijo menor (Gulliver McGrath); soltando anécdotas al por mayor con sentido del humor o nostalgia, según el caso, y perdiendo la compostura desgarbada ante la provocación de su hijo mayor (Joseph Gordon Levitt) o de las necedades inmediatistas de algunos de sus interlocutores, interrumpidas con eficaz manotazo.
Con Euclides como sustento de igualdad y colocando la mirada no solo en los esclavos de su época, sino en todos los que estaban por venir, Abraham Lincoln puso todo su empeño en la aprobación de la 13ª Enmienda que prohibía la esclavitud en el territorio estadounidense, aún a costa de la prolongación de la guerra devastadora; de los ignorantes rivales que seguían justificando su racismo por un orden natural; los radicales que buscaban todos los derechos para las personas de raza negra; los conservadores siempre esperando algo a cambio y los prejuicios sociales de la época, que incluían la segregación de la mujer y la participación en la guerra como heroísmo.Lincoln
En este sentido, se trata de una película que dignifica la política como el arte del entendimiento mirando hacia el bien común, muy lejos de lo que vemos por nuestros rumbos, más bien usada de manera mezquina y pensando en el beneficio personal o de grupo (el suyo). Cierto es que a pesar de las contradicciones y los medios no siempre óptimos para conseguir los objetivos, resulta esencial que la política esté al servicio de principios imperturbables: la gran enmienda del siglo XIX se aprueba de manera corrupta, impulsada por el hombre más puro de Estados Unidos, sentencia Thaddeus Stevens (Lee Jones).
A la excelsa dirección artística con notable diseño de interiores y vestuarios, le corresponde una edición capaz de establecer una continuidad anímica que, a pesar de tratarse de un film largo basado en los diálogos, nunca pierde el ritmo de la negociación con el espectador, tal como lo que estamos viendo frente a la pantalla; por supuesto, el manejo de la iluminación, las texturas y los sutiles desplazamientos de cámara del especialista Janusz Kaminski, permiten incorporarse en la mesa de discusión, como si fuéramos un testigo más de los históricos acontecimientos, mientras escuchamos la sutil partitura de John Williams. El fuera de cuadro desempeña un vital papel en el sentido narrativo de la historia, así como ciertos encuadres con simétrico juego de claroscuros.
El realismo del film se fortalece por el trabajo de casting de la incansable Avy Kaufman, quien con los recursos puestos en juego logró construir un notable cuadro actoral en primera, segunda y tercera línea, porque el que aparece dos segundos también resulta creíble. Además de los ya citados, Tommy Lee Jones como el radical que iba por todos los derechos; el trío de negociadores por debajo de la mesa (Tim Blake Nelson, John Hawkes, James Spader); Hal Holbrook como el líder de los conservadores que buscaba el fin de la guerra con los confederados, cuyo vicepresidente encarna Jackie Earle Haley, y David Strathairn como el secretario de estado, redondean y secundan la notable interpretación del protagónico.
Entre El nacimiento de una nación (Griffith, 15) y Lo que el viento se llevó (Fleming, 39), Lincoln es todo un Caballero sin espada (Capra, 39). El cine clásico de Hollywood se resiste a morir.

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